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jueves, 14 de febrero de 2019

Los pilagás, cobrevivientes del genocidio
Los pilagás (en su idioma: pit´laxá) son un pueblo indigena que habita en el centro de las provincias de Formosa, Chaco y Santa Fe en Argentina..
Su lengua forma parte de la familia chaqueña habitualmente llamada guaycurú . Están relacionados con los tobas y los mocovíes. Unos 2000 hablan el idioma pilagá. ​ Desde 1996 escriben el pilagá en un alfabeto latino de 4 vocales y 19 consonantes.
Han podido conservar gran parte de su cultura autóctona. Son de estatura alta y complexión fuerte. Plantan porotos, zapallos, maíz y mandioca y utilizan las vainas del algarrobo para su alimentación. Crían y atrapan pequeños animales y complementariamente cazan animales de mayor tamaño.
 Los primeros registros históricos sobre los pilagás son del siglo XVII, cuando habitaban el este de las provincias del Chaco y Formosa sobre el ríoi Paraguay junto a otros grupos como los abipones, los mocovíes y los tobas. Los guaraníes llamaron a estos pueblos «guaycurúes» por la costumbre de raparse la parte delantera de la cabeza, que los españoles de Asunción tradujeron como «frentones». Las fuentes históricas los denominan yapitalaguászapitalagá (Guido Boggiani, 1898: 619), pitilagá (Félix de Azara, 1836: 396), pitelahápitaleaes (Francusci Morilloo, 1837), zapitalaguaszapitilingas (Nicolás de Techo, 1628: 295-296), yadpitilagaapitolagasguaycurure (Alfred Métraux, 1946a; Enrique Palavecino, 1933a). Frecuentemente se los confundía con los tobas del oeste, con quienes están históricamente relacionados, tanto lingüística como culturalmente, como también por alianzas militares y relaciones familiares. Durante el siglo XVII los guaicurúes se expandieron por el Chaco hacia el oeste en continuas guerras con grupos mataco-mataguayos. La expansión se detuvo a mediados del siglo XVIII por la presión militar española que los desplazó del río Bermejo, encontrándose los pilagás a fines del siglo XVIII en los bañados entre los ríos Pilcomayo y Paraguay hasta la zona de Fortín Yunka al oeste y el medio de la provincia de Formosa al sur.
Al finalizar la guerra del Paraguay /1864-1870) Argentina comenzó la ocupación del Chaco creándose la gobernación del Chaco en 1872, que fue dividida en 1884 quedando los pilagás dentro del área asignada al Territorio de Formosa. Luego de sucesivas campañas expansivas, el 1 de septiembre de 1899 el general Lorenzo Vitter inició una campaña militar al mando de 1700 hombres que llevó la línea de frontera hasta el río Pilcomayo, concluyendo con la ocupación militar efectiva del territorio chaqueño. Las tierras pilagás y de otros pueblos fueron ocupadas por colonos y los indígenas que sobrevivieron a la guerra y a las enfermedades nuevas para ellos, fueron utilizados en las plantaciones de algodón e ingenios azucareros, como auxiliares de las fuerzas militares o deportados como prisioneros. Muchas mujeres y niños fueron enviados a trabajar como criados en de las familias de los centros urbanos. ​
El 1 de abril de 2005 la Federación Pilagá inició una demanda civil contra el Estado nacional en el Juzgado Federal de Formosa, reclamando una indemnización económica por la matanza de pilagás ocurrida en octubre de 1947, conocida como masacre de Rincón Bomba que fue considerada un crimen contra la humanidad.crimen contra la humanidad.
La Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas  de Argentina, dio como resultado que se reconocieron y/o descienden en primera generación del pueblo pilagá 4465 personas en Argentina (3867 residiendo en comunidades), de las cuales 3948 vivían en la provincia de Formosa (3867 residiendo en comunidades) y 517 en el resto del país.​
El Censo de 2010 en Argentina reveló la existencia de 5137 personas que se autoreconocieron como pilagás en todo el país, 4366 de los cuales en la provincia de Formosa.1

viernes, 9 de febrero de 2018


Los pilagás, cobrevivientes del genocidio

Los pilagás (en su idioma: pit´laxá) son un pueblo indigena que habita en el centro de las provincias de Formosa, Chaco y Santa Fe en Argentina..
