Mostrando entradas con la etiqueta Historia de Argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia de Argentina. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de enero de 2018

La conquista criolla de los territorios chaqueños

Después del establecimiento de los estados criollos, particularmente la Argentina y el Paraguay, éstos sucedieron a los españoles y portugueses en sus campañas tendientes a controlar el Gran Chaco.
Sin embargo, a pesar de todos los intentos a principios de la década de 1870, el Chaco aún estaba en mano de las  naciones nativas. Wichis, tobas, mocovìes, pilagàs todavìa habitaban sus territorios tradicionales.
El gobierno argentino se lanzó a la conquista de los territorios de las naciones chaqueñas al sur del Pilcomayo a partir de 1870 con las incursiones del Teniente Coronel Manuel Obligado y del Comandante Luis Jorge Fontana[i].
El propósito declarado del gobierno era el de  obtener nuevas tierras para la colonización y supuestamente “civilizar a los indígenas”. 
La conquista se completó en 1884 con la campaña del General Benjamín Victorica, orquestada en forma similar a la que había permitido la conquista del país mapuche y pampa apenas cinco años antes.
Las tácticas utilizadas por las fuerzas armadas argentinas contra los guerreros chaqueños no eran exclusivamente militares. Hay referencias de viejos pobladores criollos de Formosa, referidos por Pierre Clastres y por Alfred Métraux de que “el ejército argentino regalaba “generosamente” a las comunidades nativas, ropas, sábanas, frazadas y colchones, usados en los hospitales de las grandes ciudades argentinas, por los enfermos de viruelas y otras enfermedades, para las cuales se sabe que la población indígena es muy débil. Una forma barata de hacer la guerra bacteriológica.”[ii] 
Es de hacer notar que en esa época el presidente de la república era Julio Argentino Roca, el mismo general que había comandado la campaña de conquista en el sur.
De acuerdo al Gral Victorica los principales objetivos militares se obtuvieron estableciendo “una línea militar por medio del encadenamiento de fuertes que defiende un rico territorio de más de seis mil leguas, y que obligará a 15 ó 20,000 brazos viriles, que estaban inútiles, abandonados a la barbarie y el robo, a entregarse a los beneficios de la civilización”[iii].
Continuaba Victorica:
“Pienso que será provechoso para la civilización de estas tribus favorecer su contacto con las colonias de la costa, donde no tardarán en encontrar trabajo beneficiando las industrias que en ellas se desarrollan. No dudo que estas tribus proporcionarán brazos baratos a la industria azucarera y a los obrajes de madera como lo hacen algunas de ellas en las haciendas de Salta y Jujuy, si bien considero indispensable también adoptar un sistema adecuado para situarlos permanentemente en los puntos convenientes, limitándoles los terrenos que deben ocupar con sus familias a efectos de ir poco a poco modificando sus costumbres y civilizarlos”.[iv]
Los pueblos chaqueños organizados por el caudillo toba Juanelrai  se opusieron a la invasión enfrentándose al ejército argentino comandado por el Capitán Villanueva en la batalla de Napalpí el 11 de julio de 1873.
Las montoneras toba peleaban con lanzas, macanas y boleadoras contra un enemigo bien armado. Gradualmente la lucha se fue haciendo insostenible para los luchadores chaqueños quienes debieron retirarse en derrota dejando muchos cadáveres en el campo de batalla.

La resistencia continúa

Las resistencia de los pueblos chaqueños no terminó en 1884. En 1898 y 1899 grupos armados toba  y mocoví atacaron establecimientos de campo en Florencia y La Palometa y dieron muerte al explorador español Enrique Ibarreta. La intervención del ejército  argentino no se hizo esperar. El ataque se llevó a cabo en 1899 bajo las órdenes del General Lorenzo Vintter quien operó con 5 regimientos y 1,500 hombres que despejó la zona asegurando temporariamente la tranquilidad en el Chaco ocupado.

[i] Tomasini, Alfredo, 1987, Contribución para una historia de los Mocoví del Chaco Austral, Suplemento Antropológico, Vol.XXII no1, Junio 1987, Asunción, Paraguay, p. 29-48.
[ii] Cita incluida en la edición en español del trabajo de Alfred Métraux, 1996, p. 53, ref. de pie de página nº 10.
[iii] Victorica Benjamín,  en Iñigo Carreras, N., 1979, “El papel del Estado en un proceso de creación de condiciones para la constitución de un sistema productivo rural: la violencia como potencia económica (El caso del Chaco Argentino 1884-1930), Serie Estudios 35, Buenos Aires: CICSO  y en Carrasco, M. y Briones, C.,  1996, “La tierra que nos quitaron”

[iv] Victorica Benjamín, Iñigo Carreras, N., 1979  y Carrasco, M. y Briones, C.,  1996, obras citadas.

