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viernes, 15 de enero de 2016

Europa está situada al este
Los invasores llegaron de Oriente
Los invasores europeos que llegaron a tierras amerricanas provenientes del Oriente, acostumbraban llamarse a sí mismos “occidentales”. Es una vieja historia que había tenido lugar hacía más de un milenio. Cuando el Imperio europeo de los Romanos se dividió en dos, a la mitad del Este se le llamó Oriente, y a la del Oeste, Occidente. En esa época, los europeos del oeste pensaban que ellos eran los pueblos más occidentales del mundo. Por esa razón y algunas otras que sería largo de enumerar aquí, los europeos del oeste acostumbraron a llamarse a sí mismos “occidentales”.  Pero no era cierto. Mucho más al oeste, lejos, en la dirección del sol poniente, del otro lado del océano, existían cientos de naciones más antiguas que las propias naciones europeas. Los europeos no lo sabían, pero en el Occidente remoto y verdadero existía un enorme continente amistoso y pródigo:  Amerrique
Aún subiéndose en las cimas de las montañas más altas de Haití o de Cuba  no es posible divisar la orilla oriental del Mar-Océano. Durante largo tiempo la mayor parte  de los pueblos que habitaban las costas de  Amerrique no se  preocuparon por la posible existencia de otras gentes del otro lado de las aguas. Probablemente porque no pensaban cruzar los mares para ir a encontrarlas. Por muchos años, tal vez más de trescientas treinta y tres generaciones, amerricanos y europeos permanecieron aislados con escasos o nulos contactos entre ellos.
Pero una noche de otoño, en el archipiélago amerricano de los lucayos, los pobladores isleños percibieron la aparición de tres grandes canoas, muy diferentes de las conocidas, de donde desembarcaron extraños hombres, con raras vestimentas e incomprensible lenguaje.
Los recién llegados venían de un continente que estaba más allá del mar, hacia el Oriente, al que llamaban Europa.
El verdadero Mundo Occidental es Amerrique. El continente del águila, del tucán y del cóndor. La tierra del avatí, del frijol y la mandioca, gran país de llamas y guajolotes, hogar de antiguas naciones sabias y prósperas, poblado de dioses poderosos y espíritus imprescindibles.  A pesar de que los europeos, y mucha gente que no lo es, afirman que Europa es el Mundo Occidental, esto no es exacto. Para los pueblos amerricanos, Europa está en la dirección adonde sale el sol. Las naves de los invasores vinieron del Levante. Hacia el Levante llevaron oros y riquezas.
El Nuevo Mundo no es nuevo. Es viejo. Es tan antiguo como el conocimiento de la naturaleza que lo impregna.  Es un continente en donde han coexistido por mucho tiempo una enorme diversidad de pueblos. Durante siglos y milenios las mujeres y los hombres amerricanos aprendieron a través de innumerables experiencias y los ancianos les enseñaron muchas cosas a los jóvenes.
Este mundo antiguo de occidente es la gran Tierra-Madre para todos sus pueblos. Está hecha de infinitos lugares y de tiempos. En sus paisajes se respira el pasado en cada brisa. Los jóvenes de hoy y los de antes conviven en la Tierra de los Muchos Nombres. Es la Isla Tortuga, la  Tierra-donde-sopla-el-viento, Abya Yala,  hogar de los  qwani y los  kurupí,  la ñuke-mapu de los pueblos del Sur.  Amerrique de siempre.
De "Amerrique, Huérfanos del Paraiso", Danilo Antón, PiriGuazú Ediciones

miércoles, 13 de enero de 2016

Las indígenas NO son sujetos de derecho

Hoy en América hay más de 40 estados independientes pero ni un solo pueblo nativo ha podido conservar su soberanía.

