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domingo, 7 de junio de 2020


Hace más de 500 años
La llegada de los españoles a México 
Masacres despiadadas y resistencia en Tenochtitlán

En el año cristiano de 1502 los pueblos mexicanos eligieron un nuevo supremo sacerdote, décimo Tlatoani de la dinastia azteca de Mexico. Su nombre era Mohtecuhzoma Xocoyotzin, que luego habria de ser conocido como Montezuma o Moctezuma II. Los aztecas habían llegado al "gran valle entre las montañas" hacia menos de dos siglos, emigrando desde las tierras áridas del norte. Se establecieron en una isla del lago de México donde construyeron su ciudad capital, a la que denominaron Tenochtitlán". A partir de esta base lacustre lograron imponer su dominio en casi todos los estados y comunidades vecinas e incluso hicieron llegar su influencia a tierras alejadas, en la dirección de las mesetas, hacia los valles de los ríos y sobre las costas de los mares. Los pueblos que habitaban el Valle de México tenían una historia rica y antigua. Durante muchos siglos construyeron ciudades y monumentos y desarrollaron una gran diversidad de sistemas de producción y de cultivos. Igual que otros pueblos americanos, su vida se desenvolvía en un marco religioso y ceremonial complejo y místico. Era el mundo de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, maestro de las artes y de la cultura, que protegía a los cultivos y a las gentes y de su esposa, "nuestra madre Tonintzin".
Al consolidar su dominio sobre las tierras lacustres mexicanas, los aztecas procuraron destronar el viejo Dios y en su lugar imponer a su propia divinidad: Huitzilopochtli.
El Dios azteca Huitzilopochtli había sido representado originalmente con la imagen de un colibrí, ser delicado y suave. Luego de la invasión del valle, el Dios comenzó a pedirles sacrificios humanos, y así, la pequeña ave se transformó en algo muy diferente. Los pueblos tributarios debían aportar sus propias víctimas para los sacrificios que él solicitaba. Más tarde, Sahagún describiría a Huitzilopochtli como una especie de "Hércules" azteca. Quetzalcoatl quedó relegado a un segundo plano. Debido a ese origen impostado, la clase sacerdotal mexicana conservaba un temor oculto de que en algún momento podría aparecer el antiguo señor de los espíritus, Quetzacoatl, a pedirles una rendición de cuentas. Fue entonces cuando llegó Hernán Cortés con su expedición española de aventureros obsesivos. Al desembarcar cerca de la población nativa de Cempoala, Cortés y los suyos se enteraron" de que existía un imperio rico y poderoso en un valle de las montañas al que rendían tributo los pueblos de la costa, y hacia allí se dirigieron. El camino hacia México fue accidentado. Los españoles debieron enfrentarse a la resistencia nativa en varias oportunidades pero, aprovechándose de su caballería, los perros guerreros y sus mejores armamentos, fueron venciendo uno a uno los escollos. Finalmente, al llegar al valle de México, donde los esperaba Moctezuma, ya habían logrado constituir un numeroso ejército, incluyendo varios miles de aliados de la nación de los tlaxcaltecas.
Así los describieron los aztecas:
"Al frente venian cuatro hombres a caballo guiando a los otros... Constantemente se daban vuelta, avanzando y retrocediendo...entrando en las calles laterales, examinando las casas, constantemente mirando hada las azoteas. Sus perros hacían lo mismo, corrían adelante... oliendo y jadeando... Adelante solo, venía uno que llevaba su bandera... Detrás venían los hombres con las espadas de hierro; iban con sus espadas desenvainadas, relampagueando. En sus hombros... tenían escudos de madera y cuero. Luego en un escuadrón de numerosos caballos, llevando hombres en sus espaldas. Estos caballos.sudaban copiosamente, el sudor fluia como agua y la espuma de sus bocas goteaba sobre la tierra. Y al final, dirigiendo desde atras, venía su capitán, quien parecía ser el equivalente de nuestro comandante de guerra.
Cortés y su gente fueron alojados en el exuberante palacio de Axayacatl, fallecido padre de Moctezuma. Era suficientemente grande como para albergar a 400 españoles, 6,000 tlaxcaltecas, los caballos y todas sus vituallas. A los pocos días de su llegada, y luego de comprobar las riquezas que existían en la ciudad, los españoles decidieron pasar a la acción secuestrando a Moctezuma, quien a partir de entonces, y hasta su muerte, habría de ser su prisionero. Una de las primeras órdenes que Cortés le dio a Moctezuma fue que mandara buscar un gobernador que, supuestamente, había maltratado a algunos españoles. Totalmente dominado, Moctezuma acató la orden y el gobernador acusado fue traído a Mexico, donde fue quemado en una hoguera ante la vista de todos. Esta ejecución fue una demostración pública de que los invasores estaban en control de la situación en Tenochtitlán. Aprovechando la transitoria pasividad de la población se dedicaron a saquear las arcas del palacio, incluyendo numerosas obras de arte de alto valor. Algunas de ellas fueron enviadas a Europa donde fueron expuestas a la vista del público. Albert Durer, célebre artista alemán que las pudo examinar, las describió gráficamente "Vi las cosas que fueron traidas al Rey de la nueva Tierra Dorada: un sol enteramente de oro, una braza (casi dos metros) de ancho, de la misma forma, una luna enteramente hecha de plata, igual de grande ... Nada que haya visto en toda mi vida recocijaron tanto mi corazón como estos objetos. Porque en ellos vi trabajos asombrosos de arte y me maravillé sobre el ingenio sutil de estos hombres de tierras lejanas".
