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sábado, 20 de junio de 2020
El gaucho surgió por primera vez en el territorio de la actual República Oriental del Uruguay
El gaucho es originario de la Banda Oriental Si bien la palabra “gaucho” o “gauchesco” se ha utilizado en diferentes circunstancias con sentidos variados, con referencia tanto al poblador de las zonas rurales del sur de América, como a un tipo de cultura, en los primeros tiempos se utilizó para designar un tipo de habitante de las Sierras del Este de la Banda Oriental del Uruguay. Durante la segunda mitad del siglo XVIII se llamó “gauchos” a las personas que habitaban las agrestes y mal llamadas “tierras de nadie” las fronteras entre los dominios español y portugués. Estas personas, familias y comunidades habitaban el extensísimo País Guenoa, área de praderas, montes serranos, bañados y arenales, que había quedado, afortunadamente para sus pobladores ancestrales, relativamente libre (aunque no totalmente ni mucho menos) de la codicia genocida de los imperios español y portugués Los “gauchos” y sus antecesores los “gauderios” y “changadores” lograban subsistir, compartiendo con guenoas y otros pueblos nativos, los recursos naturales de la zona, y más especialmente, al abundante ganado cimarrón que se había reproducido ampliamente en las praderas de la Banda Oriental. Los rebaños les permitían abastecerse de los productos derivados como la carne, el cuero y el sebo, y además, burlando el control de las patrullas españolas, podían vender las tropas a los portugueses. Originalmente se utilizaban las palabras vagabundos o bagamundos, changadores, forajidos, y más tardíamente, gauderíos, para este grupo social “cimarrón” de las praderas uruguayas y orientales, La denominación “gaucho” recién se comienza a utilizar en forma habitual en las últimas décadas del siglo XVIII, denominando un cierto tipo rural independiente y rebelde, que no obedece ni acepta las rutinas sociales y de trabajo impuestas por las autoridades. La palabra propiamente dicha aparece por primera vez en un documento escrito en 1771 refiriéndose a ciertos “malhechores” que se escondían en la Sierra a una cierta distancia de Maldonado, probablemente en la región serrana rochense, tal vez en la misma Sierra de los Rocha o sus adyacencias. Se trata de una comunicación del Comandante de Maldonado, Don Pablo Carbonell a Vértiz, fechada el 23 de octubre de 1771 . Dice así: “Muy señor mío; haviendo noticia que algunos gahuchos se havian dejado ver a la Sierra mande a los tenientes de Milicias dn Jph Picolomini y dn Clemente Puebla, pasasen a dicha Sierra con una Partida de 34 hombres entre estos algunos soldados del Batallón a fin de hacer una descubierta en la expresada Sierra, por ver si podían encontrar a los malechores, y al mismo tiempo viesen si podía recoger algún ganado; y haviendo practicado…” En ese mismo año una referencia similar de Santo Domingo de Soriano (31 de marzo de 1771) habla de “faeneros montaraces” para referirse a personajes parecidos sin utilizar la palabra gaucho. Esta denominación recién aparece tres años más tarde en un documento escrito referido a tres faeneros apresados en las Puntas del Bequeló (unos 40 km al sureste del sitio actual de la ciudad de Mercedes). Si bien no sabemos exactamente la zona geográfica a que se refiere el informe de Maldonado a que nos referíamos anteriormente pensamos que la “Sierra” mencionada debería estar en algún lugar de las “Serranías del Este”, que se extienden por los departamentos actuales de Maldonado o Rocha. Como se trataba de contrabandistas, que buscaban guarecerse fuera del alcance de las autoridades imperiales en las zonas fronterizas y necesitaban paso libre hacia las tierras controladas por Portugal, es probable que sus refugios se encontraran en las zonas serranas más orientales, en la proximidad de las “angosturas” que permitían facilitar el pasaje hacia Brasil. Otra ruta utilizada para el contrabando de ganado se internaba a Brasil cerca de las puntas del Yaguarón (actual departamento de Cerro Largo). Más al sur el pasaje de ganado era más difícil por la presencia de la Laguna Merin y del río Yaguarón que constituían obstáculos para los arreos. Fernando Assunçao en su clásico libro “El Gaucho” interpreta estos hechos en forma análoga. De acuerdo a este autor el proceso de formación del gaucho fue “un continuo devenir transformativo” y que en ese proceso se inclina en ubicar el nacimiento del gaucho en “tierras que hoy son nuestro país (Uruguay) y las zonas fronterizas más adyacentes de Río Grande do Sul”. En particular, señala Assunçao que los antiguos vaqueros entrerrianos, los primitivos changadores y los gauderios que vió Concolocorvo (en la década de 1760) son diferentes a “los gauchos de las sierras de Maldonado y Rocha”, los cuales, según este autor, serían los primeros gauchos propiamente dichos . Continúa en daniloanton.blogspot.com De: Crónicas de la Peripecia Humana, D.Antón, Piriguazú Edic.
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jueves, 3 de enero de 2019
La proliferación del ganado en las praderas del Sur de América
La proliferación efectiva del ganado
en la Banda Oriental se produjo a mediados del siglo XVII. Es de hacer notar
que hasta ese momento, las mayores concentraciones de ganado habían estado en
la zona de Buenos Aires y por las actuales provincias de Santa Fe y Cordoba
hasta Tucumán. Durante ese período, la producción ganadera tendía a utilizarse
para surtir las explotaciones mineras de plata del Alto Perú en Potosí en donde
había por el 1650 unos 160,000 habitantes. Tucumán era punto de origen de parte
del charque consumido en Potosí, e incluso, hubo muchas expediciones de grandes
tropas bonaerenses que atravesaron los casi dos mil quilómetros de distancia
con el fin de comercializar sus ganados en el Alto Perú[1].
Sin embargo la ganadería bonaerense
tenía serios problemas. Uno de ellos era el clima adverso. En efecto, a pesar
de que las praderas bonaerenses aparecen como muy aptas para el desarrollo
ganadero, las lluvias manifestaron una gran irregularidad durante los siglos
XVII y XVIII.
Durante estos siglos se
experimentaron no menos de 75 años de sequía que llegaron a su máximo en 1791[2], cuando se tuvieron que importar ganados
de la Banda Oriental para el abasto de Buenos Aires[3].
Otro factor que influía en la de desarrollo de la ganadería en Buenos Aires era
la competencia por el ganado entre las diferentes parcialidades indígenas y los
españoles de Buenos Aires. En efecto, en Buenos Aires, no eran sólo los pueblos
pampas que "manejaban" el "ecosistema" ganadero. Desde
hacía unos años se había producido una invasión gradual de pueblos araucanos
con técnicas pastoriles, quien colaboraban o competían con los cazadores nativos[4], dificultando las tropeadas y
actividades de las estancias de españoles y criollos. Como resultado de ello,
en poco tiempo los ganados "cimarrones" fueron prácticamente
eliminados.
