Gas y petróleo en el Uruguay
Una revisión paradigmática radical:
el gas y el petróleo son prácticamente inagotables
Danilo
Antón

Una de las noticias más importantes y permanentes en
los medios de difusión periodísticos nacionales y mundiales es la
oscilación aparentemente incontrolada de los precios del petróleo a
nivel mudial. De niveles de precios del orden de 10 dólares por
barril o menos subió a más de 100 dólares y poco tiempo después
había bajado a menos de 40 dólares este comportamiento errático a
primera vista parece incomprensible. Sobre todo cuando se plantea
contradictoriamente por un lado que las existencias de petróleo y
gas son limitadas (se pronosticaba su agotamiento próximo) y por
otro es claro que hay sobreabundancia que al saturar los mercados ha
provocado un descenso de los precios. Según algunas previsiones
seguirían bajando por un tiempo prolongado. La configuración actual
del mercado petrolero y gasífero, los aspectos psicológicos,
políticos y comerciales que impulsan la dinámica de los precios, la
redistribución económica y monetaria generada por los mismos, se
basan en un concepto paradigmático incierto: el origen fósil de los
hidrocarburos.
Si el petróleo y el gas fueran de origen fósil,
tal como se sostiene generalmente en el mundo científico oficial,
sus existencias estarían limitadas a las cuencas sedimentarias.
Estas cuencas poseen volúmenes totales relativamente pequeños con
espesores ínfimos si se los compara con la masa total de La Tierra.
Por esa razón, las cantidades de hidrocarburos disponibles serían
muy limitados.
Sin embargo, a la luz de los nuevos
datos de la astronomía planetaria, provenientes de las sondas que
visitaron gran parte del Sistema Solar, y de la experiencia de la
explotación de numerosos yacimientos petroleros y gasíferos, parece
cada vez menos probable que esta teoría del origen “fósil” del
petróleo y el gas refleje la realidad geológica y astronómica.
La hipótesis sustitutiva, que pregona
el origen mineral de los hidrocarburos, es muy antigua. A fines del
siglo XIX, Dmitri Mendeleev, padre de la química moderna, sostenía
que el petróleo y el gas eran de origen mineral y provenían de las
profundidades de la tierra. En tiempos posteriores, varios geólogos
rusos (particularmente Nikolai Alexandrovitch Kudryavtsev en 1951) y
ucranianos (por ejemplo, Emmanuil Chekaliuk en 1967) continuaron
desarrollando la hipótesis con datos experimentales orientando las
búsquedas petroleras en la Unión Soviética en ese sentido. Basada
en esta hipótesis la Unión Soviética se convirtió en el primer
productor mundial de hidrocarburos en la década de 1980.
Desafortunadamente, durante muchos años los científicos europeos y
norteamericanos (que se negaban a leer las revistas científicas
rusas) no se enteraron de estas importantísimas experiencias
petroleras soviéticas.
En los últimos años, apoyándose en los
trabajos antes citados y con los datos recientes de la astronomía,
el astrofísico austríaco Thomas Gold, replanteó la teoría
incluyendo varios elementos innovativos desarrollando una verdadera
revisión paradigmática del tema expresada en su reciente libro “La
biosfera profunda y caliente”. Consideramos que este libro podrá
representar un jalón trascendental en la evolución del pensamiento
geológico universal y recomendamos encarecidamente su lectura.
En
base a los autores rusos y ucranianos mencionados y a los trabajos de
Thomas Gold, se puede sostener que NO hay suficientes elementos
científicos como para seguir afirmando a rajatablas que el petróleo
y el gas son de origen fósil. Existen numerosos yacimientos de
petróleo contenidos en rocas ígneas y metamórficas inexplicables
con la teoría “fósil”. Los yacimientos petroleros no se agotan
de acuerdo a las previsiones. Extrañamente, parecería que los
reservorios se “recargan” desde las profundidades. La composición
química de los hidrocarburos es contradictoria con un origen
orgánico (p.ej. su elevado contenido en helio que no existe en los
restos biológicos). Hay muchos otros argumentos y datos en el mismo
sentido y que podríamos citar pero que consideramos exceden el marco
de esta nota.
Todos estos elementos tienden a mostrar que la
teoría del origen “fósil” es, por lo menos, insatisfactoria. De
acuerdo a la visión de los geólogos rusos y ucranianos antes
mencionados y de Thomas Gold, el petróleo y el gas resultan de la
desgasificación geológica del planeta que comenzó hace 3,000
millones de años y continúa en la actualidad. Los volúmenes de
petróleo y gas existentes constituirían un porcentaje muy elevado
de la masa del planeta, con volúmenes muchísimo mayores a los
estimados actualmente (tal vez miles de veces mayores). En otras
palabras, a todos los efectos de nuestra arrogante civilización
humana, las existencias de petróleo y gas serían inagotables.
