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miércoles, 30 de octubre de 2019

La invasión de un desierto que no era tal
La conquista huinca de la Patagonia

La conquista de los territorios mapuches y tehuelches fue un largo proceso que habían comenzado los españoles al ocupar las tierras querandíes a fines del siglo XVI. Esta expansión continuó en forma incesante a lo largo de los siglos XVII y XVIII, para culminar en las décadas de1870 y 1880 con el aniquilamiento de las confederaciones nativas y la ocupación final de sus territorios.
Las historiadores oficiales argentinos han dado en llamar la “Conquista del Desierto” a esta etapa invasora. Esta denominación que obviamente busca desconocer la existencia de estados y entidades étnicas constituidas y reconocidas en numerosos tratados y acuerdos, incluso a nivel internacional, es una falsificación intencional de los hechos.
El “desierto” no era desierto. Era un lugar poblado por numerosos pueblos organizados que vivían en sus territorios ancestrales desde tiempos inmemoriales.
Cuando los mapuches contemporáneos escriben su propia historia no hablan de “conquista del desierto”, sino de una guerra de agresión que les fue impuesta y que terminó con una cruel masacre, su destierro y la destrucción de su patria.
Al desencadenarse el proceso independentista, los criollos de Buenos Aires estuvieron ocupados enfrentando al imperio español en plena retirada y a las fuerzas portuguesas que procuraban ocupar el lugar abandonado por los españoles. Por esa razón, no pudieron dedicarse a emprender ninguna campaña significativa contra los pueblos del Puelmapu.
La invasión del sur continuó en 1822. En ese año las comunidades mapuches, pampas y ranqueles convocaron una asamblea parlamentaria en Sierra de la Ventana (actual provincia de Buenos Aires) para exigir al gobierno de Bs. As., que respetara el territorio de las naciones nativas y desistiera del avance militar.
El gobierno respondió que buscaba la paz y pareció que no habría enfrentamiento.
A pesar de las promesas del gobierno, apenas un año después (1823, el ejército avanzó en dirección hasta el Río Negro con el propósito infructuoso de fundar un núcleo poblado en lo que luego sería la ciudad de Bahía Blanca.
Nueve años más tarde el proceso expansivo bonaerense habría de continuar cuando Juan Manuel de Rosas, Gobernador de la Provincia, decidió ignorar los tratados que habían permitido preservar una situación de relativa estabilidad en la frontera, y organizó una campaña militar contra las fuerzas aliadas ranqueles y pampas que controlaban las comarcas al sur y oeste de los fortines de San Luis y Buenos Aires.
El ejército rosista aliado con nativos de la etnia boroga avanzó hacia el sur desde Buenos Aires, y el general Ruiz Huidobro lo hizo desde San Luis.
Los grandes “loncos” de la confederación pampa eran Chocorí, Payllerén y Torianoco, secundado por Kalfukurá (“piedra azul” en mapudungún) y su hijo Namunkurá. El enfrentamiento terminó con la victoria del gobernador de Buenos Aires y con la muerte de más de 3,200 nativos, la toma de unos 1,200 prisioneros. Chocorí y Torianoco fueron fusilados y los borogas se dedicaron a perseguir y matar a los vencidos. Tres años después Kalfucurá los derrotó en una sangrienta batalla en que murieron más de 1000 borogas. Las tropas de Rosas siguieron avanzando y lograron derrotar a varios loncos en su avance.
A pesar de que su éxito fue parcial y de corta duración, la campaña de Rosas permitió hacer avanzar el dominio bonaerense varias decenas de quilómetros y rediseñar las cadenas de fortines a lo largo de la frontera, facilitando una nueva expansión de la colonización territorial.
Sin embargo, esta situación no sería duradera.
A esa altura Kalfukurá, que tomó el mando de las fuerzas nativas había logrado organizar una Confederación Araucana con capital en las tolderías de Salinas Grande. A partir de este cuartel general Kalfukurá cultivó el idioma castellano para estar en mejores condiciones de negociar con Buenos Aires.
Luego del derrocamiento de Rosas en Buenos Aires, el nuevo gobierno y los colonos continuaron avanzando, por lo que Kalfucurá decidió atacar nuevamente los establecimientos de los colonos criollos y los fuertes militares que se habían instalado en el territorio pampa.
Estando Urquiza al frente de la Confederación Argentina, los ejércitos de Kalfukurá avanzaron hacia Buenos Aires acercándose hasta Olavarría, derrotando a Bartolomé Mitre en la batalla de Sierra Chica.
Más tarde le tocó el turno al General Hornos quien también fue vencido por las fuerzas de la Confederación Araucana en Tapalqué.
En ese momento se pensó que hasta la propia ciudad de Buenos Aires podía caer en manos de las fuerzas aliadas nativas, pero luego la situación se estabilizó.
Más tarde durante el gobierno de Sarmiento, se produjeron nuevos enfrentamientos, aunque esta vez culminaron con la victoria de las fuerzas del gobierno argentino en la batalla de San Carlos. El lonco Kalfukurá terminó sus días en 1874 recluido en Salinas Grande donde fue sepultado con todos los honores por sus paisanos.
Más tarde, la Confederación Araucana fue atacada por el general Julio Argentino Roca quien invadió el Puelmapu por Carhué, arrasando las
Salinas Grandes para terminar entrando en Choele Choel, lugar secreto por el que la Confederación comerciaba con los mapuches transcordilleranos.
Las versiones habituales de la historia de este período llaman a estos actos de resistencia de Kalfukurá y otros loncos pampas: los “malones indios”. En la realidad se trataba de acciones en defensa propia o de represalia frente al gigantesco malón que significaba el avance incesante criollo sobre los territorios aborígenes.
Para proteger sus establecimientos y defenderse de los ataques araucanos los bonaerenses habían establecido dos líneas principales de fortines. La primera se extendía desde el sur de la actual provincia de Buenos Aires (zona de Fte San Martín, Lamadrid y Libertad) hacia el norte, pasando al oeste de la Laguna Blanca Grande, y de allí a las nacientes del río Salado en donde se curvaba al oeste, extendiéndose luego a lo largo del valle del Río Quinto.
Una segunda línea se estableció a partir de la Sierra Corumatal hasta Trenquelauquen, y de allí, hasta el río Quinto.
Esta situación fronteriza continuó con avances y retrocesos hasta fines de la década de 1870, en que debido al riesgo que representaban las fuerzas confederadas pampeanas, el gobierno central decidió organizar una campaña contra el Puelmapu independiente bajo el liderazgo de Namunkurá (hijo de Calfukurá). Por esa época, a instancias de un aventurero francés llamado Orelie Antoin de Tounens se había formado una suerte de estado transcordillerano que comprendía los territorios mapuches y pampas de ambos lados de los Andes. Este estado cuya duración fue efímera era llamado el “Reino de la Araucania y Patagonia”v y de alguna manera estaba laxamente relacionado con la confederación araucana.
En 1876 comenzó una campaña en gran escala con la invasión de Nicolás Lavalle quien avanzó sobre el territorio mapuche derrotando a Namunkurá en la batalla de Carhué.
Por su parte, el general Lorenzo Wintter lograba reducir a las comunidades Rankulce, mientras Conrado Villegas atacaba las comunidades de Pincen.
La resistencia mapuche se fue haciendo cada vez más decidida pues resultaba claro que el invasor no venía a dialogar y no había otra forma de frenarlo que la guerra.
Al llegar las fuerzas armadas argentinas, las comunidades se replegaban y al retirarse el ejército, volvían a ocupar su territorio de la Cordillera..
A principios de 1879 tuvo lugar el desencadenamiento de una nueva campaña militar ahora sí enfocada a la conquista definitiva del Puelmapu.
Esta vez la iniciativa partió del Ministro de Guerra, el Gral Julio Argentino Roca .
En forma planificada y en estrecha coordinación con el gobierno chileno Roca desató una invasión masiva del territorio mapuche- pampeano.
Las divisiones del ejército de Roca estaban comandadas por el propio Roca (1ª División), el Gral Levalle (2ª División), el Gral Radedo (3ª División), el Gral Uriburu (4ª División) y los Grales Lagos y Godoy (5ª División)
El avance del grueso de las fuerzas argentinas fue en dirección suroeste a partir de Azul, atravesando la 1ª línea de fortines, cruzando los contrafuertes de la Sierra Corumalal y dirigiéndose al Sur (Roca), al oeste (Levalle) y al Norte (Lagos y Godoy).
La 3ª División de Racedo avanzó desde el río Quinto hacia el sur estableciendo su base de operaciones en Poitagué.
El 24 de Mayo de 1879, con apoyo marítimo, el ejército argentino ya había ocupado las regiones de los ríos Limay y Neuquén. El coronel Levalle avanzó desde Carhué hacia la pampa central.
El coronel Uriburu que había salido desde el fuerte San Martín en Mendoza hacia el sur, llegó al río Neuquén y se juntó con Roca. Los Coroneles Hilario Lagos y Enrique Godoy se lanzaron sobre las comunidades mapuches desde Guaminí y Trenque Lauquen hasta Luen Lauquen y Ñiancú..
La guerra terminó con el triunfo total del gobierno de Buenos Aires y la expulsión hacia el sur de los remanentes del ejército confederado pampa- mapuche.
De acuerdo a las cifras oficiales, en el período 1878-1879 murieron 479 guerreros y civiles mapuches, y 7.821 fueron tomados prisioneros. En campañas sucesivas durante los años 1881-84 (en territorios de Neuquén, Chubut y Nahuel Huapí), 399 más fueron muertos y 1,871 hechos prisioneros.
El balance oficial, que probablemente subestima la magnitud de la masacre informó que como resultado de la guerra murieron 878 “indios” y 9,692 más fueron hechos prisioneros.
Como resultado de esta guerra de conquista se incorporaron al territorio argentino más de 400,000 km2.
En los siguientes años los últimos jefes mapuches fueron empujados hacia el sur y oeste, hasta su derrota final y captura en 1886.
A partir de ese momento el gobierno de la República Argentina comenzó a ejercer su autoridad de dominación sobre los territorios ocupados. Los desafortunados sobrevivientes nativos fueron despojados de las mejores tierras y concentrados en áreas restringidas de menor valor. Su cultura, lengua y costumbres fueron proscriptas, y desde entonces se vieron sometido a una situación de extrema pobreza y marginación sin que se reconocieran sus derechos como pueblos o individuos.
A pesar de que el estado araucano- patagónico era reconocido a nivel internacional, e incluso por el propio estado argentino, a través de varios tratados, la ocupación del país mapuche y pampa se hizo permanente. No hubieron protestas internacionales en ese momento, y el mundo llamado civilizado decidió aceptar el despojo como un hecho normal.
Después de todo, estaban ocurriendo fenómenos similares en América del Norte, donde los lakotas y apaches eran masacrados y despojados de sus tierras quedando reducidos a campos de concentración y reservas inadecuadas.
Todavía hoy la invasión del país mapuche es ignorada en los relatos de la historia oficial que se enseñan en las sociedades criollas del continente.
Parece que el mundo ha decidido olvidar a esta antigua nación cuyo territorio aún permanece ocupado por los estados criollos de Argentina y Chile. Nosotros no.