Hoy podemos apenas darnos cuenta hasta que punto hemos llegado. Los estados territoriales criollos se han estabilizado, están  legitimados globalmente, nadie osa contestar sus soberanías. El gobierno de Canadá está autorizado por las sociedades de naciones para hablar en nombre de los inuit o de los haida, el gobierno de los Estados Unidos puede afirmar con orgullo que el antiguo país cherokí está ahora dividido en estados y condados, al igual que las tierras ancestrales de los cheyennes, los lakotas o los iroqueses. Con el antiguo nombre de México, que disimula la realidad opresiva que lo caracteriza, los descendientes ideológicos de los imperialistas españoles controlan la economía y la cultura, manteniendo en el ostracismo a las numerosas Primeras Naciones del país. Se habla aún nahuatl pero su uso está relegado a los sectores más aislados y pobres de las mesetas mexicanas. Los mayas de Chiapas y Yucatán siguen sufriendo discriminación, viviendo un prolongado exilio en su propia tierra. Otros mayas, juntos con lencas y guaymies permanecen ignorados y relegados en varios pequeños países, antiguas provincias coloniales españolas, sin que se reconozca sus nacionalidades como tales.
Las culturas nacionales del Alto Orinoco, jibi, yekwana y yanomami, entre otras, se defienden del carácter agresivo de la nueva colonización que sigue sin respetar los derechos de la gente. La Amazonia es un teatro de avances imperiales disfrazados de “crecimiento económico”. ¿Quien otorgó el derecho a destruir la naturaleza amazónica y a sus habitantes a los estados territoriales que se llaman Brasil, Peru, Ecuador, Bolivia, Colombia, Venezuela, Guyana y Surinam?
La respuesta es sencilla: nadie que tenga potestades ni calificaciones para hacerlo.
El control de estos territorios se basa solamente en la fuerza bruta que las naciones imperiales europeas ejercieron por siglos por su propia decisión y arbitrio. Hoy estos estados-territoriales son simplemente herederos de aquella historia de atropellos. España, Portugal, Inglaterra, Francia y Holanda invadieron, ocuparon, esclavizaron, mataron, violaron, robaron y luego establecieron sistemas legales basados precisamente en ese atroz legado de violencia y desrespeto.
Introdujeron la propiedad de la tierra, pero no se la permitieron a los pueblos nativos que hacía milenios que la poblaban. En cambio, se dedicaron concienzudamente a  repartirla entre ellos mismos, eliminando sistemáticamente a sus legítimos ocupantes o simplemente forzándolos a permanecer como mano de obra esclava en las nuevas encomiendas, plantaciones,  haciendas y  minas. La mayoría de los propietarios actuales de las tierras americanas basan su derecho en este origen fraudulento.
Junto con la tierra, los invasores se apoderaron de la fuerza de trabajo de los pueblos autóctonos. Estos, que vivían en una situación de libertad, fueron forzados a servir a los tiránicos amos extranjeros. Muchas de estas naciones disfrutaban de una amplia libertad individual desconocida en Europa. En pocas décadas la dominación foránea habría de terminar con ella.

Nosotros nacemos hermanos libres y unidos, cada uno es tan señor como el otro, mientras que ustedes son todos siervos de un solo hombre. Yo soy el amo de mi cuerpo, dispongo de mí mismo, hago lo que deseo, soy el primero y el último de mi nación.... sujeto tan solo al Gran Espíritu 1.
1 Explicación que diera un hurón al Barón de Lahontan, referida por J.Weatherford, Indian Givers, p.123

De Amerrique, los Huérfanos del Paraiso, Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

lunes, 28 de diciembre de 2015

América, la mayor biodiversidad natural y cultural del planeta
D.Antón
América es un gigantesco territorio de 42 millones de kilómetros cuadrados. Es además la masa terrestre más húmeda del planeta. En él cae un volumen de precipitaciones mayor que en cualquier otro continente.

