Mostrando entradas con la etiqueta Origen de la vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Origen de la vida. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de diciembre de 2018

El origen de la vida según Fred Hoyle
Es muy importante entender que la teoría de la evolución para nada intenta explicar el origen de la vida, para esta teoría es precondición un primer organismo vivo y autorreplicante. Nunca quiso Darwin  discutir ni proponer idea alguna sobre el origen de la vida. Ante semejante interrogante siempre adoptó una postura prudente y cautelosa, siempre recordando lo limitado de nuestro conocimiento químico y biológico, definitivamente una prueba más de lo inteligente que era Darwin. Fué el bioquímico ruso Alexander Oparin el que publicó en 1924 un pequeño libro donde proponía la idea de evolución química como explicación de la vida. Proponía Oparin que la evolución biológica había sido precedida por una etapa de evolución química, y que el planeta primitivo poseía todas las condiciones físicas y los ingredientes químicos necesarios para iniciar la vida. No es mi intención explicar las ideas de Oparin en este posting. Nunca he creido que ninguna clase de evolución química pueda explicar el origen de la vida, esa certeza es gran parte de mi cosmovisión. Creo que pretender explicar el origen el origen de la vida con el uso de las ideas de Alexander Oparin califica entre los intentos científicos mas futiles y lamentables y por suerte no estoy solo en este sitio. No pretendo ocultar para nada mis antipatias personales hacia Oparin por su relación con Trofim Lysenko, Oparin es responsable en un modo más sutil por la persecución y ejecución de extraordinarios científicos sovieticos tales como Isaak Agol , Solomon Levit y de Nikolai Ivanovich Vavilov que murió en un campo de concentración soviético. Con toda justicia estas persecuciones son asociadas de modo directo a Lysenko pero Oparin jugó su papel y esto es ignorado por muchos en la comunidad científica. Mis antipatías hacia ambos son muy bien fundadas y también harto conocidas por mis amigos y lectores. Es importante aclarar que mi opinión de negar la evolución química como origen de la vida nada tiene que ver con mi pobre apreciación personal sobre Oparin , solo tiene que ver con pura razón y pensamiento crítico. Algunos de mis amigos me han señalado mi profundo desprecio contra Oparin y que quizás eso me hace ser exeptico y refractario ante algunas de sus ideas. No es el caso, solo considero que las ideas de Oparin constituyen quizás lo peor que se ha dicho sobre el origen de la vida.
Fred Hoyle es bien conocido principalmente por proponer dos ideas de naturaleza heterodoxa. La primera de ellas, un modelo de Universo Estacionario que basicamente se enfrentaba a la teoría del Big Bang que es soportada por toda la evidencia física y astronómica, la segunda, su propuesta en colaboración junto a Nalin Chandra Wickramasinghe, de la llamada Teoría de la Panspermia que propone que la vida no surgió en la Tierra como consecuencia de evolución química sino que llegó a nuestro planeta desde otros mundos. La teoría de la panspermia especificamente afirma que la vida no surgio en la tierra sino que llegó a nuestro planeta a bordo de cometas y otros cuerpos celestes capaces de dispersar “semillas” de vida por diferentes planetas. Presento a continuación algunas de las ideas de Fred Hoyle en torno al origen de la vida, evolución química y lo que él consideraba evidencia de que el mismo origen de la vida constituía un “acto intelectual deliberado” . 
“No sé cuánto tiempo pasará antes que los astrónomos en general reconozcan que no puede haber llegado a existir aquí sobre la Tierra por procesos naturales el arreglo combinatorio de ni siquiera uno de entre los muchos miles de biopolímeros de los que depende la vida.” […] “Promueven la idea de que dentro de la naturaleza, más allá de la física normal, hay una ley oculta que ejecuta milagros (con tal que los milagros ayuden a la biología) . . . La noción de que no solo los biopolímeros sino también el programa que funciona en una célula viviente podían llegar a existir por casualidad en una sopa orgánica primordial aquí sobre la Tierra evidentemente es un disparate de primer grado.” New Scientist 1982
“Una interpretación juiciosa de los hechos nos induce a pensar que un superintelecto ha intervenido en la física, la química y la biología, y que en la naturaleza no hay fuerzas ciegas dignas de mención. Las cifras obtenidas a partir de los hechos me parecen tan rotundas que convierten esta conclusión en casi incuestionable”. “Más bien que aceptar la probabilidad fantásticamente pequeña de que las fuerzas ciegas de la naturaleza hubieran producido la vida, parece mejor suponer que su origen se deba a un acto intelectual deliberado”.
“Los científicos ortodoxos se muestran más preocupados por evitar un retorno a los excesos religiosos del pasado que por mirar cara a cara la verdad, [y esta preocupación] ha dominado el pensamiento científico a lo largo del siglo pasado”.
“En una chatarrería se encuentran todos los fragmentos y las piezas de un Boeing 747, sueltos y desordenados. Ocurre que un tifón se abate sobre la chatarrería. ¿Cuál es la probabilidad de que después encontremos un 747 totalmente ensamblado y listo para volar? Es tan pequeña que resulta despreciable, incluso en el caso de que el tifón soplara en tantas chatarrerías que llenasen por completo el Universo”  
Fuentes varias incluyendo 
1) https://rubenyciencia.wordpress.com/tag/chandra-wickramasinghe/
2) Wikipedia

