Los xavantes
La principal nación indígena del estado de Tocantins amenazada por el decreto de Bolsonaro que permite al Ministerio de Agriculltura rever la demarcación de las reservas indígenas existentes y futuras.
Los Xavantes – autodenominados A´uwe (“gente”) – Forman con los Xerente (autodenominados Akwe) del Estado de Tocantins (estado recientemente constituido), un conjunto etnolinguístico conocido en la literatura antropológica como Acuen, pertenecientes a la familia lingüística Jê, del tronco Macro-Jê.
La principal nación indígena del estado de Tocantins amenazada por el decreto de Bolsonaro que permite al Ministerio de Agriculltura rever la demarcación de las reservas indígenas existentes y futuras.
Los Xavantes – autodenominados A´uwe (“gente”) – Forman con los Xerente (autodenominados Akwe) del Estado de Tocantins (estado recientemente constituido), un conjunto etnolinguístico conocido en la literatura antropológica como Acuen, pertenecientes a la familia lingüística Jê, del tronco Macro-Jê.
Los Xavante sumaban, en 2007, cerca de 13.000 personas (16,000 en el año 2018) que habitan diversas tierras Indígenas que constituyen parte de su antiguo territorio de ocupación tradicional desde hace por lo menos 180 años, en la región comprendida por la Serra de Roncador y por los valles de los ríos Mortes, Kuluene, Couto de Magalhães, Batovi y Graças, al este de Mato Grosso.
Están localizadas en medio de un conjunto de cuencas hidrográficas responsables por la rica biodiversidad regional y, por lo tanto, base del modo de vida tradicional indígena, esta región viene sufriendo impactos ambientales (difícilmente reversibles) desde la década de 1960, debido a su incorporación por la agropecuaria extensiva, proceso intensificado a partir de la década de 1980, debido a la creciente implementación de la producción de granos para exportación, en especial, la soya.
El reciente decreto del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro de despojar a la FUNAI (Fundación Nacional de Indígenas) de los asuntos relacionados con la demarcación de reservas indígenas otorgándolos al Ministerio de Agricultura representa un triunfo de los intereses de la industria agraria y los latifundistas ganaderos y un serio peligro para la sobrevivencia de las aldeas xavantes tanto en Tocantins y estados linderos.
El reciente decreto del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro de despojar a la FUNAI (Fundación Nacional de Indígenas) de los asuntos relacionados con la demarcación de reservas indígenas otorgándolos al Ministerio de Agricultura representa un triunfo de los intereses de la industria agraria y los latifundistas ganaderos y un serio peligro para la sobrevivencia de las aldeas xavantes tanto en Tocantins y estados linderos.
Los Xavante habitan la zona central del ‘cerrado’ brasileño en una compleja eco-zona que combina ‘cerrado’ y ‘selva de galería’. Se trata de una región marcada por dos estaciones bastante definidas: la época de la seca denominada regionalmente como”invierno” – que comprende los meses de abril a octubre – y la época de las lluvias (“verano”), comprendiendo los demás meses del año.
El cultivo agrícola, sobre todo de maíz (el alimento de mayor relevancia en términos ceremoniales y socio-cosmológicos xavante), fríjol y calabaza, desempeña un papel apenas secundario en la economía. Los productos de la recolección de las plantaciones pertenecen exclusivamente a cada uno de los grupos domésticos – por lo tanto, en cada habitación, un plantío – y las tareas de derrumbe y quema son atribuidas y realizadas por los hombres, mientras que, la siembra es papel de las mujeres. La dieta básica tradicional consiste en productos recolectados principalmente por las mujeres: raíces silvestres, castañas, frutas y otros vegetales.
El cultivo agrícola, sobre todo de maíz (el alimento de mayor relevancia en términos ceremoniales y socio-cosmológicos xavante), fríjol y calabaza, desempeña un papel apenas secundario en la economía. Los productos de la recolección de las plantaciones pertenecen exclusivamente a cada uno de los grupos domésticos – por lo tanto, en cada habitación, un plantío – y las tareas de derrumbe y quema son atribuidas y realizadas por los hombres, mientras que, la siembra es papel de las mujeres. La dieta básica tradicional consiste en productos recolectados principalmente por las mujeres: raíces silvestres, castañas, frutas y otros vegetales.
