Los ticuna, una gran nación nativa del Amazonas occidental amenazada por el avance de la agricultura industrial, la ocupación de sus tierras tradicionales y el desconocimiento de sus derechos
Los ticuna
(autodenominados, maguta) conforman el pueblo indígena más numeroso del
Amazonas brasileño. Su territorio se encuentra localizado en la cuenca alta del
río Solimoes, que en realidad es el nombre que recibe el río Amazonas aguas
arriba de la desembocadura del río Negro. Hay que recordar que aún más arriba, antes
de llegar a la desembocadura del río Ucayali, en territorio peruano, el gran
valle fluvial del río Solimoes-Amazonas recibe el nombre de río Marañòn.
El río
Solimoes propiamente dicho tiene una longitud de 1,700 km y una cuenca de 2.2
millones de km2 abarcando territorios en Brasil, Colombia, Perú y Ecuador.
Precisamente
en esta cuenca, particularmente en los alrededores de la triple frontera de
Brasil, Colombia y Perú, se encuentra el territorio ancestral de la nación ticuna,
con una población total de 70,000 habitantes, distribuidos en unas 150 aldeas
en los tres países (Brasil, Colombia y Perú).
Los ticuna han
tenido una historia marcada por la violenta entrada de los siringueros
(caucheros), pescadores y madereros que los desplazaron de gran parte de sus
territorios ancestrales. Recién en los años 1990 lograron el reconocimiento
oficial de parte de sus tierras. En la actualidad enfrentan el desafío de
garantizar su sustentabilidad económica y ambiental, así como corresponder las
relaciones con la sociedad circundante manteniendo viva su riquísima cultura. El cambio de las políticas del nuevo gobierno de Brasil (2019) con su desconocimiento de los derechos indígenas incrementa las amenazas a la sobrevivencia de este pueblo.
Los ticuna o “maguta”.
Según los
registros de la tradición oral, Yo´i (uno
de los principales héroes culturales) fue el que pescó los primeros ticuna de
las rojas aguas del riacho Eware (cercano a las nacientes del riacho São
Jerônimo). Estos eran los Magüta (literalmente, “conjunto de personas
pescadas con vara”; del verbo magü, “pescar con vara”, y del indicativo
colectivo -ta), que comenzaron a habitar las cercanías de la casa de Yo´i,
en la montaña denominada Taiwegine. Hoy en día, este lugar sigue siendo
sagrado para los ticuna, en donde residen algunos de los inmortales y en donde
se encuentran los vestigios materiales de sus creencias (como los restos de la
casa o de la vara de pescar usada por Yo´i).
Localización
“De acuerdo
con sus mitos, los ticuna son originarios del riacho Eware, ubicado en las
nacientes del riacho São Jerônimo (Tonatü), tributario de la margen izquierda
del río Solimões, en el trecho entre Tabatinga y São Paulo de Olivença. Aún hoy
es esta el área de mayor concentración de ticuna, y donde están localizadas 42 aldeas”
(Oliveira, 2002:280).
Este pueblo
vivía en los tramos superiores de los riachos, afluentes de la margen izquierda
del río Solimões, en el trecho en el que este entre en territorio brasileño y
hasta el río Içá/Putumayo. Luego, se produjo un intenso proceso de traslado en
dirección al río Solimões.
En un
comienzo, mantuvieron distribución espacial tradicional expresada a través de
las malocas clánicas y, en la década de 1970, se presentaban más de cien
aldeas. Actualmente, esa distribución de las aldeas ticuna se modificó
sustancialmente. También se sabe que algunos indios se trasladaron hasta Tefé y
hacia otros municipios del Solimões medio. Otros se afincaron en el municipio
de Beruri, en el curso bajo del Solimões, bastante cercanos a la ciudad de
Manaus. En el Solimões superior, los ticuna pueden ser hallados en los seis
municipio de la región, a saber: Tabatinga, Benjamim Constant, São Paulo de
Olivença, Amaturá, Santo Antônio do Içá e Tonantins.
