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lunes, 17 de febrero de 2020

El quilombo de Palmares

Desde la última década del siglo XVI, los esclavos escapados o libertos de las colonias portuguesas se refugiaban en las sierras del noreste de Brasil, en territorio de la antigua nación caeté en ese momento ya prácticamente exterminada. Entre los bosques de palmas de Alagoas y en los bosques de la Serra da Barriga se fueron formando los primeros quilombos de lo que se dio en llamar la federación de Palmares. En 1602, preocupado por el crecimiento de este baluarte rebelde, el gobernador de Brasil envió una expedición compuesta por algunos blancos, mestizos pobres e indios comandada por Bartolomeu Bezerra que regresó sin sofocar la rebelión. Gradualmente los núcleos poblados se fueron estabilizando, los aldeanos cultivaban maíz, frijoles, mandioca, azúcar, papas, tabaco, legumbres y frutas protegidos por empalizadas. Criaban cerdos y gallinas, hacían tejidos, canastas y ropas con la fibra de la palma. Al igual que en Africa se trabajaba el hierro.  Durante varias décadas Palmares se mantuvo como un islote de prosperidad y libertad en un mar de esclavitud, opresión y miseria. Veinte expediciones organizadas para destruir Palmares se sucedieron infructuosamente. Al cabo de casi un siglo de lucha la floreciene capital de Macacos y las comunidades aledañas  sumaban  30,000 personas.
En 1677 un ejército portugués salió de Porto Calvo para enfrentar a los rebeldes del quilombo que incendiaban los cañaverales de las plantaciones sin lograr su propósito. En ese momento el gobernador de Pernambuco, Aires de Sousa de Castro decidió atraer a los quilomberos hacia el dominio portugués otorgando el título de maese de campo a Ganga Zumba, jefe de la Federación y adoptando a dos de sus hijos (que llevarían desde entonces el apellido de Sousa de Castro). Ambas partes acordaron que se desalojarían los quilombos declarando libres a los individuos allí nacidos y devolviendo los negros marcados a manos de sus propietarios. A pesar del acuerdo un grupo dirigido por el sobrino de Ganga Zumba, Zumbí, decidió continuar la rebelión.
En 1694 los portugueses organizaron una Abandeira@ bajo el mando del mameluco paulista Domingos Jorge Velho. A Domingos le ofrecieron tierras y negros, amnistías, hábitos de órdenes religiosas y muchos grados militares si lograba destruir ese símbolo de resistencia ntolerable.

La caída de Palmares
El ejército de Domingos Jorge Velho constaba de 9,000 hombres, indios, presos liberados y mestizos. Macacos, la capital del quilombo estaba defendida por una triple muralla de madera y piedra. La lucha fue dura, sangrienta, los negros de Palmares se resistieron. Al cabo de veinte días cayeron las murallas, Macacos fue incendiada, y la mayor parte de sus pobladores masacrados.
Sin embargo, muchos escaparon, entre ellos Zumbí.
Un año después,  Zumbí, que había logrado atravesar el cerco portugués y estaba refugiado en la Serra dos  Irmaos fue asesinado por un traidor, un tal Antonio Soares quien lo apuñaló destruyendo la leyenda. Los portugueses recuperaron el cadáver, clavaron la cabeza en una lanza y la desplegaron en Recife para que todos comprendieran que Zumbí no era inmortal. Hoy en lo alto de la Serra de Barriga en Alagoas se yergue una estatua de Zumbí, símbolo de rebelión y libertad.