i Darwin, Charles: «Viaje de un naturalista alrededor del mundo»,
Buenos Aires, 1945
ii Puelmapu: del mapudungún (lengua de los mapuches) proveniente de puel= este y mapu= tierra. Se denominaba así al territorio que se encuentra al este de los Andes tradicionalmente por pueblos mapuches, pampas y otras etnias patagónicas. Sus habitantes eran llamados puelches.
iii Un primer intento de crear un centro poblado en el sitio de Buenos Aires fracasó en 1536 cuando Pedro de Mendoza y su numerosa expedición fue rechazado por una coalición armada de guerreros charrúas, querandíes, guaraníes y chanás.
A nivel anecdótico se señala que los líderes mapuches acordaron la formación de un reino mapuche aceptando la sugerencia de un aventurero francés llamado Orelie-Antoine de     Tounens que fue inspirado por la lucha mapuche. En 1860 se estableció formalmente el Reino de Araucania y Patagonia constituyéndose una Asamblea Parlamentaria que escogió como rey a Orelie Antoine. Un año después Orelie- Antoine fue secuestrado por las fuerzas armadas del gobierno chileno, declarado insano y deportado a Francia. El francés procuró regresar a la Araucania varias veces, aunque infructuosamente. Murió en Francia en 1878 en extrema pobreza.
Del libro "Los Fantasmas de la Memoria" de Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

