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jueves, 17 de agosto de 2017

Kalfukurá, y la Confederación de Salinas Grande
D.Antón
Cansado pero no derrotado, en la fecha cristiana del 4 de junio de 1873,  moría Kalfukurá a orillas de un salar en las llanuras extensas del Puelmapu.  
Su piel de huanaco estaba ensangrentada por la sangre vertida. Con él se iba el gran toqui que dirigía con dignidad y sabiduría la confederación de los Pueblos de la Tierra  
Murió cerca de Salinas Grande, corazón de las pampas áridas.  Desde allí había logrado organizar la resistencia contra los crueles e insaciables winkas de Buenos Aires.
De a poco, pero inexorablemente, los extranjeros se iban adentrando en la mapu  sagrada donde habita el espíritu del sol naciente.
En otras épocas, ya hacía casi cuarenta años, Rosas, otro gran jefe winka, que se decía “amigo de los indios”, también había   atacado a los pueblos más allá de la frontera.
En esa época, los lonco de la resistencia fueron Chocorí y Paylleren que gobernaban en los territorios que se extendían a lo largo del “país de las manzanas”,  desde la Sierra de La Ventana y el sitio de Bahía Blanca hasta la confluencia de los ríos Neuquén y Limay. 
En 1833, las tropas rosistas atacaron Chole –Choel arrasando las tolderías de ambos jefes. En la Nochebuena del  24 de diciembre,  los bonaerenses se regocijaron al enterarse a través de La Gaceta Mercantil  que habían muerto 3200 indios y se habían hecho 1200 prisioneros. 
Rosas había logrado extender la frontera de Buenos Aires en unos 80,000  km2.  La línea defensiva pasaba ahora por Bahía Blanca, Médano Redondo (después se llamaría Fortín Mercedes) y Carmen de Patagones. 
A pesar que Chocorí fue apresado y ejecutado al año siguiente, la lucha continuó acaudillada por su hijo Sayhueque, por el jefe ranquel Yanquetruz, y por Kalfukurá-Piedra Azul, quien al frente de los mapuches, pehuenches y voroganos del oeste, había logrado afirmar su autoridad en las pampas del sur y de occidente 
Ante  la continuidad de la resistencia, Rosas decidió hacer las paces con los jefes de las naciones confederadas manteniéndose la tranquilidad en la frontera hasta su derrocamiento en 1852. 
La Confederación de Salinas Grandes era un verdadero estado, desde su toldería capital, Kalfukurá dirigía los asuntos de la gran nación puelche multi-étnica. En las extensas llanuras y en las sierras vivían varias decenas de miles de personas, pastando su ganado,  labrando la tierra o cazando guanacos y ñandúes,  comerciando, y llevando una existencia pacífica y próspera. Había comunidades mapuches, pehuenches, ranquelches, tehuelches, voroganos e incluso algunos winka que habían preferido el mundo de la toldería a la sociedad impostada y falsa de las ciudades criollas.
Era el caso de Manuel Baigorria, antiguo coronel del ejército de José María Paz, que se  había ido a vivir entre los ranqueles. Baigorria, que era aliado de Kalfukurá, llegó a ser un importante lonco ranquel, que indignado por las agresiones de los cristianos, atacó la propia ciudad de Córdoba y el oeste de Buenos Aires.
Veinte años después de la caída de Rosas, en 1872, ya constituida la República Argentina, y en pleno período sarmientino, se produjo el temido malón de los winkas que en la historia oficial se conoce como  la batalla de San Carlos, y que al poco tiempo, habría de terminar con la muerte del anciano toqui de las pampas.
Su hijo, Namunkurá, continuaría la resistencia por varios años más. Las autoridades centrales, representadas por el nuevo presidente Nicolás Avellaneda y sus Ministros de Guerra Adolfo Alsina y Julio Argentino Roca, y la presión inglesa para la colonización y extensión de las vías férreas, llevó a  planificar una estrategia de destrucción y ocupación del país confederado.
En 1876, Alsina ordenó el avance de cinco divisiones sobre la “Tierra Adentro” estableciendo una línea de pueblos) y fortines (Carhué, Guaminí, Puán,  Trenque-Lauquen e Ita-ló), y una zanja de 374 km de largo entre Carhué y Laguna del Monte.
En 1877 y 1878 las comunidades indígenas estaban debilitadas por el hambre y la continua agresión de las fuerzas armadas de los winkas.

Fue en ese momento que se produjo la estocada final. El ejército encabezado por Julio Argentino Roca, cada vez más numeroso, y ahora armado con el poderoso fusil Remington, descargó toda su fuerza contra las naciones del sur. La campaña, que  duró algo más de un año, permitió derrotar completamente a los pueblos confederados y ocupar su tierra en forma permanente.