Pocos año más tarde, ambas obras de arte fueron fundidas para acuñar monedas.
Una noche de horror
En mayo de 1520 se produjo el desembarco de los adversarios españoles de Cortés y el capitán español decidió organizar una salida con 250 hombres para ir a confrontar a sus rivales a la costa del Golfo. En Mexico quedó al mando Pedro de Alvarado.
Apenas se fue Cortés, se llevó a cabo un festival de danzas ceremoniales en el Templo de Huitzilopochtli, para el cual el propio Capitán español había dado su autorización antes de partir. Sin embargo, Alvarado tenía sus ideas personales sobre como enfocar este tipo de fiestas y decidió aprovechar la ocasión para satisfacer sus propios impulsos. En pleno festival, cuando los bailarines, desarmados, estaban danzando dio la orden de ataque. Fue una noche de horror. "el baile habia empezado, ya había cantos... en ese oportuno momento los españoles decidieron matar a la gente. Aparecieron de pronto, en posición de combate, bloquearon las salidas... los pasajes... y cuando esto estuvo hecho, corrieron al Patio Sagrado a matar a la gente... Rápidamente rodearon los bailarines; luego corrieron entre los tambores... le cortaron las dos manos al que tocaba el tambor, le cortaron la cabeza que cayó lejos. Luego corrieron a la gente con lanzas de hierro y los cortaron con espadas de hierro. A algunos los cortaron desde atrás y estos cayeron por tierra con sus intestinos para afuera... Y cuando trataron vanamente de escaparse, meramente arrastraron sus entrañas y sus pies se enredaron. No tenían donde ir. Aquellos que trataron de escaparse fueron apuñalados y cortados en el portón. Pero algunos escalaron las paredes... Otros se quedaron yaciendo entre los muertos y fingiendo pudieron escaparse, pero si alguno parecía respirar lo cortaban también. La sangre... corría como agua... Y los españoles iban a todas partes, buscando en los edificios públicos blandiendo sus armas."
Luego de esta masacre se produjo una revuelta general. Los pueblos de Tenochtitlán y de otras localidades vecinas se alzaron en armas quemando el palacio de Axayacatl y sitiando a los españoles y sus aliados. Mientras tanto Cortés había tenido éxito en su incursion costeña. Derrotó al adversario recién llegado de Españia (Pánfilo de Narvaez) y logró convencer a los hombres de éste para sumarse a la campaña de saqueo que estaba programando. Cuando el contingente de Cortés reforzado llegó de regreso a Tenochtitlán se encontró con un panorama difícil. Los españoles estaban sitiados y cortos de provisiones. Las penurias alimenticias aumentaron aún más con la llegada de varios centenares de hombres.
Fue en ese momento que Moctezuma convenció a Cortes de que liberara a su hermano Cuitlahuac, que había sido preso por "actividades anti-españolas". Supuestamente su liberación permitiria "calmar" los ánimos del lado de los sitiadores. Cortés aceptó la propuesta y Cuitlahuac quedó en libertad. La reacción fue exactamente la contraria. Una vez libre, Cuitlahuac Ilamó a todos los jefes a una gran reunión con el fin de deponer a Moctezuma y lograr su propio nombramiento. La reunión se realizó y Cuitlahuac fue consagrado como nuevo Tlatoani de los mexicas. Relata el Codex Florentino que los españoles, en represalia por la designación de Cuitlahuac, ultimaron a Moctezuma. Mientras tanto el cerco se cerró y la situación de los sitiados fue empeorando diariamente. A medida que pasaban los días se agudizaban el hambre y las enfermedades. Frente a esa situación desesperante, Cortés decidió organizar un escape nocturno. El intento se produjo a través del puente de Tlacopan. Españoles y tlaxcaltecas fabricaron puentes de madera portátiles y comenzaron a deslizarse sigilosamente en un grupo compacto, guardando el mayor de los silencios. Cuando habían logrado cruzar tres canales rumbo a la tierra firme, se dio la voz de alarma. Inmediatamente las fuerzas sitiadoras mexicanas atacaron desde todas las direcciones. Españoles y aliados morían como moscas. Los que lograron cruzar lo hicieron pisando cadáveres y empapados en sangre. Al fin de esa noche, que se habría de conocer en la historia de Mexico como "la noche triste", habían caido 900 españoles, varios miles de tlaxcaltecas y 46 caballos. Esta historia, que se enseña año a año en muchas escuelas y colegios del continente, no recuerda todas las noches tristes olvidadas en las que las victimas fueron los pueblos nativos americanos indefensos. Ellos también merecen una mención que hasta ahora les ha sido negada.
Reproducido del libro "Amerrique, los huérfanos del paraiso", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones..