martes, 29 de octubre de 2019

Propuesta: El mapudungún como lengua oficial de Neuquén
Se propone que se oficialice el mapudungún (lengua mapuche)  como lengua oficial de la provincia de Neuquén (Argentina)
El  'mapudungún' es el idioma de pueblo originario mapuche de la Patagonia y región andina de la provincia de Neuquén (y también del sur de Chile).
La Confederación Mapuche presentó un proyecto de ley a la legislatura neuquina para que se reconociera el mapudungún como idioma oficial en la provincia. Se basan en las constituciones nacional y provincial, en tratados internacionales y en el hecho de que la lengua corre riesgo de desaparecer. Afirman que el derecho de utilizar el idioma de preferencia es un requisito excluyente para la libertad de pensamiento. 
"Estamos muy esperanzados de que los jóvenes retomen el mapudungún y le den la fortaleza necesaria para nuevas generaciones", dijo a RT Pety Piciñam, autoridad de la Confederación Mapuche de Neuquén. 
"El pueblo mapuche sufrió un genocidio y, producto de ese genocidio, el idioma se ve invisibilizado".Pety Piciñam, autoridad de la 'Lof Puel Pvjv' (Confederación Mapuche de Neuquén).
Según el último censo (2010) unos 200.000 argentinos se reconocen mapuches y son 40.000 los que viven en la provincia de Neuquén. Aunque no existen cifras oficiales, se calcula que aproximadamente solo un tercio (unos 15.000) hablan mapudungún. De no hacer nada, el riesgo es que tienda a desaparecer.
La deuda histórica
Tanto en la presentación del proyecto como en su texto se habla de la reparación histórica que oficializar la lengua produciría. En este sentido, Piciñam indicó: "El pueblo mapuche sufrió un genocidio y, producto de ese genocidio, la situación de nuestro idioma se ve invisibilizado y prohibido también como política de Estado".
También recordó que hubo muchos años en los que se negó el mapudungún. "Luego de lo que fue la mal llamada 'conquista del desierto' las escuelas funcionaron como herramientas de un sistema racista que se instaló en los rincones de la Patagonia", relató. Allí empezó el proceso de negar el ejercicio de la lengua. 
"En aquel entonces, 'hablar bien' significaba hablar castellano y hubo una generación entera que trató de que sus hijos hablaran español para que no fueran reprimidos como habían sido ellos", contó. 
No hay estadísticas oficiales de cuántas personas actualmente hablan el idioma. Aunque a la Confederación le gustaría. "Pero sí sabemos que en medio de los barrios y en las periferias de las ciudades el mapudungún se está retomando y fortaleciendo a partir del propio esfuerzo y la voluntad de los mapuches, que ponemos nuestro cuerpo sin recursos del Estado", comentó Piciñam. 
En algunas escuelas rurales ya se enseña, aunque con pocas herramientas pedagógicas. También se aprobó que en la Justicia local fuera obligatorio tener traductores cuando un mapuche es juzgado. Pero el camino sigue y Piciñam comenta: "Hay una deuda histórica del gobierno, que debe crear políticas públicas de visibilización y puesta en ejercicio con énfasis y recursos".
El proyecto
El 2019 es el año internacional de las lenguas indígenas según la Organización de Naciones Unidas  (ONU)  "Es el principal vehículo de comunicación de las personas con su entorno. Está presente en todos los ámbitos de la vida. Es un instrumento de integración social. Las palabras expresan los pensamientos de cada persona en la lengua que comparte con su comunidad y permiten un mejor entendimiento entre individuos y sociedades", escribieron desde la ONU. Además, según la UNESCO en el mundo se hablan cerca de 7000 idiomas. Del total, se calcula que 6700 son lenguas indígenas y 2680 (el 40 %) corren el riesgo de desaparecer.
Con el año como impulso, desde la Confederación Mapuche decidieron retomar el proyecto de la oficialización del idioma y presentarlo en la legislatura. Llevaron las más de 3.000 firmas que habían juntado y el 15 de octubre presentaron la propuesta.
"El objetivo es que sea una herramienta para fortalecer la identidad y –por otro lado– una posibilidad para los no mapuches de acceder al idioma de este territorio".Pety Piciñam, autoridad de la 'Lof Puel Pvjv' (Confederación Mapuche de Neuquén).
Contaron con el acompañamiento de diputados y diputadas de diversas agrupaciones (Mariano Mansilla, de Une; Raúl Godoy, del Frente de izquierda de Los Trabajadores Unidad; Eduardo Fuentes y Pamela Mucci, del Frente Neuquino; Nancy Parrilli y Guillermo Carnaghi, del Frente Para la Victoria, entre otros). También mostraron su apoyo organizaciones sociales, organizaciones de derechos humanos, los consejos territoriales, la Universidad del Comahue, entre otros.
"Declárese idioma oficial en todo el territorio de la Provincia de Neuquén el mapudungún, idioma del Pueblo preexistente Mapuche", indica el artículo 1 del proyecto. Luego indica que será el Poder Ejecutivo el que deberá ocuparse del "reconocimiento efectivo, la protección y desarrollo de los derechos lingüísticos, individuales y colectivos del Pueblo Mapuche".
La propuesta incluye dos puntos importantes. El primero, crear un 'Instituto para el rescate, fortalecimiento y proyección del mapudungún '. La organización estaría dirigida por representantes zonales de la Confederación (Pewence, Lafkence, Xawvn Ko, Ragiñce, Pikunce y Wijice), un no mapuche que habite en la ciudad y un representante del ejecutivo provincial.
"El objetivo es que sea una herramienta para fortalecer la identidad y –por otro lado– una posibilidad para los no mapuches de acceder al idioma de este territorio y tener otra relación con el espacio que cobija al pueblo mapuche y al no mapuche que conviven", opinó la dirigente de la Confederación.
El segundo punto clave es que el idioma deje de estar 'escondido en la cordillera' y pase a estar en ejercicio: en lo judicial, en la salud, en lo educativo, en la señalética. El proyecto establece la obligatoriedad de traducir "los carteles identificatorios de todos los organismos públicos, así como la señalización pública".
Quienes quieren que el idioma se oficialice plantean un dato interesante: de los 16 departamentos, 13 tienen nombre en mapudungún (Lácar, Pehuenches, Aluminé son algunos ejemplos) y de 36 Municipios, con 20 sucede algo similar (Cutral-Co, Huincul, Loncopué, etcétera).
En un video para difundir el proyecto, Piciñam dice: "Nosotros como pueblo nos entendemos parte de la tierra, el universo [...] Ser mapuche es entender que somos un elemento más, sin idea de superioridad sobre los otros elementos. El río tiene un rol, el sol tiene un rol, las aguas, la tierra. Todo tiene vida, todo tiene conocimiento".
El objetivo es la oficialización en la provincia del idioma mapuche. O, lo que es lo mismo: "¡Vnenkvlepe tayin mapudungún!"
Autora: Julia Muriel Dominzain
Referencia:
https://actualidad.rt.com/actualidad/331805-provincia-argentina-neuquen-oficializar-mapuche