lunes, 18 de diciembre de 2017


Un pueblo de sobrevivientes. los wichis o matacos

Los wichís, también denominados matacos constituyen una de las naciones màs importantes y numerosas del Chaco Central y Austral, en los territorios de Argentina, Bolivia y Paraguay, con una población de unas 60,000 personas.  
Los wichis portenecen a  un grupo lingüístico que incluye a los nivaclé y los macá. Consideramos que también tienen un parentesco lejano con las naciones nativas del sur (charrúas y minuanes) de acuerdo a algunas investigaciones que publicamos en el libro "Los Pueblos del Jaguar".
El nombre “mataco” con el que también se les denomina proviene del idioma quechua y es utilizado desde las primeras crónicas que mencionan a este pueblo. Algunas fuentes sostienen que es una alusión peyorativa a una especie de armadillo. A partir de la década de 1990 se difundió el uso del nombre wichí que ha desplazado ampliamente a mataco. La palabra wichí significa gente o pueblo y refiere tanto al idioma como al pueblo. Los wichís de Bolivia son denominados weenhayey, que significa “los diferentes”, o noctenesm y se diferencian del resto por su variedad dialectal, incluyendo al grupo que vive en el área de la ciudad de Tartagal en Argentina. 
El sustento principal de los wichis es (era) el cultivo de zapallos, porotos, maíz y mandioca, junto con la recolección de chauchas de algarrobo, tuna y miel, la pesca y la caza
Sus utensilios y artefactos son (eran) principalmente de madera (por ejemplo los "palos de labranza", y trabajos de cestería, cerámica,  piedra pulida y textiles utilizando fibras de caraguatá o chaguar  empleados para confeccionar sus elegantes morrales y bolsos llamados yiska.
La invasión del territorio wichí por los estados criollos los obligó a replegarse o emigrar, a menudo perdiendo sus fuentes de sustentos.  Un gran número se vió obligado a trabajar en condiciones de sem-esclavitud en los obrajes, y en la actualidad constituyen uno de los grupos sociales más pobres y discriminados en los respectivos países donde habitan.
Actualmente los wichís se encuentran principalmente en la provincia Gran Chaco en Bolivia, en las provincias del Chaco, Formosa y Salta en la Argentina y en menor grado en el Chaco de Paraguay.
En el censo de 2010 su número en toda la Repùblica Argentina ascendía a 50 419 wichís,7​ de los cuales 19 819 vivían en la provincia de Salta, 14 472 en la de Formosa, 5586 en los 24 partidos del Gran Buenos Aires, 4629 en la provincia del Chaco y 172 en la de La Rioja.8​
El wichí es probablemente una de las lenguas indígenas de mayor vitalidad en Argentina y es llamado wichí lhamtés por sus hablantes. De acuerdo con Samuel A. Lafone (1896) y Viegas Barros (1993-1994) el idioma wichí formaría parte de un conjunto de lenguas chaquenses que denominaron mataco guaicurú dentro del cual se conformaría la familia mataco-mataguaya o mataco-maká junto a los idiomas de los chorotes, makas y chulupìes o nivaclès.
Los idiomas wichí y chorote comparten un 50% de su vocabulario básico, mientras que el wichí con el chulupí o nivaclé comparte un 33% y un 20% con el maká.
En un estudio que realizamos comparando el escaso vocabulario charrúa que se conserva, pudimos observar que el idioma wichi comparte un 10% de su vocabulario con las palabras charrúas conocidas.
Por esa razón consideramos que los nivaclé (establecidos en el Chaco paraguayo, cerca de Mariscal Estigarribia) y  los maka (que habitan los suburbios del área metropoiitana de Asunciòn) y los chorotes constituyen el estrato lingüístico màs antiguo de las regiones templadas y subtropicales de América de Sur central y oriental.  Tanto los pueblos chanà-arawaks, como los chaqueños orientales (tobas, mocovíes, pilagàs) y guaraníes, constituiran migraciones posteriores.
, 

viernes, 18 de agosto de 2017

La cabeza del Chacho
Algunos collas y mestizos desde La Rioja a Salta  piensan que, la cabeza del Chacho Peñaloza está creciendo piernas, y un día, como el gran Incarí, podrá volver a galopar las amplias planicies.
Al llamado de Facundo, “el Tigre de la Llanura”, y del Chacho, miles de hombres venían de a caballo para pelear contra los unitarios de Buenos Aires. Se  armaban y desarmaban las bravas caballerías gauchas que habían logrado tantos triunfos en circunstancias harto complicadas.
A Facundo lo mataron temprano, en 1834.
El Chacho logró sobrevivir por bastante tiempo más.
Y siempre del lado de los federales y de los pueblos de las pampas y los valles.
Cuando subió Mitre a la presidencia en 1861, la figura de Peñaloza era el símbolo de la aspiración de las provincias. 
Tanto Bartolomé Mitre como Sarmiento, que en esos años  era ministro del gobierno nacional, y luego, gobernador de San Juan, lo querían muerto.
En 1863 la rebelión provincial se extendió como reguero de pólvora  por el oeste. El Chacho fue atacado por las fuerzas mitristas y unitarias en las márgenes del río Colorado, en La Rioja, en Córdoba y en San Luis.
Finalmente, luego de haber sufrido varias derrotas, se replegó a La Rioja.
A fines del año, una partida militar llegó al pago del Chacho con una orden. Su misión era matarlo y cortarle la cabeza.
Lo sorprendieron en el rancho, tomando mate. 
Lo lancearon hasta que ya no se movió. Luego le cortaron la cabeza, que terminó en una pica en la plaza de Olta, un pueblo de La Rioja.
Sarmiento, que lo odiaba, se solazó, tal vez ordenó su ejecución, y al enterarse de la muerte dijo:
“He aplaudido la medida precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses.” 
En la fiesta organizada para celebrar su muerte  alguien exhibió una oreja del Chacho Peñaloza entre risas y festejos.
“Y en el baile oficial con que se celebra la captura del jefe federal, la oreja pasó de mano en mano de los concurrentes” .
Los que reían no sabían dos cosas: 1) que la oreja del Chacho estaba escuchándolos y 2) que el que ríe último ríe mejor.
De "Crónicas de la Peripecia Humana", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.