martes, 3 de septiembre de 2019

La sobrevivencia azteca en el pueblo de Capulhuac, Estado de México
Este capítulo de mi libro "Crónicas de la Peripecia Humana" se basa en una historia personal. Haciendo un relevamiento de la cuenca del Alto Lerma en el Estado de México con un colega geógrafo mexicano de origen otomí (matlazinca o mazahua). Luego de recorrer varios pueblos del valle de Toluca me dí cuenta que todos los pueblos recorridos hablaban un dialecto otomí (que era la lengua que hablaba mi colega). Entonces me pregunté: ¿donde están los aztecas?. Estamos en el Estado de México y no hay aztecas. Como son las cosas??? Llegando al Instituto donde trabajaba (el Centro de Investigación en Recursos del Agua) hablando con un ingeniero que allí también trabajaba le conté mi duda: "no he encontrado hasta ahora ningún azteca ¿donde están los aztecas?" y él me contestó: "yo soy azteca". "Los aztecas del valle de Toluca estamos sobre todo en la ciudad de Capulhuac y yo te puedo llevar allí para que la conozcas." A los pocos días fuimos a Capulhuac (que queda a 10 kms de Toluca) y allí conocí esta historia que les voy a contar a continuación..

Capulhuac: aztecas y matlazincas
                                                                          Tenochtitlán
Capulhuac es una localidad del límite oriental del valle del Alto Lerma ubicada hacia la falda poniente de la serranía de Las Cruces a unos 2,800 metros de altitud sobre el nivel del mar. En la actuali­dad se encuentra en los suburbios del sureste del área metropolitana de Toluca, capital del Estado de México, a unos 23 km del centro de esta ciudad a vuelo de pájaro 98.
En idioma nahuatl el nombre capulhuac quiere decir canal de los capulines (de capulín = arbol frutal conocido como cerezo de Méxi­co y huac = canal) debido a que antiguamente existía un canal que desaguaba en las ciénagas del alto Lerma.
Antes de la llegada de los europeos a las tierras mexicanas, la zona de Capulhuac estaba habitada por la etnia otomiana de los matla­zinca. En ese entonces su nombre era Nthezee. Alrededor de 1469 d.e.c., unas décadas previas a la invasión española, la zona fue con­quistada por el tlatoani99
En esa época Capulhuac se transformó en un fuerte militar y su población estuvo compuesta por los guerreros aztecas y sus fami­lias que tenían la misión de asegurar la autoridad imperial mexica y el pago de tributos por parte de la población matlazinca 100.                                        Matlazincas

