El tango, el candombe y la cultura afro-montevideana
A partir de 1778, el puerto montevideano se habilitó para el
comercio libre con otros puertos (no solo españoles de la península, sino con
otros puertos coloniales o de terceros países neutrales). Parece lógico pensar,
y hay varios documentos de la época que tienden a confirmarlo, que a partir de
este momento el ingreso de esclavos africanos debió multiplicarse rápidamente.
Para acelerar el proceso el gobierno español en una Real
Cédula de 1791 decidió favorecer especialmente a "los buques de cualquier
bandera que introdujesen esclavitud en las colonias" (Isidoro de María,
op.cit.) lo cual aceleró aún más dicho ingreso. En los tres años siguientes a
1791, se introdujeron 2,689 esclavos tan solo por el puerto de Montevideo.
Los africanos llegados a Montevideo provenían de varias
regiones de Africa, pero por las referencias recogidas parecería que provenían
fundamentalmente de las colonias portuguesas: congos, bengueles, luandas,
melombos, obertoches, mozambiques, y cabindas.
La población negra de Montevideo a principios del siglo XIX (incluyendo la
población de extramuros), excedía el 50%
de la población. La mayoría de los autores tiende a subestimar el peso
demográfico de la población negra, lo cual parece ser el resultado de un
intento (¿inconsciente?) de blanquear la historia montevideana de la época. Con
todo hace notar Isidoro de María que la masa de esclavos montevideanos...
"fuese por el rigor de los amos, o alentada por el crecido número que
formaba, empezó (sic) a insubordinarse huyendo una parte de ella al campo y aún
cometiendo algunos atentados..."
En su libro "Artigas, Tierra y Revolución", L.
Sala, de la Torre y J. Rodríguez (1974)[1] señalan que "según el Cabildo los
negros formaban la mayoría de la población montevideana... demostraron una
enorme rebeldía..." que llevó a un grupo de ellos a huir "hacia los
menotes del río Negro, para formar una república de hombres libres, movimiento
que fue cruentamente reprimido".
De María trata de minimizar la rebelión de los esclavos de
Montevideo de 1803, que dió lugar a batallas aparentemente bastante sangrientas
en donde los amotinados fueron reducidos y algunos ahorcados en una horca que
el cabildo mandó levantar en la plaza. Es altamente probable que un cierto
número de rebeldes se hayan terminado refugiando entre los grupos pampas y
gauchos de las pampas orientales[2].
En 1807, las danzas de los negros aparecen mencionados en
documento público referidas con el nombre de "tambos". Una resolución
del Cabildo del 26 de noviembre de 1807 reza así: ""Sobre los Tambos
bailes de negros" ... "Que rrespecto a que los bailes de negros son
por todos motivos perjudiciales, se prohiban absolutamente dentro y fuera de la
ciudad, y se imponga al que contravenga el castigo de un mes a las obras
públicas"[3]. Al año siguiente, en 1808, los vecinos
elevan un petitorio al Cabildo para exigir mayor severidad en la represión de
los "tangos de negros" debido a que éstos causan perjuicios "a
los amos porque con aquel motivo se relajan enteramente los criados, faltando
al cumplimiento de sus obligaciones, cometen varios desórdenes y robos a los
mismos amos para pagar la casa donde hacen los bailes y si no se les permite ir
a aquella perjudicial diversión viven incómodos, no sirven con voluntad y
solicitan luego papel de venta" (L. Ayestarán, op. citada, p.161). En 1809
aparece nuevamente la palabra "tango" aplicada al baile de los negros
en un reglamento de policía del cabildo (P.Blanco Acevedo, op.cit. p.224).
Los negros montevideanos festejaron el sitio de Montevideo
por las fuerzas artiguistas según lo señala Francisco Acuña de Figueroa en
1813: "En tanto se miraba; la casa de los negros que brillaba; con
hogueras y luces, y se oía; allá en sus campamentos; de músicas marciales la
armonía; y el rumor de sus gritos de alegría; demostración notoria; de la nueva
feliz de una victoria"[4].