martes, 7 de junio de 2016

El expansionismo del estado argentino 
y la ocupación británica de las islas Falkland (Malvinas)


Danilo Antón
En 1833 cuando el Reino Unido ocupó las islas Malvinas (Falkland) la República Argentina no existía (recién fue establecida formalmente en 1853 y efectivamente después de la batalla de Pavón en 1861). El Virreinato de la Plata (desde donde supuestamente España ejercía su soberanía sobre las islas) se había desarticulado. Las gobernaciones de Paraguay y Montevideo se habían transformado en países independientes. Las restantes provincias habían constituido una confederación escasamente consolidada denominada “Provincias Unidas del Río de la Plata”. El territorio de esta confederación se extendía algunos kilómetros al sur de la sierra de Tandil debido a la campaña de Juan Manuel de Rosas. Los valles de los ríos Colorado y Negro eran territorio de los pueblos mapuches que estaban organizados políticamente en la Confederación de Salinas Grande cuyo jefe era Kalfukurá.

Hacia el sur la Patagonia estaba poblada por tehuelches, onas-alakaluf y yaganes.
La invasión del país mapuche fue coordinada por los gobiernos de Argentina y Chile en la década de 1880. El resultado de la guerra (mal llamada guerra del desierto) fue la ocupación de las tierras de la Confederación, a través de la muerte, prisión o desplazamiento de la población nativa. El resultado de la campaña fue más de mil muertos, diez mil prisioneros y la expulsión del resto a las tierras periféricas. En ese momento (1885) cuando Argentina ocupó la Patagonia ya hacía más de 50 años que el Reino Unido ocupaba las islasFalkland. La cercanía de las costas patagónicas es utilizada como argumento para justificar la soberanía sobre las islas.
La expansión de Argentina hacia el Chaco ocurrió más tarde. Tobas, mocovíes, pilagás y wichís se resistieron a dicho avance obligando a ocupar militarmente el territorio. En la guerra entre el gobierno argentino y los pueblos chaqueños murieron varios centenares de indígenas, un número mayor fue hecho prisionero o desplazado.
La guerra del Chaco duró hasta la década de 1910.

La guerra del Paraguay permitió a Argentina expandirse hacia el norte para ocupar la actual provincia de Formosa (territorios entre los ríos Bermejo y Pilcomayo) en 1871.
Como se ve la historia de Argentina ha sido una sucesión de conquistas militares, ya sea apoderándose de tierras indígenas o aprovechando una victoria bélica (contra Paraguay).
Los derechos argentinos sobre las Malvinas se basan (o podrían basarse) exclusivamente en su poder político, económico o militar. Como la potencia ocupante actual (el Reino Unido) es más poderosa que Argentina por ahora no se avizora un cambio en el statu quo.
Todo lo anterior no quiere decir que el Reino Unido tiene derecho sobre las islas. No lo tiene. Su posesión también se basa en su fuerza política y militar. Sin embargo es muy diferente la situación de los falklanders (malvinenses británicos) que han vivido en el lugar por varias generaciones. Su destino será similar al de tantas otras micro-naciones que no tienen suficiente población como para asumir una independencia efectiva. 
De todos modos es absolutamente necesario tomar en consideración su opinión ante de definir su destino futuro.

lunes, 22 de febrero de 2016

Los Menéndez y los Braun, 

terror de la Patagonia

José Luis Alonso Marchante, narra cómo José Menéndez, inmigrante asturiano, junto a otros pioneros, se apoderó de manera fraudulenta de miles de hectáreas en la Patagonia chilena y argentina. Además el libro da cuenta de cómo Menéndez participa en el exterminio de los pueblos originarios de Tierra del Fuego. “El genocidio ocurrido en la Patagonia es parte de la historia de Chile y debe ser develado totalmente ante los ojos de los chilenos, incluso ser parte de las materias escolares” afirma Alonso.
Por Alejandro Lavquén. 
Esclarecedor libro sobre los estancieros de Tierra del Fuego. El libro Menéndez, rey de la Patagonia (Editorial Catalonia), del historiador español José Luis Alonso Marchante, narra cómo José Menéndez, inmigrante asturiano, junto a otros pioneros, se apoderó de manera fraudulenta de miles de hectáreas en la Patagonia chilena y argentina. Además el libro da cuenta de cómo Menéndez participa en el exterminio de los pueblos originarios de Tierra del Fuego. “El genocidio ocurrido en la Patagonia es parte de la historia de Chile y debe ser develado totalmente ante los ojos de los chilenos, incluso ser parte de las materias escolares”, afirma Alonso.
¿Cómo nace tu interés por la historia de la Patagonia?

