domingo, 17 de marzo de 2019


El tango, el candombe y la cultura afro-montevideana

A partir de 1778, el puerto montevideano se habilitó para el comercio libre con otros puertos (no solo españoles de la península, sino con otros puertos coloniales o de terceros países neutrales). Parece lógico pensar, y hay varios documentos de la época que tienden a confirmarlo, que a partir de este momento el ingreso de esclavos africanos debió multiplicarse rápidamente.
Para acelerar el proceso el gobierno español en una Real Cédula de 1791 decidió favorecer especialmente a "los buques de cualquier bandera que introdujesen esclavitud en las colonias" (Isidoro de María, op.cit.) lo cual aceleró aún más dicho ingreso. En los tres años siguientes a 1791, se introdujeron 2,689 esclavos tan solo por el puerto de Montevideo.
Los africanos llegados a Montevideo provenían de varias regiones de Africa, pero por las referencias recogidas parecería que provenían fundamentalmente de las colonias portuguesas: congos, bengueles, luandas, melombos, obertoches, mozambiques, y cabindas.
La población negra de Montevideo  a principios del siglo XIX (incluyendo la población de extramuros), excedía  el 50% de la población. La mayoría de los autores tiende a subestimar el peso demográfico de la población negra, lo cual parece ser el resultado de un intento (¿inconsciente?) de blanquear la historia montevideana de la época. Con todo hace notar Isidoro de María que la masa de esclavos montevideanos... "fuese por el rigor de los amos, o alentada por el crecido número que formaba, empezó (sic) a insubordinarse huyendo una parte de ella al campo y aún cometiendo algunos atentados..."
En su libro "Artigas, Tierra y Revolución", L. Sala, de la Torre y J. Rodríguez (1974)[1] señalan que "según el Cabildo los negros formaban la mayoría de la población montevideana... demostraron una enorme rebeldía..." que llevó a un grupo de ellos a huir "hacia los menotes del río Negro, para formar una república de hombres libres, movimiento que fue cruentamente reprimido".
De María trata de minimizar la rebelión de los esclavos de Montevideo de 1803, que dió lugar a batallas aparentemente bastante sangrientas en donde los amotinados fueron reducidos y algunos ahorcados en una horca que el cabildo mandó levantar en la plaza. Es altamente probable que un cierto número de rebeldes se hayan terminado refugiando entre los grupos pampas y gauchos de las pampas orientales[2].