Al igual que sucedería luego en la
Banda Oriental, la implantación ganadera en Buenos Aires determinó la
disminución sensible de los demás herbívoros, obligando a las comunidades
indígenas a depender de los ganados cimarrones. Cuando éstos fueron mermando a
fines del siglo XVII y durante prácticamente todo el siglo XVIII, los pueblos nativos
de la Pampa se vieron obligados a atacar a los pastores y estancias para poder
alimentarse. Ante el rechazo militar español, los pueblos autóctonos fueron
gradualmente replegándose hacia las estepas patagónicas y puntanas. Los
"malones" (ataques) indígenas prosiguieron por mucho tiempo después
en las áreas pampeanas periféricas.
En la Banda Oriental, los pueblos nativos,
principalmente charrúas y guenoas[i] (minuanes), se
vieron favorecidos por un ecosistema de pasturas muy apropiado para la nueva especie
que se introdujo.
La explotación del recurso por los colonizadores
se limitó al principio, a las "cuereadas" de corambreros que operaban
a cuenta de exportadores porteños a partir de la estancia Real del Colla (sitio
donde se establecería en tiempos posteriores el pueblo del Rosario Oriental,
actualmente la ciudad de Rosario del Colla) y en la posta de San Juan al norte
de la actual ciudad de Colonia.
En el norte charrúas y guenoas
sufrieron primero la competencia de los "camiluchos" misioneros que
bajaban de Yapeyú en la margen occidental del Uruguay o de alguno de los siete
pueblos misioneros orientales. Simultáneamente, comenzó a desarrollarse una
comercialización creciente hacia las colonias portuguesas de territorio
brasilero (generalmente, hacia los puertos de la zona de Laguna en el actual
estado de Santa Catarina, para ser reembarcado a Sao Vicente o Rio de Janeiro).
Dicho tráfico se aceleró enormemente a partir de la fundación y establecimiento
efectivo de Colonia del Sacramento en 1680, de la población de Laguna en 1690 y
de Porto dos Casais (futura Porto Alegre) en 1742-3.
En ese período la ganadería
bonaerense tenía serios problemas. Uno de ellos era el clima adverso. En
efecto, a pesar de que las praderas bonaerenses aparecen como muy aptas para el
desarrollo ganadero, las lluvias manifestaron una gran irregularidad durante
los siglos XVII y XVIII. Durante estos siglos se experimentaron no menos de 75
años de sequía que llegaron a su máximo en 1791[5], cuando se tuvieron
que importar ganados de la Banda Oriental para el abasto de Buenos Aires[6]. Otro factor que influía en la de
desarrollo de la ganadería en Buenos Aires era la competencia por el ganado
entre las diferentes parcialidades indígenas y los españoles de Buenos Aires.
En efecto, en Buenos Aires, no eran sólo los pueblos nativos pampeanos que
"manejaban" el "ecosistema" ganadero. Desde hacía unos años
se había producido una invasión gradual de pueblos mapuches con técnicas
pastoriles, quien colaboraban o competían con los cazadores pampeanos[7], dificultando las tropeadas y
actividades de las estancias de españoles y criollos. Como resultado de ello,
en poco tiempo los ganados "cimarrones" fueron prácticamente
eliminados.
Al igual que sucedería luego en la
Banda Oriental, la implantación ganadera en Buenos Aires determinó la
disminución sensible de los demás herbívoros, obligando a los pueblos nativos
de la Pampa a depender de los ganados cimarrones. Cuando éstos fueron mermando
a fines del siglo XVII y durante prácticamente todo el siglo XVIII, los pueblos
indígenas locales se vieron obligados a atacar a los pastores y estancias para
poder alimentarse. Ante el rechazo militar español, los pueblos pampeanos
fueron gradualmente replegándose hacia las estepas patagónicas y puntanas. Los
"malones" (ataques) pampas prosiguieron por mucho tiempo después en
las áreas pampeanas periféricas.
En la Banda Oriental, la competencia
por el ganado se limitó al principio, al consumo de las comunidades indígenas y
a las "cuereadas" de corambreros que operaban a cuenta de
exportadores porteños a partir de la estancia Real del Colla (sitio donde se
establecería en tiempos posteriores el pueblo del Rosario Oriental, actualmente
la ciudad de Rosario del Colla) y en la posta de San Juan al norte de la actual
ciudad de Colonia.
En el norte los pueblos nativos
(principalmente los guenoas) sufrieron primero la competencia de los
"camiluchos" misioneros que bajaban de Yapeyú en la margen occidental
del Uruguay o de alguno de los siete pueblos misioneros orientales.
Simultáneamente, comenzó a desarrollarse una comercialización creciente hacia
las colonias portuguesas de territorio brasilero (generalmente, hacia los
puertos de la zona de Laguna en el actual estado de Santa Catarina, para ser
reembarcado a Sao Vicente o Rio de Janeiro). Dicho tráfico se aceleró
enormemente a partir de la fundación y establecimiento efectivo de Colonia del
Sacramento en 1680, de la población de Laguna en 1690 y de Porto dos Casais
(futura Porto Alegre) en 1742-3.
A principios del siglo XVIII, el
comercio de ganado se dirigía radialmente en varias direcciones. Hacia el
norte, rumbo a las misiones jesuíticas, hacia el este, hacia los dominios
portugueses de Laguna, hacia el suroeste rumbo al enclave portugués de Colonia
del Sacramento, hacia el sur-suroeste rumbo a la gran estancia española del sur
en el Colla y esporádicamente hacia el este-sureste (actual Departamento de
Rocha) rumbo a los establecimientos europeos (franceses, holandeses, entre
otros) que cada tanto se establecían en las ensenadas de eso que los europeos denominaban
la "tierra de nadie" con fines comerciales.
Charruas y guenoas participaron
activamente en ese comercio. Hay constancia de que los minuanes fueron los
principales abastecedores de ganado a Colonia, y de que también transportaron
tropas a las tierras portuguesas del este.
Con el tiempo, la extracción del
ganado oriental dió lugar a la aparición de un tipo humano no muy numeroso,
pero muy activo e itinerante: el "changador", constituído por una
mezcla étnica indiscutible de charrúas, guenoas, tapes[8],
criollos de origen español o portugués, mestizos de varias layas, negros
escapados de los dominios de Portugal y de España y mestizos de diversas layas.
El changador, cuyo número en toda la Banda Oriental tal vez no excedería del
millar, era un individuo que vivía fuera de la ley, y que de a poco fue
aumentando su número con mujeres raptadas en las tolderías y a las estancias
cercanas. Los changadores adoptaron
muchas costumbres de las naciones aborígenes pero no se mezclaron más que
marginalmente con éstos. A partir de los changadores habría de aparecer a fines
del siglo XVIII en la Banda Oriental un nuevo personaje que aportaría una nueva
fisionomía cultural a los campos y praderas del país: el gaucho.
