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miércoles, 20 de enero de 2016

Las drogas psicoactivas son parte esencial de la dieta humana
La Luz al Fin del Desfiladero
«Las dietas son espacios privilegiados
para el trabajo sobre nosotros mismos1
Ninguna cultura sobre la Tierra está tan profundamente alienada de la naturaleza que la rodea como el mundo industrial-consumista contemporáneo.
A pesar de la situación creciente de crisis, y las contradicciones irreconciliables entre las estrategias y los recursos, se continúa avanzando hacia la catástrofe con total indiferencia.
Debemos reconocer la profundidad de nuestro dilema histórico en tanto que especie.
Si permitimos que las autoridades de la política, de la economía y de la seudociencia continúen decidiendo dónde se puede o no enfocar legítimamente la curiosidad humana, continuaremos frustrando nuestras posibilidades potenciales. Las restricciones autoritarias y tutoriales a la imaginación son degradantes y grotescas.
Los gobiernos interfieren en la dieta, se entrometen en qué cosas se pueden ingerir y cuáles están prohibidas.
Restringen la investigación sobre las sustancias psicoactivas, que podrían proporcionar enfoques  psicológicos y médicos valiosos, y además impiden su uso religioso y espiritual.
No se reprime simplemente UNA sensibilidad religiosa, sino LA sensibilidad religiosa, la «religación» espiritual que se basa en la relación entre plantas y humanos que existían mucho antes del advenimiento de la «historia».
No se puede posponer más una reevaluación honesta de los verdaderos costos y beneficios del uso de dichas plantas contra los costos y beneficios de su NO USO.
La cultura global está en peligro de sucumbir a un esfuerzo para excluir el problema de su propia falta de conciencia a través de  un terrorismo militar y policial arbitrario y cruel contra usuarios y productores de ciertas sustancias que han sido catalogadas como «drogas».
Esta actitud está basada en desinformación e ignorancia histórica.
Los prejuicios profundamente enraizados explican porqué la mente industrial y consumista se pone repentinamente ansiosa y represiva frente a «las drogas».
Los cambios de conciencia que inducen las sustancias fuertes revelan irrevocablemente que la vida mental de los seres humanos tiene bases físicas. En ese sentido, las drogas psicoactivas enfrentan el principio de la inviolabilidad y estatus especial del alma, que ha sido impuesto por la ideología “cristiana” y otros paradigmas religiosos análogos por más de dos milenios.
Las plantas sagradas y sus efectos psicosociales también se enfrentan a la idea moderna del ego, su inviolabilidad y sus estructuras de control.
El ego siente terror al ver disueltas sus fronteras con el mundo. Esto explica la supresión de lo femenino, que es nuestro vínculo más carnal con la naturaleza y el pasado remoto, el prejuicio profundo que impide evaluar correctamente lo extraño y lo exótico, y el terror irracional frente a las experiencias trascendentales propias y ajenas.
En resumen,  los encuentros con las plantas psicoactivas ponen en tela de juicio toda la visión paradigmática de la sociedad de dominación.
Por esa razón, no se las puede permitir. Deben ser eliminadas, estigmatizadas. Ellas simbolizan la peor subversión, la subversión que provoca la verdad y el conocimiento cuando se alumbran en el interior de la conciencia.
Hay que encarcelar a todos los intrépidos que se atrevan a jugar con la base del sistema.
La cultura global, auto-intoxicada por los subproductos venenosos de su tecnología, es la heredera infeliz de la actitud persecutoria que sostiene que la alteración de conciencia a través de las plantas es de alguna manera, errónea, onanística y perversamente antisocial.
En síntesis, la supresión del conocimiento chamánico, con su insistencia en la disolución extásica del ego, está robándonos del significado de la vida y nos ha hecho enemigos del planeta, de nosotros mismos y de nuestros descendientes.
Los dominadores, con su actitud de cazadores de brujas están matando la sabiduría matriarcal,  y en ella, la verdad final que nos define: nuestra condición irrenunciable de seres naturales.
Es tiempo para el cambio.

 1 Ref. Rosa Giove, «Descubriendo la cuadratura del círculo, el ikono de la A»;  Revista Takiwasi Nº5 año 3, Setiembre 1997.
De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.

martes, 3 de noviembre de 2015

 "Crónicas de la Peripecia Humana" publicada por Piriguazú Ediciones en 2014, fragmento 2o tomo.
Danilo Antón

Una cultura global estereotipada
En las películas tradicionales de Hollywood se podían (se pueden) ver muchos personajes que se impusieron en el imaginario colectivo mundial, las aventuras de los piratas del caribe, recios cowboys, vampiros tétricos o amables, gladiadores romanos y diferentes episodios característicos de guiones considerados “entretenidos”.
También incluyeron numerosas escenas mostrando situaciones hogareñas y sociales de la “american way of life” en la pantalla, exhibiendo los hábitos de consumo de las familias de clase media y alta de los Estados Unidos.
Los argumentos cinematográficos y televisivos también desarrollaron una visión unilateral de la conquista del país por los colonizadores europeos. Las comunidades nativas que poblaban el territorio en tiempos anteriores a la invasión eran “incivilizados” y por tanto se justificaban las acciones violentas y de exterminio, así como la ocupación de tierras nativas en nombre del progreso.
Durante mucho tiempo Hollywood difundió, en forma estereotipada y a nivel mundial, las vicisitudes históricas del avance del frente de ocupación extranjera en tierras aborígenes. Se lo planteaba como una lucha entre los indios bárbaros, que se resistían a la civilización, y el ejército de los Estados Unidos que defendía a los buenos colonos que sólo buscaban nuevas tierras para construir con su trabajo honesto un futuro más próspero y productivo.
Uno de los pueblos nativos más afectados directamente por la colonización fue la nación chumash, que habitaba precisamente en la región de Los Angeles y Hollywood.
Durante el dominio español y mexicano la zona permaneció poco poblada y esporádicamente atendida por las autoridades lejanas, las comunidades chumash perdieron parte de sus tierras pero lograron subsistir precariamente en la región costera californiana..
En 1845, California fue invadida y anexada a los Estados Unidos. En las últimas décadas del siglo XIX, y durante todo el siglo XX, la zona se pobló y urbanizó intensamente y en la actualidad hay más de 20 millones de personas habitando los condados costeros californianos del sur.
Además de su eliminación física debido a la represión, los chumash perdieron todos sus territorios hasta quedar recluidos en sitios marginales. Frente a este aluvión demográfico, que todavía continúa, resultaba poco creíble que una comunidad chumash hubiera podido sobrevivir con conciencia de su identidad histórica. Y sin embargo, así sucedió.
En 1901, con los sobrevivientes de la nación chumash, se constituyó la Reserva Chumash Santa Ynez integrada por unas pocas familias.
Fue un siglo más tarde, al despuntar el siglo XXI, que los miembros tribales lograron autosuficiencia económica a través de la construcción y operación de un Hotel-Casino, Actualmente (2012) la reserva está integrada por 97 familias con una población de 249 residentes.
Si bien poco queda de la antigua cultura de los chumash, su sobrevivencia en las cercanías de las grandes áreas metropolitanas californianas es un caso excepcional de resiliencia histórica.
A pesar de su cercanía y relevancia, parece que la industria cinematográfica de Los Angeles no se ha enterado todavía que los pueblos chumash lograron sobrevivir al genocidio en las propias fauces de la bestia del capitalismo y la frivolidad...
Sería un bonito argumento para una película dramática de Hollywood.