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viernes, 5 de abril de 2019


El primer gran caudillo gaucho: Don José Artigas

Don José Artigas era hijo de familias fundacionales de Montevideo. Su abuela paterna, Doña Ignacia Javiera Carrasco era descendiente de una princesa inca: Beatriz Tupac yupanqui, por lo cual José Artigas era también marginalmente mestizo[1]. Su abuelo paterno, Juan Antonio Artigas había llegado muy joven con su familia a Montevideo desde Buenos Aires y todas las referencias apuntan a un hombre decidido que se adaptó rápidamente a la vida en esta aldea-puerto aislada en el medio de las pampas del Sur. Carlos Maggi demostró su particular relación con las naciones indígenas de las praderas (minuanes y charrúas) que lo llevó a viajar con frecuencia por la campaña para tratar con éstos en nombre de los vecinos de Montevideo. José Artigas nació en 1764 cuando ya se habían incorporado a la campaña los inmigrantes misioneros. El personaje del gaucho estaba recién comenzando a dibujarse. Todo parece indicar que por 1778, el joven José se escapa (?) de la estancia de su padre Martín Artigas y se interna en la campaña oriental en pleno proceso de "gauchización".
Durante los siguientes 19 años, José Artigas no figura en los censos (al igual que la mayoría de los gauchos e indios "bravos") seguramente debido a que estaba de alguna manera integrado a las comunidades gauchas de las pampas del país.
En alguna oportunidad hay referencias[2] a un contrabandista de ganado (¿gaucho o changador?) un "bandido" llamado Pepe Artigas quien, aparentemente con la complicidad de una partida de indios "infieles" logra escabullirse del destacamento español que lo intentaba detener.
Dice Maggi: "El comandante de Santa Tecla, don Francisco Lusero, le da cuenta al  virrey: facilitó 19 hombres para la aprehensión de las tropas, caballos y mulas que don Manuel antonio Portugués y Pepe Artigas arrean en dirección a la estancia de Pintos en el Bancacay. Este Refuerzo fue enviado el 3 de enero". Once días después el teniente Esteban hernández toma contacto con los contrabandistas entre las 10 y las 11 de la mañana: "estando parado con mi partida en el arroyo del Sarandí.. en la Sierra de Ibirapitá, me dio aviso el baqueano Francisco López que había divisado unos jinetes con hacienda, a cuya parte mandé inmediatamente montar a caballlo la partida y que se dirigiese el sargento Francisco Rodríguez por un lado del arroyo con unos soldados...Yo me dirigí con otros tantos por otro lado para tomarlos entre dos fuegos..." Finalmente resultaron no ser los supuestos contrabandistas, sino 200 indios infieles, de nación charrúa, alzados en estas sierras. Los charrúas "acometieron... con intrepidez" matando dos soldados y luego se detuvieron a la distancia en formación.  Luego de enviar dos caciques a parlamentar, los charrúas acordaron retirarse. Según Maggi, probablemente se trató de una maniobra que hicieron los charrúas para permitir que Pepe Artigas y sus 4,000 cabezas pudieran pasar sin ser hostigados[3]. Se pregunta este autor: "¿porque los charrúas ayudaban jugándose la vida, al changador Pepe Artigas? ¿iría el contrabandista a vender en Bacacay para su beneficio o por cuenta y order de la tribu charrúa?"
Hay también referencias a este "bandido" rodeado por varios jóvenes que lo escuchaban "alucinados"[4]. De acuerdo al estudio en profundidad de este tema llevado a cabo por C. Maggi, José Artigas habría vivido entre los charrúas y minuanes parte del tiempo que estuvo "a monte" en su juventud. Hay elementos para creer que el famoso cacique charrúa llamado "El Caciquillo" era hijo biológico de José Artigas lo cual demostraría esa íntima vinculación entre Artigas y los indios pampas.
Por 1797, Artigas recibe una amnistía y se incorpora en el recién creado cuerpo de Blandengues para llevar a cabo tareas de policía de fronteras. Según Maggi es en ese momento que Artigas "deja la tribu charrúa"[5]. Durante su período de servicio  (7 años) que termina con el grado de Capitán, José Artigas parece tener una actitud muy poco beligerante para con los charrúas y otros grupos indígenas. Según lo demuestra C.Maggi en la obra citada[6], en varias oportunidades el blandengue Artigas le "escurre el bulto" a la acción represiva y se limita a pasearse por la campaña que tan bien había conocido en sus años de "gaucho".
En 1804, cuando logra la baja por motivos de salud (era reumático y aparentemente ello le dificultaba cabalgar con libertad aunque en tiempos posteriores siguió montando hasta los últimos días de su vida), logra que le otorguen una suerte de estancia en el paraje de Arerunguá (hoy Departamento de Salto, cerca de Tacuarembó) a donde desde entonces se traslada con frecuencia. Debemos recordar que la zona de Arerunguá era zona pampa y casi fuera del alcance de las fuerzas militares españolas[7]. Sin embargo Artigas se establece allí y sobrevive con facilidad.
Todo parece indicar que cuando Artigas elige Arerunguá para establecerse, es porque durante sus muchos años en la campaña, había centrado sus actividades en esa zona, que seguramente conocía como la palma de su mano.
Evidentemente sus lazos con la nación charrúa eran profundos. Artigas había convivido con los pampas por varios años, tenía muchos amigos en las tolderías y también, por lo menos, un hijo[8]. En ese sentido, es ilustrativa la carta que Artigas le escribió al Caciquillo en 1812 que dice entre otras cosas: " Nada habrá capaz de dividir nuestra unión y cuando los enemigos se presenten al ataque, nos verá el mundo ostentar nuestra amistad y la confianza que mantenemos. Yo estoy convencido de tus buenos sentimientos; por ellos y por las demás condiciones que te adornan, será siempre un amigo tuyo y de los que te siguen, tu padre, Artigas" [9].
Joaquín Lenzina, el gran payador del artiguismo y compañero de Artigas, en su poesía a los charrúas manifiesta indiscutiblemente esta relación que mantenían los charrúas con Artigas, llamándolo su "gran cacique".
Del libro "Uruguaypirì" de D.Antón



