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sábado, 1 de diciembre de 2018

Palabras, dioses y diablos

¿Cómo fue posible? En pocos años, unas décadas apenas, numerosos pueblos y antiquísimas culturas fueron sepultados por un alud difícil de entender. Desde las tierras del albatros, en los confines australes, a las selvas húmedas siempre verdes, con sus ríos serpenteantes; desde las cimas escarpadas, donde anida el cóndor y la nieve permanece incrustada en las paredes sombrías de los cerros; hasta las costas de palmas y cangrejos, el mundo americano pareció paralizado frente al avance de aquellos hombres acorazados y agresivos. Traían perros feroces, caballos, hierro y armas de fuego. Tenían sed de oro y de poder. Parecían no conocer la misericordia. Venían sin mujeres. Llegaron embarcados en extrañas naves de cuerdas, madera y lienzos, hablaban un lenguaje incomprensible, enarbolaban curiosos estandartes y por todas partes clavaban sus cruces para tomar posesión de territorios y personas. No preguntaron por los nombres nativos de la tierra. Cuando preguntaron no se les entendió. Cuando se les respondió no comprendieron. En el fondo no les importaban los nombres ancestrales. Los sustituyeron con los propios cada vez que pudieron. Y así quedó la cosa.
Un mundo de lugares rebautizados con sonoridades extranjeras. Identidades perdidas, arrebatadas, avasalladas. No sabemos si existió una denominación para todo el continente. Un nombre que nos pudiera identificar de sur a norte, de este a oeste, arriba y abajo, de los ma-res al desierto. Hoy, aún lo estamos buscando: Abya Yala, la Isla-Tortuga, el hogar de la Pachamama, América. Tal vez esa designación que procuramos no haya existido nunca. No lo sabemos.

La Gran Identidad se expresa de muchas formas. En las ceremonias ancestrales, en el tabaco, en la coca, en el teonanacatl y la ayahuasca, en los cultivos sagrados, en el respeto a la naturaleza, en el humo de los fogones, en las danzas, en el sonar de las flautas y tambo-res, en los cantos, en los sueños. Nuestro continente lleva su razón de ser en las miradas de los ancianos que parecen ver más allá del tiempo. En los paisajes de agua y luz. En las hojas de los árboles. En las raíces que maman de la tierra. En las plumas de las aves. Y en las escamas relucientes de los peces. Nuestro hogar es todo eso. Innumerables destellos de todas las olas de los mares y las correntadas de los ríos. Las noches de luna llena en el Gran Lago y los días de sol en las islas del calor y la alegría.
También somos palabras Pero además de todo eso, y de alguna manera integrando cada una de sus emociones, matices y voluptuosidades, nuestra tierra también está hecha de pala-bras...
En algún lugar de nuestras esencias, lo que se llama alma, estamos construidos con palabras. Con muchas voces. De sonoridades diversas. A veces mutuamente incomprensibles. Cuando nos escamotearon sus sonidos perdimos una parte importante de nosotros mismos. Entre esas palabras hay una que tuvo un contenido especial, pero, de alguna forma, se ha olvidado.
Es el nombre que pronunciamos cada día y que nos identifica a todos: América.
Del libro "La Mentira del Milenio", D.Antón, Piriguazú Ediicones


