Mostrando entradas con la etiqueta Panspermia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Panspermia. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de marzo de 2020

Un enfoque diferente acerca del origen de ciertos microorganismos causantes de enfermedades pandémicas

N Chandra Wickramasinghe y Fred Hoyle dos astrónomos y astrobiólogos de reconocido prestigio desarrollaron una teoría acerca del aporte regular de microorganismos introducidos en la atmósfera terrestre por algunos de los millones de meteoritos que caen en La Tierra cada año. Algunos de estos microorganismos pueden ser causas de nuevas enfermedades, particularmente aquellas para las que humanos y animales no han desarrollado inmunidad. En un artículo reciente Wickramasinghe analiza el problema en el marco de la actual pandemia de coronavirus. A continuación un fragmento de dicho artículo.

Hace dos años, un grupo internacional de científicos recolectó bacterias y virus que cayeron a través de la atmósfera enrarecida cerca de los picos de 4000 metros de las montañas de Sierra Nevada en España. Llegaron a un sorprendente recuento de unos 800 millones de virus por metro cuadrado por día y un recuento asociado de bacterias un poco más pequeño, todo lo cual, por supuesto, finalmente caería en la superficie de la Tierra (por ejemplo, se informó en https: //www.nytimes. com / 2018/04/13 / science / virosphere-evolution.html). La suposición que normalmente se hace es que todos estos virus y bacterias se originan necesariamente en la superficie de la Tierra y son arrastrados hacia arriba en las corrientes de aire; pero en dicho modelo se ignoran muchas dificultades asociadas con el proceso de transporte ascendente. En nuestra opinión, una fracción significativa de este gran número de microbios en caída debe originarse fuera de la biosfera terrestre y provenir de fuentes cometarias: virus y bacterias que en realidad son expulsados ​​de los cometas. Otra evidencia de apoyo para este punto de vista provino del muestreo de la estratosfera por su contenido bacteriano. A partir de un muestreo de la estratosfera a una altura de 41 km, utilizando equipos transportados por globos que se realizó en 2001, ya llegamos a una entrada estimada de esta altura de 20-200 millones de bacterias por metro cuadrado por día, y de 10 a 100 veces más virus, cayendo hacia la Tierra. Si tomamos en cuenta todos los hechos disponibles hasta la fecha, no podemos evitar la conclusión de que un gran número de bacterias y virus continúan cayendo a través de la atmósfera de la Tierra, y parece inevitable que una fracción significativa sea de origen externo. También estamos comenzando a obtener pruebas contundentes que apuntan a los primeros signos de vida bacteriana alojada en rocas que se formaron hace 4.2-4.3 mil millones de años cuando la Tierra estaba siendo bombardeada implacablemente por los cometas. Las fuertes indicaciones son que los cometas llevaron las primeras bacterias a nuestro planeta en este momento y, además, que toda la evolución posterior de la vida en la Tierra tuvo lugar en el contexto de los cometas que regularmente introducían nuevos genes. Los cometas han sido considerados con asombro y temor en muchas culturas antiguas del mundo. Casi sin excepción han sido considerados malos presagios, portadores de pestilencia y muerte. La evidencia de que los cometas están implicados en el origen de la vida en la Tierra fue intensamente controvertida cuando estas ideas fueron discutidas por primera vez por uno de nosotros y el fallecido Sir Fred Hoyle. Ahora hay un consenso creciente de que esto es inevitable de alguna forma. En este artículo argumentamos que incluso hoy en día la afluencia periódica de polvo y escombros de los cometas podría ser responsable de las olas de enfermedades epidémicas, como el reciente virus corona, que barren nuestro planeta de vez en cuando. A medida que un cometa que da vida realiza sus órbitas repetidas alrededor del sol, sus sustancias volátiles se vaporizan progresivamente y finalmente terminamos con lo que podría reconocerse como grandes meteoritos carbonosos. El número de pasajes cercanos del perihelio que un cometa puede sobrevivir antes de ser completamente despojado de volátiles es probablemente de unos pocos cientos. Las condritas carbonáceas podrían representar materiales de cometas despojados de volátiles pero que retienen un residuo de silicatos y estructuras orgánicas más refractarias. De vez en cuando, tales objetos encuentran ingreso a la Tierra.
Referencia:
https://www.academia.edu/42041228/Comments_on_the_Origin_and_Spread_of_the_2019_Coronavirus



martes, 17 de marzo de 2020

Las esporas bacterianas en el espacio interestelar
Danilo Antón
Los estudios espectroscópicos de los nubes interestelares de polvo cósmico llevados a cabo por varios observatorios astronómicos en los últimos años han permitido comprobar que los hidrocarburos son muy abundantes en el universo.
En particular, las investigaciones del astrónomo inglés Fred Hoyle y otros miembros de equipo científico del Instituto de Astrobiofísica de Cardiff en Gran Bretaña aportaron datos trascendentes acerca de varias moléculas orgánicas encontradas en estas nubes, incluyendo algunas que presentaban comportamientos espectrales sorprendentes, similares a los de las esporas de ciertas bacterias.
En 1968 se realizaron estudios del polvo interestelar donde fueron detectadas moléculas de aromáticos policíclicos (Donn, 1968 1).
Cuatro años después, en otra investigación (Johnson, 1972), se obtuvieron elementos que confirmarían la presencia de porfirinas en este polvo espacial.
En 1974 Wickramasinghe probó la existencia de polímeros orgánicos complejos en condiciones espaciales, en particular poliformaldehidos. Se hace notar que estas moléculas están emparentadas con las celulosas que son muy abundantes en la bioquímica terrestre.
Finalmente, ya en 1975, Hoyle y Wickramasinghe llegaron a la conclusión de que los polímeros orgánicos constituían una importante proporción del material del polvo.
En ese momento las conclusiones de ambos autores fueron consideradas altamente especulativas.
En la actualidad, aunque con reservas, son en general aceptadas. Incluso en un trabajo reciente de Wickramasinghe se describe el hallazgo de polímeros hetero-aromáticos en polvos interestelares por los instrumentos de la sonda Stardust que de acuerdo a la interpretación de los autores constituirían fragmentos de paredes celulares rotas luego de impactos a 30 km por segundo contra las superficies de los detectores.
Luego de sus primeros trabajos a mediados de la década de 1970, Hoyle y Wickramasinghe continuaron sus investigaciones y concluyeron que el espectro de absorción luminosa del polvo interestelar contenía una inflexión que podía ser explicada si los granos tuvieran un cierto tamaño y fueran huecos.
En 1979, luego de intentar comparaciones con numerosas substancias estos autores encontraron una gran similitud con esporas bacterianas secas. Estas últimas refractan la luz como esfera huecas irregulares y tienen una gama de tamaño de grano apropiada. En función de estos datos concluyeron que una proporción importante de los granos de polvo interestelar podía estar constituida por esporas de bacterias congeladas.5
Este hallazgo fue considerado ridículo en su época y aún hoy es generalmente ignorado. Incluso hubo quienes pensaron que «el pobre Fred Hoyle había perdido la brújula».
En los últimos 15 años de su vida, hasta su muerte en 2001, Hoyle se dedicó a estudiar las implicaciones de esta hipótesis. Su alumno y sucesor, Chandra Wickramasinghe y los discípulos del Centro de Astrobiología de Cardiff continúan explorando estos aspectos audaces e innovativos de la vida en el espacio.