lunes, 18 de marzo de 2019


La invasión de un desierto que no era tal

La conquista huinca de la Patagonia

La conquista de los territorios mapuches y tehuelches fue un largo proceso que habían comenzado los españoles al ocupar las tierras querandíes a fines del siglo XVI. Esta expansión continuó en forma incesante a lo largo de los siglos XVII y XVIII, para culminar en las décadas de1870 y 1880 con el aniquilamiento de las confederaciones nativas y la ocupación final de sus territorios.
Las historiadores oficiales argentinos han dado en llamar la “Conquista del Desierto” a esta etapa invasora. Esta denominación que obviamente busca desconocer la existencia de estados y entidades étnicas constituidas y reconocidas en numerosos tratados y acuerdos, incluso a nivel internacional, es una falsificación intencional de los hechos.
El “desierto” no era desierto. Era un lugar poblado por numerosos pueblos organizados que vivían en sus territorios ancestrales desde tiempos inmemoriales.
Cuando los mapuches contemporáneos escriben su propia historia no hablan de “conquista del desierto”, sino de una guerra de agresión que les fue impuesta y que terminó con una cruel masacre, su destierro y la destrucción de su patria.
Al desencadenarse el proceso independentista, los criollos de Buenos Aires estuvieron ocupados enfrentando al imperio español en plena retirada y a las fuerzas portuguesas que procuraban ocupar el lugar abandonado por los españoles. Por esa razón, no pudieron dedicarse a emprender ninguna campaña significativa contra los pueblos del Puelmapu.
La invasión del sur continuó en 1822. En ese año las comunidades mapuches, pampas y ranqueles convocaron una asamblea parlamentaria en Sierra de la Ventana (actual provincia de Buenos Aires) para exigir al gobierno de Bs. As., que respetara el territorio de las naciones nativas y desistiera del avance militar.
El gobierno respondió que buscaba la paz y pareció que no habría enfrentamiento.
A pesar de las promesas del gobierno, apenas un año después (1823, el ejército avanzó en dirección hasta el Río Negro con el propósito infructuoso de fundar un núcleo poblado en lo que luego sería la ciudad de Bahía Blanca.
Nueve años más tarde el proceso expansivo bonaerense habría de continuar cuando Juan Manuel de Rosas, Gobernador de la Provincia, decidió ignorar los tratados que habían permitido preservar una situación de relativa estabilidad en la frontera, y organizó una campaña militar contra las fuerzas aliadas ranqueles y pampas que controlaban las comarcas al sur y oeste de los fortines de San Luis y Buenos Aires.
El ejército rosista aliado con nativos de la etnia boroga avanzó hacia el sur desde Buenos Aires, y el general Ruiz Huidobro lo hizo desde San Luis.
Los grandes “loncos” de la confederación pampa eran Chocorí, Payllerén y Torianoco, secundado por Kalfukurá (“piedra azul” en mapudungún) y su hijo Namunkurá. El enfrentamiento terminó con la victoria del gobernador de Buenos Aires y con la muerte de más de 3,200 nativos, la toma de unos 1,200 prisioneros. Chocorí y Torianoco fueron fusilados y los borogas se dedicaron a perseguir y matar a los vencidos. Tres años después Kalfucurá los derrotó en una sangrienta batalla en que murieron más de 1000 borogas. Las tropas de Rosas siguieron avanzando y lograron derrotar a varios loncos en su avance.
A pesar de que su éxito fue parcial y de corta duración, la campaña de Rosas permitió hacer avanzar el dominio bonaerense varias decenas de quilómetros y rediseñar las cadenas de fortines a lo largo de la frontera, facilitando una nueva expansión de la colonización territorial.
Sin embargo, esta situación no sería duradera.
A esa altura Kalfukurá, que tomó el mando de las fuerzas nativas había logrado organizar una Confederación Araucana con capital en las tolderías de Salinas Grande. A partir de este cuartel general Kalfukurá cultivó el idioma castellano para estar en mejores condiciones de negociar con Buenos Aires.
Luego del derrocamiento de Rosas en Buenos Aires, el nuevo gobierno y los colonos continuaron avanzando, por lo que Kalfucurá decidió atacar nuevamente los establecimientos de los colonos criollos y los fuertes militares que se habían instalado en el territorio pampa.
Estando Urquiza al frente de la Confederación Argentina, los ejércitos de Kalfukurá avanzaron hacia Buenos Aires acercándose hasta Olavarría, derrotando a Bartolomé Mitre en la batalla de Sierra Chica.
Más tarde le tocó el turno al General Hornos quien también fue vencido por las fuerzas de la Confederación Araucana en Tapalqué.
En ese momento se pensó que hasta la propia ciudad de Buenos Aires podía caer en manos de las fuerzas aliadas nativas, pero luego la situación se estabilizó.
Más tarde durante el gobierno de Sarmiento, se produjeron nuevos enfrentamientos, aunque esta vez culminaron con la victoria de las fuerzas del gobierno argentino en la batalla de San Carlos. El lonco Kalfukurá terminó sus días en 1874 recluido en Salinas Grande donde fue sepultado con todos los honores por sus paisanos.
Más tarde, la Confederación Araucana fue atacada por el general Julio Argentino Roca quien invadió el Puelmapu por Carhué, arrasando las
Salinas Grandes para terminar entrando en Choele Choel, lugar secreto por el que la Confederación comerciaba con los mapuches transcordilleranos.
Las versiones habituales de la historia de este período llaman a estos actos de resistencia de Kalfukurá y otros loncos pampas: los “malones indios”. En la realidad se trataba de acciones en defensa propia o de represalia frente al gigantesco malón que significaba el avance incesante criollo sobre los territorios aborígenes.
Para proteger sus establecimientos y defenderse de los ataques araucanos los bonaerenses habían establecido dos líneas principales de fortines. La primera se extendía desde el sur de la actual provincia de Buenos Aires (zona de Fte San Martín, Lamadrid y Libertad) hacia el norte, pasando al oeste de la Laguna Blanca Grande, y de allí a las nacientes del río Salado en donde se curvaba al oeste, extendiéndose luego a lo largo del valle del Río Quinto.
Una segunda línea se estableció a partir de la Sierra Corumatal hasta Trenquelauquen, y de allí, hasta el río Quinto.
Esta situación fronteriza continuó con avances y retrocesos hasta fines de la década de 1870, en que debido al riesgo que representaban las fuerzas confederadas pampeanas, el gobierno central decidió organizar una campaña contra el Puelmapu independiente bajo el liderazgo de Namunkurá (hijo de Calfukurá). Por esa época, a instancias de un aventurero francés llamado Orelie Antoin de Tounens se había formado una suerte de estado transcordillerano que comprendía los territorios mapuches y pampas de ambos lados de los Andes. Este estado cuya duración fue efímera era llamado el “Reino de la Araucania y Patagonia”v y de alguna manera estaba laxamente relacionado con la confederación araucana.
En 1876 comenzó una campaña en gran escala con la invasión de Nicolás Lavalle quien avanzó sobre el territorio mapuche derrotando a Namunkurá en la batalla de Carhué.
Por su parte, el general Lorenzo Wintter lograba reducir a las comunidades Rankulce, mientras Conrado Villegas atacaba las comunidades de Pincen.
La resistencia mapuche se fue haciendo cada vez más decidida pues resultaba claro que el invasor no venía a dialogar y no había otra forma de frenarlo que la guerra.
Al llegar las fuerzas armadas argentinas, las comunidades se replegaban y al retirarse el ejército, volvían a ocupar su territorio de la Cordillera..
A principios de 1879 tuvo lugar el desencadenamiento de una nueva campaña militar ahora sí enfocada a la conquista definitiva del Puelmapu.
Esta vez la iniciativa partió del Ministro de Guerra, el Gral Julio Argentino Roca .
En forma planificada y en estrecha coordinación con el gobierno chileno Roca desató una invasión masiva del territorio mapuche- pampeano.
Las divisiones del ejército de Roca estaban comandadas por el propio Roca (1ª División), el Gral Levalle (2ª División), el Gral Radedo (3ª División), el Gral Uriburu (4ª División) y los Grales Lagos y Godoy (5ª División)
El avance del grueso de las fuerzas argentinas fue en dirección suroeste a partir de Azul, atravesando la 1ª línea de fortines, cruzando los contrafuertes de la Sierra Corumalal y dirigiéndose al Sur (Roca), al oeste (Levalle) y al Norte (Lagos y Godoy).
La 3ª División de Racedo avanzó desde el río Quinto hacia el sur estableciendo su base de operaciones en Poitagué.
El 24 de Mayo de 1879, con apoyo marítimo, el ejército argentino ya había ocupado las regiones de los ríos Limay y Neuquén. El coronel Levalle avanzó desde Carhué hacia la pampa central.
El coronel Uriburu que había salido desde el fuerte San Martín en Mendoza hacia el sur, llegó al río Neuquén y se juntó con Roca. Los Coroneles Hilario Lagos y Enrique Godoy se lanzaron sobre las comunidades mapuches desde Guaminí y Trenque Lauquen hasta Luen Lauquen y Ñiancú..
La guerra terminó con el triunfo total del gobierno de Buenos Aires y la expulsión hacia el sur de los remanentes del ejército confederado pampa- mapuche.
De acuerdo a las cifras oficiales, en el período 1878-1879 murieron 479 guerreros y civiles mapuches, y 7.821 fueron tomados prisioneros. En campañas sucesivas durante los años 1881-84 (en territorios de Neuquén, Chubut y Nahuel Huapí), 399 más fueron muertos y 1,871 hechos prisioneros.
El balance oficial, que probablemente subestima la magnitud de la masacre informó que como resultado de la guerra murieron 878 “indios” y 9,692 más fueron hechos prisioneros.
Como resultado de esta guerra de conquista se incorporaron al territorio argentino más de 400,000 km2.
En los siguientes años los últimos jefes mapuches fueron empujados hacia el sur y oeste, hasta su derrota final y captura en 1886.
A partir de ese momento el gobierno de la República Argentina comenzó a ejercer su autoridad de dominación sobre los territorios ocupados. Los desafortunados sobrevivientes nativos fueron despojados de las mejores tierras y concentrados en áreas restringidas de menor valor. Su cultura, lengua y costumbres fueron proscriptas, y desde entonces se vieron sometido a una situación de extrema pobreza y marginación sin que se reconocieran sus derechos como pueblos o individuos.
A pesar de que el estado araucano- patagónico era reconocido a nivel internacional, e incluso por el propio estado argentino, a través de varios tratados, la ocupación del país mapuche y pampa se hizo permanente. No hubieron protestas internacionales en ese momento, y el mundo llamado civilizado decidió aceptar el despojo como un hecho normal.
Después de todo, estaban ocurriendo fenómenos similares en América del Norte, donde los lakotas y apaches eran masacrados y despojados de sus tierras quedando reducidos a campos de concentración y reservas inadecuadas.
Todavía hoy la invasión del país mapuche es ignorada en los relatos de la historia oficial que se enseñan en las sociedades criollas del continente.
Parece que el mundo ha decidido olvidar a esta antigua nación cuyo territorio aún permanece ocupado por los estados criollos de Argentina y Chile. Nosotros no.