(adaptado del libro Uruguaypirí, D.Antón)
[3] Hay referencias de sequías en Buenos Aires en los años
1611, 1614, 1620, 1621, 1625, 1627, 1630, 1638, 1644, 1648, 1654, 1657, 1659,
1661, 1664, 1674, 1675 y 1677, de 1681 al 1683, de 1691 al 1693, en 1698, en 1699,
en las dos primeras décadas del siglo XVIII, en los años 1722, 1725, 1726 y
1729, en las décadas de 1730 y 1740, de 1753 a 1759, en los años 1760, 1764, 1766, 1767
y 1768 y durante las tres últimas décadas del siglo.
[6] Hay referencias de sequías en Buenos Aires en los años
1611, 1614, 1620, 1621, 1625, 1627, 1630, 1638, 1644, 1648, 1654, 1657, 1659,
1661, 1664, 1674, 1675 y 1677, de 1681 al 1683, de 1691 al 1693, en 1698, en 1699,
en las dos primeras décadas del siglo XVIII, en los años 1722, 1725, 1726 y
1729, en las décadas de 1730 y 1740, de 1753 a 1759, en los años 1760, 1764, 1766, 1767
y 1768 y durante las tres últimas décadas del siglo.
[8] En general usaremos las palabras "tapes" o
"guaraníes" como sinónimos. La palabra "tape" se refiere a
los indios guaraníes misioneros, y en particular a los oriundos de la sierra de
Tape. La palabra "guaraní" tiene una connotación más global
incluyendo no solo los "tapes" sino también otras agrupaciones del
mismo origen étnico de otras zonas del continente.
[i] En general, se considera que guenoas y minuanes son la
misma nación indígena que eran denominados guenoas por los jesuitas y minuanes
por los españoles de Buenos Aires y Montevideo..
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martes, 7 de agosto de 2018
El gaucho es originario de la Banda Oriental
Si bien la palabra “gaucho” o “gauchesco” se ha utilizado en diferentes circunstancias con sentidos variados, con referencia tanto al poblador de las zonas rurales del sur de América, como a un tipo de cultura, en los primeros tiempos se utilizó para designar un tipo de habitante de las Sierras del Este de la Banda Oriental del Uruguay. Durante la segunda mitad del siglo XVIII se llamó “gauchos” a las personas que habitaban las agrestes y mal llamadas “tierras de nadie” las fronteras entre los dominios español y portugués. Estas personas, familias y comunidades habitaban el extensísimo País Guenoa, área de praderas, montes serranos, bañados y arenales, que había quedado, afortunadamente para sus pobladores ancestrales, relativamente libre (aunque no totalmente ni mucho menos) de la codicia genocida de los imperios español y portugués Los “gauchos” y sus antecesores los “gauderios” y “changadores” lograban subsistir, compartiendo con guenoas y otros pueblos nativos, los recursos naturales de la zona, y más especialmente, al abundante ganado cimarrón que se había reproducido ampliamente en las praderas de la Banda Oriental. Los rebaños les permitían abastecerse de los productos derivados como la carne, el cuero y el sebo, y además, burlando el control de las patrullas españolas, podían vender las tropas a los portugueses. Originalmente se utilizaban las palabras vagabundos o bagamundos, changadores, forajidos, y más tardíamente, gauderíos, para este grupo social “cimarrón” de las praderas uruguayas y orientales, La denominación “gaucho” recién se comienza a utilizar en forma habitual en las últimas décadas del siglo XVIII, denominando un cierto tipo rural independiente y rebelde, que no obedece ni acepta las rutinas sociales y de trabajo impuestas por las autoridades. La palabra propiamente dicha aparece por primera vez en un documento escrito en 1771 refiriéndose a ciertos “malhechores” que se escondían en la Sierra a una cierta distancia de Maldonado, probablemente en la región serrana rochense, tal vez en la misma Sierra de los Rocha o sus adyacencias. Se trata de una comunicación del Comandante de Maldonado, Don Pablo Carbonell a Vértiz, fechada el 23 de octubre de 1771 . Dice así: “Muy señor mío; haviendo noticia que algunos gahuchos se havian dejado ver a la Sierra mande a los tenientes de Milicias dn Jph Picolomini y dn Clemente Puebla, pasasen a dicha Sierra con una Partida de 34 hombres entre estos algunos soldados del Batallón a fin de hacer una descubierta en la expresada Sierra, por ver si podían encontrar a los malechores, y al mismo tiempo viesen si podía recoger algún ganado; y haviendo practicado…” En ese mismo año una referencia similar de Santo Domingo de Soriano (31 de marzo de 1771) habla de “faeneros montaraces” para referirse a personajes parecidos sin utilizar la palabra gaucho. Esta denominación recién aparece tres años más tarde en un documento escrito referido a tres faeneros apresados en las Puntas del Bequeló (unos 40 km al sureste del sitio actual de la ciudad de Mercedes). Si bien no sabemos exactamente la zona geográfica a que se refiere el informe de Maldonado a que nos referíamos anteriormente pensamos que la “Sierra” mencionada debería estar en algún lugar de las “Serranías del Este”, que se extienden por los departamentos actuales de Maldonado o Rocha. Como se trataba de contrabandistas, que buscaban guarecerse fuera del alcance de las autoridades imperiales en las zonas fronterizas y necesitaban paso libre hacia las tierras controladas por Portugal, es probable que sus refugios se encontraran en las zonas serranas más orientales, en la proximidad de las “angosturas” que permitían facilitar el pasaje hacia Brasil. Otra ruta utilizada para el contrabando de ganado se internaba a Brasil cerca de las puntas del Yaguarón (actual departamento de Cerro Largo). Más al sur el pasaje de ganado era más difícil por la presencia de la Laguna Merin y del río Yaguarón que constituían obstáculos para los arreos. Fernando Assunçao en su clásico libro “El Gaucho” interpreta estos hechos en forma análoga. De acuerdo a este autor el proceso de formación del gaucho fue “un continuo devenir transformativo” y que en ese proceso se inclina en ubicar el nacimiento del gaucho en “tierras que hoy son nuestro país (Uruguay) y las zonas fronterizas más adyacentes de Río Grande do Sul”. En particular, señala Assunçao que los antiguos vaqueros entrerrianos, los primitivos changadores y los gauderios que vió Concolocorvo (en la década de 1760) son diferentes a “los gauchos de las sierras de Maldonado y Rocha”, los cuales, según este autor, serían los primeros gauchos propiamente dichos . Continúa en daniloanton.blogspot.com De: Crónicas de la Peripecia Humana, D.Antón, Piriguazú Edic. |
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jueves, 19 de julio de 2018
De la Introducciòn al libro "Los Pueblos del Jaguar", D.A., Piriguazú Ediciones
Charrúas, minuanes y otros pueblos nativos de la región
uruguayo-platense
En base a la interpretación
de documentos (en particular los develadas por Diego Bracco en su obra
Charrúas, Guenoas y Guaraníes, 2004), podemos reubicar el pueblo charrúa predominantemente
en las márgenes del estuario platense y delta del Paraná, y localizar la nación
guenoa-minuán en el actual territorio del Uruguay y sur del estado de Río
Grande do Sul (1).