Poco años más tarde, en 1816, un bando del Cabildo
establece: "Se prohiben dentro de la Ciudad los bayles conocidos por el
nombre de Tangos, y sólo se permiten extramuros en las tardes de los días de
fiesta, hasta puesto el sol; en los quales, ni en ningún otro día podrán los
Negros llevar armas, palo o macana, so pena de sufrir ocho días de prisión en
la limpieza de la ciudadela"[5].
Una parte importante de la población negra de la banda
oriental se incorporó en el ejército artiguista. Según el informe de Bartolomé
Laguardia a la Junta Gubernativa del Paraguay (Archivo Artigas, Tomo VII)
describiendo el ejército artiguista señala: "el ejército se compone de
4,000 hombres armados con fusiles...e inclusive la división de Pardos que se ha
agregado y consta de 300 plazas y 200 que se han puesto en marcha para este
mmismo destino"[6].
Durante el control oriental de Montevideo, los esclavos de
la ciudad fueron enrolados en el ejército artiguista por orden de Fernando
Otorgués y aunque algunos volvieron más tarde a la ciudad durante la ocupación
portuguesa, muchos terminaron agregándose al ejército artiguista en el norte.
En los últimos años de la década artiguista (1811- 1820), el
ejército patriota estaba integrado por un cuerpo considerable de varios cientos
(tal vez más de mil) negros y pardos que llegado el momento de la derrota
acompañaron al líder hacia el Paraguay y terminaron acampados en un sitio
cercano a Asunción llamado "Loma Campamento" (Campamento de la Loma).
Los descendientes de este grupo de artiguistas se mantienen en ese lugar hasta
nuestros días.
Es de hacer notar que las danzas de los negros que se
mencionan en casi todos los documentos de la época (generalmente recibiendo el
nombre de "tangos" hasta 1830 y a partir de ese entonces "candombes")
eran mucho más que simples danzas. A través de referencias posteriores sabemos
que "los bailes de los negros" eran ceremonias religiosas tal como
las describe un escritor montevideano de origen afro-uruguayo Marcelino Bottaro
en trabajo publicado por Nancy Cunard en Londres: "La representación de
sus ritos, más comunmente llamados Ceremonias, es muy simple y muy alejada de
todo sobrenaturalismo. Los ritos pueden reducirse a primitivas invocaciones,
ruegos, súplicas, ofrecidos de perfecta buena fe a los dioses primitivos y
mezclados a veces con lentos cantos guerreros, recordando la vida de las
tribus. Estos cantos y oraciones eran siempre acompañados de contorsiones y
gritos de admiración o sorpresa...". Había muchos grupos como los Magises[7], los Congos, etc..."todas las
reuniones observaban en sus ceremonias los mismos rituales, es decir, cantos,
bailes, etc, con el obligado repiquetear de tamboriles"[8].
Lenguajes y danzas: el tango es oriental
Los negros montevideanos desarrollaron su propio lenguaje:
un lenguaje "creole" que comunmente se denomina bozal. Este lenguaje
se encontraba bien desarrollado por 1830 tal como se ve en los siguientes
versos transcriptos por Lauro Ayestarán (op. cit.):
Compañelo di candombe
Pita pango e bebe chicha
Ya le sijo que tienguemo
No se puede sé cativa
Pol eso lo Comundá
Lo Casanche, lo Cabinda,
Lo Banguela, Manyolo,
Tulo canta, tulo grita".
A partir de entonces aparece la palabra "candombe"
para designar las ceremonias religiosas de los negros (aunque la mayoría de los
autores soslayaron ese elemento religioso central del candombe). En 1839, un edicto
policial restringe estas ceremonias a la parte sur de la ciudad los días
festivos no autorizándose su prolongación más alla de las nueve de la noche[9].
Durante la Guerra Grande a mediado de la década de 1840, los
negros de Montevideo efectuaban sus ceremonias con danzas y cantos al son de
los tamboriles en el local del "Recinto" que estaba ubicado al Sur de
la ciudad entre la calle Yerbal y el río[10].