Los maroons de Jamaica

Jamaica o Xaimaca era originalmente una nación arawak emparentada con los taíno de Cuba y Santo Domingo. Su población fue esclavizada o muerta por los españoles en menos de cincuenta años. El rol de la colonia fue secundario durante el siglo XVI y primera mitad del siglo XVII. A partir de 1658 pasó a manos inglesas, escapándose 1,500 esclavos hacia el interior bajo el liderazgo de Ysassi. Rápidamente los ingleses introdujeron numerosos esclavos pasando de 550 en 1662 a 8,000 en 1664. Las rebeliones se continuaron ininterrumpidas. En 1673 se alzaron  200 esclavos de la plantación de un plantador (Mayor Sebly) a quien mataron junto con otros 13 blancos, obtuvieron armas y municiones y se fueron a las montañas, resistiendo exitosamente a las partidas envíadas a capturarlos. Estos rebeldes serían el núcleo de los que luego se llamarías Leeward Maroons. En 1678 se produjo otra rebelión en una plantación (Capitán Duck) que fue reprimida exitosamente por las autoridades coloniales. En 1685 se alzaron en armas los esclavos de una plantación en Guanaboa (Mrs Grey) a los que se unieron otros para formar un grupo de 150 que se perdieron en el monte.
Algunos años antes en1669 o 1670 ocurrió un naufragio de un buque negrero con esclavos de Madagascar quienes también se fugaron estableciéndose en varias aldeas en las tierras orientales del interior. En 1690 se produjo una gran rebelión de 400 esclavos de la Costa de Oro en la plantación Sutton (Clarendon), logrando escaparse unos 318 que se unieron a las comunidades de Leeward. Las rebeliones continuaron; en 1704  se alzaron varios esclavos Coromantee, en 1720  un grupo liderado por un esclavo madagascarense de la plantación Down se escapó estableciéndose en las montañas, atrás de Deans Valley.
Por esa época eran tantos los grupos de esclavos fugados y comunidades resistentes que no es extraño que haya estallado una guerra general, la llamada APrimera Guerra de los Maroons@  (1725). En ese momento las comunidades maroon de Leedward estaban dirigidas por Cudjoe, mientras que las Windward (Nanny Town) estaban comandadas por Cuffee y en otro momento de la guerra por Nanny, que era su principal obeah (shaman) de los Windward.
La zona maroon estaba habitada por varios miles de afro-jamaiquinos, cuya gran mayoría eran Coromantee o Akan-parlantes de la Costa de Oro o de Dahomey.
Por 1736 luego de 11 años de guerra, había tres poblaciones rebeldes: una en St George (que incluía un remanente de rebeldes de Windward), otra en St Elizabeth cuyo lider era Accompong y el tercero en St James comandada por Cudjoe
Por esa fecha se formalizó un tratado de paz, que fue interpretado por muchos como una traición de Cudjoe quien estableció relaciones muy amigables con los ingleses.
En los años siguientes muchas de las comunidades maroons lograron mantener su independencia y aislamiento hasta que con el tiempo, gradualmente, fueron incorporándose a la vida de la colonia.

Los maroons de las Guayanas
En las colonias europeas de la costa guayanesa se establecieron plantaciones de caña de azúcar basadas en mano de obra esclava desde principios del siglo diecisiete. Estos territorios estuvieron alternativamente en manos españolas, inglesas, holandesas y francesas. Finalmente, se consolidó el dominio holandés en Surinam, el francés en Cayenne (1674) y más tardíamente el inglés en Georgetown (1812). Durante el siglo diecisiete y dieciocho muchos esclavos de las plantaciones se escaparon estableciendo comunidades rebeldes “maroons” en el interior selvático. Los ejércitos coloniales, en particular los holandeses y franceses intentaron infructuosamente dominar estos grupos, que finalmente se establecieron dando lugar a lo que se llamaría en la “jerga” colonial: los “bush negroes”.  Estas comunidades cimarrones sobrevivieron hasta el siglo XX en donde se reconocen seis naciones principales: los Saramaka y los Djuka (con una población de 15,000 habitantes cada una), los Aluku (1,000 habitantes), los Matawai (1,000 habitantes), los Paramaka (1,000 habitantes) y los Kwinti (con unos pocos cientos)
En el territorio de Cayenne se formó una comunidad cimarrona: los Marrons de la Montaigne de Plomb (Lead mountain marrons) que fue destruída en 1748.
Como se ve, la historia de la esclavitud de las Américas no estuvo exenta de rebeliones, Al cabo de las décadas la esclavitud como sistema fue eliminada de todos los países del continente. 
Sin embargo, sus consecuencias todavía continúan. Los descendientes de los antiguos esclavos aún se encuentran en una situación de desventaja, tanto económica como social. 
Está llevando mucho tiempo reequilibrar las sociedades que utilizaron durante mucho tiempo la esclavitud como sistema y que todavía sufren ese legado de desigualdad y discriminación,