i Darwin, Charles: «Viaje de un naturalista alrededor del mundo»,
Buenos Aires, 1945
ii Puelmapu: del mapudungún (lengua de los mapuches) proveniente de puel= este y mapu= tierra. Se denominaba así al territorio que se encuentra al este de los Andes tradicionalmente por pueblos mapuches, pampas y otras etnias patagónicas. Sus habitantes eran llamados puelches.
iii Un primer intento de crear un centro poblado en el sitio de Buenos Aires fracasó en 1536 cuando Pedro de Mendoza y su numerosa expedición fue rechazado por una coalición armada de guerreros charrúas, querandíes, guaraníes y chanás.
A nivel anecdótico se señala que los líderes mapuches acordaron la formación de un reino mapuche aceptando la sugerencia de un aventurero francés llamado Orelie-Antoine de     Tounens que fue inspirado por la lucha mapuche. En 1860 se estableció formalmente el Reino de Araucania y Patagonia constituyéndose una Asamblea Parlamentaria que escogió como rey a Orelie Antoine. Un año después Orelie- Antoine fue secuestrado por las fuerzas armadas del gobierno chileno, declarado insano y deportado a Francia. El francés procuró regresar a la Araucania varias veces, aunque infructuosamente. Murió en Francia en 1878 en extrema pobreza.
Del libro "Los Fantasmas de la Memoria" de Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