De acuerdo con la Memoria del  Departamento de Guerra y Marina de 1879, los resultados de la campaña  fueron los siguientes: 
“5 caciques principales prisioneros, 1 cacique principal muerto (Baigorrita), 1.271 indios de lanza prisioneros, 1.313 indios de lanza muertos, 10.513 indios de chusma prisioneros, 1.049 indios reducidos .” 
En 1882 una nueva campaña lograba expandir la frontera a todo Neuquén, 
364 indígenas habían sido muertos y más de 1700 hechos prisioneros. El 5 de mayo de 1883 el General Villegas informaba: “En el  territorio comprendido entre los ríos Neuquén, Limay, Cordillera de los Andes y Lago Nahuel Huapi; no ha quedado un solo indio, todos han sido arrojados a occidente... Al sur del río Limay, queda del salvaje los restos de la tribu del Cacique Sayhueque, huyendo, pobre, miserable y sin prestigio” 
En 1884 el general Wintter decidió aniquilar a Sayhueque e Inacayal. 
Hambriento y agotado, Namuncurá ya se había visto obligado a rendirse con 330 guerreros. 
Los últimos loncos del Puelmapu, reunidos en asamblea, intentaron organizar una defensa desesperada con el compromiso de pelear hasta morir. 
En una situación de arrinconamiento insostenible, Sayhueque se entregó el 1º de enero de 1885 con más de  3000 hombres. 
Algunos loncos continuaron la lucha. 
Un gran número de guerreros murieron en combate y los restantes enfrentaron a los invasores en una última batalla el 18 de octubre de 1884. 
Hubieron más muertos y los dos loncos sobrevivientes, Inacayal y Foyel cayeron prisioneros. 
En 1886, ambos jefes fueron llevados, junto con los restos de sus familias a vivir al Museo de la Plata donde  se expusieron al público curioso como piezas cautivas de la “civilización”. triunfante.
Tomado de "Crónicas de la Peripecia Humana",  Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

martes, 15 de agosto de 2017

Mestizajes ocultos y descendencias verdaderas

Velar se debe la vida de tal suerte
Que viva quede en la muerte
Tomado del escudo de armas
de la familia San Martín
     
El sol brillaba con fuerza inusitada y hacía un raro calor  en la costa francesa de Boulogne-sur-mer, en aquel verano europeo de 1850. El Canal de la Mancha, que aquí se ensancha hasta parecer un mar, estaba, como de costumbre, poblado de veleros que hacían la travesía a Dover o a Folkestone. Había gente tomando te en los bistros del puerto y se sentía la sirena de algún barco a vapor que estaba por zarpar. Los hombres trabajaban en los muelles, los niños corrían por la playa y las jóvenes -parejas caminaban y reían por las calles de “centre ville”.
En la ciudad activa, y entre los paseantes despreocupados, nadie sospechaba que en ese momento, muy cerca, en esa misma ciudad, se estaba extinguiendo la vida de un exilado del sur de las Américas conocido con el nombre de José de San Martín.
Sus recuerdos lo llevaban a su niñez en Yapeyú con Rosa aquella india cariñosa que lo había concebido y que fuera a visitar por última vez en Arroyo de la China hacía 25 años. También se agolpaba en últimos recuerdos la imagen de aquella hermosa mujer entrerriana y su pequeña hijita Úrsula de quien tampoco tuvo noticias desde entonces.
Rememoraba las guerras europeas de su juventud temprana, su regreso al río de la Plata, las batallas de la independencia, su gestión de gobierno en Mendoza, el cruce de los Andes y la liberación de Chile y Perú.
Finalmente, sus recuerdos se apagaron definitivamente en la tarde del 17 de agosto de 1850. A la edad de 72 años en la costa normanda francesa falleció José de San Martin, uno  de los constructores formidables de la independencia de las naciones del Sur.
La noticia de su muerte  llegó algunos meses después a la lejana Buenos Aires,
En la ciudad austral hubo pocas expresiones públicas de congoja. El Gobernador de la provincia, Juan Manuel de Rosas, a quien San Martín le había ofrecido su espada por su actitud valiente de enfrentamiento a los imperios europeos, ni siquiera proclamó luto oficial.  Pasarían algunos años antes que la figura de San Martín fuera reivindicada por la sociedad argentina, pero el General San Martín replanteado por la historia oficial resultó bastante diferente del que sufrió y vivió las guerras y penurias de la lucha de liberación de los pueblos sudamericanos.