    [1] Según Luis Enrique Azarola Gil, ref. en "
Artigas y los Indios, por Eugenio Petit Muñoz, incluído en la obra "Artigas" de Ediciones de "El País", Montevideo, 1959).
    [2] Señala Maggi: "El comandante de Santa Tecla, don Francisco Lusero, le da cuenta al virrey: facilitó 19 hombres para la aprehensión de las tropas, caballos y mulas que don Manuel Antonio Portugués y Pepe Artigas arrean en dirección a la estancia de Pintos en el Bacacay. Este refuerzo fue enviado el 3 de enero."; p.72, C.Maggi, op.cit.
    [3] Referencia de Carlos Maggi; "Artigas y su hijo el caciquillo"; Editorial Fin de Siglo, Montevideo, pp.74 y 75; 1991.
    [4] Nicolas de Vedia, quien conocía a Artigas desde la infancia y que lo encontró por 1793 en el norte de la Banda escribió: "Habrían pasado cosa de 16 a 18 años, cuando después que abrazó la su carrera de vida suelta lo vi por primera vez en una estancia a orillas del Bacacay, circundado de muchos mozos alucinados que acababan de llegar con una crecida porción de animales a vender"; C. Maggi; op.cit. p.70.
    [5] Ref.Maggi C., op.cit. p.79.
    [6] Ref. Maggi, C. op.cit. p.85 y 86.
    [7] Toda la zona norte del río Negro, y especialmente a cierta distancia del río Uruguay, era considerada por los españoles como una "tierra de nadie y sin ley" sujeta a las "depredaciones de infieles y bandidos".
    [8] Según Maggi, C. lo más probable es que se tratara de un hijo biológico. De cualquier manera, el tratamiento que le otorgaba al Caciquillo denotaba una indudable comunidad espiritual.
    [9] En otra ocasión Artigas le pide a Carranza que auxilie "a mi Caciquillo". En su época de los Blandengues, hay una curiosa anécdota de un pequeño charrúa que es recogido y protegido por Artigas que era probablemente este "Caciquillo", ref. de Carlos Maggi, op.cit.

