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lunes, 10 de julio de 2017


El origen de la cultura


Danilo Anton


Una vez que los seres humanos se hicieron omnívoros, también se convirtieron gradualmente en consumidores de plantas psicoactivas. Simultáneamente, un proceso lento de evolución cambió su forma física, su capacidad de manipular herramientas, de crear y comprender símbolos.
Esto permitió a los seres humanos generar una cualidad distintiva: el desarrollo de la cultura.
Las culturas son de hecho una parte esencial de las sociedades humanas.
Ellas aparecen, evolucionan, divergen.
Cuando se generaron los primeros cultivos, se inició un proceso imparable de cambio.
Se crearon rituales, ceremonias y enfoques espirituales de la existencia. Se pronunciaron, diseñaron o escribieron sistemas de comunicación altamente complejos. Y finalmente, se imaginaron y construyeron conceptos y dispositivos científicos y tecnológicos. Debido a su origen y evolución en contacto constante con las plantas psicoactivas, los primates humanos adquirieron una fascinación natural con estados alterados de consciencia.
Los mensajes profundos activados por las plantas psicoactivas permitieron el crecimiento espiritual.
Por esta razón, la comprensión de las culturas humanas requiere tener en cuenta el papel de las plantas psicoactivas para desarrollarlas.
Sin plantas psicoactivas, la evolución cultural perdería sentido.
Tal vez esto puede explicar la atracción única, a veces la obsesión, que nosotros, humanos, sentimos por estas poderosas plantas.
No hay que olvidar que las Plantas proporcionan los códigos que permiten descifrar las características esenciales de la especie humana. Son claves para entendernos más allá de las apariencias superficiales.
De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.

martes, 26 de enero de 2016

Revisando  dogmas acerca del origen de la especie humana
D.Antón
A partir de los años 1930, y durante las siguientes 5 o 6 décadas el matrimonio de Louis y Mary Leakey y más tarde varios miembros de su familia, descubrieron fósiles pre-humanos denominados Australopithecus y junto con otros antropólogos desarrollaron la teoría del origen de la especie humana en Africa Oriental y Austral. La hipótesis básica es que estos antropoides vivían en un ambiente de sabana adonde habían evolucionado desde la selva original. Esta hipótesis se transformó en un dogma que fue tomado por el "establishment" antropológico como hecho indiscutible. Otros investigadores desarrollaron una teoría diferente: los humanos tuvieron una fase anfibia que les dieron varias características fisiológicas muy particulares típicas de los animales marinos. Ellos fueron Allister Hardy (biólogo marino inglés quien por muchos años no difundió su teoría por miedo a perder su cargo universitario) y más tarde Elaine Morgan, una escritora proveniente de Gales, quien publicó varios libros sobre el tema (entre ellos The Descent of Woman y The Aquatic Ape),
Estos libros que incluyeron un exhaustivo análisis del origen anfibio de la especie humana, fueron "best seller". La jerarquía académica de la antropología ignoró o despreció estos trabajos a pesar de la existencia de pruebas contundentes desarrolladas por Morgan y otros autores, entre los que se incluye el famoso biólogo David Attenborough. Elaine Morgan, fallecida hace dos años, fue menospreciada por ser "ajena" a la disciplina antropológica pero su brillante trabajo permitió replantearse el origen humano con un enfoque radicalmente diferente con bases sólidas. Hoy los "antropólogos" dogmáticos siguen dominando la temática y tratan de ignorar la teoría de "aquatic ape" de Hardy y Morgan, pero está resultando cada vez más difícil porque los datos rigurosos de la ciencia están demostrando que nosotros, los humanos, somos quienes somos, porque nuestros lejanos antepasados vivieron en las orillas de lagos y mares, alimentándonos de organismos acuáticos, nadando y buceando, durante cientos de miles de años.
Vale la pena leer los trabajos de Elaine Morgan, obras fundamentales de la paleoantropología.

de D.Antón, Piriguazú Ediciones.)
(continúa en daniloanton.blogspot.com y daniloanton-en.blogspot.com, y en el libro "Pueblos, Drogas y Serpientes") 

lunes, 25 de enero de 2016

¿La especie humana pasó por una fase acuática durante su evolución?

El "Mono Acuático"

Danilo Antón
A la cultura tecnológico-industrial le costó bastante trabajo desarticular el paradigma patriarcal bíblico acerca del origen de la especie humana. Años de desinformación y autoritarismo religioso crearon una cultura sin espíritu crítico que se resistió duramente a dejarse sustituir.
El nuevo paradigma, que al fin lo suplantó resultó también profundamente autoritario. Los «popes» de la aristocracia tecnológico-industrial definieron sus dogmas y se atrincheraron para defenderelos por todos los medios a su alcance. Quienes no estaban o no están de acuerdo con las teorías «de recibo» eran o son considerados heréticos, ignorados, ridiculizados, y finalmente, excomulgados de sus cargos y excluidos en la distribución de fondos de investigación.