Hoy sabemos que los
charrúas habitaron efectivamente la llamada Banda de los Charrúas o Banda del
Norte, que generalmente se define como la banda oriental del Uruguay ( suroeste
del territorio actual del Uruguay ). Numerosas crónicas y testimonios prueban que
los charrúas también ocuparon la Banda Oriental del Paraná Inferior (sur de
Entre Ríos), ciertas zonas isleñas en el delta de este río y las propias
riberas de la «Banda del Sur» que hoy ocupa la zona metropolitana de Buenos
Aires.
El resto de la Banda
Oriental del Uruguay, principalmente las tierras bajas y lacunares del Este
atlántico, estaba poblado por la
importante nación conocida como «guenoa» o «minuán». Tal vez algunos
testimonios arqueológicos, como los túmulos de Valle del Hilo de la Vida cerca de la ciudad de Minas, son una evidencia
de su pertenencia a este territorio ancestral.
En las llanuras del río
Paraná Inferior y Medio predominaban varios pueblos genéricamente denominados
«chanáes», mientras que en algunas islas del delta habitaban comunidades
guaraníes emparentadas con los «carios» de Paraguay.
Hacia el norte, aguas
arriba del río Uruguay, estaban las naciones de los yaroes y bohanes, con
probable, aunque no seguro, parentesco con los charrúas.
Aún más al norte y al
noroeste se encontraban otros grupos étnicos, como los kaingang del alto
Uruguay y los «pueblos namkom»(2) y wichies chaqueños. Estos presentaban a la
vez importantes similitudes y diferencias con las naciones fluvio-estuáricas.
Consideraciones parecidas pueden hacerse con relación a las naciones tehuelches-genaken,
que poblaban las llanuras pampeanas al sur y suroeste del Paraná inferior y se
extendían hasta los pies de monte de las alturas serranas.
En “Los Pueblos del
Jaguar” procuramos desentrañar las identidades, tradiciones, territorios ancestrales
y parentescos de todas estas naciones, rescatándolas del olvido forzado al que
fueron condenados luego de siglos de ocultamientos y genocidios.
Referencias
1 La mayor parte de la
Banda Oriental y litoral lacunar y oceánico.
2 Nos referimos a los
pueblos comúnmente llamados «guaycurúes»: tobas, mocovíes, pilagás, mbayás,
abipones y payaguás. Como la expresión «guaycurú» es poco rigurosa e incluso
inapropiada utilizaremos la voz toba «namkom» (= pueblo) para denominar
genéricamente a dichos grupos étnicos.
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Pueblos nativos
martes, 19 de diciembre de 2017
El origen del gaucho tuvo lugar en las zonas serranas del este de la Banda Oriental
Los faeneros
montaracess, al margen de las leyes imperiales, que recorrían la Banda Oriental
tropeando o carneando los ganados silvestres que abundaban en las praderas
desde mediados del siglo XVII hasta mediados del siglo XVIII eran conocidos
como changadores o gauderios.
La denominación
“gaucho” recién se comienza a utilizar en forma habitual en las últimas décadas
del siglo XVIII, denominando un cierto tipo rural independiente y rebelde, que
no obedece ni acepta las rutinas sociales y de trabajo impuestas por las
autoridades.
La palabra
propiamente dicha aparece por primera vez en un documento escrito en 1771
refiriéndose a ciertos “malhechores” que se escondían en la Sierra a una cierta
distancia de Maldonado, probablemente en la región serrana rochense,
tal vez en la misma Sierra de los Rocha o sus adyacencias.
Se trata de una
comunicación del Comandante de Maldonado, Don Pablo Carbonell a Vértiz, fechada
el 23 de octubre de 1771 .
Dice así:
“Muy señor mío;
haviendo noticia que algunos gahuchos se havian dejado ver a la Sierra mande a
los tenientes de Milicias dn Jph Picolomini y dn Clemente Puebla, pasasen a
dicha Sierra con una Partida de 34 hombres entre estos algunos soldados del
Batallón a fin de hacer una descubierta en la expresada Sierra, por ver si
podían encontrar a los malechores, y al mismo tiempo viesen si podía recoger
algún ganado; y haviendo practicado…”
En ese mismo año
una referencia similar de Santo Domingo de Soriano (31 de marzo de 1771) habla
de “faeneros montaraces” para referirse a personajes parecidos sin utilizar la
palabra gaucho. Esta denominación recién aparece tres años más tarde en un
documento escrito referido a tres faeneros apresados en las Puntas del Bequeló
(unos 40 km al sureste del sitio actual de la ciudad de Mercedes).
Si bien no
sabemos exactamente la zona geográfica a que se refiere el informe de Maldonado
a que nos referíamos anteriormente pensamos que la “Sierra” mencionada debería
estar en algún lugar de las “Serranías del Este”, que se extienden por los
departamentos actuales de Maldonado o Rocha. Como se trataba de
contrabandistas, que buscaban guarecerse fuera del alcance de las autoridades
imperiales en las zonas fronterizas y necesitaban paso libre hacia las tierras
controladas por Portugal, es probable que sus refugios se encontraran en las
zonas serranas más orientales, en la proximidad de las “angosturas” que
permitían facilitar el pasaje hacia Brasil. Otra ruta utilizada para el
contrabando de ganado se internaba a Brasil cerca de las puntas del Yaguarón
(actual departamento de Cerro Largo). Más al sur el pasaje de ganado era más
difícil por la presencia de la Laguna Merin y del río Yaguarón que constituían
obstáculos para los arreos.
Fernando
Assunçao en su clásico libro “El Gaucho” interpreta estos hechos en forma
análoga. De acuerdo a este autor el proceso de formación del gaucho
fue “un continuo devenir transformativo” y que en ese proceso se inclina en
ubicar el nacimiento del gaucho en “tierras que hoy son nuestro país (Uruguay)
y las zonas fronterizas más adyacentes de Río Grande do Sul”.
En particular,
señala Assunçao que los antiguos vaqueros entrerrianos, los primitivos
changadores y los gauderios que vió Concolocorvo (en la década de 1760) son
diferentes a “los gauchos de las sierras de Maldonado y Rocha”, los cuales,
según este autor, serían los primeros gauchos propiamente dichos .
