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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Geomorfología del Uruguay: metodología e interpretación genética
Danilo Antón
1. Introducción
La geomorfología de un territorio es el resultado de varias causas, algunas internas del planeta (p.ej. tectonismo y vulcanismo) y otros derivados de elementos externos, en particular la evolución del clima a lo largo del tiempo.
La persistencia de un tipo climático da lugar a un cierta modalidad de morfogénesis y cuando se produce un cambio climático también se modifican los procesos morfogenéticos. En el caso del Uruguay, en la historia geomorfológica han actuado dos sistemas de morfogénesis principales con un impacto muy diferenciado sobre la formación del relieve: el sistema morfogenético árido y el sistema morfogenético húmedo. El sistema árido, caracterizado por ausencia de vegetación, escurrimiento torrencial e intensa erosión en las laderas, da lugar a relieves irregulares y aplanados en los interfluvios, amplios valles e importantes acumulaciones sedimentarias en las cuencas. El sistema húmedo, en cambio, da lugar a una cobertura vegetal contínua, infiltración predominante, pedogénesis generalizada, escurrimiento freático e hipodérmico, ríos libres de sedimentos, caudales fluviales regulares y erosión en los cauces. La interferencia periódica de ambos sistemas da lugar a dos tipos de lechos, un lecho menor asociado al funcionamiento “húmedo” del sistema y un lecho de crecientes o mayor cuando la cobertura vegetal no alcanza para posibilitar la infiltración de las lluvias instantáneas (funcionamiento árido). La interferencia geológica genera relieves escalonados donde los aplanamientos y terrazas reflejan los períodos áridos y los escalones (o entalles) la existencia de un clima más húmedo en el pasado.

2. Marco estructural y tectónico de la geomorfología uruguaya
2.1 El Escudo Brasilero
La geomorfología del territorio uruguayo está modelada en el extremo meridional del cratón generalmente denominando “Escudo Brasilero”, y más particularmente sobre los bloques de la Isla Cristalina o Escudo Uruguayo- Riograndense (EURG).
Esta Isla Cristalina aflora en la mitad sur del Uruguay y en el sur-suroeste del Estado de Rio Grande do Sul en Brasil.
Al igual que el Escudo principal, el Escudo Uruguayo-Riograndense está hundido en forma escalonada en dirección noroeste y oeste, hacia la llamada Cuenca Paranaense, y elevado en su extremo sureste. A partir de allí, en la zona de contacto con los fosas tectónicas de la Plataforma y oceánicas se hunde abruptamente generando una escarpa cercana y paralela a la línea costera.

2.2. La escarpa costera
En el Uruguay, el Escudo (EURG) también se encuentra elevado al sureste pero las diferencias de nivel con relación a las llanuras costeras son sensiblemente menores (300 a 500 metros). La disección de esta escarpa generó una zona con importante energía de relieve que a los efectos de este trabajo denominaremos: “Serranías del Mar Uruguayas”. La escarpa original fue degradada por procesos erosivos en tiempos Cenozoicos. Como resultado de esta evolución erosiva prolongada el frente de escarpa se encuentra fraccionado.
En la actualidad, la escarpa es visible por trechos, particularmente en el contacto con algunas zonas tectónicamente subsidentes como por ejemplo en el límite este de la fosa de Santa Lucía, en el límite del bloque elevado de la Sierra de Ánimas.

2.3 La escarpa basáltica de Haedo
Los bloques cristalinos del territorio se encuentran hundidos e inclinados hacia el noroeste hasta profundidades de 2,000 metros en la zona de Salto y Bella Unión.
El borde oriental del basalto sufrió importantes procesos erosivos que afectaron especialmente a los materiales arenosos y friables de la subyacente formación Tacuarembó. Las formaciones basálticas que son mucho más resistentes, se expresaron geomorfológicamente como una escarpa enfrentada al este y con dirección general norte-sur. Es la llamada escarpa de Haedo o escarpa basáltica de Haedo.
Las diferencias de nivel de esta escarpa con los terrenos arenosos del pie de monte son del orden de 200 a 300 metros (con pendientes de 2-4 %).

3. Testimonios de antiguas fases áridas: los interfluvios aplanados
Uno de los rasgos geomorfológicos principales del relieve uruguayo es la presencia generalizada de interfluvios de cima aplanada que se consideran asociados a prolongados períodos de aridez durante el Cenozoico.
Ellos son particularmente notorios en el Norte del país, en el área basáltica, en donde la estructura horizontal o casi-horizontal de las sucesivas coladas facilita su conservación.
En otras regiones, si bien con menos nitidez, estas superficies planas o suavemente onduladas de interfluvios son también muy frecuentes, adquiriendo expresiones importantes en la Cuchilla Grande Principal y en la Cuchilla Grande Inferior.
Las características básicas de los aplanamientos de interfluvios son los siguientes:}
1. Se dan sobre rocas de diversa naturaleza: granitos, migmatitas, ectinitas, riolitas, basaltos, areniscas, etc.
2. La superficie es rara vez plana. En general, presentan un relieve suavemente ondulado, aunque siempre claramente contrastante con las laderas de los valles vecinos.
4. En los aplanamientos más elevados las formaciones superficiales son poco potentes (rara vez más de dos metros) presentando además granulometrías variables. En los niveles más bajos la potencia puede ser mayor.
5. Normalmente se asocian a estas superficies (especialmente en los niveles más elevados) acumulaciones de piedras angulosas, a veces formando pavimentos (p.ej. Sierra de Palomeque).y mucho más raramente cantos rodados. En los niveles intermedios y bajos se presentan en forma de conos de deyección (p.ej. los abanicos aluviales de la formación Malvín), de terrazas (formación Salto) o rampas suaves más o menos onduladas (lodolitas de las cuencas de Santa Lucía y Laguna Merín).
6. En las superficies medias y altas los suelos son predominantemente superficiales, aunque pueden existir suelos profundos en ciertas superficies de mayor desarrollo cartográfico o sobre formaciones de alteración que las recubren. En las superficies bajas, normalmente con subsuelo lodolítico, son mucho más frecuentes los suelos profundos.
7. La presencia de suelos y paleosuelos rojos no es generalizada y parece estar ligada sobre todo a ciertos rasgos litológicos de la roca generadora (micaesquistos, basaltos). En ciertos casos se identificaron formaciones de terra rossa sobre calizas, como es el caso de algunos suelos en las inmediaciones de María Albina, en Treinta y Tres..
8. La presencia de aplanamientos es común en los interfluvios principales del territorio uruguayo (Cuchilla Grande Principal e Inferior, de Haedo) y en varios otros de carácter secundario (Cuchillas Belén, Palomeque, Villasboas, de la Casa de Piedra, etc). Estos aplanamientos que se corresponden con las zonas más altas de país presentan pocos relieves más elevados en las cercanías. Cuando éstos existen, son de muy poca jerarquía orográfica relativa.
9. Los niveles o “escalones” más bajos suelen estar recubiertos o constituidos por lodolitas de espesor variable.
10. Los aplanamientos que incluyen suelos y paleo-suelos rojos ocupan una posición topográfica más elevada que los niveles cubiertos de lodolitas.

