Polvo de estrellas, semillas de la vida
Parecía difícil de creer. Cuando Chandra Wickramasinghe, y más tarde, Shirwan Al-Mufti, allá en la década de los setenta y principios de los ochenta, trabajando bajo la supervisión del Prof. Fred Hoyle estudiaron la composición de los polvos interestelares, llegaron a la conclusión que las partìculas estaban constituidas en gran medida por polìmeros orgánicos, cuyos espectros de absorción luminosa se revelaban muy similares (casi idénticos) a los que producían las esporas de bacterias desecadas.
¡El polvo interestelar estaba hecho de bacterias!
Los trabajos que reportan los hallazgos fueron publicados en 1974 (Wickramasinghe, N.C., Nature, 252, 462, 1974 y Wickramasinghe, N.C., M.N.R.A.S., 170, 1974)11, en 1977 (Hoyle, Fred y Wickramasingh, N.C., Nature, 268, 610, 1977)12 y en 1982 (Hoyle, Fred, Wickramasinghe y Al-Mufti, S., Astrophys. Sp.Sci. 86, 341, 1982)13.
A pesar que la información había sido rigurosamente obtenida, analizada e interpretada, la comunidad científica internacional decidió rechazar sin màslas nuevas revelaciones. No era posible que hubiera bacterias en el espacio sideral. Ellas no sobrevivían en el vacìo. No resistían el intenso frío del espacio. Las bacterias sòlo existían en la Tierra como producto de una evolución propia de nuestro planeta. Era imposible.
De ser ciertas las alegaciones de Hoyle, Wickramasinghe y Al-Mufti, se derrumbaría el paradigma reinante. Habría que reescribir los libros de ciencia.
Otra vez, como había ocurrido tantas veces en la historia de la ciencia y de la humanidad se decretó que los nuevos datos eran inadmisibles, inapropiadamente obtenidos y/o mal interpretados.
Pasaron algunos años. La nueva información que se recogió durante las dos décadas siguientes parece confirmar la hipótesis del polvo interestelar bacteriano. Meteoritos con restos de bacterias fosilizadas, múltiples pruebas acerca de la resistencia de las esporas, algunas bacterias contenidas en el aparato digestivo de abejas fosilizadas en ámbar fueron vueltas a la vida luego de 25 millones de años. Se sabe que hubieron bacterias terrestres que resistieron casi tres años en el ambiente inhóspito lunar y fueron traidas de regreso a la Tierra por una sonda rusa en la dècada de 1960, se han encontrado bacterias viables a gran altura, en la estratósfera14, y recientemente la sonda Stardust registró polímeros orgánicos que parecen bacterianos en pleno espacio interplanetario. Resulta cada vez más difìcil contradecir las evidencias.
El universo está poblado de vida. En las cortezas, océanos y atmósferas de losgrandes planetas, en el interior de los pequeños asteroides y cometas, en los fragmentos de hielos errantes, y hasta en el polvo cósmico microscópico. Innumerables esporas bacterianas recorren los espacios oscuros y gélidos en busca de un lugar donde despertar, vivir y reproducirse.
Una vida que siempre existió y siempre existirá. Sin principio ni fin.
De ellas provenimos. Nuestros innumerables e inmortales ancestros cósmicos15. Las diminutas serpientes celestiales.
Del libro "Pueblos, Drogas y Serpientes", D.Antòn, Piriguazù Ediciones
Donde se revela la verdad detrás de los fraudes y dogmatismos científicos y antropológicos impuestos por las oligarquías académicas y políticas.
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lunes, 16 de abril de 2018
martes, 3 de noviembre de 2015
La panspermia
Francis Crick obtuvo un Premio Nobel por ser co-descubridor de la estructura de la molécula de la vida, una larguísima y compleja doble hélice que fue denominada ácido desoxiribonucleico o ADN3 .
En su libro “La vida misma, su origen y naturaleza”, Crick argumentaba que la vida no pudo haber surgido de una sopa terrestre primitiva.
En primer lugar, porque la molécula de ADN no puede ensamblarse sola, requiere proteinas especiales para hacerlo. Y en segundo lugar, porque no parece posible que las proteinas puedan formarse por casualidad.
Todas las proteinas están hechas de tan sólo 20 aminoácidos específicos. Cada una de ellas contiene doscientos aminoácidos que son combinaciones variables de la veintena de compuestos antes mencionados.
De acuerdo a Crick, las probabilidades de que se formara una proteina cualquiera por azar son de apenas una en 10 a la potencia 160 (10 seguido de 160 ceros), cantidad mucho mayor que TODOS los átomos del universo conocido que son 10 a la potencia 80 (10 seguido de 80 ceros)..
Es como si un remolino que agitase un depósito de chatarra, “casualmente” construyera un jet B-747 listo para volar…
Este autor concluye que la complejidad que existe en las estructuras celulares no puede ser debida al azar. Las moléculas iniciales de la vida debieron provenir del espacio.