Su lengua forma parte de la familia chaqueña habitualmente llamada guaycurú . Están relacionados con los tobas y los mocovíes. Unos 2000 hablan el idioma pilagá. ​ Desde 1996 escriben el pilagá en un alfabeto latino de 4 vocales y 19 consonantes.
Han podido conservar gran parte de su cultura autóctona. Son de estatura alta y complexión fuerte. Plantan porotos, zapallos, maíz y mandioca y utilizan las vainas del algarrobo para su alimentación. Crían y atrapan pequeños animales y complementariamente cazan animales de mayor tamaño.
 Los primeros registros históricos sobre los pilagás son del siglo XVII, cuando habitaban el este de las provincias del Chaco y Formosa sobre el ríoi Paraguay junto a otros grupos como los abipones, los mocovíes y los tobas. Los guaraníes llamaron a estos pueblos «guaycurúes» por la costumbre de raparse la parte delantera de la cabeza, que los españoles de Asunción tradujeron como «frentones». Las fuentes históricas los denominan yapitalaguászapitalagá (Guido Boggiani, 1898: 619), pitilagá (Félix de Azara, 1836: 396), pitelahápitaleaes (Francusci Morilloo, 1837), zapitalaguaszapitilingas (Nicolás de Techo, 1628: 295-296), yadpitilagaapitolagasguaycurure (Alfred Métraux, 1946a; Enrique Palavecino, 1933a). Frecuentemente se los confundía con los tobas del oeste, con quienes están históricamente relacionados, tanto lingüística como culturalmente, como también por alianzas militares y relaciones familiares. Durante el siglo XVII los guaicurúes se expandieron por el Chaco hacia el oeste en continuas guerras con grupos mataco-mataguayos. La expansión se detuvo a mediados del siglo XVIII por la presión militar española que los desplazó del río Bermejo, encontrándose los pilagás a fines del siglo XVIII en los bañados entre los ríos Pilcomayo y Paraguay hasta la zona de Fortín Yunka al oeste y el medio de la provincia de Formosa al sur.
Al finalizar la guerra del Paraguay /1864-1870) Argentina comenzó la ocupación del Chaco creándose la gobernación del Chac en 1872, que fue dividida en 1884 quedando los pilagás dentro del área asignada al Territorio de Formosa. Luego de sucesivas campañas expansivas, el 1 de septiembre de 1899 el general Lorenzo Vitter inició una campaña militar al mando de 1700 hombres que llevó la línea de frontera hasta el río Pilcomayo, concluyendo con la ocupación militar efectiva del territorio chaqueño. Las tierras pilagás y de otros pueblos fueron ocupadas por colonos y los indígenas que sobrevivieron a la guerra y a las enfermedades nuevas para ellos, fueron utilizados en las plantaciones de algodón e ingenios azucareros, como auxiliares de las fuerzas militares o deportados como prisioneros. Muchas mujeres y niños fueron enviados a trabajar como criados en de las familias de los centros urbanos. ​
El 1 de abril de 2005 la Federación Pilagá inició una demanda civil contra el Estado nacional en el Juzgado Federal de Formosa, reclamando una indemnización económica por la matanza de pilagás ocurrida en octubre de 1947, conocida como masacre de Rincón Bomba que fue considerada un crimen contra la humanidad.crimen contra la humanidad.
La Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas  de Argentina, dio como resultado que se reconocieron y/o descienden en primera generación del pueblo pilagá 4465 personas en Argentina (3867 residiendo en comunidades), de las cuales 3948 vivían en la provincia de Formosa (3867 residiendo en comunidades) y 517 en el resto del país.​
El Censo de 2010 en Argentina reveló la existencia de 5137 personas que se autoreconocieron como pilagás en todo el país, 4366 de los cuales en la provincia de Formosa.1
La masacre de un pueblo originario; la matanza de Rincòn Bomba
Fueron hallados restos de los 500 pilagás fusilados por la gendarmerìa argentina en 1947  
Hace poco un juez de Formosa ordenó allanar el escuadrón de Las Lomitas, donde hace 58 años se produjo la matanza de 500 miembros de la etnia pilagá. La comunidad pide al Estado una indemnización.