4. Aspectos morfogenéticos
Todos los elementos mencionados anteriormente tienden a mostrar que estas superficies:
  1. son superficies originadas por erosión, tal como lo indica la inexistencia o escasez de cobertura sedimentaria,
  2. han sido elaboradas en un período de tiempo prolongado, hipótesis que se deduce de su amplia extensión en el país y la inexistencia de relieves más altos o rareza de los mismos, y
  3. se generaron en condiciones de agresividad erosiva considerable, tal como lo demuestra la eliminación de relieves pre-existentes, aún aquellos de rocas duras.
Las formaciones superficiales de granulometría variada, incluyendo niveles de piedras angulosas y cantos, apoyan dichas hipótesis.
Estas condiciones se dan en los climas áridos-semiáridos, con formación de laderas escarpadas de retroceso rápido hasta la eliminación casi completa de los interfluvios por erosión, la formación de extensas rampas (glacis de acumulación o bajadas) que incluyen delgadas láminas de depósitos coluviales y depósitos aluviales en las planicies aluviales de paleo-oueds (wadis) y “playas” (llanuras lacustres o aluviales áridas).

5. Los depósitos correlativos a los aplanamientos
Los depósitos de “playas” y planicies aluviales superiores áridas fueron, en la mayor parte de los casos, retomadas por los entalles posteriores y barridas del paisaje. Sólo se conservan algunos materiales de conos de deyección, ciertos trozos de glacis de acumulación y pedimentos, y zonas de viejos interfluvios áridos muy erosionados.
Por esta razón resulta imposible encontrar superficies perfectamente planas y son raras las acumulaciones aluviales netas. La persistencia de un clima árido dio cuenta de ellas.
La presencia de 2 o 3 niveles en varios lugares indicaría la existencia de varios períodos de aplanamiento principales con recrudecimiento de las condiciones erosivas del medio separados por fases más húmedas de entalle o por períodos de activación de los procesos de tectónica ascendente.
De la ubicación morfológica de los aplanamientos se puede inferir una antigüedad considerable de los mismos.
Una parte importante de los sedimentos erosionados en los interfluvios se depositaron en las cuencas de sedimentación deprimidas y/o subsidentes contiguas conservándose dichos depósitos como testimonios estratigráficos de los procesos morfogenéticos de las tierras altas aledañas (p.ej. depósitos de las formaciones Fray Bentos, Salto, Raigón, Malvín, etc).

6. Morfologías regionales de los interfluvios aplanados
La morfología de los interfluvios aplanados es relativamente constante; una superficie alta casi plana o suavemente ondulada, una ruptura de pendiente frecuentemente escarpada, y laderas más o menos empinadas que culminan en un thalweg de profundidad variable.
En el área basáltica, los aplanamientos pasan lateralmente a laderas escarpadas, al pie de las cuales se desarrollan rampas o glacias que hacia su sector inferior se relacionan con planicies aluviales bastantes amplias. En la región cristalina (Cuchilla Grande Inferior y Principal) existen aplanamientos estrechos y suavemente ondulados. Las nacientes de los cursos de agua que descienden desde estos interfluvios aparecen entallados formando valles fluviales profundos (en v) y quebradas, que lateralmente pasan a valles con fondo plano debido a las acumulaciones aluviales.
En el área sedimentaria gondwánica los interfluvios aplanados son poco frecuentes debido a la mayor erodibilidad de las areniscas y otras formaciones análogas. Sin embargo, en algunos lugares se las aprecia claramente (Cuchilla de la Casa de Piedra en Tacuarembó). En estas zonas las llanuras aluviales son muy amplias ocupando la mayor parte de los valles.

7. Consideraciones paleográficas y paleoclimáticas
La historia geológica de las formaciones sedimentarias del Uruguay durante el Mesozoico y Cenozoico se puede dividir en dos períodos:
a) un primer período en que dominaron los depósitos de areniscas (formaciones Buena Vista y Tacuarembó en el Triásico y Jurásico y las formaciones Guichón, Mercedes y Asencio en el Cretácico Superior) que excede la temática de esta comunicación por su menor incidencia directa en la morfogénesis (aunque su influencia indirecta es importante),
y ) un segundo período con predominio de secuencias limosas (formaciones Fray Bentos y Libertad, lodolitas de la Laguna Merín, formaciones Dolores y Sopas).
Estos dos períodos se caracterizaron por la persistencia de climas áridos y semiáridos, separados por un intervalo tropical húmedo en el Paleoceno (aproximadamente hace unos 60- 65 millones de años).
La inauguración del segundo período mencionado, con clima predominantemente semiárido, está precedida por un acontecimiento orogenético fundamental en el oeste del continente sudamericano: la elevación de la cadena andina que fue acompañada de erupciones volcánicas con emisiones de cenizas. Estas se depositaron sobretodo al pie de los volcanes y en el pie de monte de la naciente cordillera andina. Algunas fueron transportadas por los vientos hasta el territorio que hoy corresponde al Uruguay.
Esta hipótesis es refrendada por la presencia importante de vidrios volcánicos de granulometría limosa en la formación Fray Bentos (Oligocena, Miocena) y en los depósitos pampeanos pleistocénicos correlacionables con la formación Libertad.
Fray Bentos es la representante sedimentaria de un prolongado período semiárido que duró varios millones de años y que, desde el punto de vista territorial, se extendió desde el pie de monte andino hasta la costa atlántica dando lugar a enormes superficies de erosión con un área de varios cientos de miles de km2.
Similares formaciones se encuentran en la provincia de La Pampa en Argentina en las cercanías de la ciudad de Santa Rosa (formación Cerros Azules y otras).
Debido a dichos procesos, durante ese período, los relieves preexistentes fueron modelados en aplanamientos erosivos que hoy están representados, según creemos, por los aplanamientos principales de la Cuchilla Grande y cuchillas menores y el aplanamiento de Masoller en la Cuchilla de Haedo.