lunes, 20 de agosto de 2018



El primer gran caudillo gaucho: Don José Artigas
Don José Artigas era hijo de familias fundacionales de Montevideo. Su abuela paterna, Doña Ignacia Javiera Carrasco era descendiente de una princesa inca: Beatriz Tupac yupanqui, por lo cual José Artigas era también marginalmente mestizo[1]. Su abuelo paterno, Juan Antonio Artigas había llegado muy joven con su familia a Montevideo desde Buenos Aires y todas las referencias apuntan a un hombre decidido que se adaptó rápidamente a la vida en esta aldea-puerto aislada en el medio de gran país "pampa". Carlos Maggi acaba de demostrar su particular relación con los indios pampas (minuanes) que lo llevó a viajar con frecuencia por la campaña para tratar con éstos en nombre de los vecinos de Montevideo. José Artigas nació en 1764 cuando ya se habían incorporado a la campaña los inmigrantes misioneros. El personaje del gaucho estaba recién comenzando a dibujarse. Todo parece indicar que por 1778, el joven José se escapa (?) de la estancia de su padre Martín Artigas y se interna en la campaña oriental en pleno proceso de "gauchización".
Durante los siguientes 19 años, José Artigas no figura en los censos (al igual que la mayoría de los gauchos e indios "bravos") seguramente debido a que estaba de alguna manera integrado a las comunidades gauchas de las pampas del país.
En alguna oportunidad hay referencias[2] a un contrabandista de ganado (¿gaucho o changador?) un "bandido" llamado Pepe Artigas quien, aparentemente con la complicidad de una partida de indios "infieles" logra escabullirse del destacamento español que lo intentaba detener.
Dice Maggi: "El comandante de Santa Tecla, don Francisco Lusero, le da cuenta al  virrey: facilitó 19 hombres para la aprehensión de las tropas, caballos y mulas que don Manuel antonio Portugués y Pepe Artigas arrean en dirección a la estancia de Pintos en el Bancacay. Este Refuerzo fue enviado el 3 de enero". Once días después el teniente Esteban hernández toma contacto con los contrabandistas entre las 10 y las 11 de la mañana: "estando parado con mi partida en el arroyo del Sarandí.. en la Sierra de Ibirapitá, me dio aviso el baqueano Francisco López que había divisado unos jinetes con hacienda, a cuya parte mandé inmediatamente montar a caballlo la partida y que se dirigiese el sargento Francisco Rodríguez por un lado del arroyo con unos soldados...Yo me dirigí con otros tantos por otro lado para tomarlos entre dos fuegos..." Finalmente resultaron no ser los supuestos contrabandistas, sino 200 indios infieles, de nación charrúa, alzados en estas sierras. Los charrúas "acometieron... con intrepidez" matando dos soldados y luego se detuvieron a la distancia en formación.  Luego de enviar dos caciques a parlamentar, los charrúas acordaron retirarse. Según Maggi, probablemente se trató de una maniobra que hicieron los charrúas para permitir que Pepe Artigas y sus 4,000 cabezas pudieran pasar sin ser hostigados[3]. Se pregunta este autor: "¿porque los charrúas ayudaban jugándose la vida, al changador Pepe Artigas? ¿iría el contrabandista a vender en Bacacay para su beneficio o por cuenta y order de la tribu charrúa?"
Hay también referencias a este "bandido" rodeado por varios jóvenes que lo escuchaban "alucinados"[4]. De acuerdo al estudio en profundidad de este tema llevado a cabo por C. Maggi, José Artigas habría vivido entre los charrúas y minuanes parte del tiempo que estuvo "a monte" en su juventud. Hay elementos para creer que el famoso cacique charrúa llamado "El Caciquillo" era hijo biológico de José Artigas lo cual demostraría esa íntima vinculación entre Artigas y los indios pampas.
Por 1797, Artigas recibe una amnistía y se incorpora en el recién creado cuerpo de Blandengues para llevar a cabo tareas de policía de fronteras. Según Maggi es en ese momento que Artigas "deja la tribu charrúa"[5]. Durante su período de servicio  (7 años) que termina con el grado de Capitán, José Artigas parece tener una actitud muy poco beligerante para con los charrúas y otros grupos indígenas. Según lo demuestra C.Maggi en la obra citada[6], en varias oportunidades el blandengue Artigas le "escurre el bulto" a la acción represiva y se limita a pasearse por la campaña que tan bien había conocido en sus años de "gaucho".
En 1804, cuando logra la baja por motivos de salud (era reumático y aparentemente ello le dificultaba cabalgar con libertad aunque en tiempos posteriores siguió montando hasta los últimos días de su vida), logra que le otorguen una suerte de estancia en el paraje de Arerunguá (hoy Departamento de Salto, cerca de Tacuarembó) a donde desde entonces se traslada con frecuencia. Debemos recordar que la zona de Arerunguá era zona pampa y casi fuera del alcance de las fuerzas militares españolas[7]. Sin embargo Artigas se establece allí y sobrevive con facilidad.
Todo parece indicar que cuando Artigas elige Arerunguá para establecerse, es porque durante sus muchos años en la campaña, había centrado sus actividades en esa zona, que seguramente conocía como la palma de su mano.
Evidentemente sus lazos con la nación charrúa eran profundos. Artigas había convivido con los pampas por varios años, tenía muchos amigos en las tolderías y también, por lo menos, un hijo[8]. En ese sentido, es ilustrativa la carta que Artigas le escribió al Caciquillo en 1812 que dice entre otras cosas: " Nada habrá capaz de dividir nuestra unión y cuando los enemigos se presenten al ataque, nos verá el mundo ostentar nuestra amistad y la confianza que mantenemos. Yo estoy convencido de tus buenos sentimientos; por ellos y por las demás condiciones que te adornan, será siempre un amigo tuyo y de los que te siguen, tu padre, Artigas" [9].
Joaquín Lenzina, el gran payador del artiguismo y compañero de Artigas, en su poesía a los charrúas manifiesta indiscutiblemente esta relación que mantenían los charrúas con Artigas, llamándolo su "gran cacique".
Del libro "Uruguaypirì" de D.Antón




    [1] Según Luis Enrique Azarola Gil, ref. en "
Artigas y los Indios, por Eugenio Petit Muñoz, incluído en la obra "Artigas" de Ediciones de "El País", Montevideo, 1959).
    [2] Señala Maggi: "El comandante de Santa Tecla, don Francisco Lusero, le da cuenta al virrey: facilitó 19 hombres para la aprehensión de las tropas, caballos y mulas que don Manuel Antonio Portugués y Pepe Artigas arrean en dirección a la estancia de Pintos en el Bacacay. Este refuerzo fue enviado el 3 de enero."; p.72, C.Maggi, op.cit.
    [3] Referencia de Carlos Maggi; "Artigas y su hijo el caciquillo"; Editorial Fin de Siglo, Montevideo, pp.74 y 75; 1991.
    [4] Nicolas de Vedia, quien conocía a Artigas desde la infancia y que lo encontró por 1793 en el norte de la Banda escribió: "Habrían pasado cosa de 16 a 18 años, cuando después que abrazó la su carrera de vida suelta lo vi por primera vez en una estancia a orillas del Bacacay, circundado de muchos mozos alucinados que acababan de llegar con una crecida porción de animales a vender"; C. Maggi; op.cit. p.70.
    [5] Ref.Maggi C., op.cit. p.79.
    [6] Ref. Maggi, C. op.cit. p.85 y 86.
    [7] Toda la zona norte del río Negro, y especialmente a cierta distancia del río Uruguay, era considerada por los españoles como una "tierra de nadie y sin ley" sujeta a las "depredaciones de infieles y bandidos".
    [8] Según Maggi, C. lo más probable es que se tratara de un hijo biológico. De cualquier manera, el tratamiento que le otorgaba al Caciquillo denotaba una indudable comunidad espiritual.
    [9] En otra ocasión Artigas le pide a Carranza que auxilie "a mi Caciquillo". En su época de los Blandengues, hay una curiosa anécdota de un pequeño charrúa que es recogido y protegido por Artigas que era probablemente este "Caciquillo", ref. de Carlos Maggi, op.cit.