La teoría acerca de la evolución humana, elemento clave del paradigma científico reinante, no es una excepción a este proceder.
Hace ya varias décadas. las autoridades científicas decretaron que la especie se originó en las sabanas africanas. Para ello produjeron numerosos argumentos, incluyendo varios centenares de fragmentos de fósiles óseos y algunas herramientas.
El origen «sabanero» de los primates humanos se transformó en artículo de fe sin que prácticamente nadie osara contradecirlo.
En realidad, ya desde la década de 1930 hubo alguien que se atrevió. Era un biólogo inglés de nombre Allister Hardy quien señaló las contradicciones de la «Teoría de la Sabana» y propuso una visión alternativa: los seres humanos se habían desarrollado como tales en una etapa anfibia de su evolución1,2.
En 1960, luego de casi treinta años de prédica, The New Scientist accedió a publicar un artículo de Hardy titulado: «Was man more aquatic in the past?» (March, 1960, ppp. 642-645).
Pasaron más de diez años sin que nadie osara mencionar el asunto.
Recién en 1972 se publicó un nuevo trabajo que desarrollaba en profundidad los conceptos de Hardy, realizado por una talentosa escritora galesa.
Su nombre era Elaine Morgan y su obra «La Descendencia de la Mujer» (The Descento of Woman). El título era un juego de palabras contradiciendo el famoso libro darwiniano llamado «La ascendencia del hombre» (The Ascent of Man).
El libro de Morgan fue ignorado totalmente por el «establishment» científico. Sin embargo, a pesar de ello, no pasó inadvertido para mucha gente y gradualmente se fue transformando en un «best seller».
Diez años después la Sra Morgan publicó otro libro extendiéndose en el tema: «El Mono Acuático» (The Aquatic Ape, 1982). Luego siguieron «Las Cicatrices de la Evolución» (Scars of Evolutionn), «El Monot Acuático, Hecho o Ficción» (The Aquatic Ape: Fact or Fiction, 1991). «La Descendencia del Niño» (The Descent of the Child, 1994) y «La Hipótesis del Mono Acuático» (The Aquatic Ape Hypothesis, 1997).
Todos los trabajos de Elaine Morgan tuvieron gran éxito en el público. Treinta años después resulta muy difícil ignorar a la persistente escritora, que además se transformó en una experta en paleo-antropología.
Los argumentos de la «Teoría del Mono Acuático» son contundentes.
Los humanos somos muy diferentes a los animales de la sabana y, en cambio, tenemos mucha afinidades con los mamíferos anfibios.
Al igual que los mamíferos marinos, tenemos muy poco pelo en el cuerpo, poseemos 10 veces más grasa que los otros primates, e incluso más al nacer. A diferencia de la grasa común en otros simios, la nuestra es grasa subcutánea que forma parte de la piel y se desprende con ella. Se trata del tipo «grasa blanca» (white fat) que no suministra energía inmediata y sirve más bien como aislamiento térmico y para ayudar a flotar (como en los mamíferos acuáticos). Para el desarrollo cerebral requerimos ciertas sustancias que sólo se encuentran en los peces y mariscos (por ejemplo, el ácido eicosnoico).
Dilapidamos nuestra agua interior a través del sudor (gran número de glándulas sudoríparas) y de las lágrimas saladas (inexistentes en los otros primates), practicamos el sexo frontal, como las focas y cetáceos; podemos contener la respiración por varios minutos (cosa que no ocurre en ningún otro simio), y nadamos instintivamente al momento de nacer.
Por otra parte, nuestras enfermedades y parásitos específicos requieren fases acuáticas para desarrollarse, y el bipedalismo que nos caracteriza (que no se encuentra en otros mamíferos ni en otro animal de sabana, ni en ningún primate, excepto nosotros) es fácilmente explicable si imaginamos una existencia en las aguas poco profundas de las orillas marinas o lacunares.
Uno de nuestros puntos débiles es, aún hoy, la columna vertebral, que debe soportar con dificultad el peso del cuerpo erguido en condiciones terrestres.
En las condiciones originales acuáticas ese peso disminuye considerablemente, y el esfuerzo requerido para mantenerlo erecto es mucho menor.
Tomado de "Pueblos, Drogas y Serpientes",  Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.