miércoles, 9 de enero de 2019

Pueblos indígenas de Brasil
Los xavantes
La principal nación indígena del estado de Tocantins amenazada por el decreto de Bolsonaro que permite al Ministerio de Agriculltura rever la demarcación de las reservas indígenas existentes y futuras.
Los Xavantes – autodenominados A´uwe (“gente”) – Forman con los Xerente (autodenominados Akwe) del Estado de Tocantins (estado recientemente constituido), un conjunto etnolinguístico conocido en  la literatura antropológica como Acuen, pertenecientes a la familia lingüística Jê, del tronco Macro-Jê. 
Los Xavante sumaban, en 2007, cerca de 13.000 personas (16,000 en el año 2018) que habitan diversas tierras Indígenas que constituyen parte de su antiguo territorio de ocupación tradicional desde hace por lo menos 180 años, en la región comprendida por la Serra de Roncador y por los valles de los ríos Mortes, Kuluene, Couto de Magalhães, Batovi y Graças, al este de Mato Grosso.
Están localizadas en medio de un conjunto de cuencas hidrográficas responsables por la rica biodiversidad regional y, por lo tanto, base del modo de vida tradicional indígena, esta región viene sufriendo impactos ambientales (difícilmente reversibles) desde la década de 1960, debido a su incorporación por la agropecuaria extensiva, proceso intensificado a partir de la década de 1980, debido a la creciente implementación de la producción de granos para exportación, en especial, la soya. 
El reciente decreto del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro de despojar a la FUNAI (Fundación Nacional de Indígenas) de los asuntos relacionados con la demarcación de reservas indígenas otorgándolos al Ministerio de Agricultura representa un triunfo de los intereses de la industria agraria y los latifundistas ganaderos y un serio peligro para la sobrevivencia de las aldeas xavantes tanto en Tocantins y estados linderos.
Los Xavante habitan la zona central del ‘cerrado’ brasileño en una compleja eco-zona que combina ‘cerrado’ y ‘selva de galería’. Se trata de una región   marcada por dos estaciones bastante definidas: la época de la seca denominada regionalmente como”invierno” – que comprende los meses de abril a octubre – y la época de las lluvias (“verano”), comprendiendo los demás meses del año.
El cultivo agrícola, sobre todo de maíz (el alimento de mayor relevancia en términos ceremoniales y socio-cosmológicos xavante), fríjol y calabaza, desempeña un papel apenas secundario en la economía. Los productos de la recolección de las plantaciones pertenecen exclusivamente a cada uno de los grupos domésticos – por lo tanto, en cada habitación, un plantío – y las tareas de derrumbe y quema son atribuidas y realizadas por los hombres, mientras que, la siembra es papel de las mujeres. La dieta básica tradicional consiste en productos recolectados principalmente por las mujeres: raíces silvestres, castañas, frutas y otros vegetales.
La recolección es complementada por ítems suministrados por los hombres: carnes de caza y alguna cantidad de pescado, fuentes de proteína que pueden ser ahumadas para fines de conservación.
Los A´uwe contemporáneos incorporaron la designación “Xavante” y es por medio de ésta que se refieren a sí mismos, al lidiar con los waradzu (“blancos”).
Entre sí, sin embargo, los diversos sub-grupos locales que componen a esta sociedad indígena se identifican como a´uwe o a´uwe uptabi (“gente de verdad”). La lengua materna es mantenida y retransmitida a las nuevas generaciones – ahora también a través de nuevos espacios como el de la escuela – con extrema vitalidad. En contextos de interlocución con los no-indios – a excepción de la mayoría de los niños, de las mujeres y parte de los viejos – muchos hombres xavante hablan y entienden bien el portugués.
