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jueves, 6 de mayo de 2021

Tierras de pocas lluvias y mucha sangre derramada (del libro homónimo)

Las sociedades del Medio Oriente son probablemente los primeros grupos humanos que se organizaron en estados, con todas las ventajas e inconvenientes que ese tipo de organización ofrece.

En efecto, hace 5,000 años aproximadamente ya había estados funcionando en el Valle del río Nilo, y las llanuras de los ríos Éufrates y Tigris. Eran zonas fértiles y con mucha insolación pero carentes de lluvias y humedad en los suelos. Sin embargo, la presencia de tres caudalosos ríos, permitía proveer de aguas a las tierras potencialmente agrícolas y desarrollar cultivos de alta productividad. Para hacer llegar el agua a zonas amplias construyendo presas y excavando canales se requería aunar el esfuerzo de muchas comunidades que debían ser coordinadas

por una autoridad central. Este fue el comienzo de los estados sumerios de Mesopotamia y faraónicos de Egipto.

Una vez aparecidos los primeros estados, esta modalidad organizativa social se extendió y profundizó. Se generaron nuevos estados que se expandieron y conquistaron a sus vecinos para mejor explotar sus recursos y trabajo. Comenzaron a desarrollarse reinos e imperios. Periódicamente los pueblos subordinados se rebelaron y se enfrentaron a sus dominadores, y en muchas ocasiones desarrollaron sus propios reinos e imperios.

Desde entonces la historia del Medio Oriente es una sucesión de estados imperiales y monárquicos que impusieron su dominio a través de la guerra y la fuerza militar.

Al mismo tiempo que aparecían los estados, se desarrollaban religiones que facilitaban el control de las poblaciones sin necesidad del uso de la fuerza. Las primeras religiones que en muchos casos ponían énfasis en divinidades relacionadas con la tierra y la fertilidad, muchas veces femeninas, se fueron cambiando por otras que glorificaban la guerra y la agresividad triunfante. Con frecuencia las autoridades estatales se confundían con las autoridades religiosas. El rey era el supremo sacerdote. Incluso el rey o emperador se atribuía un carácter divino.

Las luchas por poder y recursos comenzaron a utilizar argumentos religiosos. Cada sociedad tenía sus propios dioses o sus propias interpretaciones de las historias y tradiciones religiosas.

A las religiones que atribuían carácter divino o mágico a los elementos de la naturaleza, sucedieron otras que redujeron el mundo y el universo al poder de un dios único. Esto facilitaba el control de las mentes. Así surgieron las religiones monoteístas que habrían de constituir el contexto religioso y espiritual por muchos milenios y hasta la actualidad.

Las guerras, las conquistas y la opresión continuaron pero se procuró vestir los intereses económicos, de poder y protagónicos, de un ropaje religioso y espiritual.

Las guerras son crueles y siempre lo fueron. Para controlar a los pueblos se utilizaron muchos métodos, pero el más común fue la guerra y el dominio por la fuerza.

El objetivo de la guerra es causar daño al enemigo para

derrotarlo. Para ello se requiere, matar, destruir, si fuera

posible, aniquilar las fuerzas oponentes y sus bastiones

principales.

En los 5,000 años de historia del Medio Oriente hubo

cientos de guerras, decenas de miles de batallas, cientos

de millones de muertos, innumerables obras humanas

destruidas, sociedades enteras eliminadas, culturas excluidas, emigraciones en masa, limpiezas étnicas, esclavitud, torturas sistemáticas.

No consideremos que las sociedades del Medio Oriente

son peores que otras sociedades que hay en el mundo. Tan

solo son más antiguas, y por tanto tuvieron más tiempo

para desarrollar el expansionismo estatal y el imperialismo, expresados en sus múltiples formas.

