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miércoles, 27 de enero de 2016

Los gobiernos reprimen los estados de conciencia

La ola prohibicionista del siglo XX

La “caza de brujas”, referida a los consumidores de sustancias psicoactivas, se reinició en los Estados Unidos durante el período habitualmente llamado de “la Ley Seca”. Durante esa época, que aproximadamente se extendió desde el 1915 a 1932, se intentó restringir el consumo de bebidas alcohólicas. Al limitarse o prohibirse la producción y comercialización de estas bebidas, se desencadenó una ola represiva que culminó en la aparición de grupos organizados que se dedicaron a satisfacer las demandas en alcohol de la población por cualquier medio. Estas bandas mantuvieron al propio estado en jaque por varios años, hasta que la prohibición fue derogada.
Al mismo tiempo, las sociedades centrales concentraban sus energías en perseguir a los opositores ideológicos internos. La fiebre anticomunista que invadió la Alemania nazi, la Italia fascista y la España del franquismo, y que luego se extendiera a los Estados Unidos con el fenómeno macarthista, concentraron la atención de las fuerzas policiales de los estados por varias décadas.
Una vez que se comprobó que el supuesto enemigo subversivo había disminuido su influencia, particularmente después de la caida del llamado “Bloque del Este”, las elites de los países centrales, y en particular de los Estados Unidos, se dedicaron a buscar un nuevo objetivo para ocupar sus fuerzas represivas “ociosas”.
Nuevamente, como en los tiempos del Tribunal del Santo Oficio, lo hallaron en la producción, tráfico y consumo de ciertas sustancias psicoactivas.
Así fueron prohibidos y estigmatizados la amapola, el opio y sus derivados, el cáñamo (marihuana) y el hachís, la coca y la cocaína, el LSD, el éxtasis y muchas otras sustancias tanto naturales como sintéticas que tienen la propiedad de modificar el estado de la conciencia.
Los nuevos cazadores de brujas están parapetados atrás de oficinas estatales y policiales, poseen jets y helicópteros de gran potencia, tienen presupuestos casi ilimitados y una impunidad prácticamente asegurada.
Mientras tanto, mucha gente común, personas que sólo buscan satisfacer las demandas sanas de su mente y de su cuerpo, se han visto obligadas a prescindir de las sustancias antiguas y sagradas, o a obtenerlas de modo “ilegal” arriesgando la persecución y el arresto.
La antigua lógica de la Inquisición todavía continúa, pero ahora con una propaganda más sutil y muchos más medios materiales.
De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.

viernes, 1 de enero de 2016

La ola prohibicionista del  siglo XX
 D,Antón
 La “caza de brujas”, referida a los consumidores de sustancias psicoactivas, se reinició en los Estados Unidos durante el período habitualmente llamado de “la Ley Seca”. Durante esa época, que aproximadamente se extendió desde el 1915 a 1932, se intentó restringir el consumo de bebidas alcohólicas. Al limitarse o prohibirse la producción y comercialización de estas bebidas, se desencadenó una ola represiva que culminó en la aparición de grupos organizados que se dedicaron a satisfacer las demandas en alcohol de la población por cualquier medio. Estas bandas mantuvieron al propio estado en jaque por varios años, hasta que la prohibición fue derogada.
Al mismo tiempo, las sociedades centrales concentraban sus energías en perseguir a los opositores ideológicos internos. La fiebre anticomunista que invadió la Alemania nazi, la Italia fascista y la España del franquismo, y que luego se extendiera a los Estados Unidos con el fenómeno macarthista, concentraron la atención de las fuerzas policiales de los estados por varias décadas.
Una vez que se comprobó que el supuesto enemigo subversivo había disminuido su influencia, particularmente después de la caida del llamado “Bloque del Este”, las elites de los países centrales, y en particular de los Estados Unidos, se dedicaron a buscar un nuevo objetivo para ocupar sus fuerzas represivas “ociosas”.
Nuevamente, como en los tiempos del Tribunal del Santo Oficio, lo hallaron en la producción, tráfico y consumo de ciertas sustancias psicoactivas.
Así fueron prohibidos y estigmatizados la amapola, el opio y sus derivados, el cáñamo (marihuana) y el hachís, la coca y la cocaína, el LSD, el éxtasis y muchas otras sustancias tanto naturales como sintéticas que tienen la propiedad de modificar el estado de la conciencia.
Los nuevos cazadores de brujas están parapetados atrás de oficinas estatales y policiales, poseen jets y helicópteros de gran potencia, tienen presupuestos casi ilimitados y una impunidad prácticamente asegurada.
Mientras tanto, mucha gente común, personas que sólo buscan satisfacer las demandas sanas de su mente y de su cuerpo, se han visto obligadas a prescindir de las sustancias antiguas y sagradas, o a obtenerlas de modo “ilegal” arriesgando la persecución y el arresto.
La antigua lógica de la Inquisición todavía continúa, pero ahora con una propaganda más sutil y muchos más medios materiales.
De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones



jueves, 24 de diciembre de 2015

El opio y la amapola 

 Danilo Antón
 La amapola (Papaver somniferum) es una de las plantas medicinales más antiguas del mundoafro-eurasiático. 
Se trata de una planta herbácea anual que crece naturalmente en el Asia Menor y en otras regiones del Cercano y Medio Oriente. Sus semillas son edibles y no son psicoactivas. Sin embargo, cuando se araña la cápsula sale un material lechoso y gomoso que al endurecerse se vuelve marrón. Esta substancia, que tiene propiedades muy especiales, se llama opio.
La amapola fue domesticada en tiempos muy antiguos. Hay registros sumerios en Mesopotamia (hace 6,000 o 7,000 años) que mencionan la amapola, y las tabletas medicinales asirias se refieren a su poder curativo. En el siglo XVII a.e.c. un tratado médico egipcio prescribía el opio para los niños que lloran, del mismo modo que, muchos siglos más tarde, las niñeras de la época victoriana habrían de utilizar opiatos para calmar a los bebitos.
Históricamente, el opio no se fumaba, sino que era más bien bebido con vino o tragado como píldoras. Se le usaba para calmar el dolor, lograr un estado de euforia o como afrodisíaco.
En Creta antigua se plantaba la amapola desde tiempos minoicos (tercer y segundo milenio antes de la era común).
Existen jarras de cerámica del año 1,500 a.e.c. provenientes de Chipre que muestran incisiones estilizadas con la forma de las cápsulas de amapola18 . También se han encontrado pipas de marfil del siglo XII a.e.c. en un templo de esta misma isla que según se piensa eran utilizadas para inhalar los vapores del opio (uno de los pocos ejemplos de «pipas de fumar» de que se tiene noticia en el Mediterráneo, anteriores a la expansión europea en América).
La deidad femenina griega Demeter, la Diosa Madre, era al mismo tiempo Diosa de los granos y de las amapolas.
En Grecia y Roma el opio era habitualmente administrado como calmante del dolor. Con ese fin era recomendado por los fundadores de la medicina europea: Hipócrates (c.400 a.c.), Dioscórides y Galeno (130-200 d.c.).
Se piensa que la poción que preparaba Helena de Troya en la Odisea de Homero «para acallar el dolor y la pena y traer olvido a cada malestar» estaba preparada en base al opio de amapola. Del mismo modo, hay quien sostiene que el vinagre mezclado con «hiel» que se ofreció a Cristo en la Cruz (Mateo 27:34) también contenía esta sustancia. Es sintomático que en el antiguo idioma hebreo, la palabra utilizada para designar la «hiel», rôsh, se usaba también para denominar al opio.
A partir de los siglos VII y VIII, la medicina del opio también formó parte de la civilización islámica. Los comerciantes árabes difundieron el opio en Persia, la India, el país malayo y finalmente China.
En el año 1530 el médico suizo-alemán  Paracelsus19 desarrolló un nuevo tipo de medicina que, en cierto modo, integró las prácticas clásicas y medievales. Paracelsus era un admirador de los poderes del opio al que llamaba «la piedra de la inmortalidad» que siempre transportaba en «el pomo de la silla de montar».
El medicamento basado en el opio que tuvo más trascendencia fue la tintura de láudano que se prepara disolviendo opio en alcohol. Este receta de Paracelsus tuvo éxito singular difundiéndose rápidamente en todo el continente europeo.
Durante más de tres siglos el láudano fue «la» medicina que no podía faltar en ningún botiquín médico. Su consumo se extendió a las clases acaudaladas en todos los estados del continente, a los clubes de sociedad de Londres y París y a las altas esferas políticas y militares. Durante casi todo el siglo XIX la mayor parte de los aristócratas se habían hecho aficionados al láudano, o sea, al opio con alcohol.
El avance musulmán llevó el consumo del opio hasta la India, país que, con el tiempo, habría de terminar siendo el mayor productor mundial de amapola. En los siglos diecisiete y dieciocho, los monarcas mogules le deban opio a los soldados, y el propio emperador Shah Jahan, constructor del Taj Mahal, bebía opio en su vino. Todavía hoy, en ese país, los trabajadores de la construcción y los peones agrícolas se introducen una pequeña pelota de opio en la boca ingiriéndola con su té. Sin embargo, en el subcontinente hindú, el consumo del opio nunca alcanzó la dimensión social que luego habría de alcanzar en China, sobre todo durante el siglo XIX.