Durante el período colonial e imperial, los grupos Acuen también fueron identificados por los etnónimos “xacriabá” y “acroá”. Estas designaciones fueron producidas por los no-indios con el objetivo de identificar y distinguir a los diversos subgrupos Acuen, que controlaban un amplio territorio en el centro-oeste brasileño
Los Xavante no deben ser confundidos con los Oti- Xavante del oeste del estado de São Paulo y los Ofaié (Opaié) – Xavante del extremo sur de Mato Grosso, con los cuales no comparten ninguna característica histórica o sociológica común. 
Según la versión más aceptada, el nombre “xavante” les fue atribuido por los no-indios buscando su diferenciación de los demás Acuen, particularmente, en relación a los “xerente”, grupo del cual se separaron alrededor de 1820, todavía en la Provincia de Goiás.
Durante algunos años, segmentos ya identificados por los no-indios por el etnónimo “xavante” emprendieron travesías sucesivas por los ríos Araguaia, Cristalino y de las Mortes y se refugiaron definitivamente en el este de Mato Grosso hasta los días actuales. 
Como otros pueblos indígenas, los Xavante sufrieron una acentuada reducción poblacional en las diferentes fases del contacto con los “civilizados”. A partir de la década del 70, con el inicio de la demarcación de sus tierras, el crecimiento demográfico comenzó a ser constante a una taza media de casi 5% al año. A mediados del siglo XIX habían sido contados entre 3 y 5 mil nativos de este conjunto etnolinguístico entonces localizados en la Aldea de Pedro III en la antigua Provincia de Goiás (actualmente TI Carretão/GO).
Frei Rafael de Taggia, señala que en 1852 vivieron en la aldea de Teresa Cristina, hoy municipio de Tocantins (TO), a la orilla del Río Tocantins, cerca de 4.000 indios “xavante” y “xerente”. Difícilmente, estas estimaciones pueden ser incorporadas fielmente, pues la superposición identitaria y, por lo tanto, territorial, entre los subgrupos considerados Acuen impide que se tenga de hecho un número poblacional preciso sobre cada uno de ellos. Sólo a partir de  contactos de los grupos locales xavante en la década de 1940 y 1950, entonces ya en el este de Mato Grosso, con agentes tales como las misiones católicas salesianas, el Servicio de Protección a los Indios (SPI) y el etnólogo Maybury-Lewia, es que pueden vislumbrarse datos más precisos sobre la dinámica demográfica xavante.
Actualmente hay cerca de 165 aldeas xavante distribuidas de manera bastante desigual en cada una de las nuevas tierras xavante: Parabubure, por ejemplo, tenia en el año de 2003 cerca de 60 aldeas y una población de 4.502 personas, mientras que Pimentel Barbosa tenía 6 aldeas y 1.570 personas.
La recolección es complementada por ítems suministrados por los hombres: carnes de caza y alguna cantidad de pescado, fuentes de proteína que pueden ser ahumadas para fines de conservación. Hasta el inicio de la intensificación de la colonización en la década de 1960, los Xavante obtenían estos alimentos en excursiones de caza y recolección: largos viajes, que llegaban a durar algunos meses cada uno, en los cuales los grupos de familias extensas iban en busca de recursos naturales de la región.



Cultura y ceremoniales
En la estación seca, a fin de conducir las actividades ceremoniales, los grupos de viajeros se reunían en grandes aldeas semi-permanentes.
Debido a este patrón de ocupación marcado por la realización de prolongadas excursiones, el territorio necesario para la subsistencia xavante abarcaba la extensión que los grupos pudieran explotar en el transcurso de un año. En estas expediciones, el territorio del grupo local era buscado indistintamente por segmentos sociales compuestos por conjuntos de grupos domésticos más emparentados. Ellos se mantenían en comunicación a través de señales de humo, con el objetivo de reunir a todos los segmentos al final de la expedición. Se realizaban campamentos diariamente para el descanso de todos. Su composición era una “versión en miniatura de la aldea-base”, no sólo en la forma de herradura, como también en la disposición de los grupos domésticos. Hoy, tal patrón tradicional de excursiones prácticamente desapareció, a causa de la significativa reducción de las tierras a disposición para el aprovechamiento de los xavantes y a la reducida reserva de caza existente. Aún así, todavía se realizan viajes de caza o pesca más cortos, en los cuales los grupos se ausentan de la aldea por una o dos noches – e ignoran las “cercas” de las haciendas.