viernes, 18 de mayo de 2018


Tolderìas y quilombos: rebeldes en las praderas del Sur de Amèrica

Las tolderías charrúas, por su carácter de rebeldía indoblegable frente al régimen colonial, se transformaron en el principal refugio de todos aquellos que, por diversas razones, estaban enfrentados a las autoridades de los imperios, ya sea los sobrevivientes de las diversas comunidades pampas: yaros, mojanes, mbatidas, guenoas/minuanes y otros, de los grupos guaraníes y chanáes cimarrones, de los esclavos fugados y finalmente de los europeos y criollos rebelados contra las autoridades españolas y portuguesas. Ese carácter multi-étnico de las tolderías se fue incrementando con el tiempo, y como consecuencia de ello se fueron también modificando su cultura y enfoques.
Es casi seguro que cuando se enfrentaron en 1536 los españoles (bajo la jefatura de Pedro de Mendoza) con la alianza de querandíes, charrúas, chanas y guaranís que los enfrentó en la zona de Buenos Aires, las naciones aliadas se encontraban claramente diferenciadas, los querandí, los guaraníes, los charrúas y los chanás se integraron a la lucha manteniendo en todo momento sus individualidades. La mancomunión de fuerzas tenía meramente un carácter táctico. Similar razonamiento se puede hacer con relación a las batallas libradas entre las fuerzas españolas y los ejércitos charrúas en las costas de los actuales departamentos de Colonia y Soriano en la década de 1570 que terminaron con la victoria de los invasores y el repliegue de las comunidades nativas hacia el interior del territorio..
El desplazamiento charrúa lejos de la costa se convirtió en un hecho permanente debido a la aparición cada vez más frecuente de numerosas embarcaciones europeas y a la creación paulatina de nuevos establecimientos, sobre todo en la franja costera.
La integración de las varias Primeras Naciones uruguayas fue gradual. En primer lugar tuvo lugar bajo la forma de alianzas tácticas y luego a través de confederaciones multi-étnicas, tal como se vió en los años anteriores a la batalla del Yí de 1701.
Para ese entonces, las condiciones de vida de las Primeras Naciones uruguayas habían cambiado sustancialmente. En primer lugar, el crecimiento cuantitativo de la población vacuna introducida a principios del siglo XVII proporcionó un nuevo animal mucho más accesible y con mayor rendimiento que la fauna de herbívoros nativos: venados y ciervos criollos. En segundo lugar, y con trascendencia aún mayor, se produjo la irrupción del caballo.
El caballo no era totalmente extraño al continente americano. Se le encuentra a lo largo del registro paleontológico y arqueológico en casi todo el continente, aunque su extinción había ocurrido hacía ya varios milenios, mucho antes de la llegada de los europeos.
Hay autores que han sostenido la posibilidad de la sobrevivencia de ciertas poblaciones equinas en algunas regiones del continente de difícil acceso. La opinión de los paleontólogos que han trabajado el tema en profundidad es de que ello no es posible pues los equinos americanos, si bien pertenecían al mismo género: equus, correspondían a especies diferentes de la europea1 .
A pesar de la inexistencia de caballos americanos y de la ausencia de una cultura ecuestre asociada en la época del advenimiento europeo, la mayor parte de los pueblos nativos se adaptaron muy rápidamente al nuevo animal. Tal vez el caso de los mapuches de la costa del Pacífico austral sea el más sintomático. Las primeras referencias sobre los mapuches ya los muestran como criadores de caballos, animales éstos que rápidamente se constituyeron en un componente central de su dieta.
En las regiones de pastizales de América, incluyendo las praderas uruguayas, tanto los pueblos locales, como aquellos desplazados a ellas por el avance invasor, adoptaron rápidamente el caballo como parte esencial de su cultura. En todas ellas el caballo fue inmediatamente utilizado como medio de transporte, para la caza, para el manejo del ganado y para la guerra.
Este fenómeno ocurrió en las Pampas con los charrúas, minuanes, yaros y otros, en el Chaco con los tobas, abipones, mocovíes y mbayás, y en América del Norte con los cheyennes, lakotas, apaches y grupos similares.
Apenas se reprodujeron las primeras caballadas salvajes en las praderas uruguayas, los charrúas y otros pueblos emparentados lograron domar al nuevo animal en forma muy eficaz, se volvieron excelentes jinetes y adquirieron una movilidad mucho mayor.
La adaptación de los pueblos pampas al caballo fue extremadamente rápida. Los charrúas y otros pueblos pampeanos tenían una actitud de profundo respeto para con los animales que aplicaron en su relación con la nueva especie. Al poco tiempo, podían montar en pelo, sin espuelas y con mínimo castigo. Hay referencias de charrúas que hablaban al oído a sus caballos para «manejarlos». Las crónicas de sus hazañas ecuestres no dejan ninguna duda sobre esta habilidad.
Los pueblos uruguayos originarios se hicieron verdaderamente nómades cuando se volvieron jinetes; en ese momento pudieron desplazarse rápidamente a mayores distancias. Es también a partir de entonces, que se justifica plenamente la denominación genérica de «pueblos pampas» con que fueron conocidos en tiempos coloniales.
La confederación pampa que enfrentó a los españoles a orillas del río Yí en 1701 era un ejército de a caballo, con sus grupos claramente identificados desde el punto de vista étnico. Este hecho se reconoce repetidamente en los partes de batalla españoles. Sin embargo, es a partir de la batalla del Yí (en la que fueron derrotados) que los sobrevivientes debieron recomponerse formando nuevas tolderías dando lugar a cambios en los nombres de las parcialidades y produciéndose seguramente su realineamiento étnico.
Durante la primera parte del siglo XVIII, varios grupos desaparecieron del escenario uruguayo, algunos por haber migrado hacia el Entre Ríos (como fue el caso de los charrúas), el Chaco o los campos del Río Grande, o tal vez por haberse integrado a los nuevos grupos sincréticos bajo otra denominación étnica..