Siempre me han interesado los temas de la inmigración. Cuando viajé a Buenos Aires la primera vez, fui al Centro Asturiano (yo soy asturiano y mi esposa argentina), donde me encontré con un busto de José Menéndez que tiene una placa que dice que había sido el iniciador del progreso económico en la Patagonia. Me intrigó muchísimo el personaje. Me preguntaba cómo alguien puede salir de una aldea rural sin contar con nada de fortuna y luego convertirse en una persona poderosa. Poco a poco fui siguiendo su historia, que es la que entrego en este libro.

Anne Chapman en su obra“Los Selknam de Tierra del Fuego” denuncia a José María Menéndez Menéndez como el principal exterminador del pueblo Selknam originario de Tierra del Fuego.
¿Cómo español, cuál era tu visión de la Patagonia?

Para nosotros, los europeos, la Patagonia es un lugar legendario con un paisaje fascinante ubicado prácticamente en el fin del mundo. Es un lugar mítico. Yo tenía la imagen de los exploradores, por ejemplo de Hernando de Magallanes que en 1520, al recorre por primera vez el estrecho que hoy lleva su nombre, vio aquellos fuegos que hacían los selk’nam para avisarse entre ellos de que algo estaba sucediendo. Esa era mi imagen de la Patagonia.

¿Sabían en Europa del exterminio de los indígenas?

Bueno, todo el mundo conoce perfectamente como los pueblos autóctonos de América fueron víctimas de la colonización europea desde su comienzo. Pero lo que a mí me sorprendió mucho de la Patagonia fue que allí el exterminio se había producido en épocas muy recientes. No estamos hablando de 1500 o 1600 sino que de finales del siglo XIX y comienzos del XX. O sea, es como decir, en términos históricos, esto ocurrió ayer. Esta situación no la conocía. Fue una triste sorpresa, sobre todo cuando empiezo a investigar la vida de José Menéndez y su participación en las masacres de los pueblo originarios, que es un tema sobrecogedor.

¿Das a conocer testimonios o documentos inéditos?

Claro que sí, para mí era muy importante traer a colación, compilar de algún modo, los testimonios contemporáneos. Por ejemplo, con respecto el exterminio de los selknam de Tierra del Fuego, traigo al libro el testimonio de los Salesianos. Ellos tenían una Misión que estaba al lado de las estancias de José Menéndez y cuando salían de la Misión no era raro encontrarse con selknam muertos por tiros de rifle. Creo que esos testimonios son importantes. En cuanto a las condiciones de los peones que trabajaban en las estancias, tema que también me interesa mucho, lo que hago es extraer los testimonios de los militares y de la policía, que eran muy poco sospechosos de simpatizar con los peones, pero que sin embargo se asombraban de las condiciones tan duras en las que éstos trabajaban.

¿Tuviste oportunidad de conversar con descendientes directos de Menéndez u otros estancieros?

Me he contactado con descendientes de los Menéndez asturianos, con la familia que quedó en España. Luego he obtenido un testimonio que considero de mucho valor. José Menéndez tenía en su estancia de Tierra del Fuego, Primera Argentina, un capataz escocés llamado Alexander Mac Lennan, apodado “Chanco Colorado”, de infausta memoria en la población de Punta Arenas, porque todo el mundo sabe fue un cazador de indios, y él mismo lo reconocía. Pude conversar con un bisnieto de Mac Lennan en la Tierra del Fuego argentina. Y me sorprendió mucho al decirme que gracias a lo que había hecho Menéndez y los demás estancieros hoy en día no existen en Tierra del Fuego los problemas de reclamos de pueblos indígenas que sí existen en otros lugares de Argentina y de Chile. Imagínate que cosa más sorprendente y lamentable.

Sí, hubo una cacería de indígenas en Tierra del Fuego, los que fueron rematados en el centro de Punta Arenas como si se tratara de un mercado de esclavos.
¿Entonces los descendientes no asumen ningún compromiso con la verdad histórica?

No lo hacen. Osvaldo Bayer, historiador argentino, se entrevistó no hace muchos años con el dueño de la La Anónima, que fue como se conoció la compañía que en 1908 fundó José Menéndez junto a su yerno Mauricio Braun, cuando Bayer le planteó a Federico Braun que podrían por lo menos realizar un acto de desagravio por el exterminio, éste respondió que él había nacido el año cuarenta y tantos y no tenía nada que ver con esas cosas que se decían. Esto contrasta con empresas como Mercedes o Bayer en Alemania, que emplearon trabajadores esclavos y hoy sustentan museos y fundaciones para dar a conocer esa época oscura de su historia empresarial. Es decir, esa responsabilidad existe. Es muy importante rescatar la memoria histórica.

En cuanto a la Congregación Salesiana, al parecer su rol fue bastante controvertido ¿Qué papel jugaron realmente en los sucesos relacionados con los indígenas?

Los salesianos llegaron a tener en isla Dawson un aserradero y exportaban madera a las islas Malvinas. En estas tareas los salesianos empleaban a los indígenas. Los primeros salesianos establecieron misiones evangelizadoras en Tierra del Fuego y fueron muy críticos con los terratenientes. Realmente trataron de proteger a los indígenas y a la vez evangelizarlos, pues pensaban que eso los ayudaba. Pero hay un momento en que se entregan al poder económico de los estancieros, y la siguiente generación de salesianos está completamente subordinada a la voluntad de los hacendados. Es entonces cuando se escribe una historia favorable a los estancieros como forjadores del progreso en la Patagonia. Estos salesianos se convirtieron en defensores de esa historia manipulada.