miércoles, 1 de agosto de 2018


La masacre de los pueblos nativos de la Patagonia, también  (mal) llamada "la guerra del desierto".
En 1872, veinte años después de la caída de Rosas, ya constituida la República Argentina como tal en pleno período sarmientino, se produjo el temido malón de los winkas de Buenos Aires que en la historia oficial se conoce como la batalla de San Carlos, y que al poco tiempo, habría de terminar con la muerte de Kalfukurá, el anciano toqui de las pampas.
Su hijo, Namunkurá, continuaría la resistencia por varios años más. Las autoridades centrales, representadas por el nuevo presidente Ni­colás Avellaneda y sus Ministros de Guerra Adolfo Alsina y Julio Argentino Roca, y la presión inglesa para la colonización y extensión de las vías férreas, llevó a planificar una estrategia de destrucción y ocupación del país confederado.
En 1876, Alsina ordenó el avance de cinco divisiones sobre la “Tie­rra Adentro” estableciendo una línea de pueblos) y fortines (Carhué, Guaminí, Puán, Trenque-Lauquen e Ita-ló), y una zanja de 374 km de largo entre Carhué y Laguna del Monte.
En 1877 y 1878 las comunidades indígenas estaban debilitadas por el hambre y la continua agresión de las fuerzas armadas de los winkas.
Fue en ese momento que se produjo la estocada final. El ejército en­cabezado por Julio Argentino Roca, cada vez más numeroso, y ahora armado con el poderoso fusil Remington, descargó toda su fuerza contra las naciones del sur. La campaña, que duró algo más de un año, permitió derrotar completamente a los pueblos confederados y ocupar su tierra en forma permanente.
De acuerdo con la Memoria del Departamento de Guerra y Marina de 1879, los resultados de la campaña fueron los siguientes:
“5 caciques principales prisioneros, 1 cacique principal muerto (Bai­gorrita), 1.271 indios de lanza prisioneros, 1.313 indios de lanza muer­tos, 10.513 indios de chusma prisioneros, 1.049 indios reducidos .”
En 1882 una nueva campaña lograba expandir la frontera a todo Neu­quén,
364 indígenas habían sido muertos y más de 1700 hechos prisioneros. El 5 de mayo de 1883 el General Villegas informaba: “En el territorio comprendido entre los ríos Neuquén, Limay, Cordillera de los Andes y Lago Nahuel Huapi; no ha quedado un solo indio, todos han sido arroja­dos a occidente... Al sur del río Limay, queda del salvaje los restos de la tribu del Cacique Sayhueque, huyendo, pobre, miserable y sin prestigio”
En 1884 el general Wintter decidió aniquilar a Sayhueque e Inacayal.
Hambriento y agotado, Namuncurá ya se había visto obligado a ren­dirse con 330 guerreros.
Los últimos loncos del Puelmapu, reunidos en asamblea, intentaron organizar una defensa desesperada con el compromiso de pelear hasta morir.
En una situación de arrinconamiento insostenible, Sayhueque se entre­gó el 1º de enero de 1885 con más de 3000 hombres.
Algunos loncos continuaron la lucha.
Un gran número de guerreros murieron en combate y los restantes en­frentaron a los invasores en una última batalla el 18 de octubre de 1884.
Hubo más muertos y los dos loncos sobrevivientes, Inacayal y Fo­yel cayeron prisioneros.
En 1886, ambos jefes fueron llevados, junto con los restos de sus fami­lias a vivir al Museo de la Plata donde se expusieron al público curioso. como piezas cautivas de la “civilización” triunfante.

domingo, 26 de noviembre de 2017

El aniquilamiento de las naciones mapuches en las pampas del sur


La Confederación de Salinas Grandes era un verdadero estado, desde su toldería capital, Kalfukurá dirigía los asuntos de la gran nación puelche multi-étnica. En las extensas llanuras y en las sierras vivían varias decenas de miles de personas, pastando su ganado,  labrando la tierra o cazando guanacos y ñandúes,  comerciando, y llevando una existencia pacífica y próspera. Había comunidades mapuches, pehuenches, ranquelches, tehuelches, voroganos e incluso algunos winka que habían preferido el mundo de la toldería a la sociedad impostada y falsa de las ciudades criollas.
Era el caso de Manuel Baigorria, antiguo coronel del ejército de José María Paz, que se  había ido a vivir entre los ranqueles. Baigorria, que era aliado de Kalfukurá, llegó a ser un importante lonco ranquel, que indignado por las agresiones de los cristianos, atacó la propia ciudad de Córdoba y el oeste de Buenos Aires.
Veinte años después de la caída de Rosas, en 1872, ya constituida la República Argentina, y en pleno período sarmientino, se produjo el temido malón de los winkas que en la historia oficial se conoce como  la batalla de San Carlos, y que al poco tiempo, habría de terminar con la muerte del anciano toqui de las pampas.
Su hijo, Namunkurá, continuaría la resistencia por varios años más. Las autoridades centrales, representadas por el nuevo presidente Nicolás Avellaneda y sus Ministros de Guerra Adolfo Alsina y Julio Argentino Roca, y la presión inglesa para la colonización y extensión de las vías férreas, llevó a  planificar una estrategia de destrucción y ocupación del país confederado.
En 1876, Alsina ordenó el avance de cinco divisiones sobre la “Tierra Adentro” estableciendo una línea de pueblos) y fortines (Carhué, Guaminí, Puán,  Trenque-Lauquen e Ita-ló), y una zanja de 374 km de largo entre Carhué y Laguna del Monte.
En 1877 y 1878 las comunidades indígenas estaban debilitadas por el hambre y la continua agresión de las fuerzas armadas de los winkas.
Fue en ese momento que se produjo la estocada final. El ejército encabezado por Julio Argentino Roca, cada vez más numeroso, y ahora armado con el poderoso fusil Remington, descargó toda su fuerza contra las naciones del sur. La campaña, que  duró algo más de un año, permitió derrotar completamente a los pueblos confederados y ocupar su tierra en forma permanente.
De acuerdo con la Memoria del  Departamento de Guerra y Marina de 1879, los resultados de la campaña  fueron los siguientes:
“5 caciques principales prisioneros, 1 cacique principal muerto (Baigorrita), 1.271 indios de lanza prisioneros, 1.313 indios de lanza muertos, 10.513 indios de chusma prisioneros, 1.049 indios reducidos .”
En 1882 una nueva campaña lograba expandir la frontera a todo Neuquén,
364 indígenas habían sido muertos y más de 1700 hechos prisioneros. El 5 de mayo de 1883 el General Villegas informaba: “En el  territorio comprendido entre los ríos Neuquén, Limay, Cordillera de los Andes y Lago Nahuel Huapi; no ha quedado un solo indio, todos han sido arrojados a occidente... Al sur del río Limay, queda del salvaje los restos de la tribu del Cacique Sayhueque, huyendo, pobre, miserable y sin prestigio”
En 1884 el general Wintter decidió aniquilar a Sayhueque e Inacayal.
Hambriento y agotado, Namuncurá ya se había visto obligado a rendirse con 330 guerreros.
Los últimos loncos del Puelmapu, reunidos en asamblea, intentaron organizar una defensa desesperada con el compromiso de pelear hasta morir.
En una situación de arrinconamiento insostenible, Sayhueque se entregó el 1º de enero de 1885 con más de  3000 hombres.
Algunos loncos continuaron la lucha.
Un gran número de guerreros murieron en combate y los restantes enfrentaron a los invasores en una última batalla el 18 de octubre de 1884. 
Asì se llegò a la consolidaciòn del estado criollo de Argentina en el sur del continente.

sábado, 25 de noviembre de 2017


Como yo también soy indio...