De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.
Blog in English: daniloanton-en.blogspot.com

jueves, 17 de diciembre de 2015

El peyote, cactus sagrado de las Primeras Naciones mexicanas

Cactus alucinógeno de vital presencia ritual y medicinal en la cultura de diversos pueblos que habitan las regiones áridas y semiáridas del norte de México. Es una pequeña biznaga hemisférica de color verde cenizo, sin espinas, con una raíz larga y similar a un nabo, cuya denominación taxonómica es Lophophora williamsii. Aunque existen referencias al peyote en diversas lenguas, principalmente de los grupos norteños, la mayoría de la información etnográfica está concentrada en tarahumaras y huicholes.
Para los tarahumaras, el hikuli representa un importante recurso medicinal utilizado por los terapeutas para la curación de múltiples enfermedades. Es aplicado externamente como ungüento; molido en un metate o masticado y humedecido en la boca para sanar magulladuras, quemaduras, heridas, mordedura de víboras, reumatismo y otras dolencias, así como para mitigar el cansancio producido por las largas caminatas. Su ingestión se lleva a cabo en ceremonias dirigidas por el peyotero, quien auspicia salud y prosperidad, siempre acompañadas de danzas y cantos en su honor. Se reconocen varias clases, pero se tiene una estima especial por una variedad verde de gran tamaño, que recibe el nombre de peyote cristiano (híkuli deweame) estimado como el de mayor eficacia; por otro lado, también se habla de hikuli walúla saeliami, expresión que significa “hikuli de mayor autoridad”, considerado por otros como el más potente (6).
El grupo huichol es el que ha originado el culto más elaborado alrededor de este cactus, seguramente por haber podido salvaguardar su sistema religioso y cultural de mayores influencias cristianas (5). Es así que el peyote forma una trilogía indisoluble con el maíz y el venado, por lo que es necesario obtenerlo cada año durante la temporada seca, en una peregrinación hacia “el país sagrado de Wirikúta”, cerca de Real de Catorce, San Luis Potosí, para propiciar la abundancia de lluvias y venados, así como buenas cosechas (7). Los huicholes tienen la firme convicción de que la planta les permite entablar la comunicación con sus dioses, adivinar el porvenir y hablar el idioma de los animales (8). La ingieren de dos maneras principales: el cacto fresco, entero o cortado, equivalente a la carne del venado; o bien seco y macerado, o molido en metate y mezclado con agua; esta dualidad simboliza la simbiosis o interdependencia de las estaciones húmeda y seca, caza y agricultura, hembra y macho (el cacto y el venado son masculinos, el agua es femenina) (5). Lo emplean para combatir una gran variedad de males físicos, para aliviar la fatiga y, a menudo, sólo para obtener sensaciones psíquicas agradables (5). Su uso también es imprescindible en los rituales iniciáticos, donde el candidato a mara’akáme debe ingerirlo para poder entrar en contacto con las divinidades que se convertirán en sus apuntadores en los variados y usuales ceremoniales (9).
A lo largo del país, se usa contra dolores reumáticos, musculares y de aire, frotando las partes afectadas con la tintura de la planta o con un macerado alcohólico; se aplica molido y en forma de emplasto para tratar el dolor de muelas; se macera en agua o vinagre, y se frota sobre el cuerpo para controlar la fiebre.
De acuerdo con varios autores, el uso de este cacto como psicotrópico y recurso medicinal es uno de los más antiguos conocido por las culturas prehispánicas, según consta en las diversas fuentes de los cronistas de los tiempos de la Conquista y en los descubrimientos arqueológicos que sugieren su uso ceremonial desde hace más de tres mil años. Los primeros testimonios europeos son los de Bernardino de Sahagún, quien relató su empleo entre los chichimecas de las mesetas desérticas del norte.
Hay otra yerba como tunas de tierra, se llama peyotl, es blanca, se encuentra en el norte del país, los que la comen o beben, ven visiones espantosas o irrisibles: dura esta borrachera dos o tres días y después se quita; es común manjar de los chichimecas, pues los mantiene y les da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed, ni hambre y dicen que los guarda de todo peligro (10:132).
