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martes, 25 de octubre de 2022

El ADN bacteriano puede producir señales de radio


La investigación matemática ha llevado a un nuevo descubrimiento que puede probar la teoría de que el ADN bacteriano puede producir señales de radio.

La investigación matemática, dirigida por Allan Widom de la Northeastern University en Boston, ha descubierto un posible mecanismo que permite que el ADN bacteriano produzca señales de radio. Esta prueba “teórica” explicaría los resultados obtenidos en 2009 por el profesor Luc Montagnier, biólogo y virólogo, co-ganador del Premio Nobel por el descubrimiento del virus VIH.

Los estudios de Luc Montagnier habían sido objeto de mucha controversia, y la mayoría de los investigadores negaron los resultados porque no se había encontrado una explicación del mecanismo que genera las ondas de radio, Este nuevo descubrimiento debería avivar los ánimos en este debate que aparentemente no está cerrado.

En 2009, con la publicación de dos artículos, Luc Montagnier avanzó una nueva teoría: la de las ondas magnéticas. En primer lugar, un poco de historia: una de las mayores polémicas del mundo científico la inicia un artículo publicado por el equipo del médico e inmunólogo Jacques Benveniste en la revista Nature en junio de 1988. El estudio publicado concluye que la desgranulación de los basófilos que son leucocitos en cantidades menores (1 a 2%). Tienen una activa participación en la respuesta inmunitaria, a través de la liberación de histaminaserotonina en bajas concentraciones, y otras sustancias químicas.

La desgranulación de los basófilos se activó gracias a los anticuerpos IgE que permite detectar reacciones inmunes mientras que estos últimos se diluyen hasta tal punto que, estadísticamente, ninguno está presente en la solución: este descubrimiento se denomina “memoria del agua”. La hipótesis se basa en el concepto de que el agua, una vez en contacto con las moléculas, conserva una huella de las propiedades de las moléculas, aunque estadísticamente no quedan moléculas en el agua.

Los resultados obtenidos causaron un impacto significativo y los experimentos, repetidos por otros equipos, no arrojaron resultados. En julio de 1988, luego de una contrainvestigación, la conclusión fue que: "El fenómeno descrito no es reproducible en el sentido habitual del término. No hay argumentos sólidos para afirmar que el anticuerpo en alta dilución retiene actividad biológica, y que la idea de que se pueda imprimir en el agua el recuerdo de los solutos que lo atravesaron es tan inútil como fantasiosa. . "

En 2009, Luc Montagnier también publicó artículos sobre las propiedades del agua frente a moléculas muy diluidas. Así, afirma que tras la filtración y por tanto la eliminación total del patógeno (Mycoplasma pireus) presente en la sangre de pacientes con sida, el micoplasma reaparece unos veinte días después. Luego atribuye estos resultados a la memoria del agua. Respecto a la producción de ondas magnéticas por el ADN, Luc Montagnier dice que el ADN bacteriano produce cambios estructurales en el agua, que persisten en altas diluciones y que conducen a señales electromagnéticas.

La falta de explicación de Montagnier sobre la fuente exacta de estas señales electromagnéticas reaviva la controversia sobre el trabajo de Benveniste. Luego se exilió en diciembre de 2010 en Shanghai, a la edad de 78 años, para continuar con su investigación.

Conclusión

Hoy, algunos científicos dudan del valor del estudio matemático que da una explicación a la emisión de ondas electromagnéticas por parte del ADN bacteriano, otros también cuestionan los resultados obtenidos en 2009 por Luc Montagnier. Por tanto, será necesario seguir trabajando para convencer a la comunidad científica de la memoria del agua y la emisión de ondas electromagnéticas por el ADN bacteriano. Luc Montagnier exclamó al final de una conferencia en 2007: "La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia, Carl Sagan".

miércoles, 3 de marzo de 2021

Los tejidos vivos emiten ondas electromagnéticas: los orígenes de la cultura



Se sabe que los tejidos vivos emiten constantemente una cierta cantidad de ondas electromagnéticas, generalmente de intensidad muy débil. No sabemos con exactitud que parte de la célula realiza esas emisiones, pero, de acuerdo a ciertos indicios, lo más probable es que se trate del propio ADN.

