Mostrando entradas con la etiqueta Iroqueses. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iroqueses. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de octubre de 2017

Las peripecias de la nación iroquesa

En el noreste del continente norteamericano, en los valles del río Hudson y del San Lorenzo, habitaron desde tiempos inmemoriales los pueblos nativos de las naciones iroquesas o  Haudenosaunee, como se autodenominan ellos mismos. 
Las seis naciones iroquesas, Séneca, Cayuga, Onondaga, Tuskarora, Oneida y Mohawk ocuparon sus territorios en armonía con sus vecinos y con la naturaleza de la que extraían su sustento.
Su cultura se basaba en el cultivo de maíz, porotos y zapallos, la pesca, la cría de pavos y la caza controlada del búfalo.
 Este tipo de actividades permitía la subsistencia de una población relativamente numerosa, una economía próspera y el desarrollo de una cultura política sofisticada con una base institucional federativa.
Los iroqueses también habían desarrollado una cultura política e institucional muy sofisticada. Sus naciones se habían organizado en forma federal en lo que se llamó la Confederación Iroquesa. Esta estructura política fue imitada por las colonias inglesas de Norte América bajo el influjo de Benjamín Franklin que había asistido a varias reuniones entre las autoridades coloniales inglesas y los líderes nativos.
El sistema político federal que finalmente fue adoptado en los EEUU fue también utilizado en la construcción institucional de varias confederaciones y estados de América Latina, incluyendo la Liga Federal artiguista.  
.
La destrucción de la confederación iroquesa
La invasión europea cambió radicalmente la situación en el noreste de América del Norte. Las comunidades Haudenosaunee fueron atacadas, saqueadas, esclavizadas, eliminadas física y culturalmente. Al cabo de trescientos años de agresión los sobrevivientes se vieron desplazados a tierras marginales y de baja productividad donde aún se encuentran en la actualidad.
Sin embargo, los pueblos iroqueses son altamente resilientes. Su lucha en defensa del derecho a la tierra y la propia identidad que comenzó en el tiempo de la invasión ha continuado sin cesar hasta el presente, Este esfuerzo se vió reflejado en el enfrentamiento de los mohawk de Kanesatake con los gobiernos de Québec y Canadá por el derecho de posesión y utilización ritual de tierras sagradas en las cercanías de la ciudad de Oka en 1990,
El tema volvió a tomar actualidad en 1989 cuando el National Museum of the American Indian devolvió a los iroqueses once cinturones de cuentas o wampum de elevada significación simbólica. La tribu de los Onondaga, que los recibió en medio de una ceremonia simbólica y emotiva, era la guardiana tradicional de estos registros fundamentales.              
Por miles de años los líderes tribales iroqueses peregrinaban a la Gran Montaña Manataka (el Sitio de la Paz) para reunirse con representantes e integrantes de otras tribus. Algunos venían cada once años, otros en períodos de siete años, mientras que otros hacían el viaje con más frecuencia, dependiendo de las costumbres de cada grupo particular.
Los shamanes decían sus oraciones y hacían ofrendas de paz a la Gran Montaña Manataka. Los participantes danzaban y cantaban alrededor de grandes hogueras que se encendían en el estrecho valle situado entre la montaña Manataka y su hermana, conocida como Montaña del Norte. Una tercera hermana, que hoy se llama Montaña Indígena, montaba guardia al este. Las mujeres recogían hierbas medicinales que crecían en abundancia, formando un círculo alrededor de la montaña. Los hombres encontraban preciosos cristales claros, oro, plata, pirita y otras piedras[1].

Sentado veo la niebla que se eleva del manantial,
En el vapor hay un extraño movimiento fantasmal
No sé bien que cosa se mueve a mi alrededor en este antiguo círculo
Veo tipís, humo circular ascendiendo desde los  fuegos internos
Mi pulso se acelera y veo venir a los antiguos desde los tipís,
Ellos, que estaban aquí cientos de años antes que yo.
La niebla se eleva más alto y el sol dibuja un arco iris
Los antiguos llaman a los niños para que me vean
Ríen y señalan, crecen sus sonrisas
Me estremezco un poco, soy testigo de algo importante
Dentro de mí se despierta un conocimiento
Fui así anteriormente
La brisa del Sur despeja la niebla y se aclara mi visión
Me estoy desplazando hacia el centro del círculo
Algo me lleva desde donde estoy al lugar donde estuve en      otro tiempo
Escucho el susurro del agua caliente y dulce que corre
Sé que he regresado a Manataka[2]




[1] Extraido de “La historia de Manataka; El sitio de la paz; La Montaña Sagrada y el Valle de los Vapores” por Lee Standing Bear Moore.

