miércoles, 9 de enero de 2019


Pueblos indígenas de Brasil
Los yanomami (2)
Hasta finales del siglo XIX los yanomami mantenían contacto sólo con otros grupos indígenas vecinos.
En Brasil, los primeros encuentros directos de grupos yanomami con los representantes de la frontera extractiva local (cazadores, extractores de látex y piasava), así como con soldados de la Comissão de Limites (Comisión de Límites) y funcionarios del SPI-Serviço de Proteção ao Índio (o Servicio de Protección a los Indios) o viajeros extranjeros, tuvieron lugar en las décadas de 1910 a 1949.
Entre los años 1940 hasta mediados de 1960, la apertura de algunos puestos del SPI y, especialmente, de varias misiones católicas y evangélicas, establecieron los primeros puntos de contacto permanente en su territorio. Estos puestos constituyeron una red de polos de sedenterización, fuente regular de objetos manufacturados y de alguna asistencia sanitaria, aunque también, muchas veces, origen de graves brotes epidémicos (sarampión, gripe y coqueluche).
En las décadas de 1970 y 1980, los proyectos de desarrollo del Estado comenzaron a someter a los yanomami a formas de contacto denso con la frontera económica regional en expansión, principalmente al oeste del estado de Roraima: rutas, proyectos de colonización, haciendas, aserraderos, canteros de obras y los primeros “garimpos” o minería del oro. Estos contactos provocaron un shock epidemiológico de gran magnitud, causando grande pérdidas demográficas, una degradación sanitaria generalizada y, en algunas áreas, graves fenómenos de desestructuración social.
Las dos formas de contacto, inicialmente conocidas por los yanomami –primero con la frontera extractiva y después con la frontera misional- coexistieron hasta el inicio de los años 1979 como una asociación dominante en su territorio. Entretanto, los años 1970 estuvieron marcados (especialmente en el estado de Roraima) por la implementación de proyectos de desarrollo en el ámbito del “Plano de Integração Nacional” (“Plan de Integración Nacional”), lanzado por los gobiernos militares de la época. Se trataba esencialmente de la apertura de un trecho de ruta  -Perimetral Norte (1973-76)- y de programas de colonización pública (1978-79), que invadieron el sudeste de las tierras yanomami. En ese período, el proyecto de relevamiento de los recursos amazónicos RADAM (1975), detectó la existencia de importantes yacimientos minerales en la región.
La publicidad dada al potencial mineral del territorio yanomami desencadenó un movimiento progresivo de invasión de buscadores de oro (garimpeiros), que se agravó hacia finales de 1980 y tomó la forma, a partir de 1987, de una verdadera maratón por el oro.
Una centena de pistas clandestina de buscadores de oro fueron abiertas en el curso superior de las principales afluentes del río Branco, entre 1987 y 1990. El número de buscadores de oro en el área yanomami de Roraima fue –entonces- estimado entre 30 a 40.000 personas, casi cinco veces la población indígena allí residente. Aunque la intensidad de la escalada del oro haya disminuido mucho a partir del inicio de la década de 1990, hasta hoy se encuentran núcleos de buscadores de oro enclavados en la tierra yanomami, de donde se sigue diseminando la violencia y los graves problemas sanitarios y sociales.
El frente de expansión de los buscadores de oro tendió, hacia el fin de la década de 1980, a suplantar las formas anteriores de contacto de los yanomami con la sociedad circundante y hasta relegó, a un segundo plano, la frontera de los proyectos de desarrollo surgida en la década de 1970.
Lo mencionado no significa, sin embargo, que otras actividades económicas (la agricultura comercial, las iniciativas madereras y agropecuarias y la minería industrial), aún incipientes o inexistentes, no puedan constituir, en el futuro, una nueva amenaza a la integridad de las tierras yanomami, a pesar de su demarcación y homologación.
e esta manera, más allá del persistente interés de los buscadores de oro en cuanto a la región, se debe destacar que casi el 60% del territorio yanomami está cubierto por solicitudes y títulos mineros, efectivizadas por empresas de minería públicas y privadas -tanto nacionales como internacionales- y registradas en el Departamento Nacional de Produção Mineral (Departamento Nacional de Producción Mineral).
Sumado a esto, los proyectos de colonización implementados durante las décadas de 1970 y de 1980 al este y al sudeste de las tierras yanomami crearon un frente de poblamiento que tiende a expandirse hacia el interior del área indígena (regiones de Ajarani y Apiaú) debido al flujo migratorio direccionado hacia el estado de Roraima, tendencia que podría ser ampliada en el futuro como consecuencia de lo difuso de los límites de demarcación gracias a un mega incendio que alcanzó a Roraima en 1998.