La recolección es complementada por ítems suministrados por los hombres: carnes de caza y alguna cantidad de pescado, fuentes de proteína que pueden ser ahumadas para fines de conservación.
Los A´uwe contemporáneos incorporaron la designación “Xavante” y es por medio de ésta que se refieren a sí mismos, al lidiar con los waradzu (“blancos”).
Entre sí, sin embargo, los diversos sub-grupos locales que componen a esta sociedad indígena se identifican como a´uwe o a´uwe uptabi (“gente de verdad”). La lengua materna es mantenida y retransmitida a las nuevas generaciones – ahora también a través de nuevos espacios como el de la escuela – con extrema vitalidad. En contextos de interlocución con los no-indios – a excepción de la mayoría de los niños, de las mujeres y parte de los viejos – muchos hombres xavante hablan y entienden bien el portugués.
Durante el período colonial e
imperial, los grupos Acuen también fueron identificados por los etnónimos
“xacriabá” y “acroá”. Estas designaciones fueron producidas por los no-indios
con el objetivo de identificar y distinguir a los diversos subgrupos Acuen, que
controlaban un amplio territorio en el centro-oeste brasileño
Los Xavante
no deben ser confundidos con los Oti- Xavante del oeste del estado de São Paulo
y los Ofaié (Opaié) – Xavante del extremo sur de Mato Grosso, con los cuales no
comparten ninguna característica histórica o sociológica común.
Según la
versión más aceptada, el nombre “xavante” les fue atribuido por los no-indios
buscando su diferenciación de los demás Acuen, particularmente, en relación a
los “xerente”, grupo del cual se separaron alrededor de 1820, todavía en la
Provincia de Goiás.
Durante
algunos años, segmentos ya identificados por los no-indios por el etnónimo
“xavante” emprendieron travesías sucesivas por los ríos Araguaia, Cristalino y
de las Mortes y se refugiaron definitivamente en el este de Mato Grosso hasta
los días actuales.
Como otros
pueblos indígenas, los Xavante sufrieron una acentuada reducción poblacional en
las diferentes fases del contacto con los “civilizados”. A partir de la década
del 70, con el inicio de la demarcación de sus tierras, el crecimiento
demográfico comenzó a ser constante a una taza media de casi 5% al año. A
mediados del siglo XIX habían sido contados entre 3 y 5 mil nativos de este
conjunto etnolinguístico entonces localizados en la Aldea de Pedro III en la
antigua Provincia de Goiás (actualmente TI Carretão/GO).
Frei Rafael
de Taggia, señala que en 1852 vivieron en la aldea de Teresa Cristina, hoy
municipio de Tocantins (TO), a la orilla del Río Tocantins, cerca de 4.000
indios “xavante” y “xerente”. Difícilmente, estas estimaciones pueden ser
incorporadas fielmente, pues la superposición identitaria y, por lo tanto,
territorial, entre los subgrupos considerados Acuen impide que se tenga de
hecho un número poblacional preciso sobre cada uno de ellos. Sólo a partir
de contactos de los grupos locales xavante en la década de 1940 y 1950,
entonces ya en el este de Mato Grosso, con agentes tales como las misiones
católicas salesianas, el Servicio de Protección a los Indios (SPI) y el
etnólogo Maybury-Lewia, es que pueden vislumbrarse datos más precisos sobre la
dinámica demográfica xavante.
Actualmente hay cerca de 165 aldeas xavante distribuidas de manera bastante desigual en cada una de las nuevas tierras xavante: Parabubure, por ejemplo, tenia en el año de 2003 cerca de 60 aldeas y una población de 4.502 personas, mientras que Pimentel Barbosa tenía 6 aldeas y 1.570 personas.
La recolección es complementada por ítems suministrados por los hombres: carnes de caza y alguna cantidad de pescado, fuentes de proteína que pueden ser ahumadas para fines de conservación. Hasta el inicio de la intensificación de la colonización en la década de 1960, los Xavante obtenían estos alimentos en excursiones de caza y recolección: largos viajes, que llegaban a durar algunos meses cada uno, en los cuales los grupos de familias extensas iban en busca de recursos naturales de la región.
Actualmente hay cerca de 165 aldeas xavante distribuidas de manera bastante desigual en cada una de las nuevas tierras xavante: Parabubure, por ejemplo, tenia en el año de 2003 cerca de 60 aldeas y una población de 4.502 personas, mientras que Pimentel Barbosa tenía 6 aldeas y 1.570 personas.