Esta teoría que ha sido llamada “panspermia”, había sido propuesta por Svante Arrhenius  a principios del siglo XX, y desarrollada por Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe durante las últimas décadas .
Piensan Hoyle y Wickramasinghe que la vida se habría originado en el momento de la formación de las galaxias, tal vez de la nuestra (“la Vía Láctea”) o del conjunto de las galaxias del universo conocido, y a partir de ese momento se habría difundido contenida y transportada en los pequeños cuerpos cometarios “sembrando” los planetas que tenían las condiciones apropiadas . La Tierra recibió sus primeras semillas devida hace casi 4,000 millones de años, evolucionando en diferentes direcciones de acuerdo a las condiciones de los ambientes encontrados. Según Wickramasinghe (1974), el polvo interestelar es esencialmente orgánico y existe vida de tipo bacteriano por doquier.
Estos organismos y materia orgánica estarían llegando a la atmósfera terrestre en forma regular, modificando y enriqueciendo el stock genético planetario.
Ello explicaría la presencia de compuestos orgánicos detectados al quemarse algunos meteoritos a 80 quilómetros de altura , y el reciente hallazgo de bacterias vivas a 16,000 de altitud.
Este último autor y Fred Hoyle interpretan como de origen orgánico la coloración rojiza de ciertos satélites planetarios cuya superficie está cubierta de hielo (p.ej. Europa, Calisto y Charon9 ), y de otros astros ubicados en el llamado cinturón de Kuiper10 . De acuerdo a ambos astrónomos, el interior de estos planetoides (cuya temperatura exterior es inferior a –200° C), estaría “entibiado” por los procesos de desintegración radioactiva de sus minerales, permitiendo la existencia de agua líquida en su interior, y por ende, de procesos biológicos. Piensan estos autores que la vida puede sobrevivir la congelación profunda por mucho tiempo, tal vez decenas o cientos de millones de años.
Extraido de "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazu Ediciones

miércoles, 22 de enero de 2020

Cometas y asteroides, la clave del origen y expansión de la vida en el Universo
D.Antón
No es fácil distinguir entre asteroides y cometas. Cuando están relativamente lejos del sol, digamos a más de 500 millones de kilómetros, a la distancia ambos aparece tan solo como débiles puntos luminosos. Cuando se acercan a distancias menores los cometas pueden aparecer como manchas difusas e incluso desarrollar “colas” apuntando en dirección opuesta al sol. En cambio, los asteroides, exceptuando su mayor brillo, por recibir  mejor iluminación, no cambian sensiblemente. Esto es porque los cometas están compuestos fundamentalmente de hielos de agua, dióxido de carbono, monóxido de carbono, metano, amoníaco, nitrógeno molecular y argón, además de polvo y rocas.
Al acercarse al sol estos hielos se subliman (se transforman en gas) y forman una especie de nube alrededor del núcleo (cuya estructura está constituida por un esqueleto rocoso). Los asteroides, en cambio, son fundamentalmente rocosos y no poseen o poseen pequeñas cantidades de hielos.
Otra diferencia son sus órbitas. En los cometas son  muy extendidas y excéntricas llegando a distancias de varios miles de U.A. (Unidades Astronómicas; 1 U.A.= 150,000,000 km) del Sol. El número de cometas es desconocido pero puede ser superior a 1 billón. Debido a que la inmensa mayoría se encuentran muy lejos y son de menor tamaño solo e han registrado hasta ahora 3572 cometas.
Los asteroides, que están más cerca pueden ser identificados más fácilmente y en la actualidad han sido registrados alrededor de medio millón.
Por otra parte, los asteroides pueden alcanzar un tamaño mayor. Algunos asteroides como Ceres, tiene 1,000 km de diámetro y es considerado un “planeta enano”. Hay muchos otros asteroides con diámetros que varían entre 100 y 500 kilómetros.
Los cometas son mucho más pequeños. Generalmente sus diámetros no exceden de 20 kilómetros, y la inmensa mayoría tienen un tamaño aún más reducido.
Hay que resaltar también que los cometas que pasan o pasaron cerca del Sol muchas veces pueden haber perdido sus “hielos” y solo conservan el núcleo rocoso, asemejándose a los asteroides. En los hechos, muchos asteroides pequeños pueden haber sido cometas en tiempos remotos.
Otra diferencia fundamental, que no es menor, es la presencia de abundantes sustancias carbonosas en los cometas, que se observan en mucha menor medida en los asteroides. Por esa razón el albedo de los cometas es muy bajo. Generalmente de 0.02 a 0.06. El color de la superficie de los cometas es gris oscuro o negro.  Los asteroides, en cambio, tienen un albedo mayor, que en algunos casos como en Vesta es de más de 0.40.
Eso se debe a la presencia de compuestos de carbono, incluso moléculas orgánicas complejas, en la superficie de los cometas, mucho menos frecuentes en los asteroides. El cometa que ha sido estudiado con mayor detenimiento (por la sonda europea Rosetta)  es 67¨/Churyumov-Gerasimenko que es un pequeño cometa (5  x 3 km aproximadamente) y cuyo polvo fuera analizado resultando que las moléculas orgánicas representan 45% del total en peso, de lo cual se desprende que este cometa es uno de los cuerpos con más carbono del sistema solar. El resto del material está compuesto de otras sustancias (55%), particularmente silicatos. No se encontraron compuestos hidratados.
Probablemente la composición de muchos cometas, tal vez la mayoría, sea similar a la de 67¨/Churyumov-Gerasimenko.
 La presencia preponderante de las moléculas orgánicas en los cometas hace pensar que es a través de ellos que las moléculas de la vida e incluso los microorganismos biológicos se transporten y hayan llegado a la Tierra (y porque no a otros planetas) a través del aporte de los cometas.
Es más, no sería extraño deducir, de acuerdo a los astrofísicos Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe, que los cometas, no solo transportan moléculas orgánicas, sino también organismos biológicamente viables e incluso activos en su interior.
Por otra parte, los asteroides pueden alcanzar un tamaño mayor. Algunos asteroides como Ceres, tiene 1,000 km de diámetro y es considerado un “planeta enano”. Hay muchos otros asteroides con diámetros que varían entre 100 y 500 kilómetros.
Como señalaba anteriormente los tienen diámetros que no superan los 20 kilómetros y la inmensa mayoría apenas 1 o 2 kilómetros.
Hay que resaltar también que los cometas que pasan o pasaron cerca del Sol muchas veces pueden haber perdido sus “hielos” y solo conservan el núcleo rocoso, asemejándose a los asteroides. En los hechos, muchos asteroides pequeños pueden haber sido cometas en tiempos remotos.
Otra diferencia fundamental, que no es menor, es la presencia de abundantes sustancias carbonosas en los cometas, que se observan en mucho menor medida en los asteroides. Por esa razón el albedo de los cometas es muy bajo. Generalmente de 0.02 a 0.06. El color de la superficie de los cometas es gris oscuro o negro.  Los asteroides, en cambio, tienen un albedo mayor, que en algunos casos como en Vesta es de más de 0.40.
Eso se debe a la presencia de compuestos de carbono, incluso moléculas orgánicas complejas, en la superficie de los cometas, mucho menos frecuentes en los asteroides. El cometa que ha sido estudiado con mayor detenimiento (por la sonda europea Rosetta)  es 67¨/Churyumov-Gerasimenko que es un pequeño cometa (5  x 3 km aproximadamente) y cuyo polvo fuera analizado resultando que las moléculas orgánicas representan 45% del total en peso, de lo cual se desprende que este cometa es uno de los cuerpos con más carbono del sistema solar. El resto del material está compuesto de otras sustancias (55%), particularmente silicatos. No se encontraron compuestos hidratados.
Probablemente la composición de muchos cometas, tal vez la mayoría, sea similar a la de 67¨/Churyumov-Gerasimenko.
 La presencia preponderante de las moléculas orgánicas en los cometas hace pensar que es a través de ellos que las moléculas de la vida e incluso los microorganismos biológicos se transporten y hayan llegado a la Tierra (y porque no a otros planetas) a través del aporte de los cometas.
Es más, no sería extraño deducir, de acuerdo a los astrofísicos Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe, que los cometas, no solo transportan moléculas orgánicas, sino también organismos biológicamente viables e incluso activos en su interior.