8. Período semi-árido plio-pleistocénico con escaso aporte de limos
Durante el Plioceno y primera parte del Pleistoceno se instauró un clima semiárido sin aporte de limos. Ello probablemente se debió a un cambio en la dirección de los vientos, a una estabilización de las zonas de origen de los mismos (debido a una humidificación climática) o la interrupción de la actividad volcánica en los Andes.
Es un período en que predominaron los niveles arenosos y gravillosos, intercalados con arcillas, indicadores de un régimen fluvial con clima semi-árido.
Este ambiente dio lugar a las acumulaciones de la formación Salto en el litoral, a la formación Raigón en la cuenca del Santa Lucía, y a la formación Malvín en el pie de monte de la Sierra de las Ánimas.
Las terrazas de la formación Salto se relacionan con los escalones erosivos en la región basáltica que denominamos “Sarandí del Arapey” que aparece como un escalón intermedio por debajo de la superficie Masoller y por encima de las planicies aluviales Sopas- Mataojo (ver más adelante).
Los depósitos de Raigón, que rara vez constituyen terrazas, se relacionan con las superficies de erosión intermedios de las cuchillas cristalinas del sur y la formación Malvín está constituida por abanicos aluviales de pie de monte a la salida de las abras de la Sierra (p.ej. Abra de Zabaleta, Abra de Castellanos).

9. Morfogénesis loésica y lodolítica del Pleistoceno Medio
Por encima de las superficies de erosión plio-pleistocénicas y de sus formaciones fluviales correlativas se depositaron formaciones limosas más o menos lodolíticas y/o loésicas.
Estos aportes se debieron probablemente a la intensificación de la actividad volcánica explosiva en los Andes, al cambio de dirección de los vientos o a la acidificación en las zonas de origen (pie de monte andino).
En principio estos limos provinieron del pie de monte andino dejando como testimonio varios pavimentos de cantos rodados, que probablemente forman parte de los llamados “rodados patagónicos”.
El nuevo influjo de limos eólicos desde los Andes cambió dramáticamente las condiciones geomórficas superficiales.
La llegada de importantes volúmenes limosos recubriendo los suelos dio lugar a la formación de fluidos de mayor viscosidad que se depositaron con poca o ninguna estratificación en las laderas y valles suavizando las aristas del relieve.
La cobertura vegetal, probablemente herbácea o de parque, dio lugar a procesos de bioturbación que borraron la estratificación remanente.

10. Morfogénesis asociada a los aportes loésicos y aluviones limosos del Pleistoceno Superior
En el Pleistoceno Superior se encuentra un conjunto de depósitos predominantemente limosos que también tienen una importante componente eólica. Pensamos que su origen está relacionado con el pie de monte de las colinas pampeanas (cerca de la ciudad de Santa Rosa en la Provincia de La Pampa, Argentina).
Allí los vientos del sudoeste levantaron las partículas limosas, dejando en el sitio los materiales arenosos bajo la forma de sistemas dunares. Los limos fueron transportados a través de la llanura platense (en ese momento casi totalmente emergida) siendo retenidos por la vegetación (probablemente con un clima de tipo sub-húmedo y/o semi-árido) en el actual territorio uruguayo y luego retransportado por el agua a las planicies aluviales donde se acumuló con espesores relativamente delgados (rara vez más de 3-4 metros). En el suroeste del país la unidad cartográfica resultante es la formación Dolores, y en el norte, la formación Sopas.

Bibliografía
Antón, D. y Goso, H., 1974; Estado actual del conocimiento del Cuaternario en el Uruguay, Dirección de Suelos MGAP, presentado en el Congreso Geológico de Brasil, Porto Alegre.
Antón, D., 1974; Carta Geomorfológica del Norte del Uruguay 1: 500,000, Dirección de Suelos, MGAP, Uruguay
Antón, D., 1974-1975 Varias Cartas Geomorfológicas Detalladas (Sa de Palomeque, Sa de Ríos, María Albina, Confluencia Yerbal- Olimar); Dirección de Suelos, MGAP, Uruguay
Antón, D., 1975 Cuchilla de la Casa de Piedra, Tacuarembó (para la Tesis de Maestría del Ing. Agr. Gustavo Saco) Dirección de Suelos, MGAP, Uruguay
Antón, D. y Prost. M.T., 1975; Carta geomorfológica de las terrazas del Arroyo Malvín, Maldonado y Carta Geomorfológica de la Cuenca del Arroyo Solís Grande, Dirección de Suelos, MGAP, Montevideo, Uruguay
Antón, D., 1997-8 Carta Geomorfológica de la Región Este del Uruguay (Probides), Uruguay
Antón, D., 2005 Informe sobre el impacto de la forestación en el Sistema Acuífero Litoral, informe para UNESCO y Dirección de Hidrografía, Uruguay.
Bossi, J. y Navarro, R.; 1991, Geología del Uruguay; Universidad de la República, Montevideo, Uruguay
Verolavsky, G., Ubilla,M. y Martínez, S. (editores), 2004; Cuencas Sedimentarias del Uruguay. Cenozoico, DIRAC, Montevideo, Uruguay