sábado, 1 de diciembre de 2018


Cometas, mensajeros de la vida.

Los cometas son pequeños cuerpos congelados con diámetros de unos pocos kilómetros que, al pasar cerca del Sol, se calientan y liberan gases. Esto produce una atmósfera visible o coma, y ​​algunas veces también una cola. Estos fenómenos se deben a los efectos de la radiación solar y el viento solar que actúa sobre el núcleo del cometa. 
Los núcleos de los cometas varían desde unos pocos cientos de metros hasta decenas de kilómetros y están compuestos por fragmentos de hielo, polvo y pequeñas partículas rocosas con abundante contenido de sustancias carbonosas, incluyendo aminoácidos y, posiblemente, de acuerdo a Hoyle y Wikramasinghe contendrías esporas y microorganismos viables. 
Los comas de los cometas pueden ser hasta 15 veces el diámetro de la Tierra, mientras que las colas pueden estirarse a millones de kilómetros. 
Si son lo suficientemente brillantes, se le pueden ver desde la Tierra sin la ayuda de un telescopio y puede extenderse hasta abarcar un arco de 30 ° (60 lunas) a través del cielo. Los cometas han sido observados y registrados desde la antigüedad por muchas culturas.
Actualmente (julio de 2018) hay 6,339 cometas conocidos, un número que está aumentando constantemente a medida que se descubren. Sin embargo, esto representa solo una pequeña fracción de la población potencial total de cometas, ya que el reservorio de cuerpos tipo cometa en el Sistema Solar exterior (en la nube de Oort) se estima en un billón (1,000,000,000,000).
Las superficies externas de los núcleos cometarios tienen un albedo muy bajo, lo que los hace uno de los objetos menos reflectantes que se encuentran en el Sistema Solar.
Se han observado núcleos de cometas con radios de hasta 30 kilómetros (19 mi), pero es difícil determinar su tamaño exacto.
El núcleo del cometa 322P / SOHO tiene probablemente de 100 a 200 metros (330 a 660 pies) de diámetro. La falta de detección de cometas más pequeños a pesar del aumento de la sensibilidad de los instrumentos ha llevado a algunos a sugerir que existe una falta real de cometas de menos de 100 metros de ancho.
Se ha estimado que los cometas conocidos tienen una densidad promedio de 0.6 g / cm3. Debido a su baja masa, los núcleos de cometas no se vuelven esféricos por su propia gravedad y, por lo tanto, tienen formas irregulares.
La vida y los cometas
La objeción de que la vida no puede sobrevivir en el espacio necesita un examen. Un grave problema para la teoría de Svante Arrhenius en 1908 era que las esporas en el espacio vacío estarían sujetas a daños por radiación, especialmente en las proximidades de una estrella. En 1978, Hoyle y Wickramasinghe observan en Lifecloud que si una nube de materia bacteriana fuera lo suficientemente densa, los contenidos internos estarían protegidos de la radiación de las capas externas. Otros científicos han observado recientemente que una capa de polvo de solo medio micrómetro de espesor protegería adecuadamente una bacteria de la radiación ultravioleta en el espacio.
Hoyle y Wickramasinghe también discuten otros posibles medios transportes espaciales que resuelven el problema de la radiación: los cometas. E incluso antes de que se conociera ese peligro, la idea de que los cometas podrían contribuir a la vida en la Tierra estaba en marcha. Entre otros, Isaac Newton lo avaló. "Newton consideró que la llegada continua de material cometario era esencial para la vida en la Tierra".
Los cometas, como descubrió el astrónomo Fred Whipple, están hechos en gran parte de hielo. Gran parte del hielo en los cometas es agua congelada, pero también hay hielos de otros compuestos como el monóxido de carbono y el dióxido de carbono. Y los cometas contienen, como hemos aprendido recientemente, una gran cantidad de compuestos orgánicos más complejos. Estos compuestos orgánicos pueden estar limitados a una mezcla de moléculas como la que pudo producir el experimento original de Miller-Urey, o pueden estar aún más relacionados con la vida; No podemos estar seguros de aquí, todavía. En el interior de un cometa, bajo capas de material orgánico opaco, las células viables serían protegidas de la radiación. Por supuesto, la congelación frena o detiene el metabolismo, por lo que las células podrían existir allí en animación suspendida.
Algunos cometas más grandes, como el cometa Halley, tienen órbitas que los acercan tanto al Sol como la Tierra. Incluso menos cometas, llamados "sungrazers", en realidad golpean el sol, o pasan tan cerca que son destruidos por él. La mayoría de los cometas residen a distancias mucho más allá de la de Plutón, en órbitas no limitadas al plano en el que se encuentran las órbitas de los planetas. Son tan numerosos que la masa total de cometas en órbita solar puede ser tan grande como la masa total de los planetas. Las leves perturbaciones gravitacionales causadas por los planetas exteriores o las estrellas vecinas pueden cambiar completamente la órbita de un cometa, alejando a algunos del Sol y alejándolos por completo.
Cuando un cometa se acerca al sol, parte de su material de superficie se aleja, formando la "cola" del cometa. Este proceso generalmente comienza en algún lugar entre las órbitas de Júpiter y Marte. Parte del material descargado es gas y parte de polvo. Cada uno hace un tipo diferente de cola cometaria. El polvo y los restos más grandes dejados por los cometas permanecen por un tiempo en órbita solar. La Tierra a menudo pasa a través de las órbitas de los escombros de los cometas, causando lluvias de meteoros como la lluvia de meteoros Perseidas alrededor del 10 de agosto de cada año, cuando cruzamos la órbita del cometa Swift-Tuttle.
Traducido y adaptado de:
panspermia.org y wikipedia