La recolección es complementada por ítems suministrados por los hombres: carnes de caza y alguna cantidad de pescado, fuentes de proteína que pueden ser ahumadas para fines de conservación. Hasta el inicio de la intensificación de la colonización en la década de 1960, los Xavante obtenían estos alimentos en excursiones de caza y recolección: largos viajes, que llegaban a durar algunos meses cada uno, en los cuales los grupos de familias extensas iban en busca de recursos naturales de la región.
Cultura y ceremoniales
En la estación seca, a fin de conducir las actividades ceremoniales, los grupos de viajeros se reunían en grandes aldeas semi-permanentes.
Debido a
este patrón de ocupación marcado por la realización de prolongadas
excursiones, el territorio necesario para la subsistencia xavante abarcaba la
extensión que los grupos pudieran explotar en el transcurso de un año. En
estas expediciones, el territorio del grupo local era buscado indistintamente
por segmentos sociales compuestos por conjuntos de grupos domésticos más emparentados.
Ellos se mantenían en comunicación a través de señales de humo, con el
objetivo de reunir a todos los segmentos al final de la expedición. Se
realizaban campamentos diariamente para el descanso de todos. Su composición
era una “versión en miniatura de la aldea-base”, no sólo en la forma de
herradura, como también en la disposición de los grupos domésticos. Hoy, tal
patrón tradicional de excursiones prácticamente desapareció, a causa de la
significativa reducción de las tierras a disposición para el aprovechamiento
de los xavantes y a la reducida reserva de caza existente. Aún así, todavía
se realizan viajes de caza o pesca más cortos, en los cuales los grupos se
ausentan de la aldea por una o dos noches – e ignoran las “cercas” de las
haciendas.
Las carnes
de caza ocupan una posición prominente en la dieta y en la vida social. Para
los hombres, la caza es tanto un quehacer económico importante, como un
marcador de las capacidades masculinas, ya que es a través de ésta que se
expresan las habilidades de resistencia física, rapidez, agilidad, vigilancia
y agresividad. La caza es un componente central de algunas ceremonias, como
el Wai´a, y de las celebraciones de matrimonios, en las cuales los grupos de
los hombres salen para cazas prolongadas. La degradación ambiental, resultado
de la cría de ganado y del monocultivo agrícola en el interior y en el
entorno de las tierras xavante, disminuyó fuertemente la reserva de fauna
cinegética a disposición. Las carnes y los pescados, principales fuentes de
proteína, son escasas en la mayor parte de las áreas xavante actuales;
en las más pequeñas, la escasez de caza es severa. Además de esto, como las
actuales tierras de los Xavante no representan más que pequeños fragmentos de
la extensión total de lo que ellos antes disponían para su subsistencia,
encontrar un número suficiente de presas – especialmente para ceremonias como
el matrimonio, que requieren grandes cantidades de carne – es algo que lleva
a los grupos de cazadores indígenas a adentrarse en las haciendas
particulares con frecuencia, tanto para ejercitar su caza como para demandar
a los hacendados cabezas de ganado. Esta situación, en muchos casos, resulta
en graves conflictos con los de la región.
A pesar
del esfuerzo de los xavante para mantener su modo de vida tradicional, la
intromisión de actividades volcadas para el mercado evidentemente desordenó
significativamente el estilo de vida y la economía tradicional xavante. Con
el fin de facilitar y acelerar la asimilación de los Xavante a la economía y
a la sociedad regionales, las políticas gubernamentales implementadas por el
SPI y, posteriormente, por la Funai (Fundación Nacional del Indio, que
substituyó al SPI desde 1967) los encorajaron para adoptar ciertas prácticas
económicas, en particular la agricultura en los moldes tradicionales y la
cría de ganado. Como las tierras de que los Xavante disponían ya no podían
sostener su economía tradicional, ni suministrarles medios viables de
subsistencia, ellos se tornaron cada vez más dependientes de los productos
que cultivaban en las plantaciones, como también, de la Funai, con quien
contaban para recaudar donaciones – frecuentemente , bienes que podían ser
adquiridos en las ciudades próximas. Si en las décadas anteriores, la
necesidad de dinero llevó a algunos hombres a ofrecerse como mano de obra
remunerada a hacendados, actualmente, muchos xavante poseen cargos
remunerados en la Funai, sea en sus propias tierras (como jefe-de- puesto),
sea en las sedes regionales o inclusive en la sede central de este órgano en
Brasilia. Remuneraciones provenientes de las pensiones, de los convenios
entre las asociaciones indígenas y diversos órganos gubernamentales y
no-gubernamentales y de cargos de profesores y monitores de la salud
indígena, también entraron en los rendimientos generales obtenidos en la
actualidad por las comunidades xavante.