Carta geomorfológica genética esquemática del Uruguay


Columna geomorfológica genética y estratigráfica del Uruguay

Era/ período/
Época
Morfogénesis costa, cristalino
Morfogénesis en la región basáltica
Morfogénesis en la región gondwánica
Pedogénesis
Clima
Sedimentos, alteritas
Reciente
Erosión antrópica
Escasa

Escasa
Sub-húmedo
Limos aluviales, lodos litorales
Holoceno

Escasa
Entalles
Moderada
Sub-húmedo
Sed.humíferos (l.de Mosquitos)
Pleistoceno Superior
Llanuras aluviales limosas
Llanuras aluviales limosas
Erosión interfluvios, llanuras arenosas
Formación de suelos: acreción, bioturbación
Sub-húmedo a semi-árido
F. limosas de llanuras costeras y aluviales (Dolores y Sopas)
Pleistoceno Medio a Superior
Débiles entalles
Débiles entalles
Entalles
Formación de suelos
Sub-húmedo a húmedo

Pleistoceno medio


Erosión en interfluvios, formación de llanuras arenosas
Formación de suelos por acreción, procesos de bioturbación
Semi-arido a sub-húmedo
Limos eólicos y lodolitas,
formación Libertad y correlativas
Pleistoceno inferior
Entalles
Entalles, fuertes en la zona de escarpa, débiles en la cuesta basáltica

Formación de suelos profundos
Húmedo
Algunos suelos rojizos (alteritas “curupienses”)
Plioceno
Erosión en interfluvios y formación de llanuras aluviales, liberación de bochas graníticas
Formación de superficies de erosión intermedias, terrazas fluviales

Escasa
Semiárido
Formaciones arenosas y gravillosas, con niveles de arcillas (formaciones Raigón, Salto y Malvín)
Mioceno- Oligoceno
Desarrollo de superficies de erosión (C.Grande),
liberación de bochas graníticas (Sa de Mahoma)
Desarrollo de superficies de erosión (Masoller)

Escasa
Semiárido
Formaciones limosas y limo-arenosas calcáreas (formación Fray Bentos)
Eoceno- Paleoceno
Formación de suelos profundos y entalles fluviales
Entalles fluviales en la escarpa

Formación de suelos tropicales
Tropical húmedo
Alteritas del miembro del Palacio



Cretácico
Superior
Desarrollo de aplanamientos elevados expresados en niveles de cimas
Desarrollo de aplanamientos elevados (p.ej. Charqueada)

Escasa
Semiárido
Sedimentos aluviales
(f.Asencio, Mercedes, Guichón)
Comienzo de degradación de la escarpa serrana costera
Formación de la escarpa basáltica




Cretácico Medio
Formación de escarpa serrana del Sur


Indeterminada


Cretácico Inferior
Subsidencia fosas tectónicas Santa Lucía y Laguna Merín.
Efusiones basálticas

Indeterminada


Jurásico- triásico
Intensificación subsidencia Cuenca del Paraná


Escasa a nula

Areniscas eólicas, fluviales y lacunares (F.Tacuarembó)
Paleozoico
Comienzo subsidencia cuenca Paraná