miércoles, 18 de julio de 2018


Contexto A
En el principio fue el hielo

“Empezó a tomar forma…un ser compuesto de viento, olas y lluvias, cuya esencia era movimiento y cuyo cuerpo era el de la serpiente. Esta serpiente vivía en el cielo, y su presencia se manifestaba en todas partes: …en los tornados, en las formas de las nubes y en los vientos. En las laberínticas cortinas de lluvia y en los riachuelos…
Algunas veces, este genio serpenteante de los cielos arrojaba incluso hacia la tierra diminutos modelos de sí mismo con la lluvia: serpientes de poca edad que se deslizaban dentro de las grietas de la tierra y espabilaban las almas que dormían allí.”1 .
Antes que cayera a gran velocidad en el vientre acuoso de aquel mundo azul, ella había pasado mucho tiempo dormida en el hielo, protegida por una masiva envoltura gris de roca y polvo.
Es difícil saber cuanto tiempo transcurrió desde que dejó su otro mundo, al otro lado de estos universos estelares y gaseosos. La conciencia del tiempo requiere una complejidad especial que, por lo menos dentro de esta protuberancia sideral en que ella viajaba, aún no existía.
En su lugar de origen había otros seres iguales a ella, espirales alargadas de vida nutridas por océanos y lagos diferentes, muy antiguos, muy lejanos.
Tal vez no llegó sola, probablemente venían con ella cientos, miles, millones de hermanas igualmente encerradas en sus costras heladas.
En su alargado cuerpo traía toda la información necesaria para reconstruirse entera, para navegar, para crear hijas nuevas replicadas a partir de los códigos viejos.
Cuando cesó la lluvia de partículas y rocas sobre las olas rugientes del gran mar, casi solitario, ella sintió resquebrajarse la costra y fundirse el hielo.
De a poco su roca-útero se fue achicando, hasta que pudo derivar, moverse en este mundo azul desconocido, pero que parecía tan hospitalario como el propio. 
Sus hermanas también habían caido allí, antes o después, y estaban buscando sin prisa, los calores, las luces, los alimentos necesarios.
Al cabo de mucho tiempo, ellas, las pequeñísimas serpientes celestiales, se habían extendido a todas las aguas del planeta, a los océanos, a las nubes, a los ríos y lagos, y al rocío. Hasta las venas líquidas en lo más profundo de la tierra pasaron a estar pobladas por una muchedumbre de seres minúsculos. Madres e hijas, innumerables, reproduciendo los registros antiquísimos en las nuevas aguas terrenales, para crear otra esfera de vida en el espacio.

Nuestras pequeñas progenitoras
Ellas traían una capacidad principal en sus larguísimas y enroscadas espirales, la del aprendizaje.
Podían reproducirse en millones de copias casi idénticas y tan sólo trasmitir hacia el futuro aquellos rasgos más resistentes, más eficientes, más benéficos.
Así lograron aprovechar la energía de la estrella del sistema para construir sus propios cuerpos y a utilizar los gases del aire como la base de su materia viva. Muchas de ellas se unieron para mejorar su adaptación al medio. Formaron numerosas asociaciones en las que cada una adoptó una función determinada. Protegidas en la multitud lograban ayudarse mutuamente en la difícil tarea de la supervivencia