[2] Traducido y extraido del poema “As I Sit Here” por Joseph Chunn

lunes, 28 de agosto de 2017

El origen del federalismo
Entre las cosas que los colonos europeos y criollos aprendieron de las naciones indígenas americanas se cuenta uno de los sistemas políticos más difundidos en los estados contemporáneos: el federalismo. 
El antecedente más directo de dicha influencia se encuentra en el origen del federalismo de los Estados Unidos que fue inspirado en gran medida por la confederación iroquesa.
El modelo iroqués era similar a otros existentes en el continente americano. La Liga de los Iroqueses había sido fundada a principios del milenio (entre los años 1000 y 1450) por Hiawatha y Deganwidah bajo una constitución llamada Kaianerekowa o Gran Ley de la Paz. A la llegada de los europeos a América, la Liga era una de las organizaciones políticas más fuertes y estables del continente norteamericano.
De acuerdo a la información disponible la primera persona que propuso un modelo federal para las colonias inglesas de Norte América fue el jefe Iroqués Canassatego hablando frente a la asamblea mixta de iroqueses y británicos en julio de 17441. El jefe iroqués señaló que era muy difícil lidiar con todas las administraciones coloniales y les sugirió que se unieran en una confederación siguiendo el modelo iroqués.
Benjamín Franklin, quien fue editor oficial para la colonia de Pennsylvania, tuvo oportunidad de familiarizarse con las actas y discursos de varias asambleas iroquesas y negociaciones de tratados. Luego fue nombrado Comisionado Indio por el gobierno colonial cargo que ejerció durante la década de 1750. Allí pudo conocer en profundidad las características de la diplomacia indígena, así como las modalidades de su política. A partir de ello, Franklin pasó a ser durante toda su vida un adalid del sistema político indígena proponiendo su aplicación al gobierno de las colonias inglesas de América.


Hay registros abundantes de sus alegatos promoviendo la implementación del sistema federal iroqués en las colonias. En 1754, pronunció un discurso al Congreso de Albany llamando a las colonias a emular la Liga de los Iroqueses. Recién treinta años más tarde, cuando Benjamín Franklin fue responsable de la redacción de la constitución de los Estados Unidos logró incluir los principios básicos federales en la Carta Magna del nuevo estado que se estaba creando.
El sistema iroqués estaba constituído por cinco naciones: los Mohawks, los Onondaga, los Seneca, los Oneida y los Cayuga. Cada nación era gobernada por un consejo de representantes llamados sachems. El número de sachems variaba en cada nación. Así, por ejemplo, los Seneca tenían consejos de ocho sachems, los Mohawks y Oneidas de nueve sachems, los Cayuga de 10 y los Onondaga de 142.
El gobierno general de todas las naciones estaba a cargo de un gran Consejo de la Liga integrado por 50 sachems representantes de las naciones confederadas. Sus funciones incluían muchas funciones que son típicas de los gobiernos federales contemporáneos: declarar la guerra, hacer la paz, acordar tratados, recibir nuevos miembros, extender su protección a naciones más débiles, tomar las medidas necesarias para promover su prosperidad, y extender su dominio, etc.
Los Estados Unidos siguieron el modelo iroqués no solo en líneas generales sino también en muchos aspectos específicos: p. ej. entre los iroqueses la función política del sachem estaba separada de la función militar y no podían sumarse, en los Estados Unidos, a diferencia de Inglaterra, dichas funciones permanecieron separadas desde un comienzo. Otra institución de los EEUU que se origina en el sistema iroqués es el “impeachment”. En la Liga de los Iroqueses los líderes podían ser removidos (impeached) por la voluntad de las mujeres de su clan. De la misma forma las autoridades de los Estados Unidos pueden también ser removidas, aunque prescindiendo del rol de la mujer en el procedimiento. Al igual que los iroqueses, los Estados Unidos admiten nuevos miembros en pie de igualdad con los miembros más antiguos. Así como los Tuscaroras fueron admitidos como sexto miembro de la Liga, los Estados Unidos han admitido en varias ocasiones veces nuevos estados en las mismas condiciones de los fundadores de la federación. Hay muchos otros ejemplos de la influencia del sistema iroqués en el americano, que incluyen formas de dirigirse a la asamblea, la denominación de las asambleas partidarias (caucus), algunos aspectos de la organización militar, el sistema unicameral del Congreso (abandonado a los pocos años de establecido), y muchos otros3.

1 Tomado de “Indian Givers” de Jack Weatherford, 1988, p.135.
2 En 1722 la Liga de los Iroqueses admitió un nuevo miembro: los Tuscaroras quienes habían solicitado su incorporación desde 1714. A partir de esa fecha la Liga estuvo constituída por seis miembros: Senecas, Mohawks, Oneidas, Onondagas, Cayugas y Tuscaroras.


3 Bien descriptos por Weatherford, 1988. 
De !Amerrique, los Huérfanos del Paraiso", Danilo Anhtón, Piriguazú Ediciones.