martes, 14 de agosto de 2018

Replanteando la figura de José Artigas
Replanteamos la figura del Artigas que se incorpora a las luchas de la independencia a partir de 1810- 1811. 
José Artigas era un criollo marginalmente mestizo, agauchado y aindiado por 30 años de vida en la campaña, que hablaba el guaraní en forma fluída, que se sentía más a gusto al aire libre o en una humilde toldería o enramada, que desdeñaba las "comodidades" urbanas de la época, que conocía de plantas y de curaciones[1], que tocaba la guitarra y que cantaba (tal vez payaba, probablemente en guaraní), que logró la total adhesión de todas las indiadas del país (porque en gran medida, él mismo, era, al decir de C.Maggi, más indio que español). Vale la pena recordar ahora, que la compañera de Artigas en Purificación fue Melchora Cuenca (una paraguaya y por ende de habla guaraní)[2], que sus tropas gauchas estaban constituídas por indios guaraníes (como lo indica el cronista inglés Robertson en sus Cartas de Paraguay)[3], que sistemáticamente contó con el apoyo de la indiada correntina y misionera (también de habla guaraní) y que finalmente terminó sus días (en gran medida voluntariamente) en el Paraguay[4].
El "indigenismo" de Artigas ha sido notado por muchos autores. C.Maggi hace notar que en los hechos, Artigas tenía un modo de vida indio. De acuerdo a Maggi su sencillez no era pobreza, era una expresión de su cultura principal adquirida en su juventud entre los charrúas y minuanes.
Petit Muñoz en su artículo "Artigas y los indios" transcribe varios documentos interesantes, entre ellos una referencia de Larrañaga quien dijo: "tuve ocasión de tratar con los Caciques Minuanes que acompañan y aman tiernamente al Gefe de este ejército: uno de ellos comió con su muger en la mesa del General"[5] En su poesía a los charrúas, Ansina, que tenía porque saber, señala que los charrúas llaman a Artigas: "el gran cacique".
Durante la guerra contra los españoles y portugueses, los charrúas (cuyos números habían disminuído significativamente[6]) estuvieron presentes en múltiples oportunidades peleando junto a Artigas. En Purificación, se señala la presencia de 400 indios charrúas "armados con flechas y bolas"[7].
En el reparto revolucionario de tierras de 1815, los indios son incluídos entre los "privilegiados"[8]  que podrían tener acceso a suertes de estancia.
El 3 de mayo de 1815 en carta al Gobernador de Corrientes, don José de Silva, Artigas señala refiriéndose a los "infelices pueblos de Indios": "Recordemos que ellos tienen el principal derecho, y que sería una degradación vergonzosa, para nosotros, mantenerlos en aquella exclusión vergonozosa, que hasta hoy han padecido por ser Indianos..."[9].
Durante su gobierno de 1816, Artigas fomenta la colonización con indios Guaycuruses y con indios Abipones venidos de Corrientes (en donde había una cierta resistencia a tolerarlos) hasta la Banda Oriental por iniciativa de Artigas. Hay un documento muy importante (transcripto por E. Petit Muñoz, op.cit.) que demuestra los sentimientos de Artigas:
"Participo a V.S. que acaba de llegar a este Quartel Gral a demas de los Guaycuruses q.e tenemos reducidos a n.ra sociedad, más de 400 Indios Abipones con sus correspondientes familias a q.es ge podido atraher con cuatro Casiques p.r medio del principal, Dn José Benavides. No dudo q.e ellos serán muy utiles a la Prov.a y q.e todo sacrificio debe dispensarse en su obsequio consiguiendo con ello el aumento de la población, q.e es el principio de todos los bienes. Al menos este es mi propósito..."
Del mismo modo que Artigas protegió a los indios, tuvo una actitud similar con respecto a los negros. En el ejército artiguista habían (de acuerdo al mismo documento del Cap.Bartolomé Laguardia) una división de Pardos que incluía a unas 500 plazas (algunos de los cuales eran seguramente los esclavos que habían acompañado a sus amos durante la "redota".
Esta división fue seguramente acrecida con nuevas incorporaciones de escapados de los dominios de Portugal, aunque es de imaginar que los negros sufrieron serias bajas durante las batallas finales de las tropas artiguistas.
Cuando Artigas se refugió en el Paraguay lo acompañaron los remanentes de la división de Pardos (caballería de lanceros y lanceras), que se internaron en Paraguay y fueron confinados por Gaspar Rodríguez de Francia en un lugar cercano a Asunción llamado Loma Campamento.
De acuerdo a referencias orales obtenidas, el estado mayor negro de Artigas estaba compuesto por Joaquin Lenzina, más conocido como "Ansina" quien era en cierto modo el ideólogo y "shaman" de la comunidad afro-artiguista[10] y un líder militar llamado Manuel Antonio Ledesma. quien siguió liderando a la comunidad de Loma Campamento e incluso aparentemente llegó a ser elegido alcalde de la población de Yaguarón.
Los descendientes de los afro-artiguistas permanecieron en Loma Campamento, siendo conocidos como los negros de "Cambacuá" (el agujero de los negros) y ellos se autodenominaron los "Artigas Cué" (el pueblo de Artigas). Según referencias verbales muchos "Artigas Cué" participaron (y murieron) en la guerra de la triple alianza del Paraguay de López contra Brasil, Argentina y Uruguay.
En el momento actual, los Artigas Cué todavía residen en la zona de Loma Campamento de Asunción y guardan recuerdos trasmitidos de generación en generación acerca de su historia comunitaria. Los Artigas Cué todavía conservan una parte importante de su acervo religioso expresado en sus danzas de tipo "candombe" dedicadas a San Baltasar. Es probable que sea posible rescatar, a través de estos sobrevivientes de la historia artiguista, algunos elementos claves de las creencias religiosas de la comunidad afro-artiguista de principios del siglo XIX.
Imaginemos en forma más precisa lo que debió ser la capital del artiguismo. En primer lugar, Artigas no formó una ciudad "a la europea" sino una "toldería" a lo indio: el campamento de Purificación de 1816. En ella, sobre un sector del sitio estaba la indiada gaucha en sus enramadas y ranchos, a una cierta distancia los charrúas acampados en sus pirí[11], y en otro sector no muy alejado, el campamento de los negros. En la noche se escucharían los sonidos de los tambores y los cánticos llamando a los espíritus de las viejas religiones de Angola, Mozambique y Dahomey en antiguos idiomas africanos y en bozal, en el campamento gaucho se escucharía la guitarra acompañando viejas canciones en guaraní y tal vez alguna payada en castellano, y a la distancia resonarían los gritos de la indiada charrúa invocando a Zobá.
Cuando en sus famosas Instrucciones de 1813 se consagra la necesidad de promover: "la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable", Artigas está pensando en su gente. Está pensando en los charrúas "infieles" a quienes siente tan su
yos. En los negros "paganos" que lo siguieron hasta el final.
Y un último detalle, si observamos el escudo artiguista de la Banda Oriental podemos apreciar que en su cima, el emblema está coronado por plumas indígenas y que a su derecha ostenta un carcaj con sus flechas y un arco, demostrando que para Don José los infieles pampas eran un elemento básico del pueblo oriental que él imaginaba. Al final de su vida, allá en el Paraguay, Artigas tenía un perro querido. Su nombre era "Charrúa".