lunes, 14 de agosto de 2017


Las rebeliones de los quilombos americanos

Al igual que los charrúas y minuanes y otros pueblos nativos del Sur en sus tolderías, los africanos esclavizados y trasplantados a la fuerza al continente americano también buscaron permanentemente medios para sustraerse de la situación oprobiosa a que los sujetaba el sistema colonial esclavista. Las rebeliones de esclavos y libertos fueron un elemento permanente en todos los lugares de América en donde había poblaciones africanas numerosas.
En América del Sur, las mayores concentraciones de esclavos africanos se dieron en las colonias portuguesas del Brasil. Como resultado de la utilización forzada de mano de obra nativa, acompañada de una enorme mortandad y fugas hacia el interior de numerosos personas y grupos, la población indígena local disminuyó rápidamente. Esta descenso demográfico fue tan dramático que al cabo de menos de medio siglo, la costa nordestina del Brasil había sido prácticamente vaciada de sus poblaciones originarias. Para paliar esa «escasez» de esclavos, los portugueses intensificaron el infame comercio de esclavos desde las costas africanas. A partir del siglo XVI y durante los tres siglos siguientes, los barcos portugueses y de otras nacionalidades involucradas en este comercio, trajeron varios millones de esclavos de África para trabajar en sus plantaciones americanas.
Las rebeliones africanas se dieron desde los primeros años de la colonia. Como resultado de éstas surgieron decenas de comunidades independientes de esclavos escapados y sus descendientes, a las que habitualmente se llamó «quilombos». Algunas eran muy grandes con poblaciones de varias decenas de miles de habitantes, como fue el caso del Quilombo de Palmares, alrededor del río Macacos y la Serra da Barriga en el actual estado de Alagoas en Brasil. 
Otras eran muy pequeñas con apenas unas pocas decenas de integrantes. Las mayores dieron lugar a enfrentamientos armados con las autoridades coloniales. En algunos casos estas luchas duraron varios años. En Palmares los sublevados pudieron resistir casi un siglo antes de ser derrotados. En otros países del continente, como en la costa occidental del actual territorio colombiano, las comunidades rebeldes eran llamadas «palenques». }
En la zona caribeña, los grupos afro- rebeldes fueron denominados «cimarrones», voz derivada del arawak «cimarrón» que significa «flecha volando», De esta expresión  salió la adaptación francesa «marron», que en inglés fue retomada como «maroon» y en castellano terminó como sinónimo del color "castaño".  

