miércoles, 16 de octubre de 2019

Yacaré Cururú, la última resistencia de la nación charrúa
Después de la emboscada de Salsipuedes en que fueron muertos o hechos prisioneros  los remanentes de la nación charrúa, le tocó al jefe Venado sufrir la traición del presidente de la novel República Oriental,  Fructuoso Rivera. 
Atraído por Bernabé Rivera (hermano o sobrino de Fructuoso) a un casco de estancia donde se suponía se iban a tratar los términos de la devolución de los prisioneros, fue también ultimado sin poder defenderse.
Ante esta nueva derrota, los grupos charrúas sobrevivientes bajo el liderazgo de Polidoro se trasladaron al norte alejándose de la
peligrosa cercanía de «los Rivera»
Confiado por sus sucesivas victorias, Bernabé Rivera decidió terminar con su tarea exterminando los últimos sobrevivientes de la heroica nación de los charrúas. Su persecución lo llevó a las cercanías del río Cuareim, sobre el arroyo Yacaré Cururú. Desafortunadamente para Bernabé, esta vez no le sonrió la fortuna, fue derribado de una boleada y hecho prisionero por Polidoro y los suyos. Lo demás es leyenda. Bernabé fue ejecutado a la manera charrúa. Se hizo justicia.
22 charrúas derrotan un ejército
Tres años después de la matanza de Salsipuedes, el 16 de mayo de 1834 Fructuoso Rivera se encontraba acampado sobre el río Cuareim en el Potrero del Yarao. Desde allí escribió:
«El infrascripto Gral en Gefe del Ex.to tiene la satisfacción de anunciar... que después de insesantes y penosas marchas p.r terrenos escabrosos y desiertos, logró finalmente ayer al aclarar el día, sorprehender en este punto a los Salvages q.e en clase de puesto avanzado del Caudillo Lavalleja se hallaban a muy poca distancia de su campo; pr.o como se hallase guarecidos de un fuerte y espeso monte lograron escaparse a pie p.r dentro de este hasta incorporarse al caudillo de los Anarquistas.» Luego continuaba: «Los restos de los salvages en no poco mas o menos de 20 la mayor parte mugeres vagan errantes y a pie p.r esta desierta  Campaña y es de suponer q.e muy pronto seran tomados pues se persiguen en todas direcciones».
Se aprecia aquí la saña de Fructuoso Rivera en su empeño de exterminar  a sus antiguos aliados, aún a «unas pocas mujeres errantes». Sin embargo, todavía quedaban una veintena de guerreros dispuestos a vender cara sus vidas. Su decisión y arrojo puede ser aquilatado en
el siguiente relato de Ramón de Cáceres en 183411 mostrando a las claras el poderío que efectivamente tenían estos pocos remanentes de la antigua nación charrúa a pesar de su escasísimo número.
Veintidos charrúas derrotan a un ejército
En la crónica de Cáceres se describe como tan solo 22 charrúas con lanzas, arcos y bolas lograron derrotar a un ejército de más de 300 hombres con armas de fuego. Al fin de la  batalla, habían muerto siete soldados, treinta caballos habían sido derribados mientras que el resto de los soldados de la tropa se habían visto obligados a «poner los pies en polvorosa». Los charrúas experimentaron una sola baja.
A continuación extraemos algunos pasajes del documento que vale la pena leer cuidadosamente:
«Serían las dos de la tarde, cuando 22 indios q.e era toda la gente de armas llevar q.e tenían n aquella epoca, se presentaron á 6 cuadras de nuestro campo, provocandonos á la pelea; Raña me consultó, y yo le dije q.e en mi concepto nada podíamos hacerles, y q.e era mejor dejarlos pues q.e ellos tampoco podían incomodarnos; pero Raña dijo q.e era una verguenza, y se resolvió á perseguirlos.»... «Nombré... la guerrilla (tal como lo había solicitado Raña) a las ordenes del Capitan Dn. Ventura Coron.l y le dije q.e yo marchaba en su protección mas q.e p.r ningun pretexto se me separase arriba de 4 a 6 cuadras, y q.e procurase llevar gente bien ordenada,pues en la muerte de Dn Bernabé Rivera nos habían dado á conocer los indios de lo q.e eran capazes- Raña seguía con el resto de la fuerza á retaguardia, eramos entre todos mas de 300 hombres.
Luego q.e nos movimos los indios se pusieron en retirada- extendidos en ala como en tiradorers- a mi guerrilla se incorporaron algunas ordenanzas de Raña... mi pasaron los indios un arroyo pantanoso, siguieron hasta la cuspide de una cuchilla q.e estaba del otro lado toda minada de tucú tucú- y cuando habían pasado los nuestros el principal obstaculo y subían medios desordenados á la cumbre de la cuchilla; bolvieron cara, dos indios flecheros q.e era toda su infanteria echaron pie a tierra, y cargaron todos con tal brío y rapidez, q.e trajeron mi guerrilla y agregados envueltos hasta el arroyo Pantanoso en circunstancias q.e yo llegaba á él con mi fuerza organizada, á cuya presencia los indios continuaron su retirada golpeándose en la boca- En un abrir, y cerrar de ojos nos habian muerto siete hombres, no habia uno de los de la guerrilla, q.e no tubiese dos ó tres pares de bolas en el caballo ó en el cuerpo-Luna, y Mieres, escaparon milagrosam.te con los caballos boleados, De los indios no murió mas q.e uno, q.e fué el q.e nos hizo el mayor destrozo, y q.e de golozo recibió un balazo. Entonces le pesaba a Raña no haber seguido mi consejo, fué este el ultimo encuentro q.e tubimos los cristianos con esa raza indomita...»
 Reproducido de “Los Pueblos del Jaguar”, Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

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