martes, 11 de junio de 2019

Sobre la panspermia
Extraído de Inverview de Fred Hoyle por Brig Klyce
Buscando la verdad a través de la observación
 "Un aspecto afortunado de mi vida es que mi padre creía firmemente en la teoría de Darwin. Solía ​​decirme que era algo maravilloso, lo mejor de la ciencia. Yo diría que no, Newton es lo mejor de la ciencia. Intentaría explicarme la idea de Darwin porque era un hombre sin educación, autodidacta, debería decir.  empecé por pensar que no era tan cierto a la edad de 12 años aproximadamente. Simplemente no me la creí. Me habían criado en el campo y conocía todas las flores y todo este tipo de cosas. Y por alguna razón simplemente no me lo creí.
Cuando estuve en Cambridge hice amistad con un irlandés del norte, George Carson. Había venido a la universidad para hacer un doctorado. en botánica aquí. Más tarde, cuando era estudiante de investigación, no vivías en la universidad en esos días, vivías en la ciudad. La gente dejaba habitaciones para estudiantes avanzados, tal vez 2 estudiantes en cada hogar. Era mejor si el tipo con el que compartías la habitación era alguien que conocías y con quien te llevabas bien. El tipo con el que me alojé fue Carson. Acababa de conseguir un trabajo.
George era muy escéptico acerca de la teoría de Darwin. Siempre tuvo la opinión de que si hacía las matemáticas correctas, se le revelaría lo que estaba mal. George siempre tuvo esa sospecha. Pero estas eran solo ideas sesgadas, por así decirlo. En ese momento, nunca me metí en la panspermia, de hecho, no creí en ella en absoluto. Pensé que era un montón de tonterías por muchos años. Hasta que en 1975 fue cuando me involucré ...
De los granos de polvo a las bacterias
... Porque lo que sucedió fue que le puse a Chandra (Chandra Wickramasinghe) el problema de la composición de los granos de polvo interestelares y cómo comprender sus propiedades. 
A lo largo de los años sesenta, pensamos que lo estábamos haciendo bastante bien, pero fue como el análisis de Kepler del movimiento de Marte. Había probado en forma bastante sustancial la teoría de Copérnico, pero todavía no estaba realmente basada en las mejores observaciones. 
Hubo pequeñas discrepancias. Finalmente, se sintió insatisfecho con estas pequeñas discrepancias y fue entonces cuando decidió que, en lugar de ajustar las observaciones y la teoría, vería lo que realmente implicaban las observaciones para la forma de las órbitas. Lo miraría de esa manera, la observación primero. Entonces decidió que las órbitas eran elipses. Comenzar con las observaciones fue la forma correcta. Chandra hizo lo mismo. Calculamos todo tipo de modelos podían existir con diferentes propiedades. Siempre habría discrepancias en lo que debería haber sido un problema muy simple: algo que se puede calcular exactamente con una computadora digital.
Trabajaba en el tema del polvo interestelar en EEUU en 1974. Cuando había salido para ir a los EEUU, tenía la impresión de que lo que habíamos hecho en cuanto a partículas de grafito y silicatos estaba dando resultados adecuados. Cuando regresé a Inglaterra, hubo una conferencia y Chandra (Chandra Wickramasinghe) me dijo: "Lo haré para eliminar esas pequeñas discrepancias si las partículas son orgánicas". Esa era la línea de investigación que había seguido durante el año que estuve fuera. Estaba agregando la información infrarroja que no habíamos tenido antes. En ese momento, tratamos de ajustar el infrarrojo. Lo discutí. No sabía si tenía razón o no. Hice un comentario sin vigilancia: dije: "Pero Chandra, si el material interestelar es orgánico, si eso es cierto, entonces hay tanto que será un mejor material precursor para la biología que hacerlo en la Tierra". La moda de Urey-Miller ". Ese fue el comentario que hice. Eso lo encendió y luego debió haber examinado cientos y cientos de espectros para ajustar los datos infrarrojos entre los orgánicos. Y luego, de repente, tan pronto como se trasladó a los especímenes biológicos, empezó a encajar mejor que cualquier otra solución.
Esa fue la historia hasta que una noche, que había estado caminando por las colinas, me instalé frente al fuego para tomar un café después de la cena. A estas alturas ya había comenzado a enviarme libros de la biblioteca de Cardiff. Estaba revisando este libro y llegué a la página de un diagrama, un dibujo de una bacteria que se había secado. La peor fuente de discrepancias en nuestro cálculo fue que la partícula: siempre las hemos tomado como sólidas, nunca tan huecas.
Descubrimos que si las partículas estaban huecas en un setenta por ciento, la mayoría de nuestras dificultades desaparecieron de inmediato. No era tanto una cuestión la composición como el hecho de ser huecas. Ese fue el punto clave. 
Nunca habíamos podido quitar la "rodilla" en la curva de la materia visual. Muchas cosas que tratamos de ajustar. No sirvió de mucho. Resultó que realmente no importaba. Eran parámetros irrelevantes. La clave era tratar las partículas como huecas. En otras palabras, para obtener el índice promedio de refracción bajo. 
Bueno, la página que descubrí de la bacteria que se estaba secando, la reproducimos de vez en cuando. Muestra que, como las paredes celulares son muy fuertes, no se marchitan en absoluto. 
La bacteria mantiene su envoltura exterior, esto es importante, con el espacio interior protegido. Y luego miré para ver cuánto espacio está envuelto y el espacio es del setenta por ciento. Así que fue desde allí que cambié el enfoque.
Así que dije que vamos a calcular. Vamos a obtener una distribución de tamaño. Use la distribución de tamaños para las bacterias porque no tenemos que asumirla, podemos mirar en los libros y ver qué es, y usar lo que es. No sabíamos nada de bacterias en este momento, hasta que hablamos con alguien que nos dio información de rutina. Entonces Chandra descubrió para su horror, que había un millón de especies de bacterias, y esto no es posible. Él no puede contar un millón. Así que tenemos que especificar alguna restricción y finalmente decidimos mantenerla en contacto con las bacterias formadoras de esporas, lo que no parecía ser un problema relacionado con los tamaños, por lo que pudo contarlos. Ya tenía un programa para su computadora que, tan pronto como le dio la información física relevante de la distribución del tamaño, en una hora tenía la respuesta. Simplemente me llamó tres días después y me dijo: "Tengo un ajuste perfecto".
Es mi naturaleza. Reconozco que debe ser un accidente en mi educación y en el cambio de siglo cuando estaba en la universidad. Simplemente paso a la observación. No digo: "Es absurdo que haya bacterias en el espacio". Yo no digo eso. Lo importante es que se ajusta a la observación, por lo que es la mejor teoría que tenemos. No me importa si es absurdo. Así que no dudé en publicarlo. Eso, por supuesto, fue el comienzo del desastre, lo ridículo. [Con ironía, de los que ridiculizaron el hallazgo:] ¡Lo saben! Nacen para saber que las partículas en el espacio no son bacterias. Dios les ha dicho."
Fuente panspermia.org.