Declaraciones de Miguel Ortiz (Jefe del Escuadròn)
Qué tanto se preocupa si al final son indios”, contestó el delegado de la Dirección Nacional del Aborigen, Miguel Ortiz, al jefe del Escuadrón cuando éste le pidió explicaciones sobre el mal estado de los alimentos que habían llegado para ser distribuidos entre gente de la etnia pilagá, días previos a la masacre poco conocida por la historia nacional denominada “Matanza de Rincón Bomba”. El hecho ocurrió en octubre de 1947 en Formosa y se cobró alrededor de 600 vidas a manos de la Gendarmería nacional. El suceso volvió a la luz cuando el juez Bruno Quinteros ordenó el allanamiento de las instalaciones del Escuadrón de Gendarmería de Las Lomitas de esa provincia, donde posiblemente se encontrarán fosas comunes con los restos de los asesinados. Ayer la Justicia comenzó la búsqueda y encontró restos de un cuerpo que podrían pertenecer a un integrante del pueblo originario.
En junio de este año, la Federación Pilagá interpuso una denuncia contra el Estado por “crímenes de lesa humanidad”. La demanda, presentada ante el Juzgado Federal Nº 1 de Formosa, es por “daño colectivo”, relató a Página/12 uno de los abogado de esa comunidad, Julio García. En ese sentido, agregó que “se presentó una medida cautelar por la fuerte presunción de la existencia de cadáveres. Por eso el juez ordenó el allanamiento de cuatro lugares. Uno de esos es terreno de Gendarmería en la intersección de las rutas 81 y 28, frente a Las Lomitas”.
Los demandantes piden una indemnización por “daños y perjuicios, lucro cesante, daño emergente, daño moral y determinación de la verdad histórica”.
La presentación judicial señala que entre el 10 y el 30 de octubre del año 1947 fueron asesinados “entre 400 a 500 argentinos de etnia Pilagá, aproximadamente, además de los heridos y más de 200 desaparecidos”. Los más de 50 muertos por intoxicación, hambre y falta de atención médica y la desaparición de un número indeterminado de niños elevan las bajas a más de 750. Hubo 190 sobrevivientes.
En la presentación se relata que meses antes de los crímenes, más de 7 mil hombres, mujeres y niños pilagás, tobas y wichís caminaban desde Las Lomitas hasta Tartagal, en Salta, tras la promesa de trabajo, pero fueron echados cuando reclamaron que se les pagara lo prometido. Entonces emprendieron el regreso a su lugar de origen. Sin posibilidades de trabajo, mujeres, niños y hombres fueron víctimas del hambre y las enfermedades. Los pobladores cercanos los ayudaron con alimentos y ropa. Pero al transcurrir los días dejaron de hacerlo.
Ante la gravedad de la situación, las autoridades provinciales se comunicaron con el presidente Juan Domingo Perón, quien ordenó, como parte de una ayuda mayor, el envío de tres vagones con alimentos, ropas y medicinas. La carga llegó a la ciudad de Formosa y permaneció en la estación, a la intemperie, diez días aproximadamente.
Finalmente, llegó a Las Lomitas un solo vagón lleno, dos semivacíos, con la mayoría de los alimentos en mal estado por el tiempo transcurrido. Fueron distribuidos y consumidos rápidamente por miles de indígenas que a las pocas horas comenzaron a sentir los síntomas de una intoxicación masiva. Decenas murieron. El jefe del Escuadrón llamó al delegado de la Dirección Nacional del Aborigen para pedir explicaciones sobre las faltas en los abastecimientos y el mal estado en que habían llevado.
