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miércoles, 25 de septiembre de 2019

El ADN y los orígenes del conocimiento  (Primera parte)
Jeremy Narby


"La primera vez que un hombre Ashaninca me contó que había aprendido las propiedades medicinales de las plantas bebiendo un brebaje alucinógeno, creí que estaba bromeando. Estábamos en un bosque sentados en cuclillas junto a un matorral cuyas hojas, afirmó, podían curar la mordedura de una serpiente mortal. “Uno aprende estas cosas bebiendo ayahuasca,” dijo. Pero no estaba sonriendo. Fue a principios de 1985, en la comunidad de Quirishari en el Valle de Pichis en el Amazonas peruano. Yo tenía 25 años y estaba empezando un período de dos años de trabajo de campo para obtener un doctorado en antropología de la Universidad de Stanford. Mi formación me había conducido a esperar que la gente contara cuentos chinos. Creí que mi trabajo como antropólogo era descubrir lo que realmente pensaban, como una especie de detective privado. Durante mi investigación sobre la ecología Ashaninca, la gente en Quirishari regularmente mencionó el mundo alucinatorio de los ayahuasqueros, o chamanes. En conversaciones sobre plantas, animales, tierra, o la selva, se referían a los ayahuasqueros como la fuente de conocimiento. Cada vez que decían esto, me preguntaba a mí mismo a qué se referían realmente. Mi trabajo de campo concernía al uso de recursos Ashaninca – con énfasis particular en sus técnicas racionales y pragmáticas. Enfatizar el origen alucinatorio del conocimiento ecológico Ashaninca hubiera sido contraproducente al argumento principal subyacente a mi investigación. Sin embargo, el enigma seguía estando ahí: Estas personas extremamente prácticas y francas, viviendo casi de forma autónoma en la selva amazónica, insistían en que su amplio conocimiento botánico procedía de alucinaciones inducidas por plantas. ¿Cómo podía esto ser cierto?
El enigma todavía era más intrigante porque el conocimiento botánico de los indígenas del Amazonas ha sorprendido a los científicos durante largo tiempo. La composición química de la ayahuasca es un ejemplo que hace al caso. Los chamanes amazónicos han preparado ayahuasca durante milenios. El brebaje es una combinación necesaria de dos plantas, que deben ser hervidas juntas durante horas. La primera contiene una sustancia alucinógena, dimethiltriptamina, que también parece ser segregada por el cerebro humano; pero este alucinógeno no tiene ningún efecto cuando se traga, porque un enzima del estómago llamado monoamino oxidasa lo bloquea. De todas formas, la segunda planta, contiene algunas sustancias que desactivan esta enzima estomacal concreta, permitiendo que el alucinógeno alcance el cerebro. Así que aquí hay gente sin microscopios electrónicos que elige, de entre unas 80,000 especies de plantas amazónicas, las hojas de un arbusto que contienen una hormona alucinógena del cerebro, que combinan con una trepadora contenedora de sustancias que desactivan una enzima del aparato digestivo, que si no bloquearía el efecto alucinógeno. Y hacen esto para modificar su conciencia. Es como si tuvieran conocimiento sobre las propiedades moleculares de plantas y sobre el arte de combinarlas, y cuando uno les pregunta cómo saben estas cosas, dicen que su conocimiento viene directamente de las plantas alucinógenas. No había venido a Quirishari para estudiar este tema, que para mí se relaciona con la mitología indígena. Incluso consideré que el estudio de la mitología era un pasatiempos inútil y “reaccionario”. Mi focalización como antropólogo era el desarrollo