De acuerdo a tus investigaciones ¿Cuánto de culpa tuvieron los gobiernos de Chile en el genocidio?

Mucha. Las leyes de colonización chilenas y argentinas, que he estudiado en detalle, establecían como límite 30 mil hectáreas para ser entregadas en arriendo a los colonos, porque la intención que se tenía sobre el papel era que llegaran los inmigrantes europeos a instalarse con pequeñas estancias ganaderas, que es por ejemplo lo que pasó en Australia, pero Menéndez, Braun y otros, lo que hacen es conseguir que los gobiernos chileno y argentino se salten sus propias legislaciones para obtener más tierras, pertenecientes obviamente a su habitantes originales. José Menéndez se movía en los pasillos del Congreso de Santiago y Buenos Aires con muchísima habilidad y dinero, llegando a tener en nómina a gobernadores de la Patagonia. En el caso de Chile a Mariano Guerrero Bascuñan, que cuando dejó de ser delegado de gobierno en Magallanes se fue a Santiago y trabajó para los estancieros. En Argentina con Carlos Moyano, que fue gobernador de Santa Cruz, pasó lo mismo. Eran conseguidores de tierra. Existe una responsabilidad absoluta de los gobiernos, pues permitieron toda clase de tropelías.

¿O sea que los gobiernos estaban totalmente al tanto de los crímenes?

Los gobernadores que llegaban a Punta Arenas lo hacían de buena voluntad y a su arribo se encontraban con dos clases de injusticias: acaparamiento de tierras y exterminio de indígenas. Entonces, qué ocurre, que las protestas iniciales se transformaban al poco tiempo en colaboración directa con los terratenientes, todo gracias al dinero y la influencia de Menéndez en el Congreso. El dinero tiene la virtud de acallar las críticas.

Entiendo que incluso hubo episodios de esclavitud

Sí, hubo una cacería de indígenas en Tierra del Fuego, los que fueron rematados en el centro de Punta Arenas como si se tratara de un mercado de esclavos. Esto ocurrió en 1895, en una época en que en Chile no existía la esclavitud, pues había sido abolida muchísimos años atrás. Fue algo infame para la historia de la ciudad. El episodio fue denunciando en la época y lo que traigo a colación en el libro son testimonios contemporáneos. De hecho se hizo un juicio que al final, por influencia de los estancieros, se sobreseyó.

¿Cómo asumen hoy los magallánicos la historia del exterminio?

Estuve allá en 2009 y 2011, recorriendo Tierra del Fuego y Punta Arenas. También estuve en la Patagonia argentina. Yo diría que en Punta Arenas hay una distancia bastante grande en relación a la forma que se cuenta la historia oficial en el lado argentino. En Argentina a nadie se le ocurriría poner a una calle José Menéndez o Mauricio Braun. En cambio en Punta Arenas todo el centro de la ciudad está orientado a apuntalar la memoria de esos pioneros, una memoria monolítica. Allí se observan algunos de sus palacetes. Finalmente aquellas familias perdieron todo interés en Punta Arenas y se instalaron en Buenos Aires o en Santiago, donde era mucho más fácil seguir a sus compañías o a sus sociedades. Entonces me sorprendió esa visión histórica oficial en Punta Arenas, porque contrasta con la opinión de los ciudadanos comunes y corrientes, que tienen muy claro que existe una historia impuesta. Los estancieros no sólo se apropiaron de tierras y asesinaron a los pueblos originarios, sino que también afectaron profundamente la flora y fauna de la región.

Ref,     http://www.contrainfo.com/10970/los-menendez-y-los-braun-terror-de-la-patagonia/