Por esa razón, su territorio era, y en gran medida aún es, el más boscoso. En tiempos anteriores a la invasión colonial, las formaciones arbóreas naturales cubrían más de 10 millones de kilómetros cuadrados, una cantidad superior a las áreas sumadas de los bosques europeos y africanos. En él los desiertos sólo abarcan un 15% de su superficie, unos 5 millones de kilómetros cuadrados, bastante menor que los 10 millones de los desiertos africanos, y los 8 millones de las zonas áridas asiáticas.
América se extiende latitudinalmente desde el Artico a los bosques australes, pasando por extensísimas selvas tropicales. Abarca alternadamente zonas húmedas y secas, llanuras, cordilleras, glaciares y ríos. Es en ese marco de variaciones ambientales extremas que se ha desarrollado su enorme biodiversidad. Sus ecosistemas albergaban, y aún albergan, más de la mitad de todas las especies vegetales y animales del planeta, y en ellos, probablemente, está contenida la mayor biomasa.
Debido a esa gran biodiversidad y productividad, América estaba llamada a transformarse en un hábitat ideal para los primeros grupos humanos que llegaron a sus costas, tal vez hace más de 30,000 años.
Los recién llegados comenzaron a familiarizarse con los ambientes nuevos. Gradualmente se fueron multiplicando y extendiendo en todas direcciones.
Mientras exploraban y descubrían nuevas áreas se fueron adaptando a los ecosistemas locales. Seguramente, en algunos casos, esta adaptación habrá sido traumática tanto para los humanos como para las especies nativas que sufrieron su influencia. Muchos animales, sobre todo grandes mamíferos, que no estaban acostumbrados genéticamente a los seres humanos, esos nuevos predadorestan efectivos, se extinguieron al ser cazadas o explotadas más allá de sus posibilidades de recuperación.
Así desaparecieron los gliptodontes, los megaterios, los toxodontes, los caballos americanos y los mastodontes, entre otros. Ello ocurrió en el período que va desde las primeras migraciones (30,000 o 40,000 años) a la definitiva ocupación de todas las áreas habitables del continente (8,000 a 10,000 años antes del presente).
En los siglos y milenios que siguieron, las adaptaciones culturales se profundizaron, disminuyendo poco a poco su impacto destructivo. Las nuevas sociedades aprendieron acerca de las extrañas especies de plantas y animales, que pronto habrían de dejar de ser extrañas, y encontraron las Plantas Maestras que les habrían de ayudar, con el tiempo, a desarrollar sus sistemas espirituales, sociales y productivos.
Gradualmente crearon sistemas de relacionamiento con la naturaleza de carácter sostenible, prácticas agricolas selectivas, la pesca, la recolección y la caza, y finalmente lograron conocer en forma detallada y precisa las utilidades de las diferentes variedades de animales y plantas.
A la vez adoptaron sistemas ideológicos y espirituales profundamente combinados con los sistemas naturales asegurando la interrelación entre los comportamientos sociales y los procesos de la naturaleza. Algunos pueblos tuvieron dificultades para lograr dicha armonización y desaparecieron. Los que sobrevivieron, lo hicieron porque lograron establecer cosmovisiones y sistemas productivos equilibrados.
Visiones de luces en el Gran Continente
Durante su exploración de la naturaleza, los pueblos nativos encontraron plantas psicoactivas similares o incluso más poderosas de las que existían más allá de los mares.
La búsqueda chamánica les permitió avanzar más rápido y así encontrar las principales Plantas Maestras que había en la nueva tierra.
No sabemos cuántas ni cuáles.
Tan sólo conocemos unas pocas, aquellas que continuaron utilizándose luego de la invasión europea.
Hoy, algunas de ellas han sido desnaturalizadas y su uso perdió la fuerza positiva que tenía otrora. Debido al avance de la sociedad de dominación, su consumo o el de ciertas sustancias obtenidas a partir de ellas, terminó transformándose en vicio. Los habitantes de las sociedades industriales urbanas americanas desguarnecidas y empobrecidas, sufren su carencia de contactos con el vegetal.
Sin embargo, aún hoy, en muchas sociedades tradicionales del continente, se encuentran pueblos que periódicamente recrean las viejas visiones de formas y de luces. Y en todas partes, incluso en las sociedades más urbanizadas, tal vez por eso mismo, hay miles de personas que tratan de recorrer los antiguos caminos, buscando las visiones necesarias para que la vida valga la pena ser vivida.
Una diversidad de plantas cultivadas
Los pueblos americanos utilizaron y cultivaron muchas plantas. Gran parte de los cultivos que existen en el mundo provienen de plantas domesticadas en América: el maíz, los zapallos y calabazas, los frijoles, la papa, la mandioca o yuca, el boñato o camote, la quinoa, el cacao, el chile, la piña, el tomate, la piña, la guayaba, la fresa, el maní o cacahuate, el algodón, el caucho y muchas otras.
Además de las plantas de alimentación o de utilización habitual en la vida diaria, las sociedades de América identificaron y desarrollaron el cultivo, recolección y/o el consumo de numerosos vegetales psicoactivos. Algunos de los más conocidos son el tabaco, utilizado en todo el continente, la ayahuasca, la coca y la aguacolla en América del Sur, y el ololiuhqui, el teonanacatl y el peyote en Mesoamérica y América del Norte.

