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martes, 11 de junio de 2019

Sobre la panspermia
Extraído de Inverview de Fred Hoyle por Brig Klyce
Buscando la verdad a través de la observación
 "Un aspecto afortunado de mi vida es que mi padre creía firmemente en la teoría de Darwin. Solía ​​decirme que era algo maravilloso, lo mejor de la ciencia. Yo diría que no, Newton es lo mejor de la ciencia. Intentaría explicarme la idea de Darwin porque era un hombre sin educación, autodidacta, debería decir.  empecé por pensar que no era tan cierto a la edad de 12 años aproximadamente. Simplemente no me la creí. Me habían criado en el campo y conocía todas las flores y todo este tipo de cosas. Y por alguna razón simplemente no me lo creí.
Cuando estuve en Cambridge hice amistad con un irlandés del norte, George Carson. Había venido a la universidad para hacer un doctorado. en botánica aquí. Más tarde, cuando era estudiante de investigación, no vivías en la universidad en esos días, vivías en la ciudad. La gente dejaba habitaciones para estudiantes avanzados, tal vez 2 estudiantes en cada hogar. Era mejor si el tipo con el que compartías la habitación era alguien que conocías y con quien te llevabas bien. El tipo con el que me alojé fue Carson. Acababa de conseguir un trabajo.
George era muy escéptico acerca de la teoría de Darwin. Siempre tuvo la opinión de que si hacía las matemáticas correctas, se le revelaría lo que estaba mal. George siempre tuvo esa sospecha. Pero estas eran solo ideas sesgadas, por así decirlo. En ese momento, nunca me metí en la panspermia, de hecho, no creí en ella en absoluto. Pensé que era un montón de tonterías por muchos años. Hasta que en 1975 fue cuando me involucré ...
De los granos de polvo a las bacterias
... Porque lo que sucedió fue que le puse a Chandra (Chandra Wickramasinghe) el problema de la composición de los granos de polvo interestelares y cómo comprender sus propiedades. 
A lo largo de los años sesenta, pensamos que lo estábamos haciendo bastante bien, pero fue como el análisis de Kepler del movimiento de Marte. Había probado en forma bastante sustancial la teoría de Copérnico, pero todavía no estaba realmente basada en las mejores observaciones. 
Hubo pequeñas discrepancias. Finalmente, se sintió insatisfecho con estas pequeñas discrepancias y fue entonces cuando decidió que, en lugar de ajustar las observaciones y la teoría, vería lo que realmente implicaban las observaciones para la forma de las órbitas. Lo miraría de esa manera, la observación primero. Entonces decidió que las órbitas eran elipses. Comenzar con las observaciones fue la forma correcta. Chandra hizo lo mismo. Calculamos todo tipo de modelos podían existir con diferentes propiedades. Siempre habría discrepancias en lo que debería haber sido un problema muy simple: algo que se puede calcular exactamente con una computadora digital.
Trabajaba en el tema del polvo interestelar en EEUU en 1974. Cuando había salido para ir a los EEUU, tenía la impresión de que lo que habíamos hecho en cuanto a partículas de grafito y silicatos estaba dando resultados adecuados. Cuando regresé a Inglaterra, hubo una conferencia y Chandra (Chandra Wickramasinghe) me dijo: "Lo haré para eliminar esas pequeñas discrepancias si las partículas son orgánicas". Esa era la línea de investigación que había seguido durante el año que estuve fuera. Estaba agregando la información infrarroja que no habíamos tenido antes. En ese momento, tratamos de ajustar el infrarrojo. Lo discutí. No sabía si tenía razón o no. Hice un comentario sin vigilancia: dije: "Pero Chandra, si el material interestelar es orgánico, si eso es cierto, entonces hay tanto que será un mejor material precursor para la biología que hacerlo en la Tierra". La moda de Urey-Miller ". Ese fue el comentario que hice. Eso lo encendió y luego debió haber examinado cientos y cientos de espectros para ajustar los datos infrarrojos entre los orgánicos. Y luego, de repente, tan pronto como se trasladó a los especímenes biológicos, empezó a encajar mejor que cualquier otra solución.
Esa fue la historia hasta que una noche, que había estado caminando por las colinas, me instalé frente al fuego para tomar un café después de la cena. A estas alturas ya había comenzado a enviarme libros de la biblioteca de Cardiff. Estaba revisando este libro y llegué a la página de un diagrama, un dibujo de una bacteria que se había secado. La peor fuente de discrepancias en nuestro cálculo fue que la partícula: siempre las hemos tomado como sólidas, nunca tan huecas.
Descubrimos que si las partículas estaban huecas en un setenta por ciento, la mayoría de nuestras dificultades desaparecieron de inmediato. No era tanto una cuestión la composición como el hecho de ser huecas. Ese fue el punto clave. 
Nunca habíamos podido quitar la "rodilla" en la curva de la materia visual. Muchas cosas que tratamos de ajustar. No sirvió de mucho. Resultó que realmente no importaba. Eran parámetros irrelevantes. La clave era tratar las partículas como huecas. En otras palabras, para obtener el índice promedio de refracción bajo. 
Bueno, la página que descubrí de la bacteria que se estaba secando, la reproducimos de vez en cuando. Muestra que, como las paredes celulares son muy fuertes, no se marchitan en absoluto. 
La bacteria mantiene su envoltura exterior, esto es importante, con el espacio interior protegido. Y luego miré para ver cuánto espacio está envuelto y el espacio es del setenta por ciento. Así que fue desde allí que cambié el enfoque.
Así que dije que vamos a calcular. Vamos a obtener una distribución de tamaño. Use la distribución de tamaños para las bacterias porque no tenemos que asumirla, podemos mirar en los libros y ver qué es, y usar lo que es. No sabíamos nada de bacterias en este momento, hasta que hablamos con alguien que nos dio información de rutina. Entonces Chandra descubrió para su horror, que había un millón de especies de bacterias, y esto no es posible. Él no puede contar un millón. Así que tenemos que especificar alguna restricción y finalmente decidimos mantenerla en contacto con las bacterias formadoras de esporas, lo que no parecía ser un problema relacionado con los tamaños, por lo que pudo contarlos. Ya tenía un programa para su computadora que, tan pronto como le dio la información física relevante de la distribución del tamaño, en una hora tenía la respuesta. Simplemente me llamó tres días después y me dijo: "Tengo un ajuste perfecto".
Es mi naturaleza. Reconozco que debe ser un accidente en mi educación y en el cambio de siglo cuando estaba en la universidad. Simplemente paso a la observación. No digo: "Es absurdo que haya bacterias en el espacio". Yo no digo eso. Lo importante es que se ajusta a la observación, por lo que es la mejor teoría que tenemos. No me importa si es absurdo. Así que no dudé en publicarlo. Eso, por supuesto, fue el comienzo del desastre, lo ridículo. [Con ironía, de los que ridiculizaron el hallazgo:] ¡Lo saben! Nacen para saber que las partículas en el espacio no son bacterias. Dios les ha dicho."
Fuente panspermia.org.