de los recursos Ashaninca. Estaba intentando demostrar que el verdadero desarrollo consistía, en primer lugar, en reconocer los derechos territoriales de los indígenas. Mi punto de vista era materialista y político, más que místico – aún así me quedé bastante impresionado con el pragmatismo de los Quirishari. Éstas son personas que enseñan mediante el ejemplo, más que con explicaciones. Los padres animan a sus hijos a acompañarles en su trabajo. La frase “deja a papá tranquilo porque está trabajando” es desconocida. La gente desconfía de los conceptos abstractos. Cuando una idea parece realmente mala, dirán sin tomárselo demasiado en serio: “Es pura teoría”. Las dos palabras clave que surgían una y otra vez en las conversaciones eran práctica y táctica – sin duda, puesto que son requisitos para vivir en la selva. Después de aproximadamente un año en Quirishari, me di cuenta de que el sentido práctico de mis anfitriones era mucho más fiable en su entorno que mi comprensión de la realidad procedente de la formación académica. Su conocimiento empírico era innegable, pero sus explicaciones sobre el origen de su conocimiento eran increíbles para mí. Mi actitud era ambivalente. Por un lado, quería entender lo que pensaban – por ejemplo, sobre la realidad de los “espíritus” – pero por el otro, no podía tomar seriamente lo que decían porque no lo creía. Cuando dejé Quirishari, supe que no había resuelto el enigma del origen alucinatorio del conocimiento ecológico Ashaninca. Partí con la extraña sensación de que el problema tenía que ver más con mi incapacidad de comprender lo que la gente había dicho que con la insuficiencia de sus explicaciones. Siempre habían usado palabras muy simples. En junio de 1992, fui a Río para asistir a la conferencia mundial sobre el desarrollo y el medio ambiente. En la “Cumbre de la Tierra”, como fue conocida, todo el mundo estaba hablando sobre el conocimiento ecológico de los indígenas, pero ciertamente nadie estaba hablando sobre el origen alucinatorio de una parte, tal como afirman los mismos indígenas. Los colegas preguntaban: “¿Quieres decir que los indios afirman que reciben información molecular verificable de sus alucinaciones? ¿No lo creerás, verdad?”. ¿Qué podía responder? No hay nada que se pueda decir sin contradecir dos principios fundamentales del conocimiento occidental. Primero, las alucinaciones no pueden ser la fuente de la información real, porque considerarlas como tal es la definición de psicosis. El conocimiento occidental considera que las alucinaciones son, en el mejor de los casos, ilusiones y, en el peor, un fenómeno patológico. Segundo, las plantas no comunican como los seres humanos. Las teorías científicas de comunicación consideran que sólo los seres humanos utilizan símbolos abstractos como palabras e imágenes y que las plantas no retransmiten información en forma de imágenes mentales. Para la ciencia, el cerebro humano es la fuente de alucinaciones, que las plantas psicoactivas desencadenan meramente por medio de las moléculas alucinógenas que contienen. Fue en Río donde me di cuenta de la magnitud del dilema formulado por el conocimiento alucinatorio de los indígenas. Por un lado, sus resultados son empíricamente confirmados y usados por la industria farmacéutica; por otro lado, su origen no puede ser debatido científicamente porque contradice los axiomas del conocimiento occidental. Cuando comprendí que el enigma de la comunicación de las plantas era un punto ciego para la ciencia, sentí la llamada de llevar a cabo una profunda investigación del tema. Además, había