Las carnes de caza ocupan una posición prominente en la dieta y en la vida social. Para los hombres, la caza es tanto un quehacer económico importante, como un marcador de las capacidades masculinas, ya que es a través de ésta que se expresan las habilidades de resistencia física, rapidez, agilidad, vigilancia y agresividad. La caza es un componente central de algunas ceremonias, como el Wai´a, y de las celebraciones de matrimonios, en las cuales los grupos de los hombres salen para cazas prolongadas. La degradación ambiental, resultado de la cría de ganado y del monocultivo agrícola en el interior y en el entorno de las tierras xavante, disminuyó fuertemente la reserva de fauna cinegética a disposición. Las carnes y los pescados, principales fuentes de proteína, son escasas en la mayor parte  de las áreas xavante actuales; en las más pequeñas, la escasez de caza es severa. Además de esto, como las actuales tierras de los Xavante no representan más que pequeños fragmentos de la extensión total de lo que ellos antes disponían para su subsistencia, encontrar un número suficiente de presas – especialmente para ceremonias como el matrimonio, que requieren grandes cantidades de carne – es algo que lleva a los grupos de cazadores indígenas a adentrarse en las haciendas particulares con frecuencia, tanto para ejercitar su caza como para demandar a los hacendados cabezas de ganado. Esta situación, en muchos casos, resulta en graves conflictos con los de la región.
A pesar del esfuerzo de los xavante para mantener su modo de vida tradicional, la intromisión de actividades volcadas para el mercado evidentemente desordenó significativamente el estilo de vida y la economía tradicional xavante. Con el fin de facilitar y acelerar la asimilación de los Xavante a la economía y a la sociedad regionales, las políticas gubernamentales implementadas por el SPI y, posteriormente, por la Funai (Fundación Nacional del Indio, que substituyó al SPI desde 1967) los encorajaron para adoptar ciertas prácticas económicas, en particular la agricultura en los moldes tradicionales y la cría de ganado. Como las tierras de que los Xavante disponían ya no podían sostener su economía tradicional, ni suministrarles medios viables de subsistencia, ellos se tornaron cada vez más dependientes de los productos que cultivaban en las plantaciones, como también, de la Funai, con quien contaban para recaudar donaciones – frecuentemente , bienes que podían ser adquiridos en las ciudades próximas. Si en las décadas anteriores, la necesidad de dinero llevó a algunos hombres a ofrecerse como mano de obra remunerada a hacendados, actualmente, muchos xavante poseen cargos remunerados en la Funai, sea en sus propias tierras (como jefe-de- puesto), sea en las sedes regionales o inclusive en la sede central de este órgano en Brasilia. Remuneraciones provenientes de las pensiones, de los convenios entre las asociaciones indígenas y diversos órganos gubernamentales y no-gubernamentales y de cargos de profesores y monitores de la salud indígena, también entraron en los rendimientos generales obtenidos en la actualidad por las comunidades xavante.
El proyecto Xavante
Un gran proyecto económico patrocinado por el gobierno, iniciado a finales de los años 1970 que se arrastró por casi una década, insirió en las tierras xavante la agricultura del arroz mecanizada y a gran escala. Bajo el concepto de suministrar los medios para la futura auto-suficiencia económica de los xavante, y de demostrar el potencial de ellos para contribuir a la economía regional, el proyecto tenía como estrategia mayor la disminución de la intensa presión ejercida sobre la Funai por los líderes xavante siempre empeñados en reivindicar sus territorios tradicionales.