lunes, 16 de abril de 2018

Polvo de estrellas, semillas de la vida

Parecía difícil de creer. Cuando Chandra Wickramasinghe, y más tarde, Shirwan Al-Mufti, allá en la década de los setenta y principios de los ochenta, trabajando bajo la supervisión del Prof. Fred Hoyle estudiaron la composición de los polvos interestelares, llegaron a la conclusión que las partìculas estaban constituidas en gran medida por polìmeros orgánicos, cuyos espectros de absorción luminosa se revelaban muy similares (casi idénticos) a los que producían las esporas de bacterias desecadas.
¡El polvo interestelar estaba hecho de bacterias!
Los trabajos que reportan los hallazgos fueron publicados en 1974 (Wickramasinghe, N.C., Nature, 252, 462, 1974 y Wickramasinghe, N.C., M.N.R.A.S., 170, 1974)11, en 1977  (Hoyle, Fred y Wickramasingh, N.C., Nature, 268, 610, 1977)12 y en 1982 (Hoyle, Fred, Wickramasinghe y Al-Mufti, S., Astrophys. Sp.Sci. 86, 341, 1982)13.
A  pesar que la información había sido rigurosamente obtenida, analizada e interpretada, la comunidad científica internacional decidió rechazar sin  màslas nuevas revelaciones. No era posible que hubiera bacterias en el espacio sideral. Ellas no sobrevivían en el vacìo. No resistían el intenso frío del espacio. Las bacterias sòlo existían en la Tierra como producto de una evolución propia de nuestro planeta. Era imposible.
De ser ciertas las alegaciones de Hoyle, Wickramasinghe y Al-Mufti, se derrumbaría el paradigma reinante. Habría que reescribir los libros de ciencia.
Otra vez, como había ocurrido tantas veces en la historia de la ciencia y de la humanidad se decretó que los  nuevos datos eran inadmisibles, inapropiadamente obtenidos y/o mal interpretados.
Pasaron algunos años. La nueva información que se recogió durante las dos décadas siguientes parece confirmar la hipótesis del polvo interestelar bacteriano. Meteoritos con restos de bacterias fosilizadas, múltiples pruebas acerca de la resistencia de las esporas, algunas bacterias contenidas en el aparato digestivo de abejas fosilizadas en ámbar fueron vueltas a la vida luego de 25 millones de años. Se sabe que hubieron bacterias terrestres que resistieron casi tres años en el ambiente inhóspito lunar y fueron traidas de regreso a la Tierra por una sonda rusa en la dècada de 1960, se han encontrado bacterias viables a gran altura, en la estratósfera14, y recientemente la sonda Stardust registró polímeros orgánicos que parecen bacterianos en pleno espacio interplanetario. Resulta cada vez más difìcil contradecir las evidencias.
El universo está poblado de vida. En las cortezas, océanos y atmósferas de losgrandes planetas, en el interior de los pequeños asteroides y cometas, en los fragmentos de hielos errantes, y hasta en el polvo cósmico microscópico. Innumerables esporas bacterianas recorren los espacios oscuros y gélidos en busca de un lugar donde despertar, vivir y reproducirse.
Una vida que siempre existió y siempre existirá. Sin principio ni fin.
De ellas provenimos. Nuestros innumerables e inmortales ancestros cósmicos15. Las diminutas serpientes celestiales.
Del libro "Pueblos, Drogas y Serpientes", D.Antòn, Piriguazù Ediciones

