La cola, una substancia estimulante de amplio consumo
en Africa Occidental que se transformó en materia prima de refrescos en todo el mundo
D.Antón
La cola o kola se produce a partir del árbol Kola vera. Esta planta, que es originaria de Africa Occidental pertenece a la familia de las Sterculiaceae. Se la denomina también: Cola acuminata y Sterculia acuminata. Se utilizan las nueces que reciben múltiples nombres: Kola, Cola, Gurru, Guru y Bissy. Su hábitat se extiende por Sierra Leona y el norte del país Ashanti. Actualmente se la cultiva en Africa Occidental tropical, las Antillas, Brasil y Java. Crece hasta unos 12-13 metros, tiene hojas amarillas manchadas de púrpura y hojas de 15 a 20 cms de largo puntiagudas en ambos extremos. Las semillas se usan ampliamente como condimento en Africa Occidental y Central, también en Brasil y en las antillas.
En Africa se la encuentra creciendo cerca de la costa y hay comercio de las nueces hacia el interior. Se consume en casi todo el continente. Se mastica un pedazo antes de cada comida para favorecer la digestión, se piensa que mejora el sabor de cualquier cosa que se coma después, e incluso que puede hacer palatable el agua fétida. El polvo se aplica a las heridas.
Hay diversos tipos de semillas de kola derivadas de diferentes especies pero la Kola vera es utilizada preferentemente con fines medicinales.
Las nueces Gurru se emplean de la misma manera que las de Kola vera pero se obtienen de un árbol que crece en Camerún y en el Congo, utilizándose como estimulante (también contiene cafeína).
La kola que se comercializa consiste de dos cotiledones separados del kernel de la semilla. Cuando fresco, éste es casi blanco, y al secarse sufre un cambio fermentativo, volviéndose marrón y perdiendo mucha de su astringencia.
Los cotiledones secos varían en tamaño de 2 a 5 centímetros, son irregulares de forma, pero groseramente plano-convexos, con un exterior marrón rojizo, y un interior más pálido, fácilmente cortadas, mostrando una sección uniforme, inodora y casi insípida.
Las diversas variedades de nueces dan un porcentaje más o menos grande de cafeína, que sólo se encuentra en estado fresco. Se dice que contiene kolanina, un glucósido, pero es probablemente una mezcla de rojo cola y cafeína. Las semillas también contienen almidón, materias grasas, azúcar y una enzima que descompone las grasas.
La kola tiene efectos tónicos y propiedades similares a la cafeína, aunque con efecto astringente.
Como se sabe la kola es utilizada en numerosas bebidas y refrescos que han tenido una difusión internacional desde hace más de un siglo.
De "Pueblos, Drogas y Serpientes", D.Antón, Piriguazú Ediciones.
Donde se revela la verdad detrás de los fraudes y dogmatismos científicos y antropológicos impuestos por las oligarquías académicas y políticas.
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sábado, 27 de junio de 2020
domingo, 10 de julio de 2016
El pozo más profundo jamás
perforado
Danilo Antón

En la
península de Kola, al norte de Rusia, se encuentra el pozo más profundo jamás
perforado. El objetivo inicial de los soviéticos (en esa época era la Unión
Soviética) cuando iniciaron la perforación en 1970 era llegar hasta los 15.000 metros de
profundidad tomando muestras y realizando mediciones que permitieran
entender un poco más la naturaleza de la corteza terrestre.
Los soviéticos
escogieron para la perforación de su pozo superprofundo un lugar en la
península de Kola en el extremo norte.
La perforación
comenzó en 1970. En los primeros cuatro años avanzó rápidamente y el pozo
alcanzó los 7.263
metros.
Hasta los
7.000 metros, los soviéticos pudieron emplear equipos estándar provenientes de
la industria petrolífera y gasística. A partir de ese punto, al no existir
ningún referente anterior de perforación a esas profundidades, se tuvieron
que desarrollar nuevas técnicas y maquinaría, utilizando el método de
prueba y error. Los soviéticos tuvieron que afrontar numerosas dificultades,
aunque el principal problema que se encontraron fueron las altas
temperaturas a las que tenía que trabajar la broca, lo que hizo que se
tuvieran que idear sistemas de refrigeración y brocas capaces de trabajar a más
de 300 grados.