martes, 28 de agosto de 2018

Panspermia: hay vida en todo el Universo

La vida en la superficie de la Tierra es muy abundante. Tanto en los continentes como en los océanos, los organismos biológicos se han desarrollado y florecido. Incluso en la atmósfera se han identificado microorganismos en los niveles estratosféricos superiores. Otro ámbito biológico que se ha reconocido durante las últimas décadas es el subterráneo. En el fondo de pozos, pozos, cuevas y galerías de minas se puede encontrar una gran cantidad de microorganismos, particularmente bacterias, confirmando la extradordinaria capacidad de adaptación de los seres vivos.
Esto debe ser tenido en cuenta cuando examinamos la posibilidad de vida en la superficie de otros cuerpos planetarios, tanto en nuestro Sistema Solar como en otros sistemas estelares.
En el caso del Sistema Solar se puede comprobar que los ambientes superficiales son muy diferentes a los de la Tierra, ya sea porque las temperaturas pueden ser demasiado elevadas (Venus) o demasiado frías (p.ej. Marte, la mayoría de los asteroides y satélites de los planetas gaseosos gigantes). En algunos casos las atmósferas pueden estar ausentes y en otros tener una composición letal para la vida tal como la conocemos.
Sin embargo, las condiciones subsuperficiales de muchos cuerpos planetarios pueden ser similares a las nuestras con mayores posibilidades de existencia de procesos biológicos activos.
La relación entre la presión y la temperatura con la profundidad es, por supuesto, diferente, pero las posibilidades de que la vida se haya desarrollado a cierta profundidad pueden no ser muy diferentes que las de la Tierra.
Hidrocarburos (metano y otros) se han detectado espectroscópicamente en las superficies y atmósferas de muchos de estos cuerpos, y se puede considerar que haya agua (líquida) subterránea en la mayoría de ellos.
el agua parece haber sido abundante en la nube de gas y polvo que formó los planetas, y hielo ha sido identificado en varios cuerpos planetarios y cometas que son más fríos que la tierra. En estos cuerpos, las formaciones rocosas, como las de la tierra, contienen algunos componentes oxidados que servirán como donantes de oxígeno. Los hidrocarburos proporcionarían la energía necesaria al oxidarse. Con estas condiciones podría haber una biología activa en las cortezas planetarias..
Marte sería el planeta menos costoso para investigar en busca de evidencia de vida extraterrestre subsuperficial. Quizás no haya que lanzar ninguna nave espacial para comenzar tal esfuerzo. Algunos meteoritos que ocasionalmente caen a la tierra llevan la firma química de Marte. Es el caso de varios meteoritos recogidos de los campos de hielo de la Antártida.
Las proporciones de elementos traza, como la secuencia de gases nobles de neón a xenón, así como la inusual proporción de isótopos de nitrógeno de la atmósfera marciana, ya fueron medidas y valores muy similares aparecen en estos meteoritos. Parece muy poco probable que los restos de cualquier otro cuerpo puedan coincidir tan exactamente con estas composiciones.
Millones de años después de que un impacto en Marte causó la eyección del material marciano, las órbitas de algunos de estas rocas colisionaron con la Tierra. En 1996, uno de esos meteoritos (denominado ALH84001) arrojó una fuerte evidencia de que la roca había sido alterada por la vida microbiana mientras todavía estaba en el planeta original.
Podemos extender este razonamiento aún más. Probablemente las condiciones subsuperficiales de varios satélites planetarios (como la Luna, Io, Ganimedes, Titán, Europa, Encelado, etc.) así como de los asteroides más grandes (Ceres, Pallas), también pueden ser similares y, por lo tanto, pueden tener organismos activos dentro.
Incluso los cuerpos más pequeños, como los cometas, pueden tener este tipo de condiciones, especialmente cuando se acercan al sol.
Una conclusión final es que estos ambientes subterráneos profundos probablemente existen en muchos planetas, tal vez en la mayoría de los planetas de la galaxia.
Con respecto a estos pensamientos, nos gustaría terminar citando al famoso astrónomo Fred Hoyle cuando dijo "La vida es una propiedad de la materia".
Parcialmente adaptado de "The Deep Hot Biosphere" de Thomas Gold.