    [1] Hay referencias que el dictador paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia (que nunca quiso ver personalmente a Artigas) lo hacía consultar cuando se enfermaba un pariente, "porque el viejo oriental sabe de yuyos".
    [2] Casualmente su jefatura como líder del pueblo oriental fue definida en la "Quinta de la Paraguaya", en Tres Cruces, durante el sitio de Montevideo.
    [3] Citado en "Guaraníes y paisanos" de Luis Rodolfo González y Susana Rodríguez Varese, Nuestra Raíces, 3, p.42, Montevideo, 1990.
    [4] El autor de este documento notó además un número relativamente elevado de paraguayos entre los agraciados con suertes de estancias en la distribución ordenada por el Reglamento Provisorio de la Campaña de 1815, y muchos apellidos guaraníes entre las familias que acompañaron a Artigas cuando la marcha de la "redota" (movimiento inadecuadamente conocido como "el éxodo").
    [5] P.227, op.cit.
    [6] De acuerdo a Antonio Díaz, referido por E.Petit Muñoz, op.cit. a fines de Noviembre de 1812 cuando los encontró en la costa del Santa Lucía Grande, "no tenían más que 297 hombres de armas y como 350 personas entre mugeres, niños y ancianos". O sea un total de 647 personas.
    [7] Informe del Capitán Bartolomé Laguardia, ref. en L.R.González y S.Rodríguez Varese, op.cit.
    [8] Transcribimos la celebre disposición del Reglamento Provisorio de la Campaña en su artículo 6, donde entre otras cosas se dice que se hará la distribución de tierras: "...Con prevención, que los más infelices serán los más privilegiados. En consecuencia, los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres todos podrán ser agraciados con suerte de estancia..."
    [9] E.Petit Muñoz, op.cit.
    [10] Es bueno recordar que Ansina no era un simple "cebador de mate". Joaquín Lencina era un hombre sabio, un poeta que compuso el primer himno de la escuela pública en Purificación y una poesía muy dramática "A la tumba de Artigas" a los 95 años de edad (en 1855). Tal vez la inspiración ideológica de José Artigas no vino de ninguna mente europea o de algún criollo "iluminado y culto", sino de ese camarada de todas las horas y soldado de todas las luchas: don Joaquín Lencina, nuestro "negro" Ansina.
    [11] Piri es toldo en idioma charrúa.