Tampoco debemos olvidar que durante mucho tiempo y

en múltiples ocasiones, las sociedades del Medio Oriente

fueron víctimas del expansionismo y el imperialismo

de potencias externas. En los últimos siglos estas agresiones fueron muy frecuentes. Las potencias de Europa Occidental, la Rusia zarista y más tarde soviética, los Estados Unidos, comenzaron a intervenir en el Medio

Oriente con el fin de apoderarse de sus recursos. Para ello

aprovecharon las disensiones internas, que ya existían

en su propio beneficio. Promovieron las luchas sectarias,

cristianos contra musulmanes, musulmanes contra judíos,

chiitas contra sunitas. Las guerras de Afganistán e Irak en

la primera década del siglo XXI (que todavía siguen) y la

guerra de Siria, desatadas por los Estados Unidos y sus aliados con variadas excusas, y a partir de las contradicciones existentes, desencadenaron fuerzas de odio y agresión que llevaron a matanzas y destrucción en esos países. A ello se agregó la intervención política y militar de Rusia que tiene sus propios intereses en la región medio-oriental. Las potencias externas inyectaron armamentos, cada vez más mortíferos, que multiplicaron la muerte y la destrucción.

El precio es la sangre vertida por los pueblos que ya no

pueden trabajar, relacionarse pacíficamente o vivir vidas

productivas y armoniosas. Solo queda la muerte, la destrucción, la emigración.

En fin, en las Tierras de Pocas Lluvias sigue habiendo

pocas lluvias pero continúa habiendo mucha sangre derramada.

martes, 4 de junio de 2019

Las guerras son crueles y siempre lo fueron

En las "Tierras de Pocas Lluvias" del Medio Oriente para controlar a los pueblos se utilizaron muchos métodos, pero el más común fue la guerra y el dominio por la fuerza.
El objetivo de la guerra es causar daño al enemigo para derrotarlo. Para ello se requiere, matar, destruir, si fuera posible, aniquilar las fuerzas oponentes y sus bastiones principales.
En los 5,000 años de historia del Medio Oriente hubo cientos de guerras, decenas de miles de batallas, cientos de millones de muertos, innumerables obras humanas destruidas, sociedades enteras eliminadas, culturas excluidas, emigraciones en masa, limpiezas étnicas, esclavitud, torturas sistemáticas.
No consideremos que las sociedades del Medio Oriente son peores que otras sociedades que hay en el mundo. Tan solo son más antiguas, y por tanto tuvieron más tiempo para desarrollar el expansionismo estatal y el imperialismo, expresados en sus múltiples formas.
Tampoco debemos olvidar que durante mucho tiempo y en múltiples ocasiones, las sociedades del Medio Oriente fueron víctimas del expansionismo y el imperialismo de potencias externas. En los últimos siglos estas agresiones fueron muy frecuentes. Las potencias de Europa Occidental, la Rusia zarista y más tarde soviética, los Estados Unidos, comenzaron a intervenir en el Medio Oriente con el fin de apoderarse de sus recursos. Para ello aprovecharon las disensiones internas, que ya existían, en su propio beneficio. Promovieron las luchas sectarias, cristianos contra musulmanes, musulmanes contra judíos, chiitas contra sunitas. Las guerras de Afganistán e Irak en la primera década del siglo XXI (que todavía siguen) y la guerra de Siria, desatadas por los Estados Unidos y sus aliados con variadas excusas, y a partir de las contradicciones existentes, desencadenaron fuerzas de odio y agresión que llevaron a matanzas y destrucción en esos países. A ello se agregó la intervención política y militar de Rusia que tiene sus propios intereses en la región medio-oriental. Las potencias externas inyectaron armamentos, cada vez más mortíferos, que multiplicaron la muerte y la destrucción.
El precio es la sangre vertida por los pueblos que ya no pueden trabajar, relacionarse pacíficamente o vivir vidas productivas y armoniosas. Solo queda la muerte, la destrucción, la emigración.
En fin, en las Tierras de Pocas Lluvias sigue habiendo mucha sangre derramada.
Del libro "Las Tierras de Pocas Lluvias y Mucha Sangre, de D.Antón, Piriguazú Ediciones.