(continúa)
De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.
Blog en inglés: 
daniloanton-en-blogspot.com

viernes, 25 de diciembre de 2015

UNA GEOGRAFÍA IGNORADA
 Danilo Antón
 Las  categorías geográficas utilizadas para subdividir, regionalizar e interpretar el continente americano se construyeron sobre criterios basados en la configuración política de sus estados-territoriales y sus límites aceptados tanto a nivel internacional como supranacional. 
Utilizando estas categorías se obtienen los llamados mapas políticos en donde se incluyen los diferentes estados reconocidos, representados por diferentes colores que dan la sensación de que realmente existente grandes diferencias más allá o más acá de las fronteras así definidas cartográficamente. Estas unidades políticas son denominados de varias maneras: países, naciones, estados-nacionales, etc, aunque nosotros preferimos obviar el término nación o nacional, dado que prácticamente ninguno de ellos reune las condiciones de unidad cultural e identidad que se considera un elemento fundamental para definir una "nación" Nosotros preferimos utilizar el término "estados-territoriales", pues de eso se trata, "estados" que controlan  "territorios".
Estos mapas de colores incluyen grandes unidades políticas como Brasil, Argentina o los Estados Unidos, que tienen superficies de varios millones de quilómetros cuadrados y poblaciones de decenas de millones de habitantes y otras muy pequeñas, de apenas unos cientos de quilómetros cuadrados y poblaciones de menos de un millón (como algunos estados-islas del Caribe).
En total hay más de 35 estados en el continente americano cuya existencia se relaciona fundamentalmente con la historia de su colonización por las potencias europeas, modificada por acontecimientos geopolíticos posteriores. Del total de estados del continente hay 18 que surgieron de la subdivisión del imperio colonial español, y por tanto utilizan el idioma español como lengua oficial, hay un gran estado de lengua portuguesa (Brasil) que ha heredado los territorios coloniales portugueses indivisos. A éstos hay que agregar varios estados de lengua inglesa, dos de los cuales (los Estados Unidos y el Canadá) poseen dimensiones subcontinentales y el resto son unidades políticas mucho menores (p.ej. Guyana, Trinidad y Tobago, Jamaica y otras islas más pequeñas) y un par de estados territoriales relacionados con la antigua colonización francesa (Haití) y holandesa (Surinam).
Además de la explicación histórica que permite entender porqué surgieron los diferentes estados, no es fácil encontrar una lógica que nos habilite para justificar ecológica, social, cultural y/o geográficamente la existencia, validez y legitimidad esencial de los mismos. Por ejemplo, ninguno de estos estados tiene una lengua propia que los diferencia de sus vecinos. Como mencionábamos antes, en casi todos ellos, el idioma nacional es un idioma extracontinental, que además es compartido por varios otros estados del propio continente americano. Apenas un retazo de viejos imperios desmenuzados por los avatares de la historia.. Desde el punto de vista socio-cultural antes señalado es difícil reconocer diferencias de tal magnitud como para justificar la existencia o validez racional de la mayoría de los llamados países independientes. Son obvias las semejanzas entre Argentina y Uruguay, Perú y Bolivia, Colombia y Venezuela, los estados de América Central entre sí, las islas de habla inglesa del Caribe, etc. Tampoco hay grandes diferencias en los espacios físicos o ecosistémicos. El territorio de la selva amazónica es compartido por 8 estados-territoriales (Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam) y una colonia (Guianne Française). El Chaco está compartido por Bolivia, Paraguay y Argentina. La cadena andina recorre siete estados (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia, Argentina). De todo ello se desprende lo dicho anteriormente: los estados americanos no tienen fundamentos sólidos desde el punto de vista físico-ecológico o cultural, y solo pueden ser explicados como un producto circunstancial (pero duradero) de las divisiones y subdivisiones de los territorios de los imperios europeos. En otras palabras, los estados sustituyeron a las antiguas provincias coloniales representanto una continuación de las viejas divisiones administrativas, y a partir de su independencia trajeron consigo el bagaje político, militar, social y adminnistrativo de sus imperios originarios.