sábado, 12 de mayo de 2018

Los guerreros charrúas de Artigas

La incorporación de los charrúas a la rebelión artiguista ocurrió desde los primeros momentos del alzamiento de 1811. En ese momento fue fundamental la participación de uno de los principales jefes charrúas: el Caciquillo. La incorporación de este cacique pampa a la revolución fue bien descripta por Carlos Maggi en su libro «Artigas y su hijo el Caciquillo» quien sostiene que la relación entre José Artigas y el Caciquillo Manuel Artigas era de padre a hijo. Hay varias referencias sobre estas primeras intervenciones de los guerreros del Caciquillo en las luchas artiguistas que resultan muy ilustrativas.
En una carta del 2 de noviembre de 1811 Artigas le escribe a Carranza: «Reunida la gente en Sandú, conservará usted dicho punto, precisamente hasta mi llegada, procurando... reunir cuantas armas se pueda. Auxiliará usted a la mayor brevedad a mi Caciquillo dándole orden de partir para los indios bravos, a fin de que estos nos auxilien con sus brazos en una causa que también es la suya; para ello aconsejará usted de mi parte al Caciquillo. Emplee cuantos medios razonables estén a su alcance.»
Doce días después, envió Artigas a Elías Galván la siguiente misiva: «Los indios infieles abandonando sus tolderías, inundan la campaña presentándome sus bravos esfuerzos para cooperar a la consolidación de nuestro gran sistema.»
En diciembre de 1811 las tropas gauchas y charrúas unidas derrotaron a los portugueses en las cercanías de Belén. El propio Artigas describe las fuerzas criollas como compuestas de. «una división de... 500 hombres» (gauchos) «a la que uní 452 indios» (charrúas).
Los enfrentamientos de 1811 y 1812 en donde los charrúas y minuanes lucharon aliados con las fuerzas artiguistas han sido descriptos por los portugueses en varios documentos. De acuerdo a un informe que el oficial portugués Tomás da Costa le envía al su superior Diego de Souza: «Los charrúas se establecieron de este lado, abajo de Salto, con alguna partida del mismo Artigas y si no paran allí, repasarán el Uruguay que da paso en muchas partes y harán mil hostilidades robando lo que puedan y matando a todo portugués o español que esté por refugiarse al abrigo de nuestras tropas... Estos charrúas y aún aquellos que estaban bajo nuestra protección, fueron los más atrevidos en el último choque contra la partida del sargento mayor Manoel dos Santos. Son enemigos más temibles que los españoles y por consiguiente es necesario que no existan en esta margen oriental...» (Ref. de Carlos Maggi).
Poco tiempo después (abril de 1812) algunos cientos de charrúas, unidos a varios centenares de negros, mulatos y gauchos artiguistas provenientes del Quilombo de Tres Arboles atacaron a las tropas portuguesas en las cercanías de Cerro Largo completando el cuadro de la gran rebelión multiétnica de los uruguayos que estallara en 1811.
Dos meses más tarde, del otro lado del país, el 12 de junio de 1812, las tropas portuguesas al mando del Coronel Joaquín d´Oliveira atacaron a los charrúas cerca de Salto. La batalla fue descripta por este jefe portugués: «... al romper el día comenzó el ataque. Duró desde las 6 hasta las 8 horas de la mañana quedando 60 valerosos indios muertos y 2 o 3,000 yeguas mansas, potros y caballos en nuestro poder....tenemos 66 individuos de ambos sexos prisioneros a saber: 23 mujeres... 22 niños y 23 niñas; se quemaron casi todos los ranchos existentes. Nuestro perjuicio fue considerable.... el número de los muertos y heridos que tal vez no hubiera sido tan grande a no ser excesivo el calor de nuestra tropa que no tenía idea del valor, la destreza y la desesperación con que pelearon los charrúas.»
«Ahora, mi modo de pensar con respecto a los indios, es diferente a lo que se presume vulgarmente. Tenía una idea equivocada, por eso no participé personalmente, en la acción a pesar de estar tan cerca. Las noticias que ahora me dieron quienes pelearon en ese ataque me hicieron cambiar de opinión. Según cuentan nuestros soldados más valientes, si los indios hubieran tenido tiempo de llegar a sus caballos, pocos de nosotros hubiéramos escapado de esta batalla.»
A pesar de esta derrota, las numerosas tolderías charrúas y minuanes continuaron la lucha hostigando al enemigo portugués y forzándolo a retirarse. Ya en agosto de 1812 los portugueses se habían visto obligados a evacuar el territorio oriental. La lucha artiguista habría de proseguir durante varios años más durante los cuales los pueblos nativos rebeldes continuaron su alianza con el jefe oriental. Cuando Artigas fue traicionado, y se vió obligado a replegarse al Paraguay, los charrúas y minuanes permanecieron en la antigua Banda de los Charrúas enfrentando a las fuerzas imperiales de Portugal y Brasil.
Durante la rebelión que comenzara con los combatientes de la Graseada en 1825, los charrúas se volvieron a incorporar a la lucha, participando como guerreros hasta la completa expulsión de los portugueses en 1828. Dos años después se juraría la primera constitución de la república oriental sin su participación. Ni los charrúas, ni los minuanes, ni los gauchos, ni los afro-uruguayos fueron invitados a la fiesta del 18 de julio de 1830.
Al año siguiente de la jura de la constitución de la nueva república, las fuerzas militares del nuevo estado uruguayo atacaron las tolderías charrúas a traición matando a mansalva varios cientos de hombres, mujeres y niños y haciendo prisioneros a muchos de los sobrevivientes.
Extraido de "Los Pueblos del Jaguar",  Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

jueves, 10 de mayo de 2018

El federalismo artiguista y la conexión iroquesa

«La Gaceta de Buenos Aires» era el órgano oficial de la Junta Gubernativa que surgió como resultado del Movimiento de Mayo y fue allí donde expresó su pensamiento uno de los principales ideólogos del movimiento revolucionario: Mariano Moreno. Fue precisamente a través de «La Gaceta de Buenos Aires», en sus ediciones publicadas durante la segunda mitad de 1810 que por primera vez se difundieron los principios del federalismo que habrían de ser tan importantes en la evolución política de los países del Sur. Las ideas federalistas fueron inmediatamente recogidas por José Artigas y es inspirado en ellas, que cinco años más tarde se establecería el proyecto político de la Liga Federal incluyendo varias provincias, con su cuartel general en Purificación a orillas del río Uruguay. 