martes, 21 de agosto de 2018


Los universos olvidados
Aunque tú no los veas,  están allí.
Desde que llegas a Chontales, ellos te miran. La mayor parte de los ídolos de piedra están  muy bien escondidos entre una multitud de bloques esparcidos a lo largo de la sierra.
Son innumerables. Nadie sabe cuántos se encuentran aún erguidos a través de la superficie áspera de las montañas. Sin embargo, si tú quieres verlos a ellos, debes ir a Juigalpa. Juigalpa es la capital del departamento de Chontales en la República de Nicaragua. Es una población de algunas decenas de miles de habitantes situada en el pie de monte de la cordillera de Amerrique. Fue fundada hace unos tres siglos y desde entonces se ha transformado en el principal centro comercial del pais montañoso de Chontales. Aunque es una ciudad relativamente pequeña, se trata de un sitio muy concurriclo, con gente que transporta productos agrícolas o animales desde las quintas y ranchos cercanos, o de personas provenientes de ciudades más lejanas, como Matagalpa, Granada e incluso la capital del pais, la metropotitana ciudad de Managua.
Gregorio Aguilar
Gregorio Aguilar era chontaleño y sabía muy bien donde hallar los ídolos de piedra. Descubrió. su existencia en las montañas durante su juventud. Desde entonces dedicó gran parte de su vida a recolectarlos e instalarlos en un pequeño museo que logró construir con gran esfuerzo en el corazón de la ciudad.
Gregorio viajó a través de la Sierra con sus estudiantes de secundaria y algunos colegas, y durante poco más de una década se las ingenió para hallar muchos objetos únicos, entre ellos unas cincuenta estatuas de piedra. Algunos años más tarde, en uno de sus viajes habituales, cuando Aguilar transportaba un gran ídolo que había sido encontrado hacía un tiempo, ocurrió un accidente. De acuerdo a algunos testigos, Gregorio perdió el control de su vehículo, éste volcó, y el ídolo de piedra le cayó encima. Murió instantáneamente. Ese día, la ciudad de Juigalpa, que se preparaba para una gran fiesta, se vistió de luto. Desde entonces, el nombre de Gregorio Aguilar es pronunciado por los juigalpeños con el más profundo de los respetos. Treinta años más tarde, el Museo de Juigalpa, bautizado Gregorio Aguilar, se ha transformado en una atracción turística creciente y los ídolos de piedra son un símbolo de la ciudad. Sin embargo, se conoce muy poco de las mujeres y hombres de carne y hueso que esculpieron las figuras de piedra, del pueblo antiguo que nos acompaña, de alguna manera, cuando recorremos las anfractuosidades de la sierra.


lunes, 1 de enero de 2018

Amerrique, las esencias de nuestro continente americano

No es  fácil enfocar las esencias de América. 
Las toponimias han cambiado y las sendas han sido  oscurecidas por siglos de incomunicación y escamoteos.
Hoy utilizamos muchas palabras sin saber sus implicaciones históricas ni sus significados originales. Algunas de ellas son mucho más que simples “palabras”. Son voces que contienen sentidos antiguos.  Representan universos olvidados de visiones y magia. El propósito de este trabajo es recuperar las huellas escondidas y repensar la mitología oficial acerca de una de esas palabras que designa nuestro hogar y gentilicio: América.
Nuestra exploración comienza en el corazón de América Central, en una cadena montañosa poco conocida: la Sierra de Amerrique.

El nacimiento de un nombre
Las montañas de Amerrique, también llamadas, Amerique o Amerrisque, están situadas en América Central  entre el lago de Nicaragua y las tierras bajas que bordean las costas del Caribe.
Amerrique y Amerrisque son nombres muy conocidos por los habitantes del departamento nicaragüense de Chontales. A pesar de su uso común, estas designaciones no aparecen en la mayoría de los mapas geográficos de la región. Los cartógrafos y geógrafos han preferido utilizar las palabras: Cordillera Chontaleña o Sierra de Chontales. Hay de todos modos algunos mapas regionales o de Nicaragua  donde la cadena Amerrique se presenta con algunas variaciones menores. El Atlas Rand McNally del Mundo de 1973[i] utiliza el nombre  Sierra de Amerique, el diccionario francés Larousse de1982 en su sección de América Central[ii], la llama Sierra de Amérique, el Atlas de la Encyclopaedia Britannica, la llama  Sierra of Amerique, la edición de 1997 de la Encyclopaedia Britannica, Amerrique Mts[iii] y los mapas de Nicaragua de las Ediciones Nicarao utiliza el nombre Sierra de Amerrique.
A pesar que las palabras Amerrique or Amerrisque han sido dejadas de lado en la mayoría de los mapas y tratados geográficos e históricos, permanecen vivas en el lenguaje y las referencias locales. La palabra Amerrisque es usada habitualmente en la ciudad de Juigalpa para nombrar la cordillera cercana; hay muchos negocios, como armacias o carnicerías que se llaman Amerrisque e incluso un autobus local ha sido enominado Amerrisquito.