A pesar de ese origen eminentemente administrativo y burocrático estos estados han sido legitimados por los poderes mundiales desde que lograron sus respectivas independencias. Fueron autorizados a firmar tratados, a concurrir a conferencias internacionales y a participar en los foros continentales y mundiales sin que se discutiera su legitimidad.
Para "justificar" como tales, estos estados han buscado desarrollar una cultura "patriótica" legitimadora. Esta es una elaborada versión de las circunstancias de sus orígenes en un marco "patriótico". Se sanitizó la historia, se crearon héroes y anti-héroes, himnos, escudos y banderas. Luego de 180 años de evolución "independiente los estados territoriales han impuesto una legitimidad irrecusable.
Sin embargo, a pesar de esta consolidación evidente, la realidad profunda es muy distinta. El objetivo de este trabajo es precisamente llamar la atención sobre la flagrante incorrección de un enfoque que solo tiene en cuenta estos estados ignorando las otras (verdaderas) y antiquísimas naciones del continente, mucho más enraizadas en ambientes y territorios y por ende con una legitimidad que no requiere de la invención de símbolos artificiales, ni de falsos patriotismos.
En primer lugar, América estuvo ancestralmente poblada por numerosísimas naciones de variados tipos y tamaños desde tiempos inmemoriales. Estos pueblos ocupaban territorios propios y poseían culturas claramente diferenciables de sus vecinos: lenguas y religiones, prácticas culturales y productivas y otras características
Una estimación conservadora permite situar el número de Primeras Naciones americanas a la época de la llegada de los europeos en una cifra superior al millar. Algunas de estas naciones eran muy numerosas, con poblaciones de varios cientos de miles de habitantes o millones: quechuas, aymaras, taínos, mapuches, iroqueses y otros poseían todos complejas culturas muy antiguas, que ocupaban sus territorios desde hacía varios siglos, e incluso milenios.
Los imperios europeos invadieron los territorios de esta naciones basados en su superior fuerza militar y "fundaron" colonias que a la postre se habrían de transformar en los futuros "países"
La invasión europea determinó la disminución rápida de las cifras demográficas. Algunas naciones fueron completamente aniquiladas (caso de los taínos en Santo Domingo) y otras vieron sus números dramáticamente reducidos. Sin embargo, a pesar de dicha disminución, muchas de estas sociedades mantienen poblaciones numerosas conservando los elementos centrales de sus respectivas culturas.
Es el caso de la grandes naciones andinas de los quechuas y aymaras que aún hoy reúnen poblaciones de varios millones cada una. Otras Primeras Naciones relativamente numerosas son los mayas, purépechas, mapuches, los nahuatl, los kuna, los guaraní, los arawak, los toba, los iroqueses, los navajos y otros.
Estos pueblos poseen su propia lengua, sus costumbres y creencias y han desarrollado prácticas productivas adaptadas a los ecosistemas existentes en sus tierras. Sin embargo, a la hora de reconocer sus derechos nacionales, políticos, civiles y religiosos las Primeras Naciones americanas son dejadas voluntariamente de lado. No hay un solo estado-territorial que coincida con ninguna Primera Nación americana. Los quechuas están en Perú, en Bolivia y en Ecuador, pero carecen de su propia expresión política. Los mapuches están en Chile y Argentina, pero su lengua no se enseña en las escuelas, habiendo perdido la mayor parte de sus territorios ancestrales hace más de un siglo. Los tobas están divididos por la frontera Paraguayo- Argentina (el río Pilcomayo) y no tienen ninguna posibilidad real de participación en la política de sus respectivos "países".