Cuando se produjo la conquista española, los aztecas perdieron el control político y militar de todos sus territorios y posesiones, inclu­yendo aquellas localizadas en el Valle de Toluca. Luego de estabiliza­da la situación bajo dominio español los descendientes de los milita­res aztecas continuaron viviendo en Capulhuac pero ya con medios de vida mucho más restringidos y reducidos en sus terrenos.
Debido a estas limitaciones, los capulhuatecas se vieron obligados a obtener su subsistencia de una laguna vecina en la que cultivaban sus chinampas y de la que obtenían algas espirulinas, peces, acociles (ca­marones) y otros invertebrados.
Al cabo de un tiempo, ante la presión demográfica, el lago dejó de producir alimentación suficiente para la creciente población, las auto­ridades ocupantes limitaron la explotación de los recursos acuáticos de la laguna y fue necesario ganarse la vida de otra forma.
La actividad que permitió la subsistencia de la comunidad de Capul­huac fue el transporte de cargas a tracción humana desde el Valle de México a los distantes puertos de la costa pacífica en Acapulco o Sali­nas Cruz. Muchos hombres de Capulhuac se emplearon como cargado­res en las expediciones mercantiles que se organizaban con ese fin.
En el México pre-hispánico los cargadores eran llamados tamemes. Los tamemes eran un oficio habitual en ese período. Miguel León Por­tilla describía a los tamemes como “cargadores entrenados desde la infancia, procedentes de la clase de los macehuales, dedicados exclu­sivamente al transporte de mercancías”.
A partir de 1521 cuando los españoles lograron estabilizar su dominio, utilizaron el servicio de los indígenas para múltiples tareas, incluyendo el transporte de carga. Los tamemes que servían a los españoles podían llevar hasta 25 kilogramos en distancias de hasta cinco leguas 103.
Con la aparición de los animales domésticos de carga traídos por los españoles (caballos, asnos, mulas) los tamemes se hicieron menos ne­cesarios, pero de todas formas, continuaron empleándose en muchos lugares, particularmente en regiones montañosas sin caminos.
En la sociedad colonial los tamemes eran considerados de categoría inferior en la escala social. Los tamemes de los mercados o tianguis que prestaban servicios transportando las compras de los clientes eran el estrato más bajo. Los tamemes que participaban en las expediciones de los mercaderes ocupaban un estrato social levemente superior. Era en estas expediciones mercantiles que se empleaban los hombres de Capulhuac.
Para organizar una expedición se calculaba la cantidad de tamemes que se requerirían, considerando la duración del recorrido y las ba­jas previsibles debido a deserción, expulsión, enfermedad o muerte. Cargaban la mercancía que era necesario transportar en el viaje, que en algunos casos podía durar varios años. Cuando los tamemes de las expediciones regresaban al sitio de origen descansaban sin trabajar en los tianguis104 ni mezclarse con otros tamemes.En zonas de difícil acceso o por motivos económicos, se sigue ejerciendo esta profesión incluso en nuestros días.
A fines del siglo XVIII, cuando la contratación de tamemes decayó significativamente, los habitantes de Capulhuac cambiaron su modo de vida y comenzaron a dedicarse a la preparación de un plato tradicional basado en la cultura gastronómica indígena: la barbacoa. 106
En tiempos prehispánicos existían modalidades culinarias similares a la barbacoa que se preparaban utilizando diferentes tipos de carnes. Como no había ovejas ni cabras se usaban aves, armadillos, conejos y perros talchichi107. Se les envolvía en hojas de pencas de maguey y, naturalmente, se les acompañaba de tlaxcalli (tortillas de maíz).
Cuando los animales domésticos europeos estuvieron disponibles, los capulhuatecos comenzaron a cocinar sus barbacoas con ovejas y cabras que obtenían de los campos y pasturas del valle de Toluca y mesetas vecinas, comarcas apropiadas para la cría de estos animales.
Lo que empezó siendo una adaptación de las viejas técnicas culinarias nahuas pasó a ser una actividad comercial de cierta importancia. Los habitantes de Capulhuac comenzaron a vender sus productos en las comarcas vecinas, y más particularmente en la ciudad de México. La producción y las ventas fueron aumentando gradualmente hasta que Capulhuac comenzó a ser conocida como la ciudad de la barbacoa. 
                                                      Mujeres mazahua desfilando con rifles de madera
Al tiempo, como consecuencia de la creciente demanda, y ya en pleno siglo XX, no alcanzaron las ovejas y cabras locales y fue necesario ob­tenerlas de estados vecinos, como Michoacán y Jalisco. En las siguien­tes décadas el negocio siguió floreciendo y llegó un momento que los capulhuatecas estaban importando ovejas de Nueva Zelandia, Australia y América del Sur.
                                                                        Fiesta popular en Capulhuac
Hoy la barbacoa de Capulhuac, famosa en todo México y aún allende las fronteras, tiene más de 1,200 familias dedicándose a su producción y venta. 
Para promoverla se organiza todos los años la Fiesta de la Barbacoa de Capulhuac con la presentación de muchas recetas dife­rentes (se dice que hay 3,500 recetas) y un nutrido programa cultural, incluyendo recitales, bailes, corridas de toros y actividades deporti­vas. Durante este festival se suele organizar un concurso de barbaco­yeros en busca de “el borrego de oro” , que es un trofeo otorgado a la mejor barbacoa. La fiesta se lleva a cabo en el mes de febrero.
La preparación de la barbacoa de Capulhuac requiere rituales es­peciales que empiezan con la matanza del borrego, su desangrado y la “carga” (organización de las piezas en la cocción). Los aderezos incluyen hoja santa (también llamada tlanepa o Piper auritum), ho­jas de aguacate, yerbas de olor, pencas (Agave americana), cilantro y otros sabores. A estos componentes se agregan las salsas utilizando diversos ingredientes, entre los cuales se encuentran numerosas varie­dades de chiles, dando lugar a las diferentes recetas. Todas las semanas se producen toneladas de barbacoa con destino a la ciudad de México, Toluca, Cuernavaca y otras grandes ciudades de la región central de la república mexicana.
Si bien el idioma mexicano (nahuatl) se perdió hace tiempo las fami­lias de Capulhuac recuerdan su origen y lo recrean anualmente en sus festividades.
98 Capulhuac o Capulhuac de Mirafuentes es hoy una ciudad y municipio en el valle de Toluca a una altitud de 2,800 metros. Tiene una población de 31,000 habitantes y la superficie del municipio es 21.5 km2.
99 Los tlatoani eran los reyes o gobernantes del imperio azteca
100 Los aztecas son también llamados mexicas por el nombre del lago donde se encontraba Tenochti­tlán, su ciudad capital
101 Reproducido de agekuranes.blogspot.com
103 Una legua española = aproximadamente 5,572 kilómetros (equivalente a la distancia que se recorre a pie en 1 hora).
104 Mercados
105 Reproducido de revistadeculturapopular.blogspot.com225
106 La palabra “barbacoa” es de origen taino (que eran los habitantes nativos de las islas grandes del Mar Caribe) y se refería a unas parrillas o enramadas utilizadas para cocinar la carne..
107 El talchichi es un cánido mesoamericano de origen nativo que se caracteriza por su pequeño tamaño y ausencia casi total de cobertura pilosa.
Dël libro "Crónicas de la Peripecia Humana", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