Al tiempo comenzó a circular el rumor de un ataque indígena. Gendarmería formó un “cordón de seguridad” alrededor del campamento aborigen. No se les permitió traspasarlo ni ingresar al pueblo. Hasta que en el atardecer del 10 de octubre, el cacique pidió hablar con el jefe del escuadrón. Se concertó una entrevista a campo abierto. En ese momento se escucharon descargas de disparos. El 2º comandante del escuadrón, sin que nadie lo supiera, había hecho desplegar varias ametralladoras alrededor del lugar. Y todo terminó en la masacre. Después comenzó la persecución de los que pudieron escapar, “para que no quedaran testigos”, concluye la presentación judicial.
Ayer, 58 años después, comenzaron las excavaciones “para encontrar fosas comunes”, indicó García. El otro abogado patrocinante, Carlos Alberto Díaz, resaltó que este “hecho busca la verdad histórica para determinar las responsabilidades de quienes originaron esta masacre”. Además, se pide una indemnización en nombre de todo el pueblo y otra parte en solidaridad con las etnias toba y wichí “porque estimamos que es un problema de todos los pueblos de la provincia y de América latina”.
La investigación del episodio comenzó un año antes de la presentación ante la Justicia. Los letrados encontraron datos de la matanza cuando trabajaban en el caso de otra masacre indígena sucedida hace más de 80 años en Napalpí. “Investigando hallamos sobrevivientes. Con olvido y perdón, las heridas no se cierran –estimó Díaz–. Encontramos un temor reverencial a causa de ese hecho que impactó en generaciones futuras de pilagás. Fue difícil que nos dieran acceso.”
Fuentes cercanas a la investigación comentaron que “la Federación Pilagá dio el poder para la presentación en Resistencia, Chaco, y no ante un escribano de Formosa por temor a represalias”.
Los otros tres lugares donde se efectuarán los allanamientos serán en la localidad de El Descanso, a pocos kilómetros de Las Lomitas, cerca de las vías y en el cementerio de la localidad de Pozo del Tigre “donde hubo fusilamiento en las noches posteriores”, narró García.
Por su parte, el juez federal formoseño, Bruno Quinteros, relató a Página/12 que con esta causa “estamos reconstruyendo una parte de nuestra historia. Tenemos que determinar la verdad histórica. Yo me enteré de este hecho con la llegada de esta causa”, y enfatizó: “Tenemos un compromiso con la reconstrucción histórica y con los pueblos”.
Informe: Maria Sol Wasylyk Fedyszak.


miércoles, 7 de febrero de 2018


La etnia maka, una cultura nativa sobreviviente en un medio urbano
(Asunción)
Los makás, mac'as o macás son un pueblo indígena originario del Chaco Boreal cuya lengua  forma parte de la familia lingüística wichí y por tanto emparentados con los wichí (matacos), los nivaclé  (del Chaco) y probablemente también con las naciones del sur (charrúas y minuanes). 
Poseen dos dialectos principales: el  mak'a o towolhi y el enimagá o kochaboth.  Pocos maka dominan el idioma castellano o el guaraní paraguayo.
En la actualidad los maka de Paraguay viven principalmente en la Nueva Colonia Indígena Maká, ubicada en la localidad de Mariano Roque Alonso, en los suburbios de la ciudad de Asunción y también en zonas de la vecina Formosa en Argentina. 
Se supone que los antepasados de los makás fueron comunidades wichis (matacos) del Chaco sudoriental que tomaron elementos de sus vecinos guaycurúes, vilelas y calchaquíes, adoptando el estilo de vida ecuestre y emigrando luego al norte del estero Patiño en el Chaco Boreal.
Los makás son identificados con los enimaga que menciona el padre Sánchez Labrador en 1761 en el Chaco central, y los inimaca a los que se refiere Morillo en 1780.
Los Maká son los aborígenes que más se han adaptado a las costumbres del resto de la población paraguaya, en particular a la vida en el área metropolitana de Asunción.
De acuerdo a los censos indígenas paraguayos la población maká era de 608 personas en 1981, 1061 en 1992 y 1282 en 2002 (249 de ellos en el Chaco boreal). 