La pradera y sus
grandes tropas ganaderas
Como
expresábamos antes, el pasaje de ganado desde la mitad sur de la Banda Oriental
hacia el Brasil era posible ya sea por las zonas costeras, a lo largo de las
lagunas, donde además había rinconadas naturales que facilitaban la faena, o
por la Cuchilla Grande en tierras del Cerro Largo. La zona de Cerro Largo que
era un camino natural, era un área descampada dominantemente ondulada de
praderas sin mayores escondites naturales. Los caminos de la costa, en cambio,
tenían numerosas zonas serranas en sus cercanías en donde los “gauchos” podían
refugiarse cuando venían las patrullas españolas. Las serranías de Animas,
Carapé y de la Ballena tenían la desventaja de estar demasiado cerca de los
destacamentos militares de Maldonado. Por esa razón es probable que los
primeros núcleos gauchos se hayan refugiado en las zonas serranas de Rocha, en
particular atrás de la Sierra de los Rocha.
Es de hacer
notar, además, que a partir del Tratado de Madrid y hasta la modificación de
los límites algunos años más tarde, la frontera entre España y
Portugal había estado ubicada en la zona de los Castillos (hoy conocida como
Cabo Polonio), el primer marco estaba en una punta rocosa al oeste
de este Cabo, en el Cerro Buena Vista, en el Cerro de la India
Muerta y así sucesivamente hasta llegar a la Cuchilla Grande.
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Rocha
sábado, 12 de agosto de 2017
La tribu gauchesca de los Rocha
Si bien la palabra “gaucho” o “gauchesco” se ha utilizado
en diferentes circunstancias con sentidos variados, con referencia tanto al
poblador de las zonas rurales del sur de América, como a un tipo de cultura, en
los primeros tiempos se utilizó para designar un tipo de habitante de las
Sierras del Este de la Banda Oriental del Uruguay.
En efecto, durante la
segunda mitad del siglo XVIII, se llamó “gauchos” a las personas que habitaban las
agrestes y mal llamadas “tierras de nadie”.
las fronteras entre los dominios español y portugués. Estas personas, familias y comunidades
habitaban el extensísimo País Guenoa, área de praderas, montes serranos,
bañados y arenales, que había quedado, afortunadamente para sus pobladores
ancestrales, relativamente libre (aunque no totalmente ni mucho menos) de la
codicia genocida de los imperios español y portugués .
Los “gauchos” y sus antecesores los “gauderios” y “changadores” lograban subsistir,
compartiendo los recursos naturales de la zona con guenoas y otros pueblos nativos, y más especialmente, al abundante ganado cimarrón que se había
reproducido ampliamente en las praderas de la
Banda Oriental.
Los rebaños les permitían abastecerse de los productos
derivados como la carne, el cuero y el sebo, y además, burlando el control de
las patrullas españolas, podían vender las tropas a las poblaciones portuguesas
más cercanas a la frontera.
Originalmente se utilizaban las palabras vagabundo o
bagamundo, changador, forajidos, y más tardíamente, gauderíos, para este grupo
social “cimarrón” de las praderas uruguayas y orientales, e incluso en algunos
casos aislados a habitantes de comarcas distantes de la frontera (p.ej.
Tucumán)
Los márgenes de la ley imperial
Los términos anteriores se aplicaban por igual a los
faeneros montaraces como a aquellas personas que se encontraban al “margen de
la ley imperial”.
La denominación “gaucho” recién se comienza a utilizar en
forma habitual en las últimas décadas del siglo XVIII, denominando un cierto
tipo rural independiente y rebelde, que no obedece ni acepta las rutinas
sociales y de trabajo impuestas por las autoridades.
La palabra propiamente dicha aparece por primera vez en un
documento escrito en 1771 refiriéndose a ciertos “malhechores” que se escondían
en la Sierra a una cierta distancia de Maldonado, probablemente en la región serrana rochense, tal vez en la
misma Sierra de los Rocha o sus
adyacencias.
Se trata de una comunicación del Comandante de Maldonado,
Don Pablo Carbonell a Vértiz, fechada el 23 de octubre de 1771 .
Dice así:
“Muy señor mío; haviendo noticia que algunos gahuchos se
havian dejado ver a la Sierra mande a los tenientes de Milicias dn Jph
Picolomini y dn Clemente Puebla, pasasen a dicha Sierra con una Partida de 34
hombres entre estos algunos soldados del Batallón a fin de hacer una
descubierta en la expresada Sierra, por ver si podían encontrar a los malechores,
y al mismo tiempo viesen si podía recoger algún ganado; y haviendo
practicado…”
En ese mismo año una referencia similar de Santo Domingo de
Soriano (31 de marzo de 1771) habla de “faeneros montaraces” para referirse a
personajes parecidos sin utilizar la palabra gaucho. Esta denominación recién
aparece tres años más tarde en un documento escrito referido a tres faeneros
apresados en las Puntas del Bequeló (unos 40 km al sureste del sitio actual de
la ciudad de Mercedes).
Si bien no sabemos exactamente la zona geográfica a que se
refiere el informe de Maldonado a que nos referíamos anteriormente pensamos que
la “Sierra” mencionada debería estar en algún lugar de las “Serranías del
Este”, que se extienden por los departamentos actuales de Maldonado o
Rocha. Al tratarse de
contrabandistas, que buscaban guarecerse fuera del alcance de las autoridades
imperiales en las zonas fronterizas y necesitaban paso libre hacia las tierras
controladas por Portugal, es probable que sus refugios se encontraran en las
zonas serranas más orientales, en la proximidad de las “angosturas” que facilitaban el pasaje hacia Brasil. Otra ruta utilizada para el
contrabando de ganado se internaba a Brasil cerca de las puntas del Yaguarón
(actual departamento de Cerro Largo). Más al sur el pasaje de ganado era más
difícil por la presencia de la Laguna Merin y del río Yaguarón que constituían
obstáculos para los arreos.
Fernando Assunçao en su clásico libro “El Gaucho” interpreta
estos hechos en forma análoga. De
acuerdo a este autor el proceso de formación del gaucho fue “un continuo
devenir transformativo” y que en ese proceso se inclina en ubicar el nacimiento
del gaucho en “tierras que hoy son nuestro país (Uruguay) y las zonas
fronterizas más adyacentes de Río Grande do Sul”.
En particular, señala Assunçao que los antiguos vaqueros
entrerrianos, los primitivos changadores y los gauderios que vió Concolocorvo
(en la década de 1760) son diferentes a “los gauchos de las sierras de
Maldonado y Rocha”, los cuales, según este autor, serían los primeros gauchos
propiamente dichos.