La descripción del sistema federal que hace Mariano Moreno en La Gaceta se basa en ciertos conceptos vertidos por Thomas Jefferson, un conocido revolucionario de los Estados Unidos, quien es citado por Moreno para describir (y elogiar) las características principales de los sistemas políticos nativos en América del Norte (con referencia más especialmente a los iroqueses), así como su carácter democrático e igualitario..
En su escrito de «La Gaceta de Buenos Aires» decía Moreno:
«Los pueblos modernos son los únicos que nos han dado una exacta idea del gobierno federaticio, y aun entre los salvajes de América se ha encontrado y practicado en términos que nunca conocieron los griegos. Oigamos a Mr. Jefferson, que en las observaciones sobre La Virginia, nos describe todas las partes de semejante asociación: «Todos los pueblos del Norte de la América, dice este juicioso escritor, son cazadores, y su subsistencia no se saca sino de la caza, la pesca, las producciones que la tierra da por sí misma, el maíz que siembran y recogen las mujeres y la cultura de una especie de patatas; pero ellos no tienen ni agricultura regular, ni ganados, ni animales domésticos de ninguna clase. Ellos, pues, no pueden tener sino aquel grado de sociabilidad y de organización de gobierno compatibles con su sociedad: pero realmente lo tienen. Su gobierno es una suerte de confederación patriarcal. Cada villa o familia tiene un jefe distinguido con un título particular y que comunmente se llama Sachem. Las diversas villas o familias, que componen una tribu, tienen cada una su jefe. Estos jefes son generalmente hombres avanzados en edad y distinguidos por su prudencia y talento en los consejos. Los negocios que no conciernen sino a la villa o familia se deciden por el jefe y los principales de la villa o familia; los que interesan a una tribu entera, como la distribución de empleos militares y las querellas entre las diferentes villas y familias, se deciden por asambleas o consejos formados de diferentes villas o aldeas; en fin, los que conciernen a toda la nación, como la guerra, la paz, las alianzas con las naciones vecinas, se determinan por un consejo general compuesto de los jefes de las tribus, acompañados de los principales guerreros y de un cierto número de jefes de villas, que van en clase de sus consejeros. Hay en cada villa una casa de consejo, donde se juntan el jefe y los principales cuando lo pide la ocasión. Cada tribu tiene también su lugar, en que los jefes de villa se reúnen para tratar sobre los negocios de la tribu; y en fin, en cada nación hay un punto de reunión o consejo general donde se juntan los jefes de diferentes naciones con los principales guerreros, para tratar los negocios generales de toda la nación. Cuando se propone una materia en el Consejo Nacional, el jefe de cada tribu consulta aparte con los consejeros que él ha traído, después de los cual anuncia en el consejo la opinión de su tribu, y como toda la influencia que las tribus tienen entre sí, se reduce a la persuación, procuran todos por mutuas concesiones obtener la unanimidad.» He aquí un estado admirable que reúne al gobierno patriarcal la forma de una rigurosa federación. Esta consiste esencialmente en la reunión de muchos pueblos o provincias independientes unas de otras, pero sujetas al mismo tiempo a una dieta o consejo general de todas ellas, que decide soberanamente sobre las materias de estado que tocan al cuerpo de la nación... Este sistema es el mejor quizá que se ha discurrido entre los hombres, pero difícilmente podrá aplicarse a toda la América. ¿Donde se formará esa gran dieta, ni cómo se recibirán instrucciones de pueblos tan distantes para las urgencias imprevistas del Estado? Yo desearía que las provincias reduciéndose a los límites que hasta ahora han tenido, formasen separadamente la constitución conveniente a la felicidad de cada una, que llevasen siempre presente la justa máxima de auxiliarse y socorrerse mutuamente; y que reservando para otro tiempo todo sistema federaticio, que en las presentes circunstancias es inverificable y podría ser perjudicial, tratasen solamente de una alianza estrecha que sostuviese la fraternidad que debe reinar siempre y que únicamente puede salvarnos de las pasiones interiores, que son enemigo más terrible para un Estado que intenta constituirse, que los ejércitos de las potencias extranjeras que se le opongan.»
Comenta Eduardo Acevedo que todo el bagaje federal de Moreno se encuentra transcripto en este escrito de La Gaceta de Buenos Aires, y que para este autor «el régimen federal equivalía a una liga de naciones autónomas e independientes; y que del vasto escenario de la América del Norte, sólo sabía el doctor Moreno que las tribus salvajes tenían dietas federales.»
Los escritos de Mariano Moreno fueron publicados por el Ateneo de Buenos Aires en el tomo 1 de su Biblioteca y en ellos se incluyó una referencia al sistema federal de los Estados Unidos. Sin embargo, esta referencia fué agregada luego pues no existía en el escrito original de Moreno. Una nota incluída en la publicación señala: «El párrafo precedente no figura en «La Gaceta»». Como este fragmento está incluído en los escritos publicados por el hermano de Mariano Moreno, el Doctor Manuel Moreno (quien había viajado y conocía de primera mano el sistema federal de los Estados Unidos) es casi seguro que hay sido él mismo quien lo haya agregado para salvar ese «vacío» que existía en los textos de su hermano.1  Dice Eduardo Acevedo: 
«La gloria de Mariano Moreno no exigía esa incorporación póstuma, desde que en 1810 todos ignoraban en el Río de la Plata el maravilloso mecanismo de la confederación americana, y aún continuaron ignorándolo durante largos años los próceres de Mayo.»
Sin embargo, gracias a la pluma de Jefferson y Moreno, no ignoraban el sistema federal de los iroqueses minuciosamente transcripto en La Gaceta de Buenos Aires ya en 1810.
Es bueno recordar que La Gaceta de Buenos Aires era la principal fuente de referencia ideológica en 1810 y por supuesto debió haber ejercido una enorme influencia en las ideas de Artigas, quien si bien ya había vivido la experiencia confederada entre los charrúas y minuanes, pudo explicitar en forma mucho más clara estas ideas gracias a la descripción del artículo de Moreno.
Más adelante la influencia de la constitución de los Estados Unidos se hizo sentir mucho más directamente. Ya en 1815 la Biblioteca Nacional establecida en Montevideo bajo control federal artiguista incluía entre sus libros a la constitución federal de los Estados Uni dos, a las constituciones de los estados, las actas del congreso y los escritos de Thomas Paine (ideólogo revolucionario de aquél país). Estas existencias quedaron registradas en el discurso inaugural de dicha biblioteca por su primer director Dámaso Antonio Larrañaga. 
Nicolás Herrera, una fuente que no puede ser sospechada de tener tendencias pro-artiguistas, escribió desde Rio de Janeiro al Director electo de las Provincias Unidas una carta a favor de la monarquía en donde explica su opinión sobre Artigas:
«Artigas, en posesión del Entre Ríos y Corrientes, se aprovechaba de la situación vacilante de la capital para hacer pretensiones bizarras que negadas por el gobierno han encendido una nueva guerra... por todas partes y hasta en los lugares más remotos sólo se hablaba de legislación, de constitución, de congreso y de soberanía...» 
Para Nicolás Herrera esta difusión de las ideas democráticas y federales era una barbaridad. Sin embargo, estas mismas ideas eran las que habían dado lugar a la aprobación explícita de algunos congresistas de los Estados Unidos. 
Tomado de "Los Pueblos del Jaguar",  D.Antón, Piriguazú Ediciones