Religión y folklore en el Montevideo del siglo XIX
En 1807, las danzas de los negros aparecen mencionados en documento público referidas con el nombre de "tambos". Una resolución del Cabildo del 26 de noviembre de 1807 reza así: ""Sobre los Tambos bailes de negros" ... "Que rrespecto a que los bailes de negros son por todos motivos perjudiciales, se prohiban absolutamente dentro y fuera de la ciudad, y se imponga al que contravenga el castigo de un mes a las obras públicas"[3]. Al año siguiente, en 1808, los vecinos elevan un petitorio al Cabildo para exigir mayor severidad en la represión de los "tangos de negros" debido a que éstos causan perjuicios "a los amos porque con aquel motivo se relajan enteramente los criados, faltando al cumplimiento de sus obligaciones, cometen varios desórdenes y robos a los mismos amos para pagar la casa donde hacen los bailes y si no se les permite ir a aquella perjudicial diversión viven incómodos, no sirven con voluntad y solicitan luego papel de venta" (L. Ayestarán, op. citada, p.161). En 1809 aparece nuevamente la palabra "tango" aplicada al baile de los negros en un reglamento de policía del cabildo (P.Blanco Acevedo, op.cit. p.224).
Los negros montevideanos festejaron el sitio de Montevideo por las fuerzas artiguistas según lo señala Francisco Acuña de Figueroa en 1813: "En tanto se miraba; la casa de los negros que brillaba; con hogueras y luces, y se oía; allá en sus campamentos; de músicas marciales la armonía; y el rumor de sus gritos de alegría; demostración notoria; de la nueva feliz de una victoria"[4].
Poco años más tarde, en 1816, un bando del Cabildo establece: "Se prohiben dentro de la Ciudad los bayles conocidos por el nombre de Tangos, y sólo se permiten extramuros en las tardes de los días de fiesta, hasta puesto el sol; en los quales, ni en ningún otro día podrán los Negros llevar armas, palo o macana, so pena de sufrir ocho días de prisión en la limpieza de la ciudadela"[5].
Una parte importante de la población negra de la banda oriental se incorporó en el ejército artiguista. Según el informe de Bartolomé Laguardia a la Junta Gubernativa del Paraguay (Archivo Artigas, Tomo VII) describiendo el ejército artiguista señala: "el ejército se compone de 4,000 hombres armados con fusiles...e inclusive la división de Pardos que se ha agregado y consta de 300 plazas y 200 que se han puesto en marcha para este mmismo destino"[6].
Durante el control oriental de Montevideo, los esclavos de la ciudad fueron enrolados en el ejército artiguista por orden de Fernando Otorgués y aunque algunos volvieron más tarde a la ciudad durante la ocupación portuguesa, muchos terminaron agregándose al ejército artiguista en el norte.
En los últimos años de la década artiguista (1811- 1820), el ejército patriota estaba integrado por un cuerpo considerable de varios cientos (tal vez más de mil) negros y pardos que llegado el momento de la derrota acompañaron al líder hacia el Paraguay y terminaron acampados en un sitio cercano a Asunción llamado "Loma Campamento" (Campamento de la Loma). Los descendientes de este grupo de artiguistas se mantienen en ese lugar hasta nuestros días.
Es de hacer notar que las danzas de los negros que se mencionan en casi todos los documentos de la época (generalmente recibiendo el nombre de "tangos" hasta 1830 y a partir de ese entonces "candombes") eran mucho más que simples danzas. A través de referencias posteriores sabemos que "los bailes de los negros" eran ceremonias religiosas tal como las describe un escritor montevideano de origen afro-uruguayo Marcelino Bottaro en trabajo publicado por Nancy Cunard en Londres: "La representación de sus ritos, más comunmente llamados Ceremonias, es muy simple y muy alejada de todo sobrenaturalismo. Los ritos pueden reducirse a primitivas invocaciones, ruegos, súplicas, ofrecidos de perfecta buena fe a los dioses primitivos y mezclados a veces con lentos cantos guerreros, recordando la vida de las tribus. Estos cantos y oraciones eran siempre acompañados de contorsiones y gritos de admiración o sorpresa...". Había muchos grupos como los Magises[7], los Congos, etc..."todas las reuniones observaban en sus ceremonias los mismos rituales, es decir, cantos, bailes, etc, con el obligado repiquetear de tamboriles"[8].

Lenguajes y danzas: el tango es oriental
Los negros montevideanos desarrollaron su propio lenguaje: un lenguaje "creole" que comunmente se denomina bozal. Este lenguaje se encontraba bien desarrollado por 1830 tal como se ve en los siguientes versos transcriptos por Lauro Ayestarán (op. cit.):

Compañelo di candombe
Pita pango e bebe chicha
Ya le sijo que tienguemo
No se puede sé cativa
Pol eso lo Comundá
Lo Casanche, lo Cabinda,
Lo Banguela, Manyolo,
Tulo canta, tulo grita".

A partir de entonces aparece la palabra "candombe" para designar las ceremonias religiosas de los negros (aunque la mayoría de los autores soslayaron ese elemento religioso central del candombe). En 1839, un edicto policial restringe estas ceremonias a la parte sur de la ciudad los días festivos no autorizándose su prolongación más alla de las nueve de la noche[9].
Durante la Guerra Grande a mediado de la década de 1840, los negros de Montevideo efectuaban sus ceremonias con danzas y cantos al son de los tamboriles en el local del "Recinto" que estaba ubicado al Sur de la ciudad entre la calle Yerbal y el río[10].
Por 1857 las ceremonias y danzas de los negros fueron descriptos por "El Comercio del Plata" (21 de enero de 1857) denominándolos la chica y la bámbula. No se describe la "chica" en detalle pero se habla de un baile de pareja que "es un bello baile apasionado, novelesco... ese viejo drama de amor en acción que atraviesa todas las jeneraciones (sic) del mundo...". La "bámbula" en cambio se aparece como un baile de grupo de imitación guerrera.
Es altamente probable que este baile llamado "chica" sea un antecesor directo del futuro "tango" (danza) que va a observarse poco tiempo después en algún rancho de Durazno probablemente llevado por la tropa negra del ejército.
Los bailes llamados tangos sobreviven hasta fin de siglo, tal como se señala en varios documentos de Montevideo y Durazno.
En Montevideo, en 1879, salía una comparsa llamada "La raza africana" que interpretaba varios tangos. Uno de ellos escrito en bozal decía así:

"Mira la cala de mundele, canego
Cusojo q'está milando que tenemo
Que asé queso si neglo nomete
Quasundo din branco
Plupalame la malliaba qui sanlle
Tolito la sitromento
Que eta noche los aflicanos
Singulo tenemo amaneciemendo"[11]
En Durazno, varias letras de tangos de negros son transcriptos en el periódico "El Argos" de 1883. La comparsa estaba constituída por mujeres que se llamaba "Pobres Negras Lavanderas". Una de las letras dice así:

"Bailemos negras un tango
Con mucho gusto y compás
Que si a las niñas agrada
Quisá, no salgamo mal
A ver si hacemos esferzo
De entonar este cantar
Y de bailar este tango
Con gracia particular
Ya, que tu negra no tienes
Ninguna dificultad
Es preciso que demuestre
Hoy tu buena habilidad
Porque tu sabes que el tango
Precisa aire y nada más
Y así te pide mi negra
Bailá, mi negra bailá."[12]
En las zonas rurales y periurbanas, los tangos de los negros habían llegado modificados. En primer lugar habían perdido su sentido religioso original quedando limitados a la expresión danzante y en segundo lugar perdieron su principal instrumento: el tamboril.
La principal referencia a un tango rural es el que transcribe R. Cunninghame Graham en "Relatos del río de la Plata"[13]. Cunninghame Graham, un escritor escocés que visitó el Uruguay en la década de 1870 describe así un tango que presenció en un rancho a orillas del río Yi tocado por un ciego paraguayo anciano en la guitarra y un negro "enorme" acompañando en el acordeón:
"Al fin cesó el canto y la orquesta preludió un tango, lento, acompasado y rítmico. Los hombres se alzaron, y quitándose las espuelas, se retiraron al rincón de la pieza, donde las mujeres se habían amontonado como para protegerse las unas de las otras, y con un cumplimiento las trajeron al espacio destinado a la danza. El poncho flotante y el chiripá que hacía oficio de pantalones oscilaba en el aire...A ratos se separaban, volvían a acercarse con aire de gravedad y luego el hombre, adelantándose, tomaba a su pareja por el talle y parecía impulsarla hacia atrás con los ojos cerrados, en una expresión de beatitud."
Todo parece indicar que a partir de los tangos y candombes religiosos de los negros evolucionó una danza que probablemente en algún momento se designó con el nombre de "chica", pero que nunca perdió completamente el nombre de "tango" tal como se puede apreciar en los múltiples documentos consultados. Esta danza era bailada por la población suburbana de negros, mestizos, mulatos y criollos de Montevideo, y en los alrededores de los cuarteles de las ciudades del interior. Este tango criollo diferenció del tango de los negros pues no utilizaba el tamboril, sino tan solo la guitarra y el acordeón (es de hacer notar que los negros orientales eran grandes ejecutantes del acordeón, y abundan referencias que llegan hasta nuestros días acerca del origen étnico de los acordeonistas de estos primeros tangos). 
El "tango de negros" evolucionó por su lado, siguió existiendo en el barrio sur montevideano y en las comunidades negras de algunas ciudades del interior uruguayo, mientras que el otro tango[14] claramente influenciado por las habaneras recientemente llegadas de Cuba, se fue asentando en el suburbio sureño de Montevideo en donde comenzó a practicarse en las "academias" y a fines de la década de 1880 pasó a Buenos Aires donde se estableció y prosperó en un cierto tipo de "academias" bonaerenses que se dieron en llamar "piringundines" (por Pérez y Guntín propietarios de uno de esos establecimientos).
Debido a la aparición del "tango de gauchos" que en Montevideo utilizó ritmos musicales de las habaneras y fue adoptado por las comunidades  afromontevideanas, luego pasó a ser aceptado como "tango de blancos" los pobladores afro-montevideanos se quedaron sin su sustantivo. El tango de negros siguió existiendo pero perdió su nombre. Se pasó a llamar milongón, y allá por la década del 30 debido a una ocurrencia de Pintín Castellanos y a la promoción de autores e intérpretes como Mastra y Gavioli se le bautizó candombe. Es de hacer notar que este candombe tiene poco que ver con la ceremonia de candombe del siglo XIX.
Resumiendo: el tango nació en Montevideo muy tempranamente a principios del siglo pasado como danza religiosa de los negros, evolucionó durante todo el siglo y por la década del 50 (después de terminada la Guerra Grande), y unidos los ejércitos y los pueblos de Montevideo y del Cardal (La Unión) dió lugar a dos danzas diferentes, una que siguió la "línea" africana sobretodo centrado en Montevideo y Durazno (tal vez también en otras ciudades del interior) y otro que se fue por la línea gaucha y criolla, que se extendió a la población mestiza, blanca pobre, mulata y negra de los suburbios de Montevideo y del interior. El tango gaucho se "aquerenció" en la calle Brecha y zona "roja" del Montevideo.
De acuerdo a Gustavo Goldman, musicólogo y estudiioso del tema del origen del tango, el tango que se desarrolló a fines del siglo XIX y principios del siglo XX estuvo influenciado por la habanera, música traída por los marineros de los barcos cubanos que transpotaban el azúcar de Cuba a Mntevideo y llevaban el tasajo de Montevideo a Cuba. 
Esta danza se puso de moda en las últimas décadas del siglo XIX a nivel de la sociedad montevideana, y ciertos círculos sociales afromontevideanos comenzaron a componer, ejecutar y bailar las "habaneras", a veces utilizando el nombre de "tangos" que era el término que se había generalizado entre los afromontevideanos durante todo el siglo XIX.
Estas habaneras-tangos se hicieron populares en los sectores sociales populares criollos y suburbanos de la República Oriental siendo adoptados más tarde por el resto de la población extendiéndose luego a nivel internacional a Éuropa y el resto del mundo.
Es de hacer notar que las habaneras estaban a su vez influenciadas  por la "contradanza" española cuyo nombre vendrìa originalmente de la "country dance" inglesa.
Este tango originalmente montevideano luego se trasladó a Buenos Aires donde prendió fuertemente (sin que dejara en ningún momento de ser también danza montevideana).
  