El ADN, que es la molécula orgánica por excelencia, está compuesto por una larguísima cadena helicoidal doble de bases. Una parte pequeña de esta cadena (alrededor de un 3%) contiene información genética que permite replicar células, tejidos y organismos o construir proteínas. El resto, a veces llamado, irrespetuosamente, ADN-”basura”, o “junk DNA”, por algunos geneticistas (según Jeremy Narby debería llamarse ADN-”misterio”), está formado por repeticiones cíclicas de secuencias de bases que no parecen tener sentido .
Señala el propio Narby que es probable que estas larguísimas cadenas repetitivas, con una estructura molecular casi cristalina, puedan ser verdaderas antenas de trasmisión y recepción de ondas EM. De acuerdo a esta hipótesis, los tejidos animales y vegetales generarían campos electromagnéticos débiles y complejos que serían modulados continuamente por los billones de moléculas adeénicas próximas. Para ello estas moléculas utilizarían sus segmentos trasmisores- receptores. Con el transcurso del tiempo, los organismos vivos habrían desarrollado este sistema de comunicación para alcanzar una eficacia máxima.

A diferencia de los animales que pueden utilizar métodos de comunicación dinámicos, y que por tanto tienen menos necesidad de otros sistemas comunicativos, los vegetales y otros organismos deben recurrir a sistemas de emisión estáticos. Por ello no es de extrañar que los ecosistemas incluyan un componente electromagnético complejo, proveniente de sus organismos vegetales y animales, que permite optimizar el juego diplomático de las especies que lo constituyen.
Según Terence MacKenna, nuestra especie es, en gran medida, el resultado del intercambio de influencias recíprocas con ciertas plantas que producen intensos efectos sobre la mente. Señala este autor que algunas de las sustancias contenidas en ellas tienen un efecto muy específico en las capacidades humanas. Un ejemplo es la psilocibina, un agente activo del teonanacatl y otros hongos, que “provoca un impacto profundamente catalítico en el impulso lingüístico.”.
Los individuos o comunidades que consumían el hongo lograban una mejor comunicación a través del lenguaje. Aquellos o aquellas que no lo hacían se encontraban en franca desventaja. De a poco las poblaciones consumidoras, que a su vez eran los grupos más aptos para el lenguaje simbólico, lograron una predominancia sobre las no consumidoras.
La amanita muscaria, un conocido hongo que crece en los bosques templados y fríos de Eurasia también provoca reacciones de intensa actividad y locuacidad.
La ingestión de ayahuasca (infusión de la planta amazónica Banisteriopsis caapi) produce un significante aumento de la acuidad sensorial, visual, auditiva y olfativa.
Tanto la ayahuasca como el teonanacatl y la amanita muscaria se adaptan muy bien a la fisiología humana, son relativamente inocuos y no producen adicción. En ambos casos el impacto en la psicoactividad es muy intenso, pero sus efectos secundarios son escasos y poco duraderos.
Existen numerosas especies vegetales con propiedades sicoactivas parecidas a la ayahuasca, a la amanita muscaria o al teonanacatl. Su influencia varía de acuerdo a las especies, las variedades, e incluso el lugar donde crecen. Algunas de estas plantas han sido utilizadas como fuente de conocimiento por miles de generaciones. Es probablemente a través de ellas que llegan a la conciencia individual y social ideas o información que vienen siendo procesadas y compartidas por las comunidades humanas desde tiempos muy antiguos.
Muchas sociedades tradicionales centraron sus actividades en la ingestión o utilización de estas sustancias. Esta consideración especial llevó a que se las considerara sagradas y que su uso o consumo constituyera una parte esencial de los sistemas religiosos y espirituales.
Del libro "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones
Mitos y verdades De fogón en fogón

