El agua, la vida y el origen de las rocas
El ciclo hídrico fue profundamente influenciado por la vida. Los organismos modificaron las propiedades físico-químicas de las aguas en donde vivían. No hay parámetro hidrológico que no se haya visto modificado por la presencia de seres vivos en el agua: el albedo (reflectividad), la tensión superficial, la viscosidad, la turbidez, los tenores en sales y en gases disueltos y la composición química, entre otros. Debido a la complejidad del proceso, es muy difícil reconstruir las secuencias de eventos que dieron lugar a la evolución planetaria, y en particular a los cambios en el ámbito hidrosférico.
El ciclo hídrico fue profundamente influenciado por la vida. Los organismos modificaron las propiedades físico-químicas de las aguas en donde vivían. No hay parámetro hidrológico que no se haya visto modificado por la presencia de seres vivos en el agua: el albedo (reflectividad), la tensión superficial, la viscosidad, la turbidez, los tenores en sales y en gases disueltos y la composición química, entre otros. Debido a la complejidad del proceso, es muy difícil reconstruir las secuencias de eventos que dieron lugar a la evolución planetaria, y en particular a los cambios en el ámbito hidrosférico.
El registro geológico nos presenta una información
fragmentaria. Las dimensiones y forma de los océanos cambiaron. Hubo épocas en
que parte del agua permaneció congelada en las zonas más frías (épocas
glaciares) descendiendo el nivel y extensión de los océanos, y otras en que
todo el hielo se fundió subiendo el mar a sus niveles máximos
Las formas de los continentes, y por ende de las cubetas
oceánicas también variaron. Algunos continentes se dividieron, los fragmentos,
así formados, migraron lentamente y, en ciertos casos, se fusionaron con otros
fragmentos dando lugar a nuevas masas continentales de contornos diferentes.
Concomitantemente, cambiaron de forma los océanos. Algunas depresiones
oceánicas, como el océano Atlántico, se establecieron en tiempos geológicos
relativamente recientes (hace unos 100 millones de años). Otros son mucho más
antiguos, como por ejemplo, el océano Pacífico, cuya génesis es incierta.
Durante los miles de millones de años transcurridos, las
aguas oceánicas recibieron enormes volúmenes de sales, hasta estabilizarse en
forma relativa en la composición actual. Parte de estas sales fueron
inmovilizadas y sepultadas en el fondo del mar por mucho tiempo. Algunas
reaparecieron en las nuevas montañas formadas en las márgenes orogenéticas de
los continentes.
También desde el principio, las aguas subterráneas
estuvieron expuestas a las fuentes de calor interiores del planeta. Estas
últimas, relacionadas con cambios de fase de minerales densos a menos densos y
a la radiactividad de algunos elementos químimcos, fueron factores principales en la dinámica terrestre.
Gran parte de los procesos geológicos de la corteza se dieron en presencia de
agua. El agua líquida o gaseosa se introduce por las fisuras arrastrando
solutos variados que finalmente van a cristalizar bajo la forma de minerales.
Una gran parte de los minerales de las rocas se originan de esa forma (por
ejemplo, los feldespatos y el cuarzo). Cuando estos procesos de mineralización se dan en presencia de agua líquida son
llamados hidrotermales, si en presencia de vapor, neumatolíticos. Otros fluidos
que también influyen en el transporte y mineralización de solutos,
complementando la acción del agua, son los fluidos carbonosos.
Es a partir de la acción de estos fluidos que
predominantemente se forman las rocas terrestres: así se originan la mayor
parte de las rocas metamórficas, las migmatitas, casi todas las rocas
filonianas y otras. De igual modo, el registro mineralógico incluye
numerosos minerales hidratados originados en ambientes acuosos subterráneos,
como las micas, los anfíboles, las arcillas y los yesos.
Los fenómenos volcánicos también se deben en gran medida a
la presencia de agua. Una causa principal de las erupciones es la vaporización
del agua caliente al descender la presión que la mantenía en estado líquido.
Las “burbujas” de vapor de agua que son liberadas del agua en ebullición (a las
que se agregan emisiones de gases carbonosos y sulfurados) actúan como “pistones”
que empujan las lavas y clastos volcánicos a lo largo de fracturas y chimeneas,
y termina derramándolas en el exterior. A la vez, la mezcla de agua (tanto
líquida como gaseosa) a las que se asocian fluidos varios (p.ej. metano,
dióxido de carbono, dióxido de azufre), tiene un efecto lubricante que facilita el
flujo de las lavas. De no ser así, éstas, cuya viscosidad es muy elevada, no
podrían escurrirse por los estrechos conductos de efusión. Las grandes columnas
de “humo” que salen de los cráteres volcánicos, están formadas principalmente por
vapor de agua y los ya mencionados gases carbonosos y sulfurosos, emitidos durante los procesos efusivos. Del
mismo modo, los géyseres y fumarolas, tan frecuentes en las zonas volcánicas, están
compuestas a menudo por eyecciones acuosas calientes.
El agua es también el factor principal en la génesis de las
rocas sedimentarias. Con muy pocas excepciones, los sedimentos se forman debido
al arrastre de las partículas y materiales por las corrientes de agua líquida
(ríos, corrientes marinas y lacustres, etc.) o sólida (glaciares).
Cuando los sedimentos son sepultados, sufren procesos de
compactación y deshidratación. Parte del agua, sometida a condiciones de
elevadas presiones y temperaturas, migra fuera de los sedimentos, reduciendo el
contenido hídrico de los mismos.
A pesar de ello, el material sedimentario retiene un
contenido importante de agua, parte del cual puede incorporarse a los nuevos
minerales que se forman durante los procesos diagenéticos.
Como se ve, el agua juega un rol fundamental en la dinámica
de la corteza terrestre y en la formación de las rocas. No sólo es el agua el
factor central en el ciclo hidrológico, sino también lo es en el ciclo
petrogenético.
Reproducido del libro “Sequía en un Mundo de
Agua”, D.Antón, Piriguazú Ediciones, publicado en México.

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