domingo, 21 de enero de 2018

Documento para recordar la noción de justicia que inspiraba a José Artigas en carta a Andresito Artigas (Guacurarí), gobernador de las Misiones. 

Decía Artigas:

"Lo que interesa es que usted se porte como hombre de bien, que castigue a los delincuentes y premie a los virtuosos. Que llene la justicia rectamente sin atender a empeños ni pasiones, que mire por los miserables, que los trate con amor, para que de ese modo se haga obedecer y amar."
A continuación el texto completo de dicha carta:
Agosto 1815
Al señor don Andrés Artigas, comandante general de las Misiones.
...
Si el comandante Mandure prendió al indio Pintos, alcalde de San Gregorio, fue sin mi consentimiento, y sin saber lo que ha hecho. Por lo mismo, he mandado que regrese dicho Pintos a su pueblo, con el empleo que antes tenía.
Con esta fecha escribo igualmente al comandante Mandure para que en los sucesivo no se entremeta en la jurisdicción de usted, y que, si algo tuviera que decirle, le escriba, para que con conocimiento de usted, se haga cualquiera indagación o reclamo. El es únicamente comandante de su pueblo y nada tiene que hacer en los demás, después que he puesto a cargo de esas Misiones. No crea usted que nadie sea capaz de prevenir o sorprender mi juicio sobre este particular, ni permitiré que su autoridad sea ultrajada. Lo que interesa es que usted se porte como hombre de bien, que castigue a los delincuentes y premie a los virtuosos. Que llene la justicia rectamente sin atender a empeños ni pasiones, que mire por los miserables, que los trate con amor, para que de ese modo se haga obedecer y amar.
Saludo a usted con todo mi afecto.
Cuartel general 27 de agosto de 1815.
José Artigas


miércoles, 10 de febrero de 2016

Una de las primeras batallas del ejército artiguista multi-étnico afirmando la consolidación del movimiento revolucionario en la Banda Oriental del Uruguay.
"En las cuchillas al norte de Piedras todos se preparan.
Estacas de sauce, cuchillos enastados, macanas de coronilla, lanzas de tacuara, unos pocos fusiles obtenidos a los españoles en Mercedes y San José, buenos jinetes, mucho odio acumulado, fervor por los nuevos tiempos que se avecinan , la indiada y el gauchaje están 
listos para la lucha. Allá atrás, en la memoria, quedan los recuerdos de tantas humillaciones y derrotas. Desde aquella gran masacre de Caibaté, la esclavitud a manos de los bandeirantes, las persecuciones permanentes, las continuas y arbitrarias asignaciones de tierras criollas a españoles y extranjeros, las expulsiones injustificadas que habían regado de taperas el paisaje, el hambre en la tierra de la abundancia.
Por fin había llegado la hora. Todo estaba pronto para comenzar la gran batalla. Finalmente, tapes, charrúas, negros y mulatos podían pisar firme en esa tierra que era la suya por derecho de tanto sufrir en ella. Gritos en guaraní sirven de fondo para la pelea. Hay sangre charrúa en aquel jinete de vincha blanca listo para bolear, el indio chaná a quien le dicen Isidoro viene revoleando una macana de madera dura, el brasilero Da Costa es más gaucho que los gauchos y está listo para demostrarlo, el negro Tomás enasta su estaca de sauce. Se escucha una maldición en español."¡Carajo!" dice Don José, y luego ¡Jaha perupi! y todos se lanzan al ataque."

Del libro "Piriguazú" de D.Anton, 1995
Monumento erigido en la ciudad de Las Piedras en homenaje a la Batalla de Piedras