jueves, 16 de agosto de 2018


Los hidrocarburos y la 
materia orgánica en el espacio

Los estudios espectroscópicos de los nubes interestelares de polvo cósmico llevados a cabo por varios observatorios astronómicos en los últimos años han permitido comprobar que los hidrocarburos son muy abundantes en el universo.
En particular, las investigaciones del astrónomo inglés Fred Hoyle y otros miembros de equipo científico del Instituto de Astrobiofísica de Cardiff en Gran Bretaña aportaron datos trascendentes acerca de varias moléculas orgánicas encontradas en estas nubes, incluyendo algunas que presentaban comportamientos espectrales sorprendentes, similares a los de las esporas de ciertas bacterias.
En 1968 se realizaron estudios del polvo interestelar donde fueron detectadas moléculas de aromáticos policíclicos (Donn, 1968 1).
Cuatro años después, en otra investigación (Johnson, 1972), se obtuvieron elementos que confirmarían la presencia de porfirinas en este polvo espacial2.
En 1974 Wickramasinghe probó la existencia de polímeros orgánicos complejos en condiciones espaciales, en particular poliformaldehidos3. Se hace notar que estas moléculas están emparentadas con las celulosas que son muy abundantes en la bioquímica terrestre.
Finalmente, ya en 1975, Hoyle y Wickramasinghe llegaron a la conclusión de que los polímeros orgánicos constituían una importante proporción del material del polvo.
En ese momento las conclusiones de ambos autores fueron consideradas altamente especulativas.
En la actualidad, aunque con reservas, son en general aceptadas. Incluso en un trabajo reciente de Wickramasinghe se describe el hallazgo de polímeros hetero-aromáticos en polvos interestelares por los instrumentos de la sonda Stardust que de acuerdo a la interpretación de los autores constituirían fragmentos de paredes celulares rotas luego de impactos a 30 km por segundo contra las superficies de los detectores.4
Luego de sus primeros trabajos a mediados de la década de 1970, Hoyle y Wickramasinghe continuaron sus investigaciones y concluyeron que el espectro de absorción luminosa del polvo interestelar contenía una inflexión que podía ser explicada si los granos tuvieran un cierto tamaño y fueran huecos.
En 1979, luego de intentar comparaciones con numerosas substancias estos autores encontraron una gran similitud con esporas bacterianas secas. Estas últimas refractan la luz como esfera huecas irregulares y tienen una gama de tamaño de grano apropiada. En función de estos datos concluyeron que una proporción importante de los granos de polvo interestelar podía estar constituida por esporas de bacterias congeladas.5
Este hallazgo fue considerado ridículo en su época y aún hoy es generalmente ignorado. Incluso hubo quienes pensaron que «el pobre Fred Hoyle había perdido la brújula».
En los últimos 15 años de su vida, hasta su muerte en 2001, Hoyle se dedicó a estudiar las implicaciones de esta hipótesis. Su alumno y sucesor, Chandra Wickramasinghe y los discípulos del Centro de Astrobiología de Cardiff continúan explorando estos aspectos audaces e innovativos de la vida en el espacio.

lunes, 23 de julio de 2018

Los vehículos de la vida

Además de las estrellas y planetas, el Universo está poblado por infinidad de pequeñísimos
astros que actúan como vehículos de la vida en el espacio y en el tiempo.
Generalmente se encuentran lejos de los soles y estrellas, derivando en las enormes distancias frías y oscuras. Los más pequeños, que son la enorme mayoría, permanecen congelados por
cientos de millones de años sin que nada perturbe su largo invierno sideral.
Otros, los más grandes, poseen suficiente masa como para generar algo de calor a partir de sus minerales y compuestos radiactivos.
En estos cuerpos celestes los hielos interiores pueden fundirse formando tibios
mares subterráneos. Estos son, probablemente, los escenarios más comunes de la
vida en el cosmos.
Pequeñas bacterias y otros organismos difíciles de imaginar, sobreviven, se
reproducen y evolucionan en estos ambientes, utilizando la limitada pero duradera
energía disponible. El Sistema Solar contiene millones, tal vez miles de millones de
dichos cuerpos. Una gran cantidad se encuentra lejos del Sol, más allá de las órbitas
de Urano y Neptuno. Algunos están más cerca del centro, en regiones más cálidas, y ocasionalmente
se acercan tanto al astro pri ncipal que sus hielos pueden vaporizarse y ser eyectados
en forma de gas y polvo.
Estos cuerpos, que muchas veces se muestran en forma espectacular en los cielos nocturnos son llamados «cometas». Algunos astrónomos, cada vez más, piensan que los cometas y sus parientes de
las lejanías oscuras y frías, son portadoras de formas de vida cuyas características
resultan difíciles de imaginar. Tal vez algunos de ellos se comporten como verdaderos
organismos con su «metabolismo» e historia de vida particular y única.
Según Chandra Wickramansinghe, Fred Hoyle y otros investigadores, la vida ha sido un fenòmeno común en el Universo desde hace mucho tiempo, casi desde los comienzos (si es que hubo comienzos), diseminándose a través del espacio embarcada en los minúsculos astros cometarios.
Así llegaron a La Tierra los primeros organismos en los remotos orígenes, hace varios miles de millones de años. De ese modo continuaron llegando, trayendo nuevos aportes genéticos a lo largo de toda la historia geológica del planeta.
Grandes y pequeños bloques helados bombardearon la atmósfera enriquecién dola en agua y otros compuestos y elemenetos livianos (nitrógeno, metano, dióxido de carbono, etc).
De esa manera, gradualmente, se formaron los mares primigenios, se colmaron de agua las hendiduras dela corteza y se fue constituyendo la mezcla de gases que denominamos «aire». A esta atmósfera contribuyeron también los gases emanados del interior planetario en un proceso de degasificación que aún continúa. Estas emisiones gaseosas fueron principalmente nitrógeno y metano. El nitrógeno aún está presente mayoritariamente en la atmósfera, y el metano sufriò procesos de oxidación enriqueciendo la superficie de dióxido de carbono y agua.
Del libro "Pueblos, drogas y serpientes", D.Antón, Piriguazú Ediciones