Tomado de "Crónicas de la Peripecia Humana", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones
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miércoles, 2 de agosto de 2017
Los minuanes-guenoas
A partir de la segunda mitad del siglo XVII y primera mitad del siglo XVIII, esta Primera Nación, ya identificada como guenoa (o guanoá) por los superiores de las misiones jesuíticas y minuán por las autoridades españolas y portuguesas, pasó a ser la principal protagonista nativa en la extensa región de praderas al oriente del río Uruguay y al Sur del río Ibicuy.
En una informe al Rey de José García Inclán, de 1721, se señala con relación a los guenoas habitantes de la Banda Oriental:
“Asisten de ordinario por el verano en las cercanías de las Sierras de Maldonado y por invierno se retiran a la parte del río Negro que desagua en el Uruguay donde hacen bebidas de miel de abejas.
No tienen casas ni paraje fijo de su asistencia por llevar consigo mujeres e hijos, y forman barracas pequeñas de palos y pieles.
Cada cacique o capitán marcha y se acampa con todos sus parciales y familia distante de otro como una legua o dos respecto de tener cada uno mucha caballada.... y porque no se tripule la suya con la de otros capitanes y les cause confusión...La yerba del Paraguay y el tabaco eran para ellos el mejor regalo.”13
Una referencia de 1763- 1764 de Antonio J. Pernetty, cronista en la expedición de Bougainville describe la vida de los minuanes (guenoas) cerca de Montevideo:
“Las mujeres están ocupadas en cultivar la mandioca y en prepararla para hacer el cazabe...Los hombres pasan la vida dedicados a la caza, a la pesca y a andar a caballo, siendo así que son excelentes jinetes. Los viejos presiden cada toldería y permanecen en sus habitaciones con los jóvenes y las doncellas que aún no tienen fuerzas como para hacer un trabajo pesado. Toda su forma de gobierno consiste en respetar a sus ancianos.”.
En 1749 el gobernador de Buenos Aires estimaba la población guenoa en unos 3,000 a 4,000 individuos incluyendo “1,000 indios de armas”
“Desde el Campo del Bloqueo de Colonia del Sacramento hasta el Río Grande que
están situados los portugueses, habitan los indios infieles minuanes, gente cobarde, sus armas, flechas y bolas, se mantienen de robar ganados y caballadas de los vecinos y estancias de Montevideo. Se compone esta nación (según noticias) de tres a cuatro mil, y entre ellos, como mil indios de armas. Hay domesticados que entran y salen en Montevideo unas cuantas tolderías, que llegará el número a doscientas almas, pero viven lo mismo que los demás; no matan al español mientras no se les opone a sus robos.”.
Esta población parece ligeramente superior a la que tenían las otras naciones nativas sumadas: charrúas, manchados, martianes, bohanes y yaros, cuyo número total este gobernador estimaba en unos tres mil, de los cuales unos seiscientos hombres de armas.
Si aceptamos estas cifras, la población total de las Primeras Naciones de las praderas en 1749 era de unos 6,000 a 7,000 personas.
Luego de las batallas de 1749 varios grupos étnicos de la banda occidental (p.ej. manchados, martianes, yaros) desaparecen de las crónicas quedando solamente charrúas y bohanes, que se trasladan a la Banda Oriental, y los guenoas-minuanes que no fueron afectados sensiblemente debido a su localización fuera del teatro de las operaciones. (continuará)
De "Los Pueblos del Jaguar", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.
A partir de la segunda mitad del siglo XVII y primera mitad del siglo XVIII, esta Primera Nación, ya identificada como guenoa (o guanoá) por los superiores de las misiones jesuíticas y minuán por las autoridades españolas y portuguesas, pasó a ser la principal protagonista nativa en la extensa región de praderas al oriente del río Uruguay y al Sur del río Ibicuy.
En una informe al Rey de José García Inclán, de 1721, se señala con relación a los guenoas habitantes de la Banda Oriental:
“Asisten de ordinario por el verano en las cercanías de las Sierras de Maldonado y por invierno se retiran a la parte del río Negro que desagua en el Uruguay donde hacen bebidas de miel de abejas.
No tienen casas ni paraje fijo de su asistencia por llevar consigo mujeres e hijos, y forman barracas pequeñas de palos y pieles.
Cada cacique o capitán marcha y se acampa con todos sus parciales y familia distante de otro como una legua o dos respecto de tener cada uno mucha caballada.... y porque no se tripule la suya con la de otros capitanes y les cause confusión...La yerba del Paraguay y el tabaco eran para ellos el mejor regalo.”13
Una referencia de 1763- 1764 de Antonio J. Pernetty, cronista en la expedición de Bougainville describe la vida de los minuanes (guenoas) cerca de Montevideo:
“Las mujeres están ocupadas en cultivar la mandioca y en prepararla para hacer el cazabe...Los hombres pasan la vida dedicados a la caza, a la pesca y a andar a caballo, siendo así que son excelentes jinetes. Los viejos presiden cada toldería y permanecen en sus habitaciones con los jóvenes y las doncellas que aún no tienen fuerzas como para hacer un trabajo pesado. Toda su forma de gobierno consiste en respetar a sus ancianos.”.
En 1749 el gobernador de Buenos Aires estimaba la población guenoa en unos 3,000 a 4,000 individuos incluyendo “1,000 indios de armas”
“Desde el Campo del Bloqueo de Colonia del Sacramento hasta el Río Grande que
están situados los portugueses, habitan los indios infieles minuanes, gente cobarde, sus armas, flechas y bolas, se mantienen de robar ganados y caballadas de los vecinos y estancias de Montevideo. Se compone esta nación (según noticias) de tres a cuatro mil, y entre ellos, como mil indios de armas. Hay domesticados que entran y salen en Montevideo unas cuantas tolderías, que llegará el número a doscientas almas, pero viven lo mismo que los demás; no matan al español mientras no se les opone a sus robos.”.
Esta población parece ligeramente superior a la que tenían las otras naciones nativas sumadas: charrúas, manchados, martianes, bohanes y yaros, cuyo número total este gobernador estimaba en unos tres mil, de los cuales unos seiscientos hombres de armas.
Si aceptamos estas cifras, la población total de las Primeras Naciones de las praderas en 1749 era de unos 6,000 a 7,000 personas.
Luego de las batallas de 1749 varios grupos étnicos de la banda occidental (p.ej. manchados, martianes, yaros) desaparecen de las crónicas quedando solamente charrúas y bohanes, que se trasladan a la Banda Oriental, y los guenoas-minuanes que no fueron afectados sensiblemente debido a su localización fuera del teatro de las operaciones. (continuará)
De "Los Pueblos del Jaguar", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.