Esto
quiere decir que el gas y el petróleo no se van a acabar (por lo
menos en los próximos miles de años) y que las principales
limitantes para las sociedades humanas podrían ser sus impactos
ambientales en la atmósfera, pero no el agotamiento de las
“reservas”. Estos impactos incluirían el aumento del dióxido de
carbono (que podría dar lugar a un posible efecto invernadero, cosa
que aún no está probada) y la disminución del porcentaje de
oxígeno contenido en el aire (hecho mucho más grave aunque sus
efectos serían inciertos y a muy largo plazo).
Otra consecuencia
de la teoría es que pueden ocurrir emanaciones petroleras y
gasíferas en TODA la superficie del planeta. Por supuesto que hay
zonas donde la presencia de fracturas y trampas estructurales
permiten o permitieron la acumulación de grandes volúmenes de
hidrocarburos y allí se encuentran los yacimientos más grandes y
accesibles. Sin embargo, es dable esperar la surgencia de
hidrocarburos en TODAS las zonas fracturadas de la corteza,
especialmente en la periferia de las regiones montañosas, en las
zonas de fallas, en los bordes continentales, y por supuesto en todas
las cuencas sedimentarias que permitieron el entrampamiento de los
hidrocarburos ascendentes (por ejemplo, en las cuencas del Golfo en
el Medio Oriente).
Esta teoría tiene algunas implicaciones para
el Uruguay. Por lo pronto, es probable que existan en el territorio
nacional surgencias potenciales de petróleo en varias zonas del
país. En primer lugar, seguramente hay hidrocarburos (afloramientos
de gas, tal vez también hidrocarburos líquidos) en el borde
continental, como está demostrado por las ocurrencias de hidratos de
metano en el fondo marino de la plataforma atlántica uruguaya y por
la generalizada ocurrencia de emanaciones de gases y petróleo a lo
largo de la costa de Brasil, desde Río Grande hasta Bahía.
En
segundo lugar, pueden haber ocurrencias explotables de hidrocarburos
en las grandes fosas, particularmente en la cuenca permocarbonífera
del noreste (departamento de Cerro Largo) así como en sus bordes
(p.ej borde occidental de la Cuenca de la Laguna Merín). Las
surgencias en la cuenca de Cerro Largo (actuales o pasadas) están
avaladas por la presencia de carbones en la base (formación Tres
Islas, explotados en Candiota) y los esquistos bituminosos de
Mangrullo (Iraty en Brasil). Esta cuenca tiene seguramente
importantes volúmenes de gas natural que podrían ser ezplotados
ventajosamente. Ya una empresa australiana propuso un plan de
explotación muy conveniente que fue curiosamente ignorado por Ancap.
En cambio se busca explorar las formaciones infrabasálticas de
perforación muy onerosa sin que haya mayores esperanzas de obtener
hidrocarburos. El basalto eruptivo seguramente se llevó por delante
los antiguos yacimientos, si alguna vez existieron y ya hsn hsbido
una decena de perforaciones a través del basalto sin encontrar
indicios de hidrocarburos. El gasto en perforaciones en el basalto
además de ser excesivo parece inútil (excepto para las empresas
perforadoras)
No creo que deba aceptarse
esta teoría del origen mineral a pie juntillas pero creo que
introduce suficientes elementos de incertidumbre como para que se la
considere seriamente en el momento de discutir y decidir las
políticas energéticas del país.
En definitiva, este nuevo
enfoque genético del origen de los hidrocarburos puede cambiar
radicalmente el panorama energético a nivel mundial y
nacional y debería replantear las estrategias de exploración petrolera de ANCAP que hasta el presente parecen estar sometidas a las opiniones (e intereses) de algunos gerentes y a la escasa información y conocimiento de los políticos que toman las decisiones..
Nota del autor:
A los efectos de proporcionar
datos y argumentos sobre el tema hemos escrito run libro titulado
“Petróleo y gas: ¿Inagotables?” que se puede obtener a través
de dantonster@gmail.com , tel.29004339. Por otra parte, se recomienda
especialmente la lectura del libro “The Deep Hot Biosphere” de
Thomas Gold. También se puede acceder a numerosos trabajos de este
autor a través de google.