lunes, 16 de abril de 2018

Polvo de estrellas, semillas de la vida

Parecía difícil de creer. Cuando Chandra Wickramasinghe, y más tarde, Shirwan Al-Mufti, allá en la década de los setenta y principios de los ochenta, trabajando bajo la supervisión del Prof. Fred Hoyle estudiaron la composición de los polvos interestelares, llegaron a la conclusión que las partìculas estaban constituidas en gran medida por polìmeros orgánicos, cuyos espectros de absorción luminosa se revelaban muy similares (casi idénticos) a los que producían las esporas de bacterias desecadas.
¡El polvo interestelar estaba hecho de bacterias!
Los trabajos que reportan los hallazgos fueron publicados en 1974 (Wickramasinghe, N.C., Nature, 252, 462, 1974 y Wickramasinghe, N.C., M.N.R.A.S., 170, 1974)11, en 1977  (Hoyle, Fred y Wickramasingh, N.C., Nature, 268, 610, 1977)12 y en 1982 (Hoyle, Fred, Wickramasinghe y Al-Mufti, S., Astrophys. Sp.Sci. 86, 341, 1982)13.
A  pesar que la información había sido rigurosamente obtenida, analizada e interpretada, la comunidad científica internacional decidió rechazar sin  màslas nuevas revelaciones. No era posible que hubiera bacterias en el espacio sideral. Ellas no sobrevivían en el vacìo. No resistían el intenso frío del espacio. Las bacterias sòlo existían en la Tierra como producto de una evolución propia de nuestro planeta. Era imposible.
De ser ciertas las alegaciones de Hoyle, Wickramasinghe y Al-Mufti, se derrumbaría el paradigma reinante. Habría que reescribir los libros de ciencia.
Otra vez, como había ocurrido tantas veces en la historia de la ciencia y de la humanidad se decretó que los  nuevos datos eran inadmisibles, inapropiadamente obtenidos y/o mal interpretados.
Pasaron algunos años. La nueva información que se recogió durante las dos décadas siguientes parece confirmar la hipótesis del polvo interestelar bacteriano. Meteoritos con restos de bacterias fosilizadas, múltiples pruebas acerca de la resistencia de las esporas, algunas bacterias contenidas en el aparato digestivo de abejas fosilizadas en ámbar fueron vueltas a la vida luego de 25 millones de años. Se sabe que hubieron bacterias terrestres que resistieron casi tres años en el ambiente inhóspito lunar y fueron traidas de regreso a la Tierra por una sonda rusa en la dècada de 1960, se han encontrado bacterias viables a gran altura, en la estratósfera14, y recientemente la sonda Stardust registró polímeros orgánicos que parecen bacterianos en pleno espacio interplanetario. Resulta cada vez más difìcil contradecir las evidencias.
El universo está poblado de vida. En las cortezas, océanos y atmósferas de losgrandes planetas, en el interior de los pequeños asteroides y cometas, en los fragmentos de hielos errantes, y hasta en el polvo cósmico microscópico. Innumerables esporas bacterianas recorren los espacios oscuros y gélidos en busca de un lugar donde despertar, vivir y reproducirse.
Una vida que siempre existió y siempre existirá. Sin principio ni fin.
De ellas provenimos. Nuestros innumerables e inmortales ancestros cósmicos15. Las diminutas serpientes celestiales.
Del libro "Pueblos, Drogas y Serpientes", D.Antòn, Piriguazù Ediciones

lunes, 22 de enero de 2018

De: “Pueblos, Drogas y Serpientes”, Contexto A “En el principio fue el hielo”


“Empezó a tomar forma…un ser compuesto de viento, olas y lluvias, cuya esencia era movimiento y cuyo cuerpo era el de la serpiente. Esta serpiente vivía en el cielo, y su presencia se manifestaba en todas partes: …en los tornados, en las formas de las nubes y en los vientos. En las laberínticas cortinas de lluvia y en los riachuelos…
Algunas veces, este genio serpenteante de los cielos arrojaba incluso hacia la tierra diminutos modelos de sí mismo con la lluvia: serpientes de poca edad que se deslizaban dentro de las grietas de la tierra y espabilaban las almas que dormían allí.” (1)
Antes que cayera a gran velocidad en el vientre acuoso de aquel mundo azul, ella había pasado mucho tiempo dormida en el hielo, protegida por una masiva envoltura gris de roca y polvo.
Es difícil saber cuanto tiempo transcurrió desde que dejó su otro mundo, al otro lado de estos universos estelares y gaseosos. La conciencia del tiempo requiere una complejidad especial que, por lo menos dentro de esta protuberancia sideral en que ella viajaba, aún no existía.
En su lugar de origen había otros seres iguales a ella, espirales  alargadas de vida nutridas por océanos y lagos diferentes, muy antiguos, muy lejanos.
Tal vez no llegó sola, probablemente venían con ella cientos, miles, millones de hermanas igualmente encerradas en sus costras heladas.
En su alargado cuerpo traía toda la información necesaria para reconstruirse entera, para navegar, para crear hijas nuevas replicadas a partir de los códigos viejos.
Cuando cesó la lluvia de partículas y rocas sobre las olas rugientes del gran mar, casi solitario, ella sintió resquebrajarse la costra y fundirse el hielo.
De a poco su roca-útero se fue achicando, hasta que pudo derivar, moverse en este mundo azul desconocido, pero que parecía tan hospitalario como el propio.
Sus hermanas también habían caido allí, antes o después, y estaban buscando sin prisa, los calores, las luces, los alimentos necesarios.
Al cabo de mucho tiempo, ellas, las pequeñísimas serpientes celestiales, se habían extendido a todas las aguas del planeta, a los océanos, a las nubes, a los ríos y lagos, y al rocío. Hasta las venas líquidas en lo más profundo de la tierra pasaron a estar pobladas por una muchedumbre de seres minúsculos. Madres e hijas, innumerables, reproduciendo los registros antiquísimos en las nuevas aguas terrenales, para crear otra esfera de vida en el espacio.
1) Fragmento de “Este árbol brota del infierno” de Ptolemy Tompkins


Reproducido de “Pueblos, Drogas y Serpientes”, D.Antón, Piriguazú Ediciones.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Vida extraterrestre;  bacterias 'que no habían estado allí' encontradas en el casco de la ISS, dice el cosmonauta ruso