El nacimiento de José de San Martín fue sistemáticamente ocultado por la historiografía argentina. Su madre, era Rosa Guarú, una indígena guaraní que servía en la casa de la familia San Martín en Yapeýú, y su padre, Diego de Alvear, un militar español que terminó sus días mucho tiempo después en Inglaterra. Sin embargo, José de San Martín tenía siempre muy presente su origen.
Una expresiòn de la consideraciòn profunda que tenìa Josè de San Martìn para con los pueblos nativos se puede comprobar en sus expresiones cuando se reuniò con caciques y lonkos mapuches, pehuenches y pampas en Mendoza en 1816 previo al cruce de los Andes. Allì San Martìn expresó: “Los he convocado para hacerles saber que los españoles van a pasar de Chile con su ejército para matar a todos los indios y robarles sus mujeres e hijos. En vista de ellos y como yo también soy indio voy a acabar con los godos que les han robado a ustedes las tierras de sus antepasados...”.      
El desprecio por las culturas indígenas, la violación de los derechos humanos sistemática y cruel se expresó en el desconocimiento sistemático de los orígenes y aportes de los pueblos nativos. Por lo tanto, el San Martín mestizo fue ocultado, incluso contra su propia voluntad.  Todas sus expresiones mostraron que José Francisco de San Martín se reconocía indio hasta lo más profundo de sus tripas.

1 Referencia: de Galasso Norberto, Seamos Libres, Colihue, Bs.As. 2000, citado en el ensayo de Alberto J. Lapolla “El origen mestizo del General San Martín”


jueves, 17 de agosto de 2017

Kalfukurá, y la Confederación de Salinas Grande
D.Antón
Cansado pero no derrotado, en la fecha cristiana del 4 de junio de 1873,  moría Kalfukurá a orillas de un salar en las llanuras extensas del Puelmapu.  
Su piel de huanaco estaba ensangrentada por la sangre vertida. Con él se iba el gran toqui que dirigía con dignidad y sabiduría la confederación de los Pueblos de la Tierra  
Murió cerca de Salinas Grande, corazón de las pampas áridas.  Desde allí había logrado organizar la resistencia contra los crueles e insaciables winkas de Buenos Aires.
De a poco, pero inexorablemente, los extranjeros se iban adentrando en la mapu  sagrada donde habita el espíritu del sol naciente.
En otras épocas, ya hacía casi cuarenta años, Rosas, otro gran jefe winka, que se decía “amigo de los indios”, también había   atacado a los pueblos más allá de la frontera.
En esa época, los lonco de la resistencia fueron Chocorí y Paylleren que gobernaban en los territorios que se extendían a lo largo del “país de las manzanas”,  desde la Sierra de La Ventana y el sitio de Bahía Blanca hasta la confluencia de los ríos Neuquén y Limay. 
En 1833, las tropas rosistas atacaron Chole –Choel arrasando las tolderías de ambos jefes. En la Nochebuena del  24 de diciembre,  los bonaerenses se regocijaron al enterarse a través de La Gaceta Mercantil  que habían muerto 3200 indios y se habían hecho 1200 prisioneros. 
Rosas había logrado extender la frontera de Buenos Aires en unos 80,000  km2.  La línea defensiva pasaba ahora por Bahía Blanca, Médano Redondo (después se llamaría Fortín Mercedes) y Carmen de Patagones. 
A pesar que Chocorí fue apresado y ejecutado al año siguiente, la lucha continuó acaudillada por su hijo Sayhueque, por el jefe ranquel Yanquetruz, y por Kalfukurá-Piedra Azul, quien al frente de los mapuches, pehuenches y voroganos del oeste, había logrado afirmar su autoridad en las pampas del sur y de occidente 
Ante  la continuidad de la resistencia, Rosas decidió hacer las paces con los jefes de las naciones confederadas manteniéndose la tranquilidad en la frontera hasta su derrocamiento en 1852. 
La Confederación de Salinas Grandes era un verdadero estado, desde su toldería capital, Kalfukurá dirigía los asuntos de la gran nación puelche multi-étnica. En las extensas llanuras y en las sierras vivían varias decenas de miles de personas, pastando su ganado,  labrando la tierra o cazando guanacos y ñandúes,  comerciando, y llevando una existencia pacífica y próspera. Había comunidades mapuches, pehuenches, ranquelches, tehuelches, voroganos e incluso algunos winka que habían preferido el mundo de la toldería a la sociedad impostada y falsa de las ciudades criollas.
Era el caso de Manuel Baigorria, antiguo coronel del ejército de José María Paz, que se  había ido a vivir entre los ranqueles. Baigorria, que era aliado de Kalfukurá, llegó a ser un importante lonco ranquel, que indignado por las agresiones de los cristianos, atacó la propia ciudad de Córdoba y el oeste de Buenos Aires.
Veinte años después de la caída de Rosas, en 1872, ya constituida la República Argentina, y en pleno período sarmientino, se produjo el temido malón de los winkas que en la historia oficial se conoce como  la batalla de San Carlos, y que al poco tiempo, habría de terminar con la muerte del anciano toqui de las pampas.
Su hijo, Namunkurá, continuaría la resistencia por varios años más. Las autoridades centrales, representadas por el nuevo presidente Nicolás Avellaneda y sus Ministros de Guerra Adolfo Alsina y Julio Argentino Roca, y la presión inglesa para la colonización y extensión de las vías férreas, llevó a  planificar una estrategia de destrucción y ocupación del país confederado.
En 1876, Alsina ordenó el avance de cinco divisiones sobre la “Tierra Adentro” estableciendo una línea de pueblos) y fortines (Carhué, Guaminí, Puán,  Trenque-Lauquen e Ita-ló), y una zanja de 374 km de largo entre Carhué y Laguna del Monte.
En 1877 y 1878 las comunidades indígenas estaban debilitadas por el hambre y la continua agresión de las fuerzas armadas de los winkas.

Fue en ese momento que se produjo la estocada final. El ejército encabezado por Julio Argentino Roca, cada vez más numeroso, y ahora armado con el poderoso fusil Remington, descargó toda su fuerza contra las naciones del sur. La campaña, que  duró algo más de un año, permitió derrotar completamente a los pueblos confederados y ocupar su tierra en forma permanente.