Los geógrafos debemos empezar a reconocer que al lado del mapa político oficial, existe un mapa cultural real, diferente y profundo, que incluye todas las Primeras Naciones sobrevivientes en el marco de sus territorios tradicionales.
Este mapa no está hecho. Apenas existen algunas cartas denominadas "etnográficas" en donde se incluye la localización aproximada de los pueblos indígenas o mapas políticos que reducen la nacionalidad de las Primeras Naciones a los débiles contornos de sus reservas, prácticamente indistinguibles de los límites de las grandes fazendas o concesiones mineras.
En realidad, el mapa verdadero de América está por hacerse. Este mapa ha de mostrar claramente todas las naciones de América, sin exclusiones. Debe mostrar el país mapuche. Hay todavía hoy un millón y medio de mapuches, muchos de los cuales se resisten a identificarse con los estados que los conquistaron y oprimieron: Chile y Argentina. La nación mapuche no ha podido obtener su estado. Tampoco ha logrado que se la incluya en ningún mapa. Debe mostrar el país guaraní. Existen todavía varios centenares de miles de guaraní distribuídos en varios cientos de comunidades: los m'bya desperdigados a lo largo y a lo ancho de su antiguo territorio ancestral que ahora se llama Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, los ava chiripá y los pai tavyterá/ kaiova en la banda occidental del Alto Paraná, los ñandeva y ava-guaraní en el chaco occidental. No tienen territorio, ni autogobierno, ni siquiera el derecho a viajar en su propia tierra sin los documentos que les exigen los estados que hoy ocupan sus antiguos territorios. Tampoco hay un mapa que incluya a la antiquísima nación de los tobas, emparentada con los mocovíes actuales y con los desaparecidos (?) abipones y charrúas. Ningún mapa nos muestra donde está la nación de los quechua. Su antiguo territorio: el Tahuantisuyu, hoy está pintado de varios colores correspondiendo a varios países que se llaman: Perú, Bolivia, Ecuador, Chile, Argentina. Tampoco aparece la nación aymara, cuyos representantes han quedado divididos en tres países (Perú, Bolivia y Chile) por sendas fronteras artificiales. Lo mismo se puede decir de los arawaks y caribes desperdigados a lo largo de las selvas desde los chaná del sur (terena y guaná) hasta los guajiros del norte de América del Sur.
Del mismo modo, no existe un mapa de América Central o Meso-América que pinte de colores el territorio de los kuna en el istmo de Panamá e islas vecinas, ni el territorio maya en Guatemala, México y Belice, ni el país de los nahuatl en el valle de México o el hogar de la nación purépecha, en el estado mexicano de Michoacán. Tampoco figura en ningún mapa político la numerosa nación de los navajos, la confederación iroquesa o la hermosa patria de los Haida, el archipiélago de Haidaway, que figura injusta y grotescamente en los mapas con el nombre irrelevante de Queen Charlotte Islands.
El nuevo mapa de colores del continente americano está pendiente. Por supuesto que están pendientes muchas otras cosas: entuertos que enderezar, derechos a reconocer, historias a revisar. Sin embargo, los geógrafos podemos y debemos cumplir con nuestra cuota parte en esta necesaria rectificación de la cultura geográfica de América. Desdibujar fronteras, pintar nuevos colores, mirar con otros ojos los viejos territorios y la naturaleza que nos rodea. Tal vez ese es el primer paso para construir la nueva sociedad en donde se acepten y reconozcan todas las diversidades.