 La conquista del Chaco, un genocidio que todavía no termina  

Ante la agresión sistemática del gobierno argentino y los abusos experimentados por las comunidades nativas chaqueñas. en 1903 se rebelaron los pueblos chaqueños, esta vez inspirados por un mesianismo religioso basado en una nueva creencia de que Dios había dispuesto que la tierra les fuera devuelta a los indígenas y de que a los blancos los castigaría haciéndoles crecer un rabo de chancho (conviene recordar que los paraguayos denominan popularmente curepa o "cuero de chancho" a los criollos blancos de Argentina) . El movimiento fue nuevamente derrotado.
Sobre este último proceso bélico, la crónica de La Nación de Buenos Aires del 23 de abril de 1904 señalaba lo siguiente:
"Sublevación de indígenas en la provincia de Santa Fe. Choque con la Policía. Varios muertos y heridos. Sometimiento de unos y fuga de otros. San Javier 21. En la refriega fue gravemente herido Juan López, hermano del cacique Mariano López, muriendo esta tarde. Fue herido de un lanzazo en una pierna el vecino D. Félix Lena (muriendo horas después)". El parte oficial reproducido por La Nación decía: "Los indígenas de San Martín Norte, en esta provincia sugestionados por cuatro individuos de la tribu, que se dicen adivinos se han trasladado a San Javier." y luego " La sublevación de indios en San Javier. anoche a las 11.30 llegó el jefe político de Helvacia con fuerzas... Hoy llegó el mayor del Ejército José Pérez....con una pequeña fuerza armada. Cuando se inició el ataque a la policía Juan López fue muerto, venía al frente con un estandarte excitando (sic) a los indígenas."
Las rebeliones chaqueñas continuaron aún por varias décadas. En 1924, en Napalpí, se gestó una nueva sublevación, y otra nueve años más tarde en "El Zapallar". Ambas fueron reprimidas militarmentei.
Con estas derrotas y otras similares en las zonas de los estados criollos del Paraguay y Bolivia se fue allanando el camino para la ocupación del Gran Chaco y la completa aniquilación de sus bravías naciones.
El proceso de ocupación que fue abierto a través de las intervenciones militares criollas fue complejo y se dio a diferentes niveles.
Elmer Millerii comenta: "El enfrentamiento de los nativos (del Chaco) con los europeos no fue en absoluto un proceso coherente y uniforme. Diversos tipos de europeos cada cual con una actitud diferente hacia el indio, penetraron en el Chaco. Hubo exploradores, soldados, empresarios, políticos, sacerdotes y misioneros protestantes. El explorador curioso entró primariamente en el Chaco porque era desconocido. Su actitud hacia el indio era de curiosidad. El soldado fue enviado al Chaco para pacificar el área. Veía al indio como a un individuo fuera de la ley y sus contactos fueron principalmente de naturaleza beligerante. El empresario- maderero, ganadero y agricultor, que solían llegar en este orden- penetró en el Chaco buscando oportunidades económicas. Veía al indio como un trabajador potencial para ser explotado, y su relación patronal subordinó al indio. El político llegó para consolidar un territorio político. Para él, el indio era un ciudadano potencial con voto... El sacerdote fue al Chaco por motivos religiosos, buscaba "reducir" creencias y prácticas "extrañas" a patrones "civilizados."


A principios de 1902, aprovechando la “apertura” de las tierras chaqueñas, un grupo de criollos dedicados a la ganadería solicitaron autorización al gobierno para abrir una colonia pecuaria en la margen del río Pilcomayo.
En 1906 se llevó a cabo una expedición con propósitos colonizadores encabezada por Domingo Estrada, quien dejó un relato detallado e ilustrativo de los propósitos e impresiones que le sugirió su visita a las tierras indígenas del Alto Pilcomayo (sobre todo pobladas por nativos wichi).
“No era en verdad que faltase tierra.... faltaban buenos campos de pastoreo. Los ganados aglomerados por sus dueños, sin orden ni previsión, los habían ido talando por secciones, de tal suerte que los lugares presentaban entonces, como hoy, su aspecto físico demudado por comleto: el campo raso y de excelente engorde, había sido invadido y cubierto en absoluto por grandes bosques de binales. El binal es un árbol espinoso, sin madera, perjudicial y de mayor fecundidad que el guindo; donde cunde, lo que hace con asombrosa rapidez, toda otra vegetación muere y la herbácea la primera”iii
La región resultó excelente para los fines perseguidos por la expedición:
“Así llegamos a praderas hermosísimas que no vacilo en calificar como las han bautizado los exploradores anteriores, de las pampas del Norte. Son treinta leguas de campos espléndidos totalmente cubiertas de pastos tiernos.”
Los pobladores nativos de la zona creían que los ganaderos estaban pidiendo permiso para que los animales pastaran allí por un tiempo.
“Les hablé de la población cristiana que venía y les pedí la tierra necesaria para ubicarla. Se mostraron complacidos y me señalaron la zona que concedían...”
A continuación afirmaba Domingo Estrada:

“En esta campaña he hecho relación con cinco mil indígenas que se han presentado voluntariamente a nosotros, protestando su amistad y manifestando deseos de servirnos. Les hice comprender que el gobierno de la nación, en cuyo nombre les hablaba tiene los más humanitarios propósitos respecto de las tribus que se sometan a la vida pacífica del trabajo y no perjudiquen en absoluto a los pobladores cristianos; que el gobierno velaría por ellos bajo esta sola condición, protegiéndoles contra los avances o abusos de las fuerzas militares, y les proporcionaría, además, algunos útiles de trabajo. Conferencié así con ciento seis caciques y sus respectivas escoltas de las tribus mataguayas (wichis o matacos), chorotes, tobas, nimocaes y pilayas.
Hícele regalos y procuré en todas estas conversaciones traerlos a la idea de la vida civilizada... Son agricultores y pastores. Los hombres se dedican mayormente a la caza y a la pesca. Cosechan con preferencia maíz, zapallos y mandioca; poseen ganado vacuno, yeguarizo, cabrío y lanar. Las mujeres hilan y hacen buenos tejidos de lana y algodón.”
         Los estados criollos se reparten el Chaco
Mientras las naciones chaqueñas eran desplazadas de sus tierras, "reducidas", catequizadas, convertidas a la “civilización”, el gobierno argentino comenzó a promover la colonización del Chaco por inmigrantes extranjeros. La explotación del quebracho, de la madera, la agricultura del algodón y, como se ha visto más arriba, la ganadería, fueron atrayendo interesados desde Buenos Aires y desde Europa. Las tierras nativas se repartieron a los terratenientes y grandes compañías. Los toba, mocoví, wichí, chorote y churupí pasaron a constituir tan solo la mano de obra de los nuevos obrajes. Los remanentes de las poblaciones autóctonas fueron arrinconados en los parajes menos productivos de su territorio en donde aún deben entablar largas y complejas batallas legales para que no se les quiten los últimos pedazos de sus antiguas tierras ancestrales.
En la actualidad, la mayor parte de las naciones chaqueñas ha desaparecido, ya no hay abipón, los mocoví están casi totalmente aculturados. Las naciones sobrevivientes como los toba y los wichi, que por su mayor número y fuerza cultural han logrado subsistir, vegetan en la marginación y la pobreza. Hay vecindarios toba en las “villas” de Rosario, Santa Fe y Buenos Aires, y barrios wichi y chorote en Salta. De las antiguas culturas libertarias chaqueñas queda muy poco. Ignoradas por la elite económica e intelectual porteña, se debaten procurando recuperar algo de su otrora extenso territorio y defender los últimos rescoldos de su cultura