El “Proyecto Xavante”, como es conocido, fue extremamente problemático en varios aspectos. Su implementación exigía enormes dosis de conocimientos y habilidades tecnológicas, pericia administrativa e inversión financiera. Requería de conocimientos de química de suelos – de los fertilizantes apropiados para los suelos ácidos del ‘cerrado’ – y la capacidad de operar y cuidar de las máquinas como tractores y recolectores. El proyecto tuvo serios efectos sociales, exacerbando tensiones y generando rivalidades tanto al interior de las comunidades xavante como entre ellas, además de crear serios problemas para la Funai. La meta de conquistar un proyecto –acompañado de beneficios financieros y materiales (como, por ejemplo, un camión) – se convirtió en un incentivo para que los líderes establecieran nuevas comunidades. Los hombres xavante en busca de atención y de recursos financieros  acudían de manera intensa en las oficinas de la Funai, creando una situación que los administradores del órgano no tenían cómo manejar. Además, por causa de los proyectos, los Xavante concentraron una cantidad desproporcionada de los recursos financieros de la Funai, así como de la atención administrativa por ellas prestada. Al final de cuentas, en lugar de atenuar las demandas de los líderes xavante en Brasilia, el proyecto intensificó la presencia de los mismos en la capital federal, y los Xavante, más una vez más, pasaron  a ser el foco de atención de los medios nacionales. Esta vez, sin embargo, ignorando las tristes condiciones de las comunidades, motivo para que los líderes presionaran a la Funai en busca de apoyo, los medios retrataron a los Xavante de una manera extremamente negativa. A mitad de los años 1980, la Funai ya no podía controlar la situación, y los proyectos fueron, por fin, suspendidos.
El proyecto del cultivo de arroz desequilibró todavía más los patrones de subsistencia y dieta, creando casi una dependencia a una variedad no-nutritiva de arroz, alcanzando la condición de base de la dieta. Como resultado, muchos conocimientos sobre nutritivos alimentos tradicionales se perdieron. En algunas áreas, los grupos que reconocen la importancia de estos conocimientos están, hoy en día – muchas veces en colaboración con las organizaciones no-gubernamentales -, empeñados en recuperarlos y revitalizar las prácticas tradicionales de la recolección y el proceso alimenticio.
Como ya fue mencionado, los Xavante están en un proceso de recuperación demográfica con elevadas tazas de natalidad y un crecimiento poblacional que se mantiene regular desde fines de la década de 1960. La mortalidad infantil, sin embargo, es relativamente alta – significativamente superior a la media brasileña. Un estudio reciente muestra que apenas 86% de los niños y niñas sobreviven hasta los 10 años de edad. En muchos casos, las causas de la muerte resultan de enfermedades que pueden ser tratadas, de precarias condiciones sanitarias, que podrían ser mejoradas con medidas básicas de salud pública, o de la contaminación del agua. Enfermedades gastrointestinales (gastroenteritis) e infecciones respiratorias corresponden a una significativa proporción de las muertes entre los niños y las niñas. En varias aldeas, los excrementos humanos llegan a las fuentes de agua de que se sirven los miembros de la comunidad. Agrotóxicos de las haciendas vecinas también contaminan las reservas hídricas.
La acumulación de basuras y de excrementos humanos en las aldeas y sus inmediaciones, como también, la contaminación de las fuentes de agua conforman, hoy, serios riesgos de salud pública en las comunidades xavante. Estos problemas surgen, en parte, por los cambios del patrón de vida seminómada para el sedentarismo. En el pasado seminómada, como el lugar de la instalación de las aldeas era frecuentemente cambiado, el hábito de depositar deshechos cerca de las casas no presentaba serios riesgos para la salud, como ocurre actualmente. Además, el cúmulo de basura se ve exacerbado por la introducción de materiales que a diferencia de los tradicionales residuos orgánicos, no se descomponen con rapidez. Plásticos y productos tóxicos, como pilas eléctricas, contaminan las aldeas contemporáneas.