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martes, 4 de julio de 2017
Charrúas y gauchos (1)
Danilo Anton
Changadores y camiluchos
La influencia de las cultura nativas en las primeras poblaciones rurales del Uruguay fue muy grande. Esta influencia se hizo sentir con especial intensidad durante el siglo XVIII cuando unos pocos corambreros y contrabandistas («changadores») y vaqueros misioneros («camiluchos») compartían el territorio con varias decenas de tolderías minuanes y charrúas. La vida en las praderas abiertas requería prácticas y destrezas que habían sido desarrolladas por las comunidades de "indios bravos"(1) como resultado de las persecuciones y guerras a que se vieron obligados por las incursiones de los invasores europeos. Los charrúas, minuanes, yaros y otras naciones de las praderas se hicieron excelentes jinetes, desarrollaron nuevas técnicas de arquería incorporando flechas con puntas de hierro, y perfeccionaron la boleadora como arma de guerra para enfrentar a la caballería enemiga.
Durante las primeras décadas del período llamado colonial (siglos XVI y XVII) la población rural dispersa (excluídas las comunidades indígenas) estaba constituída por pescadores, cazadores, en menor medida agricultores y más tarde corambreros. Entre estos paisanos sueltos, había guaraníes y chanáes cimarrones, collas, charrúas «sueltos», africanos escapados, criollos alzados y europeos rebeldes. Esta población vivía de la pesca, la caza y la recolección y complementariamente de cultivos que escondían en la espesura de los montes fluviales. Más tarde incorporaron las actividades corambreras que habrían de volverse centrales durante el siglo XVII.
Gauchos y gauderíos
La población rural independiente y sin mayor estructura social de la Banda Oriental o "de los Charrúas" fue aumentando gradualmente hasta formar comunidades autónomas que se establecieron en las zonas más apartadas del territorio. }
En la segunda mitad del siglo XVIII, estos grupos se enriquecieron por el aporte guaraní misionero o tape, sobre todo después de las derrotas que los guaraníes misioneros sufrieron en manos de la alianza hispano-portuguesa. Como resultado de estas influencias culturales guaraní-misioneras aparecieron dos tipos humanos antecesores del gaucho, en primer lugar el «changador» y en segundo lugar el «gauderío».
Tanto changadores como gauderíos eran individuos, familias o a lo sumo pequeñas comunidades que se dedicaban al contrabando entre Portugal y España, a la corambre de reses cimarronas y a diversas actividades de recolección, caza y pesca. Ya en la década de 1760 hay informes acerca del fuerte crecimiento de algunas de estas comunidades.
Las primeras referencias de los gauderios son de Bougainville y se remontan al año 1766. Señala este autor:
«Se ha formado desde algunos años atrás, en el Norte del río (de la Plata), una tribu de montaraces que podrá convertirse cada vez en más peligrosa para los españoles si no toman medidas prontas para su destrucción. Algunos malhechores escapados de la justicia, se habían retirado al Norte de Maldonado; a ellos se agregaron muchos desertores. Insensiblemente el número acreció y con las mujeres tomadas a los indios han comenzado una raza que no vive sino del pillaje. Se asegura que ellos pasan ya de seiscientos.»
Unos pocos años más tarde, en 1773, otro viajero de nombre Concolocorvo los describe de la siguiente manera: «Los gauderíos son unos mozos nacidos en Montevideo y en los vecinos pagos. Mala camisa y peor vestido procuran encubrir con uno o dos ponchos, de que hacen camas con los sudaderos del caballo, sirviéndoles de almohada la silla.... Se pasean a su albedrío por toda la campaña y con notable complacencia de aquellos semibárbaros colonos, comen a su costa y pasan las semanas enteras cantando y tocando... Si pierden el caballo o se lo roban, les dan otro o lo toman de la campaña enlazándolo con un cabestro muy largo que llaman rosario. También cargan otro, con dos bolas en los extremos, del tamaño de las regulares con que se juega a los trucos, que muchas veces son de piedra que foran de cuero, para que el caballo se enrede en ellas, como asimismo en otras que llaman ramales, porque se componen de tres bolas..."
(1) Término que usaba José Artigas para designar a Charrùas y Minuanes.
(continuará)
De "Los Pueblos del Jaguar", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones
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jueves, 8 de junio de 2017
La nación charrúa
(fragmento de Los Pueblos del Jaguar)
Danilo Antón
La nación charrúa fue la más importante de la región estuárico-ribereña del Paraguazú
Debido a su localización a la entrada de la gran cuenca uruguayo-paranaense fue una de las primeras naciones contactadas por los europeos. De acuerdo a las descripciones de Gaboto, Pero Lope de Souza, Schmidl y otros cronistas, se trataba de un pueblo de pescadores, hábiles canoeros que vivían en aldeas de unos pocos cientos de habitantes, en la zona que se extendía a lo largo de la costa estuárica y fluvial en los actuales departamentos uruguayos de San José, Colonia y Soriano, en la costa de Buenos Aires, en ciertas islas del delta del Paraná y al sur de la actual provincia de Entre Ríos.
Es difícil conocer los datos demográficos precisos de la población charrúa. Algunos indicios permiten estimar que era relativamente numerosa, probablemente del orden de 20,000 a 30,000 individuos.
Antonio de Herrera en su Historia señalaba que al llegar la expedición de Juan Díaz de
Solís “descubrían muchas casas de indios, y gente que con mucha atención estaba mirando pasar el navío, y con señas ofrecían lo que tenían, poniéndolo en el suelo, Juan Díaz de Solís quiso en todo caso ver que gente era esta, y tomar algún hombre para traer a Castilla”19
En 1530 llegó la expedición portuguesa de Pero Lope de Souza a las costas de los actuales departamentos de Colonia y San José donde encontró una aldea, probablemente charrúa, que según estimaciones estaba constituida por un grupo de canoeros. El testimonio. De acuerdo a la crónica de esta incursión, al llegar ésta a la costa norte del río de la Plata la salieron a recibir cuatro almadías (canoas) que tenían entre 16 y 20 metros de largo aproximadamente (10 a 12 brazas) y poco men”os de un metro de ancho (media braza). En cada una de ellas venían cuarenta remeros de pie. En su segundo encuentro salieron seis almadías. Es decir, que tan sólo los remeros sumaban unos 240 hombres. Anota de Sousa que había muchas almadías más en tierra, y finalmente estima la población masculina de ese grupo en unos 600 hombres. Si le agregamos mujeres, niños y ancianos, podríamos llegar a una cifra total de alrededor de 2.000 a 2,500 personas en esa sola aldea.
Según esta misma crónica los nativos expresaron gran alegría y demostraron su amistad a través de obsequios y demostraciones de júbilo, nadando rápidamente cerca de las naves, y enviando varias canoas enormes con unos cuarenta remeros cada una para recibir a los visitantes,. «estaban tan felices que parecían locos».
Con todo, los expedicionarios, que seguramente tenían referencias de la experiencia trágica del navegante español Juan Díaz de Solís prefirieron no arriesgarse a desembarcar y prosiguieron viaje.