El censo de 2002 mostró que el 77,4% de los maká vive en áreas urbanas. De acuerdo a los resultados del III Çenso Nacional de Población y Viviendas para Pueblos Indígenas de 2012 en Paraguay vivían 1892 makás, de los cuales 1283 en Asunción y en el departamento Central, 410 en el departamento de Presidente Hayes, 167 en Alto Paraná y 32 en Itapuá.
La conquista de los territorios nativos chaqueños
En tiempos históricos los maka, juntos con aliados pilagá, qom (tobas) y mocoví, resistieron la invasión de su territorio contra los españoles primero y contra los ejércitos criollos de Argentina y Paraguay en tiempos más recientes..
La conquista del Chaco argentino a finales del siglo XIX y principios del siglo XX  hizo que tribus desplazadas de qom y pilagá convivieran en alianza con un grupo maká en el asentamiento de Pozo Navagán al sur del río Pilcomayo en el actual territorio argentino. De allí surgiría la comunidad maka que habita en Clorinda (Formosa).
La última acción armada de resistencia tuvo lugar el 19 de marzo de 1919 un grupo de indígenas del Chaco Boreal, probablemente una alianza maka-pilagá atacó el fortín argentino Yunká (hoy Fortín Sargento Primero Leyes a 10 km del río Pilcomayo, en la actual provincia de Formosa) causando numerosas bajas.
Hoy los maka sobreviven, sobre todo en los suburbios de Asunción, vendiendo artesanías y han logrado mantener su cohesión y patrimonio cultural a pesar de estar rodeados de un ambiente altamente urbanizado.
Los nivaclés, un pueblos chaqueño antiguo con parentescos en las naciones del Sur

Los nivaclés, también llamados chulupís, son un pueblo indígena del Chaco que habitan en ambas márgenes del  río Pilcomayo, en zonas rurales de los dapartamentos de Boquerón y Presidente Hayes en Paraguay y en los suburbios de las ciudades de Mariscal Estigarribia y Filadelfia,
La palabra nivaclé en su idioma significa persona, nosotros o nuestra gente, ​ Sus vecinos chorotes los llaman ashuslay o alhulhai. ​
Históricamente han sido plantadores de maíz, porotos, zapallos y mandioca, recolectores de  las vainas de algarrobo y otras plantas silvestres, criadores de aves y pequeños mamíferos y complementariamente cazadores.
Están emparentados lingüísticamente con los wichís, makas y charrúas.
De acuerdo a los resultados del censo de 2012 viven  en Paraguay 16 350 nivaclés, de los cuales 12 829 están en el departamento de Boquerón y 3,300 en el Departamento Presidente Hayes.
​El Listado de Comunidades Indígenas de Paraguay registra unas 75 comunidades nivaclés en el Chaco.
De acuerdo a fuentes paraguayas los nivaclés emigraron al Chaco Boreal desde el sur del río Pilcomayo en 1913 a causa de la presión militar argentina.​
Desde mediados del siglo XX unos 15 000 menonitas de Canadá, Rusia y Alemania se asentaron en el territorio tradicional nivaclé alterando drásticamente sus costumbres culturales y religiosas, y utilizando frecuentemente a los nivaclés como mano de obra barata, sin que sus derechos sean protegidos por el estado paraguayo.  
En Argentina quedan unos 1,000 nivaclés, que generalmente viven cerca del río Pilcomayo y sus bañados en las provincias de Salto y Formosa, y en menor grado en la provincia del Chaco, que están concentrados en unas 10 comunidades.
Los nivaclés están lingüísticamente relacionados con los wichís (que habitan Salta, Formosa y el Chaco), con los macá (que residen en un barrio suburbano de Asunción, y en menor grado a los charrúas (de acuerdo a investigaciones que yo mismo realicé publicadas en “Los Pueblos del Jaguar”) y tal vez a los minuanes o guenoas.
Adjunto algunas imágenes de una visita que realizamos a comunidades nivaclés cerca de Mariscal Estigarribia en el Chaco paraguayo.