El sedentarismo, la falta de caza y de otras fuentes de proteína, como también los planes desarrollistas de la Funai resultaron en dramáticas transformaciones en la dieta de los xavante, que los han llevado a la desnutrición y a problemas de salud relacionados, como la anemia. Los cambios en la dieta, en especial el reciente gusto adquirido por el azúcar y la harina de trigo refinada, también se expresan en una alarmante incidencia de diabetes. Como este, el consumo de alcohol y el alcoholismo, que se relacionan con las situaciones de tensión social y son las más graves en comunidades situadas cerca de las ciudades, traen nuevos problemas. La diabetes, el alcoholismo y también la tuberculosis – de incidencia relativamente alta en algunas comunidades – son, para los Xavante, nuevas enfermedades.
El acceso a los servicios de salud es un serio problema para los Xavante contemporáneos. El acto administrativo que, en 1999, transfirió la responsabilidad por la salud indígena de la Funai a la Funasa (Fundación Nacional de Salud) no mejoró la situación. La Funasa presta sus servicios a los pueblos indígenas, muchas veces en colaboración con las ONG´s locales, por medio de los llamados Distritos Sanitarios Especiales Indígenas (DSEIs). La atención a la salud en las aldeas xavante continúa deficiente, cuando no enteramente ausente. La mayor parte de los casos, los puestos de salud en las comunidades cuentan con personal entrenado en grado mínimo –auxiliares de enfermería no-indios y Xavante que actúan como monitores de salud. Es sobre todo, en los centros urbanos, y no en las tierras xavante, que está el personal entrenado. Los profesionales del área médica y odontológica que atienden a los xavante trabajan a base de intervenciones curativas; la falta de recursos impide el desarrollo de programas preventivos. Cuando son tratados en los puestos de salud que sirven a la población en general, los Xavante sufren, muchas veces, discriminación por parte de los profesionales responsables, que carecen de entrenamiento y sensibilidad para lidiar con los pueblos indígenas. El racismo que prevalece en los centros urbanos y entre los trabajadores del área de atención a la salud exacerba la renuencia de los Xavante para buscar atención de la medicina clínica occidental, desanimándolos, inclusive cuando se trata de casos graves, a dirigirse a los hospitales.
Como ya fue mencionado, los Xavante están en un proceso de recuperación demográfica con elevadas tazas de natalidad y un crecimiento poblacional que se mantiene regular desde fines de la década de 1960. La mortalidad infantil, sin embargo, es relativamente alta – significativamente superior a la media brasileña. Un estudio reciente muestra que apenas 86% de los niños y niñas sobreviven hasta los 10 años de edad. En muchos casos, las causas de la muerte resultan de enfermedades que pueden ser tratadas, de precarias condiciones sanitarias, que podrían ser mejoradas con medidas básicas de salud pública, o de la contaminación del agua. Enfermedades gastrointestinales (gastroenteritis) e infecciones respiratorias corresponden a una significativa proporción de las muertes entre los niños y las niñas. En varias aldeas, los excrementos humanos llegan a las fuentes de agua de que se sirven los miembros de la comunidad. Agrotóxicos de las haciendas vecinas también contaminan las reservas hídricas.
La acumulación de basuras y de excrementos humanos en las aldeas y sus inmediaciones, como también, la contaminación de las fuentes de agua conforman, hoy, serios riesgos de salud pública en las comunidades xavante. Estos problemas surgen, en parte, por los cambios del patrón de vida seminómada para el sedentarismo. En el pasado seminómada, como el lugar de la instalación de las aldeas era frecuentemente cambiado, el hábito de depositar deshechos cerca de las casas no presentaba serios riesgos para la salud, como ocurre actualmente. Además, el cúmulo de basura se ve exacerbado por la introducción de materiales que a diferencia de los tradicionales residuos orgánicos, no se descomponen con rapidez. Plásticos y productos tóxicos, como pilas eléctricas, contaminan las aldeas contemporáneas.