Se encontraron bacterias vivas en la superficie de la Estación Espacial Internacional (ISS), y podrían tener orígenes extraterrestres, dijo el cosmonauta ruso Anton Shkaplerov. 
Los microorganismos se estudiarán más en la Tierra.
Shkaplerov, un ingeniero de vuelo de la expedición de ISS que realizará su tercer viaje a la ISS en diciembre como parte de la tripulación de Expedition 54, dijo que los científicos encontraron bacterias vivas mientras tomaban muestras de la superficie de la estación. 
En declaraciones a TASS, dijo que los microorganismos podrían haber venido del espacio exterior.
 "Las bacterias que no habían estado allí durante el lanzamiento del módulo ISS se encontraron en los hisopos", dijo Shkaplerov. "Así que han volado desde algún lugar en el espacio y se han asentado en el casco exterior". El cosmonauta agregó que las muestras están siendo estudiadas y parecen estar a salvo.
Shkaplerov dijo que algunos microorganismos de la Tierra también sobrevivieron en el vacío y las diferencias de temperatura de -150ºC a 150ºC.
Estas bacterias ingresaron accidentalmente al espacio exterior durante los experimentos 'Prueba' y 'Biorisco', en los que se instalaron almohadillas especiales en el casco del ISS y se dejaron allí durante varios años para determinar cómo el material se ve afectado por las condiciones en el espacio.
Sin embargo, rastros de bacterias que se originaron en la Tierra - de Madagascar - y plancton del Mar de Barents, se habían encontrado antes durante un experimento de 'Prueba' en mayo. Los científicos explicaron que llegaron allí debido al fenómeno de elevación de la ionosfera, en el cual las sustancias de la superficie de nuestro planeta se elevan a la capa atmosférica superior. Tras el descubrimiento, la agencia espacial rusa Roscosmos junto con otros científicos sugirieron elevar el límite superior de la 
biosfera a 400 kilómetros de la altitud actual de 20 kilómetros.
Traducido de rt.com
© Reuters

martes, 9 de mayo de 2017

La panspermia

Francis Crick obtuvo un Premio Nobel por ser co-descubridor de la estructura de la molécula de la vida, una larguísima y compleja doble hélice que fue denominada ácido desoxiribonucleico o ADN3 .
En su libro “La vida misma, su origen y naturaleza”, Crick argumentaba que la vida no pudo haber surgido de una sopa terrestre primitiva.
En primer lugar, porque la molécula de ADN no puede ensamblarse sola, requiere proteinas especiales para hacerlo. Y en segundo lugar, porque no parece posible que las proteinas puedan formarse por casualidad.
Todas las proteinas están hechas de tan sólo 20 aminoácidos específicos. Cada una de ellas contiene doscientos aminoácidos que son combinaciones variables de la veintena de compuestos antes mencionados.
De acuerdo a Crick, las probabilidades de que se formara una proteina cualquiera por azar son de apenas una en 10160, cantidad mucho mayor que TODOS los átomos del universo conocido (1080).
Es como si un remolino que agitase un depósito de chatarra, “casualmente” construyera un jet B-747 listo para volar…
Este autor concluye que la complejidad que existe en las estructuras celulares no puede ser debida al azar. Las moléculas iniciales de la vida debieron provenir del espacio.
Esta teoría que ha sido llamada “panspermia”, había sido propuesta por Svante Arrhenius4  a principios del siglo XX, y desarrollada por Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe durante las últimas décadas3 .
Piensan Hoyle y Wickramasinghe que la vida se habría originado en el momento de la formación de las galaxias, tal vez de la nuestra (“la Vía Láctea”) o del conjunto de las galaxias del universo conocido, y a partir de ese momento se habría difundido contenida y transportada en los pequeños cuerpos cometarios “sembrando” los planetas que tenían las condiciones apropiadas6 . La Tierra recibió sus primeras semillas devida hace casi 4,000 millones de años, evolucionando en diferentes direcciones de acuerdo a las condiciones de los ambientes encontrados. Según Wickramasinghe (1974), el polvo interestelar es esencialmente orgánico y existe vida de tipo bacteriano por doquier.
Estos organismos y materia orgánica estarían llegando a la atmósfera terrestre en forma regular, modificando y enriqueciendo el stock genético planetario.
Ello explicaría la presencia de compuestos orgánicos detectados al quemarse algunos meteoritos a 80 quilómetros de altura7 , y el reciente hallazgo de bacterias vivas a 16,000 de altitud8 .

Este último autor y Fred Hoyle interpretan como de origen orgánico la coloración rojiza de ciertos satélites planetarios cuya superficie está cubierta de hielo (p.ej. Europa, Calisto y Charon9 ), y de otros astros ubicados en el llamado cinturón de Kuiper10 . De acuerdo a ambos astrónomos, el interior de estos planetoides (cuya temperatura exterior es inferior a –200° C), estaría “entibiado” por los procesos de desintegración radioactiva de sus minerales, permitiendo la existencia de agua líquida en su interior, y por ende, de procesos biológicos. Piensan estos autores que la vida puede sobrevivir la congelación profunda por mucho tiempo, tal vez decenas o cientos de millones de años.
Extraido de "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazu Ediciones

lunes, 30 de enero de 2017

Vida en todos los sistemas estelares y fuera de ellos
D.Antón


En varios artículos que subí en fbook y en mi blog daniloanton.blogspot.com sostuve, basado en los enfoques teóricos de Thomas Gold y Fred Hoyle, que la vida es posible en todos los cuerpos celestes con temperaturas inferiores a los 100-200 grados centígrados. Cuando las temperaturas superficiales de los planetas, satélites, asteroides y cometas, son muy frías (por ejemplo, debajo de los 50-100 grados bajo cero centígrados) el calor interior puede fundir los hielos generando acumulaciones de agua subterránea que permitiría la existencia de organismos vivos.
Para que la vida sea posible se requieren las condiciones para que exista agua líquida. 

Esto se aplica al sistema solar y a todos los demás sistemas estelares análogos y a los cuerpos celestes planetarios independientes (que no forman parte de ningún sistema estelar).
O sea que habría trillones de astros planetarios (solo en nuestra galaxia) que podrían potencialmente albergar organismos vivos en su interior.
En Marte, por ejemplo, podría haber organismos vivos subterráneos a profundidades del orden de algunos cientos de metros (donde se dan las condiciones para que haya agua líquida). En la Luna, en Ganímedes, Europa (satélites de Júpiter), Titán. Tritón (satélite de Neptuno), Plutón y otros cuerpos celestes similares las condiciones para el agua líquida también se dan a profundades de algunos cientos de metros o unos pocos kilómetros.
O sea que la vida existiría en todas partes en que la temperura y presión son adecuadas para que exista el agua líquida.
No es lógicamente admisible, como se sostiene en la geogonía oficial, que la vida se haya originado en la Tierra ni que nuestro planeta tenga la exclusividad en ese aspecto. Estas hipótesis (yo diría creencias) de que la Tierra es única con relación a la vida es el último vestigio del antiguo geocentrismo. La teoría que sostiene el origen extraterrestre de la vida es la panspermia.
Interesante es reflexionar sobre la posible existencia de vida en los cometas. Son cuerpos pequeños (en general de menos de 10-20 km de diámetro) que no poseen mucho calor interno pero que parecen contener un gran porcentaje de moléculas orgánicas (MUY ricas en carbono). Seguramente los cometas transportan los elementos básicos de la vida y tal vez organismos en vida latente o activa, probablemente bajo la forma de esporas, y en algunos casos incluso microorganismos viables. No lo sabemos. Pero la coherencia de la naturaleza y el universo nos hace pensar que la vida está (casi) en todas partes. Como sostenía Fred Hoyle: "la vida es una propiedad de la materia"-

miércoles, 5 de octubre de 2016

¿Los cometas están vivos?