El
proyecto Xavante
Un gran
proyecto económico patrocinado por el gobierno, iniciado a finales de los
años 1970 que se arrastró por casi una década, insirió en las tierras xavante
la agricultura del arroz mecanizada y a gran escala. Bajo el concepto de suministrar
los medios para la futura auto-suficiencia económica de los xavante, y de
demostrar el potencial de ellos para contribuir a la economía regional, el
proyecto tenía como estrategia mayor la disminución de la intensa presión
ejercida sobre la Funai por los líderes xavante siempre empeñados en
reivindicar sus territorios tradicionales.
El
“Proyecto Xavante”, como es conocido, fue extremamente problemático en varios
aspectos. Su implementación exigía enormes dosis de conocimientos y
habilidades tecnológicas, pericia administrativa e inversión financiera.
Requería de conocimientos de química de suelos – de los fertilizantes
apropiados para los suelos ácidos del ‘cerrado’ – y la capacidad de operar y
cuidar de las máquinas como tractores y recolectores. El proyecto tuvo serios
efectos sociales, exacerbando tensiones y generando rivalidades tanto al
interior de las comunidades xavante como entre ellas, además de crear serios
problemas para la Funai. La meta de conquistar un proyecto –acompañado de
beneficios financieros y materiales (como, por ejemplo, un camión) – se
convirtió en un incentivo para que los líderes establecieran nuevas
comunidades. Los hombres xavante en busca de atención y de recursos
financieros acudían de manera intensa en las oficinas de la Funai,
creando una situación que los administradores del órgano no tenían cómo
manejar. Además, por causa de los proyectos, los Xavante concentraron una
cantidad desproporcionada de los recursos financieros de la Funai, así como
de la atención administrativa por ellas prestada. Al final de cuentas, en
lugar de atenuar las demandas de los líderes xavante en Brasilia, el proyecto
intensificó la presencia de los mismos en la capital federal, y los Xavante,
más una vez más, pasaron a ser el foco de atención de los medios
nacionales. Esta vez, sin embargo, ignorando las tristes condiciones de las
comunidades, motivo para que los líderes presionaran a la Funai en busca de
apoyo, los medios retrataron a los Xavante de una manera extremamente
negativa. A mitad de los años 1980, la Funai ya no podía controlar la
situación, y los proyectos fueron, por fin, suspendidos.
El
proyecto del cultivo de arroz desequilibró todavía más los patrones de
subsistencia y dieta, creando casi una dependencia a una variedad no-nutritiva
de arroz, alcanzando la condición de base de la dieta. Como resultado, muchos
conocimientos sobre nutritivos alimentos tradicionales se perdieron. En
algunas áreas, los grupos que reconocen la importancia de estos conocimientos
están, hoy en día – muchas veces en colaboración con las organizaciones
no-gubernamentales -, empeñados en recuperarlos y revitalizar las prácticas
tradicionales de la recolección y el proceso alimenticio.
Como ya
fue mencionado, los Xavante están en un proceso de recuperación demográfica
con elevadas tazas de natalidad y un crecimiento poblacional que se mantiene
regular desde fines de la década de 1960. La mortalidad infantil, sin
embargo, es relativamente alta – significativamente superior a la media
brasileña. Un estudio reciente muestra que apenas 86% de los niños y niñas
sobreviven hasta los 10 años de edad. En muchos casos, las causas de la
muerte resultan de enfermedades que pueden ser tratadas, de precarias
condiciones sanitarias, que podrían ser mejoradas con medidas básicas de
salud pública, o de la contaminación del agua. Enfermedades
gastrointestinales (gastroenteritis) e infecciones respiratorias corresponden
a una significativa proporción de las muertes entre los niños y las niñas. En
varias aldeas, los excrementos humanos llegan a las fuentes de agua de que se
sirven los miembros de la comunidad. Agrotóxicos de las haciendas vecinas
también contaminan las reservas hídricas.
