Pueblos indígenas de Brasil
Hasta finales del siglo XIX los yanomami
mantenían contacto sólo con otros grupos indígenas vecinos.
En Brasil, los primeros encuentros directos de grupos
yanomami con los representantes de la frontera extractiva local (cazadores,
extractores de látex y piasava), así como con soldados de la Comissão de
Limites (Comisión de Límites) y funcionarios del SPI-Serviço de Proteção ao
Índio (o Servicio de Protección a los Indios) o viajeros extranjeros, tuvieron
lugar en las décadas de 1910 a 1949.
Entre los años 1940 hasta mediados de 1960, la apertura de
algunos puestos del SPI y, especialmente, de varias misiones católicas y
evangélicas, establecieron los primeros puntos de contacto permanente en su
territorio. Estos puestos constituyeron una red de polos de sedenterización,
fuente regular de objetos manufacturados y de alguna asistencia sanitaria,
aunque también, muchas veces, origen de graves brotes epidémicos (sarampión, gripe
y coqueluche).
En las décadas de 1970 y 1980, los proyectos de desarrollo
del Estado comenzaron a someter a los yanomami a formas de contacto denso con
la frontera económica regional en expansión, principalmente al oeste del estado
de Roraima: rutas, proyectos de colonización, haciendas, aserraderos, canteros
de obras y los primeros “garimpos” o minería del oro. Estos contactos
provocaron un shock epidemiológico de gran magnitud, causando grande pérdidas
demográficas, una degradación sanitaria generalizada y, en algunas áreas,
graves fenómenos de desestructuración social.
Las dos formas de contacto, inicialmente conocidas por los
yanomami –primero con la frontera extractiva y después con la frontera
misional- coexistieron hasta el inicio de los años 1979 como una asociación
dominante en su territorio. Entretanto, los años 1970 estuvieron marcados
(especialmente en el estado de Roraima) por la implementación de proyectos de
desarrollo en el ámbito del “Plano de Integração Nacional” (“Plan de
Integración Nacional”), lanzado por los gobiernos militares de la época. Se
trataba esencialmente de la apertura de un trecho de ruta -Perimetral
Norte (1973-76)- y de programas de colonización pública (1978-79), que
invadieron el sudeste de las tierras yanomami. En ese período, el proyecto de
relevamiento de los recursos amazónicos RADAM (1975), detectó la existencia de
importantes yacimientos minerales en la región.
La publicidad dada al potencial mineral del territorio
yanomami desencadenó un movimiento progresivo de invasión de buscadores de oro
(garimpeiros), que se agravó hacia finales de 1980 y tomó la forma, a partir de
1987, de una verdadera maratón por el oro.
Una centena de pistas clandestina de buscadores de oro
fueron abiertas en el curso superior de las principales afluentes del río
Branco, entre 1987 y 1990. El número de buscadores de oro en el área yanomami
de Roraima fue –entonces- estimado entre 30 a 40.000 personas, casi cinco veces
la población indígena allí residente. Aunque la intensidad de la escalada del
oro haya disminuido mucho a partir del inicio de la década de 1990, hasta hoy
se encuentran núcleos de buscadores de oro enclavados en la tierra yanomami, de
donde se sigue diseminando la violencia y los graves problemas sanitarios y
sociales.
El frente de expansión de los buscadores de oro tendió,
hacia el fin de la década de 1980, a suplantar las formas anteriores de
contacto de los yanomami con la sociedad circundante y hasta relegó, a un
segundo plano, la frontera de los proyectos de desarrollo surgida en la década
de 1970.
Lo mencionado no significa, sin embargo, que otras
actividades económicas (la agricultura comercial, las iniciativas madereras y
agropecuarias y la minería industrial), aún incipientes o inexistentes, no
puedan constituir, en el futuro, una nueva amenaza a la integridad de las
tierras yanomami, a pesar de su demarcación y homologación.
e esta manera, más allá del persistente interés de los
buscadores de oro en cuanto a la región, se debe destacar que casi el 60% del
territorio yanomami está cubierto por solicitudes y títulos mineros,
efectivizadas por empresas de minería públicas y privadas -tanto nacionales
como internacionales- y registradas en el Departamento Nacional de Produção
Mineral (Departamento Nacional de Producción Mineral).
Sumado a esto, los proyectos de colonización implementados
durante las décadas de 1970 y de 1980 al este y al sudeste de las tierras
yanomami crearon un frente de poblamiento que tiende a expandirse hacia el
interior del área indígena (regiones de Ajarani y Apiaú) debido al flujo
migratorio direccionado hacia el estado de Roraima, tendencia que podría ser
ampliada en el futuro como consecuencia de lo difuso de los límites de
demarcación gracias a un mega incendio que alcanzó a Roraima en 1998.
