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sábado, 17 de noviembre de 2018


Sequìa en un mundo de agua
Vivimos en un mundo de agua
Es el único planeta conocido que está cubierto de una capa acuosa líquida. Océanos, ríos, lagos, humedales, nubes, la mayor parte de sus rasgos superficiales están constituidos por agua.
La vida misma, cuya presencia es intrínseca de La Tierra, se forma, desarrolla y existe merced a la presencia de este líquido imprescindible.
Desde el espacio o desde las profundidades de su envoltura gaseosa, éste es un mundo de agua.
Sin embargo, a pesar de la abundancia global, los seres humanos estamos teniendo problemas de escasez de agua, cada vez más frecuentes, cada vez más intensos, cada vez más devastadores.
Las sociedades contemporáneas están sufriendo una nueva sequía global, y ella no se debe ni a la falta de lluvias, ni al menor caudal anual de los ríos, ni a la ausencia de acuíferos.
Por el contrario, los estudios climáticos muestran una tendencia promedial al incremento de las lluvias. Los flujos fluviales se han vuelto más irregulares pero no han disminuido. Y el balance total del agua subterránea tampoco ha cambiado significativamente.
Muchos científicos piensan que el mundo se está haciendo más húmedo, y que debido al efecto invernadero, están aumentando la evaporación, la cobertura nubosa, y por ende, las precipitaciones.
Paradójicamente, en ese marco de creciente pluviosidad, las sociedades están teniendo problemas con el líquido vital: la sequía en el mundo del agua. Si bien el agua existe, no está donde se la necesita. Y cuando se la encuentra, su calidad degradada la hace inutilizable. 
Las regiones semiáridas están cada vez más secas. Todavía llegan las masas de aire de procedencia oceánica, cargadas de humedad, pero la ausencia de cobertura vegetal ha reducido la evapotranspiración, y por lo tanto, disminuyó la formación de las nubes potencialmente productoras de lluvia durante los períodos de sequedad. 
Al calentarse los mares se acelera el motor climático generando sistemas más numerosos e intensos, que intensifican los procesos erosivos y las inundaciones catastróficas. Al mismo tiempo se desecan los suelos y desaparece la húmeda película de vida que sirve de apoyo a las plantas y animales. 
Incesantemente se desarrollan nuevos eriales cada día. Los episodios de sequía se extienden más y más en el tiempo. Los agricultores y criadores de ganados, que desde tiempos antiguos produjeron los alimentos que nutrieron a pueblos y ciudades, están pasando a ser los habitantes empobrecidos de los nuevos desiertos, que sólo originan polvo y migrantes hambrientos.
Mientras los antiguos paisajes húmedos se secan en las zonas rurales, las grandes ciudades se dedican a vaciar o degradar los ríos, los lagos y los acuíferos. Las aguas son desviadas, acumuladas, desparejamente distribuidas y pesadamente contaminadas por los monstruos urbanos que no cesan de crecer. Se ha generado una concentración patológica de la demanda y por ende no hay suficientes recursos para satisfacerla. Precisamente, son esas mismas zonas urbanas las que más degradan el recurso. No sólo consumen mucha agua, sino que además la devuelven a los sistemas naturales en malas condiciones.
Las sociedades contemporáneas están alienadas. Los humanos ya no se sienten parte del ambiente. El agua, base de la vida, de los ecosistemas, de los ciclos naturales terrestres, ha pasado a ser, tan sólo un recurso. Y un recurso devaluado.
Al secar los lagos, ríos y acuíferos estamos secando nuestras propias vidas. Al degradar el agua, estamos contaminando el futuro. La sequía que estamos creando es voluntaria. El Mundo de Agua está aún aquí, con nosotros. Si aprendemos a comprenderlo y respetarlo, todavía podremos sumergirnos en él para vivir plenamente en el futuro. 
Introducción al libro "Sequìa en un mundo de agua", D.Antón, Piriguazú Ediciones

martes, 17 de noviembre de 2015

Tajamares de recarga serían la  solución para evitar efectos de la sequía en Uruguay

Danilo Antón

Periódicamente el Uruguay atraviesa períodos de sequía que tienen que ser prevenidos para asegurar la continuidad de la producción y la persistencia de los manantiales naturales y niveles fréaticos y piezométricos.
Para combatir la sequía existen una serie de medidas que se pueden adoptar, de las cuales en nuestro país varias ya se encuentran en ejecución. Entre ellas se puede mencionar la existencia de represas, algunas que se utilizan específicamente para riego, como es el caso de la represa de India Muerta, otras para el abastecimiento de agua, como la de Cuñapirú o la Cuenca del Santa Lucía en Minas.
Además, existen tajamares que son pequeñas represas que se instalan en diversos sitios del territorio. Su fin es retener el agua en superficie, formando pequeños lagos que son utilizados cuando hay escasez de agua. Si se trata de sequías muy extensas en el tiempo, estos tajamares se secan, por lo que no son la mejor solución al problema.
La tercera opción de reserva de agua, segura y complementaria de las anteriores, es el manejo de las cuencas hidrogeológicas o de los acuíferos.
En Uruguay, existen acuíferos regionales, como el Acuífero Guaraní, el Acuífero Raigón y el Acuífero Litoral, los cuales debido a su tamaño no se ven afectados por las sequías.
Además, existen cerca de un centenar de pequeños acuíferos que incluyen algunos periféricos de los acuíferos regionales. El objetivo es identificar estos pequeños acuíferos que alimentan a los manantiales, para asegurar que siempre cuenten con agua. Estos acuíferos, si no cuentan con recarga suficiente pueden bajar sus niveles de agua y provocar que manantiales y cañadas se sequen.
Es necesario asegurar la recarga de los acuíferos, influyendo para que el agua que se infiltra sea mayor al agua que corre y evitar que se pierda en el mar. Para lograr este objetivo se propone instalar tajamares de recarga, pequeñas represas de agua, las cuales se diferencian de los tajamares de almacenamiento en que los últimos sólo reservan agua en la superficie, con la desventaja que se trata de agua que fácilmente se evapora y contamina.
En cambio, los tajamares de recarga promueven la infiltración y nutren a los acuíferos. Para permitir la infiltración del agua, es necesario ubicar el tajamar en la ladera de la cuchilla orientada hacia los manantiales de cañadas y arroyos
Asimismo, otra ventaja de los tajamares de recarga, es que son mucho más pequeños y fáciles de construir que los tajamares de almacenamiento. No es necesaria una gran inversión, medios técnicos o personal capacitado para su construcción. Su construcción es similar a la de los tajamares de almacenamiento, la diferencia radica en su ubicación y su tamaño.
En nuestro país aún no se instaló este procedimiento de recarga artificial como mecanismo contra la sequía, pero en varias partes del mundo ha sido utilizado exitosamente.