El sedentarismo, la falta de caza y de otras fuentes de proteína, como también los planes desarrollistas de la Funai resultaron en dramáticas transformaciones en la dieta de los xavante, que los han llevado a la desnutrición y a problemas de salud relacionados, como la anemia. Los cambios en la dieta, en especial el reciente gusto adquirido por el azúcar y la harina de trigo refinada, también se expresan en una alarmante incidencia de diabetes. Como este, el consumo de alcohol y el alcoholismo, que se relacionan con las situaciones de tensión social y son las más graves en comunidades situadas cerca de las ciudades, traen nuevos problemas. La diabetes, el alcoholismo y también la tuberculosis – de incidencia relativamente alta en algunas comunidades – son, para los Xavante, nuevas enfermedades.
El acceso a los servicios de salud es un serio problema para los Xavante contemporáneos. El acto administrativo que, en 1999, transfirió la responsabilidad por la salud indígena de la Funai a la Funasa (Fundación Nacional de Salud) no mejoró la situación. La Funasa presta sus servicios a los pueblos indígenas, muchas veces en colaboración con las ONG´s locales, por medio de los llamados Distritos Sanitarios Especiales Indígenas (DSEIs). La atención a la salud en las aldeas xavante continúa deficiente, cuando no enteramente ausente. La mayor parte de los casos, los puestos de salud en las comunidades cuentan con personal entrenado en grado mínimo –auxiliares de enfermería no-indios y Xavante que actúan como monitores de salud. Es sobre todo, en los centros urbanos, y no en las tierras xavante, que está el personal entrenado. Los profesionales del área médica y odontológica que atienden a los xavante trabajan a base de intervenciones curativas; la falta de recursos impide el desarrollo de programas preventivos. Cuando son tratados en los puestos de salud que sirven a la población en general, los Xavante sufren, muchas veces, discriminación por parte de los profesionales responsables, que carecen de entrenamiento y sensibilidad para lidiar con los pueblos indígenas. El racismo que prevalece en los centros urbanos y entre los trabajadores del área de atención a la salud exacerba la renuencia de los Xavante para buscar atención de la medicina clínica occidental, desanimándolos, inclusive cuando se trata de casos graves, a dirigirse a los hospitales.
Como ya fue mencionado, los Xavante están en un proceso de recuperación demográfica con elevadas tazas de natalidad y un crecimiento poblacional que se mantiene regular desde fines de la década de 1960. La mortalidad infantil, sin embargo, es relativamente alta – significativamente superior a la media brasileña. Un estudio reciente muestra que apenas 86% de los niños y niñas sobreviven hasta los 10 años de edad. En muchos casos, las causas de la muerte resultan de enfermedades que pueden ser tratadas, de precarias condiciones sanitarias, que podrían ser mejoradas con medidas básicas de salud pública, o de la contaminación del agua. Enfermedades gastrointestinales (gastroenteritis) e infecciones respiratorias corresponden a una significativa proporción de las muertes entre los niños y las niñas. En varias aldeas, los excrementos humanos llegan a las fuentes de agua de que se sirven los miembros de la comunidad. Agrotóxicos de las haciendas vecinas también contaminan las reservas hídricas.
La acumulación de basuras y de excrementos humanos en las aldeas y sus inmediaciones, como también, la contaminación de las fuentes de agua conforman, hoy, serios riesgos de salud pública en las comunidades xavante. Estos problemas surgen, en parte, por los cambios del patrón de vida seminómada para el sedentarismo. En el pasado seminómada, como el lugar de la instalación de las aldeas era frecuentemente cambiado, el hábito de depositar deshechos cerca de las casas no presentaba serios riesgos para la salud, como ocurre actualmente. Además, el cúmulo de basura se ve exacerbado por la introducción de materiales que a diferencia de los tradicionales residuos orgánicos, no se descomponen con rapidez. Plásticos y productos tóxicos, como pilas eléctricas, contaminan las aldeas contemporáneas.