La
acumulación de basuras y de excrementos humanos en las aldeas y sus
inmediaciones, como también, la contaminación de las fuentes de agua
conforman, hoy, serios riesgos de salud pública en las comunidades xavante.
Estos problemas surgen, en parte, por los cambios del patrón de vida
seminómada para el sedentarismo. En el pasado seminómada, como el lugar de la
instalación de las aldeas era frecuentemente cambiado, el hábito de depositar
deshechos cerca de las casas no presentaba serios riesgos para la salud, como
ocurre actualmente. Además, el cúmulo de basura se ve exacerbado por la
introducción de materiales que a diferencia de los tradicionales residuos
orgánicos, no se descomponen con rapidez. Plásticos y productos tóxicos, como
pilas eléctricas, contaminan las aldeas contemporáneas.
El
sedentarismo, la falta de caza y de otras fuentes de proteína, como también
los planes desarrollistas de la Funai resultaron en dramáticas
transformaciones en la dieta de los xavante, que los han llevado a la
desnutrición y a problemas de salud relacionados, como la anemia. Los cambios
en la dieta, en especial el reciente gusto adquirido por el azúcar y la
harina de trigo refinada, también se expresan en una alarmante incidencia de
diabetes. Como este, el consumo de alcohol y el alcoholismo, que se
relacionan con las situaciones de tensión social y son las más graves en
comunidades situadas cerca de las ciudades, traen nuevos problemas. La
diabetes, el alcoholismo y también la tuberculosis – de incidencia
relativamente alta en algunas comunidades – son, para los Xavante, nuevas
enfermedades.
El acceso
a los servicios de salud es un serio problema para los Xavante
contemporáneos. El acto administrativo que, en 1999, transfirió la
responsabilidad por la salud indígena de la Funai a la Funasa (Fundación
Nacional de Salud) no mejoró la situación. La Funasa presta sus servicios a
los pueblos indígenas, muchas veces en colaboración con las ONG´s locales,
por medio de los llamados Distritos Sanitarios Especiales Indígenas (DSEIs).
La atención a la salud en las aldeas xavante continúa deficiente, cuando no
enteramente ausente. La mayor parte de los casos, los puestos de salud en las
comunidades cuentan con personal entrenado en grado mínimo –auxiliares de
enfermería no-indios y Xavante que actúan como monitores de salud. Es sobre
todo, en los centros urbanos, y no en las tierras xavante, que está el
personal entrenado. Los profesionales del área médica y odontológica que
atienden a los xavante trabajan a base de intervenciones curativas; la falta
de recursos impide el desarrollo de programas preventivos. Cuando son tratados
en los puestos de salud que sirven a la población en general, los Xavante
sufren, muchas veces, discriminación por parte de los profesionales
responsables, que carecen de entrenamiento y sensibilidad para lidiar con los
pueblos indígenas. El racismo que prevalece en los centros urbanos y entre
los trabajadores del área de atención a la salud exacerba la renuencia de los
Xavante para buscar atención de la medicina clínica occidental,
desanimándolos, inclusive cuando se trata de casos graves, a dirigirse a los
hospitales.
Como ya
fue mencionado, los Xavante están en un proceso de recuperación demográfica
con elevadas tazas de natalidad y un crecimiento poblacional que se mantiene
regular desde fines de la década de 1960. La mortalidad infantil, sin
embargo, es relativamente alta – significativamente superior a la media
brasileña. Un estudio reciente muestra que apenas 86% de los niños y niñas
sobreviven hasta los 10 años de edad. En muchos casos, las causas de la
muerte resultan de enfermedades que pueden ser tratadas, de precarias
condiciones sanitarias, que podrían ser mejoradas con medidas básicas de
salud pública, o de la contaminación del agua. Enfermedades
gastrointestinales (gastroenteritis) e infecciones respiratorias corresponden
a una significativa proporción de las muertes entre los niños y las niñas. En
varias aldeas, los excrementos humanos llegan a las fuentes de agua de que se
sirven los miembros de la comunidad. Agrotóxicos de las haciendas vecinas
también contaminan las reservas hídricas.
La
acumulación de basuras y de excrementos humanos en las aldeas y sus
inmediaciones, como también, la contaminación de las fuentes de agua
conforman, hoy, serios riesgos de salud pública en las comunidades xavante.