Cada generación registró la experiencia del éxito y el fracaso. Los códigos se enriquecieron en nueva información sobre el planeta azul y así fueron aprendiendo y trasmitiendo lo aprendido.
De a poco ocuparon todos los espacios líquidos del astro, desde las altas nubes hasta las aguas calientes en las resquebrajaduras de las rocas.
Y el planeta comenzó a vivir de una manera diferente .
Parecían tener una estrategia, y tal vez la tenían, incrustada en los millones de antiguas instrucciones heredadas de otros mundos.
Cambiaron los gases de la atmósfera, consumieron el compuesto gaseoso más común (hecho de oxígeno y carbono) hasta que no quedó más que un milésimo de su concentración original. Liberaron el oxígeno y formaron un nuevo tipo de aire, mejor adaptado a sus necesidades.
Algunas de ellas comenzaron a respirar, quemando lentamente la materia orgánica abundante que ellas mismas habían formado, mientras que las otras continuaban construyendo sus organismos con la ayuda de la luz del sol o de otras fuentes de energía provenientes de las profundidades.
Gracias a estos cambios lograron conservar la temperatura de los aires y las aguas relativamente estable.
Como la estrella se calentaba gradualmente, crearon un sistema de enfriamiento, que permitió refrescar la atmósfera, manteniendo el ambiente dentro de los límites apropiados para la vida.
A la vez desarrollaron nuevos sistemas para favorecer el aprendizaje y mejorar las réplicas futuras. Algunas especies se dividieron en dos grupos distintos, pero complementarios. Los individuos de un grupo se unían a los del otro grupo para reproducirse en forma más variada.
Ya no eran miles o millones de copias casi idénticas, sino combinaciones múltiples entre las dos mitades complementarias.
Una de estas mitades, la femenina se dedicó a gestar los huevos y generar nuevas crías, y la otra, la Una de estas mitades, la femenina se dedicó a gestar los huevos y generar nuevas crías, y la otra, la contraparte masculina, a cooperar de diversas formas para su formación y crecimiento.
Así fueron surgiendo numerosísimas variantes.
Algunas especies crecieron a tamaños gigantescos, asociaciones de billones de espirales en sus envolturas acuosas, mientras que otras se mantuvieron separadas, com o en los viejos tiempos de la lluvia del hielo.
La mayoría de las asociaciones siguieron flotando o nadando en todos los niveles de mares y lagos, unos grupos intentaron salirse del agua y se arrastraron por la tierra seca llevando sus sacos líquidos a cuestas.
También se desarrollaron en los suelos enterrando raíces en la tierra para absorber la humedad y elevando sus hojas hacia el cielo para obtener la luz y el gas precioso del carbono.
De esa forma se formaron complejas asociaciones en donde trillones de minúsculas serpientes, se agrupaban, crecían y morían, replicándose en número cada vez mayor. En cada nueva generación aprendían muchas cosas, y las trasmitían a la siguiente.
Todo el planeta estaba vivo, latía al compás de los nuevos intentos y exploraciones, y así, de a poco, se fue organizando su materia.
Del libro "Pueblos, Drogas y Serpientes",  D.Antón, Piriguazú Ediciones
1 Cita del libro "Este árbol brota del infierno", de Ptolemy Tompkins