jueves, 14 de marzo de 2019

El Medio Oriente:
una región de pocas lluvias y mucha gente
Danilo Antón

El Medio Oriente tiene una característica que se halla en todos los países, y en la mayor parte de sus territorios: escasez de lluvias y aridez general.
A esta sequedad se agrega, agravando las condiciones ambientales, la ocurrencia de temperaturas elevadas y muy elevadas, particularmente durante la estación veraniega.
En  casi toda la región la lluvia es mínima. Incluso en ciudades muy populosas donde las necesidades hídricas son importantes, las lluvias promediales suelen ser muy escasas.
En El Cairo, capital de Egipto, que en su área metropolitana tiene 20 millones de  habitantes, llueve  24.7 mm por año, mientras que en Luxor una ciudad del sur de Egipto con 250,000 habitantes, no llueve prácticamente nunca (0 mm). Además de El Cairo, otras seis capitales tienen lluvias muy escasas: Riyad  en Arabia Saudita  (61 mm), Bagdad en Irak (122.8 mm), Damasco en Siria (131.8 mm) y Amman en Jordania (269.3) o escasas: Teherán em Irán (429 mm) y Ankara en Turquía (402.2 mm).. 
En muchas otras ciudades importantes  las lluvias no llegan a los 500 mm: Basora y Mosul en Irak (152 mm y 363.6 mm respectivamente), Alejandría en Egipto (196 mm), Jeddah en Arabia Saudita (61 mm), Aleppo en Siria (328.8 mm) y Ahvaz, Shiraz y Mashhad en Irán (209.2, 305.6 mm y 251,5 mm).
La escasez de lluvia afecta la producción agrícola. La agricultura de secano es difícil debido a la extensión de los períodos de sequía. La mayor parte de los países de la región dependen del riego. En particular, en Egipto e Irak, que son importantes productores agrícolas, casi todos de los cultivos se realizan con irrigación. También dependen de la agricultura de riego Jordania, Siria y Afganistán. En Turquía, Irán y Líbano, donde hay áreas restringidas con pluviosidad algo más importante, la agricultura irrigada sigue siendo un elemento fundamental de su producción agropecuaria.  
La falta de agua  también se experimenta en las zonas urbanas, que frecuentemente ven contaminadas o agotadas sus fuentes de agua. Los ríos y arroyos locales se contaminan con mayor facilidad debido a la numerosa población que habitan sus orillas. Debido a las lluvias limitadas en sus zonas de recarga y excesivo bombeo los acuíferos deprimen sus niveles o se salinizan.


De "Tierras de pocas lluvias y mucha sangre", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.