La etimología de la palabra peyote tiene diversos significados, todos ellos alusivos a su aspecto físico o a sus efectos. En su Vocabulario, Molina traduce peyutl por “capullo de seda o de gusano”, debido a su aspecto lanuginoso; también hace referencia al verbo pepeyoca, “relumbrar el agua o los campos con la claridad y reverberación del Sol o la Luna”. Hernández señala la acepción de “medicina resplandeciente”. Otra palabra de igual raíz es el verbo peyonia inic, que según Urbina quiere decir estimular, aguijonear. Respecto a lo anterior, Aguirre Beltrán menciona: “Resplandecer, relumbrar, estimular, son verbos que fácilmente se aplican cuando se define la acción fisiológica del peyote, en lo particular, si se trata de alucinaciones visuales coloridas” (11:147).
En efecto, su acción es alucinógena, puesto que induce modificaciones notables en la esfera sensorial, fundamentalmente visuales, aunque también auditivas, táctiles, olfativas y gustativas. Sobre esto Schultes comenta que:
Los efectos del peyote sobre la mente y el cuerpo son de tal manera sobrenaturales y fantásticos, que es fácil entender la creencia de los nativos de que el cacto es el asiento de las fuerzas de espíritu o de una divinidad. El más espectacular de los múltiples efectos del peyote es el juego caleidoscópico de visiones coloridas de indescriptible belleza… Antes de que aparezcan las visiones, unas tres horas después de haber comido el peyote, se perciben destellos y centellas de colores, cuya intensidad y pureza desafían cualquier descripción. Frecuentemente las visiones llevan una secuencia que va de figuras geométricas a objetos extraños y grotescos cuyas características varían de un individuo a otro (12:118-119).
Son dos los periodos observables durante su ingesta: uno inicial, caracterizado por un estado de sobrexitación y euforia en que se presenta enrojecimiento de la piel, dilatación pupilar, excitabilidad refleja cutánea con anestesia parcial de la piel, modificaciones en la frecuencia respiratoria y cardiaca y en presión arterial, aumento en la salivación, diuresis e insomnio. En el segundo periodo (la etapa de intoxicación propiamente dicha) queda afectada la coordinación de los movimientos finos y la locomoción; hay sensación de hinchazón de la cara, lengua, labios, etcétera; la percepción del espacio se modifica, “se oyen los colores, se palpan los ruidos y los mismos colores” y, en general, se presentan las alucinaciones que son matizadas y brillantes, predominando los tonos amarillos y rojos (2) (13).
Es pertinente aclarar que la intoxicación con este cactus o con otros psicotrópicos, produce un conjunto de alteraciones del sistema nervioso difícil de analizar, pues sus efectos, en especial la naturaleza de las visiones, tienen una relación directa con el contexto cultural de quien lo experimenta, y “resulta simplista tratar de extrapolar los efectos buscados al terreno de la clínica en culturas ajenas a dicha cosmovisión” (1: 285).
Se han aislado más de treinta principios que interactúan en forma sinérgica y son responsables de su actividad psicoactiva. Destacan los alcaloides del tipo de las feniletilaminas e isoquinoleínas, pero es la mezcalina la que produce las visiones coloridas, la cual debe su nombre a los “botones de mezcal”, denominación que se da en el sur de los Estados Unidos a la parte aérea del cacto seco, de donde se extrajo por primera vez dicho alcaloide (12).
Índice de Autores
(1) Aguilar Contreras, A. et al., 1982.
(2) Lozoya Legorreta, X. et al., 1982.
(3) Pérez de Barradas, J., 1957.
(4) Díaz, J. L, 1984.
(5) Furst, P., 1980.
(6) Bennett, W. C. et al., 1978.
(7) González Torres, Y., 1991.
(8) Dobkin de Ríos, M., 1975.
(9) Gutiérrez Gutiérrez, J. A., 1987.
(10) Schultes, E. R. et al., 1982.
(11) Aguirre Beltrán, G., 1963.
(12) Schultes, E. R., 1982.
(13) La Barre, W., 1980.
English blog: daniloanton-en.blogspot.com
Las plantas psicoactivas y sus efectos

