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lunes, 20 de enero de 2020

Las propiedades medicinales del opio y su carácter adictivo

El opio en dosis moderadas (p.ej. 0.25 gramos para una persona adulta) produce efectos analgésicos y narcotizantes que duran unas 6 horas. Concomitantemente, tiene lugar un descenso de la temperatura de cuerpo, un enlentecimiento del funcionamiento corporal, se contraen las pupilas, se distiende el sistema nervioso y se hace más leve la respiración. 
La dosis letal es de aproximadamente 70 mg por quilogramo de peso (o sea unos 5 gramos).
En personas no alérgicas, hay una alta tolerancia al opio. Es posible consumirlo por largo tiempo sin problemas mayores de salud. Aumenta las defensas a ciertas enfermedades (como gripes y catarros), y aparentemente  aumenta la longevidad. En principio, los consumidores de opio, y en particular los opiófagos (que consumen opio por la vía digestiva), no presentan problemas mayores. El opio fumado tiene otros inconvenientes que se relacionan con los productos de la combustión. Desde ese punto de vista ,sus efectos presentan analogías con el fumado cotidiano de tabaco.
Al igual que el cigarrillo, el opio es un producto adictivo. Si bien su consumo en dosis moderadas y habituales no causa perjuicios mayores para la salud, su carácter adictivo genera una dependencia que dificulta dejar de consumirlo. El síndrome de abstinencia es relativamente intenso, caracterizándose por bostezos, sudoración, secreciones nasales, respiración agitada, temblores ocasionales, carne de gallina, retorcijones y calambres en las piernas. Normalmente estos síntomas cesan a los tres días.
El consumo y abandono del opio  provoca más daños que el consumo permanente.
La mejor forma de dejar el hábito es a través del autocontrol, procurando disminuir la dosis en forma imperceptible. De esa manera en menos de un año es posible eliminar la adicción.
Los alcaloides del opio
El opio contiene más de 20 alcaloides con farmacologías variadas.  Los más abundantes son la morfina (10%21 ), la papaverina (1%), la codeína (0.5%) y la tebaina (0.2%).
La morfina, que es el más potente, fue sintetizado en 1803 por el químico alemán Friedrich Sertürner. Su fórmula es C17H19NO3 , y fue bautizado «morfina»  por su «descubridor», en honor a Morfeo, dios griego de los sueños.
La papaverina, segundo alcaloide por su tenor, tiene efectos prácticamente insignificantes sobre el sistema nervioso humano.
La codeína, por su parte, tiene un impacto mayor que la papaverina pero tan sólo 1/6  de la potencia de la morfina.
Reproducido de “Pueblos, Drogas y Serpientes”, D.Antón, Piriguazú Ediciones

domingo, 10 de noviembre de 2019

El opio, una de las sustancias más importantes en la historia medicinal de la humanidad (Parte 1)