Los tratados incumplidos
Españoles y criollos acordaron numerosos tratados con el liderazgo de las naciones nativas pero rara vez los cumplieron.
Para la mayoría de las culturas aborígenes la palabra empeñada era un valor muy importante, y por lo tanto, repetidas veces llegaron a acuerdos con la creencia de que las autoridades coloniales o criollas habrían de respetarlos.
En los hechos esto no ocurrió casi nunca.
Los toba señalan tres tratados y convenios en que las autoridades les reconocía sus derechos y que luego fueron ignorados.
Ellos son los siguientes:
El Tratado de Paz Matorras- Paikín de 1774, por el que el gobernador español Matorras le reconoce a los caciques Paikín, Quisqui y otros el derecho al territorio “por cuanto ocupan estos territorios que han poseído sus antepasados (y) que les ha de dejar y mantener en posesión, que han tenido sin despojarle de ellos.”
El Tratado entre el Gobernador Pedro Ferré de Corrientes y los indígenas chaqueños de 1825 en donde éste “reconocía a los indios la soberanía y el dominio en todas las tierras del Chaco”
El Convenio entre el Gobierno Nacional y los caciques chaqueños del 29 de febrero de 1868 (apenas 16 años antes de su total aniquilación) que estipulaba que el Gobierno Nacional deja constancia que las “propiedades (de los indígenas) serían respetadas y que se pone bajo su protección y cuidado a todo el territorio comprendido desde el riacho de Oro al este hasta el río Salado.”
Corresponde señalar que ninguno de estos acuerdos fue respetado y que finalmente el Chaco fue conquistado violentamente sin ninguna consideración a los derechos a la tierra o a la integridad física de sus habitantes. Este es el origen de la soberanía de los estados criollos sobre las tierras chaqueñas.
i Tomasini, Alfredo, 1987, obra citada..
ii Miller, Elmer S., 1979, Los Tobas argentinos. Armonía y discordancia en una sociedad. Siglo veintiuno editores. México.

iii Ref. de Carrasco y Briones, 1996, p. 203.
Reproducido de "Los Fantasmas de la Memoria",  Danilo Antón,  Piriguazú Ediciones
La expansión territorial de las elites criollas
¿Quien podría creer que tantas atrocidades podrían ser cometidas por un país civilizado y cristiano?
Charles Darwin i

La mal llamada conquista del desierto

El territorio argentino que se extiende al sur y al suroeste de la ciudad de Buenos Aires, en las actuales provincias de Buenos Aires, La Pampa, Sur de San Luis y Mendoza, Río Negro y Chubut era llamado la “Tierra del Este” o Puelmapuii por los pueblos tradicionales mapuches.
La conquista del Puelmapu y el sometimiento de los pueblos que lo habitaban fue un largo proceso que habían comenzado los españoles al ocupar las tierras querandíes a fines del siglo XVI. Esta expansión continuó en forma incesante a lo largo de los siglos XVII y XVIII, para culminar en las décadas de1870 y 1880 con el aniquilamiento de las confederaciones nativas y la ocupación final de sus territorios.
Las historiadores oficiales argentinos han dado en llamar la “Conquista del Desierto” a esta etapa invasora. Esta denominación que obviamente busca desconocer la existencia de estados y entidades étnicas constituidas y reconocidas en numerosos tratados y acuerdos, incluso a nivel internacional, es una falsificación intencional de los hechos.
El “desierto” no era desierto. Era un lugar poblado por numerosos pueblos organizados que vivían en sus territorios ancestrales desde tiempos inmemoriales. Cuando los mapuches contemporáneos escriben su propia historia no hablan de “conquista del desierto”, sino de una guerra de agresión que les fue impuesta y que terminó con una cruel masacre, su destierro y la destrucción de su patria.

i Darwin, Charles: «Viaje de un naturalista alrededor del mundo»,
Buenos Aires, 1945
ii Puelmapu: del mapudungún (lengua de los mapuches) proveniente de puel= este y mapu= tierra. Se denominaba así al territorio que se encuentra al este de los Andes tradicionalmente por pueblos mapuches, pampas y otras etnias patagónicas. Sus habitantes eran llamados puelches.