sábado, 15 de diciembre de 2018


Moctezuma II: el nuevo Tlatoani de los aztecas

En el año cristiano de 1502 los pueblos mexicanos eligieron un nuevo supremo sacerdote, décimo Tlatoani de la dinastía azteca de México. 
Su nombre era Mohtecuhzoma Xocoyotzin, que luego habría de ser conocido como Montezuma o Moctezuma II.
Los aztecas habían llegado al "gran valle entre las montañas" hacía menos de dos siglos, emigrando desde las tierras áridas del norte. Se establecieron en una isla del lago de México, construida a partir de productivas y trabajosas chinampas (suelos flotantes) donde edificaron su ciudad capital, a la que denominaron Tenochtitlán". A partir de esta base lacustre lograron imponer su dominio en casi todos los estados y comunidades vecinas e incluso hicieron llegar su influencia a tierras alejadas, en la dirección de las mesetas, hacia los valles de los ríos y sobre las costas de los mares. Los pueblos que habitaban el Valle de México tenían una historia rica y antigua. Durante muchos siglos construyeron ciudades y monumentos y desarrollaron una gran diversidad de sistemas de producción y de cultivos. Igual que otros pueblos americanos, su vida se desenvolvía en un marco religioso y ceremonial complejo y místico. Era el mundo de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, maestro de las artes y de la cultura, que protegía a los cultivos y a las gentes y de su esposa, nuestra madre Tonintzin. Al consolidar su dominio sobre las tierras lacustres mexicanas, los aztecas procuraron destronar el viejo Dios y en su lugar imponer a su propia divinidad: Huitzilopochtli. 
El Dios azteca Huitzilopochtli había sido representado original-mente con la imagen de un colibrí, ser delicado y suave. Luego de la invasión del valle, el Dios comenzó a pedirles sacrificios humanos, y así, la pequeña ave se transformó en algo muy diferente. Los pueblos tributarios debían aportar sus propias víctimas para los sacrificios que solicitaba él. Más tarde, Sahagún describiría a Huitzilopochtli como una especie de "Hércules" azteca. 
Quetzalcoatl quedó relegado a un segundo plano. Debido a ese origen impostado, la clase sacerdotal mexicana conservaba un temor oculto de que en algún momento podría aparecer el antiguo señor de los espíritus, Quetzacoatl, a pedirles una rendición de cuentas. 

La invasión de ejércitos que venían de màs allá del mar
Fue entonces cuando llegó Hernán Cortés con su expedición espa-ñola de aventureros obsesivos. Al desembarcar cerca de la población nativa de Cempoala, Cortés y los suyos se enteraron" de que existía un imperio rico y poderoso en un valle de las montañas al que rendían tributo los pueblos de la costa, y hacia allí se dirigieron. El camino hacia México fue accidentado. Los españoles debieron enfrentarse a la resistencia nativa en varias oportunidades pero, aprovechándose de su caballería, los perros guerreros y sus mejores arma-mentos, fueron venciendo uno a uno los escollos. Finalmente, al llegar al valle de México, donde los esperaba Moctezuma, ya habían logrado constituir un numeroso ejército, incluyendo varios miles de aliados de la nación de los tlaxcaltecas'.
"Al frente venían cuatro hombres a caballo guiando a los otros...Constantemente se daban vuelta, avanzando y retrocediendo...entrando en las calles laterales, examinando las casas, constantemente mirando hacia las azoteas. Sus perros hacían lo mismo, corrían adelante.., oliendo y jadeando... Adelante sólo, venía uno que llevaba su bandera... Detrás de él venían los hombres con las espadas de hierro; iban con las espadas desenvainadas, relampagueando. En sus hombros... tenían escudos de madera y cuero. Luego en un escuadrón venían los caballos, llevando hombres en sus espaldas. Estos caballos...sudaban copiosamente, el sudor fluía como agua y la espuma de sus bocas goteaba sobre la tierra. Y al final, dirigiendo desde atrás, venía su capitán, quien parecía ser el equivalente de nuestro comandante de guerra, el tlacateccatl".