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Los hidrocarburos y la materia  orgánica en el espacio

(D.Antón)

Los estudios espectroscópicos de los nubes interestelares de polvo cósmico llevados a cabo por varios observatorios astronómicos en los últimos años han permitido comprobar que los hidrocarburos son muy abundantes en el universo.
En particular, las investigaciones del astrónomo inglés Fred Hoyle y otros miembros de equipo científico del Instituto de Astrobiofísica de Cardiff en Gran Bretaña aportaron datos trascendentes acerca de varias moléculas orgánicas encontradas en estas nubes, incluyendo algunas que presentaban comportamientos espectrales sorprendentes, similares a los de las esporas de ciertas bacterias.
En 1968 se realizaron estudios del polvo interestelar donde fueron detectadas moléculas de aromáticos policíclicos (Donn, 1968 1).
Cuatro años después, en otra investigación (Johnson, 1972), se obtuvieron elementos que confirmarían la presencia de porfirinas en este polvo espacial2.
En 1974 Wickramasinghe probó la existencia de polímeros orgánicos complejos en condiciones espaciales, en particular poliformaldehidos3. Se hace notar que estas moléculas están emparentadas con las celulosas que son muy abundantes en la bioquímica terrestre.
Finalmente, ya en 1975, Hoyle y Wickramasinghe llegaron a la conclusión de que los polímeros orgánicos constituían una importante proporción del material del polvo.
En ese momento las conclusiones de ambos autores fueron consideradas altamente especulativas.
En la actualidad, aunque con reservas, son en general aceptadas. Incluso en un trabajo reciente de Wickramasinghe se describe el hallazgo de polímeros hetero-aromáticos en polvos interestelares por los instrumentos de la sonda Stardust que de acuerdo a la interpretación de los autores constituirían fragmentos de paredes celulares rotas luego de impactos a 30 km por segundo contra las superficies de los detectores.4
Luego de sus primeros trabajos a mediados de la década de 1970, Hoyle y Wickramasinghe continuaron sus investigaciones y concluyeron que el espectro de absorción luminosa del polvo interestelar contenía una inflexión que podía ser explicada si los granos tuvieran un cierto tamaño y fueran huecos.
En 1979, luego de intentar comparaciones con numerosas substancias estos autores encontraron una gran similitud con esporas bacterianas secas. Estas últimas refractan la luz como esfera huecas irregulares y tienen una gama de tamaño de grano apropiada. En función de estos datos concluyeron que una proporción importante de los granos de polvo interestelar podía estar constituida por esporas de bacterias congeladas.
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Este hallazgo fue considerado ridículo en su época y aún hoy es generalmente ignorado. Incluso hubo quienes pensaron que «el pobre Fred Hoyle había perdido la brújula».
En los últimos 15 años de su vida, hasta su muerte en 2001, Hoyle se dedicó a estudiar las implicaciones de esta hipótesis. Su alumno y sucesor, Chandra Wickramasinghe y los discípulos del Centro de Astrobiología de Cardiff continúan explorando estos aspectos audaces e innovativos de la vida en el espacio.
Del libro "¿Inagotables? Gas y Petróleo"de Danilo Antón, Piriguazú Ediciones