Indeterminada




Geografía  del agua en el Uruguay: su función productiva, ambiental y sociali

Danilo Antón

El Uruguay es un país dotado con abundantes recursos hídricos.
Estos son ampliamente suficientes para satisfacer las necesidades de su población relativamente poco numerosa (3.3 millones) y de las actividades requeridas para la sustentabilidad económica, social y ambiental de la nación.
Esta situación privilegiada se debe a una pluviosidad relativamente elevada (promedios de precipitaciones oscilan entre 1000 y 1500 mm. por año, con fuerte tendencia al aumento), a la distribución relativamente pareja de la misma a lo largo del año, a sus niveles de humedad y evapo-transpiración moderados y a la existencia de un relieve de tipo suavemente ondulado cubierto de pasturas en casi un 90% que en general permite un drenaje suave y gradual. Debido a estas características, la red hidrográfica es moderadamente densa y ello da lugar a un buen potencial de aprovechamiento de las aguas superficiales en casi todo el territorio.
Existe un caudaloso eje fluvial (el río Uruguay con un caudal de unos 5-6,000 m3/seg) así como zonas estuáricas de extensión regional (el estuario platense, en gran medida con aguas dulces) que poseen un enorme potencial (30,000 m3/seg) para satisfacer demandas hídricas de gran volumen). A ello se agregan varias decenas de ríos (una decena de cursos fluviales mayores con caudales de más de 100 m3/seg) y numerosos ríos menores y arroyos que drenan al mar más del 30% de las aguas precipitadas.
En los cuencas mayores existen grandes embalses con fines de producción de energía (Salto Grande en el río Uruguay, Rincón del Bonete, Baygorria y Palmar en el río Negro), para irrigación (India Muerta en el arroyo del mismo nombre) y para abastecimiento (embalses en el arroyo Cuñapirú, en Rivera, en el arroyo San Francisco, afluente del río Santa Lucía, en Lavalleja, en Aguas Corrientes en el río Santa Lucía, en Paso Severino sobre el río Santa Lucía Chico, en el arroyo Canelón Grande en Canelones y otros).
Los “tajamares” o “azudes” (pequeños embalses locales), que son muy numerosos, cumplen un rol casi insustituible en muchos de los establecimientos agrícolas y ganaderos y constituyen un recurso invalorable para sostener la producción agropecuaria nacional.
Los principales acuíferos del país están contenidos en formaciones detríticas antiguas cuyos principales ejemplos son el Sistema Acuífero Litoral (edad Cretácica Superior) que se extiende desde Salto a Colonia y en el litoral entrerriano (área total 40,000 km2, de los cuales unos 20,000 km2 en Uruguay) y el Sistema Acuífero Guaraní (edad Triásica a Cretácica Inferior) con una superficie de más de 1,000,000 km2, situado en el Norte del país (más de 40,000 km2 en Uruguay), sur y centro-sur de Brasil, este de Paraguay y región mesopotámica de la Argentina.
Existen además diversos acuíferos de menor dimensión, generalmente contenidos en formaciones aluviales y costeras de alta productividad potencial y volúmenes moderados, entre los cuales se destaca el Sistema Raigón (Plio-Pleistoceno) al sur y centro-noreste del departamento de San José (2,000 km2), y acuíferos discontinuos en las regiones cristalinas y basálticas.
El S.A. Litoral se utiliza para fines agropecuarios y de abastecimiento de núcleos poblados a través de unos 300 pozos, sobre todo en Paysandú y Río Negro. El Sistema Acuífero Guaraní es aprovechado en los pozos termales de la zona termal salteña y sanducera (así como en la banda occidental del río Uruguay en Argentina), como fuente del suministro urbano en Rivera- Livramento y para el abastecimiento agropecuario en Rivera y Tacuarembó (unos 200 pozos, en general pequeños). Hay además unos 10,000 pozos extrayendo aguas del acuífero sobre todo en Brasil y en menor grado en Paraguay y Argentina).
El Sistema Acuífero Raigón, de menores dimensiones que los anteriores, ubicado en la cuenca lechera del Sur, se utiliza con fines agropecuarios y de abastecimiento urbano local en el Departamento de San José.
A los recursos hídricos anteriormente expuestos se agregan las lagunas naturales de agua dulce (p.ej. lagunas del Sauce en Maldonado y Negra en Rocha), salobres, (laguna Castillos y Rocha en Rocha, laguna Garzón en el límite entre Rocha y Maldonado, y José Ignacio en Maldonado, y la extensísima laguna Merín con aguas ligeramente salobres en la frontera oriental con el Brasil).
Desafortunadamente, los importantes recursos hídricos existentes en el país no pueden ser utilizados en forma óptima debido a que la población y las actividades industriales están concentradas en áreas muy pequeñas.
El área metropolitana de Montevideo y área de influencia con 1,700,000 habitantes, y que constituye casi el 60% de la población nacional, depende exclusivamente de una sola cuenca (la del río Santa Lucía), que se encuentra amenazada por niveles de contaminación inaceptables, debido a la falta de controles, y a la existencia de un punto de toma casi único (Aguas Corrientes). La vulnerabilidad de esta situación, acentuada por el hecho de que no hay políticas coherentes de defensa del recurso, pone al principal sistema de abastecimiento hídrico del país en una posición de extremo riesgo. Esta situación sería remediada agregando una toma de agua en la costa del río de la Plata (probablemente al suroeste de San José, sureste de Colonia, donde el agua es dulce todo el año).
Una parte considerable del resto de la población está concentrada a lo largo de la costa platense y atlántica, y a lo largo de la ribera oriental del río Uruguay, agregando mayores elementos de presión sobre los sistemas de abastecimiento y saneamiento. Debido a lo anterior, muchos de los cursos de agua en estas áreas se encuentran fuertemente contaminados aumentando los riesgos ambientales y sanitarios.
Entre los cursos de agua contaminados o amenazados de contaminación se encuentran los arroyos Pantanoso, Miguelete, Carrasco, Las Piedras, Canelón Grande y Pando, en el sur, y en menor grado los ríos Santa Lucía, San José, Yí y Tacuarembó. El propio río Uruguay, a pesar de su caudal, ha visto afectada seriamente la calidad de sus aguas debido a los aportes provenientes de la cuenca alta, sobre todo del territorio brasilero.
Parece claro que el modelo de desarrollo del Uruguay, altamente centralizador resulta insostenible desde el punto de vista de la gestión hídrica. Los problemas de concentración urbana en una sola urbe ha venido acentuándose con los años hasta llegar en la actualidad a niveles francamente patológicos.
Hasta ahora, a nivel legal, en el Uruguay, el agua constituye un recurso público que es extraído, transportado, tratado, almacenado y distribuido por el estado a través del ente público Obras Sanitarias del Estado (OSE). Algunas excepciones a este régimen se produjeron debido a la privatización de algunos servicios en Maldonado (actualmente en proceso de re-nacionalización debido al plebiscito de octubre del 2004). Hay además funcionando varias organizaciones cooperativas y vecinales que suministran agua en algunas áreas balnearias.
Hasta el presente OSE ha cumplido sus funciones en forma moderadamente aceptable, manteniéndose en el Uruguay uno de los niveles más altos de cobertura de abastecimiento de agua potable y de saneamiento de América Latina.
Si bien OSE tiene problemas relacionados con las políticas clientelistas de sus sucesivos directorios políticos, que generaron una carga presupuestal innecesaria de funcionarios contratados a menudo con propósitos exclusivamente partidarios, el núcleo vertebral de operarios técnicos y administrativos que mantiene funcionando al ente ha demostrado su eficacia a lo largo de los años.
Las aguas minerales se obtienen de diversos acuíferos de calidad variable. Las principales plantas embotelladoras de aguas rotuladas minerales están localizadas en áreas de calizas (Salus), y calizas dolomíticas (Nativa), produciendo aguas bicarbonatadas cálcicas y cálcico-magnesianas respectivamente (consideradas de alta calidad), en acuíferos fisurados del basamento cristalino (Sirte, Matutina y otras) y en el Sistema Acuífero Salto (aguas minerales de Salto, Urreta, etc).
Se puede concluir que la República está abundantemente dotada de recursos acuáticos de buena calidad, en general suficientes para satisfacer ampliamente las necesidades de la población, la irrigación agrícola, la industria y la producción de aguas embotelladas. Las principales limitaciones se relacionan con la distribución de la población que no coincide con la disponibilidad de agua en el territorio, y la insuficiencia o inexistencia de sistemas de saneamiento en muchas áreas pobladas.
La reciente concientización de la población en temas ambientales e hídricos y los cambios políticos ocurridos permiten abrigar la esperanza que gradualmente esos desafíos serán asumidos con responsabilidad y decisión.