Danilo Antón
El comportamiento de los cometas es impredecible. Aparecen de la nada, se sumergen en el interior del sistema solar, subliman sus hielos, expulsan chorros fuertes deasw sus superficies, expulsan partículas de polvo que son arrastradas por el viento solar formando l "coma" o una cola.
Son muy oscuroS, su albedo es menor que 5%. Son más oscuroS que el carbón. Sus hielos son agua, dióxido de carbono y varios hidrocarburos y compuestos orgánicos y moléculas.
Cambian su brillo sin ninguna razón aparente.
Fred Hoyle, Chandra Wikramasinghe y otros creen que dentro de las cometas existen esporas bacterianas y que la vida llegó a la Tierra dentro de estos cuerpos celestes (teoría llamada "panspermia"). De vez en cuando nuevos cometas golpean nuestro planeta. Probablemente esto es lo que sucedió en Tunguska, Siberia, en 1908.
Es posible que los cometas no sólo transporten vida, en forma de bacterias o esporas, pueden incluso estar vivos ellos mismos. De alguna manera coinciden con la definición de un "organismo"vivo. Nacen cuando salen del congelado ambiente interestelar y comienzan su actividad durante su deriva solar. Mueren cuando se acercan demasiado al sol o después de unos pocos miles de órbitas próximas a la Tierra u otros planetas interiores. Algunos de ellos tienen órbitas elípticas y otros órbitas parabolicas o hiperbólicas. Cuando se acercan al Sol demasiado sus hielos se subliman y pueden desaparecer en el calor solar o desarticularse en trozos más pequeños, quedando como restos minúsculos y cayendo en la Tierra, de vez en cuando, bajo la forma de meteoritos...
Las pocas sondas interplanetarias que visitaron los cometas han confirmado sus características inusuales, especialmente la impresionante misión Rosetta, que fue a acompañar el cometa 67 / Churyurmov-Geramisenko en su órbita. Se identificaron varias moléculas orgánicas durante esta misión y todavía surgen muchas dudas acerca de la dinámica interna de estos pequeños y misteriosos cuerpos espaciales.


miércoles, 24 de febrero de 2016

Los hidrocarburos y la materia orgánica en el espacio

Danilo Antón
Los estudios espectroscópicos de los nubes interestelares de polvo cósmico llevados a cabo por varios observatorios astronómicos en los últimos años han permitido comprobar que los hidrocarburos son muy abundantes en el universo.

En particular, las investigaciones del astrónomo inglés Fred Hoyle y otros miembros de equipo científico del Instituto de Astrobiofísica de Cardiff en Gran Bretaña aportaron datos trascendentes acerca de varias moléculas orgánicas encontradas en estas nubes, incluyendo algunas que presentaban comportamientos espectrales sorprendentes, similares a los de las esporas de ciertas bacterias.
En 1968 se realizaron estudios del polvo interestelar donde fueron detectadas moléculas de aromáticos policíclicos (Donn, 1968 1).
Cuatro años después, en otra investigación (Johnson, 1972), se obtuvieron elementos que confirmarían la presencia de porfirinas en este polvo espacial2.
En 1974 Wickramasinghe probó la existencia de polímeros orgánicos complejos en condiciones espaciales, en particular poliformaldehidos3. Se hace notar que estas moléculas están emparentadas con las celulosas que son muy abundantes en la bioquímica terrestre.
Finalmente, ya en 1975, Hoyle y Wickramasinghe llegaron a la conclusión de que los polímeros orgánicos constituían una importante proporción del material del polvo.
En ese momento las conclusiones de ambos autores fueron consideradas altamente especulativas.

En la actualidad, aunque con reservas, son en general aceptadas. Incluso en un trabajo reciente de Wickramasinghe se describe el hallazgo de polímeros hetero-aromáticos en polvos interestelares por los instrumentos de la sonda Stardust que de acuerdo a la interpretación de los autores constituirían fragmentos de paredes celulares rotas luego de impactos a 30 km por segundo contra las superficies de los detectores.4
Luego de sus primeros trabajos a mediados de la década de 1970, Hoyle y Wickramasinghe continuaron sus investigaciones y concluyeron que el espectro de absorción luminosa del polvo interestelar contenía una inflexión que podía ser explicada si los granos tuvieran un cierto tamaño y fueran huecos.
En 1979, luego de intentar comparaciones con numerosas substancias estos autores encontraron una gran similitud con esporas bacterianas secas. Estas últimas refractan la luz como esfera huecas irregulares y tienen una gama de tamaño de grano apropiada. En función de estos datos concluyeron que una proporción importante de los granos de polvo interestelar podía estar constituida por esporas de bacterias congeladas.
5
Este hallazgo fue considerado ridículo en su época y aún hoy es generalmente ignorado. Incluso hubo quienes pensaron que «el pobre Fred Hoyle había perdido la brújula».
En los últimos 15 años de su vida, hasta su muerte en 2001, Hoyle se dedicó a estudiar las implicaciones de esta hipótesis. Su alumno y sucesor, Chandra Wickramasinghe y los discípulos del Centro de Astrobiología de Cardiff continúan explorando estos aspectos audaces e innovativos de la vida en el espacio.

Referencias
1 Bertram Donn, v 152 L129 Astrophysics J. Lett. 1968 ref. de «Hoyle and Wickramasinghe’s Analysis of Interstellar Dust» fuente: http://www.panspermia.org/astronmy.htm
2 Fred M. Johnson, 1972; Interstellar Matter II: Diffuse Interstellar Lines and Porphyrins; p 186-206 v 187 Annals of the New York Academy of Sciences. 25 January 1972.

3 N.C. Wickramasinghe, 1974; Polyformaldehyde polymers in interstellar space; p 462-463 v 252 n 5483, Nature. December 6, 1974.