¿Como surgió la palabra?
El nombre Amerrique se relaciona con un pueblo antiguo que vivió en la cordillera antes de la invasión europea. A veces son llamados los Matagalpas[iv] o Chontales.  De acuerdo a algunos[v], su lenguaje era cercano al lenca, hablado en Honduras hasta tiempos muy recientes. Hay todavía una numerosa toponimia lenca con terminaciones similares: Lepaterique, Ajuterique, Chaparrastique, Lanterique, Aguanqueterique y Caguatique.  Hay también indicaciones que los lencas y matagalpas estaban relacionados con los mayas.  Los sufijos ik o ique quieren decir “viento” en la mayor parte de los lenguajes mayas. De acuerdo a Alfonso Valle  Candia, Amerrique significaría “Tierra de Muchos Vientos”.
Además de estas afinidades linguísticas, hay también lazos arqueológicos bien establecidos. Los ídolos de piedra que se encuentran a través de la Cordillera Amerrique, que en la actualidad se exhiben en el Museo de Juigalpa, muestran analogías sorprendentes con estatuas similares de Guatemala o Yucatán.

Amerisco-en-el-Mar

También se encuentran nombres similares en la costa del Caribe, a lo largo de las playas que se extienden desde Bluefields a San Juan del Norte. La zona al sur de Monkey Point, cerca de la desembocadura del río Maíz (Corn river) es conocida como Amerisco[vi] y hay referencias acerca de un sitio próximo a San Juan del Norte[vii], llamado America.
Todos estos elementos indican que, en tiempos antiguos, esta región de Nicaragua, que se extiende desde el mar Caribe al Lago de Nicaragua, se llamaba, en verdad Amerrique, Amerrisque, Amerisco o incluso, America. Casualmente (o no tan casualmente) esta región había sido visitada por Vicente Yáñez Pinzón, Juan Días de Solís, Pedro de Ledesma, Alberico Vespucci, e incluso el propio Cristobal Colón[viii], varios años antes de 1507, fecha en que el nombre América apareció por primera vez en un documento europeo.
  
La inspiración auténtica
Por largo tiempo se creyó en forma general que el nombre America era un tributo a “Americo” Vespucci, un geógrafo florentino que participó en varios viajes de exploración alrededor del año 1500. Investigaciones por algunos autores del siglo pasado, demostraron que, en el momento del “bautismo” del continente, el nombre usual de Vespucci no era Amerigo ni Américo, sino Alberico, y que fue probablemente el propio Vespucci  quien cambió su propio nombre alrededor de 1506-1507 para adaptarlo a la denominación novel de las “nuevas” tierras.
Por siglos, miles de autores, probablemente sin saberlo, han argumentado, que la palabra “America”, como los invasores europeos vino de más allá del Océano.
Nosotros pensamos que no fue así. Quien inspiró el nombre del continente no fue el Sr. Vespucci, más allá de todos sus méritos, sino el hermoso y rico país de los Amerriques, tierra de montañas, de bosques, de oro y de ídolos.
Nuestra jornada comenzará en el elevado corazón de la Sierra de Amerrique, cerca de Juigalpa y se desarrollará a través de los valles, ríos y lagos, hasta las playas y lagunas del mar Caribe y más allá.
Los invito a acompañarme en este viaje de aprendizaje y redención.

Reproducido de "La Mentira del Milenio", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones


[i] The Earth and Man, 1973, page 282
[ii] Gran Dictionnaire Encyclopédique Larousse, Tome 1, Librairie Larousse, 1982, p.403.
[iii] P.654.
[iv] They are also called Chontales.
[v] Ref. Jaime Incer in Toponimias Indígenas de Nicaragua
[vi] Name recently identified by Jorge Espinosa.
[vii] Rand McNally Atlas, 1897.
[viii] In 1503 Columbus visited the Caribbean coast next to the San Juan river.