llevado conmigo el misterio de la comunicación de las plantas desde mi estancia con los Ashaninca, y sabía que las exploraciones de contradicciones en la ciencia con frecuencia llevan a resultados fructuosos. Me pareció que esta cuestión requería dirigirse a establecer un diálogo serio con los indígenas sobre ecología y botánica. Yo mismo ingerí ayahuasca en Quirishari, una experiencia que me enfrentó con un ámbito irracional y subjetivo terrorífico, aunque lleno de información. En los meses después, pensé bastante en lo que había dicho mi principal consultor Ashaninca, Carlos Pérez Suma. ¿Qué pasaría si fuera cierto que la naturaleza habla en señales y que el secreto para comprender su lenguaje consiste en darse cuenta de las similitudes en la configuración o la forma? ¿Qué pasaría si lo tomara literalmente? Me gustó esta idea y decidí leer los textos antropológicos sobre chamanismo, prestando no sólo atención a su contenido sino a su estilo. Pegué una nota en la pared de mi despacho: “Mira la FORMA.” Una cosa se hizo clara cuando pensé en mi estancia en Quirishari. Cada vez que había dudado sobre las explicaciones de uno de mis consultores, mi comprensión de la visión de la realidad de los Ashaninca se había agarrotado; por el contrario, en las raras ocasiones en las que había conseguido silenciar mis dudas, mi comprensión de la realidad local había aumentado – como si hubiera veces en las que uno debía creer para ver, más que a la inversa. Se me había hecho claro que los ayahuasqueros en sus visiones conseguían acceder de alguna forma a información verificable sobre las propiedades de las plantas. Por ello, razoné, el enigma del conocimiento alucinatorio podía ser reducido a una cuestión: ¿Provenía esta información desde el interior del cerebro humano, tal como afirmaría el punto de vista científico, o desde el mundo exterior de las plantas, como afirmaban los chamanes? Ambas perspectivas parecían presentar ventajas e inconvenientes. Por una parte, la similitud entre los perfiles moleculares de los alucinógenos naturales y de la serotonina parecía indicar realmente que estas sustancias trabajan como llaves que encajan en la misma cerradura dentro del cerebro. De todas formas, no podría estar de acuerdo con la postura científica según la que las alucinaciones son meramente descargas de imágenes almacenadas en compartimentos de la memoria subconsciente. Estaba convencido de que las enormes serpientes fluorescentes que había visto gracias a la ayahuasca no correspondían de ninguna manera con nada de lo que hubiera podido soñar incluso en mis más extremas pesadillas. Además, la velocidad y coherencia de algunas de lasimágenes alucinatorias excedía en muchos grados a los mejores vídeos de rock, y sabía que no hubiera sido capaz de filmarlas. Por otra parte, cada vez me parecía más fácil suspender la incredulidad y considerar el punto de vista indígena como potencialmente correcto. Después de todo, existía todo tipo de puntos ciegos y contradicciones en el conocimiento científico de los alucinógenos, que en principio parecía tan fiable: los científicos no saben cómo afectan estas sustancias a nuestra conciencia, ni han estudiado verdaderos alucinógenos en detalle. Ya no me parecía irrazonable considerar que la información sobre el contenido molecular de las plantas podía realmente proceder de las mismas plantas, tal como afirmaban los ayahuasqueros. De todas formas, fracasé en ver cómo esto podría funcionar concretamente."
Continúa en:
https://daniloanton.blogspot.com.uy/search/label/La%20serpiente%20c%C3%B3smica2