De acuerdo con la Memoria del  Departamento de Guerra y Marina de 1879, los resultados de la campaña  fueron los siguientes: 
“5 caciques principales prisioneros, 1 cacique principal muerto (Baigorrita), 1.271 indios de lanza prisioneros, 1.313 indios de lanza muertos, 10.513 indios de chusma prisioneros, 1.049 indios reducidos .” 
En 1882 una nueva campaña lograba expandir la frontera a todo Neuquén, 
364 indígenas habían sido muertos y más de 1700 hechos prisioneros. El 5 de mayo de 1883 el General Villegas informaba: “En el  territorio comprendido entre los ríos Neuquén, Limay, Cordillera de los Andes y Lago Nahuel Huapi; no ha quedado un solo indio, todos han sido arrojados a occidente... Al sur del río Limay, queda del salvaje los restos de la tribu del Cacique Sayhueque, huyendo, pobre, miserable y sin prestigio” 
En 1884 el general Wintter decidió aniquilar a Sayhueque e Inacayal. 
Hambriento y agotado, Namuncurá ya se había visto obligado a rendirse con 330 guerreros. 
Los últimos loncos del Puelmapu, reunidos en asamblea, intentaron organizar una defensa desesperada con el compromiso de pelear hasta morir. 
En una situación de arrinconamiento insostenible, Sayhueque se entregó el 1º de enero de 1885 con más de  3000 hombres. 
Algunos loncos continuaron la lucha. 
Un gran número de guerreros murieron en combate y los restantes enfrentaron a los invasores en una última batalla el 18 de octubre de 1884. 
Hubieron más muertos y los dos loncos sobrevivientes, Inacayal y Foyel cayeron prisioneros. 
En 1886, ambos jefes fueron llevados, junto con los restos de sus familias a vivir al Museo de la Plata donde  se expusieron al público curioso como piezas cautivas de la “civilización”. triunfante.
Tomado de "Crónicas de la Peripecia Humana",  Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

jueves, 7 de julio de 2016

Declaración del pueblo mapuche que no se rinde frente a la colonización (ahora chilena, antes española e inca) que todavía sigue impidiendo su libertad y soberanía:


"Nuestro pueblo ha existido por cientos de años...el primer embate extranjero lo tuvimos de parte de los Incas quienes no pudieron extender el tawantisuyo mas alla del rio Copiapo...los mapuches no tributamos a una cabeza principal como ellos pretendian...luego vinieron los españoles quienes arrasaron con las grandes cicvilizaciones de America pero no pudieron con nuestro pueblo...despues de 100 años de lucha tuvieron que "pactar" con los mapuches (unico caso visto en el proceso de conquista) los Parlamentos eran quebrantados por los propios españoles, pero la corona española respetó nuestro territorio, y reconocía al pueblo mapuche como una nación independiente...luego vino la guerra de los hijos de los invasores (criollos) contra los españoles, en su afán de tener mayor autonomía para tener el poder...una guerra entre burgueses...vencieron...y 30 años después se lanzan en la usurpación de nuestro territorio hasta ese independiente, en ambos lados de la cordillera de los Andes nuestro pueblo volvió a levantar sus lanzas pero nos derrotaron...nos quitaron mas de 10 millones de hectáreas las que fueron regaladas a los colonos alemanes, italianos, a los propios soldados que participaron de la carnicería y quienes hicieron una fortuna increíble y quienes hoy tiene las mayores fortunas de este país.., nos obligaron a cambiar nuestros nombres, a no hablar nuestro idioma, a cantar sus himnos, nos impusieron su idioma, su nacionalidad...vino la pobreza, el hacinamiento, la discriminación, la burla, la humillación, el hambre...pero nuestra mapu nos alentaba a continuar y seguir en pie...cuando comenzábamos a levantarnos vino la dictadura militar...300 mapuches muertos y desaparecidos...nuestras tierras de nuevo arrebatadas...seguimos e pie...llego la democracia...pero nuestro pueblo siguió siendo discriminado,, siguió pobre...ahora nos matan por terroristas, nos encarcelan y nos siguen humillando...PERO NO IMPORTA...TENEMOS LA FORTALEZA QUE NOS DA NUESTRA ÑUKE MAPU, LA FORTALEZA DE NUESTROS WEICHAFES EN NUESTRA SANGRE Y COMO SIEMPRE SEGUIREMOS EN PIE, SEGUIREMOS PELEANDO...Y AUNQUE LES DUELA...SEGUIREMOS VIVOS!!!!!!AMULEPE TAIÑ WEICHAN!!!!!"

lunes, 22 de febrero de 2016

La expansión territorial de las elites criollas
¿Quien podría creer que tantas atrocidades podrían ser cometidas por un país civilizado y cristiano?
Charles Darwin i

La mal llamada conquista del desierto

El territorio argentino que se extiende al sur y al suroeste de la ciudad de Buenos Aires, en las actuales provincias de Buenos Aires, La Pampa, Sur de San Luis y Mendoza, Río Negro y Chubut era llamado la “Tierra del Este” o Puelmapuii por los pueblos tradicionales mapuches.
La conquista del Puelmapu y el sometimiento de los pueblos que lo habitaban fue un largo proceso que habían comenzado los españoles al ocupar las tierras querandíes a fines del siglo XVI. Esta expansión continuó en forma incesante a lo largo de los siglos XVII y XVIII, para culminar en las décadas de1870 y 1880 con el aniquilamiento de las confederaciones nativas y la ocupación final de sus territorios.
Las historiadores oficiales argentinos han dado en llamar la “Conquista del Desierto” a esta etapa invasora. Esta denominación que obviamente busca desconocer la existencia de estados y entidades étnicas constituidas y reconocidas en numerosos tratados y acuerdos, incluso a nivel internacional, es una falsificación intencional de los hechos.
El “desierto” no era desierto. Era un lugar poblado por numerosos pueblos organizados que vivían en sus territorios ancestrales desde tiempos inmemoriales. Cuando los mapuches contemporáneos escriben su propia historia no hablan de “conquista del desierto”, sino de una guerra de agresión que les fue impuesta y que terminó con una cruel masacre, su destierro y la destrucción de su patria.

i Darwin, Charles: «Viaje de un naturalista alrededor del mundo»,
Buenos Aires, 1945
ii Puelmapu: del mapudungún (lengua de los mapuches) proveniente de puel= este y mapu= tierra. Se denominaba así al territorio que se encuentra al este de los Andes tradicionalmente por pueblos mapuches, pampas y otras etnias patagónicas. Sus habitantes eran llamados puelches.

De "Los Fantasmas de la Memoria", Danilo Antón,  Piriguazú Ediciones