Diego de Alvear y Ponce de León
Diego de Alvear y Ponce de León fue un militar español nacido en 1749 en Córdoba, Andalucía. Alcanzó el rango de Brigadier en 1771 y fue destinado a las colonias españolas del Río de la Plata tres años más tarde.
Durante su estadía en el sur De Alvear fue un importante protagonista de la historia del Virreinato del Río de la Plata. En el marco de sus funciones militares recorrió gran parte del dominio virreinal español incluyendo el pueblo misionero de Yapeyú en el litoral del río Uruguay.
Su pasaje por Yapeyú habría de dejar un legado inesperadamente trascendente en la vida futura de los pueblos del Sur. Allí fue que conoció fugazmente a Rosa Guarú, una nativa  guaraní que servía en la casa del Capitán Juan de San Martín, teniente-gobernador en la jurisdicción. Algunos meses después Rosa daría a luz un niño que presagiaba un destino continental e  histórico.
  Diego de Alvear permaneció en la región virreinal hasta 1804 cuando viajó de regreso a España rumbo al puerto de Cádiz junto con su familia compuesta por la esposa y nueve hijos.  En el período que estuvo en Sud América, había acumulado importantes riquezas que luego intentó llevar consigo al volver a la península ibérica.
Antes de llegar a destino, la flotilla de cuatro fragatas en que viajaba Diego De Alvear fue interceptada por una flota británica cerca del Algarve portugués. De Alvear se encontraba en la fragata Mercedes junto con su familia y bienes personales. Debido a su conocimiento del idioma inglés, se requirieron sus servicios de intérprete y debió trasladarse al buque insignia de la flota interceptora acompañado de su hijo Carlos María. En ese momento uno de los barcos ingleses efectuó un disparo de intimidación que hizo explotar la santabárbara de la fragata y la embarcación se hundió. La familia pereció en la explosión y posterior naufragio y se perdieron todos los objetos transportados.
Diego de Alvear fue hecho prisionero y permaneció detenido en Inglaterra con ciertos privilegios que le permitieron ser liberado en corto tiempo. Durante el lapso que estuvo en las islas británicas conoció a una joven irlandesa con la que contrajo matrimonio en 1807. En los siguientes años tuvo diez hijos.

El origen mestizo de un prócer
Rosa Guarú había nacido en 1761 a orillas del río Uruguay, en la población misionera jesuítica de Yapeyú. En esa época las comunidades guaraní-misioneras estaban reponiéndose del trauma que significó la expulsión de los jesuitas por parte de la monarquía española.
Rosa pasó su niñez en el pequeño pueblo y en su adolescencia servía en la casa del teniente gobernador local que desde 1774 era el Capitán Juan de San Martín.
Poco después de cumplir sus 17 años conoció a un joven oficial español que había tenido una estadía breve en el lugar, de quien quedó embarazada.
El oficial español era Diego de Alvear,
En el verano de 1778 Rosa tuvo un niño que fue llamado José Francisco. De Alvear no reconoció a su hijo, seguramente porque menospreciaba a los guaraníes, y no era muy apropiado reconocer un hijo de “vientre inferior”.
El niño quedó al cuidado de don Juan de San Martín, quien se habría comprometido a criarlo y sostener su educación. (continúa)
Fragmento del Capítulo 1 del libro "Crónicas de la Peripecia Humana", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

martes, 30 de agosto de 2016

        El fin del caudillismo en el Sur de América: 

       Chacho Peñaloza

Danilo Antón
Cuando Mitre obtuvo la presidencia de la novel República Argentina en 1863, el General Angel Vicente Peñaloza, era, tal vez, el más importante líder histórico del movimiento federal. A pesar de haberse separado de Rosas en 1840, y tal vez gracias a eso, Peñaloza conservaba un gran prestigio en las provincias del oeste.
En ese momento Rosas estaba exilado en Inglaterra, Quiroga y Aldao había sido muertos, y el Chacho, sobreviviente de las batallas con el General Paz se transformó en el líder indiscutido de la resistencia al centralismo porteño encarnado por Mitre.
En 1863, al llamado de Peñaloza se rebelaron La Rioja, San Luis, Córdoba, Catamarca, Salta, Tucumán y San Juan.
En esta oportunidad la correlación de la guerra cambió a favor de las tropas porteñas que contaban con nuevos y abundantes armamentos y el apoyo logístico de la capital. Derrotado en el río Colorado, volvió el Chacho a enfrentarse al ejército nacional en Lomas Blancas en La Rioja, donde cayó nuevamente. Luego fue vencido nuevamente en Córdoba y San Luis, debiendo replegarse a La Rioja.
Sarmiento, que a la sazón era Gobernador de San Juan, veía en el prestigio de Peñaloza el principal obstáculo en su meta de dominio de las provincias occidentales. Fue probablemente en ese momento que planeó , con el asentimiento del Presidente Bartolomé Mitre su eliminación física, y para ello se organizó una operación destinada a suprimir al líder riojano.
Los militares que lo iban a matar lo encontraron desarmado tomando mate en su rancho. El 12 de noviembre de 1863, sin darle oportunidad a defenderse, el General Peñaloza fue ultimado a lanzazos. Siguiendo instrucciones, los asesinos cortaron su cabeza que luego fuera exhibida en la Plaza de Olta, un pueblo de La Rioja.
El 13 de noviembre habría de escribir Sarmiento:
He aplaudido la medida precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses.
En esa misma ocasión Sarmiento le escribiría a Mitre:
no ahorrar sangre de gauchos. Es lo único que tienen de humanos.
José Hernández, autor del Martín Fierro, escribiría al respecto:
El partido federal tiene un nuevo mártir. El partido unitario tiene un crimen más que escribir en la página de sus horrendos crímenes”