Del candombe al umbanda
La religión del candombe que comenzó a desarrollarse a fin del siglo XVIII bajo el nombre de tango[15] era probablemente un fenómeno muy similar al candomblé y otros cultos afro-brasileños. Es de hacer notar que similares procesos se dieron en otras regiones de América donde se introdujeron esclavos en gran número (por ejemplo, las santerías cubanas, el espiritismo de los negros de barlovento en Venezuela y el vudú de Haití).
El candombe montevideano siguió evolucionándo y sincretizándose, y sobre las décadas de 1850 y 1860 lo encontramos bien dinámico y establecido. De acuerdo a Bottero (referencia ya mencionada) las principales sectas eran los "Magises", los "Congos" y los "Mozambiques". Los Magises tenían una organización bastante cerrada[16] y se contaban popularmente muchas leyendas acerca de sus ceremonias y "misteriosos" rituales. Los Magises tenían "muchas subdivisiones y un gran número de lugares de asamblea". Adoraban imágenes (?) de sus dioses que según Bottaro eran "deformes".  Los Congos incluían varios sub-grupos como los Luandas, Minos, Melombes y Obertoches y parecían tener un dios principal y varios "santos" patrones. Los Mozambiques que estaban concentrados en el Cordón adoraban un dios representado en formas corporales distintas (a veces era un pastor, a veces un guerrero y en otras aparecía bajo formas indefinidas). La ceremonia era dirigida por un shaman (en español se le denomina hoy gramillero, no sabemos las palabras correspondientes en dialecto bozal) y era acompañada por tamborileo continuado.
Todos estos elementos tienden a mostrar la afinidad entre las religiones afro-brasileñas y la afro-uruguayas. El objetivo del ritual del candombe era adorar o entrar en contacto con los espíritus (¿de las fuerzas naturales?) por medio de llamadas del tambor, danzas y varios ritos asociados.
En 1871, en ciertos sectores (intelectualizados) de la población negra de Montevideo a través de un diario publicado para los afro-montevideanos "La Conservación" se promovía "la necesidad de terminar de una vez con estas farsas que no eran religiosas, estas prácticas que no obedecían a ningún principio lógico" y que servían para que se señalara los puntos de reunión como lugares de promiscuidad "para aumentar la población de los conventillos".