La amapola (Papaver somniferum) es una de las plantas medicinales más antiguas del mundo afro-eurasiático.
Se trata de una planta herbácea anual que crece naturalmente en el Asia Menor y en otras regiones del Cercano y Medio Oriente.
Sus semillas son edibles y no son psicoactivas.
Sin embargo, cuando se araña la cápsula sale un material lechoso y gomoso que al endurecerse se vuelve marrón. Esta substancia, que tiene propiedades muy especiales, se llama opio.
La amapola fue domesticada en tiempos muy antiguos. Hay registros sumerios en Mesopotamia (hace 6,000 o 7,000 años) que mencionan la  amapola, y las tabletas medicinales asirias se refieren a su poder curativo. Enel siglo XVII a.e.c. un tratado médico egipcio prescribía el opio para los niños que lloran, del mismo modo que, muchos siglos más tarde, las
niñeras de la época victoriana habrían de utilizar opiatos para calmar a los bebitos.
Históricamente, el opio no se fumaba, sino que era más bien bebido con vino o tragado como píldoras. Se le usaba para calmar el dolor, lograr un estado de euforia o como afrodisíaco.
En Creta antigua se plantaba la amapola desde tiempos minoicos (tercer y segundo milenio antes de la era común).
Existen jarras de cerámica del año 1,500 a.e.c. provenientes de Chipre que muestran incisiones estilizadas con la forma de las cápsulas de amapola18 . También se han encontrado pipas de marfil del siglo XII a.e.c. en un templo de esta misma isla que según se piensa eran utilizadas
para inhalar los vapores del opio (uno de los pocos ejemplos de «pipas de fumar» de que se tiene noticia en el Mediterráneo, anteriores a la
expansión europea en América).
La deidad femenina griega Demeter, la Diosa Madre, era al mismo tiempo Diosa de los granos y de las amapolas.
En Grecia y Roma el opio era habitualmente administrado como calmante del dolor. Con ese fin era recomendado por los fundadores de la medicina europea: Hipócrates (c.400 a.c.), Dioscórides y Galeno (130-200 d.c.).
Se piensa que la poción que preparaba Helena de Troya en la Odisea de
Homero «para acallar el dolor y la pena y traer olvido a cada malestar» estaba preparada en base al opio de amapola. Del mismo modo, hay quien sostiene que el vinagre mezclado con «hiel» que se ofreció a Cristo en la Cruz (Mateo 27:34) también contenía esta sustancia. Es sintomático que en el antiguo idioma hebreo, la palabra utilizada para designar la «hiel», rôsh, se usaba también para denominar al opio.
A partir de los siglos VII y VIII, la medicina del opio también formó parte de la civilización islámica. Los comerciantes árabes difundieron el opio en Persia, la India, el país malayo y finalmente China.
En el año 1530 el médico suizo-alemán Paracelsus19 desarrolló un nuevo tipo de medicina que, en cierto modo, integró las prácticas clásicas y medievales.
Paracelsus era un admirador de los poderes del opio al que llamaba «la piedrade la inmortalidad» que siempre transportaba en «el pomo de la silla de montar».
El medicamento basado en el opio que tuvo más trascendencia fue la tintura de láudano que se prepara disolviendo opio en alcohol. Este receta de Paracelsus tuvo éxito singular difundiéndose rápidamente en todo el continente europeo. Durante más de tres siglos el láudano fue «la» medicina que no podía faltar en ningún botiquín médico. Su consumo se extendió a las clases acaudaladas en todos los estados del continente, a los clubes de sociedad de Londres y París y a las altas esferas políticas y militares. Durante casi todo el siglo XIX la mayor parte de los aristócratas se habían hecho aficionados al láudano, o sea, al opio con alcohol.
El avance musulmán llevó el consumo del opio hasta la India, país que, con el tiempo, habría de terminar siendo el mayor productor mundial de amapola. En los siglos diecisiete y dieciocho, los monarcas mogules le deban opio a los soldados, y el propio emperador Shah Jahan, constructor del Taj Mahal, bebía opio en su vino. Todavía hoy, en ese país, los trabajadores de la construcción y los peones agrícolas se introducen una pequeña pelota de opio en la boca ingiriéndola con su té. Sin embargo, en el subcontinente hindú, el consumo del opio nunca alcanzó la dimensión social que luego habría de alcanzar en China, sobre todo durante el
siglo XI.
(continúa en Parte 2)
Reproducido del libro "Pueblos, drogas y serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.


sábado, 4 de mayo de 2019

Las propiedades medicinales del opio y su carácter adictivo

El opio en dosis moderadas (p.ej. 0.25 gramos para una persona adulta) produce efectos analgésicos y narcotizantes que duran unas 6 horas. Concomitantemente, tiene lugar un descenso de la temperatura de cuerpo, un enlentecimiento del funcionamiento corporal, se contraen las pupilas, se distiende el sistema nervioso y se hace más leve la respiración.   
La dosis letal es de aproximadamente 70 mg por quilogramo de peso (o sea unos 5 gramos).
En personas no alérgicas, hay una alta tolerancia al opio. Es posible consumirlo por largo tiempo sin problemas mayores de salud. Aumenta las defensas a ciertas enfermedades (como gripes y catarros), y aparentemente  aumenta la longevidad. En principio, los consumidores de opio, y en particular los opiófagos (que consumen opio por la vía digestiva), no presentan problemas mayores. El opio fumado tiene otros inconvenientes que se relacionan con los productos de la combustión. Desde ese punto de vista ,sus efectos presentan analogías con el fumado cotidiano de tabaco.
Al igual que el cigarrillo, el opio es un producto adictivo. Si bien su consumo en dosis moderadas y habituales no causa perjuicios mayores para la salud, su carácter adictivo genera una dependencia que dificulta dejar de consumirlo. El síndrome de abstinencia es relativamente intenso, caracterizándose por bostezos, sudoración, secreciones nasales, respiración agitada, temblores ocasionales, carne de gallina, retorcijones y calambres en las piernas. Normalmente estos síntomas cesan a los tres días.
El consumo y abandono del opio  provoca más daños que el consumo permanente. 
La mejor forma de dejar el hábito es a través del autocontrol, procurando disminuir la dosis en forma imperceptible. De esa manera en menos de un año es posible eliminar la adicción.