lunes, 22 de enero de 2018

De: “Pueblos, Drogas y Serpientes”, Contexto A “En el principio fue el hielo”


“Empezó a tomar forma…un ser compuesto de viento, olas y lluvias, cuya esencia era movimiento y cuyo cuerpo era el de la serpiente. Esta serpiente vivía en el cielo, y su presencia se manifestaba en todas partes: …en los tornados, en las formas de las nubes y en los vientos. En las laberínticas cortinas de lluvia y en los riachuelos…
Algunas veces, este genio serpenteante de los cielos arrojaba incluso hacia la tierra diminutos modelos de sí mismo con la lluvia: serpientes de poca edad que se deslizaban dentro de las grietas de la tierra y espabilaban las almas que dormían allí.” (1)
Antes que cayera a gran velocidad en el vientre acuoso de aquel mundo azul, ella había pasado mucho tiempo dormida en el hielo, protegida por una masiva envoltura gris de roca y polvo.
Es difícil saber cuanto tiempo transcurrió desde que dejó su otro mundo, al otro lado de estos universos estelares y gaseosos. La conciencia del tiempo requiere una complejidad especial que, por lo menos dentro de esta protuberancia sideral en que ella viajaba, aún no existía.
En su lugar de origen había otros seres iguales a ella, espirales  alargadas de vida nutridas por océanos y lagos diferentes, muy antiguos, muy lejanos.
Tal vez no llegó sola, probablemente venían con ella cientos, miles, millones de hermanas igualmente encerradas en sus costras heladas.
En su alargado cuerpo traía toda la información necesaria para reconstruirse entera, para navegar, para crear hijas nuevas replicadas a partir de los códigos viejos.
Cuando cesó la lluvia de partículas y rocas sobre las olas rugientes del gran mar, casi solitario, ella sintió resquebrajarse la costra y fundirse el hielo.
De a poco su roca-útero se fue achicando, hasta que pudo derivar, moverse en este mundo azul desconocido, pero que parecía tan hospitalario como el propio.
Sus hermanas también habían caido allí, antes o después, y estaban buscando sin prisa, los calores, las luces, los alimentos necesarios.
Al cabo de mucho tiempo, ellas, las pequeñísimas serpientes celestiales, se habían extendido a todas las aguas del planeta, a los océanos, a las nubes, a los ríos y lagos, y al rocío. Hasta las venas líquidas en lo más profundo de la tierra pasaron a estar pobladas por una muchedumbre de seres minúsculos. Madres e hijas, innumerables, reproduciendo los registros antiquísimos en las nuevas aguas terrenales, para crear otra esfera de vida en el espacio.
1) Fragmento de “Este árbol brota del infierno” de Ptolemy Tompkins


