Pueblos indígenas de Brasil
Kami Yamaki Urihipë, Nuestra Tierra-Selva
Para los yanomami, “urihi”, la tierra selva, no es un mero
espacio inerte de explotación económica (lo que denominamos “naturaleza”). Se
trata de una entidad viva, insertada en una compleja dinámica cosmológica de
intercambios entre humanos y no humanos. Como tal, se encuentra actualmente
amenazada por la depredación ciega de los blancos. En la visión del líder Davi
Kopenawa Yanomami:
"La tierra-selva sólo puede morir si es destruida por los
blancos. Entonces, los riachuelos desaparecerán, la tierra quedará quemada, los
árboles se secarán y las piedras de las montañas se quebrarán con el calor. Los
espíritus xapiripë, que viven en las sierras y se quedan jugando en la selva
terminarán huyendo. Sus padres, los chamanes, no podrán llamarlos para que los
protejan nunca más. La tierra-selva se volverá seca y vacía. Los chamanes no
podrán detener más los humos-epidemias y a los seres maléficos que nos
enferman. De esta manera, todos morirán."
Los yanomami forman una sociedad de pescadores,
cultivadores de roza y complementariamente recolectores y cazadores de la selva
tropical del norte de la región amazónica cuyo contacto con la sociedad
nacional es, en la mayor parte de su territorio, relativamente reciente.
Su territorio cubre, aproximadamente, 192.000 Km2, situados
en ambas márgenes de la frontera del Brasil con Venezuela, en la región
interfluvial Orinoco-Amazonas (afluentes de la margen derecha del río Branco e
izquierda del río Negro). Constituyen un conjunto cultural y lingüístico
compuesto de, por lo menos, cuatro subgrupos adyacentes que hablan lenguas de
la misma familia (Yanomae, Yanõmami, Sanima e Ninam). La población
total yanomami, en Brasil y en Venezuela, estaba estimada en casi 26.000
personas en el año 1999.
En Brasil la población yanomami era de 12.795 personas,
repartidas en 228 comunidades (censo de la Fundação Nacional de Saúde-Fundación
Nacional de la Salud- de 1999). La Tierra Indígena Yanomami, que cubre
9.664.975 ha (96.650 km²) de bosques tropicales es reconocida por su importante
relevancia en términos de protección de la biodiversidad amazónica y fue
homologada por un decreto presidencial el 25 de mayo de 1992.
El epónimo “yanomami” fue producido por los antropólogos a
partir de la palabra yanõmami que, en la expresión yanõmami thëpë,
significa "seres humanos". Esa expresión se opone a las
categorías yaro (animales de caza) y yai (seres invisibles
o sin nombre), y también a la de napë (enemigo, extranjero,
"blanco"). Los yanomami remiten su origen a la cópula del demiurgo Omama
con la hija del monstruo acuático Tëpërësiki, dueño de las plantas
cultivadas. A Omama le esa atribuido el origen de las reglas de la sociedad y
de la cultura yanomami actual, así como la creación de los espíritus auxiliares
de los chamanes: los xapiripë (o hekurapë). El hijo de Omama fue
el primer chamán. El hermano celoso y malvado de Omama, Yoasi, es el origen de
la muerte y de los males del mundo.
Una narrativa mítica enseña que los extranjeros también
deben su existencia a los poderes demiúrgicos de Omama. Se relata que
fueron creados a partir de la espuma de la sangre de un grupo de ancestros
yanomami llevada por una inundación luego del rompimiento de un resguardo menstrual
y devorada por yacarés y nutrias. La lengua “enmarañada” de los forasteros les
fue transmitida por el zumbido de Remori, el antepasado mítico de la avispa,
insecto común en las playas de los grandes ríos.
Para llegar a esta inclusión de los blancos en una
humanidad común, aunque oriunda de una creación “de segunda mano”, los antiguos
yanomami tuvieron que vivir un largo tiempo de encuentros peligrosos y tensos
con estos extraños que comenzaron a ser denominados napëpë (“extranjeros,
enemigos”). De hecho, la primera visión que tuvieron de los blancos fue la de
un grupo de fantasmas llegando a sus residencias en las “costas del cielo” con
el escándaloso propósito de volver a vivir en el mundo de los vivos (el regreso
de los muertos es un tema mítico y ritual particularmente importante para los
yanomami).
Por no poseer afinidad genética, antropométrica o
lingüística con sus vecinos actuales, como los yekuana (de lengua caribe),
tanto los genetistas como los lingüistas que los estudiaron dedujeron que los
yanomami serían descendientes de un grupo indígena que permaneció relativamente
aislado desde una tiempo remoto. Una vez establecido en cuanto conjunto
lingüístico, los antiguos yanomami habrían ocupado el área de las cabeceras de
los ríos Orinoco y Parima, un milenio atrás y, desde allí, iniciado su proceso
de diferenciación interna (hace 700 años) para terminar desarrollando sus
actuales lenguas.
Según la tradición oral yanomami y los documentos más
antiguos que mencionan a este grupo indígena, el centro histórico de su hábitat
se sitúa en la Serra Parima (Sierra Parima), divisora de aguas entre al Orinoco
superior y los afluentes de la margen derecha del río Branco. Esa es todavía el
área más densamente poblada de su territorio. El movimiento de dispersión del
poblamiento yanomami, a partir de la Serra Parima en dirección a las tierras
bajas circunvecinas se originó, probablemente, en la primera mitad del siglo
XIX, luego de la penetración colonial en las regiones del Orinoco superior y de
los ríos Negro y Branco, en la segunda mitad del siglo XVIII. La configuración
contemporánea de las tierra yanomami tiene su origen es este antiguo movimiento
migratorio.
Tal expansión geográfica yanomami fue posible, a partir del
siglo XIX y hasta el comienzo del XX, gracias a un importante crecimiento
demográfico. Varios antropólogos consideran que esa expansión poblacional fue
causada por transformaciones económicas inducidas por la adquisición de nuevas
plantas de cultivo y de herramientas metálicas a través de intercambios y
guerras con grupos indígenas vecinos (karib, al norte y al este, arawak al sur
y al oeste), que, a su vez, mantenían un contacto directo con la frontera
blanca. El vaciamiento progresivo del territorio de esos grupos, diezmados por
el contacto con la sociedad regional durante todo el siglo XIX, terminó por
favorecer, también, el proceso de expansión yanomami.
Fuente de información principal:
https://pib.socioambiental.org/es/Povo:Yanomami


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