Según los
datos del Instituto Socioambiental, los ticuna están distribuidos en 28 Tierras
Indígenas, siendo la mayoría de ellas ya demarcadas y/u homologadas, y algunas
otras aún en proceso de reconocimiento por la Funai - Fundação Nacional do
Índio (Fundación Nacional del Indio). Resta por saber cual será la actitud del
nuevo gobierno de Brasil (2019) frente al reconocimiento de las reservas ya
demarcadas y las que aún se encuentra en proceso de d demarcación.
Lengua
La lengua
ticuna está ampliamente difundida en un área extensa por una gran cantidad de
hablantes (más de 30.000) cuyas comunidades se distribuyen en tres países:
Brasil, Perú y Colombia. Del lado brasileño, el número de comunidades asciende
a un número elevado de aldeas (cerca de cien) agrupadas en diversas áreas
localizados en diversos municipios del estado de Amazonas (entre los cuales
podemos mencionar los de Benjamim Constant, Tabatinga, São Paulo de Olivença,
Amaturá, Santo Antonio do Içá, Jutaí, Fonte Boa, Tonantins, Beruri). La mayor
parte de las aldeas se ubica a lo largo del río Solimões o en sus proximidades.
En las
aldeas ubicadas del lado brasileño, la utilización intensiva de la lengua
tikuna no está amenazada por la proximidad de las ciudades (si es que fuera el
cas) o inclusive por la convivencia con hablantes de otras lenguas en el
interior del área tikuna: en las aldeas, esos hablantes de otras lenguas son
minoritarios y terminan sometiéndose a la realidad ticuna, razón por la cual,
quizá, no representen una amenaza desde el punto de vista lingüístico. Esa
situación se puede ejemplificar con los kaixana (o caixana), los kokama (o
cocama) y los kanamari; los dos primeros presentes en varias aldeas tikuna y
los últimos con presencia relevada –en una pequeña cantidad- en esas aldeas.
Los kaixana son luso hablantes. Los kokama, que en el lado brasileño viven
entre los tikuna, no ostentan el kokama como lengua materna, rol desempeñado mayoritariamente
por el portugués. Algunos –aunque pocos- kokama recuerdan palabras, secuencias
o frases en lengua kokama, y en ese sentido, la mayoría tiene como meta
readquirirla de alguna forma, lo que viene siendo intentado en el ámbito de la
educación escolar indígena. En relación a los kanamari que residen entre los
tikuna en el Brasil, no se tiene registros de que hayan dejado de hablar su
propia lengua –el kanamari pertenece a la familia katukina-, ni que esa lengua
se superponga a la realidad lingüística ticuna en el interior de la propia
aldea ticuna.
En las
ciudades de los municipios del estado de Amazonas en los cuales se ubican las
aldeas ticuna, se puede escuchar la lengua cuando sus hablantes, transitando
por esas ciudades, se refieren a otros ticuna igualmente en tránsito o que allí
residen. En relación al uso de la lengua por los hijos de los hablantes de
ticuna que se asentaron en las ciudades, es posible observar que su uso
presenta, entre sus variables más dominantes, la actitud de los padres con
relación a la propia lengua: cuando la actitud es dirigida hacia una
valorización de la lengua ticuna y hacia lo que es propio del universo ticuna,
la lengua es utilizada en la relación de los padres con lo hijos; cuando no es
así, la lengua utilizada es el portugués, aunque son pocos los casos.
En relación
a los ticuna que, por diversas razones, de desplazaron hacia la capital del
estado de Amazonas, Manaus, ellos viven de modo más dramático la imposición de
la lengua dominante (portugués) y de sus vehículos, razón por la cual se reúnen
a través de proyectos que tienen como meta, entre otras cosas, mantener viva su
lengua.
El ticuna es
una lengua tonal. Está considerada genéticamente asilada y presenta gran
complejidad en su fonología y en su sintaxis.