Por 1857 las ceremonias y danzas de los negros fueron
descriptos por "El Comercio del Plata" (21 de enero de 1857)
denominándolos la chica y la bámbula. No se describe la "chica" en
detalle pero se habla de un baile de pareja que "es un bello baile
apasionado, novelesco... ese viejo drama de amor en acción que atraviesa todas
las jeneraciones (sic) del mundo...". La "bámbula" en cambio se
aparece como un baile de grupo de imitación guerrera.
Es altamente probable que este baile llamado
"chica" sea un antecesor directo del futuro "tango" (danza)
que va a observarse poco tiempo después en algún rancho de Durazno
probablemente llevado por la tropa negra del ejército.
Los bailes llamados tangos sobreviven hasta fin de siglo,
tal como se señala en varios documentos de Montevideo y Durazno.
En Montevideo, en 1879, salía una comparsa llamada "La
raza africana" que interpretaba varios tangos. Uno de ellos escrito en
bozal decía así:
"Mira la cala de mundele, canego
Cusojo q'está milando que tenemo
Que asé queso si neglo nomete
Quasundo din branco
Plupalame la malliaba qui sanlle
Tolito la sitromento
Que eta noche los aflicanos
Singulo tenemo amaneciemendo"[11]
En Durazno, varias letras de tangos de negros son
transcriptos en el periódico "El Argos" de 1883. La comparsa estaba
constituída por mujeres que se llamaba "Pobres Negras Lavanderas".
Una de las letras dice así:
"Bailemos negras un tango
Con mucho gusto y compás
Que si a las niñas agrada
Quisá, no salgamo mal
A ver si hacemos esferzo
De entonar este cantar
Y de bailar este tango
Con gracia particular
Ya, que tu negra no tienes
Ninguna dificultad
Es preciso que demuestre
Hoy tu buena habilidad
Porque tu sabes que el tango
Precisa aire y nada más
Y así te pide mi negra
Bailá, mi negra bailá."[12]
En las zonas rurales y periurbanas, los tangos de los negros
habían llegado modificados. En primer lugar habían perdido su sentido religioso
original quedando limitados a la expresión danzante y en segundo lugar
perdieron su principal instrumento: el tamboril.
La principal referencia a un tango rural es el que
transcribe R. Cunninghame Graham en "Relatos del río de la Plata"[13]. Cunninghame Graham, un escritor
escocés que visitó el Uruguay en la década de 1870 describe así un tango que
presenció en un rancho a orillas del río Yi tocado por un ciego paraguayo
anciano en la guitarra y un negro "enorme" acompañando en el acordeón:
"Al fin cesó el canto y la orquesta preludió un tango,
lento, acompasado y rítmico. Los hombres se alzaron, y quitándose las espuelas,
se retiraron al rincón de la pieza, donde las mujeres se habían amontonado como
para protegerse las unas de las otras, y con un cumplimiento las trajeron al
espacio destinado a la danza. El poncho flotante y el chiripá que hacía oficio
de pantalones oscilaba en el aire...A ratos se separaban, volvían a acercarse
con aire de gravedad y luego el hombre, adelantándose, tomaba a su pareja por
el talle y parecía impulsarla hacia atrás con los ojos cerrados, en una
expresión de beatitud."
Todo parece indicar que a partir de los tangos y candombes
religiosos de los negros evolucionó una danza que probablemente en algún momento
se designó con el nombre de "chica", pero que nunca perdió
completamente el nombre de "tango" tal como se puede apreciar en los
múltiples documentos consultados. Esta danza era bailada por la población
suburbana de negros, mestizos, mulatos y criollos de Montevideo, y en los
alrededores de los cuarteles de las ciudades del interior. Este tango criollo
diferenció del tango de los negros pues no utilizaba el tamboril, sino tan solo
la guitarra y el acordeón (es de hacer notar que los negros orientales eran
grandes ejecutantes del acordeón, y abundan referencias que llegan hasta
nuestros días acerca del origen étnico de los acordeonistas de estos primeros
tangos).
El "tango de negros" evolucionó por su lado,
siguió existiendo en el barrio sur montevideano y en las comunidades negras de
algunas ciudades del interior uruguayo, mientras que el otro tango[14] claramente influenciado por las habaneras recientemente llegadas de Cuba, se fue asentando en el suburbio sureño
de Montevideo en donde comenzó a practicarse en las "academias" y a
fines de la década de 1880 pasó a Buenos Aires donde se estableció y prosperó
en un cierto tipo de "academias" bonaerenses que se dieron en llamar
"piringundines" (por Pérez y Guntín propietarios de uno de esos
establecimientos).