Los alcaloides del opio
El opio contiene más de 20 alcaloides con farmacologías variadas.  Los más abundantes son la morfina (10%21 ), la papaverina (1%), la codeína (0.5%) y la tebaina (0.2%). 
La morfina, que es el más potente, fue sintetizado en 1803 por el químico alemán Friedrich Sertürner. Su fórmula es C17H19NO3 , y fue bautizado «morfina»  por su «descubridor», en honor a Morfeo, dios griego de los sueños.  
La papaverina, segundo alcaloide por su tenor, tiene efectos prácticamente insignificantes sobre el sistema nervioso humano. 
La codeína, por su parte, tiene un impacto mayor que la papaverina pero tan sólo 1/6  de la potencia de la morfina.

La morfina
La morfina es el principal alcaloide del opio, y es de ella que se originan gran parte de sus propiedades. Los efectos medicinales del opio comprobados durante milenios, se deben fundamentalmente a su contenido en morfina.  Es sobretodo la morfina que produce los efectos analgésicos y narcotizantes. La administración de morfina separadamente tiene la ventaja sobre el opio de permitir una dosificación precisa (cosa que con el opio no se puede debido a su variabilidad química).
A pesar de haber sido «demonizada» por la cultura industrial y global, la morfina es un alcaloide relativamente benigno que puede ser utilizado para el tratamiento del dolor y como anestésico con riesgos mucho menores que otros productos similares.
La síntesis de la morfina pasó relativamente desapercibida hasta que Alexander Wood  inventó la jeringa hipodérmica en 1853. Este instrumento, que habría de revolucionar las técnicas médicas (no siempre positivamente), llegó a tiempo para que se pudiera inyectar morfina a los soldados heridos en la guerra civil de los EEUU y en la guerra franco- prusiana.  Se calcula que el conflicto estadounidense dejó como saldo más de 400,000 adictos.
El mismo tratamiento en base a morfina fue utilizado en todas las guerras que se sucedieron en el siglo XIX. Millones de soldados fueron inyectados y en poco tiempo crecieron «ejércitos de adictos». Tanto es así que, a fines del siglo a la adicción a  la morfina era llamaba «enfermedad de los soldados».  
De esa forma la morfina se difundió mundialmente, aunque en gran medida injustamente, como la primera de las drogas «duras».  
La administración de morfina por la vía inyectable continuó durante la Primera Guerra Mundial. Durante más de 70 años, hasta la década de 1920, la morfina fue utilizada indiscriminadamente en todas la fuerzas armadas de las grandes potencias, produciéndose una diseminación generalizada de su consumo. 
Por eso podemos afirmar que, en cierta medida, la adicción a la morfina se desarrolló globalmente como consecuencia de las políticas militaristas de los gobiernos de los paises industriales imperialistas europeos.

lunes, 9 de abril de 2018

Las propiedades medicinales del opio y su carácter adictivo

El opio en dosis moderadas (p.ej. 0.25 gramos para una persona adulta) produce efectos analgésicos y narcotizantes que duran unas 6 horas. Concomitantemente, tiene lugar un descenso de la temperatura de cuerpo, un enlentecimiento del funcionamiento corporal, se contraen las pupilas, se distiende el sistema nervioso y se hace más leve la respiración.   
La dosis letal es de aproximadamente 70 mg por quilogramo de peso (o sea unos 5 gramos).
En personas no alérgicas, hay una alta tolerancia al opio. Es posible consumirlo por largo tiempo sin problemas mayores de salud. Aumenta las defensas a ciertas enfermedades (como gripes y catarros), y aparentemente  aumenta la longevidad. En principio, los consumidores de opio, y en particular los opiófagos (que consumen opio por la vía digestiva), no presentan problemas mayores. El opio fumado tiene otros inconvenientes que se relacionan con los productos de la combustión. Desde ese punto de vista ,sus efectos presentan analogías con el fumado cotidiano de tabaco.
Al igual que el cigarrillo, el opio es un producto adictivo. Si bien su consumo en dosis moderadas y habituales no causa perjuicios mayores para la salud, su carácter adictivo genera una dependencia que dificulta dejar de consumirlo. El síndrome de abstinencia es relativamente intenso, caracterizándose por bostezos, sudoración, secreciones nasales, respiración agitada, temblores ocasionales, carne de gallina, retorcijones y calambres en las piernas. Normalmente estos síntomas cesan a los tres días.
El consumo y abandono del opio  provoca más daños que el consumo permanente. 
La mejor forma de dejar el hábito es a través del autocontrol, procurando disminuir la dosis en forma imperceptible. De esa manera en menos de un año es posible eliminar la adicción.

Los alcaloides del opio
El opio contiene más de 20 alcaloides con farmacologías variadas.  Los más abundantes son la morfina (10%21 ), la papaverina (1%), la codeína (0.5%) y la tebaina (0.2%). 
La morfina, que es el más potente, fue sintetizado en 1803 por el químico alemán Friedrich Sertürner. Su fórmula es C17H19NO3 , y fue bautizado «morfina»  por su «descubridor», en honor a Morfeo, dios griego de los sueños.  
La papaverina, segundo alcaloide por su tenor, tiene efectos prácticamente insignificantes sobre el sistema nervioso humano. 
La codeína, por su parte, tiene un impacto mayor que la papaverina pero tan sólo 1/6  de la potencia de la morfina.

La morfina

La morfina es el principal alcaloide del opio, y es de ella que se originan gran parte de sus propiedades. Los efectos medicinales del opio comprobados durante milenios, se deben fundamentalmente a su contenido en morfina.  Es sobretodo la morfina que produce los efectos analgésicos y narcotizantes. La administración de morfina separadamente tiene la ventaja sobre el opio de permitir una dosificación precisa (cosa que con el opio no se puede debido a su variabilidad química).
A pesar de haber sido «demonizada» por la cultura industrial y global, la morfina es un alcaloide relativamente benigno que puede ser utilizado para el tratamiento del dolor y como anestésico con riesgos mucho menores que otros productos similares.
La síntesis de la morfina pasó relativamente desapercibida hasta que Alexander Wood  inventó la jeringa hipodérmica en 1853. Este instrumento, que habría de revolucionar las técnicas médicas (no siempre positivamente), llegó a tiempo para que se pudiera inyectar morfina a los soldados heridos en la guerra civil de los EEUU y en la guerra franco- prusiana.  Se calcula que el conflicto estadounidense dejó como saldo más de 400,000 adictos.
El mismo tratamiento en base a morfina fue utilizado en todas las guerras que se sucedieron en el siglo XIX. Millones de soldados fueron inyectados y en poco tiempo crecieron «ejércitos de adictos». Tanto es así que, a fines del siglo a la adicción a  la morfina era llamaba «enfermedad de los soldados».  
De esa forma la morfina se difundió mundialmente, aunque en gran medida injustamente, como la primera de las drogas «duras».  
La administración de morfina por la vía inyectable continuó durante la Primera Guerra Mundial. Durante más de 70 años, hasta la década de 1920, la morfina fue utilizada indiscriminadamente en todas la fuerzas armadas de las grandes potencias, produciéndose una diseminación generalizada de su consumo. 
Por eso podemos afirmar que, en cierta medida, la adicción a la morfina se desarrolló globalmente como consecuencia de las políticas militaristas de los gobiernos de los paises industriales imperialistas europeos.