Esta teoría que ha sido llamada “panspermia”, había sido propuesta por Svante Arrhenius a principios del siglo XX, y desarrollada por Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe durante las últimas décadas.
Piensan Hoyle y Wickramasinghe que la vida se habría originado en el momento de la formación de las galaxias, tal vez de la nuestra (“la Vía Láctea”) o del conjunto de las galaxias del universo conocido, y a partir de ese momento se habría difundido contenida y transportada en los pequeños cuerpos cometarios “sembrando” los planetas que tenían las condiciones apropiadas . La Tierra recibió sus primeras semillas devida hace casi 4,000 millones de años, evolucionando en diferentes direcciones de acuerdo a las condiciones de los ambientes encontrados. Según Wickramasinghe (1974), el polvo interestelar es esencialmente orgánico y existe vida de tipo bacteriano por doquier.
Estos organismos y materia orgánica estarían llegando a la atmósfera terrestre en forma regular, modificando y enriqueciendo el stock genético planetario.
Ello explicaría la presencia de compuestos orgánicos detectados al quemarse algunos meteoritos a 80 quilómetros de altura , y el reciente hallazgo de bacterias vivas a 16,000 de altitud .
Este último autor y Fred Hoyle interpretan como de origen orgánico la coloración rojiza de ciertos satélites planetarios cuya superficie está cubierta de hielo (p.ej. Europa, Calisto y Charon), y de otros astros ubicados en el llamado cinturón de Kuiper . De acuerdo a ambos astrónomos, el interior de estos planetoides (cuya temperatura exterior es inferior a –200° C), estaría “entibiado” por los procesos de desintegración radioactiva de sus minerales, permitiendo la existencia de agua líquida en su interior, y por ende, de procesos biológicos. Piensan estos autores que la vida puede sobrevivir la congelación profunda por mucho tiempo, tal vez decenas o cientos de millones de años.
En su libro “La vida misma, su origen y naturaleza”, Crick argumentaba que la vida no pudo haber surgido de una sopa terrestre primitiva.
En primer lugar, porque la molécula de ADN no puede ensamblarse sola, requiere proteinas especiales para hacerlo. Y en segundo lugar, porque no parece posible que las proteinas puedan formarse por casualidad.
Todas las proteinas están hechas de tan sólo 20 aminoácidos específicos. Cada una de ellas contiene doscientos aminoácidos que son combinaciones variables de la veintena de compuestos antes mencionados.
De acuerdo a Crick, las probabilidades de que se formara una proteina cualquiera por azar son de apenas una en 10 a la potencia 160 (10 seguido de 160 ceros), cantidad mucho mayor que TODOS los átomos del universo conocido que son 10 a la potencia 80 (10 seguido de 80 ceros)..
Es como si un remolino que agitase un depósito de chatarra, “casualmente” construyera un jet B-747 listo para volar…
Este autor concluye que la complejidad que existe en las estructuras celulares no puede ser debida al azar. Las moléculas iniciales de la vida debieron provenir del espacio.
Esta teoría que ha sido llamada “panspermia”, había sido propuesta por Svante Arrhenius a principios del siglo XX, y desarrollada por Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe durante las últimas décadas.
Piensan Hoyle y Wickramasinghe que la vida se habría originado en el momento de la formación de las galaxias, tal vez de la nuestra (“la Vía Láctea”) o del conjunto de las galaxias del universo conocido, y a partir de ese momento se habría difundido contenida y transportada en los pequeños cuerpos cometarios “sembrando” los planetas que tenían las condiciones apropiadas . La Tierra recibió sus primeras semillas devida hace casi 4,000 millones de años, evolucionando en diferentes direcciones de acuerdo a las condiciones de los ambientes encontrados. Según Wickramasinghe (1974), el polvo interestelar es esencialmente orgánico y existe vida de tipo bacteriano por doquier.
Estos organismos y materia orgánica estarían llegando a la atmósfera terrestre en forma regular, modificando y enriqueciendo el stock genético planetario.
Ello explicaría la presencia de compuestos orgánicos detectados al quemarse algunos meteoritos a 80 quilómetros de altura , y el reciente hallazgo de bacterias vivas a 16,000 de altitud .
Este último autor y Fred Hoyle interpretan como de origen orgánico la coloración rojiza de ciertos satélites planetarios cuya superficie está cubierta de hielo (p.ej. Europa, Calisto y Charon), y de otros astros ubicados en el llamado cinturón de Kuiper . De acuerdo a ambos astrónomos, el interior de estos planetoides (cuya temperatura exterior es inferior a –200° C), estaría “entibiado” por los procesos de desintegración radioactiva de sus minerales, permitiendo la existencia de agua líquida en su interior, y por ende, de procesos biológicos. Piensan estos autores que la vida puede sobrevivir la congelación profunda por mucho tiempo, tal vez decenas o cientos de millones de años.
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