Reproducido de “Pueblos, Drogas y Serpientes”, D.Antón, Piriguazú Ediciones.

martes, 1 de diciembre de 2015

Nuestras pequeñísimas progenitoras
Como llegó la vida a nuestro mundo
Antes que cayera a gran velocidad en el vientre acuoso de aquel mundo azul, ella había pasado mucho tiempo dormida en el hielo, protegida por una masiva envoltura gris de roca y polvo.
Es difícil saber cuanto tiempo transcurrió desde que dejó su otro mundo, al otro lado de estos universos estelares y gaseosos. La conciencia del tiempo requiere una complejidad especial que, por lo menos dentro de esta protuberancia sideral en que ella viajaba, aún no existía.
En su lugar de origen había otros seres iguales a ella, espirales  alargadas de vida nutridas por océanos y lagos diferentes, muy antiguos, muy lejanos.
Tal vez no llegó sola, probablemente venían con ella cientos, miles, millones de hermanas igualmente encerradas en sus costras heladas.
En su alargado cuerpo traía toda la información necesaria para reconstruirse entera, para navegar, para crear hijas nuevas replicadas a partir de los códigos viejos.
Cuando cesó la lluvia de partículas y rocas sobre las olas rugientes del gran mar, casi solitario, ella sintió resquebrajarse la costra y fundirse el hielo.
De a poco su roca-útero se fue achicando, hasta que pudo derivar, moverse en este mundo azul desconocido pero que parecía tan hospitalario como el propio.
Sus hermanas también habían caido allí, antes o después y estaban uscando sin pris, los calores, las luces, los alimentos necesarios. Al cabo de mucho tiempo, ellas, las pequeñísimas serpientes celestiales, se habían extendido a todas las aguas del planeta, a los océanos, a las nubes, a los ríos y lagos, y al rocío. Hasta las venas líquidas en lo más profundo dela tierra pasaron a estar pobladas por una muchedumbre de seresminúsculos. Madres e hijas, innumerables, reproduciendo los registros antiquísimos en las nuevas aguas terrenales, para crear otra esfera de vida en el espacio.
Ellas traían una capacidad principal en sus larguísimas y enroscadas espirales, la del aprendizaje.
Podían reproducirse en millones de copias casi idénticas y tan sólo trasmitir hacia el futuro aquellos rasgos más resistentes, más eficientes, más benéficos.2
Así lograron aprovechar la energía de la estrella del sistema para construir sus propios cuerpos y a utilizar los gases del aire como la base de su materia viva.
Muchas de ellas se unieron para mejorar su adaptación al medio. Formaron numerosas asociaciones en las que cada una adoptó una función determinada. Protegidas en la multitud lograban ayudarse mutuamente en la difícil tarea de la supervivencia.
Cada generación registró la experiencia del éxito y el fracaso. Los códigos se enriquecieron en nueva información sobre el planeta azul y así fueron aprendiendo y trasmitiendo lo aprendido.
De a poco ocuparon todos los espacios líquidos del astro, desde las altas nubes hasta las aguas calientes en las resquebrajaduras de las rocas.
Y el planeta comenzó a vivir de una manera diferente .
Parecían tener una estrategia, y tal vez la tenían, incrustada en los millones de antiguas instrucciones heredadas de otros mundos.
Cambiaron los gases de la atmósfera, consumieron el compuesto ga abundante que ellas mismas habían formado, mientras que las otras continuaban construyendo sus organismos con la ayuda de la luz del sol o de otras fuentes de energía provenientes de las profundidades.
Gracias a estos cambios lograron conservar la temperatura de los aires y las aguas relativamente estable.
Como la estrella se calentaba gradualmente, crearon un sistema de enfriamiento, que permitió refrescar la atmósfera, manteniendo el ambiente dentro de los límites  apropiados para la vida.
A la vez desarrollaron nuevos sistemas para favorecer el aprendizaje y mejorar las réplicas futuras. Algunas especies se dividieron en dos grupos distintos, pero complementarios. Los individuos de un grupo se unían a los del otro grupo para reproducirse en forma más variada.
Ya no eran miles o millones de copias casi idénticas, sino combinaciones múltiples  entre las dos mitades complementarias.
Una de estas mitades, la femenina se dedicó a gestar los huevos y generar nuevas crías, y la otra, la contraparte masculina, a cooperar de diversas formas para su formación y crecimiento.
Así fueron surgiendo numerosísimas variantes.
Algunas especies crecieron a tamaños gigantescos, asociaciones de billones de espirales en sus envolturas acuosas, mientras que otras se mantuvieron separadas, como en los viejos tiempos de la lluvia del hielo.
La mayoría de las asociaciones siguieron flotando o nadando en todos los niveles de mares y lagos, unos grupos intentaron salirse del agua y se arrastraron por la tierra seca llevando sus sacos líquidos a cuestas.
También se desarrollaron en los suelos enterrando raíces en la tierra para absorber la humedad y elevando sus hojas hacia el cielo para obtener la luz y el gas precioso del carbono.
De esa forma se formaron complejas asociaciones en donde trillones de minúsculas serpientes, se agrupaban, crecían y morían, replicándose en número cada vez mayor. En cada nueva generación aprendían muchas cosas, y las trasmitían a la siguiente.
Todo el  planeta estaba vivo, latía al compás de los nuevos intentos y exploraciones,  y así, de a poco, se fue organizando su materia.
Del libro “Pueblos, Drogas y Serpientes” de Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