La lucha contra los «maroons» (cimarrones) jamaiquinos duró mucho tiempo, y aún hoy se encuentran varias comunidades de ese origen en el interior de la isla. 
Los cimarrones haitianos por su parte, lograron derrotar a varios ejércitos invasores y finalmente mantuvieron su independencia, en una situación que continúa hasta nuestros días. En definitiva, los maroons de Haití lograron mantener su independencia hasta nuestros días, con lo que se puede decir que Haití fue el único quilombo triunfante.

Los quilombos uruguayos

En el Uruguay las poblaciones africanas eran menos numerosas que en Brasil o en las costas e islas caribeñas. Por esa razón las rebeliones fueron más bien expresiones de rebeldía individual o de grupos relativamente pequeños. Sin embargo, en varias ocasiones dichos movimientos tuvieron una magnitud mayor dando lugar a enfrentamientos armados con las autoridades coloniales.
En 1793 se produjo la fuga de tres esclavos desde el Solís Chico (ref. Oscar Montaño, p.143) dos de los cuales fueron «casualmente» capturados. Uno fue apresado en un lugar llamado «Paso de los Minuanes» sobre el río Negro y el otro «en las estancias del Cordovés», ambos en pleno país charrúa. Posteriormente fueron regresados a su condición de esclavitud. El tercero vino a Montevideo para encontrarse con otro negro baqueano que hablaba guaraní, de nombre Francisco con quien se escaparon hacia el Yaguarón. Montaño menciona la población de Kilombo sobre el río Yaguarón donde se instaló una «toldería» de negros fugados que habría de durar varios años. Recordamos que algunos años más tarde, en 1812, fue precisamente en las cercanías del río Yaguarón que se estableció el Quilombo de Tres Árboles que habría de hostigar a las fuerzas portuguesas al tiempo que las fuerzas artiguistas se retiraban a la Banda Occidental del río Uruguay. En dicho quilombo se reporta una fuerza de varios cientos de rebeldes (probablemente incluyendo un gran número de africanos) y de infieles (charrúas, minuanes, etc) enfrentando juntos a los portugueses, en el momento en que Artigas debió retirarse circunstancialmente de la Banda Oriental. El Quilombo de Tres Árboles representa el caso más gráfico de la alianza rebelde afro-charrúa y gaucha que se dió en varias oportunidades a lo largo de las últimas décadas del siglo XVIII y primeras del siglo XIX. Durante el período artiguista, africanos y charrúas lucharon juntos integrados a la confederación multiétnica de la Liga Federal. 

La incorporación de los negros al ejército artiguista fue completa. Además de los batallones de «pardos» , había africanos o descendientes de africanos en todos los cuerpos de las fuerzas orientales que respondían al Protector. Los charrúas, en cambio, mantuvieron su identidad grupal, tanto en la batalla como al momento de levantar sus tolderías, que eran ubicadas normalmente a cierta distancia del campamento central de las fuerzas criollas. (continúa)
De "Los Pueblos del Jaguar", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.