sábado, 25 de agosto de 2018

La resistencia a la conquista de los pueblos mexicanos
En el año cristiano de 1502 los pueblos mexicanos eligieron un nuevo supremo sacerdote, décimo Tlatoani de la dinastía azteca de México. Su nombre era Mohtecuhzoma Xocoyotzin, que luego habría de ser conocido como Montezuma o Moctezuma II. Los aztecas habían llegado al "gran valle entre las montañas" hacía menos de dos siglos, emigrando desde las tierras áridas del norte. Se establecieron en una isla del lago de México donde construyeron su ciudad capital, a la que denominaron Tenochtitlán. A partir de esta base lacustre lograron imponer su dominio en casi todos los estados y comunidades vecinas e incluso hicieron llegar su influencia a tierras alejadas, en la dirección de las mesetas, hacia los valles de los ríos y sobre las costas de los mares. Los pueblos que habitaban el Valle de México tenían una historia rica y antigua. Durante muchos siglos construyeron ciudades y monumentos y desarrollaron una gran diversidad de sistemas de producción y de cultivos. Igual que otros pueblos americanos, su vida se desenvolvía en un marco religioso y ceremonial complejo y místico. 
Era el mundo de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, maestro de las artes y de la cultura, que protegía a los cultivos y a las gentes y de su esposa, la  madre de todos Tonintzin. Al consolidar su dominio sobre las tierras lacustres mexicanas, los aztecas procuraron destronar el viejo Dios y en su lugar imponer a su propia divinidad: Huitzilopochtli. El Dios azteca Huitzilopochtli había sido representado originalmente con la imagen de un colibrí, ser delicado y suave. Luego de la invasión del valle, el Dios comenzó a pedirles sacrificios humanos, y asi, la pequeña ave se transformó en algo muy diferente. Los pueblos tributarios debían aportar sus propias víctimas para los sacrificios que él solicitaba.
Más tarde, Sahagun describiría a Huitzilopochtli como una especie de "Hércules" azteca. Quetzalcoatl quedó relegado a un segurido piano. Debido a ese origen impostado, la clase sacerdotal mexicana conservaba un temor oculto de que en algún momento podría aparecer el antiguo señor de los espíritus, Quetzacoatl, a pediries una rendición de cuentas. Fue entonces cuando llegó Hernan Cortés con su expedición española de aventureros obsesivos. Al desembarcar cerca de la población nativa de Cempoala, Cortés y los suyos se enteraron de que existía un imperio rico y poderoso en un valle de las montañas al que rendían tributo los pueblos de la costa, y hacia allí se dirigieron. El camino hacia México fue accidentado. Los españoles debieron enfrentarse a la resistencia nativa en varias oportunidades pero, aprovechándose de su caballeria, los perros guerreros y sus mejores armamentos, fueron venciendo uno a uno los escollos. Finalmente, al Ilegar al valle de México, donde los esperaba Moctezuma, ya habían logrado constituir un numeroso ejército, incluyendo varios miles de aliados de la nación de los tlaxcaltecas.
"Al frente venían cuatro hombres a caballo guiando a los o tro s... Constantemente se daban vuelta, avanzando y retrocediendo...entrando en las calles laterales, examinando las casas, constanternente mirando hada las azoteas. Sus perros hacían lo mismo, corrían adelante... oliendo y jadeando... Adelante solo, venía uno que llevaba su bandera... Detrás a venían los hombres con las espadas de hierro; iban con las espadas desenvainadas, relampagueanclo. En los hombros tenían escudos de madera y cuero. Luego en un escuadrón venian los caballos, Ilevando hombres en sus espaldas. Estos caballos...sudaban copiosamente, el sudor fluía como agua y espuma de sus bocas goteaba sobre la sierra. Yal final, dirigiendo descle atras, venla su c-apitan, quien parecta ser el equivalente de nuestro comandante de guerra, el tlateccatl.”
Cortés y su gente fueron alojados en el exuberante palacio de Axayacatl, fallecido padre de Moctezuma. Era suficientemente grande como para albergar a 400 españoles, 6,000 tlaxcaltecas, los caballos y todas sus vituallas. A los pocos días de su llegada, y luego de comprobar las riquezas que existían en la ciudad, los espanoles decidieron pasar a la acción secuestrando a Moctezuma, quien a partir de entonces, y hasta su muerte, habría de ser su prisionero. Una de las primeras órdenes que Cortés le dio a Moctezuma fue mandar a buscar un gobernador que, supuestamente, había maltratado a algunos españoles. Totalmente dominado, Moctezuma acató la orden y el gobernador acusado fue traído a México, donde fue quemado en una hoguera ante la vista de todos. Esta ejecución fue una demostración pública de que los invasores estaban en control de la situación en Tenochtitlán. Aprovechando la transitoria pasividad de la población se dedicaron a saquear las arcas del palacio, incluyendo numerosas obras de arte de alto valor. Algunas de ellas fueron enviadas a Europa donde fueron expuestas a la vista del público. Albert Durer, celebre artista alemán que las pudo examinar, las describio gráficamente "".Vi las cosas que fueron traidas al Rey de la nueva Tierra Dorada: un sol enteramente de oro, una braza (casi dos metros) de ancho, de la misma forma, una luna enteramente hecha de plata, igual de grande ... Nada que haya visto en toda mi vida recocijaron tanto mi corazón como estos objetos. Porque en ellos vi trabajos asombrosos de arte y me maravillé sobre el ingenio sutil de estos hombres de tierras lejanas”
Pocos años más tarde, ambas obras de arte fueron fundidas para acuñar monedas.
Una noche de horror
En mayo de 1520 se produjo el desembarco de los adversarios españoles de Cortés y el capitán español decidió organizar una salida con 250 hombres para ir a confrontar a sus rivales a la costa. En México quedó al mando Pedro de Alvarado.
Apenas se fue Cortés, se llevó a cabo un festival de danzas ceremoniales en el Templo de Huitzilopochtli, para el cual el propio capitán español había dado su autorización antes de partir. Sin embargo, Alvarado tenía sus ideas personales sobre como enfocar este tipo de fiestas y decidió aprovechar la ocasión para satisfacer sus propios impulsos. En pleno festival, cuando los bailarines, desarmados, estaban danzando dio la orden de ataque. Fue una noche de horror. "el baile había empezado, ya había cantos... en ese oportuno momento los españoles decidieron matar a la gente. Aparecieron de pronto, en posición de combate, bloquearon las salidas... los pasajes... y cuando esto estuvo hecho, corrieron al Patio Sagrado a matar a la gente... rápidamente rodearon los bailarines; luego corrieron entre los tambores... le cortaron las dos manos al que tocaba el tambor, le cortaron la cabeza que cayó lejos. Luego corrieron la gente con lanzas de hierro y los cortaron con espadas de hierro. A algunos los cortaron desde atrás y estos cayeron por tierra con sus intestinos para afuera... Y cuando trataron vanamente de escaparse, meramente arrastraron sus entrañas y sus pies se enredaron. No tenían donde ir. Aquellos que trataron de escaparse fueron apuñalados y cortados en el portón. Pero algunos escalaron las paredes... Otros se quedaron yaciendo entre los muertos y fingiendo pudieron escaparse, pero si alguno parecía respirar lo cortaban también. La sangre... corría como agua... Y los españoles iban a todas partes, buscando en los edificios públicos blandiendo sus armas."
Luego de esta masacre se produjo una revuelta general. Los pueblos de Tenochtitlan y de otras localidades vecinas se alzaron en armas quemando el palacio de Axayacatl y sitiando a los españoles y sus aliados. Mientras tanto Cortés habia tenido éxito en su incursión costera. Derrotó al adversario recién llegado de España (Pánfilo de Narvaez) y logró convencer a los hombres de éste para sumarse a la campaña de saqueo que estaba programando. Cuando el contingente de Cortés reforzado llegó de regreso a Tenochtitlan se encontró con un panorama dificil. Los españoles estaban sitiados y cortos de provisiones. Las penurias alimenticias aumentaron aún más con la llegada de varios centenares de hombres.
Fue en ese momento que Moctezuma convenció a Cortes de que liberara a su hermano Cuitlahuac, que habia sido preso por "actividades antiespañolas". Supuestamente su liberación permitiría "calmar" los ánimos del lado de los sitiadores. Cortes aceptó la propuesta y Cuitlahuac quedó en libertad. La reacción fue exactamente la contraria. Una vez libre, Cuitlahuac Ilarnó a todos los jefes a una gran reunión con el fin de deponer a Moctezuma y lograr su propio nombramiento. La reunión se realizó y Cuitlahuac fue consagrado como nuevo Tlatoani de los mexicas. Relata el Codex Florentino que los españoles, en represalia por la designación de Cuitlahuac, ultimaron a Moctezuma. Mientras tanto el cerco se cerró y la situación de los sitiados fue empeorando diariamente. A medida que pasaban los días se agudizaban el hambre y las enfermedades. Frente a esa situación desesperante, Cortes decidió organizar un escape nocturno. El intento se produjo a través del puente de Tlacopan. Españoles y tlaxcaltecas fabricaron puentes de madera portátiles y comenzaron a deslizarse sigilosamente en un grupo compacto, guardando el mayor de los silencios. Cuando habían logrado cruzar tres canales rumbo a la tierra firme, se dió la voz de alarma. Inmediatamente las fuerzas sitiadoras mexicanas atacaron desde todas las direcciones. Españoles y aliados morían como moscas. Los que lograron cruzar lo hicieron pisando cadáveres y empapados en sangre. Al fin de esa noche, que se habría de conocer en la historia de México como “la noche triste”, habían caido 900 españoles, varios miles de tlaxcaltecas y 46 caballos. Esta historia, que se enseña año a año en muchas escuelas y colegios del continente, no recuerda todas las noches tristes olvidadas en las que las víctimas fueron los pueblos americanos indefensos. Ellos también merecen una mención que hasta ahora les ha sido negada.
Las dos plagas
Cuando parecía que Tenochtitlan se salvaba de la plaga de los hombres, cayó infectada por la plaga de la viruela. Decenas de miles de habitantes de la ciudad y de sus alrededores cayeron víctimas de la peste. Muchos otros murieron de hambre o por falta de atención. La sociedad del valle se desarticuló completamente y el poder mexica quedó críticamente debilitado. Entre los muertos estaba Cuitlahuac. El sucesor y nuevo Tlatoani fue Cuauhtemoc, quien desde entonces y hasta su muerte, habria de liderar la lucha de resistencia contra el invasor. Mientras la epidemia hacia estragos en Tenochtitlán, Cortes, que se había retirado a una cierta distancia del valle, logró capturar nuevas provisiones y refuerzos destinados para Narváez. Ello le permitió reorganizar sus fuerzas y retornó a la capital azteca. Apenas Ilegado a las orillas del lago de México, corto los acueductos e inicio el asedio.  
Luego de varias semanas de cerco, el hambre, la sed y la enfermedad comenzaron a diezmar a la población de Tenochtitlán. El sitio duró ochenta días y, al fin, cuando los españoles consideraron que los mexicas estaban suficientemente debilitados, comenzaron el ataque final. La lucha fue ardua. Bajo el liderazgo de Cuauhtemoc, los sobrevivientes se defendieron heroicamente.
Se peleó en los canales, calle a calle, casa a casa.
"En las calles yacen las lanzas rotas. Sin techos están las casas Y sus paredes están rojas de sangre  Hay gusanos en las calles y plazas Y los parapetos están salpicados con cerebros. Las aguas se han vuelto rojizas, como si estuvieran teriidas. Y cuando las bebemos están saladas por la sangre. En los escudos estaba nuestra defensa. Pero los escudos no pueden contener la desolación. Hemos comido...bocados de adobe. Lagartos y ratas. Suelo que se volvió polvo, e incluso los gusanos.""
En el día Tres Casa de los mexicanos, 13 de agosto de 1521 para los europeos, Cuauhtemoc fue apresado y la resistencia terminó. La ciudad volvió a sus origenes: un pantano en un lago.
El regreso de Tonantzin
El fin de Tenochtitlán representó en realidad un principio. Cuando parecia que los pueblos nahuatl se resignaban a la ocupación, a la explotación y a la servidumbre, comenzaron a aparecer voces denunciando a los opresores y llamando a la rebelión. Martin Ocelotl, profeta mexicano, decia que los frailes eran tzitzime, demonios de las estrellas, seres apocalípticos que traían el fin del mundo. Ocelotl fue acallado, pero nuevos Ocelotl aparecieron por todas partes. Algunos reproducían literalmente las viejas tradiciones, otros las ocultaban detrás de las estatuas de vírgenes y santos. La esposa de Quetzalcoatl era Coatlicue, tambien Ilamada Tonantzin, Nuestra Madre.
Ella y Quetzalcoatl formaban Ometeotl, la Dualidad, la Pareja Divina. Su templo estaba en Tepeyacac, una de las salidas de México. Hasta allí acudían miles de personas para adorar a la Diosa en su día. Fue en ese lugar que, en 1531, apropiadamente, Juan Diego, un azteca bautizado, habría experimentado una aparición de la Virgen María, quien le explico que habia curado de la viruela a su tio e hizo aparecer una pintura de ella misma sobre su manto.
En realidad había sido una representación teatral realizada por un sacerdote a principios del siglo XVII que la iglesia logró transformar en una tradición aceptada: la Virgen de Guadalupe (que en realidad era una creencia vigente en Extremadura, lugar de origen de Hernán Cortés).
El supuesto milagro fue aceptado por todos. Para los pueblos nativos había sido Tonantzin. Para los frailes era un instrumento de conversión y dominio. En el sitio del templo de Nuestra Madre, Tonantzin, se construyó la iglesia de Nuestra Senora de Guadalupe. Por muchos siglos, y aún hoy, se llevan a cabo multitudinarias peregrinaciones a su altar. Muchos mexicanos saben que la Virgen de Guadalupe es en realidad la Madre Tonantzin protegiendo a sus hijos nahua más allá de las muertes.
https://www.youtube.com/watch?v=ZMF2C_jXt98