Historia
del contacto
La primera
referencia a los ticuna se remonta a mediados del siglo XVII y se encuentra en
el libro Novo Descobrimento do Rio Amazonas, de Cristobal de Acuña. La
referencia transcripto que sigue está en el capítulo LI:
“Mantienen
estas tribus, por una parte y por la otra margen del río, continuas guerras con
los pueblos vecinos que, por el lado sur, son, entre otros, los Curina tan
numerosos, que no sólo se defienden , por el lado del río, de la gran cantidad
de miembros del pueblo Agua, como también ostentan armas, al mismo tiempo,
contra las demás naciones que, por vía terrestre, los atacan constantemente.
Por el lado
norte, los Agua tienen como enemigos a los Tecuna que, de acuerdo con buenas
informaciones, no son inferiores a los Curina ni en número ni en brío, ya que
también sostienen guerras con los enemigos que tienen tierra adentro”.
Asimismo,
según Curt Nimuendajú, el etnólogo alemán que, en 1929, realizó su primer viaje
al curso superior del Solimões, los ticuna son citados por vez primera como los
enemigos de los omágua, residentes en la margen izquierda del río Solimões. Los
ticuna, quienes ya estaban huyendo de las agresiones de este pueblo, se
refugiaron en los cursos superiores de los riachos y afluentes de la margen izquierda
del río Solimões, accionaron el mismo mecanismo con la llegada de los
españoles.
“Los
primeros contactos con los blancos se remontan al final del siglo XVII, cuando
los jesuitas, llegados del Perú y liderados por el padre Samuel Fritz, fundaron
diversas aldeas misionales en las márgenes del río Solimões. Este fue el origen
de los futuros pueblos y ciudades de la región como São Paulo de Olivença,
Amaturá, Fonte Boa e Tefé. Dichas misiones estaban pensadas, principalmente,
para los omágua, quienes dominaban las márgenes del río Solimões y sus islas, y
quienes impresionaban dramáticamente a los viajeros y cronistas coloniales por
su volumen demográfico, su potencial militar y su pujanza económica. Los
registros de la época mencionan a otros pueblos (como los miranha o los içá,
los xumana, los passe y los júri, entre otros, tenidos por extintos ya en la
primera mitad del siglo XIX por los viajeros naturalistas), que fueron
concentrados en aldeas conjuntamente con los omágua y los ticuna, dando lugar a
una población ribereña mestiza” (Oliveira, 2002: 280).
Desde la
fundación de la misión jesuita española y hasta la consolidación de posesión de
la región por parte de Portugal, en el siglo XVII (con la construcción de un
fuerte en Tabatinga), los españoles y los portugueses se disputaron la
hegemonía del río Solimões en su sector superior. Los omágua tan temidos
(conocidos también como cambeba), de tradición guerrera, fueron casi
exterminados es este proceso, ya sea por el contagio de diversas enfermedades o
por su participación en las querellas entre los dos Estados coloniales. Con el
tiempo, los europeos no quisieron o no pudieron poblar la región previamente
habitada por los omágua , y los ticuna llegaron para ocupar ese espacio,
bajando desde os sectores superiores de los riachos, y llegando a lugares en donde
conseguían esquivar el contacto más intenso.
Foto: Museu
do Índio/Relatório IR-1/SPIc , 1930/31
Durante las
dos últimas décadas del siglo XIX, con la explotación del caucho, la región
amazónica se volvió un escenario de intensa explotación del trabajo siringuero.
El curso del Solimões, en su parte superior, no contaba con árboles tan
productivos si se los compara con los ejemplares de la región de Acre. Sin
embargo esto no fue óbice para que el sector dejara de padecer la carrera por
la obtención del “oro blanco”, denominación popular para el caucho.
Por medio de
la institución denominada “barracão” o “patrão” se detentaba el acceso
exclusivo al comercio con los indios ya que, el almacén, se constituía como la
intermediación comercial obligatoria. La legitimidad de esta empresa era
sostenida por los títulos de propiedad conseguidos por escasas familias,
llegadas en su mayoría de la región nordeste, incidiendo sobre la tierra
ticuna, siendo estos indios sujetos pasibles de obediencia hacia los recién
llegados. Los patrones se instalaban en la boca de los riachos principales,
controlando de esta manera a los habitantes de la región. Con el objetivo de
reforzar ese control, el patrón nominaba un “texaua” quien ejercería el
liderazgo entre los indios, cuidando los intereses blancos. Este liderazgo no
se basaba siempre en relaciones tradicionales, aunque si en se asentaba en el
servilismo del “texaua” a los parámetros de los siringueros.
