La etnia pataxo, una importante nación de la franja costera del sur de Bahía defiende su identidad
Los pataxós son un pueblo indígena brasileño de lengua de la familia maxakali, del tronco macro-gê. A pesar de expresarse en portugués, algunos grupos conservan su idioma original, el maxakali Idioma (o patxôhã). Se estima que originalmente (antes del siglo XVI) los pataxo tenían una población superior a las 100,000. Luego de la invasión portuguesa su número disminuyó considerablemente. Con todo, en 2010, los pataxos totalizaban todavía 11.833 personas, según datos de la Fundación Nacional de Salud. En la actualidad su nùmero se estima en algo más de 15,000.
Los pataxós son un pueblo indígena brasileño de lengua de la familia maxakali, del tronco macro-gê. A pesar de expresarse en portugués, algunos grupos conservan su idioma original, el maxakali Idioma (o patxôhã). Se estima que originalmente (antes del siglo XVI) los pataxo tenían una población superior a las 100,000. Luego de la invasión portuguesa su número disminuyó considerablemente. Con todo, en 2010, los pataxos totalizaban todavía 11.833 personas, según datos de la Fundación Nacional de Salud. En la actualidad su nùmero se estima en algo más de 15,000.
Viven en su
mayoría en el Territorio Indígena Barra Velha del Monte Pascoal, al sur del
municipio de Porto Seguro en el sur del estado de Bahía, a menos de un kilómetro de la costa, entre las desembocaduras de los ríos Caraíva y Corumbau. El territorio entre estos dos ríos,
el mar al este y el Monte Pascoal al oeste es reconocido por los pataxós como
sus tierras tradicionales, que abarcan un área de 20 000
hectáreas.
Hay otros cinco núcleos de población:
- Territorio Indígena Imbiriba, cerca de la
desembocadura del río de los Hermanos, a veinte kilómetros al norte de Barra
Velha. Es el territorio más antiguo;
-
Territorio Indígena Corona Roja, ocupado más
recientemente, estimulada por el flujo turístico, donde se desarrollan
actividades artesanales. Este último poblamiento está al margen de la carretera
que une Porto Seguro a Santa Cruz de Cabrália.
-
Territorio Indígena Aldea Vieja, en el municipio
de Porto Seguro, al norte del distrito de Arraial da Ajuda.
-
Territorio Indígena Mata Medonha, al norte del
municipio de Santa Cruz Cabrália.
-
Territorio Indígena Comexatiba, también conocida
como Cahy / Pequi, en el municipio del Prado, inmediatamente al sur de la TI
Barra Vieja del Monte Pascoal.
-
Territorio Indígena Barra Velha, ubicada en la
ciudad de Caraíva, sur de Bahía.
Los pataxó
viven en diversas aldeas en el extremo sur del Estado de Bahía y norte de Minas
Gerais.
Pataxó es la auto-denominación utilizada por ese pueblo. Quiere decir “agua de lluvia golpeando en la tierra, en las piedras, y se va hacia el río y el mar” Kanátyo Pataxó, Txopai e Itôhâ, 1997.
En la actualidad los pataxó se esfuerzan para avivar su lengua pathahura y los rituales "de los antiguos" como el Awê.
El pueblo pataxó entró en contacto con los colonizadores desde el siglo XVI y muchas veces se vieron obligados a ocultar sus costumbres.
Pataxó es la auto-denominación utilizada por ese pueblo. Quiere decir “agua de lluvia golpeando en la tierra, en las piedras, y se va hacia el río y el mar” Kanátyo Pataxó, Txopai e Itôhâ, 1997.
En la actualidad los pataxó se esfuerzan para avivar su lengua pathahura y los rituales "de los antiguos" como el Awê.
El pueblo pataxó entró en contacto con los colonizadores desde el siglo XVI y muchas veces se vieron obligados a ocultar sus costumbres.
En 1577, se
les menciona en las inmediaciones del Río Doce, "junto con otras naciones
tapuias, como, Apuraris y Puris".
Este
registro es especialmente relevante en la medida en que constituye la primera
referencia precisa a la presencia de los indios Pataxó en el ámbito geográfico
de su distribución tradicional, (entre la margen norte del S. Mateus y el Río
de Porto Seguro).
Estas
comuniddes corresponderían a los Pataxó meridionales, mientras que el ámbito de
dispersión de los Pataxó septentrionales (actualmente denominados Pataxó
propiamente dichos) se circunscribía al
área abarcada por los ríos Pardo y Río de Cuentas.
El príncipe
Maximiliano de Wied-Neuwied señaló la existencia de similitudes culturales
entre los Pataxó y los Maxacali, tales como el uso de bolsas colgadas; el
prepucio atado con un cipó; el pequeño orificio en el labio inferior, donde, a
veces, usaban un pedacito de bambú; el pelo tosco; la construcción similar de
las chozas; y el uso de cauim (bebida fermentada de mandioca) (1958, p.
276-277). Es importante, sin embargo, recordar que, además del hecho de ser
esas características muy ampliamente compartidas por las tribus de la costa
oriental, como este autor señaló, otras tantas pueden ser derivadas de mutuos
préstamos en los contextos de interacción,
La Lengua
El Pataxó es
una lengua del tronco Macro-Jê y de la familia lingüística Maxakalí.
En sentido
estricto, la lengua indígena ya no se habla, en las aldeas pataxó, la
comunicación se efectua mezclando portugués con palabras del lenguaje indígena.
Sin embargo, un gran esfuerzo está siendo desarrollado para la reconstrucción
del Patxohã - "Lengua de Guerrero" (Bomfim, 2012) - a partir del
vocabulario registrado por cronistas y viajeros. El Grupo de Investigadores pataxó,
que desde 1998 se dedica al estudio de la lengua, refiere al "proceso de
reanudación de la lengua pataxó", del que han participado todas las
generaciones, entendiéndolo como el proceso dinámico y colectivo, experimentado
por esa lengua en el mismo, de la historia y de la vida de su pueblo (Bomfim,
2012, página 11). En el siglo XVIII, en el siglo XVIII, en el siglo XVIII, en
el siglo XVIII, en el siglo XVIII, Los jóvenes profesores pataxos reconocen,
igualmente, el pionerismo del líder pataxo Kanatyo, que siempre ha mostrado
gran interés por los conocimientos de los más viejos, así como por la
elaboración de cantos con vocablos de la lengua indígena.
La primera
escuela fundada en Barra Velha, en 1978, por la Funai, contribuyó fuertemente a
estimular su interés (Bomfim, 2012: 59). La enseñanza de Patxohã no se
restringe al léxico de la lengua, pero comprende un amplio conjunto de
informaciones, tales como danzas y canciones indígenas; los procesos históricos
vivenciados por los pueblos indígenas, particularmente aquellos establecidos en
el extremo sur de Bahía; y la identidad indígena en el presente.
La clasificaciòn
En 1938,
Curt Nimuendajú, durante su viaje a la zona comprendida entre el río de Contas
y el río Doce, llamó la atención del Servicio de Protección a los Indios (SPI) acerca
de una agrupación indígena que vivía fuera de su radio de acción. Se trataba de
los maxakalí establecidos en las fuentes del río Itanhaém (río de Alcobaça),
Minas Gerais, junto a la frontera oriental con el Estado de Bahía (Nimuendajú,
1958, 53). El autor enfatiza que el idioma de los maxakalí es muy parecido a
las lenguas habladas por los macuni,
copoxó, cumanaxó,
pañame y monoxó, y que presenta "alguna semejanza con el pataxó y el malali".
En el grupo lingüístico de los goytacás, admitiendo un parentesco con el grupo Ge,
afirma que von Martius reunió las lenguas habladas por estos grupos y algunos
otros en el grupo lingüístico de los goytacás.
Von den
Steinen incluyó en el grupo goytacá sólo las lenguas habladas por los maxakalí,
macuni, capaxó, cumanaxó y pañame y, a reserva, por los pataxó, que sería una
subdivisión del grupo Ge. Ehrenreich, Rivet y P. Schmidt conservaron esta
clasificación.
En 1931, el
checo C. Loukotka reexaminó los escasos vocabularios existentes y llegó a la
conclusión de que esas lenguas, excluida el Pataxó, forman una familia
lingüística completamente independiente de la familia Jê (Loukotka, 1939).
En 1971, el
coronel Antônio Medeiros de Azevedo cedió al antropólogo Pedro Agustín una
lista de 71 vocablos pataxó que recogió mientras comandaba la tropa que, en
1936, sometió el Puesto Paraguasu, en el sur de Bahía. Agustín reunió, a su vez,
un vocabulario con 120 formas durante su trabajo de campo entre los Pataxó de
Barra Velha, en el extremo sur bahiano, en diciembre de 1971. Copias de la
lista de Azevedo, de los cuestionarios (cuestionario estándar del Museo
Nacional para estudios comparación preliminar de las lenguas indígenas de
Brasil, y dialectológico carácter, para la comprobación de las características
del portugués hablados por los indios) que Agustín aplicada y su grabación en
cinta magnética fueron enviados a la lingüista Aryon Dall`Igna Rodrigues, a
continuación, en lingüística Museo Sector Nacional / UFRJ, para fines
comparativos (Agustín, 1972, p.7). Rodrigues examinó ese material y concluyó
que se trataba de una lengua de la familia Maxakalí.
Hubo informantes
indígenas que fueron fuentes de información.
Vicente Ferreira / Tururim de 30 años, proporcionó algunos datos en 1971
y se limita a palabras aisladas, por lo general los sustantivos, y más
raramente tomando en cuenta que la referencia era de la gramática portuguesa, verbos
y adjetivos; y Vicentina Ferreira, aproximadamente de 45 años de edad, que se
desplazó del pueblo Come-que-Lleva a Barra Velha por primera vez tras el
"fuego de 1951". Sólo fue capaz de responder al cuestionario en el
aislamiento de la pequeña capilla ya medida que adquirió mayor confianza en el
investigador. Se acordó también, sobre todo, de sustantivos aislados y, al
final, estableció un breve diálogo con el investigador Pedro Agustín,
llevándolo a suponer que el resultado formal fuera muy inferior a su aparente
real capacidad de hablar la lengua, aunque recurriendo a reducido vocabulari. (Agustín,
1972: 81).
A finales de
los años 1990, durante la investigación de campo en Comuruxatiba, María Rosário
de Carvalho tomó conocimiento, a través de Zabelê, que Vicentina, Tururim y
otros se habían desplazado, años antes, a la aldea maxakalí de Agua Boa, en el
municipio de Santa Helena de Minas, al noreste de Minas Gerais, donde
permanecieron cerca de un mes. En la época de dicho viaje, Zabelê, con cerca de
diez años de edad, vivía con sus padres en Barra Velha. En el caso de los
mineros, que se encontraban en el Arraial Nuestra Señora de Ayuda, en romería,
para visitar a los parientes maxakalí, fueron invitados por un minero que
pasaba en el Arraial Nossa Senhora D'Ajuda, en romería, para visitar a los
parientes maxakalí, la invitación rápidamente aceptada.
Es
importante considerar, a la luz de las relaciones históricas existentes entre
los pataxó y los maxakalí, que esa visita no fue imotivada, así como no lo
habría sido la presencia de una familia maxakalí en el Parque del Monte
Pascoal, poco después de su reanudación por los pataxó, en agosto de 1999. Al
final, la tradición oral pataxó se refiere recurrentemente a la presencia de
indios bravos de Minas Gerais que, de tiempo en tiempo, pasaban por el río del
Prado y alcanzaban la antigua aldea de Bom Jardim / Barra Velha, para
intercambiar con los más viejos, en la playa, caza de pescado. Este flujo se
interrumpió, muy probablemente, debido a la deforestación que ocurrió en la
región, y que ahuyentó a los Maxakalí. "Los bravos cogían las cacerías,
las mujeres (las tapuias), venía a cambiar con las otras de aquí, con harina,
besándose, coco, cauim, y volvía a su tienda" (Carvalho, 1977: 93-94).
Fue durante
esa visita de un mes que Zabelê y los demás recordaron vocablos de la lengua
maxakalí. "Ella afirmaba - falleció el 4 de julio de 2012-- haber
aprendido palabras en la lengua Pataxó con su padre, Emilio Ferreira, antes del
aludido viaje:" antes de ir allá yo sabía, ahora cuando traé las de allá
[fue que entero más las de acá, que aumentó más "(Bomfín, 2012, 49). De su
aseveración se puede deducir que ella parecía considerar estar delante de una
sola lengua, cuyos vocablos se completaban sin dificultades.
"La
lengua de los guerreros, el patxoha"
Actualmente
se pone gran esfuerzo para ampliar el repertorio de vocablos hablados y
recuperar la sintaxis por medio de investigaciones realizadas por profesores y
estudiantes universitarios de las diversas comunidades pataxós. Se trata de un
proceso complejo de reconstrucción, en el que los jóvenes, sobre todo, han
gastado mucho tiempo y empeño. En el caso de la aldea de Corona Roja, que posee
la mayor de todas las escuelas pataxó, la lengua patxohã se ha convertido en disciplina
del pueblo, enseñanza básica en 2003 y de la enseñanza media en 2007.
Anari Braz
Bomfim afirma que al presentar a los profesores maxakali (patxohã) el material
lingüístico Pataxó recogido por el Príncipe Maximiliano de Wied-Neuwied, ellos
lo reconocieron, mayoritariamente, aunque al compararlo con el vocabulario maxakali
también recogido por el mismo viajero, subrayó la presencia de vocablos
diferentes. Además, una profesora manifestó viva impresión cuando identificó
términos constantes del vocabulario pataxó aún usados en los cantos rituales
maxakali (Bomfim, 2012: 47-48).
En la tabla
1.13 del Censo Demográfico 2010 (personas
indígenas de 5 años o más de edad, residentes en tierras indígenas) – hay un
registro de hablantes de la lengua Pataxó para 772 individuos, de los cuales
394 hombres y 378 mujeres y 836 personas que residen fuera de las tierras
indígenas (IBGE, 2012).
Los datos
del SIASI registran, para 2010, 11.436 habitantes (5.839 hombres y 5.597
mujeres) distribuidos en 19 aldeas pataxo: Barra Velha, Aldea Velha, Boca da Mata, Medio
de Mata, Imbiriba, ubicadas en Porto Seguro; De pie del Monte, Trébol del
Parque, Guaxuma, Corumbauzinho y Aldea Nova, establecidas en Itamaraju; Corona
Roja y Mata Medonha, en Santa Cruz de Cabrália; y, por fin, Aguas Belas,
Craveiro, Tauá, Tíbet, Córrego del Oro, Cahy y Alegría Nova en el Prado.
De acuerdo a
los datos de población rural de los cuatro municipios del estado de Bahìa mencionados se concluye
que de los 50,000 habitantes, 10,000 corresponden a la etnia pataxo.
En el estado
de Minas Gerais, por el contrario, en los municipios de Carmésia, Itapecerica y
Araçauaí se registran 349 pataxos que representan el 1,9% de la población rural.
Los pataxó
viven en el extremo sur del Estado de Bahía, en 36 aldeas distribuidas en seis
Territorios Indígenas - Aguas Belas, Aldea Velha, Barra Velha, Imbiriba, Corona
Roja y Mata Medonha - situadas en los municipios de Santa Cruz Cabrália, Porto
Seguro, Itamaraju y Prado.
En el estado
de Minas Gerais, los pataxó viven en siete comunidades, de las cuales cuatro -
Sede, Imbiruçu, Retirinho y Alto de las Poses - están ubicadas en el Territorio
Indígena Fazenda Guaraní, municipio de Carmésia; Muán Mimatxí, en un inmueble
cedido a la Funai por el Servicio de Patrimonio de la Unión, en el municipio de
Itapecerica; Jundiba / Cinta Roja, en el municipio de Araçuaí y también
habitada por los Pankararu; y Jeru Tukumâ, en Açucena
Las
comunidades de Minas Gerais se formaron indirectamente a partir de los
episodios del "Incendio de 51" y de la creación del Parque Nacional
del Monte Pascual (PNMP), así como, posteriormente, del "reconocimiento"
de los pataxó por la Funai, en 1971, lo que los habría atraído hacia este
estado, donde ya había una representación del órgano que podría prestarles
asistencia (informaciones cedidas por José Augusto Laranjeiras Sampaio).
En julio de
2010, grupos pataxó de TI Hacienda Guaraní ocuparon áreas de dos Unidades de
Conservación: el Parque Estadual del Río Corriente, en el municipio de Açucena,
y el Parque Estadual Serra da Candonga, en el municipio de Dores de Guanhães.
Según los líderes indígenas, los comicios por la creación de nuevas tierras
indígenas pretenden compensar las situaciones de insuficiencia territorial y
escasez de recursos naturales a los que las poblaciones indígenas están
sometidas.
Los
registros históricos demuestran que la presencia de los Pataxó en la región
entre el río de Porto Seguro y la margen norte del río São Mateus, en el actual
estado del Espíritu Santo, se remonta al siglo 16. En ese momento el pataxó ya
eran el blanco de la hostilidad y la privación de los colonos, como lo fueron
constantes conflictos con otros pueblos indígenas, muchos de los cuales
planteadas por los portugueses, quienes establecieron alianzas con algunos de
ellos, a cambio de herramientas para Indispo y los contra los Pataxó y
Botocudo, considerados los más recalcitrantes. Grupos aparentemente aliado al
portugués también se han beneficiado de esta situación, ya que, por las
promesas de la paz y la conversión al cristianismo, que se utilizan para
atribuir a los Pataxó y Botocudo "todas las hostilidades y
carnicerías" (Trimensal Revista de Historia y Geografía, 1846).
En 1757, el
Directorio Pombalino - un conjunto de medidas que pretendían, formalmente,
preparar a los nativos para gobernar sus aldeas - les impuso una severa
disciplina. La comarca de Porto Seguro estuvo, entre 1767 y 1777, bajo la
dirección del oidor general José Xavier Machado Monteiro, que no disimulaba su
desaprobación por la presencia de indígenas que consideraba "de los más
torpes y ociosos de Brasil ". Él combatió el uso de las lenguas indígenas
y la supuesta ociosidad de los jefes de familia, al mismo tiempo que les
retiraba a los hijos varones, para emplearlos en oficios, y distribuía a las
niñas "por las casas de mujeres blancas y honestas". El objetivo era,
pues, "civilizarlos" mediante la adquisición de nuevas costumbres y
una nueva lengua, transmitida en las escuelas públicas a partir de los cinco
años. Las familias indígenas eran, pues, deshechas, sin ninguna preocupación
por sus intereses y sentimientos (Revista del Instituto Histórico Geográfico de
Bahía, 1968).
En la segunda
mitad del siglo 18, hay noticias de la existencia de 12 aldeas de "indios
bravos", ubicadas en el entorno del Monte Pascoal. El cronista Luis de los
Santos Vilhena recomendó, en la época, la conservación y el aumento de la villa
del Prado, teniendo en cuenta su relativa proximidad de las referidas aldeas y
la necesidad de favorecer la producción de su "fertilísimo terreno" y
servir al mismo tiempo la barrera y el obstáculo a sus habitantes, los
"bárbaros Pataxó que infestan toda la gran comarca de Porto Seguro"
(Vilhena, 1969: 535).
La
información de Vilhena fue corroborada y complementada por el padre jesuíta
Cypriano Lobato Mendes, que actuó en una de las Misiones de Indios, no
identificada, de la comarca de Porto Seguro, y envió, en julio de 1788, una
representación a D. Pedro II en la cual que reclama mayor atención para la
comarca, que consideraba ser la tierra más fértil y más rica de las que conocía
en Brasil, donde se encontraban, en abundancia, las maderas más preciosas del
país. "Mendes se refiere, además, a una celebrada Lagoa Dorada," en
las viserías del monte Paschoal, [en cuyas] pañales he que dicen está situado
en sus aldêas el gentil Pathaxó, que salen muchas veces a la playa a la
pesquería de tortugas (.. .) ". (Consejo Ultramarino Brasil, 1788). Esta
laguna sigue siendo un punto de referencia importante para los Pataxó.
Esta zona
albergaba, un siglo y medio después, el Parque Nacional del Monte Pascoal,
recuperado en 1999 por los Pataxó. En su entorno se distribuían, como
actualmente, más de diez aldeas, cuya población se alternaba anualmente entre
los ecosistemas de playa y mata para suplir su dieta alimentaria basada en la
harina de mandioca, peces y / o crustáceos y moluscos .
En 1808, el
Príncipe Regente D. João, recién llegado a Brasil, determinó al desembargador
Luiz Thomaz de Navarro que realizara viaje por tierra de Bahía a Río de
Janeiro, para el reconocimiento de la región. Al describir la punta del
Corumbau, cerca del Monte Pascoal, el desembargador observó que, en la parte
sur, todavía se conservaban cañeros de formidable grandeza, dejados por los
indios que en este lugar estuvieron aldeados y que fueron removidos por el
Ministro José Xavier Machado para la villa del, Prado (probablemente en 1767,
oa partir de esa fecha, cuando la Vila do Prado fue creada por el 1º. Oidor de
Porto Seguro) (Revista Trimensal de Historia y Geografía, 1846). A la época del
paso de Navarro esa villa se encontraba en gran decadencia, demográfica y
económica, lo que hacía sin efecto la justificación utilizada para su
transferencia, es decir, "si se aprobasen de mejor commercio y se civilizar".
Vale notar
que otros grupos pataxós se mantenían, sin embargo, sin contacto o en contacto
intermitente con los no indígenas, incluso en el entorno del Prado. El
desembargador encontró en la playa denominada Tauape un grupo pataxó no
sedentario, hecho que le obligó a permanecer en vigilia toda la noche:
"dividiendo a la gente en tres partes para gritar hasta el romper del alva
para resistir al gentil pataxó, por haber aparecido rastro d "(...), y ser
gentilmente muy atrevido y valiente, que no tiene domicillio cierto, anda
errante, viviendo de la pesca, caza, y hurtos" (Revista TrimTrimensal de
Historia y Geografía, 1846, p. 442).
A partir de
1810 crecieron las expectativas en relación a la fijación de los pataxó en
aldeas. El nuevo Ovidor, José Marcellino da Cunha, creía estar logrando
"traer a la paz casi toda la gentilidad, principalmente el Patacho",
como consecuencia de la construcción de varios destacamentos (Cerqueira e
Silva, 1931, p.66). Distinguidos grupos se desplazaban y sorprendían a los
visitantes, que en general interpretaban sus incursiones co expresiones
amistosas de deseo de contacto más regular.
En el pueblo
de Crememuán (hoy denominada Caraíva), otras veces en la aldea de Comuruxatiba,
destinada por el Oidor como residencia para el inglés Charles Frazer. En el
caso de que se trate de una persona que no sea de su familia o de su familia,
la persona que se encuentre en el lugar de trabajo.
En la década
de 1820 llegó a Brasil el príncipe Maximiliano de Wied-Neuwied que, por
producir registros detallados y nuevos sobre los Pataxó de la región costera,
se convirtió en una de las mejores fuentes sobre el tema. En los bosques
cercanos a Mucuri, también frecuentados por "otras ramificaciones de los
tapuias" - tales como los Capuchos, Cumanachos, Machacalis y Panhamis - y
los Maconis, Malalis, entre otros, ya en los límites de Minas Gerais (Wied-Neuwied,
1958, p. 187).
Las cuatro
primeras "ramificaciones tapuias" estaban, en 1815, aliadas a los
Pataxó para combatir los Botocudo, más numerosos. Esta alianza habría sido
facilitada por supuestas semejanzas culturales y lingüísticas que habrían
estimulado una "estrecha afinidad" y una distribución espacial más o
menos compartida. Los Pataxó estarían establecidos, en la época, al margen del
río Mucuri, mientras otros pueblos estarían más al norte, junto al río
Belmonte, donde también vivían los Botocudo (Wied-Neuwied, 1958, 187).
Puerto
seguro. Almirante Gago Coutinho y comitiva, con indios Pataxó, en 1939. Foto
tomada del libro "Bajo los cielos de Porto Seguro
Puerto
seguro. Almirante Gago Coutinho y comitiva, con indios Pataxó, en 1939. Foto
tomada del libro "Bajo los cielos de Porto Seguro
La
descripción hecha por Wied-Neuwied del grupo con el que se encontró y realizó
intercambios en la villa del Prado, demuestra que se trataba de un contacto
amistoso de un grupo de hombres llegados al lugar pocos días antes, oriundo de
los bosques, portando arcos y flechas y transportando bolas de cera. Su
objetivo era intercambiar productos del bosque por bienes producidos por los no
indios, tales como cuchillos y paños rojos, que obtuvieron del príncipe. Su
presencia, al suscitar más interés de lo que temo, indica que sus visitas se
habían vuelto más usuales desde 1813, por medio de la mediación de un grupo
maxakalí en contacto hace más tiempo (Wied-Neuwied, 1958, p. 214).
En 1857, hay
informaciones acerca de una pretendida transferencia de los indios de la villa
del Prado a la aldea vecina, Alcobaça, lo que provocó reacciones contrarias del
subdelegado de policía del Prado y alegación de no recepción de instrucciones
por parte del Director General de Indios. Cuatro años después, en 1861, el
asunto fue retomado por medio de una referencia explícita a la creación, o
reestablección, de una aldea en el río Corumbau, en la villa del Prado, por el
vicario capitular Rodrigo Ignacio de Souza Meneses. En correspondencia enviada
a la Presidencia de la Provincia, él afirmó ser de extrema necesidad la
creación de una aldea en el río Corumbau, donde, "en los bravos contiguos
[...] existían cientos de familias que ora estaban en las brenas y ora en Vila
do Prado, sin carácter alguno hostil pero persistentes en sus costumbres
selváticas, y su fertilidad y proporciones para el establecimiento de grandes
haciendas (Pinto, 1861, p. 36). Estos indios iban siempre a pescar en el río
Corumbau, atraídos por el pescado que allí abundaba y por los mariscos. Armaban
sus ranchos mientras allí permanecían para pescar y salar el pescado, y luego
transportarlo a la mata, donde vivían en la otra parte del año. Las tierras del
Corumbau eran, entonces, casi todas las devoluciones.
La
recomendación del vicario capitular fue fácilmente aceptada. Al hablar a la
Asamblea Provincial, el 1 de marzo de 1861, Antonio da Costa Pinto, Presidente
de la Provincia, trató de la creación de una aldea indígena en el río Corumbau.
La aldea
mencionada no es otra que la aldea de Barra Velha, tradicionalmente denominada
Buen Jardín y referida por los Pataxó, hoy, muy sugestivamente como
aldea-madre. En el siglo XVIII, en el siglo XVIII, en el siglo XVIII, en el
siglo XVIII, en el siglo XVIII, , concluyó que la desembocadura del río
Corumbau quedaba en frente del sitio donde, actualmente, se ubica la aldea
Barra Velha. Esta fue posteriormente desplazada más hacia el sur, justificando
la denominación de la aldea como Barra Velha. Por lo tanto, parece
incuestionable afirmar que Barra Vieja y la aldea creada a partir de 1767, y
nuevamente creada en 1861, son sólo una, lo que le da una existencia de casi
dos siglos y medio (245 años).
En 1949 el
capitán pataxó Honorio Borges se desplazó a Río de Janeiro con el propósito de
pedir providencias al Servicio de Protección a los Indios (SPI) contra la
invasión de la tierra indígena. Según su hijo Severiano, que lo acompañó y era,
en la época, aún niño, Honorio estuvo con el Mariscal Rondon y obtuvo de él la
promesa de que algo se haría por su gente (Agustín, 1972: 62)
De regreso a
Bahía, dos hombres que el capitán Honorio Borges conoció en Río de Janeiro
(genéricamente designados teniente e ingeniero) lideraron, según las
evidencias, un asalto a un comerciante del pueblo de Corumbau. El asalto
desencadenó revueltas que culminaron en lo que es localmente referido como el 'Incendio
de 1951'.
El motín, en
el que participaron los pataxó de la Aldea de Barra Velha, resultó en violenta
represión por destacamentos policiales de Porto Seguro y Prado, en la muerte de
un indio y de los dos líderes no indígenas, en la cárcel de 38 indios, capitán
Honorio Borges, y en el incendio de la Aldea de Barra Velha, lo que provocó la
dispersión de los demás, en desesperación.
El 11 de
junio de 1951, el comandante de las tropas, Mayor PM Arsenio Alves, declaró que
el levantamiento fuera político y comunista y que en Barra Velha había
encontrado listas de direcciones de militantes de Bahía y otros estados (A
Tarde, 11/06 / 1951). En lo que concierne al incendio de la aldea, él afirmó
haber sido una medida sanitaria, aconsejada por el médico de la fuerza
policial, una vez que en el interior de las casas había, pudriendo, "...
bueyes abatidos dos días antes ... (La Tarde, 06.11.1951).
Después de
cierto tiempo los fugitivos regresaron, gradualmente. Pedro Agustín, al
examinar fotos aéreas de 1957, registró cuatro casas claramente visibles en el
sitio de la Aldea y, muy cerca de allí, dos claros recientes que él supuso
abiertas para los campesinos (Agustín, 1972: 68). Honorio Borges ya no regresó,
habiendo fallecido en Canavieiras, donde se instaló después de salir de la
cárcel.
El status de
aldea no coincide necesariamente con la regularización agraria de la tierra y
generalmente está relacionado a la organización sociopolítica, tal como la
designación de un cacique propio. Pero otros elementos también son significativos,
a ejemplo del establecimiento de escuelas en las comunidades, tal como
enunciado por el cacique de Barra Velha, en 2006, para diferenciar
"retomada" de "aldea": "es pueblo cuando tiene
escuela" (Miranda, 2009, 34).
Intentar
establecer el orden de antigüedad de las aldeas puede generar equívocos, pues
viejas aldeas pueden haber sido invadidas y sólo más recientemente reubicadas.
El viejo paje de Boca da Mata, Manuel Santana, cuya memoria y capacidad de
observación son dignas de destaque, afirma, con mucha convicción, que la aldea
Calavera, entre los ríos Corumbau y Jibura, no es más antigua que la aldea
Imbiriba. Acogida tal afirmación, tendríamos que revisar la posición con
respecto a la aldea Barra Velha, cuyas evidencias históricas indican haber sido
creada en 1861 y que ha sido considerada, por los antropólogos y por los
Pataxó, como su más antiguo establecimiento.
Cada aldea
tiene un líder, denominado cacique, que constituye un portavoz externo y un
articulador interno. Las razones variadas pueden dar lugar a que alguien, en
general del sexo masculino, se convierta en un cacique, raramente prevaleciendo
mecanismos de sucesión por herencia o prerrogativa de una familia, como ocurre
en Barra Velha, donde los Ferreira fueron los primeros caciques - Machadinho,
João Vicente y Marcelo - y los primeros en regresar a la aldea tras el
"fuego de 1951". Los primeros retornados habrían sido Epifanio
Ferreira, elevado a la condición de cacique / capitán, y su hija Josefa, una
especie de alter ego del padre. Gabriele Grossi demuestra la concentración del
poder político en Barra Velha en el interior de la familia Ferreira (2004).
El número
significativo de aldeas pataxós en la actualidad se debe al proceso de
reanudación de parcelas del territorio tradicional de las cuales los indios
fueron esbulados en distintos momentos históricos. Hay también, más
recientemente, ocurrencia de facciones de aldeas o grupos, que resultan, muy
probablemente, de una relación desproporcionada entre el número de personas y el
monto de recursos ambientales disponibles.
Los pataxó
se remiten, muy a menudo, a los Abatirás, "Baquirás" o
"Abaquirás" ya los Habiá. Los primeros están relacionados a la
Juacema o punta de Juacema, como es más conocido ese lugar, un tramo de la
costa de Porto Seguro donde los acantilados avanzan sobre el mar, ubicándose
entre los ríos del Frade y Caraíva, más cerca de este último. La primera
referencia que Carvalho registró sobre el tema fue en Barra Velha, en 1976,
período en que los Pataxó aún permanecían en gran aislamiento. Al tratar de
extraer informaciones sobre la "historia de los antiguos", ella oyó,
después de cierta resistencia, de Juan Nascimento, ya fallecido y reputado, en
la época, como relevante depositario de la tradición, "que allí base de
unos 03 días llegó a los indios, allí arrasó a Juacema. Estos indios eran de
arriba. Llegó los indios por tierra, por encima del terreno, con arco, y el
Baquirá por debajo del suelo ... Baquirá es indio bravo, bravo mismo. Creo que
ellos viven debajo del suelo que aún no han descubierto esa aldea. Cavaron un agujero,
tiene dos huracán ... uno cerca de la costa y otro allá arriba. "Creo que
nunca descubrieron esa aldea de indios, llaman Baquirá" (Carvalho, 2008:
17).
El mismo
informante declaró, al mismo tiempo, que los antiguos decían que ellos venían a
hacer guerra aquí afuera. Brigando de arco, era así que peleaban. "En
Juacema, el hijo del caboclo, del indio, cogió un bien-te-vi (indio de la
frontera de la costa mismo, Pataxó) y ese bien te vi hizo una guerra con ellos.
El hijo del civilizado golpeó al hijo del caboclo y tomó el bien-te-vi. Se
fueron a mata llamar a los demás y cuando vinieron, hicieron una guerra. Y los
demás, los Bauza, salieron debajo del terreno. Hicieron guerra y terminó con la
Juacema. Salieron debajo del suelo - tiene el agujero de donde salieron, los
Baquirá. Los antiguos contaban eso y prueba que aún hay allí los agujeros
"(Carvalho, 2008: 18).
La tradición
oral pataxó es reproducida por la tradición escrita de los viajeros, cronistas
e historiadores. El príncipe Maximiliano de Wied-Neuwied, en visita a la
región, a lo largo de los años 1816-1817, pasó por el lugar, descrito como una
llanura seca de campos, alcanzada después de recorrer altas y empinadas
ribanceras de arcilla y arenis, seguidas de una senda escarpada hasta la cima
de las barreras, después de lo que el visitante entra en Juacema. De acuerdo
con la tradición de los residentes locales registrados por el príncipe, fue en
los primeros días de la colonización portuguesa, un pueblo grande y poblada por
lo que llama, o Insuacome, que fue destruida por la guerra con un bárbaro y
antropófoga nación de Abaquirás o Abatirás. Para el príncipe, esa tradición se
basaría, indiscutiblemente, en las devastaciones causadas por los Aimorés o
Botocudos a la capitanía de Porto Seguro, cuando la invadieron en 1560, ocasión
en que también asolaron los establecimientos al margen del río Ilhéus, o S.
Jorge hasta que gobernador, Mem de Sá, los rechazó. (...) "(Wied-Neuwied,
1958, p.21).
Tanto los
Bakirá como los Habiá son seres vivos, siendo los segundos descritos por
aquellos que los ven y con ellos se comunican, como morenos, hablantes de la
lengua corriente, de tamaño normal y aspecto humano, y con la peculiaridad de
no comer sal. Hay, además, el somsim saperé, un hombre con la pierna enrollada
en la otra, lleno de herida. Es humano e invisible. Pero, al igual que los
humanos, los "bichos del bosque" encantan. Caipora, por ejemplo, es
una mujer, dueña de la creación del bosque. Se trata de un secreto ... porque
es encantada. Se comenta largamente que en el pie del monte "tiene un
animal de hombre, queda bajo el suelo". El boitatá es también un hombre
invisible, con fuego sobre la cabeza. El giburinha es también invisible, un hombre
pequeñito que, por el rastro, tiene unos centímetros. Pero le gusta la mujer y
las embarazadas. En Barra Vieja nacieron cuatro gibura hembras. Él ríe la
mangaba, caxandó, guaru, la mujer come ... cuando el niño no sale pequeño, sale
con diente, es producto del gibura. También tiene una calidad de negociación,
una gente de agua encantada, cuando presiona a una mujer, ella se sumerge
profundamente con él y tiene sexo. La piel es oscura, como de nutria, ariranha.
Matrimonio
Según
relatos de algunos de los indios más viejos registrados por María Rosário de
Carvalho en la aldea de Barra Velha, en la década de 1970, en el pasado, casaba
primo con primo para no acabar la nación, ahora es que ha modificado. [...]
Ellos cortaban palo, una tora de palo ... si el chico guiarse a coger aquella
tora de palo, estaba bien de casarse. Si la muchacha también guiara suspender,
estaba buena de casarse. Si en un guento, en un buen casamiento todavía. La
boda era con un pariente, con primo ... fuera no, todo era pariente ".
relativa".
La práctica
era entendida como un prerrequisito para la realización del matrimonio a medida
que probaba la capacidad física de los pretendientes en proveer necesidades
mutuas en situaciones de riesgo: cuando uno se enferma por la mata, un dolor o
sentido de un bicho, bota aquel hombre en la espalda y venía con él para
ranchería. Si ella se enfermara también por las matas, él tenía que traerla en
la espalda. Pues tenía que suspender el palo ".
En Corona
Roja, es común oír relatos de que, en tiempos pasados, cuando un muchacho se
interesaba por una muchacha, le arrojaba una piedrecita. En un nuevo encuentro,
si la muchacha deseaba corresponder al cortejo, retribuía, arrojando otra
piedrecita. Durante algún tiempo, los enamorados proseguían con el juego de piedritas,
hasta que el muchacho lanzara una flor, como señal de solicitud de matrimonio.
Este acto era seguido de una conversación entre la pareja y el cacique, que se
dirigía a los padres de la joven para formalizar la unión (Castro, 2008, pág.
123).
Juan
Nascimento relató a Carvalho, en 1976, que en su tiempo, el hombre interesado
pedía a la joven en matrimonio a su padre, marcaba el día para
"juntar", generalmente el sábado por la noche, "cantaba, hacía
aquella rueda". Además, para que hubiera la unión consensual, el muchacho
debería disponer de alguna fuente material que asegure la reproducción de la
pareja y de la futura prole: "teniendo donde comer, casaba", y un
refugio - kijemi - separado de las familias de orientación.
Los
"matrimonios de antiguamente" solían ser realizados en edad tierna.
Muchas mujeres decían, en los años 1970, haber casado "modernas /
pequeñas". De acuerdo con esa expresión, era el marido quien las
"creaba". "Él ya era hombre de mujer y yo niña. Yo era niña,
pero tenía cuerpo. En situaciones en que rumores eran suscitados por ciertas
relaciones afectivas - "el personal hablaba que él tenía bolido con
aquella muchacha" - la expectativa de todos era que los involucrados pasas
a vivir juntos. El intercurso sexual antes de la unión consensual se
caracterizaba como robo, siendo frecuentes los comentarios sobre robos entre
las aldeas.
Actualmente,
la práctica de cargar la tora ha sido recuperada en ceremonias realizadas en la
Reserva de la Jaqueira, en la Aldea Corona Roja. Así, algunas bodas religiosas,
tanto los contraídos en la Iglesia Católica, como en las innumerables iglesias
evangélicas establecidas en el entorno de la TI, son sucedidas por el ritual
indígena, en una gran fiesta que atrae indios y no indios. Además de cargar el peso
equivalente al de la novia, el novio debe mostrar habilidades con el arco y la
flecha. Después de estas pruebas de resistencia, acompañadas por la asistencia
con entusiasmo, el cacique conduce una ceremonia en la lengua pataxó, el
Patxohã (Castro, 2008, p. 123).
Ritual del
Awé
El ritual
del Awê es el único considerado "cosa de los antiguos". Es "algo
que siempre existió y que ni los abuelos de los viejos sabían decir cuando
comenzó [...]. Parece que cuando se hacía un Awê antiguamente era una sola
música / danza todo el tiempo. Pero hacer un Awê es una expresión que hoy [se]
refiere a contextos diferentes de fiestas [...] engloba un conjunto muy variado
de coreografías, cada uno con un sentido determinado "(Grunewald, 1999:
251) . El Awê requiere cauim y, eventualmente, aluá, una bebida fermentada de
granos de maíz molidos o cáscaras de frutas, como la piña, entre otras.
Por otro
lado, la existencia del Toré, entre los Pataxó, siempre fue negada: "El
Toré es del norte, no es nuestro". Algunos, a ejemplo del pajé Manoel
Santana, reaccionan, muy negativamente, a la posibilidad de admisión de esa
práctica, bajo el argumento de que "no puede copiar eso ahí, no, que no es
nuestro, cuando el personal del norte llegue, vamos a pasar vergüenza y no
puede cantar eso allí. Cada uno representa lo que es suyo. ¿Representar lo que
es de los demás? ".
Los rituales
indígenas, en el contexto etnográfico del Nordeste, tienen un fuerte acento
sobre su carácter privado, bajo la forma del "secreto". Es común,
pues, la referencia a un Toré pasible de ser compartido con asistentes no
indígenas, y otro, privado, cuya participación constituye una prerrogativa
exclusiva de los indios. El Awê de los Pataxó establecidos en el extremo sur
del sur parece enfatizar la expresión pública, al contrario de lo que ha sido
observado en relación al Toré, considerado por ellos como "de los indios
del Nordeste, más allá arriba". En el caso de la Corona Roja, en el
contexto público y en contextos íntimos y exclusivos, tales como en
conmemoraciones de reanudación de tierras o celebraciones en la Reserva de la
Jaqueira (Neves, 2012: 155).
Según el
relato de Grunewald, el líder Nelson Saracura cree que los indios de la Corona
Roja están "rescatando una ceremonia antepasada", pero que ese
rescate no puede ser mostrado al no indígena, "porque tiene que tener un
secreto d, partidos
Arsgwaksá
En agosto se
celebra, anualmente, el Arsgwaksá, la fiesta conmemorativa del aniversario del
Proyecto Jaqueira, cuando, simultáneamente, se vehicula la cultura Pataxó. Las
festividades incluyen presentación del Awê, pruebas físicas como carreras de
troncos y distintas modalidades de "representación pública de la india
Pataxó", tales como las bodas tradicionales, precedidas por una demostración
de fuerza física de los pretendientes masculinos, es decir, el transporte de
troncos de madera , las mismas utilizadas en competiciones en los juegos
indígenas (Neves, 20123, p. 166-167).
La
denominada Semana Santa era referida como ocasión para el uso de máscaras de
calabaza, cada una bajo una denominación. "Tenía un tal de Mandu, un bicho
de cabeza grande, caipora, buey ... Salía en la Semana Santa". Se trata,
aún hoy, de período en el transcurso del cual se manifiestan hábitos más
formales, tal como el trato con cierta reverencia hacia los más viejos, como
tomarles la bendición, arrodillados, como expresión del parentesco efectivo o
presuntivo que une el joven al más viejo: "¡La bendición, mi tío! ¡Mi
primo! ¡Mi padrino! ". Aparentemente, no hay conexión directa y
consciente, para los Pataxó, entre la Semana Santa - fiesta cristiana en
conmemoración a la resurrección de Cristo - y el uso de máscaras de animales.
Habría, apenas, muy probablemente, el recuerdo de un marcador temporal de
influencia cristiana.
Los Pataxó
conmemoran, tradicionalmente, las fiestas de Folia de Reyes, el 6 de enero; de
San Benito, el 20 de enero; y de Nuestra Señora D'Ajuda, el 15 de agosto. En
1971, Agustín registró que, en días de fiesta, especialmente de reyes, bailan
con máscaras hechas de calabazas y pieles "(Agustín, 1972: 83).
Folia de
Reyes
Son comunes
los relatos de que la folia o limosna del Divino Espíritu Santo, procedente de
Comuruxatiba, municipio del Prado, hace mucho tiempo visita la aldea de Barra
Velha en la víspera de Reyes. Un grupo de folios que compone el préstito llega,
cargando una bandera, y se dirige a la capilla, tras recoger limosnas, de casa
en casa, acompañado de la población local. A cada visita / contribución, la
persona visitada se integra a los folios, que conduce la caja con las
donaciones. La reza nocturna atrae a toda la población local, y después de las
oraciones, los conductores - los "cantantes de los reyes", que
utilizan cavaquitos, panderos y tambores - entonan la folia del Espíritu Santo.
En el
arruinado principal de la aldea, son armadas barracas iluminadas por lámparas.
La discoteca es el centro de atención, reteniendo parte de los participantes,
mientras que otra circula y participa de la fiesta. La mayoría de los niños,
muchachas y chicos, desfila con ropa nueva, aguardando la fiesta que se
realizará en la casa del fiestero.
Fiesta de
San Benito
El día 20 de
enero es el turno de la limosna de San Benito, también procedente del Prado,
llegar a las inmediaciones de Barra Velha, acompañada por un número razonable
de personas. Los Pataxó van a su encuentro y, poco después, introducen la
limosna en la aldea, desplazándose a la iglesia, donde cantan. Los visitantes
son recibidos con buena cantidad de comida, en general carne de cerdo y harina de
mandioca.
En el inicio
de la fiesta, en la casa del fiestero, animada por los tocadores y un
tocadiscos, se bebe cauim, también llamado jaroba. Los coxos con esta bebida se
distribuyen a los participantes. En general se usa caldo de caña y no azúcar:
"nuestra cachaça es nosotros mismos que hace. Cocina mandioca, bota dentro
de un cocho y deja pasar unos cuatro días. Después está todo hervido. Y de ahí
en adelante bota dos latas de caldo de caña dentro y tapa. Con cuatro días en
adelante está todo girado en cachaça, es que un vinagre, alcohol puro ".
Fiesta de
Nuestra Señora D'Ajuda
La romería
de Nuestra Señora D'Ajuda ocurría a partir del 6 de agosto y tenía su ápice el
15 de agosto, cuando se homenajeaba la patrona del Arraial D'Ajuda en una misa
realizada en la iglesia del mismo nombre. Pataxós de las innumerables aldeas de
Bahía para allá se desplazaban con el propósito de saldar promesas hechas a lo
largo del año. Además, el Santuario del Arraial D'Ajuda, referido como el más
antiguo del país, atraía, en la década de 1970, indios afectados por casos de
irradiación o manifestación de encantados que buscaban un curador famoso allí
residente (Carvalho, 2008, p. 42) ). Jogos pataxó
Os “Jogos
Indígenas Pataxó” são um evento esportivo e cultural que acontece, anualmente,
na comunidade de Coroa Vermelha, na semana que antecede o dia 19 de Abril.
Diversas equipes participam de diferentes modalidades esportivas e culturais, tendo
como principal lema celebrar e não competir. As equipes são formadas, em média,
por 20 pessoas com idades que variam entre 12 - 70 anos, a maioria tendo,
porém, entre 15 a 30 anos. As crianças participam de forma significativa nos
jogos.
Sua primeira
edição ocorreu em 2000, e teve como referência os “Jogos Indígenas Nacionais”,
dos quais os Pataxó participam. Se nas primeiras edições as equipes eram
formadas apenas por membros da comunidade de Coroa Vermelha, hoje, além de
outras aldeias pataxós, há participantes de outras etnias estabelecidas na
Bahia.
A Praça do
Cruzeiro, que faz parte da Terra Indígena de Coroa Vermelha, é o local que
sedia as atividades. A comunidade aproveita um campo de futebol de areia, entre
duas cruzes, e constrói pequenos kijeme [casa; choupana] ao redor,
para agrupar as equipes participantes, bem como monta um pequeno palco, onde
são dispostos os equipamentos de som. Também é construída, exclusivamente para
os jogos, uma cozinha de palha, onde todas as equipes se reúnem para as
refeições.
Os jogos têm
uma coordenação, que varia a cada ano, formada pela comissão organizadora do
evento e por uma equipe de voluntários. Toda a comunidade indígena é
mobilizada. Aproximadamente quinze dias antes do evento, começa a preparação
das equipes, a elaboração dos adornos corporais e o preparo das pessoas que
participarão das modalidades esportivas e culturais.
As
modalidades esportivas compreendem corridas de tora e maracá, futebol, arco e
flecha, e arremesso de tacape, dentre outros. No desfile da ĩhé baixú [a
participante mais bonita], cada equipe apresenta a sua candidata acompanhada de
um kakusú [homem; eventualmente marido], não havendo nenhuma
restrição etária para a participação. O primeiro, segundo e terceiro lugares
são escolhidos por um grupo de jurados.
Embora essa
grande festa se denomine Jogos Pataxó, aludindo, assim, a atividades
esportivas, ela constitui, de fato, um momento próprio, no decorrer do qual a
identidade cultural do grupo se fortalece.
Arissana
Braz Bomfim de Souza (2012)

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