lunes, 12 de marzo de 2018

La sangre derramada en las  Tierras de Pocas Lluvias

Las sociedades del Medio Oriente son probablemente los primeros grupos humanos que se organizaron en estados, con todas las ventajas e inconvenientes que ese tipo de organización ofrece. En efecto, hace 5,000 años aproximadamente ya había estados funcionando en el Valle del río Nilo, y las llanuras de los ríos Éufrates y Tigris. Eran zonas fértiles y con mucha insolación pero carentes de lluvias y humedad en los suelos. Sin embargo, la presencia de tres caudalosos ríos, permitía proveer de aguas a las tierras potencialmente agrícolas y desarrollar cultivos de alta productividad.  Para hacer llegar el agua a zonas amplias construyendo presas y excavando canales se requería aunar el esfuerzo de muchas comunidades que debían ser coordinadas por una autoridad central. Este fue el comienzo de los estados sumerios de Mesopotamia y faraónicos de Egipto. 
Una vez aparecidos los primeros estados, esta modalidad organizativa social se extendió y profundizó.  Se generaron nuevos estados que se expandieron y conquistaron a sus vecinos para mejor explotar sus recursos y trabajo.  Comenzaron a desarrollarse reinos e imperios. Periódicamente los pueblos subordinados se rebelaron y se enfrentaron a sus dominadores, y en muchas ocasiones desarrollaron sus propios reinos e imperios.
Desde entonces la  historia del Medio Oriente es una sucesión de estados imperiales y monárquicos que impusieron su dominio a través de la guerra y la fuerza militar.
Al mismo tiempo que aparecían los estados, se desarrollaban religiones que facilitaban el control de las poblaciones sin necesidad del uso de la fuerza. Las primeras religiones que en muchos casos ponían énfasis en divinidades relacionadas con la tierra y la fertilidad, muchas veces femeninas, se fueron cambiando por otras que glorificaban la guerra y la agresividad triunfante.  Con frecuencia las autoridades estatales se confundían con  las autoridades religiosas. El rey era el supremo sacerdote.  Incluso el rey o emperador se atribuía un carácter divino.
Las luchas por poder y recursos comenzaron a utilizar argumentos religiosos.  Cada sociedad tenía sus propios dioses o sus propias interpretaciones de las historias y tradiciones religiosas.
A las religiones que atribuían carácter divino o mágico a los elementos de la naturaleza, sucedieron otras que redujeron el mundo y el universo al poder de un dios único.  Esto facilitaba el control de las mentes. Así surgieron las religiones monoteístas que habrían de constituir el contexto religioso y espiritual por muchos milenios y hasta la actualidad.
Las guerras, las conquistas y la opresión continuaron pero se procuró vestir los intereses económicos, de poder y protagónicos, de un ropaje religioso y espiritual.
Las guerras son crueles y siempre lo fueron
Para controlar a los pueblos se  utilizaron muchos métodos, pero el más común fue la guerra y el dominio por la fuerza.
El objetivo de la guerra es causar daño al enemigo para derrotarlo. Para ello se requiere, matar, destruir, si fuera posible, aniquilar las fuerzas oponentes y sus bastiones principales.
En los 5,000 años de historia del Medio Oriente hubo cientos de guerras, decenas de miles de batallas, cientos de millones de muertos, innumerables obras humanas destruidas, sociedades enteras eliminadas, culturas excluidas, emigraciones en masa, limpiezas étnicas, esclavitud, torturas sistemáticas.
No consideremos que las sociedades del Medio Oriente son peores que otras sociedades que hay en el mundo. Tan solo son más antiguas, y por tanto tuvieron más tiempo para desarrollar el expansionismo estatal y el imperialismo, expresados en sus múltiples formas.
Tampoco debemos olvidar que durante mucho tiempo y en múltiples ocasiones, las sociedades del Medio Oriente fueron víctimas del expansionismo y el imperialismo de potencias externas.  En los últimos siglos estas agresiones fueron muy frecuentes. Las potencias de Europa Occidental, la Rusia zarista y más tarde soviética, los Estados Unidos, comenzaron a intervenir en el Medio Oriente con el fin de apoderarse de sus recursos.  Para ello aprovecharon las disensiones internas, que ya existían en su propio beneficio. Promovieron las luchas sectarias, cristianos contra musulmanes, musulmanes contra judíos, chiitas contra sunitas.  Las guerras de Afganistán e Irak en la primera década del siglo XXI (que todavía siguen) y  la guerra de Siria, desatadas por los Estados Unidos y sus aliados con variadas excusas, y a partir de las contradicciones existentes, desencadenaron fuerzas de odio y agresión que llevaron a matanzas y destrucción en esos países. A ello se agregó la intervención política y militar de Rusia que tiene sus propios intereses en la región medio-oriental.  Las potencias externas inyectaron armamentos, cada vez más mortíferos, que multiplicaron la muerte y la destrucción.
El precio es la sangre vertida por los pueblos que ya no pueden trabajar, relacionarse pacíficamente o vivir vidas productivas y armoniosas. Solo queda la muerte, la destrucción, la emigración.
En fin, en las Tierras de Pocas Lluvias sigue habiendo mucha sangre derramada.
Reproducido de  "Tierras de Pocas Lluvias y Mucha Sangre", D.Antòn, Piriguazù Ediciones