Danilo Antón
 Los contenidos necesarios para que estas sustancias tengan efectos apreciables son variables. Se necesitan unos 500 mg de mescalina o 0.1 mg de LSD para desencadenar procesos de psicoactividad en un individuo adulto. La psilocibina actúa a los 20-30 minutos de ingerida y su efecto dura unas 5 a 6 horas. La mescalina comienza a tener resultado a las dos o tres horas, pero su influencia dura más de 12.
Con el tiempo, y luego de su consumo repetido, los individuos desarrollan una cierta tolerancia fisiológica para la mayoría de las sustancias psicoactivas.
En un marco ambiental y social apropiado, la persona que se somete a la experiencia psicoactiva puede sentirse inundada con experiencias visuales y auditivas, la luz y los sonidos se perciben intensificados, los colores se ven vivos y brillantes, las imágenes son numerosas y persistentes, los detalles agudos y la percepción del espacio se acentúa. Al mismo tiempo, se produce un cambio en los sentimientos y en la conciencia, se funden el objeto y el sujeto, se tiene la sensación de flotar, la persona puede sentirse vacía o en comunión con el universo.
Todas estas sensaciones varían de acuerdo al tipo de sustancia, dosis, personalidad del individuo receptor y contexto en que ocurre la experiencia.
Cuando la administración o ingestión del compuesto se hace en condiciones inapropiadas, o en dosis excesivas, los efectos pueden ser negativos, y en casos extremos, letales.
De todas maneras, estas características no son únicas de las plantas psicoactivas. Todas las sustancias naturales pueden causar daños en la salud e incluso la muerte cuando se las consume inadecuadamente.

Comunicación entre ciertas plantas especiales y los seres humanos

Algunas plantas con propiedades psicoactivas, tal vez todas, son capaces de comunicarse de alguna forma con los seres humanos que se ponen en contacto con ellas, ya sea ingiriéndolas, masticándolas o fumándolas. Las experiencias obtenidas parecen ser el resultado de algún tipo de intercambio. Es difícil saber si se trata de un mensaje real que proviene de la planta, ya sea químico o electromagnético, si es simplemente una reacción del individuo que experimenta la visión, o si se producen ambas cosas a la vez.
Para el paradigma científico oficial, las alucinaciones no son más que eso, alucinaciones. Para los chamanes del pasado y del presente son mensajes que provienen de las plantas. De acuerdo a ellos, las plantas son las "Maestras"; en ellas están contenidos el conocimiento, la sabiduría, las esencias del pasado y las verdades del futuro.
Del libro "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones
Blog in English:


sábado, 12 de diciembre de 2015

El tabaco: medicina o Vicio?
 D.Antón
 El tabaco es oriundo del continente americano donde crecen numerosas especies y variedades, muchas de las cuales son cultivadas desde tiempos muy remotos.
La planta fue domesticada en México como resultado de la cruza de las variedades silvestres Nicotiana silvestris y Nicotiana otophora. Luego se extendió por gran parte del Caribe en donde fue encontrada por los europeos a su llegada. Otras especies de tabaco silvestre se encuentran en el este de Norte América (Nicotiana rustica), en el oeste de ese mismo territorio continental, y en América del Sur (Nicotiana attenuata, Nicotiana trigonophylla y Nicotiana quadrivalvis).
El tabaco común es una planta de alrededor de 1 m de altura que tiene hojas gruesas y ovales y raíces auxiliares. Todos los tabacos tienen una epidermiscubierta de pequeños pelos, algunos de los cuales son glandulares y segregan un líquido viscoso. La hoja de tabaco contiene varios alcaloides de efecto psicoactivo. El principal de ellos es la nicotina, cuyo contenido varía de acuerdo a las condiciones de crecimiento, oscilando entre tenores de 2 a 4.5 %.
La planta era utilizada por casi todos los pueblos americanos, desde los naciones nativas de las zonas templadas frías de América del Norte a las culturas chaqueñas, guaraníes y charrúas en el sur de la América del Sur. Se la consumía de varias maneras, y en diferentes marcos sociales y ceremoniales. Se masticaban o ingerían las hojas, se las fumaba o se respiraba el humo, se las preparaba en infusión o se las aplicaba directamente sobre la piel.
En 1565 Benzoni describía el tabaco que se cultivaba en las islas mayores del Caribe de la siguiente manera:
En esta isla... (“La Española”)... como en algunas otras regiones de estos nuevos territorios, existen ciertos arbustos no muy grandes como si fueran cañas que producen unas hojas de forma parecida a las del nogal aunque bastante mayores que los indígenas en los lugares donde las hay aprecian muchísimo, al igua que los esclavos llevados allí por los españoles desde Etiopía. Cuando las hojas están en su punto, las regcogen, las atan en mazos y las cuelgan sobre el fuego hasta que se secan bien. Luego, cuando quieren usarlas, cogen una hoja de la espiga de su cereal y metiendo dentro una de las otras, las envuelven juntas en forma de tubo; después le prenden fuego por uno de los extremos, y teniendo el otro en la boca, aspiran de manera que el humo entra en la boca, en la garganta y en la cabeza. Soportan cuanto humo pueden tolerar, obteniendo con ello placer, y tanto se llenan con este humo cruel que llega a desmayarse.”
El uso medicinal y ceremonial

El tabaco era considerado medicina en la mayor parte de las culturas americanas nativas. Se lo empleaba como sustancia curativa, ceremonial y con fines visionarios.
Las propiedades de las diversas variedades de tabacos silvestres y tradicionales son poco conocidas. Se sabe que el tabaco es fumado por el chamán para obtener respuestas que le permiten curar a los enfermos o decidir los mejores destinos para las comunidades. Los charrúas de Uruguay fumaban tabaco antes de tomar decisiones trascendentales. Entre los m’bya guaraní, durante las ceremonias y reuniones importantes, las mujeres arrojan humo del tabaco a sus maridos e hijos para darles fuerza.
Los pueblos amazónicos, además de fumarlo y utilizar las hojas con finescurativos, ingieren las hojas enteras o molidas, con el fin de obtener experiencias visionarias. En ese sentido, su rol es muy parecido al de la ayahuasca, aunque con un efecto psicoactivo menos intenso. Hay en general acuerdo entre los chamanes nativos que el tabaco es la “hermana menor” de la ayahuasca.
La utilización medicinal del tabaco no se difundió de la misma forma que su consumo lúdico. En América el uso ritual fue gradualmente abandonado por las sociedades criollas.
En cambio, el fumado de tabaco, sobre todo el de ciertas variedades seleccionadas por sus bajos tenores nicotínicos, fue adoptado por los europeos, quienes rápidamente se transformaron en fervientes adictos. La costumbre se extendió en Europa, y luego, al resto del mundo.

El cultivo global del tabaco

El tabaco es uno de los cultivos más difundidos de la sociedad global, la producción alcanza miles de millones de quilogramos y las sumas de dinero que circulan en su comercio superan las de cualquier otro rubro agro-industrial. Si bien se puede utilizar de variadas formas, en la actualidad prácticamente todo su consumo se basa en el fumado, sobre todo bajo la forma de cigarrillos, manufacturados con hojas de tabaco molidas y armadas industrialmente utilizando papel especial, generalmente presentadas en cajillas de cartón con las marcas impresas a todo color.
También se fuma, aunque en mucho menor grado, el tabaco molido (industrial o “rayado” a mano a partir de masas sólidas de tabaco o “naco”) en pipas y en cigarrillos preparados manualmente. Las hojas pueden enrollarse y fumarse en forma de “habanos” o “toscanos”.
La difusión del tabaco se debe al carácter adictivo de los cigarrillos especialmente modificados a nivel industrial para obtener la adicción máxima.
En realidad el tabaco silvestre no es adictivo. Es imposible fumar tabaco rústico con la misma frecuencia con que se fuman los cigarrillos industriales. Por esa razón, su uso en las culturas nativas se limitó a funciones ceremoniales y curativas.
El desarrollo de los procesos individuales y sociales de adicción tuvo lugar a partir de la invasión europea del continente.
De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones
Blog in English: danantongiudice.blogspot.com

domingo, 6 de diciembre de 2015

¿Que son las "drogas"?