Ante esta
situación, se decidió que antes de continuar con la perforación era necesario
hacer el agujero más
ancho y colocar un “envoltorio”, una tubería exterior, para
estabilizar las secciones cavernosas de la parte superior del pozo, que eran
las más inestables. El diámetro del pozo se amplió hasta los 295mm de
diámetro y se colocó una tubería exterior de 245mm hasta los 8.000 o 9.000
metros de profundidad. Durante la operación para hacer más ancho el pozo, a la
profundidad de 7.000 metros, el taladro se desvió de su anterior trayectoria y
se continuó perforando un nuevo pozo lateral de 295mm de diámetro.
Una vez se acabó de colocar la tubería exterior, la perforación siguió con un
diámetro de 215.9mm. Se tardarían
casi 5 años en llegar a la profundidad anterior a la rotura, pero en 1989
se llegó a los 12.262 metros. Durante ese año, se esperaba que el pozo pudiera
alcanzar los 13.500 y en otros cuatro años más, los 15.000. Sin embargo,
las temperaturas que se estaban encontrando durante la perforación
eran muy diferentes de las esperadas. A diferencia de lo ocurrido durante
los primeros 3 kilómetros de perforación, en los que la temperatura coincidía
con las predicciones (apenas un grado de incremento por cada 100 metros), a
partir de esa profundidad, el incremento de la temperatura empezó a ser mucho
más rápido.
A los 10.000
la temperatura alcanzaba ya los 180
grados, mucho más de los 100 que se habían pronosticado. De seguir así la
progresión, la temperatura a 15.000 metros de profundidad hubiera sido de unos
300, lo cual hubiera impedido al taladro trabajar. Con estos datos se consideró
imposible continuar con la perforación y en 1992 se decidió detener los
trabajos.
Pese a todo,
la perforación de Kola se podía considerar un éxito. Se había atravesado un tercio de la
corteza continental báltica, que se supone que es de unos 35 kilómetros de
grosor, y había permitido sacar a la luz rocass de 2.700 millones
años de antigüedad. Los científicos habían llevado a cabo numerosos
estudios geofísicos sobre la estructura profunda de la placa báltica, las
discontinuidades sísmicas y el régimen termal de la corteza terrestre.
Pero uno de
los descubrimientos más fascinantes fue el hecho de no encontrar cambio de
velocidades sísmicas en la hipotética transición entre granito y basalto dentro
de la corteza. Este hecho tiró por tierra la teoría del geofísico Harold
Jeffreys, y que hasta la fecha era aceptada como hipótesis de trabajo por la
mayoría de geólogos. Según la teoría del británico, el “salto” de velocidad de propagación sísmica dentro de la
corteza se debía al paso del granito al mucho más denso basalto.
Sorprendentemente,
a esa profundidad se encontró una capa deroca metamórfica, que se extendía
entre los 5 y 10 kilómetros de profundidad. Era precisamente en el fondo de
esta capa donde se producía el esperado cambio de velocidad de propagación.
Además, las rocas de esta capa se encontraban muy fracturadas y saturadas
de agua. Encontrar agua a esas profundidades también resultó del todo
inesperado. Los geólogos creyeron que ese agua, a diferencia del agua
superficial, debía provenir de minerales de las capas más profundas de la
corteza, pero que le había resultado imposible llegar a la superficie por culpa
de alguna capa de roca impermeable.
Otro descubrimiento inesperado fue la gran cantidad de hidrógeno, que contenían los lodos extraídos. Los lodos parecían hervir por el hidrógeno que se escapaba de ellos. También resultó sorprendente comprobar que la densidad de las rocas bajaba a grandes profundidades. Cerca de la superficie, la densidad tiende a crecer con la profundidad, pero a una profundidad de unos 4.500 metros se registró un repentino descenso de la densidad y un incremento de su porosidad y permeabilidad.
Otro descubrimiento inesperado fue la gran cantidad de hidrógeno, que contenían los lodos extraídos. Los lodos parecían hervir por el hidrógeno que se escapaba de ellos. También resultó sorprendente comprobar que la densidad de las rocas bajaba a grandes profundidades. Cerca de la superficie, la densidad tiende a crecer con la profundidad, pero a una profundidad de unos 4.500 metros se registró un repentino descenso de la densidad y un incremento de su porosidad y permeabilidad.
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