A partir de 1870, el candombe evolucionó perdiendo gran parte de sus elementos africanos iniciales. Con todo continuó el manejo ritual de "hierbas y yuyos", la "manipulación del mambise" (hiel de oveja) y otros actos ceremoniales hasta mucho tiempo después de su desaparición institucionalizada. En los hechos ésta se produjo por el 1900 cuando algunos de los viejos gramilleros oficiaron los últimos candombes.     

De todas maneras, las creencias religiosas, espiritualistas y rituales no desaparecieron del todo de las masas afro-montevideanas. Ellas quedaron como un trasfondo de las actividades de los manosantas y curanderos e inmersas de alguna manera adentro del rito de las llamadas[17].

En Brasil, y debido a los grandes números de la población de origen africano, este proceso de desarticulación religiosa se dió  en mucho menor grado. Los ritos afro-brasileños se desarrollaron y asentaron, determinando finalmente una expansión no solo dentro de Brasil, sino también a otros países vecinos (y no tan vecinos). El Uruguay no fue ajeno a esta expansión. El éxito de la misma es evidente. Hay hoy cerca de un millar de terreiros[18] en todo el país y tal vez unos 200,000 practicantes de dichas religiones.

Los ritos afro-brasileros (p.ej. umbanda, candomblé, y otros) lograron extenderse fácilmente en el Uruguay porque encontraron el terreno fértil que significó esa base de creencias candomberas que sobrevivieron más allá de la desaparición del candombe organizado. Todo parece indicar, que tarde o temprano, se producirá el sincretismo final que una a los ritos umbanda y afro-brasileros con los elementos remanentes de ese candombe ancestral, en particular el tamboril y las llamadas.



    [1]"Artigas: Tierra y Revolución: Lucía Sala de Touron, Nelson de la Torre, Julio C. Rodríguez; Arca; 1974.
    [2] Francisco M. Merino señala que los "fugados" eran menos de cincuenta y que fueron capturados en las inmediaciones del Santa Lucía; Francico M. Merino; "El negro en la sociedad montevideana", Ediciones de la Banda Oriental, 1982, p.88. Es de hacer notar que los documentos de la época tendían a restarle importancia a estos gestos de rebeldía. Seguramente el número fue mucho mayor.
    [3] Citado por L. Ayestarán op.cit. p.160.
    [4] L.Ayestarán, op.cit. p.162.
    [5] Referido por L.Ayestarán, op.cit. p.162 y por P.Blanco Acevedo, op.cit. p.224.
    [6] Citado en "Guaraníes y paisanos" de Luis Rodolfo González y Susana Rodríguez Varese, Nuestras Raíces, 3, p. 42, Montevideo, 1990.
    [7] Los "Magises" fueron un grupo que sobrevivió tal vez de mediados a fines del siglo XIX, según la misma referencia.
    [8] Referido en L.Ayestarán, op.cit. p.152.
    [9] L.Ayestarán op.cit. p.167.
    [10] En las "Crónicas de un Montevideo Lejano", Domingo González (El Licenciado Peralta), Cuadernos de Marcha, Número 11, Marzo 1968, p.22, describe los "candombes" del "Recinto" de la siguiente manera: "El canto monótono, como el acompañamiento y la misma danza, formaba una combinación original..." que resonaba con estas palabras: "Eculé...culé, lin...culé; Machubá... colobá minué; Bigulé, bigulé..."
    [11] Transcripto en Romulo Rossi, "Crónicas sabrosas del viejo Montevideo", Ediciones del Atlántico, Montevideo, 1980, p.52.
    [12] Transcripto por Oscar Padron Favre, en su libro "Durazno antiguo", T.I, p.59, Durazno, 1991.
    [13] Editado por Lectores de Banda Oriental, Montevideo, 1988.
    [14] Que podriamos llamar "tango de gauchos" para diferenciarlo.
    [15] En algunos casos he visto escritas acentuadas en la última sílaba las palabras tango y candombe. Sin embargo, esta acentuación es incorrecta pues no se la encuentra en ningún documento de la época. 
    [16] Habla Bottaro de "la naturaleza de hierro de su organización".
    [17] Las llamadas del siglo XX perdieron parte de su espiritualismo (por lo menos a nivel consciente) pero siguieron sobreviviendo como expresiones espontáneas en ciertas ocasiones o fechas en los barrios del sur de Montevideo. Las llamadas carnavaleras aparecen frecuentemente como un remedo exhibicionista del hecho espiritual tradicional que hasta ahora ha permanecido incomprendido por muchos.
    [18] Templos de los cultos afro-brasileños.

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