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miércoles, 16 de octubre de 2019

Yacaré Cururú, la última resistencia de la nación charrúa
Después de la emboscada de Salsipuedes en que fueron muertos o hechos prisioneros  los remanentes de la nación charrúa, le tocó al jefe Venado sufrir la traición del presidente de la novel República Oriental,  Fructuoso Rivera. 
Atraído por Bernabé Rivera (hermano o sobrino de Fructuoso) a un casco de estancia donde se suponía se iban a tratar los términos de la devolución de los prisioneros, fue también ultimado sin poder defenderse.
Ante esta nueva derrota, los grupos charrúas sobrevivientes bajo el liderazgo de Polidoro se trasladaron al norte alejándose de la
peligrosa cercanía de «los Rivera»
Confiado por sus sucesivas victorias, Bernabé Rivera decidió terminar con su tarea exterminando los últimos sobrevivientes de la heroica nación de los charrúas. Su persecución lo llevó a las cercanías del río Cuareim, sobre el arroyo Yacaré Cururú. Desafortunadamente para Bernabé, esta vez no le sonrió la fortuna, fue derribado de una boleada y hecho prisionero por Polidoro y los suyos. Lo demás es leyenda. Bernabé fue ejecutado a la manera charrúa. Se hizo justicia.
22 charrúas derrotan un ejército
Tres años después de la matanza de Salsipuedes, el 16 de mayo de 1834 Fructuoso Rivera se encontraba acampado sobre el río Cuareim en el Potrero del Yarao. Desde allí escribió:
«El infrascripto Gral en Gefe del Ex.to tiene la satisfacción de anunciar... que después de insesantes y penosas marchas p.r terrenos escabrosos y desiertos, logró finalmente ayer al aclarar el día, sorprehender en este punto a los Salvages q.e en clase de puesto avanzado del Caudillo Lavalleja se hallaban a muy poca distancia de su campo; pr.o como se hallase guarecidos de un fuerte y espeso monte lograron escaparse a pie p.r dentro de este hasta incorporarse al caudillo de los Anarquistas.» Luego continuaba: «Los restos de los salvages en no poco mas o menos de 20 la mayor parte mugeres vagan errantes y a pie p.r esta desierta  Campaña y es de suponer q.e muy pronto seran tomados pues se persiguen en todas direcciones».
Se aprecia aquí la saña de Fructuoso Rivera en su empeño de exterminar  a sus antiguos aliados, aún a «unas pocas mujeres errantes». Sin embargo, todavía quedaban una veintena de guerreros dispuestos a vender cara sus vidas. Su decisión y arrojo puede ser aquilatado en
el siguiente relato de Ramón de Cáceres en 183411 mostrando a las claras el poderío que efectivamente tenían estos pocos remanentes de la antigua nación charrúa a pesar de su escasísimo número.
Veintidos charrúas derrotan a un ejército
En la crónica de Cáceres se describe como tan solo 22 charrúas con lanzas, arcos y bolas lograron derrotar a un ejército de más de 300 hombres con armas de fuego. Al fin de la  batalla, habían muerto siete soldados, treinta caballos habían sido derribados mientras que el resto de los soldados de la tropa se habían visto obligados a «poner los pies en polvorosa». Los charrúas experimentaron una sola baja.
A continuación extraemos algunos pasajes del documento que vale la pena leer cuidadosamente:
«Serían las dos de la tarde, cuando 22 indios q.e era toda la gente de armas llevar q.e tenían n aquella epoca, se presentaron á 6 cuadras de nuestro campo, provocandonos á la pelea; Raña me consultó, y yo le dije q.e en mi concepto nada podíamos hacerles, y q.e era mejor dejarlos pues q.e ellos tampoco podían incomodarnos; pero Raña dijo q.e era una verguenza, y se resolvió á perseguirlos.»... «Nombré... la guerrilla (tal como lo había solicitado Raña) a las ordenes del Capitan Dn. Ventura Coron.l y le dije q.e yo marchaba en su protección mas q.e p.r ningun pretexto se me separase arriba de 4 a 6 cuadras, y q.e procurase llevar gente bien ordenada,pues en la muerte de Dn Bernabé Rivera nos habían dado á conocer los indios de lo q.e eran capazes- Raña seguía con el resto de la fuerza á retaguardia, eramos entre todos mas de 300 hombres.
Luego q.e nos movimos los indios se pusieron en retirada- extendidos en ala como en tiradorers- a mi guerrilla se incorporaron algunas ordenanzas de Raña... mi pasaron los indios un arroyo pantanoso, siguieron hasta la cuspide de una cuchilla q.e estaba del otro lado toda minada de tucú tucú- y cuando habían pasado los nuestros el principal obstaculo y subían medios desordenados á la cumbre de la cuchilla; bolvieron cara, dos indios flecheros q.e era toda su infanteria echaron pie a tierra, y cargaron todos con tal brío y rapidez, q.e trajeron mi guerrilla y agregados envueltos hasta el arroyo Pantanoso en circunstancias q.e yo llegaba á él con mi fuerza organizada, á cuya presencia los indios continuaron su retirada golpeándose en la boca- En un abrir, y cerrar de ojos nos habian muerto siete hombres, no habia uno de los de la guerrilla, q.e no tubiese dos ó tres pares de bolas en el caballo ó en el cuerpo-Luna, y Mieres, escaparon milagrosam.te con los caballos boleados, De los indios no murió mas q.e uno, q.e fué el q.e nos hizo el mayor destrozo, y q.e de golozo recibió un balazo. Entonces le pesaba a Raña no haber seguido mi consejo, fué este el ultimo encuentro q.e tubimos los cristianos con esa raza indomita...»
 Reproducido de “Los Pueblos del Jaguar”, Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

lunes, 3 de junio de 2019

El mundo rural uruguayo ha cambiado
D.Antón


Durante la mayor parte del siglo XX, los trabajadores rurales del Uruguay, constituidos por trabajadores agrícolas del arroz, de la caña de azúcar, peones de tambo y de estancias ganaderas, puesteros, capataces, y otros trabajadores análogos, representaban uno de los sectores del país más deprimidos económicamente. A pesar de ser puntales de la economía sus remuneraciones eran muy bajas con escasos beneficios salariales. A menudo las compensaciones mensuales no excedían los 150 o 200 dólares. En algunos sitios las condiciones de aislamiento obligaban a permanecer largo tiempo lejos de sus casas, sin acceso a servicios esenciales, en gran medida dependiendo de la buena voluntad de sus patrones.  Las familias de los trabajadores rurales a menudo debían vivir en rancheríos marginales, encerrados entre los grandes latifundios, con viviendas de construcción precaria, ranchos de paja y terrón,  de palo a pique o de lata, con mínimas comodidades hogareñas. El acceso a la educación y a la salud, era también muy limitado.


En el año 2017 las cosas han cambiado. Y cambiado para mejor.
Hoy los rancheríos rurales prácticamente han desaparecido. En gran parte del interior rural, se han construido proyectos MEVIR que han permitido acceder a  viviendas con comodidades básicas a bajo costo. La existencia de miles de casas de ese tipo se ha extendido a la mayor parte de los pueblos y localidades del interior remoto.
Por otra parte, a partir del año 2013 se establecieron los consejos de salarios para los trabajadores rurales, con niveles salariales similares a los de muchos trabajadores urbanos.


Otro factor que influyó en el mejoramiento fue la mayor facilidad  de las telecomunicaciones, en particular el acceso a telefonía celular, a televisión por cable e internet. El Plan Ceibal colaboré creando redes informáticas proveyendo a los escolares, docentes, y más tarde a los liceales de computadores personales.
También el transporte ha sido facilitado por el bajo precio de vehículos económicos, especialmente  motocicletas, que permite rápidos viajes regulares a sus casas, o a los pueblos y ciudades cercanas.
Es cierto que la población rural ha disminuido demográficamente, pero también se puede afirmar que muchos trabajadores rurales hoy viven en barrios urbanos y se desplazan desde sus casas a los trabajos en las chacras y estancias con mucha frecuencia, tal vzz semanal o diaria.


Todavía hay carencias a nivel de transportes interdepartamentales y locales, acceso a la salud y a la educación limitados, en especial a nivel terciario.
Quedan muchos problemas por resolver, pero la situación en el campo uruguayo ha mejorado sustancialmente. Tal vez unos de las mayores limitaciones que existe están dadas por una cultura centralizada y burocrática, tanto a nivel nacional como departamental, que ignora la existencia de decenas de miles de compatriotas que con su trabajo sostienen una parte importante del país.
Recién en la última década se establecieron autoridades municipales electivas en muchas poblaciones del territorio. Los estudios universitarios son de difícil acceso por la concentración excesiva en la capital y en mucho menor grado en algunas pocas capitales departamentales.  Es difícil, si no imposible, para  las familias de trabajadores rurales, enviar y sostener sus hijos en la ciudad, particularmente en Montevideo, por el elevado costo de vida que hay en ella.




El cambio cultural se irá dando a medida que los uruguayos, renuncien al centralismo burocrático y pernicioso y sepan reconocer los derechos de todos los habitantes del país, aún aquellos que viven en localidades más lejanas o de difícil acceso.  
 .








sábado, 30 de marzo de 2019

En Cerro Chato, Uruguay (1927) las mujeres votaron por primera vez en América Latina pero no se les hizo caso
El Plebiscito de Cerro Chato de 1927 fue un referendo realizado el 3 de julio de 1927 en el pueblo de Cerro Chato (hoy ciudad), en Uruguay. El propósito fue de definir a que departamento correspondería la jurisdicción del pueblo. Fue la primera vez en América LOatina que la mujer ejerción el derecho al voto.
Cerro Chato se encuentra ubicado en el límite de tres departamentos en la 8° sección del departamento de Durazno, 4° sección de Florida y la 6° sección de Treinta y Tres, sobre la ruta 7 y en el km 280 de la vía fèrrea Montevideo, Melo, cuya estación dio nacimiento a la localidad.
Cerro Chato cuenta con una población estabilizada en 3,2000 habitantes. Casi la mitad corresponden a Treinta y Tres, .144 habitantes, una tercera parte a Durazno, y el resto a Florida 
Por esa razón algunos servicios se repiten: funcionan tres seccionales policiales, tres juntas locales, cada una con competencia sobre el área que le corresponde al pueblo,  
El plebiscito
En 1927 culminaron extensas gestiones de una activa Comisión Vecinal, que propugnaba por la integración del territorio de Florida y Treinta y Tres para Durazno.
La Corte Electoral dictó un decreto con fecha mayo 31 de 1927, donde se autorizaba la realización del plebiscito, señalando en su artículo 10: “Las personas sin distinción de nacionalidad y sexo que deseen intervenir en el plebiscito deberán inscribirse previamente en el Registro que abrirá la Comisión Especial Parlamentaria” señalaba luego que “el período inscripcional comenzará el 5 de junio próximo y durará hasta el 28 del mismo mes”. Luego de expresar una serie de normas a las cuales deberían ajustarse los votantes, se expresaba: “Los Consejos departamentales de Durazno, Florida y Treinta y Tres, podrán intervenir por medio de igual número de delegados, en el contralor de todos los actos plebiscitarios”
La votación se cumplió el domingo 3 de julio de 1927, mediante voto secreto observando todas las formalidades que al respecto establecía la Ley de Elecciones, incluyendo el voto femenino, cosa que ocurría por vez primera en Sudamérica. Un trabajo realizado por el Centro de Estudios Históricos de Cerro Chato señala que la primera mujer en reivindicar su derecho a ejercer la ciudadanía no fue uruguaya, sino de origen brasileño, una inmigrante afrodescendiente de 90 años de edad, llamada Rita Ribeira.
Realización del plebiscito
Una Comisión de Vecinos de Treinta y Tres, en su mayoría integrada por mujeres lideradas por Bernardina Muñoz se opuso al plebiscito con una proclama que decía: “Nosotros tenemos un arma notable: La abstención. Hemos de esgrimirla cerrochatenses para cruzar el paso a las burlonas turbas de reclutados que quedarán absortas en su deleznable posición mercenaria”. Luego decía: “…por el derecho de Treinta y Tres que flamea airosamente en todo el progreso de Cerro Chato; por el afecto a nuestra causa que es tan respetable como el mismo honor; por el decoro de nuestra democracia que aborrece las mascaradas electorales: Absteneos”
La Comisión de Mujeres de Durazno realizó una fervorosa campaña electoral a favor de la unificación de todo el territorio para el citado departamento, estaba liderada por Modesta Fuentes de Soubiron, conocida por mantener una áspera polémica con el diario El País de Montevideo, a raíz de una publicación donde se ponía en tela de juicio la capacidad ciudadana de las mujeres y en especial de las de Cerro Chato.
En ese marco, en la localidad se vivió un clima de elección nacional más que de plebiscitaria, motivando una dinámica distinta en el pueblo. Cerrado el horario de votación se cumplió con el escrutinio.

Resultado

Un oficio con fecha 4 de julio de 1927 que remitiera el Comité Pro Anexión de Cerro Chato a Durazno con la firma del Presidente del mismo, Luis Soubiron, y del secretario Ramón Díaz; comunicaba al entonces Presidente del Consejo de Administración de Durazno Alcides Aldama, los resultados del recuento de votos, señalándose que: “…en el acto plebiscitario realizado ayer en esta localidad, la causa de Durazno tuvo un triunfo resonante, habiendo arrojado el escrutinio los siguientes resultados: Durazno 354 votos; Florida 2 y un voto anulado por haberse hallado en el sobre tres listas distintas. El porcentaje de votos emitidos en relación al total de inscriptos asciende al 94% y el porcentaje alcanzado en la inscripción, con relación al número de habilitados para inscribirse dentro de la zona plebiscitaria, alcanzó el 75%, porcentaje que también es superior a todo cálculo optimista, máxime teniendo en cuenta que el Comité de Treinta y Tres, proclamó la no inscripción, repartiendo un manifiesto de los que acompaño un ejemplar”
Sin embargo, los resultados del plebiscito nunca fueron tomados en consideración por las autoridades de la época, y la iniciativa de anexión se perdió en el tiempo manteniéndose hoy la misma situación que en 1927, salvo que en los pobladores se aprecia un sentido de pertenencia comarcana, producto de los lazos que los vinculan a los tres departamentos.
O sea que fue la primera vez que las mujeres participaron activamente de una elección y votaron pero no se les hizo caso. 
 Faltaban once años para que efectivamente las mujeres pudieran votar por primera vez en elecciones nacionales el 27 de marzo de 1938

lunes, 22 de enero de 2018

La rebelión del interior crea una excelente oportunidad para llevar a cabo una descentralización profunda

D, Antón 

El Uruguay es uno de los países más centralizados del continente.
Tiene la mitad de la población en una ciudad. De sus 3.3 millones de habitantes, 1.7 millones viven en el área metropolitana de Montevideo.
Todos sus órganos de gobierno nacionales y entes públicos se encuentran situados en la capital.
Llevó 180 años crear un nivel municipal de administración (creado en el año 2010) que desde hace mucho tiempo existe en todos los países de América Latina. De todas maneras, el nivel municipal no tiene financiación propia, no puede percibir sus propios impuestos y depende absolutamente de los sueldos que se paguen a nivel central y de la buena voluntad de los intendentes y juntas departamentales.
Hasta hace muy poco el Uruguay era el único país de mediano tamaño del continente que tenía una sola universidad pública, ahora con la creación de la UTEC se está intentando crear una institución de nivel terciario (pero limitándose al área tecnológica, algo así como una especie de UTU con un barniz universitario que habrá que ver adonde llega). La proclamada Universidad de la Educación todavía está en veremos.
En resumen, la dirección de la enseñanza universitaria está sigue centralizada, y solo se ha avanzado en una desconcentración de los servicios en las regionales de UDELAR, pero no a nivel de políticas universitarias.
El país del “interior” uruguayo se mantiene  en una situación de subordinación y subestimación que dificulta la participación de la gente en la toma de decisiones, conspira contra el desarrollo local y, consecuente e inevitablemente, con el desarrollo nacional.
Las razones de esta situación hiper-centralizada son históricas. Uruguay se inició como una “Provincia Oriental” en las Provincias Unidas y, a pesar de transformarse en estado independiente, mantuvo en gran medida la estructura político-cultural de “provincia” con una capital que controló la economía a través de su puerto.  
Montevideo se erigió en la única ciudad portuaria del país, relegando artificialmente a las demás localidades portuarias, como fueron los casos de Colonia y Maldonado, que, paradójicamente, durante mucho tiempo (hasta hace unos cincuenta años) fueron las capitales departamentales de menor población.
El ferrocarril se encargó de mantener, e incluso intensificar a través de su construcción radial, la estructura centralizada de la nación durante muchas décadas. La red vial se construyó paralela a las vías férreas afirmando aún más esa condición.
El resultado final no debe extrañar. En el año 2017 Uruguay continúa siendo en los hechos uno de los países más centralizados del continente.

Centralización no es sinónimo de integración

Centralización no es sinónimo de integración
El hecho que el país sea centralizado no implica que esté integrado.
 Las partes del todo uruguayo, sus departamentos, sus ciudades, sus pueblos, están debilitados, vulnerables. En estas condiciones el Uruguay aparece como un conjunto de fragmentos que sólo se estructuran para extraer recursos de la gente que vive fuera de la capital.
De esa manera se terminó constituyendo una nación a medias, una nación inconclusa que tiene problemas para enfocar saludablemente sus proyectos futuros
La revolución productiva que comenzó con la mecanización de la agricultura, de la lechería, la expansión forestal y la extensión de las unidades de producción de energía renovable proporcionaban oportunidades para revertir el proceso
En los hechos esas oportunidades no se aprovecharon.
El estado centralizado continúa, los ministerios deciden desde la capital, donde están la inmensa mayoría de sus empleados y gerentes y todos sus directores políticos.
Los grandes monstruos burocráticos como Ancap, Ute y Ose, BPS, Banco Central, tienen sus directorios en la capital.
Salvo contadas excepciones las intendencias dependen en gran medida de los cheques que desde Montevideo les envía el gobierno central.
Los intentos de realizar actividades nacionales fuera de Montevideo (por ejemplo, los Consejos de Ministros en los pueblos y ciudades del país) fueron un paso positivo pero demasiado pequeño, prácticamente un saludo a la bandera.
Y lo que es peor la cultura centralizada se acentúa. Los montevideanos viven al margen del interior que en gran medida es quien lo alimenta y paga sus cuentas. 
Esta situación de aprovechamiento económico del trabajo rural llega al extremo que el precio del gasoil (que se utiliza para la producción rural) tiene un impuesto que se incorpora al fideicomiso del transporte montevideano.
Las sociedades del interior urbano que han vivido desde siempre subordinadas a la capital han tenido y tienen temores de tomar su destino en propias manos.
Muchos pueblos de menor población agonizan por la falta de fuentes de trabajo y de servicios.
Con todos estos antecedentes considero muy saludable que las sociedades del interior desencadenen un movimiento de rebeldía, que si bien no sabemos bien hacia donde va, es mucho mejor que permanecer estancado en la resignación sin preocuparse por participar..
No caben dudas que integrar los diferentes sectores productivos y sociales del interior es una tarea difícil.  Creo que la forma de integrarlos es a través del replanteo de las estructuras culturales, políticas, administrativas y burocráticas  centralizadas que obstaculizan el desarrollo regional  y local..
Ellas deben ser desarticuladas transfiriendo los poderes de decisión y los servicios centrales, fuera de la capital en la mayor medida posible.. No es sencillo porque hay muchos intereses en juego.

Medidas que habrá que tomar
Para que el Uruguay avance firmemente deberá comenzar a descentralizar las funciones del gobierno nacional: las sedes centrales de ciertos ministerios y   entes públicos. Deben fundarse nuevas universidades públicas autónomas (que no sean meramente sucursales regionales). Tampoco que se limiten a enfocar los aspectos tecnológicos como es el caso de la UTEC  (sin competir con la oligárquica UDELAR) que a todas luces es insuficiente.
Hay que fortalecer las Intendencias Departamentales actualmente excesivamente dependientes del gobierno central,
Y por supuesto fortalecer los 112 municipios creados otorgándoles autonomía financiera y confianza en sus propias fuerzas.

Conclusión
La descentralización implica jerarquización local, auto-estima, y en definitiva, desarrollo local a partir de la soberanía local sobre el ambiente propio: lo que Artigas llamaba “la soberanía particular delos pueblos”.
Con la dinamización efectiva de todos sus componentes el Uruguay podrá finalmente lograr una integración, dinámica y saludable, en un marco de participación y verdadera democracia.
Esta es una oportunidad que deberemos aprovechar si queremos proteger el futuro. En ello nos va la vida como nación y como pueblo.



jueves, 20 de julio de 2017

Cannabis legal en Uruguay

Un primer paso


Uruguay ha dado un primer paso autorizando la venta de cannabis recreativo en farmacias. Un paso tímido, con unas pocas farmacias y paquetes pequeños de 5 y 10 gramos, límite de compra semanal y bajas dosis.
Hay dos variedades: Alfa 1 y Beta 1. Una contiene 2% de Tetrahidrocannabinol (THC) y un 7% de Cannabidiol (CBD)..
La segunda tiene un porcentaje de THC idéntico a la anterior, pero tiene un 6% de CBD y es de variedad sativa. .
Aclaro para los que no saben que cannabis (también llamada marihuana) se cultiva hace 5,000 años y que fue considerada una planta sagrada durante mucho tiempo, incluso ingerida por Buda durante sus ayunos..
La demonización de cannabis es un ejemplo de los inmensos prejuicios e ignorancias de las elites represoras a nivel mundial. 
Curiosísimamente, este tímido paso de Uruguay es considerado revolucionario en el resto del mundo, demostrando la obcecación desinformada de las burocracias políticas y policiales internacionales..
Como era previsible, en menos de un día se agotaron las existencias.
Si bien Uruguay ha avanzado en este tema, permanece una falta total de información (y muchísimos prejuicios) en gran parte de la población uruguaya, que en cierta medida piensa que no debió legalizarse la producción y el consumo.
Personalmente no soy fumador ni de marihuana ni tabaco pero me anoté como comprador para manifestar mi apoyo a este intento y mi oposición total al prohibicionismo prejuicioso y cruel. También pienso consumir el cannabis como parte de la dieta (por ejemplo en infusión u otras formas que ya iré viendo). 

Refiero a un libro que publiqué hace más de 15 años sobre el tema de las drogas (incluyendo cannabis) que se titula "Pueblos, Drogas y Serpientes" de Piriguazú Ediciones que se puede solicitar a dantonster@gmail.com

viernes, 28 de abril de 2017

Plantaciones agrícolas en el Sur de América
Hay abundantes datos acerca del carácter trashumante de los pueblos de las costas del Para Guazú (nombre guaraní del Río de la Plata) antes de la invasión europea. 

Al referirse a los pueblos que habitaban las orillas del gran río, los cronistas españoles señalaron repetidas veces que las naciones que y allí vivían no cultivaban, que sólo se alimentaban de la pesca y de la caza,  que no conocían población ni asiento fijo, en fin que eran pueblos nómades.
Sin embargo, en el continente del maíz y del tabaco, y en una zona de comunicaciones fáciles como era la región del Para Guazú, es inimaginable que pudieran existir pueblos que no conocieran la agricultura. 
Los propios cronistas europeos, al referirse a las producciones de varias comunidades locales -por ejemplo chandules-carios-guaraníes y chaná-timbúes- señalaron repetidas veces que éstos eran pueblos cultivadores de abatí o maíz, zapallo, mandioca y otros cultivos. Dada la cercanía geográfica entre los pueblos antes mencionados y los charrúas y otras naciones similares (vivían en la misma zona) y sus relaciones estrechas, que fueron probadas por el propio Ulrico Smidtl, cronista de la expedición de Pedro de Mendoza en 1535-15362,  es seguro que mantuvieran contactos frecuentes, incluyendo actividades de intercambio comercial. Por esa razón, no hay duda que los charrúas y miinuanes consumían habitualmente productos agrícolas, ya sea plantados por sus vecinos y obtenidos a través del comercio o cultivados por ellos mismos. Si bien no hay descripciones concretas de cultivos en las aldeas charrúas, no hay que olvidar que los primeros contactos de los que guardamos crónicas tuvieron lugar en un marco de agresión militar que impidió averiguar con precisión cómo funcionaba la economía de estos pueblos nativos. Por otra parte, la parcialísima y fragmentaria versión española acerca de la cultura original charrúa- minuán estaba limitada a los campamentos costeros (en donde la pesca constituía la actividad central). Es muy probable, al igual que sucede en varios pueblos chaqueños que fuera del ámbito de la costa, la agricultura constituyese una actividad complementaria asociada a pequeñas chacras escondidas en los montes, a lo largo de los itinerarios trashumantes anuales. Ello era seguramente así en el caso de las antiguas comunidades guenoas- minuanes quienes, según creemos, habitaban la región hoy conocida como «de los Cerritos de Indios» en la región  atlántico- lacunar.
Por lo menos, es seguro que la agricultura constituía una actividad secundaria en casi todos los pueblos. Si bien en el caso de algunas comunidades ésta podía ser prácticamente inexistente, en otras era una práctica habitual. 
En los últimos años, precisamente en los estudios arqueológicos de los «Cerritos de Indios» se encontraron silicofitolitos de maíz, porotos, zapallos y achiras, confirmando la existencia de actividades agrícolas antes de la  invasión europea. 

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Podcasts referentes a una cronología tentativa 
de las Primeras Naciones del Sur

1)
https://soundcloud.com/danilo-anton/cronologia-tentativa-primeras-naciones-del-territorio-uruguayo-1

2)
https://soundcloud.com/danilo-anton/cronologia-primeras-naciones-2

3)
https://soundcloud.com/danilo-anton/cronologia-primeras-naciones-3

viernes, 28 de octubre de 2016

Uruguay 2016: Pensando el país
DaniloAntón
La crisis que está viviendo el Uruguay, que se expresa en la segregación social, en el estancamiento productivo, en la ineficiencia del sistema educativo, en el aumento de la inseguridad, sobre todo en los barrios marginales, en el desarrollo de modalidades políticas clientelístas, nepotistas y gerontocráticas, es sobre todo ética y existencial.
Si bien tiene componentes económicos, que son los que se han manifestado en los últimos tiempos, su raíz es mucho más profunda.
La rotación de partidos políticos permitió algunos avances que deben destacarse, sobre todo en materia de derechos humanos, de revisión del pasado reciente y de otras formas de liberalización permitieron cierto progreso social.
Pero desde el punto de vista existencial los uruguayos todavía mantenemos un escepticismo incambiado acerca de nosotros mismos y una visión minimalista acerca de nuestra significación histórica y geográfica.
Se trata de un pueblo cuyo futuro se presenta como indefinido y difuso. Un país con la economía devastada, con poca gente, con la población envejecida, la juventud desilusionada, una nación llena de incertidumbres acerca del futuro. Una sociedad que se considera pequeña, insignificante.  
Y no es así. 
Las causas de esta situación fueron múltiples.
El Uruguay surgió como resultado de una invasión violenta a los territorios de varias naciones nativas que los poblaban desde hacía mucho tiempo. Gran parte de dichos pueblos fueron exterminados, otros esclavizados o expulsados de sus tierras. Sus descendientes mestizos fueron discriminados, despreciados, borrados de la historia.
La economía natural y diversa que incluía la pesca, los cultivos, la recolección y la caza ponderada, fue sustituida por la explotación indiscriminada del ganado cimarrón. Las autoridades coloniales y luego las criollas, distribuyeron la tierra ajena en forma burocrática y arbitraria a propietarios ausentes y colonos, echaron a los pobladores nativos y criollos pobres, y dieron lugar a una estructura de tenencia de la tierra irracional, ineficiente e injusta
Al ser exterminada la población nativa, se esfumó la memoria, se desvanecieron los conocimientos acerca de la naturaleza, se perdieron los mitos, los antepasados famosos, los episodios y anécdotas de la tierra, aquellos que justifican la existencia de las naciones.
Se desarrolló un país que renegó, y luego olvidó, sus antiguos conocimientos, gestas y epopeyas. A tal punto que incluso los propios descendientes mestizos negaron y aún muchos niegan su origen nativo.
A ello se agregó, a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, la importación forzada de esclavos africanos. Estos inmigrantes contra su voluntad fueron desterrados de sus países y culturas, obligados a vivir en una tierra que no conocían, a trabajar sin otras opciones en los trabajos que se les asignaran, generalmente los más extenuantes.
.La propia independencia de la República Oriental del Uruguay vino como dictado extranjero. Los orientales lucharon para formar parte de la gran nación de las Provincias del Sur, e incluso el máximo líder, José Artigas, propulsó una confederación de todos los pueblos de la región, de la cual el país fue excluido sistemáticamente.
Con el tiempo, debido al enfoque colonial y extranjerizante, y a diversas situaciones históricas en otras partes del mundo, la población de la Banda Oriental se fue modificando.
Durante los diferentes períodos históricos, generalmente huyendo de la miseria y de las guerras, fueron llegando al territorio oriental miles de inmigrantes de Europa y del Cercano Oriente. Ellos trajeron una mezcla de sus propias maneras de ser, valores y leyendas, aportaron sus rebeldías y nostalgias, que de alguna manera terminaron impregnando las formas de pensar y actuar, utilizando algunos elementos autóctonos y otros incorporados con posterioridad.
Muchos colonos europeos trajeron su cultura agrícola que se instaló en algunas zonas del país, Canelones, Colonia y Litoral Sur del río Uruguay permitiendo el desarrollo de un país agropecuario al oeste de la república.
A pesar de estas limitantes originales, y utilizando los nuevos aportes, los criollos mestizos, africanos, mulatos, zambos, y los inmigrantes europeos y árabes acriollados, fueron dando forma a una cultura original que integró los diversos saberes y principios para generar nuevas identidades adaptadas con mayor o menor éxito a la naturaleza de la tierra.
La élite política desarraigada del trabajo agrícola y de la historia multiétnica, hizo lo posible para impedir dicho desarrollo. Las culturas criollas, gauchas y afro-uruguayas fueron discriminadas, desprestigiadas, confinadas a posiciones marginales. Los agricultores de origen europeo lograron hundir sus raíces y a través del trabajo agrícola se integraron en la sociedad criolla sintética emergente. Durante algunas décadas se logró establecer una base agrícola relativamente eficaz, acompañada de una tecnificación parcial de las actividades ganaderas.
Las élites políticas también actuaron con indiferencia o con comportamientos expropiatorios o burocráticos con relación a la cultura y producción rural.
A la fuerza se impusieron actitudes despreciativas del trabajo del campo.
Se creó un país hiper-urbanizado y patológicamente centralizado, se promovió el vaciamiento de la campaña, llegando a la situación absurda actual en donde una numerosa población urbana pretende nutrirse de los productos y alimentos proporcionados por un campo agobiado y desierto.
La élite política no parece comprender que la sociedad uruguaya contemporánea depende de la producción agropecuaria para mantener una voluminosa población improductiva que vive en las ciudades, alimentar un estado burocrático patológicamente abultado, pagar las crecientes deudas públicas al exterior y a los bancos y proporcionar ganancias al sistema financiero.
El mercado interno es pequeño y continúa disminuyendo cada día. Se limitan las posibilidades de sobrevivencia de la industria nacional. En el país de la lana cierran las últimas fábricas textiles. En Uruguay ya no se produce vidrio, ni jabón, ni cerámica, ni fósforos, ni duraznos en almíbar. Se importan ajos y cebollas de China o de España. Al mismo tiempo disminuyen los productores agropecuarios. Aumenta el desempleo en todas partes. Los jóvenes emigran sustrayendo la mano de obra que sería necesaria para mantener a la creciente población envejecida.
A través de la creación de zonas de libre mercado y aperturas comerciales, que se plantearon como panaceas, se fueron asfixiando amplios sectores productivos, fundamentalmente industriales, de la economía nacional. El Estado se ató cada vez más a un sistema financiero global que obtiene sus beneficios a través de un continuo sangrado de la producción y trabajo de las sociedades dependientes.
El Uruguay está sometido a los vaivenes de los precios internacionales de sus productos cuyos niveles están totalmente fuera del control de los productores y del gobierno
Baja el precio de los cereales, del arroz, de la carne, de la lana, y cada vez resulta más complejo comprar el petróleo y las maquinarias necesarias para la producción industrial competitiva, y para pagar las regalías por la utilización de la tecnología y de las marcas.
Al mismo tiempo el país se ha endeudado. Hoy debe cerca de 30,000 millones de dólares que continúan creciendo día a día. Son 10,000 dólares por habitante.
Tan sólo el pago de los intereses representa una porción muy elevada de los recursos financieros nacionales. Se procura atrasar los pagos pero la carga financiera amenaza el futuro de esta generación y de la próxima.
Aprovechando este momento de vulnerabilidad, y desde el propio gobierno, se promueven operaciones de extranjerización (llamadas “privatizaciones”) de los bienes y empresas nacionales. De a poco se busca ir entregando el control de los componentes productivos y financieros del sistema económico al capital transnacional.
Las ganancias que aquellos proporcionaban a la sociedad uruguaya, pasan a ser drenadas al exterior con el rótulo de “beneficios” o “transferencias” que las sucursales locales vuelcan hacia sus sedes empresariales fuera del país.
El empobrecimiento continúa. Las políticas de los grupos dominantes no hacen más que acentuar este proceso.
Es claro que esta situación no es sostenible. Sólo puede terminar en la muerte por inanición de la economía, en la desilusión colectiva irreversible, en definitiva, en la extinción de la nación.
Mientras este proceso continúa acelerándose sin salida a la vista, se mantiene una ilusión ideológica representada por una historia nacional fraudulenta que escamotea los verdaderos componentes de la antigua cultura criolla.
El más grande de los gauchos, José Artigas, creador de uno de los proyectos políticos multiétnicos más visionarios de la historia americana, fue “desgauchado”, transformado en una imagen de bronce, más parecida a la de un emperador romano, que a la de su verdadera naturaleza de rebelde libertario, que se atrevió a desafiar a los imperios y se rodeó de charrúas y minuanes, indios tapes, africanos cimarrones y criollos insurrectos.
El verdadero Artigas, su enfoque multicultural, su ideología federalista, la visión profundamente democrática, fueron escondidos.
La contradicción es clara. Un país unitario y centralista que pretende reverenciar, hipócritamente, al más grande de los federalistas. Una sociedad culturalmente racista y discriminadora que ha adoptado como su máximo adalid al viejo caudillo de las tolderías gauchas.
Al mismo tiempo que se continúan pronunciando discursos elogiosos a José Artigas, la clase dominante continúa quitándole el poder a las comunidades locales. Las autoridades departamentales tienen una jurisdicción muy limitada y están sometidas en gran medida a las decisiones del gobierno nacional que controla la mayor parte de los recursos financieros, los recursos naturales y sociales de los territorios departamentales.
Hubo intentos descentralizadores que encontraron una férrea oposición de la clase política. El primer gobierno departamental de Tabaré Vázquez de 1990 en Montevideo procuró crear Juntas Locales electivas a nivel barrial pero fueron derogadas en el parlamento, con mayoría oficialista de los Partidos Nacional y Colorado. En 1995 se aprobó una nueva constitución, fundamentalmente para incluir el balotaje e impedir el triunfo del Frente Amplio, cosa que se postergó por 10 años más. Afortunadamente, en ese momento a través de la insistencia de ciertos líderes políticos, en particular el Intendente de Rocha, Irineu Riet Correa se incluyeron elementos de descentralización política autorizando la creación de un tercer nivel de gobierno y separando en el tiempo las elecciónes nacionales de las departamentales. El propio intendente Riet Correa procuró descentralizar en forma real el departamento de Rocha, asignando a las diferentes juntas locales departamentales la administración de sus propios recursos, generando una oposición generalizada de los partidos políticos nacionales así como de los sectores departamentales de estos mismos partidos, así como del sindicatos municipal local. El intento fracasó a pesar de los esfuerzos por avanzar en la descentralización local en Rocha y en otras partes.
Sin embargo, algunos años después, ante la indiferencia de la mayoría de los actores políticos de los tres partidos, en forma agónica, al fin de período de gobierno, el Dr. Tabaré Vázquez impulsó una nueva ley que creaba 91 gobiernos locales municipales autónomos y electivo en todas las poblaciones con determinada significación demográfica. Finalmente a través de otra ley se constituyeron municipios en 112 núcleos urbanos de todo el país.
Este nuevo nivel si bien implica un gran avance formal y psicológico para las poblaciones locales, que pueden por fin, elegir sus propias autoridades, no tiene recursos propios dependiendo en lo económico de la buena voluntad de las juntas departamentales y de los intendentes.
A pesar de este progreso, los departamentos han perdido gran parte de su autonomía efectiva. Las principales decisiones sobre temas importantes, incluso sobre temas departamentales, se toman en Montevideo. Para las Intendencias Departamentales quedan meramente algunos temas territoriales y la gestión urbana.
Las autoridades municipales (del tercer nivel de gobierno) no tienen aún bien definidas ni sus competencias ni sus jurisdicciones.
El gobierno controla todos los aspectos financieros (incluso, en gran medida de las propias finanzas departamentales). También gestióna todos los aspectos de la educación, de la salud, de la previsión social, de los servicios de agua y energía, minería, ríos y arroyos, puertos y la construcción y mantenimiento de las principales rutas, y por supuesto, la mayor parte de la recaudación.
Como consecuencia de esta situación, la población uruguaya ha crecido dependiente de un sistema centralizado y ha perdido confianza en sus propias capacidades.
La gente ha olvidado que los principales factores productivos son locales y no dependen del “mercado global”, ni del dictado de ninguna autoridad financiera o burocrática.
Nos están vendiendo un proyecto de futuro global dirigido a transferir el control del mundo a unos pocos multibillonarios y empresas transnacionales, sin patria ni bandera, haciendo cada vez más dependientes a los pueblos.
El curso actual de la economía mundial nos está llevando a la destrucción del planeta y de la vida, en nombre del crecimiento económico y el “mercado”.
Sabemos que este camino no nos conduce a ninguna parte.
Existen otras opciones más allá del mundo financiero irreal y alienado con el que pretenden controlarnos ciegamente.
La buena tierra, el sol y la lluvia, la capacidad de trabajo de la gente todavía existen y son suficientes para proporcionar alimentos, energía y vestimentas a la población sin necesidad del visto bueno de nadie.
La diversificación productiva optimizando la utilización de los recursos locales y nacionales y la descentralización política y social permitirán destrabar el enorme potencial que existe por todas partes, una vez que las comunidades y los individuos se decidan a liberarlo.
Para ello basta mirar hacia el pasado y nutrirse de las enseñanzas que José Artigas impartió cuando propuso un país basado en la soberanía particular de los pueblos, el modelo federal.
Es necesario crear instrumentos para potenciar la capacidad productiva de la gente y que asegure que la producción nacional pueda moverse libremente, sin el parasitismo de los intermediarios inescrupulosos y especuladores. Hay que crear nuevos instrumentos de cambio, redes de trueque, unidades monetarias comunitarias y locales, liberar las enormes fuerzas sociales reprimidas por el estrangulamiento burocrático y financiero.
Se trata de repensar la historia, la economía y la vida a la luz de la historia verdadera y de las necesidades cambiantes de un mundo globalizado y agresivo.
Debemos confiar en la capacidad de los pueblos y de los barrios para resolver sus propios problemas, para crear sus propias riquezas y definir sus propios destinos, recordando las palabras de Don José que hoy se aplican más que nunca:
Nada debemos esperar sino de nosotros mismos...