Su vivienda
tradicional, la maloca, en la que residen juntos los miembros de un mismo clan,
fue hallada por Curt Nimuendajú en ocasión de su viaje primigenio al curso
superior del Solimões. En ese momento, este tipo de vivienda ya estaba en vías
de desaparecer debido a la actuación de los “patrões da borracha” (patrones o
dueños del caucho) en el sentido de que los mismos forzaban la fragmentación de
las malocas con el objetivo de atender los designios de la empresa del caucho.
La dispersión de los indios a lo largo de los riachos atendía mejor los
intereses de ese tipo de explotación, en el sentido de que la productividad
reducida de los árboles del Solimões superior podía ser optimizada por medio de
dicha dispersión demográfica extendida, extrayendo riqueza de los diversos caminos
de la siringa.
En 1910,
según Nimuendajú, una nueva agencia de contacto se hizo presente en el sector
superior del Solimões. En ese momento, los capuchinos llegados de la provincia
italiana de Umbría establecieron la Prefectura Apostólica del Alto Solimões
(Prefeitura Apostólica do alto Solimões). La presencia del Servicio de
Protección a los Indios-SPI (Serviço de Proteção aos Índios) en esa situación
dominada por los que explotaban el caucho era meramente formal, o sea,
restringida a los informes de un representante de la repartición a partir de
1917. Recién en 1942 se produce la creación de un puesto efectivo en la región
al ser así dispuesto por este órgano de la administración federal.
La
dominación del organismo tutor sería ejercida más fácilmente a través de la
centralización del poder entre los ticuna. De esta forma, los funcionarios del
SPI actuarían en términos de crear un liderazgo único dentro de la aldea aun
siendo inexistente dentro de la tradición ticuna. Se presentaban, no obstante,
liderazgos reconocidos (los toeru) que actuaban en el ámbito de un limitado
grupo de parientes y personas cercanas dentro de los grupos de vecinos y que
disponían de autoridad para convocar sujetos para realizar trabajos colectivos,
la resolución de pequeñas disputas, etc. Ese liderazgo, por su carácter
fragmentado en demasía, no satisfacía los intereses de la administración
regional del órgano tutor. La solución hallada fue el nombramiento de un
capitán a través del jefe del puesto (Oliveira, 1988:237-8).
Una nueva
situación histórica se comienza a delinear a mediados de la década de 1960: la
región amazónica, en su sector fronterizo, se va transformando en un área de
seguridad nacional para el ejercito brasileño. La antigua guarnición militar de
Tabatinga crece en importancia y volumen, convirtiéndose en el Comando de
Fronteira do Solimões- CFSOL (Comando de Frontera del Solimões), con mayor
autoridad para intervenir localmente. Lo dicho hace que la relación entre los
indios y los patrones sea profundamente alterada. Sin la posibilidad de que se
coercione a los indios por medio de castigos físicos, restringidos por el
ejercito, los patrones descubrieron otros medios de hacer valer su control
sobre la población indígena (Oliveira, 1988: 211-3).
La actuación
de la Iglesia Católica –a través de la provincia apostólica del Alto Solimões,
establecida por los capuchinos en 1910- generó una infraestructura en salud y
educación nada despreciable, siendo actualmente la concentración de Belém do
Solimões, una de las mayores aldeas ticuna. Durante la década de 1960, llegaron
asimismo, a la región del Alto Solimões, misioneros americanos bautistas con el
objetivo de catequizar a los indios. En un momento en que los patrones aún
disponían de autoridad, por ser considerados los dueños de la tierra donde
residían los ticuna, utilizaron como estrategia de movilización de la población
indígena de la región la compra de tierras, que eran inmediatamente dispuestas
para que residiesen quienes quisiesen vivir con ellos compartiendo las enseñanzas
de su religión. De esta manera, surgieron otros aglomerados que constituyen hoy
algunas aldeas ticuna de mayor densidad poblacional como son los casos de Campo
Alegre e Betânia.
El número de
las personas que se mudaron para vivir en las aldeas, de todas formas, sólo
sufrirá alteraciones realmente significativas a partir del surgimiento del
movimiento mesiánico de la Irmandade da Santa Cruz (Hermandad de Santa Cruz).
En el contexto de la progresiva pérdida de la autoridad sobre los indios, relevado
a comienzos de la década de 1970, los antiguos patrones apoyaron la penetración
de las ideas de un hombre llamado José Francisco da Cruz.
Con alguna
correspondencia con la tradición ticuna, ya que este sujeto admitía la
posibilidad de castigo divino en momentos de intensa desagregación
sociocultural, y con el apoyo de los principales líderes políticos de la
región, las ideas de José da Cruz lograron prender con extrema facilidad y el
movimiento religioso por el fundado se volvió, en poco tiempo, hegemónico.
Convirtió a indios y a no indios en toda la región del Solimões y, de esta
forma, las posiciones de liderazgo en la jerarquía de la Hermandad fueron
rápidamente conquistadas por los antiguos patrones. Ellos lograron sofocar la
crisis de autoridad por la cual atravesaban los indios, al instituir una nueva
legitimidad moral/religiosa para ejercer el control (Oliveira, 1978).
Los
funcionarios de la Funai, que en ese momento ya habían substituido a los de la
SPI, percibieron también, y de forma inmediata, la utilidad de dicho movimiento
(Santa Cruz) como catalizador de su proyecto de integración del indígena y
comenzaron a apoyar explícitamente aquellos liderazgos ligados al movimiento,
incentivando, inclusive, el faccionalismo religioso que hasta hoy divide aldeas
como es el caso de la de Umariaçú e Belém do Solimões (Oliveira, 1987).
Hacia el
final de 1981, los principales liderazgos ticuna convocaron una reunión en la
aldea de Campo Alegre, en donde fue discutida la propuesta de demarcación de
sus tierras, encaminada a la Funai. En esta reunión, también fue elegida una
comisión que se trasladaría hasta Brasilia para presentarle al Presidente la
propuesta debatida. Como resultado de la presión ejercida por los Ticuna, la
Funai envió, en 1982, un grupo de trabajo con el fin de identificar las áreas
ticuna en los municipios de Fonte Boa, Japurá, Maraã, Jutaí, Juruá, Santo
Antônio do Içá e São Paulo de Olivença.
También en
1982, los ticuna crearon el Conselho Geral da Tribo Ticuna -CGTT (Consejo
General de la Tribu Ticuna), con la figura de un coordinador general, electo en
asambleas cuatrianueles entre todos los capitanes de la aldea y con poderes
semejantes a los de un ministro de relaciones exteriores. Posteriormente se
crearon otras organizaciones indígenas ticuna: Organização dos Professores
Ticuna Bilíngües-OGPTB (Organización de los Profesores Ticuna Bilingües), que
fue fundada en 1986 con el objetivo de establecer y realizar cursos de
reciclaje y formación de profesores; la Organização dos Monitores de Saúde do
Povo Ticuna-OMSPT (Organización de los Monitores de Salud del Pueblo Ticuna);y
la Organização de Saúde do Povo Ticuna do Alto Solimões-OSPTAS (Organización de
Salud del Pueblo Ticuna del Alto Solimões), establecida en 1990, cuya actuación
tuvo como marco el combate al cólera llegado de Colombia y del Perú.
En 1986 fue
creado el Centro Magüta - Centro de Documentação e Pesquisa do Alto Solimões
(Centro de Documentación e Investigación del Alto Solimões), dirigido
principalmente hacia las poblaciones ticuna contando con la ayuda de
investigadores que ya estaban trabajando en ese lugar, desde hacía una década.
El logro principal fue el desarrollo del proceso de reconocimiento territorial,
que culminó con la demarcación de tierras en 1993, con cerca de un millón de
hectáreas para los indios en aquella región. El Centro Magüta realizó inclusive
trabajos en las áreas de salud y desarrollo. Entre 1996 y 1997, debido a
dificultades con la financiación de sus acciones y terminado el proceso de
demarcación de las tierras principales ticuna, el Centro dejó de existir y en
su sede comenzó a funcionar el CGTT.
Movimientos
mesiánicos
Foto: Wolf
Gauer , 1980
Curt
Nimuendaju y Maurício Vinhas de Queiroz fueron los primeros investigadores en
observar la existencia de trazos de movimientos mesiánicos entre los ticuna.
Según ellos, se manifestaron siete movimientos de este tipo entre estos indios
desde el principio del siglo XX hasta 1961.
El primer
movimiento que se aproximaba a un movimiento mesiánico tuvo lugar en territorio
peruano, a principios del siglo XX, cuando una joven ticuna comenzó a tener
visiones y a profetizar, atrayendo ticunas tanto del Perú como del Brasil.
Como la
afluencia de los indios aumentaba, relata Nimuendaju que los “civilizados”
intervinieron, atacando el grupo con armas de fuego, ocasión en que algunos
ticuna murieron, otros fueron maltratados y la joven profetisa tuvo un destino
desconocido (Nimuendaju, 1952: 138).
El segundo
movimiento tuvo lugar entre 1930 y 1935 cuando un joven ticuna del lago
Cujaru, en el río Jacurapá, llamado Aureliano, comenzó a tener visiones. Los
indios le construyeron una casa separada del resto para que recibiese más
fácilmente las revelaciones. Como su reputación aumentaba, reuniendo cada vez
más indios a su alrededor, los “civilizados intervinieron nuevamente y
arrestaron a Aureliano bajo el pretexto de que no pagaba impuestos por una
especie de guitarras que fabricaba” (Nimuendaju, 1952: 138).
Por causa de
la precariedad de los datos presentados por Nimuendaju, no es posible conocer
detalles acerca del contenido de las profecías de la joven ticuna y de Aureliano,
ni sobre la situación real de los que los siguieron; de la misma forma, no se
sabe a ciencia cierta cuál era la identidad de los no indios que terminaron con
las reuniones ticuna aunque, sabiendo que esos movimientos acontecieron en una
época en que el régimen del “barracão” (gran tienda o barraca) estaba
implantado en la región, es lícito suponer que tales ataques fueron articulados
por orden de los propietarios regionales que, como se sabe, se valían de todos
los medios para impedir la evasión de la mano de obra que podían utilizar para
la extracción del caucho.
Otra
manifestación mesiánica tuvo lugar en l región de Auati-Paraná, alrededor de
1932. Según las informaciones obtenidas por Vinhas de Queiroz, a partir de los
testimonios de los no indios de la región, un cierto número de ticuna se reunió
en Auati en donde aguardaban la aparición de Dios. El movimiento finalizó
porque se produjo una epidemia que se propagó en toda la región, diezmando a la
mayoría de sus miembros (Queiroz, 1963: 46).
El cuarto
evento se produjo entre los años 1938 y 1939, en el riacho São Jerônimo. Se
propagó, en esa época, la noticia de que un jaguar le habría dicho a un niño
ticuna que una gran inundación dejaría todo bajo el agua, inclusive la sede del
seringal. Frente a esa noticia, los indios que vivían cerca de la desembocadura
del riacho referido se reunieron en su sector superior donde construyeron una
gran maloca o casa de estilo tradicional y realizaron importantes siembras.
Como la catástrofe anunciada no se producía, los indios, finalmente, volvieron
a sus viviendas y continuaron llevando una vida normal (ídem: 49).
Hermandad
de Santa Cruz
Foto:
Jussara Gruber , 1979
Todo indica
que los antiguos movimientos mesiánicos ticuna tuvieron éxito durante un cierto
tiempo, esto es, durante su período de efervescencia. Aunque también es cierto
que sus proyectos, sus aspiraciones y sus deseos no se concretaron, como vimos
en la mayoría de los casos, en razón de la violencia perpetrada por los
“patrones”. Sin embargo, la esperanza continuó manifestándose y los frecuentes
tropiezos no desembocaron en una conciencia de fracaso. Por el contrario, en
vez de dejar de buscar salidas a su situación por la vía mesiánica, o
sea, por intermedio de sus héroes e inmortales, los ticuna reforzarán esta
búsqueda al considerarse un pueblo predestinado a recibir un Mesías quien les mostrará
el camino de la salvación.
Es por esa
razón, que en los últimos meses de 1971, cuando llegó al Solimões superior la
noticia de que un Padre Santo, hacedor de milagros, estaba viajando río abajo
desde el Perú, la población ticuna se puso en alerta de inmediato: los indios
que estaban más cerca de las ciudades de frontera se encargaron de diseminar la
novedad en los poblados ticuna más alejados e inclusive en aquellos situados en
el medio de la selva.
A medida que
el tiempo pasaba y que el mensaje circulaba de grupo en grupo, su contenido
inicial también era ampliado y comenzaba otro momento de efervescencia social.
Aunque en este momento, los sentimientos estaban mal definidos y eran
inciertos, estaban convencidos de que ocurría una nueva manifestación de los
inmortales en sus vidas. En ciertas áreas ticuna, se llegó inclusive a comentar
que el esperado era el propio Yo´i (uno de los héroes creadores). El grado de
excitación aumentaba cada vez más, y cuando se anoticiaron de la llegada del
personaje referido a Rondinha, en el Perú, y luego a Marco, en Atalaia do
Norte, muchos indios que residían en los riachos, abandonaron sus habitaciones
y se dirigieron a los poblados ticuna situados en las márgenes del Solimões
para asistir a su llegada.
No todos los
ticuna adhirieron al movimiento fundado por el Hermano José, que era José
Francisco da Cruz. Estos eran principalmente los habitantes de las comunidades
protestantes bautistas, especialmente las de Campo Alegre y de Betânia,
totalizando cerca de cuatro mil individuos, y otro tanto de católicos, un
cierto número de ellos de Belém do Solimões.
La mayoría
de las personas que adhirieron a la Hermandad de Santa Cruz se impresionó con
los prodigios atribuidos al Padre Santo de los cuales se enteraron antes de su
llegada al alto Solimões. Mencionaremos algunos ejemplos, al respecto.
Los habitantes de un poblado habían ridiculizado y expulsado al Hermano José,
por lo cual este anunció que vendría un castigo del cielo, inmediatamente una
fuerte tempestad barrió las casas y las plantaciones provocando la muerte
de personas y animales. También murieron animales y seres humanos en otro
poblado por culpa de un periodo de falta de lluvias anunciado por el Hermano
José, dado que sus habitantes le habían negado agua para saciar su sed. En otra
ocasión, se rehusó a aceptar una gallina que alguien le ofrecía señalando:
“devuelve la gallina a su dueño, tu la robaste”. Lo mencionado fue confirmado,
agregan los informantes. Se relata también que el Hermano José le dijo a una
señora: “no te me acerques, me estás quemando”. “La mujer había asesinado a su
hijo”, agregan los miembros de la Hermandad. Además, se comentaba que el Padre
Santo poseía estigmas, que no se alimentaba y que no necesitaba dormir.
Más allá de
los prodigios atribuidos al fundador cuando comenzara su misión en la región
brasileña, es necesario agregar que el escenario formado por la caravana
mesiánica cuando tuvo lugar su peregrinación en el área, contribuyó enormemente
para que fuese reconocida su gracia carismática. En efecto, el espectáculo
fluvial que se desarrolló a partir de mayo de 1972 fue triunfal: casi mil
personas, contando brasileños, peruanos, indios y no indios, sobre canoas y
barcos, todos cantando y rezando en voz alta. Todos acompañados por un hombre flaco,
de larga barba, vestido con una bata y cargando una Biblia y una cruz; el
cortejo formaba una verdadera procesión fluvial.