El tema ha sido desarrollado en profundidad en el libro "Pueblos, Drogas y Serpientes",  Danilo Antón,  Piriguazú Ediciones

Fuente:
http://www.onirogenia.com/lecturas/la-serpiente-cosmica-por-jeremy-narby.pdf

martes, 13 de agosto de 2019

La vida es información
Danilo Antón 
La vida se basa en las moléculas del ADN y del ARN. En el ADN están contenidas las “instrucciones” para el desarrollo de las actividades metabólicas vitales y la reproducción de los organismos y el ARN actúa en general como mensajero de dichas instrucciones para la síntesis de las proteinas y otras funciones. Estas moléculas presentan una flexibilidad informacional que permite reproducirse superando en cada nueva generación los inconvenientes funcionales de las generaciones pasadas: una propiedad que podemos llamar "adaptabilidad".
El ADN es una molécula muy larga, que se enrolla en el interior de los microorganismos y núcleos celulares. Su dimensión longitudinal es cientos de miles de veces mayor que la transversal. La longitud del ADN de cada célula humana es de 2 metros. Si se sumara la longitud del ADN de todas las células de una sola persona (1013) se podría rodear la circunferencia terrestre 500,000 veces.  El genoma humano contiene 3,400 millones de bytes de información, por lo que se puede estimar la información genética de todas las células de un solo individuo de la especie en más de 1024. 
Los demás organismos complejos poseen masas de información análogas. Incluso las especies más simples, como las bacterias, tienen varios millones de bytes en su código genético. Estas cifras permiten aquilatar el inconmensurable volumen de información contenido en los entes vivos.  En un cm3 de agua suelen pulular de miles de organismos (por ejemplo protozoarios, bacterias, virus) con varios millones de bytes de información cada uno. En una sola gota de agua, por lo tanto, hay millones de unidades de información. Si pensamos en el volumen total de agua que existe en la superficie del planeta (superior a los 2,000 millones de kilómetros cúbicos) podremos vislumbrar la apabullante cantidad de información que está contenida en la hidrosfera terrestre.  Por esa razón, a la afirmación anterior de que “el agua es vida”, podemos agregar que “la vida es información”, y que por lo tanto, “el agua es información”.
De "Sequía en un Mundo de Agua", D.Antón, Piriguazú Ediciones  

miércoles, 14 de noviembre de 2018


Las bacterias obtienen nuevos fragmentos de ADN del exterior de sus cuerpos

En un sorprendente nuevo video, una bacteria  se extiende, arrebata un trozo de ADN del exterior y lo mete dentro suyo. Su apéndice, mucho más largo que su propio cuerpo, vaga y se dobla un poco, pero parece moverse con intención hacia su objetivo. Y todo el acto es parte del esfuerzo del microbio por evolucionar.
El video es la primera observación directa de bacterias que usan apéndices llamados pili para "arponear" el ADN suelto e incorporarlo en las estructuras genéticas de la bacteria. Muestra cómo los organismos unicelulares logran un buen truco llamado "transferencia horizontal de genes" que les permite adaptarse rápidamente a nuevos entornos. Esto sería un poco como si una persona que es alérgica al polen solo tuviera que extenderse, arrebatarle la carne a un amigo no alérgico y tragarla para que llegue a la primavera sin estornudar.
Los investigadores ya sabían que las bacterias necesitaban sus pili para realizar la transferencia horizontal de genes, pero nunca habían visto la maniobra en acción, en parte porque los pili son demasiado pequeños para observarse fácilmente a través de un microscopio. Un solo pilus, según los camarógrafos, tiene menos de una décima parte del ancho de un cabello humano. Y el agujero que usan las bacterias para transportar el ADN suelto a sus propios "cuerpos" unicelulares es "casi el ancho exacto de una hélice de ADN doblada a la mitad", dijeron los investigadores en un comunicado.
Referencia:
https://www.livescience.com/62797-dna-harpoon-bacteria-evolution-horizontal-transfer.html

viernes, 27 de enero de 2017


La vida es información
Danilo Antón 
La vida se basa en las moléculas del ADN y del ARN. En el ADN están contenidas las “instrucciones” para el desarrollo de las actividades metabólicas vitales y la reproducción de los organismos y el ARN actúa en general como mensajero de dichas instrucciones para la síntesis de las proteinas y otras funciones. Estas moléculas presentan una flexibilidad informacional que permite reproducirse superando en cada nueva generación los inconvenientes funcionales de las generaciones pasadas: una propiedad que podemos llamar "adaptabilidad"ş
El ADN es una molécula muy larga, que se enrolla en el interior de los microorganismos y núcleos celulares. Su dimensión longitudinal es cientos de miles de veces mayor que la transversal. La longitud del ADN de cada célula humana es de 2 metros. Si se sumara la longitud del ADN de todas las células de una sola persona (1013) se podría rodear la circunferencia terrestre 500,000 veces.  El genoma humano contiene 3,400 millones de bytes de información, por lo que se puede estimar la información genética de todas las células de un solo individuo de la especie en más de 1024.  Los demás organismos complejos poseen masas de información análogas. Incluso las especies más simples, como las bacterias, tienen varios millones de bytes en su código genético. Estas cifras permiten aquilatar el inconmensurable volumen de información contenido en los entes vivos.  En un cm3 de agua suelen pulular de miles de organismos (por ejemplo protozoarios, bacterias, virus) con varios millones de bytes de información cada uno. En una sola gota de agua, por lo tanto, hay millones de unidades de información. Si pensamos en el volumen total de agua que existe en la superficie del planeta (superior a los 2,000 millones de quilómetros cúbicos) podremos vislumbrar laapabullante cantidad de información que está contenida en la hidrosfera terrestre.  Por esa razón, a la afirmación anterior de que “el agua es vida”, podemos agregar que “la vida es información”, y que por lo tanto, “el agua es información”.
De "Sequía en un Mundo de Agua", D.Antón, Piriguazú Ediciones  

martes, 5 de enero de 2016

Los mensajes de la materia viva
 D.Antón

 Las ondas electromagnéticas
Desde sus orígenes, y a través de varios miles de millones de años de evolución, la vida utilizó todos los recursos materiales y energéticos disponibles y relevantes para optimizar su sobrevivencia.
Ello incluye todas las fuentes accesibles de sustancias útiles y de fenómenos energéticos de variada índole. Una de las manifestaciones energéticas vitales más importantes son las ondas electromagnéticas.
La radiación solar se expresa sobre todo por medio de las ondas electromagnéticas luminosas (con una longitud de onda que varía entre 3500 y 7000 angstroms).
Los organismos vivos tienden a utilizar principalmente toda la luz como forma de comunicación con el ambiente. En las zonas iluminadas del planeta, los organismos han desarrollado características relacionadas con la reflexiòn de la luz (colores), mientras que en los ambientes oscuros, más bien han gnerado sistemas de emisión luminosa (por ejemplo la luminiscencia de las noctilucas, medusas y luciérnagas).
Las ondas luminosas no son las únicas modalidades energéticas utilizadas por la materia viva. Sabemos que existen muchas otras aunque probablemente la mayor parte no hayan sido identificadas todavía.

Las funciones misteriosas del ADN
Solamente un 3% del ADN contiene información genética susceptible de ser utilizada por el ARN o para la reproducción. El 97% restante está constituido por secciones (“frases”) cíclicas y repetidas que no parecen almacenar información (también llamados «intrones»). No se sabe con certeza cual es la razón de esta aparente dilapidación de recursos.
Se han sugerido varias posibilidades. Una hipotética función, adelantada por algunos autores sería darle solidez o estabilidad a la estructura molecular.
Una segunda posibilidad, sugerida por Narby en su libro “La Serpiente Cósmica”, es una hipotètica función transmisora-receptora de ondas electro-magnéticas.
Otra función posible, es que dichos segmentos del ADN sean «programas para instalar programas» que permitirían señalar caminos para la evolución futura de cada especie.
Finalmente, es posible que estos «intrones» no cumplan ninguna funciòn predeterminada, sino que correspondan a información genética inutilizada de origen extraplanetario incorporada en diferentes momentos de la historia geològica-astronòmica del planeta tal como sostiene Brig Klyce y otros propulsores de la teoría de los «Ancestros Cósmicos».

Las bolsas de agua de la vida
Los organismos vivos más simples (por ejemplo, las bacterias) y los componentes celulares de los organismos complejos están formados por tres elementos principales contenidos en una pequeña “bolsa de agua” en la cual se desarrollan las funciones vitales.
El primero de ellos es una larguísima molécula (mil millones de veces más larga que ancha) que contiene todas las instrucciones para la formación, funcionamiento y reproducción del organismo.
Estas instrucciones están escritas en un lenguaje de 4 letras que los científicos, para su comodidad, han denominado A, G, C y T.
Esta molécula alargadísima está constituida en realidad por dos mitades homólogas y complementarias con la forma de una doble hélice que solamente se separa en sus dos componentes en el momento de la reproducción.
El segundo elemento es una molécula mensajera que es capaz de leer los mensajes y crear, a partir de ellos, una enorme diversidad de moléculas orgánicas, generalmente conocidas con el nombre de proteinas.
Éstas constituyen el tercer elemento de la cadena vital. Tienen una arquitectura básica codificada a través de secuencias específicas de decenas a cientos de componentes más pequeños llamados “aminoácidos”.
Hay 20 aminoácidos principales con los cuales se pueden construir millones de proteinas diferentes adaptadas a las diversas funciones vitales de los organismos.
Cada proteina puede estar formada por 200 de estos componentes (aminoácidos) y su especificidad está determinada por el ordenamiento espacial de los veinte componentes constitutivos.
En definitiva, el funcionamiento y reproducción de los organismos más simples y las células de los organismos más complejos están dirigidos por un complejo de instrucciones contenidas en una molécula con la forma de doble hélice (el ADN), que son leidas y transportadas por una molécula mensajera (el ARN)17 para su posterior traducción a un código “proteínico” de 20 letras (aminoácidos), a partir de la cual se produce la construcción efectiva de las moléculas requeridas.
Todos estos componentes y actividades ocurren en un microambiente acuoso que es mantenido dentro de ciertas condiciones físicas y de composición.
Para ello el microorganismo o célula lleva a cabo intercambios regulares de materia o energía con el medio que lo rodea.,
Estos sistemas acuáticos semicerrados y autónomos de condiciones controladas se llaman “vida”.

Los mensajes de las plantas
¿Qué información trasmiten las plantas a través de sus señales químicas y/o electromagnéticas?
En la mayor parte de los casos no lo comprendemos en forma cabal. En general, el paradigma científico reinante se resiste a aceptar estas capacidades comunicativas a distancia de las plantas.
Sin embargo, existen numerosas experiencias de larga data incorporadas en las culturas tradicionales que muestran serios indicios de que ello ocurre, y que hay formas de recibir dichas comunicaciones directamente.
Es posible que las visiones producidas por las plantas sicoactivas no sean más que mensajes interespecíficos generados en la profundidad de la estructura molecular del ADN de las células vegetales y las reacciones a ellas de nuestras propias células. Probablemente las “alucinaciones” sean la traducción cerebral de los complejos códigos utilizados por las plantas para comunicarse con su entorno.

Esta posibilidad no debe ser tomada a la ligera.
Durante cientos de millones de años las plantas evolucionaron para sobrevivir mejor en este mundo.
Ello implicó competir, pero también, y sobre todo, coordinar.
Un árbol debe saber que aquella enredadera cercana puede ayudarlo atrayendo los insectos apropiados. Una forma de enterarse es a través de un largo y engorroso proceso de selección natural. Los árboles que combatan o se desembaracen de estas enredaderas beneficiosas no lograrán reproducirse.
Pero puede, y seguramente existe, otra manera de proporcionar u obtener la información necesaria inmediatemente, sin necesidad de que pasen muchísimas generaciones: las modulaciones electromagnéticas invisibles de los millones de quilómetros de ADN que contienen los tejidos de las plantas.
No es sensato subestimar la capacidad que tiene la vida de aprovechar todos los recursos a su alcance. Habría que empezar a escuchar con atención las señales de que nos envían las selvas y praderas. Además de los colores, melodías y aromas, existen muchos mensajes más, una verdadera sinfonía de ondas que emergen día y noche de todos los ecosistemas de la tierra.
Los secretos de la naturaleza no se esconden. Están allí, proclamados a los cuatro vientos y corrientes por los millones de seres que la pueblan.
Para comprenderlos sólo hay que prestarles atención.
En ellos están las respuestas.
De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Edicioneshttp://wow-
Blog in English: daniloanton-en.blogspot.com
Vale la pena también consultar este blog:_
really.blogspot.com.uy/2006/11/your-dna-would-reach-moon.html