domingo, 25 de febrero de 2018

Los tejidos vivos como emisores de ondas electromagnéticas

Se sabe que los tejidos vivos emiten constantemente una cierta cantidad de ondas electromagnéticas, generalmente de intensidad muy débil1 . No sabemos con exactitud que parte de la célula realiza esas emisiones, pero, de acuerdo a ciertos indicios,lo más probable es que se trate del propio ADN.
El ADN, que es la molécula orgánica por excelencia, está compuesto por una larguísima cadena helicoidal doble de bases. Una parte pequeña de esta cadena (alrededor de un 3%) contiene información genética que permite replicar células, tejidos y organismos o construir proteinas. El resto, a veces llamado, irrespetuosamente, ADN-”basura”,  o “junk DNA”,  por algunos geneticistas (según Narby, J., debería llamarse ADN-”misterio”5 ), está formado por repeticiones cíclicas de secuencias de bases que no parecen tener sentido3 .
Señala el propio Narby que es probable que estas larguísimas cadenas repetitivas, con una estructura molecular casi cristalina, puedan ser verdaderas antenas de trasmisión y recepción de ondas EM. De acuerdo a esta hipótesis, los tejidos animales y vegetales generarían campos electromagnéticos débiles y complejos que serían modulados continuamente por los billones de moléculas adeénicas próximas. Para ello estas moléculas utilizarían sus  segmentos trasmisores- receptores. Con el transcurso del tiempo, los organismos vivos habrían desarrollado este sistema de comunicación para alcanzar una eficacia máxima.
A diferencia de los animales que pueden utilizar métodos de comunicación dinámicos, y que por tanto tienen menos necesidad de otros sistemas comunicativos, los vegetales y otros organismos deben recurrir a sistemas de emisión estáticos. Por ello no es de extrañar que los ecosistemas incluyan un componente electromagnético complejo, proveniente de sus organismos vegetales y animales, que permite optimizar el juego diplomático de las especies que lo constituyen.
Seguramente hay muchas plantas que se han especializado en este tipo de comunicación desarrollando eficaces sistemas de trasmisión de mensajes. Estos estarían destinados tanto a individuos de la misma especie (incluyendo mensajes internos dirigidos a sus propias células) como a los organismos de especies diferentes.
La hipótesis central de nuestro trabajo es que algunos vegetales generan formas de comunicación muy especializadas o de gran fuerza que les permiten trasmitir mensajes complejos a los centros nerviosos de los mamíferos (por ejemplo, a los primates, y en particular a los seres humanos).
Ellos incluyen los mecanismos químicos, cuyo funcionamiento ha sido investigado parcialmente, y probablemente, los métodos electromagnéticos antes mencionados.  Tal vez, el efecto que las plantas psicoactivas ejercen sobre nuestro sistema nervioso sea un combinación de ambos tipos de comunicación.  Para aprehender el funcionamiento holístico de la conciencia será necesario aproximarse al tema con mucho desprejuicio y apertura mental.
Reproducido del libro "Pueblos, drogas y serpientes", D.Anton, Piriguazú Ediciones.



viernes, 7 de julio de 2017

Los tejidos vivos como emisores de ondas EM
Danilo Antón
Se sabe que los tejidos vivos emiten constantemente una cierta cantidad de ondas electromagnéticas, generalmente de intensidad muy débil1 . No sabemos con exactitud que parte de la célula realiza esas emisiones, pero, de acuerdo a ciertos indicios,lo más probable es que se trate del propio ADN.
El ADN, que es la molécula orgánica por excelencia, está compuesto por una larguísima cadena helicoidal doble de bases. Una parte pequeña de esta cadena (alrededor de un 3%) contiene información genética que permite replicar células, tejidos y organismos o construir proteinas. El resto, a veces llamado, irrespetuosamente, ADN-”basura”,  o “junk DNA”,  por algunos geneticistas (según Narby, J., debería llamarse ADN-”misterio” ), está formado por repeticiones cíclicas de secuencias de bases que no parecen tener sentido .
Señala el propio Narby que es probable que estas larguísimas cadenas repetitivas, con una estructura molecular casi cristalina, puedan ser verdaderas antenas de trasmisión y recepción de ondas EM. De acuerdo a esta hipótesis, los tejidos animales y vegetales generarían campos electromagnéticos débiles y complejos que serían modulados continuamente por los billones de moléculas adeénicas próximas. Para ello estas moléculas utilizarían sus  segmentos trasmisores- receptores. Con el transcurso del tiempo, los organismos vivos habrían desarrollado este sistema de comunicación para alcanzar una eficacia máxima. 
A diferencia de los animales que pueden utilizar métodos de comunicación dinámicos, y que por tanto tienen menos necesidad de otros sistemas comunicativos, los vegetales y otros organismos deben recurrir a sistemas de emisión estáticos. Por ello no es de extrañar que los ecosistemas incluyan un componente electromagnético complejo, proveniente de sus organismos vegetales y animales, que permite optimizar el juego diplomático de las especies que lo constituyen.
Seguramente hay muchas plantas que se han especializado en este tipo de comunicación desarrollando eficaces sistemas de trasmisión de mensajes. Estos estarían destinados tanto a individuos de la misma especie (incluyendo mensajes internos dirigidos a sus propias células) como a los organismos de especies diferentes. 
La hipótesis central de nuestro trabajo es que algunos vegetales generan formas de comunicación muy especializadas o de gran fuerza que les permiten trasmitir mensajes complejos a los centros nerviosos de los mamíferos (por ejemplo, a los primates, y en particular a los seres humanos).
Ellos incluyen los mecanismos químicos, cuyo funcionamiento ha sido investigado parcialmente, y probablemente, los métodos electromagnéticos antes mencionados.  Tal vez, el efecto que las plantas psicoactivas ejercen sobre nuestro sistema nervioso sea un combinación de ambos tipos de comunicación.  Para aprehender el funcionamiento holístico de la conciencia será necesario aproximarse al tema con mucho desprejuicio y apertura mental.