El carácter
grandioso del espectáculo, asociado a la semejanza del Hermano José con las
imágenes que los indios veían y poseían de Cristo causó un profundo impacto
psicológico en los habitantes de la región, principalmente entre los ticuna. La
prédica de José da Cruz, marcadamente escatológica, también los impresionó dado
que eran sumamente sensibles a ese tema dada su tradición mesiánica. El Hermano
José anunciaba la proximidad del fin de los tiempos, invitaba a que todos se
despertasen del sueño espiritual mientras hubiese tiempo y también instigaba a
los indios a vivir en comunidades, alrededor de las cruces, donde encontrarían la
salvación.
De esta
manera, el fundador de la Hermandad de Santa Cruz, luego de partir de su ciudad
natal (Cristina, Minas Gerais) en 1962 y peregrinan por varias ciudades
brasileñas y varios países sudamericanos, llegó en 1972 al canal del río
Solimões. Luego de un año de peregrinación por villas y poblados de la región
–en las cuales siempre erigía una cruz de alrededor de cinco metros de altura
en la que celebraba culto y recibía a los enfermos-, arribó al río Içá.
Se instaló
en el medio de la selva, en una de las márgenes del riacho Juí, pequeño
afluente del Içá, en un lugar que denominó Lago Cruzador, a una distancia de
aproximadamente 250 kilómetros de la mayoría de los poblados de sus seguidores.
Nunca dejó ese lugar. Pensaba edificar allí la sede espiritual de su Hermandad
y desde allí dirigía a sus fieles.
Fue en ese
lugar que murió el día 23 de junio de 1982, a la edad de 69 años. Antes de
fallecer, tuvo el cuidado de legitimar a su sucesor, un descendiente de los
indios cambeba, denominado nombre es Valter Neves. Al asumir sus funciones, el
elegido nominó para la Hermandad una nueva dirección administrativa y encabezó
el proyecto del fundador en el sentido de construir la Villa Espiritual de la
Hermandad de Santa Cruz.
Las cruces
benditas y/o erigidas por el fundador de la Hermandad –o por sus emisarios-
dieron origen ya sea a una nueva dinámica social en los poblados existentes, ya
sea la creación de nuevos villorrios, donde sus habitantes intentan vivir de
acuerdo a la doctrina de ese movimiento religioso. La comunidad más importante
es, sin duda alguna, la que fuera morada del Hermano José y en donde se comenzó
a edificar la sede de la Hermandad. Es allí donde su sucesor, sus discípulos y
fieles continúan la construcción del sitio denominado Vila Alterosa de Jesus.
Aún en la
actualidad existen adeptos al mencionado movimiento entre los indios ticuna.
Organización
social
La sociedad
ticuna está dividida en mitades exogámicas (sólo se pueden casar con un miembro
de la otra mitad) no nominadas, cada una compuesta por clanes. Estos grupos
clánicos patrilineales (esto implica que la pertenencia al clan es transmitida
de padre a hijo) son reconocidos por un nombre genérico para todos: kï´a.
En portugués, los tikuna lo traducen como nación.

El conjunto de clanes o naciones identificadas por nombres de aves forma una mitad, mientras que las demás, identificadas por nombres de plantas, forman la otra. Inclusive los clanes Onza y Hormiga (ver cuadro a continuación), un mamífero y un insecto, están asociados a la mitad “planta” por razones descriptas en la mitología ticuna.
La condición
de miembro de un clan le confiere a un individuo una posición social, sin la
cual no sería reconocido como ticuna. Cada clan ticuna está constituido por
otras unidades, o subclanes. En este sistema social, cada individuo pertenece
simultánea y necesariamente a varias unidades sociales (mitad exogámica, clan y
subclan), toda vez que ellas están constituidas las unas con las otras.
Adaptado y
parcialmente reproducido de Povos indígenas do Brasil, ISA
Referencia:
https://pib.socioambiental.org/es/Povo:Ticuna


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