Estos problemas surgen, en parte, por los cambios del patrón de vida
seminómada para el sedentarismo. En el pasado seminómada, como el lugar de la
instalación de las aldeas era frecuentemente cambiado, el hábito de depositar
deshechos cerca de las casas no presentaba serios riesgos para la salud, como
ocurre actualmente. Además, el cúmulo de basura se ve exacerbado por la
introducción de materiales que a diferencia de los tradicionales residuos
orgánicos, no se descomponen con rapidez. Plásticos y productos tóxicos, como
pilas eléctricas, contaminan las aldeas contemporáneas.
El
sedentarismo, la falta de caza y de otras fuentes de proteína, como también
los planes desarrollistas de la Funai resultaron en dramáticas
transformaciones en la dieta de los xavante, que los han llevado a la
desnutrición y a problemas de salud relacionados, como la anemia. Los cambios
en la dieta, en especial el reciente gusto adquirido por el azúcar y la
harina de trigo refinada, también se expresan en una alarmante incidencia de
diabetes. Como este, el consumo de alcohol y el alcoholismo, que se
relacionan con las situaciones de tensión social y son las más graves en
comunidades situadas cerca de las ciudades, traen nuevos problemas. La
diabetes, el alcoholismo y también la tuberculosis – de incidencia
relativamente alta en algunas comunidades – son, para los Xavante, nuevas
enfermedades.
El acceso
a los servicios de salud es un serio problema para los Xavante
contemporáneos. El acto administrativo que, en 1999, transfirió la
responsabilidad por la salud indígena de la Funai a la Funasa (Fundación
Nacional de Salud) no mejoró la situación. La Funasa presta sus servicios a
los pueblos indígenas, muchas veces en colaboración con las ONG´s locales,
por medio de los llamados Distritos Sanitarios Especiales Indígenas (DSEIs).
La atención a la salud en las aldeas xavante continúa deficiente, cuando no
enteramente ausente. La mayor parte de los casos, los puestos de salud en las
comunidades cuentan con personal entrenado en grado mínimo –auxiliares de
enfermería no-indios y Xavante que actúan como monitores de salud. Es sobre
todo, en los centros urbanos, y no en las tierras xavante, que está el
personal entrenado. Los profesionales del área médica y odontológica que
atienden a los xavante trabajan a base de intervenciones curativas; la falta
de recursos impide el desarrollo de programas preventivos. Cuando son
tratados en los puestos de salud que sirven a la población en general, los
Xavante sufren, muchas veces, discriminación por parte de los profesionales
responsables, que carecen de entrenamiento y sensibilidad para lidiar con los
pueblos indígenas. El racismo que prevalece en los centros urbanos y entre
los trabajadores del área de atención a la salud exacerba la renuencia de los
Xavante para buscar atención de la medicina clínica occidental,
desanimándolos, inclusive cuando se trata de casos graves, a dirigirse a los
hospitales.
Como ya
fue mencionado, los Xavante están en un proceso de recuperación demográfica
con elevadas tazas de natalidad y un crecimiento poblacional que se mantiene
regular desde fines de la década de 1960. La mortalidad infantil, sin
embargo, es relativamente alta – significativamente superior a la media
brasileña. Un estudio reciente muestra que apenas 86% de los niños y niñas
sobreviven hasta los 10 años de edad. En muchos casos, las causas de la
muerte resultan de enfermedades que pueden ser tratadas, de precarias
condiciones sanitarias, que podrían ser mejoradas con medidas básicas de
salud pública, o de la contaminación del agua. Enfermedades
gastrointestinales (gastroenteritis) e infecciones respiratorias corresponden
a una significativa proporción de las muertes entre los niños y las niñas. En
varias aldeas, los excrementos humanos llegan a las fuentes de agua de que se
sirven los miembros de la comunidad. Agrotóxicos de las haciendas vecinas
también contaminan las reservas hídricas.
La
acumulación de basuras y de excrementos humanos en las aldeas y sus
inmediaciones, como también, la contaminación de las fuentes de agua
conforman, hoy, serios riesgos de salud pública en las comunidades xavante.