Las plantas y el lenguaje



Según MacKenna, nuestra especie es, en gran medida, el resultado del intercambio de influencias recíprocas con ciertas plantas que producen intensos efectos sobre la mente.  Señala este autor que algunas de las sustancias contenidas en ellas tienen un efecto muy específico en las capacidades humanas. Un ejemplo es la psilocibina, un agente activo del teonanacatl y otros hongos, que “provoca un impacto profundamente catalítico en el impulso lingüístico.”.
Los individuos o comunidades que consumían el hongo lograban una mejor comunicación a través del lenguaje. Aquellos o aquellas que no lo hacían se encontraban en franca desventaja. De a poco las poblaciones consumidoras, que a su vez eran los grupos más aptos para el lenguaje simbólico, lograron una predominancia sobre las no consumidoras.
Henry Munn argumentó en ese sentido en su trabajo “Los hongos del lenguaje”. Sostiene Munn:
“El lenguaje es una actividad extásica de significación. Intoxicado por los hongos, la fluidez, la facilidad, las expresiones apropiadas que uno puede desarrollar son tales, que uno se assombra por las palabras que emergen del contacto entre la intención de articulación con la materia de la experiencia. La espontaneidad que liberan los hongos no es solo de percepción, sino lingüística. Para el shaman, es como si la existencia misma estuviera expresándose a través de él..”   
La amanita muscaria, un conocido hongo que crece en los bosques templados y fríos de Eurasia también provoca reacciones de intensa actividad y locuacidad.
La ingestión de ayahuasca (infusión de la planta amazónica Banisteriopsis caapi) produce un significante aumento de la acuidad sensorial, visual, auditiva y olfativa. 
Tanto la ayahuasca como el teonanacatl y la amanita muscaria se adaptan muy bien a la fisiología humana, son relativamente inocuos y no producen adicción.  En ambos casos el impacto en la psicoactividad es muy intenso, pero sus efectos secundarios son  escasos y poco duraderos.
Existen numerosas especies vegetales con propiedades sicoactivas parecidas a la ayahuasca, a la amanita muscaria o al teonanacatl. Su influencia varía de acuerdo a las especies, las variedades, e incluso el lugar donde crecen. Algunas de estas plantas han sido utilizadas como fuente de conocimiento por miles de generaciones. Es probablemente a través de ellas que llegan a la conciencia individual y social ideas o información que vienen siendo procesadas y compartidas por las comunidades humanas desde tiempos muy antiguos. 
Muchas sociedades tradicionales centraron sus actividades en la ingestión o utilización de estas sustancias. Esta consideración especial llevó a que se las considerara sagradas y que su uso o consumo constituyera una parte esencial de los sistemas religiosos y espirituales. Siguiendo la terminología utilizada por Jacques Mabbit, las denominamos “Plantas Maestras”.
De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones