La cultura criolla (e historia) del Uruguay
Después de la derrota del proyecto artiguista
Uno de los principales problemas de la Banda Oriental redefinida bajo
emblemas teóricamente independientes fue que gran parte de los valores y figuras
del viejo artiguismo se habían ido extinguiendo como consecuencias de las
guerras y traiciones.
La mayoría de los viejos caudillos artiguistas indios y negros habían
sido ejecutados o exilados después de la derrota: Andresito fue llevado
prisionero y murió en Brasil, Gorgonio Aguiar fue a dar a Paraguay donde
terminó ejecutado por los "Francistas" de Paraguay. Ledesma, el
caudillo negro, quedó reducido con sus lanceros en Loma Campamento cerca de
Asunción donde habría de permanecer por muchos años para reaparecer durante las
luchas de la década de 1860 peleando del lado de Francisco Solano López, un
continuador del artiguismo. La mayoría de los restantes jefes artiguistas
habían perecido en las grandes matanzas perpetradas por las tropas portuguesas
contra los ejércitos gauchos. Los pocos cuadros militares que sobrevivieron en
la Banda eran criollos que tenían muy desdibujada su visión del gran proyecto
americanista y multi- étnico de Don José.
Sin embargo, apenas cinco años después de la gran derrota de 1820
pareció, que a pesar de todo, el gauchaje, liderado por Juan Antonio Lavalleja,
nuevamente tomaba control de su destino. La revolución popular del 1825,
concebida como un intento de liberar la provincia Cisplatina de Brasil y
reincorporarla al seno de las Provincias Unidas, surgió como un renacer de la
vieja semilla artiguista.
Es probable que la mayor parte de los criollos hayan entrevisto un
augural renacer del artiguismo en la figura de Juan Antonio y sus treinta y
pico cruzados. Seguramente influyó el odio acumulado contra ese nuevo imperio
portugués (que ahora se llamaba Imperio de Brasil, pero que no había cambiado
gran cosa). En todo caso, los gauchos del país oriental se levantaron en masa y
en poco tiempo acorralaron a los brasileros en las plazas fuertes.
Los orientales declaraban su soberanía frente a las monarquías del mundo,
volvían a formar parte de las Provincias Unidas por su propia voluntad, y se
unían nuevamente con los pueblos hermanos conservando su soberanía, como tenía
que ser, de acuerdo a los principios heredados del artiguismo.
Desafortunadamente, no pudo ser. Otra vez, los oligarcas
"porteños" utilizando maniobras diplomáticas, se aliaron a ingleses y
brasileros para eliminar la nueva semilla que se resistía a morir. Esta vez, la
idea era matar dos pájaros de un solo tiro, por un lado el puerto competidor de
Montevideo debía ser "expulsado" de la naciente nación americana del
sur para asegurarse el monopolio portuario de Buenos Aires y por otro se
asfixiarían las tendencias "anarquistas" (léase: federalistas) del
gauchaje oriental asegurando que el artiguismo quedaba aplastado para siempre.
La propuesta de los ingleses fue sencilla, crear un pequeño país
independiente, ciudad-estado alrededor de Montevideo, al modo de las
"ciudades de la liga hanseática"[1]. Esta república
de Montevideo iba a ser muy pequeña (algo así como un "Hong Kong" o
Singapur sudamericano)[2] y en ese sentido
todas las potencias en cuestión se iban gradualmente poniendo de acuerdo. Los
brasileros conservarían gran parte del territorio, Buenos Aires aseguraría la
asfixia del puerto de Montevideo consolidando el dominio comercial del interior
provincial, y los ingleses obtendrían una ciudad-puerto que finalmente serviría
de base para su conquista comercial del sur de la América que inexorablemente
parecía acercarse en el tiempo.
No sabemos a ciencia cierta que se traían entre manos los agentes de esta
maniobra diplomática internacional, pero sí sabemos que no se invitó la
participación de los orientales, que eran los que habían peleado (y ganado) la
guerra.

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