Antes de construir estos tajamares es necesario realizar un relevamiento de acuíferos. Actualmente están identificadas zonas donde existen pequeños acuíferos, como la zona de basalto, el basamento cristalino y formaciones sedimentarias en Cerro Largo y Rivera. Hasta ahora se conocen estas "familias de acuíferos locales" pero es necesario ubicar localmente cada uno de ellos, trabajar un área y construir los tajamares de recarga.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

El "Sistema Acuífero Litoral" de amplia utilización en la región litoral del río Uruguay (del libro  "Acuíferos de América Latina").
Danilo Antón
4.4 El Sistema Acuífero Litoral del Uruguay
El Sistema Acuífero Litoral (S.A.L.) es el más importante del valle medio e inferior del río Uruguay extendiéndose por más de 50,000 km2 en ambas bandas de este curso fluvial, aproximadamente la mitad en territorio uruguayo y la otra mitad en territorio argentino.
En Uruguay, esta cuenca sedimentaria cubre más de 20,000 km2 , sobre todo en los departamentos de Paysandú, Río Negro, Soriano y Colonia, pero también, en menor grado, en los departamentos de Salto, Flores, Durazno y Florida.
El reservorio hídrico subterráneo está contenido en varias formaciones porosas detríticas (arenosas, conglomerádicas, areno-arcillosas) de edad Cretácica Superior (tal vez los niveles superiores sean del Terciario Inferior; Ford, 1988), con un espesor que llega a más de 200 metros hacia el centro de la cuenca.
En la banda oriental del río se han definido tres formaciones constituyentes que han sido agrupadas en el Grupo Paysandú. La unidad más antigua es la formación Guichón (areniscas arcillosas) con permeabilidad baja a media, recubierta por la formación Mercedes (conglomerados, areniscas) de elevada permeabilidad, y en su parte superior la formación Asencio (areniscas, areniscas arcillosas, areniscas ferruginosas) de permeabilidad media a baja. Del lado argentino estas formaciones han sido agrupadas en una sola unidad denominada Puerto Yeruá.
En Uruguay, el Grupo Paysandú reposa sobre las coladas basálticas de Arapey y hacia el oeste está cubiertos por las areniscas limosas de la formación Fray Bentos (del Terciario Medio, y que recibe el mismo nombre en Argentina), y en las adyacencias del río Uruguay por los depósitos fluviales de la formación Salto (Formación Ituzaingó en Argentina).
El acuífero es utilizado ampliamente en Uruguay. Ello ocurre debido a su accesibilidad, los caudales elevados, y la calidad aceptable de las aguas. Su profundidad generalmente no excede los 50 metros y los niveles de las napas son también poco profundos. Los niveles estáticos llegan hasta 20 metros y los dinámicos (niverles de bombeo) hasta unos 30 metros. En Argentina su uso es menos importante.
Tan solo en los departamentos de Paysandú y Río Negro hay más de 320 pozos que explotan este acuífero con fines de abastecimiento y riego (220 pozos en Paysandú, más de 100 en Río Negro). Es de hacer notar que el acuífero subyace algunos de los suelos agrícolas más fértiles del país y por lo tanto su utilización adquiere una importancia económica singular.
La formación Mercedes, que es el principal nivel acuífero del Grupo, fue identificada por Lambert (1939) en el valle del arroyo Chileno en Durazno y definida estratigráficamente por Serra (1945) quien propuso su denominación actual.
Se trata de areniscas conglomerádicas incluyendo niveles de areniscas, con abundante carbonato de calcio, ya sea como cemento de la roca o formando lentes de verdaderas calizas. Estos niveles se transforman en estratos extensos y potentes en la parte superior de la formación (Bossi y Navarro, 1991).
Se trata de aguas dulces con porcentajes variables de sólidos disueltos. En algunas zonas sus aguas son ligeramente duras (con mayor contenido en sales), sobre todo cuando la recarga se produce a través de la formación Fray Bentos, que está cargada con importante contenido de carbonatos de calcio, De todos modos, en toda su extensión el Sistema Acuífero Litoral posee aguas de potabilidad aceptable y de allí su importancia. Debido a la cercanía a la superficie del terreno (generalmente menor a los 20-30 metros) puede existir riesgo de contaminación, sobre todo cuando subyace áreas urbanas...
No existe un plan integrado sistemático para su explotacion.
A continuación se presenta un mapa del Sistema Acuífero Litoral relacionándolo geográficamente con otros sistemas acuíferos del Uruguay. (continúa)