viernes, 27 de noviembre de 2015

Descifrando el misterio del agua y la vida (2)

 Danilo Antón
Segunda parte

No hay vida sin agua

La presencia generalizada de agua líquida en nuestro planeta ha permitido la implantación y desarrollo de los procesos vitales, cosa que no ha sido, hasta ahora, identificado en ningún otro astro. 
La vida está intrínsecamente relacionada con el agua. El ADN, gigantesca molécula que constituye la base de todos los organismos conocidos, requiere, para su metabolismo y reproducción, estar en contacto con una solución acuosa de características apropiadas. 
La mayoría de los organismos viven en el agua, y los que no lo hacen, llevan consigo su propio microambiente acuoso. 
En resumen, en este mundo, la vida no puede existir sin agua líquida. Recíprocamente, en los lugares en donde hay agua líquida, se dan las condiciones para el desarrollo de los procesos vitales. 
No sabemos si hay grandes volúmenes de agua en estado líquido en otros planetas. Tal vez haya agua subterránea (“acuíferos”) en Marte o La Luna y hay indicios de océanos de agua cubiertos por una espesa capa congelada en algunas de las lunas de Júpiter. Dadas las temperaturas y condiciones de presión extremadamente bajas de estos astros, no es muy probable que se hayan desarrollado procesos vitales generalizados y mucho menos una situación “biosférica” como la que existe en La Tierra. 
En nuestro planeta, la vida “adeénica” ha colonizado prácticamente todos los ambientes acuáticos. Hay organismos vivos en las hirvientes emanaciones hidrotermales del fondo de los océanos, en las gotas de agua condensadas de las nubes troposféricas y en las aguas de fusión de los inlandsis antártico y groenlandés. 
Aún en las regiones más secas, donde la humedad atmosférica no excede nunca 20 o 30%, como ciertas zonas del Sahara en Africa o el Rub’ al Khali de Arabia, existen numerosas formas de vida adaptadas a esa situación (p. ej. plantas freatófitas, invertebrados, reptiles, mamíferos, microorganismos variados) que “transportan” sus soluciones acuosas protegidas de la sequedad exterior por membranas, cáscaras, pieles, costras u otros materiales aislantes. 
Esta colonización generalizada del medio acuoso líquido hace difícil diferenciar el agua de la vida. 
De allí que podamos afirmar que, en La Tierra, el agua líquida y la vida constituyen un complejo inseparable.