Como corolario, desde 1985 fueron establecidas en
tierra yanomami tres bases militares referidas al “Projeto Calha Norte-Proyecto
Calha Norte” (Pelotões Especiais de Fronteira PEF-Pelotones Especiales de
Frontera- en las localidades de Maturacá, Surucucus e Auaris, el cuarto está
previsto para ser asentado en la región de Ericó), provocando graves problemas
sociales (prostitución) en las poblaciones locales, lo que ya provocó protestas
surgidas desde los liderazgos yanomami del estado de Roraima.
Los grupos yanomami están generalmente constituidos y
asentados en de una casa multifamiliar en forma de cono o de cono trunco
denominado yano o xapono (yanomami orientales y occidentales), o por aldeas
compuestas por casas de tipos rectangulares (yanomami del norte y noreste).
Cada casa colectiva o aldea se considera una unidad
económica y política autónoma (kami theri yamaki, "nosotros los
co-residentes") y sus miembros prefieren, idealmente, contraer matrimonio
dentro de esta comunidad de parientes con un(a) primo(a) “cruzado(a)”, o sea,
el hijo(a) de un tío materno y una tía paterna. Ese tipo de casamiento es
reproducido mientras sea posible entre las familias de una generación y de
generación en generación, convirtiendo la casa colectiva o aldea yanomami en un
denso y confortable enmarañado de lazos de consanguinidad y afinidad.
Sin embargo, a pesar de ese ideal autárquico, todos los
grupos locales mantienen una red de relaciones de intercambio matrimonial,
ceremonial y económico con varios grupos vecinos, considerados aliados frente a
los otros conjunto multicomunitarios de la misma naturaleza. Esos conjuntos se
superponen parcialmente para formar una red sociopolítica compleja, que une a
la totalidad de las casas colectivas y aldeas yanomami a través de todos los
sectores del territorio indígena.
El espacio social al exterior de la casa colectiva o de la
aldea, consideradas como mónadas de parentesco cercano, es pensado con
desconfianza, como el universo peligroso de los “otros” (yaiyo thëpë):
visitantes (hwamapë), cuya presencia en las grandes ceremonias funerarias y de
alianza intercomunitaria “reahu”, pueden causar enfermedades valiéndose de la
hechicería para vengarse de los insultos, la avaricia o los celos sexuales;
enemigos (napë thëpë), que pueden asesinar, atacando la aldea como guerreros (waipë)
o hechiceros (okapë); gente desconocida y lejana (tanomai thëpë), que puede
ocasionar enfermedades letales enviando los espíritus chamánicos predadores o
cazar el animal dual de las personas denominado “rixi” (los rixi viven en las
selvas remotas, lejos de su doble humano); finalmente los “blancos" (napëpë),
que constituyen la categoría paradojal para los extranjeros cercanos (enemigos
potenciales) frente a los cuales se temen las epidemias (xawara) asociadas al
humo producido por sus “máquinas” (máquinas usadas para buscar oro, motores de
aviones y helicópteros) y la incineración de sus posesiones (mercurio y oro,
papeles, lonas y residuos).
El espacio de la selva utilizado por cada casa-aldea
yanomami puede ser descripto esquemáticamente como una serie de círculos
concéntricos. Esos círculos delimitan áreas de uso con diferentes formas e
intensidad.
El primer círculo, que presenta un radio de acción de cinco
kilómetros, se circunscribe al área de uso inmediato de la comunidad: pequeña
recolección por parte de las mujeres, pesca individual en el verano, pesca
colectiva con timbó (corteza de árbol utilizada para adormecer a los peces),
caza ocasional de corta duración (al amanecer o al atardecer) y actividades
agrícolas. El segundo círculo, en un radio de entre cinco y diez kilómetros, es
el área de caza individual (rama huu) y de la recolección familiar de todos los
días.
El tercer círculo, que barca un radio de diez a veinte
kilómetros, es el área de la expediciones de caza colectiva (henimou), que se
extienden por una o dos semanas y que anteceden los rituales funerarios
(cremaciones de huesos, entierros o ingestión cenizas en las ceremonias
intercomunitarias reahu), así como de las extensas expediciones multifamiliares
de caza y recolección (tres a seis semanas) durante la fase de maduración de
nuevos campos (waima huu). Se encuentran también en ese “tercer círculo” tanto
los campos nuevos como los antiguos, junto a los cuales se establece un
esporádico campamento –para sembrar en los primeros y recolectar en los
segundos. Y en cuyos alrededores abunda la caza.
Los yanomami acostumbraban pasar entre un tercio y la mitad
del año acampando en refugios provisorios (naa nahipë) y en diferentes
localidades del área más apartada de la selva en relación con su hogar
colectivo o aldea.
Ese tiempo de vida en la selva disminuyó cuando se
establecieron relaciones de contacto regular con los blancos, de los cuales los
yanomami dependen para acceder a medicamentos y mercaderías.
Fuente de información principal:
https://pib.socioambiental.org/es/Povo:Yanomami

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