Elaborado por Danilo Antón
Septiembre del 2005
dantonster@gmail.com

domingo, 29 de julio de 2007

La descentralización profunda y la expansión forestal
Danilo Antón
(escrito en el año 2007)
El Uruguay es uno de los países más centralizados del continente.
Tiene la mitad de la población en una ciudad. De sus 3.3 millones de habitantes, 1.6 millones viven en el área metropolitana de Montevideo.
Todos sus órganos de gobierno nacionales y entes se encuentran situados en la capital. No hay un nivel municipal de administración (1). El nivel departamental no es un verdadero nivel municipal y las juntas locales, aún las supuestamente autónomas y electivas no tienen realmente autonomía pues les falta la principal potestad: la autoridad para ser ordenadoras de gastos.
El Uruguay es el único país de mediano tamaño del continente que tiene una sola universidad pública, las sedes universitarias regionales no están descentralizadas pues están subordinadas a una autoridad central lejana (y burocrática).
El país del “interior” uruguayo se ha sumergido en una situación de subordinación y subestima que dificulta la participación de la gente en la toma de decisiones y finalmente conspira contra el desarrollo local y, consecuente e inevitablemente, con el desarrollo nacional.
Las razones de esta situación hiper-centralizada son históricas. Uruguay se inició como una “Provincia Oriental” en las Provincias Unidas y, a pesar de transformarse en estado independiente, mantuvo en gran medida la estructura político-cultural de “provincia” con una capital que controló la economía a través de su puerto.
Montevideo se erigió en puerto único, relegando artificialmente a las demás localidades portuarias, como fueron los casos de Colonia y Maldonado, que, paradójicamente, durante mucho tiempo fueron las capitales departamentales de menor población.
El ferrocarril se encargó de mantener, e incluso intensificar a través de su construcción radial, la estructura centralizada de la nación durante muchas décadas.
La red vial se construyó paralela a las vías férreas afirmando aún más esa condición.
El resultado final no debe extrañar. En el año 2006 Uruguay continúa siendo en los hechos el país más centralizado del continente.

Centralización no es sinónimo de integración

Esta centralización no implica integración. Las partes del todo uruguayo, sus departamentos, sus ciudades, sus pagos, están debilitados, vulnerables. En estas condiciones el Uruguay aparece como un conjunto de fragmentos que sólo se estructuran para extraer recursos de la gente que vive fuera de la capital.
De esa manera se terminó constituyendo lugar a una nación a medias, una nación inconclusa que tiene problemas para enfocar saludablemente sus proyectos futuros.

La expansión forestal
La revolución productiva que está comenzando en el país a partir de la expansión del complejo forestal puede proporcionar una oportunidad para comenzar a revertir el proceso.
Por un lado se puede, y se debe, descentralizar el país más allá de los discursos, y por otro integrarlo en un proyecto común respetando sus componentes territoriales y comunitarios, y alentando su participación en las decisiones políticas, económicas, sociales y culturales.
La realidad actual es favorable: las áreas de producción maderera están “descentralizadas” en los hechos.
Los principales centros forestales están en el litoral (Paysandú, Río Negro), noreste (norte de Tacuarembó, Rivera), en el centro (Durazno, sur de Tacuarembó y Oeste de Cerro Largo) y centro-este (Lavalleja, Florida, Treinta y Tres, Maldonado y Rocha).
Gran parte de las industrias forestales también aparecen en forma descentralizada cerca de las plantaciones: aserraderos en Tacuarembó, Rivera, Paysandú y Río Negro; plantas de pulpa de celulosa en Fray Bentos, tal vez Durazno-Tacuarembó.
Están instalándose y desarrollándose varios puertos de exportación (e importación de insumos) además de Montevideo, se afirma Nueva Palmira (extremo austral de una red hidroviaria), los 3 puertos de Fray Bentos (Fray Bentos propiamente dicho, Botnia, Mbopicuá), potencialmente La Paloma en la costa atlántica, y Paysandú sobre el río Uruguay, tal vez Charqueada en el río Cebollatí- Laguna Merín.
Al aparecer nuevos centros productivos (forestales, industriales) fuera (y lejos) de Montevideo, y nuevos puertos, se puede prever una reorientación de la red de carreteras y vías férreas, cosa que ya está prevista en los planes del Ministerio del Transporte y Obras Públicas.
Cuando se estabilice la situación crítica con Argentina se planteará nuevamente la construcción de un puente sobre el río Uruguay al N. de Nueva Palmira, que se agregará a los ya existentes en Fray Bentos, Paysandú y Salto.
Están dadas las condiciones para mirar al Uruguay, por fin, transversalmente.
El litoral tiene la oportunidad de desarrollar un nuevo enfoque descentralizado a partir de su nueva estructura productiva.
Paysandú, Salto, Fray Bentos, Mercedes, y más al Sur, Nueva Palmira-Carmelo e incluso Colonia del Sacramento, podrán serán los nuevos polos económicos, y deberán adquirir roles políticos (obtener poder) y culturales para llevar a la práctica el discurso descentralizador que hasta ahora no ha pasado de las palabras.
Similar desarrollo deberá darse en el noreste: Tacuarembó- Rivera, donde el complejo silvo-pastoril-agrícola-industrial podrá ser acompañado por un reconocimiento político e institucional del nuevo rol económico de la zona.
En el centro se podrá recorrer un camino análogo. Existe un proyecto para instalar una planta de producción de celulosa en Paso de los Toros- Pueblo Centenario (a partir de las plantaciones de Durazno, Tacuarembó y Cerro Largo) dinamizando aún más las vías transversales hacia Fray Bentos y Nueva Palmira.
En el este y centro-este, Lavalleja, este de Florida, Treinta y Tres, Maldonado y Rocha se podrán reorientar las exportaciones por nuevos puertos en la costa atlántica y extremo oriental del país (La Paloma en Rocha y Charqueada en Treinta y Tres) generando las condiciones para crear un nuevo polo productivo en dicha zona.

La diversificación productiva complementariaEn el resto del país, donde la forestación cumple un rol de menor magnitud, se podrá promover una diversificación que permita optimizar e intensificar las funciones productivas en otras direcciones: cultivos, ganadería, generación de energía, turismo, comercio y otras actividades del sector terciario.