martes, 3 de noviembre de 2015

La panspermia
Francis Crick obtuvo un Premio Nobel por ser co-descubridor de la estructura de la molécula de la vida, una larguísima y compleja doble hélice que fue denominada ácido desoxiribonucleico o ADN3 .
En su libro “La vida misma, su origen y naturaleza”, Crick argumentaba que la vida no pudo haber surgido de una sopa terrestre primitiva.
En primer lugar, porque la molécula de ADN no puede ensamblarse sola, requiere proteinas especiales para hacerlo. Y en segundo lugar, porque no parece posible que las proteinas puedan formarse por casualidad.
Todas las proteinas están hechas de tan sólo 20 aminoácidos específicos. Cada una de ellas contiene doscientos aminoácidos que son combinaciones variables de la veintena de compuestos antes mencionados.
De acuerdo a Crick, las probabilidades de que se formara una proteina cualquiera por azar son de apenas una en 10 a la potencia 160 (10 seguido de 160 ceros), cantidad mucho mayor que TODOS los átomos del universo conocido que son 10 a la potencia 80 (10 seguido de 80 ceros)..
Es como si un remolino que agitase un depósito de chatarra, “casualmente” construyera un jet B-747 listo para volar…
Este autor concluye que la complejidad que existe en las estructuras celulares no puede ser debida al azar. Las moléculas iniciales de la vida debieron provenir del espacio.
Esta teoría que ha sido llamada “panspermia”, había sido propuesta por Svante Arrhenius a principios del siglo XX, y desarrollada por Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe durante las últimas décadas.
Piensan Hoyle y Wickramasinghe que la vida se habría originado en el momento de la formación de las galaxias, tal vez de la nuestra (“la Vía Láctea”) o del conjunto de las galaxias del universo conocido, y a partir de ese momento se habría difundido contenida y transportada en los pequeños cuerpos cometarios “sembrando” los planetas que tenían las condiciones apropiadas . La Tierra recibió sus primeras semillas devida hace casi 4,000 millones de años, evolucionando en diferentes direcciones de acuerdo a las condiciones de los ambientes encontrados. Según Wickramasinghe (1974), el polvo interestelar es esencialmente orgánico y existe vida de tipo bacteriano por doquier.
Estos organismos y materia orgánica estarían llegando a la atmósfera terrestre en forma regular, modificando y enriqueciendo el stock genético planetario.
Ello explicaría la presencia de compuestos orgánicos detectados al quemarse algunos meteoritos a 80 quilómetros de altura , y el reciente hallazgo de bacterias vivas a 16,000 de altitud .
Este último autor y Fred Hoyle interpretan como de origen orgánico la coloración rojiza de ciertos satélites planetarios cuya superficie está cubierta de hielo (p.ej. Europa, Calisto y Charon), y de otros astros ubicados en el llamado cinturón de Kuiper . De acuerdo a ambos astrónomos, el interior de estos planetoides (cuya temperatura exterior es inferior a –200° C), estaría “entibiado” por los procesos de desintegración radioactiva de sus minerales, permitiendo la existencia de agua líquida en su interior, y por ende, de procesos biológicos. Piensan estos autores que la vida puede sobrevivir la congelación profunda por mucho tiempo, tal vez decenas o cientos de millones de años.
Reflexiones acerca de la panspermia (origen extraterrestre de la vida) incluidas en el libro "Pueblos, Drogas y Serpientes", de Danilo Antón, publicado por Piriguazú Ediciones, actualmente en segunda edición..