Debido a la aparición del "tango de gauchos" que en Montevideo utilizó ritmos musicales de las habaneras y fue adoptado por las comunidades afromontevideanas, luego pasó a ser aceptado como "tango de blancos" los pobladores
afro-montevideanos se quedaron sin su sustantivo. El tango de negros siguió
existiendo pero perdió su nombre. Se pasó a llamar milongón, y allá por la
década del 30 debido a una ocurrencia de Pintín Castellanos y a la promoción de
autores e intérpretes como Mastra y Gavioli se le bautizó candombe. Es de hacer
notar que este candombe tiene poco que ver con la ceremonia de candombe del
siglo XIX.
Resumiendo: el tango nació en Montevideo muy tempranamente a
principios del siglo pasado como danza religiosa de los negros, evolucionó
durante todo el siglo y por la década del 50 (después de terminada la Guerra
Grande), y unidos los ejércitos y los pueblos de Montevideo y del Cardal (La
Unión) dió lugar a dos danzas diferentes, una que siguió la "línea"
africana sobretodo centrado en Montevideo y Durazno (tal vez también en otras
ciudades del interior) y otro que se fue por la línea gaucha y criolla, que se
extendió a la población mestiza, blanca pobre, mulata y negra de los suburbios
de Montevideo y del interior. El tango gaucho se "aquerenció" en la
calle Brecha y zona "roja" del Montevideo.
De acuerdo a Gustavo Goldman, musicólogo y estudiioso del tema del origen del tango, el tango que se desarrolló a fines del siglo XIX y principios del siglo XX estuvo influenciado por la habanera, música traída por los marineros de los barcos cubanos que transpotaban el azúcar de Cuba a Mntevideo y llevaban el tasajo de Montevideo a Cuba.
Esta danza se puso de moda en las últimas décadas del siglo XIX a nivel de la sociedad montevideana, y ciertos círculos sociales afromontevideanos comenzaron a componer, ejecutar y bailar las "habaneras", a veces utilizando el nombre de "tangos" que era el término que se había generalizado entre los afromontevideanos durante todo el siglo XIX.
Estas habaneras-tangos se hicieron populares en los sectores sociales populares criollos y suburbanos de la República Oriental siendo adoptados más tarde por el resto de la población extendiéndose luego a nivel internacional a Éuropa y el resto del mundo.
Es de hacer notar que las habaneras estaban a su vez influenciadas por la "contradanza" española cuyo nombre vendrìa originalmente de la "country dance" inglesa.
Este tango originalmente montevideano luego se trasladó a Buenos Aires donde prendió fuertemente (sin que
dejara en ningún momento de ser también danza montevideana).
La religión del candombe que comenzó a desarrollarse a fin
del siglo XVIII bajo el nombre de tango[15]
era probablemente un fenómeno muy similar al candomblé y otros cultos afro-brasileños.
Es de hacer notar que similares procesos se dieron en otras regiones de América
donde se introdujeron esclavos en gran número (por ejemplo, las santerías
cubanas, el espiritismo de los negros de barlovento en Venezuela y el vudú de
Haití).
El candombe montevideano siguió evolucionándo y
sincretizándose, y sobre las décadas de 1850 y 1860 lo encontramos bien
dinámico y establecido. De acuerdo a Bottero (referencia ya mencionada) las
principales sectas eran los "Magises", los "Congos" y los "Mozambiques".
Los Magises tenían una organización bastante cerrada[16]
y se contaban popularmente muchas leyendas acerca de sus ceremonias y
"misteriosos" rituales. Los Magises tenían "muchas subdivisiones
y un gran número de lugares de asamblea". Adoraban imágenes (?) de sus
dioses que según Bottaro eran "deformes". Los Congos incluían varios sub-grupos como
los Luandas, Minos, Melombes y Obertoches y parecían tener un dios principal y
varios "santos" patrones. Los Mozambiques que estaban concentrados en
el Cordón adoraban un dios representado en formas corporales distintas (a veces
era un pastor, a veces un guerrero y en otras aparecía bajo formas
indefinidas). La ceremonia era dirigida por un shaman (en español se le
denomina hoy gramillero, no sabemos las palabras correspondientes en dialecto
bozal) y era acompañada por tamborileo continuado.
