Pueblos indígenas de Brasil
La palabra yanomami urihi designa la selva y su
suelo. También significa territorio: ipa urihi, "mi tierra",y puede
referirse a la región del nacimiento o a la región de la actual residencia del
que enuncia: yanomae thëpë urihipë, "la selva de los seres
humanos", es la selva que Omama les dio a los yanomami para que
vivieran de generación en generación; sería, en nuestras palabras: “la tierra
yanomami”. Urihipuede ser, también, el nombre del mundo: urihi a pree,
"la gran tierra-selva".
Fuente de recursos, urihi –la tierra selva-, no
es, para los yanomami, un simple escenario inerte sometido a la voluntad de los
seres humanos. Como entidad viva, ella tiene una imagen esencial (urihinari),
un soplo (wixia), así como un principio inmaterial de fertilidad (në rope).
Los animales (yaropë) que abriga este espacio son vistos
como los avatares de los antepasados míticos hombres/animales de la primera
humanidad (yaroripë) que finalmente asumieron la condición animal en razón de
su comportamiento descontrolado, inversión de las reglas sociales de la
actualidad. En las enmarañadas profundidades de urihi, en sus colinas y en sus
ríos, se ocultan innumerables seres maléficos (në waripë), quienes hieren o
matan a los yanomami como si ellos formasen parte de la caza, provocando
enfermedades y muertes. En la cima de las montañas, viven las imágenes (utupë)
de los ancestros-animales transformadas en espíritus chamánicos: xapiripë.
Los xapiripë fueron allí dejados por Omama para
que cuidasen a los humanos. Toda la extensión de urihi está cubierta
por sus espejos en donde juegan y bailan continuamente. En el fondo de las
aguas, se oculta la casa del monstruo Tëpërësik«, suegro de Omama, en
donde viven también los espíritus yawarioma, cuyas hermanas seducen y
enloquecen a los jóvenes cazadores yanomami, abriéndoles, de esta manera, el
acceso a la carrera chamánica.
La iniciación de los pajés o chamanes es dolorosa y
extática. A lo largo de la misma, son dirigidos por los más antiguos y aprenden
a “ver/conocer” a los espíritus xapiripë y a responder a sus cantos,
inhalando –durante una gran cantidad de jornadas- el polvo alucinógeno yãkõana
(resina o fragmentos de la cáscara interna del árbol Virola sp. seca y
pulverizada).
Los xapiripë pueden ser vistos bajo la forma de
miniaturas humanoides adornadas por una gran cantidad de ornamentos
ceremoniales brillantes y multicolores. Su baile de presentación es comparado a
la ruidos y alegre llegada de los grupos invitados, ricamente adornados,
durante la fiesta intercomunitaria reahu. Son, más que nada, “imágenes”
chamánicas (utupë) de entes de la selva. Se pueden observar xapiripë de
mamíferos, de pájaros, de peces, de batracios, de reptiles, de lagartos, de
quelonios, de crustáceos y de insectos. También hay espíritus de diferentes
árboles, espíritus de hojas, espíritus de ficus, de las mieles silvestre, del
agua, de las piedras, de las cascadas de agua… Muchos son, también, imágenes de
entidades cósmicas (la luna, el sol, la tempestad, el relámpago y el trueno) y
de personajes mitológicos. Se pueden observar, asimismo, xapiripë
humildes y caseros como el espíritu del perro, el espíritu del fuego o el de la
olla de barro. Finalmente, se verifican los espíritus de los “blancos” (los
napënapëripë movilizados, a través de la homeopatía simbólica, para combatir
las epidemias) y los de sus animales domésticos (gallina, buey y caballo).
Una vez iniciados, los chamanes yanomami pueden llamar hacia sí a
los xapiripë, para que estos actúen como espíritus auxiliares. Ese poder
de conocimiento/visión y de comunicación con el mundo de las
“imágenes/esenciales vitales” (utupë) que hace de los chamanes los pilares de
la sociedad yanomami. Escudo contra los poderes maléficos oriundos de los
humanos y contra los no humanos que amenazan la vida de los miembros de sus
comunidades, ellos son también incansables negociadores y guerreros de lo
invisible, dedicados a domar las entidades y las fuerzas que mueven el orden
cosmológico.
Controlan la furia de los truenos y de los vientos de la
tempestad, la regularidad de la alternancia del día y de la noche, la estación
seca y las lluvias, la abundancia de la caza, la fertilidad de las
plantaciones, sostienen el abovedamiento del cielo para impedir su caída (la
tierra actual es un antiguo cielo que cayó), apartan a los predadores
sobrenaturales de la selva, contraatacan las embestidas de los espíritus
agresivos de chamanes enemigos y, principalmente, sanan a los enfermos,
víctimas de la malevolencia humana (hechicerías, chamanismo agresivo, agresiones
hacia el animal doble) o no humana (llegada de los seres maléficos në
waripë).
Para desarrollar sus sesiones, los chamanes inhalan el
polvo yãkõana, considerado como la comida de los espíritus. Bajo su efecto,
aseguran “morir”: entran en un estado de transe, que les da la posibilidad de
obtener visiones, durante el cual “llaman” y “hacen descender” varios espíritus
auxiliares, con los cuales terminan identificándose, imitando las coreografías
y los cantos de cada uno en función de su forma de moverse en el universo
chamán (los chamanes se designan como xapiri thëpë, “gente espíritu”; el
realizar esa acción chamánica se denomina xapirimu, “actuar en tanto
espíritu”). De esta manera, cuando “sus ojos mueren”, los chamanes adquieren
una visión/poder que, al contrario de la percepción ilusoria de la “gente
común” (kua përa thëpë), les da acceso a la esencia de los fenómenos y al
tiempo de sus orígenes, por lo tanto, a la capacidad de modificar el curso de
los acontecimientos.
Fuente de información principal:
https://pib.socioambiental.org/es/Povo:Yanomami

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