BIBLIOGRAFÍA SINTÉTICA
Antón, Danilo, 1997, Amerrique, los Huérfanos del Paraíso, Piriguazú Edciones
Antón, Danilo, 1995, Piríguazú, Rosebud Ed. Montevideo
Antón, Danilo, 1995 Globalization and nation-states in Latin América; Presentado en el Seminario sobre Globalización en Plainfields, Vermont, Agosto 1995
Crosby, Alfred, 1988 :Imperialismo ecológico: Ed. Crítica, Barcelona
Weatherford, Jack, 1988 :Indian givers" Ballantine Books, New York
Weatherford, Jack, 1993 "Native roots" Ballantine Books, New York
Wright. Ronald, 1993 "Stolen continents", Penguin, 1993, Toronto

Blog in English:    daniloanton-en.blogspot.com





















miércoles, 4 de noviembre de 2015

Los delfines del Cunucunuma      
Danilo Antón

Era una isla arenosa muy pequeña desprovista totalmente de vegetación. No tenía más de 100 metros de largo y tal vez unos 30 metros de ancho Habíamos llegado desde el río Orinoco subiendo los raudales del río Cunucunuma cuando nos agarró la noche y nos vimos obligados a acampar. Aún con la habilidad navegadora de los y’ekwana la navegación nocturna entre peñascos y rápidas se hace peligrosa. Preparamos el cazabe con pescado que traían nuestros guías y’ekwana y nos dispusimos a pasar la noche isleña. Un joven alemán que se había plegado a la excursión cuando zarpamos del poblado de La Esmeralda, por razones que ignoro, decidió dormir en un lugar menos seguro y, arrastrando su mochila, cruzó el brazo del río que nos separaba de la tierra firme para instalar su hamaca colgando de dos ramas de árboles en plena selva. Los demás, incluyendo a Cucubi, conocido con el nombre oficial de Guillermo Guevara, un líder indígena prestigioso de etnia jibi con proyección nacional en Venezuela, y varios acompañantes indígenas y criollos, preferimos quedarnos en la despejada superficie arenosa de la pequeña isla. Ya avanzada la noche y acostado sobre las arenas podía contemplar la bóveda estrellada donde brillaba la luna llena. Se escuchaban los sonidos de la floresta provenientes de las umbrías orillas selváticas.
En cierto momento en las aguas apenas iluminadas se escucharon chapoteos seguidos de débiles graznidos. Los sonidos se repetían provenientes de varios puntos del río. A veces parecían acercarse a la orilla del islote arenoso.
Al asomarme para ver el origen de los ruidos pude avistar como se perfilaba la forma breve de un hocico y un par de ojos que miraban sobre la superficie del agua. Más allá se esbozaban otros seres similares que aparentemente se comunicaban entre sí examinándonos con interés. Son los delfines rosados del Orinoco” susurró Cucubi. Volví a mirar y entonces pude distinguirlos mejor. Varias siluetas que nadaban suavemente, a veces se acercaban a la playita isleña hasta casi subirse a la línea de playa, luego se alejaban, parecían comunicarse entre sí con sus sonidos apenas audibles. Cuando se hizo el día no se les pudo ver más. Pienso que estaban allí simplemente curioseando a estos bichos raros que se habían aventurado en su territorio. Se trataba de una "manada" de delfines rosados, que habitan en la cuenca del río Orinoco y ascienden regularmente por sus afluentes, como es el caso del río Cunucunuma. Es un mamífero acuático de la orden de los cetáceos conocido localmente con los nom
bres de boto o bufeo.
daniloanton-en.blogspot.com



Fragmento del CAPÍTULO 8 del tomo 2 del libro "Crónicas de la Peripecia Humana", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.