El sedentarismo, la falta de caza y de otras fuentes de proteína, como también los planes desarrollistas de la Funai resultaron en dramáticas transformaciones en la dieta de los xavante, que los han llevado a la desnutrición y a problemas de salud relacionados, como la anemia. Los cambios en la dieta, en especial el reciente gusto adquirido por el azúcar y la harina de trigo refinada, también se expresan en una alarmante incidencia de diabetes. Como este, el consumo de alcohol y el alcoholismo, que se relacionan con las situaciones de tensión social y son las más graves en comunidades situadas cerca de las ciudades, traen nuevos problemas. La diabetes, el alcoholismo y también la tuberculosis – de incidencia relativamente alta en algunas comunidades – son, para los Xavante, nuevas enfermedades.
El acceso a los servicios de salud es un serio problema para los Xavante contemporáneos. El acto administrativo que, en 1999, transfirió la responsabilidad por la salud indígena de la Funai a la Funasa (Fundación Nacional de Salud) no mejoró la situación. La Funasa presta sus servicios a los pueblos indígenas, muchas veces en colaboración con las ONG´s locales, por medio de los llamados Distritos Sanitarios Especiales Indígenas (DSEIs). La atención a la salud en las aldeas xavante continúa deficiente, cuando no enteramente ausente. La mayor parte de los casos, los puestos de salud en las comunidades cuentan con personal entrenado en grado mínimo –auxiliares de enfermería no-indios y Xavante que actúan como monitores de salud. Es sobre todo, en los centros urbanos, y no en las tierras xavante, que está el personal entrenado. Los profesionales del área médica y odontológica que atienden a los xavante trabajan a base de intervenciones curativas; la falta de recursos impide el desarrollo de programas preventivos. Cuando son tratados en los puestos de salud que sirven a la población en general, los Xavante sufren, muchas veces, discriminación por parte de los profesionales responsables, que carecen de entrenamiento y sensibilidad para lidiar con los pueblos indígenas. El racismo que prevalece en los centros urbanos y entre los trabajadores del área de atención a la salud exacerba la renuencia de los Xavante para buscar atención de la medicina clínica occidental, desanimándolos, inclusive cuando se trata de casos graves, a dirigirse a los hospitales.
A partir de la segunda mitad de la década de 1970, habiéndose recuperado de la desorientación generada por el contacto y, en muchos casos, de los efectos devastadores de las enfermedades y epidemias por él inducidas, los Xavante comenzaron a reivindicar la recuperación de sus tierras tradicionales. La proximidad geográfica en relación a Brasilia y la creatividad en la adopción de estrategias para conquistar la atención pública permitieron que sus líderes fueran a la capital federal para presionar, con eficacia, a altos funcionarios del gobierno.
Un líder en particular, Mário Juruna, se destacó por su ingenio y creatividad para atraer la atención pública, para las reivindicaciones territoriales xavante y para el tratamiento concedido a los pueblos indígenas en el Brasil.
Oriundo de São Marco y dueño de un estilo franco y sincero, Mário Juruna se tornó en un líder xavante nacionalmente famoso. Su manera directa de criticar la corrupción de altos funcionarios del gobierno, así como el uso de grabador  exponía públicamente las falsas promesas hechas por tales autoridades. Al final del período de la dictadura militar, hicieron que fuera aclamado a nivel nacional. Las críticas de Juruna hicieron eco en las inquietudes de una amplia base social, y él se tornó en un símbolo que representó a los sectores menos favorecidos y a los desproveídos de tierra en el país. En 1982, fue elegido diputado federal, por el estado de Río de Janeiro, convirtiéndose en el primer y único líder indígena brasileño que llegó al Congreso Nacional. Cuatro años después, con menos de un tercio de los votos obtenidos en la primera elección, no pudo reelegirse.
Referencia:
Parcialmente reproducido y adaptado de:
https://pib.socioambiental.org/es/Povo:Xavante



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