Estos problemas surgen, en parte, por los cambios del patrón de vida
seminómada para el sedentarismo. En el pasado seminómada, como el lugar de la
instalación de las aldeas era frecuentemente cambiado, el hábito de depositar
deshechos cerca de las casas no presentaba serios riesgos para la salud, como
ocurre actualmente. Además, el cúmulo de basura se ve exacerbado por la
introducción de materiales que a diferencia de los tradicionales residuos
orgánicos, no se descomponen con rapidez. Plásticos y productos tóxicos, como
pilas eléctricas, contaminan las aldeas contemporáneas.
El
sedentarismo, la falta de caza y de otras fuentes de proteína, como también
los planes desarrollistas de la Funai resultaron en dramáticas
transformaciones en la dieta de los xavante, que los han llevado a la
desnutrición y a problemas de salud relacionados, como la anemia. Los cambios
en la dieta, en especial el reciente gusto adquirido por el azúcar y la
harina de trigo refinada, también se expresan en una alarmante incidencia de
diabetes. Como este, el consumo de alcohol y el alcoholismo, que se
relacionan con las situaciones de tensión social y son las más graves en
comunidades situadas cerca de las ciudades, traen nuevos problemas. La
diabetes, el alcoholismo y también la tuberculosis – de incidencia
relativamente alta en algunas comunidades – son, para los Xavante, nuevas
enfermedades.
El acceso
a los servicios de salud es un serio problema para los Xavante
contemporáneos. El acto administrativo que, en 1999, transfirió la
responsabilidad por la salud indígena de la Funai a la Funasa (Fundación
Nacional de Salud) no mejoró la situación. La Funasa presta sus servicios a
los pueblos indígenas, muchas veces en colaboración con las ONG´s locales,
por medio de los llamados Distritos Sanitarios Especiales Indígenas (DSEIs).
La atención a la salud en las aldeas xavante continúa deficiente, cuando no
enteramente ausente. La mayor parte de los casos, los puestos de salud en las
comunidades cuentan con personal entrenado en grado mínimo –auxiliares de
enfermería no-indios y Xavante que actúan como monitores de salud. Es sobre
todo, en los centros urbanos, y no en las tierras xavante, que está el personal
entrenado. Los profesionales del área médica y odontológica que atienden a
los xavante trabajan a base de intervenciones curativas; la falta de recursos
impide el desarrollo de programas preventivos. Cuando son tratados en los
puestos de salud que sirven a la población en general, los Xavante sufren,
muchas veces, discriminación por parte de los profesionales responsables, que
carecen de entrenamiento y sensibilidad para lidiar con los pueblos
indígenas. El racismo que prevalece en los centros urbanos y entre los
trabajadores del área de atención a la salud exacerba la renuencia de los
Xavante para buscar atención de la medicina clínica occidental,
desanimándolos, inclusive cuando se trata de casos graves, a dirigirse a los
hospitales.
A partir
de la segunda mitad de la década de 1970, habiéndose recuperado de la
desorientación generada por el contacto y, en muchos casos, de los efectos
devastadores de las enfermedades y epidemias por él inducidas, los Xavante
comenzaron a reivindicar la recuperación de sus tierras tradicionales. La
proximidad geográfica en relación a Brasilia y la creatividad en la adopción
de estrategias para conquistar la atención pública permitieron que sus
líderes fueran a la capital federal para presionar, con eficacia, a altos
funcionarios del gobierno.
Un líder
en particular, Mário Juruna, se destacó por su ingenio y creatividad para
atraer la atención pública, para las reivindicaciones territoriales xavante y
para el tratamiento concedido a los pueblos indígenas en el Brasil.
Oriundo de
São Marco y dueño de un estilo franco y sincero, Mário Juruna se tornó en un
líder xavante nacionalmente famoso. Su manera directa de criticar la
corrupción de altos funcionarios del gobierno, así como el uso de
grabador exponía públicamente las falsas promesas hechas por tales
autoridades. Al final del período de la dictadura militar, hicieron que fuera
aclamado a nivel nacional. Las críticas de Juruna hicieron eco en las
inquietudes de una amplia base social, y él se tornó en un símbolo que
representó a los sectores menos favorecidos y a los desproveídos de tierra en
el país. En 1982, fue elegido diputado federal, por el estado de Río de
Janeiro, convirtiéndose en el primer y único líder indígena brasileño que
llegó al Congreso Nacional. Cuatro años después, con menos de un tercio de
los votos obtenidos en la primera elección, no pudo reelegirse.
Referencia: Parcialmente reproducido y adaptado de:
https://pib.socioambiental.org/es/Povo:Xavante
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