Danilo Antón

Cuestiones de terminología
Afirmar que la droga mata es tan necio como
declarar que el agua ahoga o que las drogas iluminan

Uno de los principales problemas del tema de las drogas es la inadecuada y arbitraria utilización de la terminología, demostrativa de la ignorancia generalizada que existe en la materia.
En la cultura contemporánea hay costumbre de hablar de “alucinógenos” refiriéndose a todas las plantas psicoactivas. En realidad, la mayoría de los compuestos catalogados como drogas o declarados ilegales no son alucinógenos.
También se usa frecuentemente la expresión “narcóticos”. Contradictoriamentre, la palabra se aplica a muchas sustancias cuyo efecto es precisamente el contrario, como es el caso de la cocaína, que como se sabe es un estimulante del sistema nervioso central y de narcótico no tiene nada. Las palabras derivadas, como “narco” o “narcotraficantes” referidas a los traficantes o a la comercialización de cocaína, son igualmente inadecuadas.
Otro término utilizado comúnmente, de significado bastante impreciso, es “estupefacientes” (sustancias que producen estupor). El vocablo “estupor” tiene dos sentidos principales: a) asombro y b) adormecimiento, insensibilidad. Desde ese punto de vista puede decirse que hay numerosos fármacos que producen “estupor” en cualquiera de los dos sentidos, la mayoría de los cuales pueden ser utilizados legalmente.
La propia expresión “droga” es también muy general e inadecuada para designar los compuestos ilegales. En farmacología botánica se llama droga simplemente a la parte de la planta que se usa. En sentido genérico se utiliza droga como sinónimo de “fármaco”, una sustancia con efectos biológicos sobre el cuerpo cuyas características e intensidad varían con las dosis. En el primer caso podría ser también llamada “medicina” y en el segundo caso “veneno”. En los hechos, ninguna sustancia es medicina o veneno, tan sólo las dosis lo son.
En cuanto a la calidad de “adictivas” atribuida a ciertas sustancias prohibidas, es totalmente inapropiado. Muchas de las “drogas” ilícitas no son adictivas, mientras que existe un gran número de productos legales que producen fuertes adicciones.
En definitiva, el vocabulario del prohibicionismo es sistemáticamente impreciso y contradictorio. Las únicas razones que determinan la designación de una sustancia como droga ilícita son de tipo histórico-cultural y se refieren a calificaciones irracionales promovidas por sectores dogmáticos más allá de toda lógica científica.
En los hechos, para poder referirse al tema en forma objetiva, se requiere tener en cuenta la relatividad de los usos y efectos de las diversas sustancia psicoactivas. Solamente de esa manera se logrará la precisión conceptual necesaria para enfocar el tema en forma dialogada y razonable.

Las plantas de riesgo
Existen varias plantas sicoactivas cuyo consumo moderado es relativamente inocuo, pero hay muchas otras cuya utilización inadecuada puede entrañar riesgos de efectos secundarios negativos.
De todos modos, aún las plantas más riesgosas pueden ser utilizadas con relativa seguridad si existe un marco tradicional, generalmente ceremonial, armónico y apropiado.
Desafortunadamente, la sociedad de dominación imperante eliminó la utilización ceremonial equilibrada de muchas plantas psicoactivas y en su lugar desarrolló formas de desnaturalización, tanto a nivel de la preparación de las sustancias psicoactivas como de las condiciones sociales en que se las utiliza.
Con el tiempo estas sustancias se transformaron en vicios globales promovidos a nivel económico, político e institucional..
Muchas plantas psicoactivas, paradójicamente las más trascendentes , aquellas cuyo uso era un pilar fundamental de las sociedades humanas, fueron gradualmente erradicadas de la cultura global, prohibidas, estigmatizadas.
En la realidad diaria, los seres humanos contemporáneos, descendientes de los primates que se alimentaban de sustancias psicoactivas, todavía necesitan alimentos psicoactivos para nutrir su mente, pero carecen de ellos pues el sistema los ha ilegalizado. 
De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones