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lunes, 9 de marzo de 2020

Tajamares de recarga serían la  solución para evitar efectos de la sequía en Uruguay
Danilo Antón
A principios del año 2020 Uruguay está experimentando un importante déficit hídrico que de continuar intensificándose podré tener efectos adversos en la producción agrícola de secano y en la ganadería por disminución de las aguadas existentes (tanto naturales como artificiales).
Esta situación no es extraña porque el país tiene un régimen de lluvias irregular, con períodos de varios meses con escasas precipitaciones que en general, dado el sistema agropecuario existente, son considerados como "sequías".
La historia pluviométrica del país muestra que periódicamente el Uruguay atraviesa períodos de sequía que tienen que ser prevenidos para asegurar la continuidad de la producción y la persistencia de los manantiales naturales y niveles fréaticos y piezométricos.
Para combatir la sequía existen una serie de medidas que se pueden adoptar, de las cuales en nuestro país varias ya se encuentran en ejecución. Entre ellas se puede mencionar la existencia de represas, algunas que se utilizan específicamente para riego, como es el caso de la represa de India Muerta, otras para el abastecimiento de agua, como la de Cuñapirú o la Cuenca del Santa Lucía en Minas.
Además, existen tajamares que son pequeñas represas que se instalan en diversos sitios del territorio. Su fin es retener el agua en superficie, formando pequeños lagos que son utilizados cuando hay escasez de agua. Si se trata de sequías muy extensas en el tiempo, estos tajamares se secan, por lo que no son la mejor solución al problema.
La tercera opción de reserva de agua, segura y complementaria de las anteriores, es el manejo de las cuencas hidrogeológicas o de los acuíferos.
En Uruguay, existen acuíferos regionales, como el Acuífero Guaraní, el Acuífero Raigón y el Acuífero Litoral, los cuales debido a su tamaño no se ven afectados por las sequías.
Además, existen cerca de un centenar de pequeños acuíferos que incluyen algunos periféricos de los acuíferos regionales. El objetivo es identificar estos pequeños acuíferos que alimentan a los manantiales, para asegurar que siempre cuenten con agua. Estos acuíferos, si no cuentan con recarga suficiente pueden bajar sus niveles de agua y provocar que manantiales y cañadas se sequen.
Es necesario asegurar la recarga de los acuíferos, influyendo para que el agua que se infiltra sea mayor al agua que corre y evitar que se pierda en el mar. Para lograr este objetivo se propone instalar tajamares de recarga, pequeñas represas de agua, las cuales se diferencian de los tajamares de almacenamiento en que los últimos sólo reservan agua en la superficie, con la desventaja que se trata de agua que fácilmente se evapora y contamina.
En cambio, los tajamares de recarga promueven la infiltración y nutren a los acuíferos. Para permitir la infiltración del agua, es necesario ubicar el tajamar en la ladera de la cuchilla orientada hacia los manantiales de cañadas y arroyos
Asimismo, otra ventaja de los tajamares de recarga, es que son mucho más pequeños y fáciles de construir que los tajamares de almacenamiento. No es necesaria una gran inversión, medios técnicos o personal capacitado para su construcción. Su construcción es similar a la de los tajamares de almacenamiento, la diferencia radica en su ubicación y su tamaño.
En nuestro país aún no se instaló este procedimiento de recarga artificial como mecanismo contra la sequía, pero en varias partes del mundo ha sido utilizado exitosamente.
Antes de construir estos tajamares es necesario realizar un relevamiento de acuíferos. Actualmente están identificadas zonas donde existen pequeños acuíferos, como la zona de basalto, el basamento cristalino y formaciones sedimentarias en Cerro Largo y Rivera. Hasta ahora se conocen estas "familias de acuíferos locales" pero es necesario ubicar localmente cada uno de ellos, trabajar un área y construir los tajamares de recarga.

sábado, 13 de abril de 2019

Gestión del agua en Uruguay
Sequías y régimen de lluvias
El clima del Uruguay presenta irregularidades que se han experimentado y registrado desde tiempos coloniales. Las crónicas históricas tienden a indicar que siempre hubo (y hay) unas 20 o 30 sequías por siglo.
Entiendo por ”sequías”, ciertos períodos con escasez o ausencia de precipitaciones, normalmente con duración de dos o tres meses, y excepcionalmente generando déficits hídricos por uno o dos años.
De acuerdo a numerosas crónicas y publicaciones de la ciudad de Buenos Aires, que razonablemente se pueden extrapolar a la Banda Oriental (en esa época todavía no se había fundado Montevideo o era tan sólo una pequeña aldea), se puede afirmar que tanto el siglo XVII como el XVIII fueron extremadamente secos.
Crónicas de Buenos Aires mencionan que en 1611 se perdió la cosecha por sequía.
Tampoco llovió suficiente en 1614, 1617, 1620, 1621, 1625 y 1627. La carencia de agua continuó en 1630 y 1631. Hubo una gran seca en 1648 y aún una sequía peor en 1654. Las secas periódicos continuaron en las siguientes décadas, especialmente en 1681 y 1683, mientras que en la década de 1690 hubo cinco años secos.
Similares fenómenos se repitieron a principios del siglo XVIII (1702, 1704, 1709, 1712 y 1713). En la década de la fundación de Montevideo se registraron 4 años con poca lluvia (1722, 1725, 1726 y 1729). También se registraron secas en el período 1753 al 1768. Hubo dos años secos en 1773 y 1774 y durante las dos décadas finales del siglo 1780 a 1799). En 1791 no había ganado suficiente para alimentar a Buenos Aires y debieron ser traídos de la Banda Oriental. ,2,3
También hubieron importantes sequías en el siglo XIX y desde que se registran datos meteorológicos se constataron períodos secos en el siglo XX por lo menos en los años 1911, 1943, 1947, 1964, 1988 (esta sequía provocó perjuicios en Uruguay por 300 millones de dólares4) y 1999.
De lo anterior se desprende que los años secos con potencial para afectar la producción agropecuaria tienen lugar con una periodicidad relativamente frecuente.
Cualquier agricultor (y meteorólogo) sabe que es difícil (cuando no imposible) prever con precisión cuando se producirán estas sequías pero se puede pronosticar, de acuerdo a las crónicas y registros meteorológicos, que habrán de ocurrir varias veces por siglo, o aproximadamente una por década.

Como prevenirse frente a las sequías futuras
Para asegurarse que estas situaciones no nos encuentren desprevenidos las estrategias deben tender a acumular agua en los años de exceso y utilizar las reservas disponibles (lagos, embalses, tajamares y sobre todo acuíferos) en momentos de seca.
La acumulación de agua se puede hacer a través de:
a) tajamares /azudes de almacenamiento o de
b) estructuras de recarga de acuíferos (llamados ”tajamares de recarga) generalmente construidos en las cabeceras de las cañadas que aún no han sido utilizados en el país (que yo sepa).
Las ventajas de los ”tajamares de recarga” es que los acuíferos se secan mucho más lentamente que los tajamares de almacenamiento y permiten capear los períodos secos. Esto ocurre porque bajo tierra no hay evaporación y en la superficie sí, y también porque el flujo subterráneo es muy lento, y por ende la descarga a través de los manantiales también lo es. Hay experiencias en proyectos análogos en el Nordeste de Brasil, en Orange County, EEUU y personalmente ayudé a diseñar un embalse de recarga en Santa Marta, Colombia.
La estrategia de acumular agua en los acuíferos sólo es posible cuando éstos existen y son significativos (casos de muchas zonas en los departamentos de Paysandú, Río Negro, Soriano, San José, Canelones, Tacuarembó, Rivera, Cerro Largo y Durazno). En otros lugares el método se puede aplicar pero más puntualmente.
Considero que si se construyen algunos cientos (tal vez miles) de tajamares de recarga (además de los tajamares de almacenamiento que también son necesarios) y se multiplican las perforaciones para agua (preferentemente bombeando el agua con molinos de viento tan conocidos en el interior) el problema de la sequía prácticamente desaparecería en la mayor parte del país.
Un elemento a tener en cuenta al planificar las obras es que un tajamar de recarga se construye mucho más fácilmente que un tajamar de almacenamiento pues son más pequeños y no requieren piso impermeable (p.ej. de greda o arcilla).
Son 5 a 10 veces más rápidos de construir y obviamente mucho más económicos (un operador con excavadora puede construir dos o tres en un día a un costo mínimo).

A modo de epílogo

Finalmente desearía expresar que la actual tendencia (incluso a nivel de responsables ministeriales) a atribuir esta sequía de 2008-2009 a un presunto cambio climático y calentamiento global no se apoya en datos rigurosos. Por el contrario, en general se piensa que la ausencia o escasez de precipitaciones en la América del Sur templada está relacionada con temperaturas más bajas en el Océano Pacífico, características del fenómeno denominado ”La Niña” por los meteorólogos. En el momento actual estamos saliendo de una ”Niña” particularmente intensa y probablemente debido a ello experimentando la situación señalada. Un calentamiento del agua en el Pacífico por el contrario daría lugar a precipitaciones más abundantes debido a la mayor evaporación. Los registros térmicos recientes del océano Pacífico no permiten afirmar que se está gestando ninguna tendencia al calentamiento o enfriamiento.


D.Antón

Datos históricos acerca de las precipitaciones pluviales en la zona de Buenos Aires desde el siglo XVI hasta 1821, Romualdo Ardissone, Buenos Aires, 1937.
2 Las secas y las inundaciones en la zona de Buenos Aires, Florentino Ameghino, Buenos Aires,1886.
3 Como evolucionó la ganadería en la época del Virreinato, Alfredo Juan Montoya, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1984. 4"Variabilidad Climática y Agricultura en Paraguay, Uruguay y Argentina: los efectos del ENSO"http://prosur.cima.fcen.uba.ar/documentos/Genaro2001.pdf