El futuro
El Uruguay deberá comenzar a descentralizar las funciones del gobierno nacional: pensar en reinstalar las sedes centrales de algunos ministerios fuera de Montevideo, crear universidades públicas autónomas (que no sean meramente sucursales regionales) con sedes y facultades en otros sitios del país (p.ej. Tacuarembó y/o Rivera, Melo, Salto, Paysandú, Durazno, etc), y por supuesto crear municipios en todas las ciudades donde la población lo justifique (casos claros son Paso de los Toros, Bella Unión, Carmelo-Nueva Palmira, Las Piedras, San Carlos, Río Branco, Young, Guichón, y tal vez la propia Villa del Cerro en el Departamento de Montevideo).

Conclusión
La descentralización implica jerarquización local, auto-estima, y en definitiva, desarrollo local a partir de la soberanía local sobre el ambiente propio: lo que Artigas llamaba “la soberanía particular delos pueblos”.
Con la dinamización efectiva de todos sus componentes el Uruguay podrá finalmente lograr una integración, dinámica y saludable, en un marco de participación y verdadera democracia.
Esta es una oportunidad que deberemos aprovechar si queremos proteger el futuro. En ello nos va la vida como nación y como pueblo.

(1) Este artículo se escribió ANTES que se aprobara la Ley de Descentralización.  Estamos satisfechos que ese aspecto de administración local se vaya resolviendo.
La descentralización es cuestión de actitudes

La descentralización empieza en la cabeza de la gente. Debe partir en primer lugar de un cambio de actitud del habitante urbano con respecto al medio local. Se trata de desarrollar actitudes no centralizadas, actitudes que busquen reducir la dependencia a un mínimo. En otras palabras, la descentralización está hecha de los espacios de poder que las comunidades puedan ir creando para obtener mayores grados de libertad en la definición de sus destinos.
Estas nuevas actitudes se requieren a todos los niveles; en primer lugar de los vecinos, y en segundo lugar de las autoridades.
Por supuesto, suele suceder que quienes tienen poder se resistan a ceder ni siguiera una ínfima parcela, a pesar que hablan de descentralización, en la práctica se oponen a ella.
Por otra parte, es muy difícil descentralizar si los vecinos son dependientes. También es muy difícil descentralizar si las autoridades son burocráticas (y es muy difícil que autoridades burocráticas sobrevivan con vecinos organizados independientemente).
Sin embargo, este cambio de actitud no basta. Además se requiere un enfoque colectivo, un método, un sistema y una institucionalización que promuevan y aseguren la descentralización de la actitud y la apoyen en los hechos en cada ocasión en que se manifieste. Este enfoque/ sistema deberá además “castigar” (estimular negativamente) sistemáticamente las actitudes burocráticas para asegurar que no obstruyan los procesos descentralizadores.

Creando una conciencia barrial
Ese cambio de actitud, requiere la creación de una conciencia local colectiva que asegure a los habitantes marcos de referencia para potenciar su propia conciencia sobre el entorno. Para que ello ocurra es necesario reforzar la memoria local, crear condiciones para que se conozca la historia barrial, o, en su defecto, que se generen los elementos que aseguren su conocimiento.
Como en tantas otras cosas, el desarrollo barrial comienza por la autoestima barrial, y ésta se basa en el conjunto de los recuerdos, anécdotas y mitologías locales aceptadas y creadas colectivamente por la comunidad.
Cuando la población del barrio rearma la imagen de sí misma y de su entorno se dan las condiciones para que busque y logre una apropiación auténtica de su sitio, promueva nuevas iniciativas tendientes a mejorar su calidad de vida y se sienta en condiciones de discutir y pelear todas aquellas provenientes de esferas externas que puedan afectarlo.
En Montevideo existe una riquísima historia, muchas veces ignorada, que confiere a cada barrio, a cada lugar, raíces propias intransferibles. En algunos barrios son tradiciones afro-uruguayas, en otras son tradiciones rurales o del interior urbano, en muchos sitios hay influencias de culturas lejanas a través de poblaciones de inmigrantes. Pueden tratarse de ideas fuerza, de personajes claves, de formas de socializar, de consumir, de comer, de cantar, de bailar o de festejar ciertos días del año. Estos elementos centrales de la identidad barrial deben ser identificados y reconocidos, y a partir de la iniciativa y el acuerdo de los vecinos, promovidos como formas de fortalecer el sentido de pertenencia, la autenticidad y la auto-estima colectiva.

El vecino sabe más
El punto de partida de todo proceso de descentralización es el vecino, no las autoridades municipales. El vecino es quien más sabe de su barrio. A pesar que a menudo no hay conciencia de su conocimiento y experiencia, algo que parece ser obvio, es en el conjunto de los vecinos que se encuentra la mayor parte del conocimiento necesario para avanzar en el desarrollo urbano descentralizado.
El vecino sabe, pero muchas veces no tiene conciencia de ello. Por esa razón, una de las tareas más importantes consiste en ayudar para que los habitantes de los barrios sean conscientes d esu propio conocimiento.
En otras palabras: los vecinos son los principales expertos en cosas urbanas y así deben ser reconocidos.
Una vez que los habitantes del barrio reconozcan y se reconozcan en su entorno, es necesario seguir avanzando para asegurar que la población sepa bien la riqueza del sitio donde vive, que se gente se sienta orgullosa, que quiera aprender sobre su barrio.
Ello se logra a través de una tarea colectiva, deben crearse canales para que los viejos vecinos que saben más de la historia del sitio puedan transferir sus experiencias y recuerdos a los vecinos más recientes o más jóvenes. Por supuesto que la memoria de un barrio puede (y debe) ir más allá de los vecinos actuales. Hay también una memoria documental, una memoria urbana, una memoria colectiva casi mítica y todo ello puede ser recompuesto para construir la imagen barrial que se necesita para fomentar las nuevas unidades.