 Como corolario, desde 1985 fueron establecidas en tierra yanomami tres bases militares referidas al “Projeto Calha Norte-Proyecto Calha Norte” (Pelotões Especiais de Fronteira PEF-Pelotones Especiales de Frontera- en las localidades de Maturacá, Surucucus e Auaris, el cuarto está previsto para ser asentado en la región de Ericó), provocando graves problemas sociales (prostitución) en las poblaciones locales, lo que ya provocó protestas surgidas desde los liderazgos yanomami del estado de Roraima. 
Los grupos yanomami están generalmente constituidos y asentados en de una casa multifamiliar en forma de cono o de cono trunco denominado yano o xapono (yanomami orientales y occidentales), o por aldeas compuestas por casas de tipos rectangulares (yanomami del norte y noreste).
Cada casa colectiva o aldea se considera una unidad económica y política autónoma (kami theri yamaki, "nosotros los co-residentes") y sus miembros prefieren, idealmente, contraer matrimonio dentro de esta comunidad de parientes con un(a) primo(a) “cruzado(a)”, o sea, el hijo(a) de un tío materno y una tía paterna. Ese tipo de casamiento es reproducido mientras sea posible entre las familias de una generación y de generación en generación, convirtiendo la casa colectiva o aldea yanomami en un denso y confortable enmarañado de lazos de consanguinidad y afinidad.
Sin embargo, a pesar de ese ideal autárquico, todos los grupos locales mantienen una red de relaciones de intercambio matrimonial, ceremonial y económico con varios grupos vecinos, considerados aliados frente a los otros conjunto multicomunitarios de la misma naturaleza. Esos conjuntos se superponen parcialmente para formar una red sociopolítica compleja, que une a la totalidad de las casas colectivas y aldeas yanomami a través de todos los sectores del territorio indígena.
El espacio social al exterior de la casa colectiva o de la aldea, consideradas como mónadas de parentesco cercano, es pensado con desconfianza, como el universo peligroso de los “otros” (yaiyo thëpë): visitantes (hwamapë), cuya presencia en las grandes ceremonias funerarias y de alianza intercomunitaria “reahu”, pueden causar enfermedades valiéndose de la hechicería para vengarse de los insultos, la avaricia o los celos sexuales; enemigos (napë thëpë), que pueden asesinar, atacando la aldea como guerreros (waipë) o hechiceros (okapë); gente desconocida y lejana (tanomai thëpë), que puede ocasionar enfermedades letales enviando los espíritus chamánicos predadores o cazar el animal dual de las personas denominado “rixi” (los rixi viven en las selvas remotas, lejos de su doble humano); finalmente los “blancos" (napëpë), que constituyen la categoría paradojal para los extranjeros cercanos (enemigos potenciales) frente a los cuales se temen las epidemias (xawara) asociadas al humo producido por sus “máquinas” (máquinas usadas para buscar oro, motores de aviones y helicópteros) y la incineración de sus posesiones (mercurio y oro, papeles, lonas y residuos).  
El espacio de la selva utilizado por cada casa-aldea yanomami puede ser descripto esquemáticamente como una serie de círculos concéntricos. Esos círculos delimitan áreas de uso con diferentes formas e intensidad.
El primer círculo, que presenta un radio de acción de cinco kilómetros, se circunscribe al área de uso inmediato de la comunidad: pequeña recolección por parte de las mujeres, pesca individual en el verano, pesca colectiva con timbó (corteza de árbol utilizada para adormecer a los peces), caza ocasional de corta duración (al amanecer o al atardecer) y actividades agrícolas. El segundo círculo, en un radio de entre cinco y diez kilómetros, es el área de caza individual (rama huu) y de la recolección familiar de todos los días.
El tercer círculo, que barca un radio de diez a veinte kilómetros, es el área de la expediciones de caza colectiva (henimou), que se extienden por una o dos semanas y que anteceden los rituales funerarios (cremaciones de huesos, entierros o ingestión cenizas en las ceremonias intercomunitarias reahu), así como de las extensas expediciones multifamiliares de caza y recolección (tres a seis semanas) durante la fase de maduración de nuevos campos (waima huu). Se encuentran también en ese “tercer círculo” tanto los campos nuevos como los antiguos, junto a los cuales se establece un esporádico campamento –para sembrar en los primeros y recolectar en los segundos. Y en cuyos alrededores abunda la caza.
Los yanomami acostumbraban pasar entre un tercio y la mitad del año acampando en refugios provisorios (naa nahipë) y en diferentes localidades del área más apartada de la selva en relación con su hogar colectivo o aldea.
Ese tiempo de vida en la selva disminuyó cuando se establecieron relaciones de contacto regular con los blancos, de los cuales los yanomami dependen para acceder a medicamentos y mercaderías.
Fuente de información principal:
https://pib.socioambiental.org/es/Povo:Yanomami

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