Todos estos elementos tienden a mostrar la afinidad entre
las religiones afro-brasileñas y la afro-uruguayas. El objetivo del ritual del candombe
era adorar o entrar en contacto con los espíritus (¿de las fuerzas naturales?)
por medio de llamadas del tambor, danzas y varios ritos asociados.
En 1871, en ciertos sectores (intelectualizados) de la
población negra de Montevideo a través de un diario publicado para los
afro-montevideanos "La Conservación" se promovía "la necesidad
de terminar de una vez con estas farsas que no eran religiosas, estas prácticas
que no obedecían a ningún principio lógico" y que servían para que se señalara
los puntos de reunión como lugares de promiscuidad "para aumentar la
población de los conventillos".
A partir de 1870, el candombe evolucionó perdiendo gran
parte de sus elementos africanos iniciales. Con todo continuó el manejo ritual
de "hierbas y yuyos", la "manipulación del mambise" (hiel
de oveja) y otros actos ceremoniales hasta mucho tiempo después de su
desaparición institucionalizada. En los hechos ésta se produjo por el 1900
cuando algunos de los viejos gramilleros oficiaron los últimos candombes.
De todas maneras, las creencias religiosas, espiritualistas
y rituales no desaparecieron del todo de las masas afro-montevideanas. Ellas
quedaron como un trasfondo de las actividades de los manosantas y curanderos e
inmersas de alguna manera adentro del rito de las llamadas[17].
En Brasil, y debido a los grandes números de la población de
origen africano, este proceso de desarticulación religiosa se dió en mucho menor grado. Los ritos
afro-brasileños se desarrollaron y asentaron, determinando finalmente una
expansión no solo dentro de Brasil, sino también a otros países vecinos (y no
tan vecinos). El Uruguay no fue ajeno a esta expansión. El éxito de la misma es
evidente. Hay hoy cerca de un millar de terreiros[18]
en todo el país y tal vez unos 200,000 practicantes de dichas religiones.
Los ritos afro-brasileros (p.ej. umbanda, candomblé, y
otros) lograron extenderse fácilmente en el Uruguay porque encontraron el
terreno fértil que significó esa base de creencias candomberas que
sobrevivieron más allá de la desaparición del candombe organizado. Todo parece
indicar, que tarde o temprano, se producirá el sincretismo final que una a los
ritos umbanda y afro-brasileros con los elementos remanentes de ese candombe ancestral,
en particular el tamboril y las llamadas.
[2]
Francisco M. Merino señala que los "fugados" eran menos de cincuenta
y que fueron capturados en las inmediaciones del Santa Lucía; Francico M.
Merino; "El negro en la sociedad montevideana", Ediciones de la Banda Oriental ,
1982, p.88. Es de hacer notar que los documentos de la época tendían a restarle
importancia a estos gestos de rebeldía. Seguramente el número fue mucho mayor.
[10]
En las "Crónicas de un Montevideo Lejano", Domingo González (El
Licenciado Peralta), Cuadernos de Marcha, Número 11, Marzo 1968, p.22, describe
los "candombes" del "Recinto" de la siguiente manera:
"El canto monótono, como el acompañamiento y la misma danza, formaba una
combinación original..." que resonaba con estas palabras:
"Eculé...culé, lin...culé; Machubá... colobá minué; Bigulé,
bigulé..."
[17]
Las llamadas del siglo XX perdieron parte de su espiritualismo (por lo
menos a nivel consciente) pero siguieron sobreviviendo como expresiones
espontáneas en ciertas ocasiones o fechas en los barrios del sur de Montevideo.
Las llamadas carnavaleras aparecen frecuentemente como un remedo
exhibicionista del hecho espiritual tradicional que hasta ahora ha permanecido
incomprendido por muchos.

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