domingo, 22 de julio de 2018

Huitzilopochtli, un Dios-colibrí guerrero y patriarcal

El extraño mundo de los dioses aztecas
Coatlicue  es una deidad azteca relacionada con el origen de esta nación mesoamericana.  De acuerdo a las creencias aztecas era la Madre original, que vivía en Aztlán, un territorio mitológico de donde se suponía que provenía este pueblo y que habría estado ubicado al norte de la meseta mexicana, en alguna laguna de la costa del Océano Pacífico.
Coatlicue (en idioma náhuatl quiere decir: ‘la que tiene su falda de serpientes), que también recibía los nombres de Tonāntzin  o Teteōīnān  estaba representada como una figura femenina de apariencia deformada.
El ícono más conocido es el que se encuentra en el  Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México que fue encontrada en la Plaza Mayor de México en 1792.
Es una estatua de 24 toneladas y 3.50 metros de altura donde la deidad se muestra con su característica falda de serpientes, sin embargo se pueden ver serpientes por todo el monumento y sustituyendo partes de la anatomía. La cabeza es sustituida por dos cabezas de serpientes que se encuentran, símbolo de la dualidad, intrínseca relación entre la vida y la muerte. En la base es la estatua está Tlaltecuhtli, sosteniendo dos cráneos en las plantas de los talones de la diosa. Tlaltecuhtli se identifica como la diosa (o dios) de la tierra del cual nació el orden, las plantas y la humanidad..
En la mitología nahua, Coatlicue tenía  una hija llamada Coyolxauhqui, representación lunar y líder de los Centzon Huitznáhuac (dioses de estrellas, también llamados los 400 surianos). La veneración de Coyolxauhqui fue anterior al establecimiento azteca en el valle de Anahuac (valle de México):
Al llegar los aztecas  al valle de México donde fundarían su ciudad capital de Tenochtitlán procuararon eliminar a Coyolxauhqui, entidad femenina lunar, introduciendo la figura mitológica masculina de Huitzilopochtli.
Huitzilopochtli era una deidad guerrera que en la mitología azteca terminaría matando  a su propia hermana. Este mito mostraría la imposición de una simbología patriarcal de los invasores sobre las sociedades matriarcales pre-existentes.
El mito del nacimiento de Huitzilopochtli
Coatlicue halló una pluma de colibrí y la puso en su vientre quedando embarazada.
Coyolxauhqui, furiosa al enterarse de que su madre estaba embarazada, guió a sus hermanos (los cuatrocientos surianos) hacia Coatepec donde se encontraba su progenitora, para matarla, y así redimir la ofensa.
Al llegar los hijos a Coatepec, Coatlicue dio a luz a Huitzilopochtli, quien nació vestido de guerrero y armado, listo para defender a su madre. Según el mito Huitzilopochtli  venció a los surianos, decapitó a su hermana, mandó su cabeza al cielo para que su madre pudiera verla cada noche y arrojó su cuerpo montaña abajo, al pie de la cual  quedó desmembrado.
La representación material de Coyolyauhqui descuartizada se puede observar en un monolito que fue encontrado en la base de las escaleras del Templo Mayor en febrero de 1978, mientras trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro realizaban excavaciones para el cableado subterráneo.  
El monolito tiene 320 cm de diámetro y en èl se observa a la diosa desmembrada, con la cabeza, brazos y piernas separadas alrededor de su cuerpo, rodeada de serpientes y cráneos.
Al mismo tiempo que “mataban” al  mito de Coyolxauhqui los aztecas imponían una sociedad patriarcal y guerrera que los llevó a construir un imperio que sería derrotado al producirse la invasión española.
D.A.