Esta descripción es probablemente la más ilustrativa de una comunidad charrúa en condiciones “pre-coloniales”.
Si imaginamos que había una veintena o poco más de comunidades charrúas en el estuario y delta y reduciendo el promedio poblacional de cada una a unas mil personas, la población charrúa total puede ser estimada razonablemente entre 20,000 y 30,000 personas, lo cual sería coherente con la cantidad de guerreros que describe en 1536 el aventurero y cronista alemán Schmidl que acompañó la expedición de Pedro de Mendoza afirmaba que en el sitio de Buenos Aires. En su crónica Schmidl describe unos 23,000 guerreros de cuatro naciones: “vinieron los indios contra nuestro asiento de Buenos Aires con gran poder e ímpetu hasta veintitrés mil hombres y eran en conjunto cuatro naciones; una se llamaba querandíes, la otra Guaraníes, la tercera Charrúas, la Cuarta Chaná- timbúes.”
Si los charrúas hubieran sido una cuarta parte de ese total que menciona Schmidl, cosa que parece probable, los guerreros charrúas involucrados en el sitio serían unos 5,000- 6,000 guerreros, lo que correspondería efectivamente a una población total de unos 20,000- 30,000 habitantes.
Setenta años más tarde, en 1607, cuando los charrúas se habían desplazado hacia el noroeste para alejarse de los centros de poder españoles, el gobernador de Asunción, Hernando Arias de Saavedra, todavía se refería a la región del Uruguay como “una provincia muy fértil y de gran suma de indios....”20 .
Poco después, en 1610, en la recientemente establecida ciudad de Buenos Aires, el gobernador Marín Negrón envió una carta al rey en que estima la población charrúa en unos “cuatro mil indios infieles”. Aunque no sabemos si en ese número se incluía toda la población o solo los “indios de armas” como solía hacerse se puede apreciar una cierta disminución de la población, seguramente relacionada al impacto de la colonización.
De "Los Pueblos del Jaguar". D-Antón, Piriguazú Ediciones.
Más info en daniloanton.blogspot.com
(fragmento de Los Pueblos del Jaguar)
Danilo Antón
La nación charrúa fue la más importante de la región estuárico-ribereña del Paraguazú
Debido a su localización a la entrada de la gran cuenca uruguayo-paranaense fue una de las primeras naciones contactadas por los europeos. De acuerdo a las descripciones de Gaboto, Pero Lope de Souza, Schmidl y otros cronistas, se trataba de un pueblo de pescadores, hábiles canoeros que vivían en aldeas de unos pocos cientos de habitantes, en la zona que se extendía a lo largo de la costa estuárica y fluvial en los actuales departamentos uruguayos de San José, Colonia y Soriano, en la costa de Buenos Aires, en ciertas islas del delta del Paraná y al sur de la actual provincia de Entre Ríos.
Es difícil conocer los datos demográficos precisos de la población charrúa. Algunos indicios permiten estimar que era relativamente numerosa, probablemente del orden de 20,000 a 30,000 individuos.
Antonio de Herrera en su Historia señalaba que al llegar la expedición de Juan Díaz de
Solís “descubrían muchas casas de indios, y gente que con mucha atención estaba mirando pasar el navío, y con señas ofrecían lo que tenían, poniéndolo en el suelo, Juan Díaz de Solís quiso en todo caso ver que gente era esta, y tomar algún hombre para traer a Castilla”19
En 1530 llegó la expedición portuguesa de Pero Lope de Souza a las costas de los actuales departamentos de Colonia y San José donde encontró una aldea, probablemente charrúa, que según estimaciones estaba constituida por un grupo de canoeros. El testimonio. De acuerdo a la crónica de esta incursión, al llegar ésta a la costa norte del río de la Plata la salieron a recibir cuatro almadías (canoas) que tenían entre 16 y 20 metros de largo aproximadamente (10 a 12 brazas) y poco men”os de un metro de ancho (media braza). En cada una de ellas venían cuarenta remeros de pie. En su segundo encuentro salieron seis almadías. Es decir, que tan sólo los remeros sumaban unos 240 hombres. Anota de Sousa que había muchas almadías más en tierra, y finalmente estima la población masculina de ese grupo en unos 600 hombres. Si le agregamos mujeres, niños y ancianos, podríamos llegar a una cifra total de alrededor de 2.000 a 2,500 personas en esa sola aldea.
Según esta misma crónica los nativos expresaron gran alegría y demostraron su amistad a través de obsequios y demostraciones de júbilo, nadando rápidamente cerca de las naves, y enviando varias canoas enormes con unos cuarenta remeros cada una para recibir a los visitantes,. «estaban tan felices que parecían locos».
Con todo, los expedicionarios, que seguramente tenían referencias de la experiencia trágica del navegante español Juan Díaz de Solís prefirieron no arriesgarse a desembarcar y prosiguieron viaje.
Esta descripción es probablemente la más ilustrativa de una comunidad charrúa en condiciones “pre-coloniales”.
Si imaginamos que había una veintena o poco más de comunidades charrúas en el estuario y delta y reduciendo el promedio poblacional de cada una a unas mil personas, la población charrúa total puede ser estimada razonablemente entre 20,000 y 30,000 personas, lo cual sería coherente con la cantidad de guerreros que describe en 1536 el aventurero y cronista alemán Schmidl que acompañó la expedición de Pedro de Mendoza afirmaba que en el sitio de Buenos Aires. En su crónica Schmidl describe unos 23,000 guerreros de cuatro naciones: “vinieron los indios contra nuestro asiento de Buenos Aires con gran poder e ímpetu hasta veintitrés mil hombres y eran en conjunto cuatro naciones; una se llamaba querandíes, la otra Guaraníes, la tercera Charrúas, la Cuarta Chaná- timbúes.”
Si los charrúas hubieran sido una cuarta parte de ese total que menciona Schmidl, cosa que parece probable, los guerreros charrúas involucrados en el sitio serían unos 5,000- 6,000 guerreros, lo que correspondería efectivamente a una población total de unos 20,000- 30,000 habitantes.
Setenta años más tarde, en 1607, cuando los charrúas se habían desplazado hacia el noroeste para alejarse de los centros de poder españoles, el gobernador de Asunción, Hernando Arias de Saavedra, todavía se refería a la región del Uruguay como “una provincia muy fértil y de gran suma de indios....”20 .
Poco después, en 1610, en la recientemente establecida ciudad de Buenos Aires, el gobernador Marín Negrón envió una carta al rey en que estima la población charrúa en unos “cuatro mil indios infieles”. Aunque no sabemos si en ese número se incluía toda la población o solo los “indios de armas” como solía hacerse se puede apreciar una cierta disminución de la población, seguramente relacionada al impacto de la colonización.
De "Los Pueblos del Jaguar". D-Antón, Piriguazú Ediciones.
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