De "Los Fantasmas de la Memoria", Danilo Antón,  Piriguazú Ediciones

sábado, 20 de febrero de 2016

Las naciones nativas del Río Uruguay medio e inferior

Las parcialidades aborígenes del Entre Ríos y sus vinculaciones con las naciones de la Banda Oriental
D.Antón
Los grupos nativos del Entre Ríos estaban muy relacionados con los de la Banda Oriental y cruzaban el río Uruguay en cada ocasión en que se necesitaba..
Revisando los documentos de principios del siglo XVIII encontramos que las comunidades del Entre Ríos, Santa Fe y la Banda Oriental recibían una gran diversidad de denominaciones: «yaro», «bohan», «machado», «guayantirán», «guenoa», «mbatida» y «minuán» y por supuesto, los términos más comunes: «charrúas», y «guenoas» o «minuanes».
Estas dos últimas naciones son descriptas con detalle en otros capítulos del libro. Trataremos de referirnos a las parcialidades del Entre Ríos cuyo protagonismo tuvo lugar principalmente en los siglos XVII y XVIII.

Los yaros, yaroses o jacroas
En esa época los yaros eran una de las parcialidades más importantes en ambas bandas del Uruguay. Azara los sitúa originalmente en la costa oriental del río Uruguay entre el río Negro y el San Salvador.. Por 1655 su cacique Pedro Guaytán fue convocado por las autoridades de Buenos Aires (Barrios Pintos, p.88). En 1701 acaudillaron la federación pampa durante la batalla del Yí y en 1715 fueron mencionados como uno de los grupos principales del Entre Ríos en la fallida campaña de Piedrabuena. En 1786 se les ubica en las costas del Uruguay y en las puntas de los arroyos Cuareim y Arapey (Barrios Pintos, A., 1991, p.44). No hay ninguna referencia a los yaros en el siglo XIX.


Los bohanes, bojanes, mbojas o moxanes
Los bohanes eran otra parcialidad pampa que de acuerdo a Azara habitaba el valle del río Uruguay al norte del río Negro. Ya en el siglo XVII se la encuentra aliada a yaros y charrúas y en 1655 su cacique principal Lumillán fue llamado a Buenos Aires para solicitarle su sometimiento a la fe católica Hay referencias a los bohanes en los documentos españoles de las campañas de 1701 (batalla del Yí) donde se les denomina «mbojas» y «moxanes», en la campaña delEntre Ríos de Piedrabuena y en otros documentos del siglo XVIII. Hay referencias de que la lengua bohan era muy distinta a las otras lenguas pampas. De acuerdo a Azara los bohanes eran una parcialidad menos numerosa que los yaros que habrían desaparecido a fines del siglo XVIII. Sin embargo, la lengua bohán todavía mencionada por Larrañaga como lengua «viva» en su discurso de inauguración de la Biblioteca Nacional en 1815 por lo que es de presumir que todavía había algunas familias bohanes en dicha época.
Los mbatidas o batidas
Los mbatidas fueron mencionados en los partes españoles de la «batalla» del Yí. Se trataba de una parcialidad confederada con yaros, bohanes y charrúas que enfrentaron a los españoles durante los primeros años del siglo XVIII. Después de esas fechas su nombre desaparece de las crónicas muy rápidamente.
Los martidanes
Constituían un pequeño grupo pampa que es mencionado en algunos documentos. Lozano en su crónica señala que entre los pueblos uruguayos de costumbres bárbaras se encontraban los yaros, los martidanes y los guenoas. Las referencias a los martidanes son escasas y están ausentes en el siglo XVIII.


Los guayantiranes o guaranquiranes
Los guayantiranes eran un grupo aparentemente bastante numeroso de la Banda Oriental del Paraná ubicado en las cercanías del arroyo Guanquirarós en el Entre Ríos. Tenían ambiguas vinculaciones con los charrúas. Hay un buen número de esclavos guayantiranes registrados en el padrón de Santa Fe de 1665 probablemente producto del «maloqueo» al cual se dedicaron algunos grupos charrúas «descarriados». Un cierto número de estos cautivos expresaron que su nacionalidad era charrúa- guayantirán. El término «guayantirán» dejó de usarse en el transcurso del siglo XVIII.
Los machados o manchados
Los machados eran un pequeño grupo con vinculaciones charrúas cuya duración no fue muy prolongada. De acuerdo a López Monfiglio quien cita a Pablo Cabrera, los machados recibían ese nombre por ser «de los del capitán Machado... de la otra Banda» según una declaración de tres charrúas de 1665. En las crónicas de principios del siglo XVIII se le consi dera un grupo aliado a los charrúas pero «pacífico». Esta parcialidad desapareció a mediados del siglo XVIII.

Los negueguianes o negoes
Era un pequeño grupo mencionado en algunos documentos de los siglos XVII y XVIII ubicándose en la margen oriental del río Paraná de acuerdo a referencias de Vera Mujica en Santa Fe del año 1648. Ya en el siglo XVIII parecen haberse extinguido completamente.
Los balomares, mbaloma o bolomares
Los balomares eran grupos vinculados con los charrúas y yaros que habitaban el Entre Ríos a principios del siglo XVIII. Un cierto número de balomares aparecen como esclavos o sirvientes («piezas») en el censo de la ciudad de Santa Fe de 1665 y algunos de ellos figuran con una nacionalidad mixta charrúa- balomar. Desde mediados del siglo XVIII no se registra más su nombre.
Referencias
 1 Hemming , John, 1978, Red gold; The Camelot Press Lted, Southampton, pp 265 y 266
 2 Información de Frey Manuel de Santa María y Padre Luiz
De: "Las Primeras Naciones del Sur", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.