El vecino debe ser el principal protagonista
El vecino es quien viven en el barrio, quien lo conoce o tiene potencial para conocerlo, que sabe sus necesidades, qué es lo que hay, qué es lo que falta, qué es lo que debería haber, qué es lo que habría que eliminar, y sobre todo qué es lo que quiere. Sin embargo, el vecino debe tener también la posibilidad de conocer todas las opciones posibles. En otras palabras, qué modelos pueden ser potencialmente aplicables para su barrio, qué cosas pueden ayudarlos a imaginar el barrio futuro al que aspira. Se necesita crear canales de formación vecinal para ofrecer abanicos de ideas y de experiencias para que se puedan discutir en profundidad y con conocimiento de causa las opciones futuras.
Hay que asegurar que en todas las decisiones que afectan a la gente se efectivice su participación: dede los cambios de nombres de las calles a los cambios de direcciones de tránsito, desde la selección de lugares para instalar nuevas paradas de ómnibus al emplazamiento de los parques, desde los actividades culturales a las deportivas.
Es necesario promover la participación a todos los niveles, pero ello no debe darse sólo a través de instancias burocráticas (pues no funciona ni corresponde) ni exclusivamente a través de instancias políticas artificiales que no respondan claramente a las unidades barriales.

Lo administrativo debe estar subordinado a la realidad 
Lo administrativo debe basarse en la realidad y no a la inversa. Los barrios tienen sus “fronteras” , los límites administrativos y jurisdiccionales deben respetarlas.
La participación debe darse a todos los niveles poasibles. Ello se logrará mejor averiguando qué grados de pertenencia existen en cada lugar y en que medida se pueden reforzar y fortalecer.
Para ello hay que rehacer el mapa de Montevideo siguiendo las líneas de los barrios de acuerdo a como lo siente la gente y sobre esa base repensar la ciudad. En otras palabras, rearmar el rompecabezas de Montevideo de acuerdo a la percepción colectiva y no a las ideas de dos o tres tecnócratas o a viejos caprichos de antiguas autoridades municipales.

Crear espacios de coordinación barrial
Es necesario crear espacios de coordinación para todas las organizaciones que se interesen en el barrio, estos espacios no deben ser meramente espacios asambleísticos sino que deben relacionarse íntimamente con otros elementos, por ejemplo, actividades de trabajo o de esparcimiento: bailes, teatro, deportes.
Todas las organizaciones antiguas y nuevas deberán desarrollar sus actividades en coordinación estrecha con escuelas y liceos. Para asegurar que estas coordinaciones se llevan a cabo se necesita que las coordinación barriales “mapeen” las instituciones y organizaciones de sus barrios para asegurar que nadie queda afuera del proceso.

Recuperando la pertenencia

La alineación de la vida urbana capitalista ha borrado los sentidos de pertenencia, mucha gente ya no sabe de dónde es ni dónde están sus raíces. Esta es una limitante que hay que salvar para avanzar en un proceso de descentralización a favor de la gente. Para ello se precisa fomentar el sentido de pertenencia y apoyar todos aquellos elementos e instituciones que representen pilares de la pertenencia barrial, como los clubes o las instituciones educativas. En ese sentido corresponde fomentar todo lo barrial, todo aquello que tienda a insertar a los vecinos en su barrio, en organizaciones de su barrio, en el futuro de su entorno.
Una vez que se asegura la coherencia barrial hay que renovar o crear símbolos que ayuden la identificación de los vecinos: banderas, escudos, murgas, cuerdas de tambores barriales y temas musicales. Esta es una tarea eminentemente barrial.

La importancia de la cultura barrial
Dentro de ese marco, la cultura debe ser un instrumento para profundizar el fortalecimiento de la integración, a través de la creación de teatros, grupos musicales y coros, conjuntos de carnaval, etcétera.
En esa línea hay que fomentar la producción de videos por la propia gente del lugar para difundir en el barrio y fuera de él.
Para firmar las identidades barriales y sub-barrales se deberá promover la organización de competencias de varios tipos (deportivas, culturales, etc) o de coordinar las competencias ya existentes (en caso de que ya las haya).

Reordenando el barrio por los vecinos

A nivel del ordenamiento barrial, los vecinos deben reimaginar su barrio de acuerdo a sus percepciones y deseos y buscar los medios para lograrlo. En ese sentido deberán priorizarse las iniciativas barriales para recuperar los espacios de esparcimiento para niños jóvenes y mayores, creación de plazas, espacios peatonales, zonas verdes, zonas de encuentros sociales, servicios básicos redistribuidos de acuerdo a las necesidades locales.

Jardines nativos y micro-chacras comunitarias
La agricultura y la jardinería urbanas han sido descuidada por mucho tiempo. Hay que utilizar todos los espacios posibles para promover la agricultura urbana de laboreo colectivo sobre la base participativa local. En los jardines urbanos se deberá priorizar las plantas nativas y en las micro-chacras urbanas los cultivos para alimentación, tales como frutas y legumbres, promoviendo las metodologías agrícolas exclusivamente orgánicas.

Coordinación interbarrial

A nivel general, y para que la descentralización no perjudique la dinámica global urbana, sin someter las unidades barriales a ninguna centralización burocrática, habrá que imaginar formas para coordinar los diferentes sub-barrios y barrios en el todo mayor del área urbana.
Para que todo lo anterior funcione se requiere además de un cambio de actitud general; la creación de canales institucionales (no burocráticos) para estabilizar los sistemas y asegurar su sostenibilidad.
Es muy importante ir avanzando la descentralización en los hechos sin desesperarse por institucionalizarlas prematuramente. Lo principal es que se vayan creando y corrigiendo sobre la marcha los mecanismos a nivel de bases y organizaciones de coordinación, hasta que haya suficiente “jurisprudencia”. En ese momento empezar a “cristalizar” la institucionalización. Este aspecto del proceso es muy importante, pues la institucionalización tiene que fortalecer lo ya logrado sin encorsetar futuras posibilidades de enriquecimiento. En todo caso, hay que buscar avanzar hacia la institucionalización manteniendo un máximo de flexibilidad.