sábado, 3 de febrero de 2018

Las propiedades medicinales del opio y su carácter adictivo

El opio en dosis moderadas (p.ej. 0.25 gramos para una persona adulta) produce efectos analgésicos y narcotizantes que duran unas 6 horas. Concomitantemente, tiene lugar un descenso de la temperatura de cuerpo, un enlentecimiento del funcionamiento corporal, se contraen las pupilas, se distiende el sistema nervioso y se hace más leve la respiración. 
La dosis letal es de aproximadamente 70 mg por quilogramo de peso (o sea unos 5 gramos).
En personas no alérgicas, hay una alta tolerancia al opio. Es posible consumirlo por largo tiempo sin problemas mayores de salud. Aumenta las defensas a ciertas enfermedades (como gripes y catarros), y aparentemente  aumenta la longevidad. En principio, los consumidores de opio, y en particular los opiófagos (que consumen opio por la vía digestiva), no presentan problemas mayores. El opio fumado tiene otros inconvenientes que se relacionan con los productos de la combustión. Desde ese punto de vista ,sus efectos presentan analogías con el fumado cotidiano de tabaco.
Al igual que el cigarrillo, el opio es un producto adictivo. Si bien su consumo en dosis moderadas y habituales no causa perjuicios mayores para la salud, su carácter adictivo genera una dependencia que dificulta dejar de consumirlo. El síndrome de abstinencia es relativamente intenso, caracterizándose por bostezos, sudoración, secreciones nasales, respiración agitada, temblores ocasionales, carne de gallina, retorcijones y calambres en las piernas. Normalmente estos síntomas cesan a los tres días.
El consumo y abandono del opio  provoca más daños que el consumo permanente.
La mejor forma de dejar el hábito es a través del autocontrol, procurando disminuir la dosis en forma imperceptible. De esa manera en menos de un año es posible eliminar la adicción.
Los alcaloides del opio
El opio contiene más de 20 alcaloides con farmacologías variadas.  Los más abundantes son la morfina (10%21 ), la papaverina (1%), la codeína (0.5%) y la tebaina (0.2%).
La morfina, que es el más potente, fue sintetizado en 1803 por el químico alemán Friedrich Sertürner. Su fórmula es C17H19NO3 , y fue bautizado «morfina»  por su «descubridor», en honor a Morfeo, dios griego de los sueños.
La papaverina, segundo alcaloide por su tenor, tiene efectos prácticamente insignificantes sobre el sistema nervioso humano.
La codeína, por su parte, tiene un impacto mayor que la papaverina pero tan sólo 1/6  de la potencia de la morfina.
Reproducido de “Pueblos, Drogas y Serpientes”, D.Antón, Piriguazú Ediciones

domingo, 13 de agosto de 2017

Como comenzó el prohibicionismo

La llegada de miles de inmigrantes chinos a fines del siglo XIX y principios del siglo XX generó reacciones racistas en los EEUU.
Los chinos inmigrados tenían la costumbre de fumar opio, hábito que le habían impuesto los ingleses después de la guerra del opio en 1840.
Se desarrolló una campaña contra los trabajadores chinos y en particular sobre el consumo de opio (que dicho sea de paso, había sido una sustancia medicinal en el Mediterráneo y Medio Oriente desde tiempos históricos muy remotos).
Por otra parte ya existía un sentimiento racista y segregacionista muy fuerte contra la población negra y de origen mexicano que se consideraban muy “vulnerables” a este “vicio” que se expandía.
La campaña comenzó a expresarse a nivel político cuando el presidente de los EEUU Theodore Roosevelt designó al Dr. Hamilton Wright (1908) como el primer Comisionado del Opio de los Estados Unidos.
En 1909, Wright asistió a la Comisión Internacional del Opio en Shanghai en representación de los EEUU. Fue acompañado por Charles Henry Brent, el Obispo Episcopal.
El 12 de marzo de 1911, el Dr. Wright manifestó en un artículo del New York Times: "El opio, es la droga más perniciosa conocida por la humanidad, está rodeado, en este país, con muchas menos garantías que cualquier otra nación en Europa ".
Wright afirmó además que "se ha afirmado con autoridad que la cocaína es a menudo el incentivo directo para el delito de violación de los negros del Sur y otras partes del país", aunque no se proporcionó ninguna prueba de su afirmación.
Wright también afirmó que "una de los más desafortunadas fases de fumar opio en este país es el gran número de mujeres que se han involucrado y vivían como concubinas o cohabitando con chinos en los barrios chinos de nuestras diferentes ciudades ".
La culminación del proceso represivo fue la legislación Harrison Antinarcóticos (1914) que consistió en tres proyectos de la Cámara EE.UU. imponiendo restricciones a la disponibilidad y el consumo de la droga psicoactiva de opio.
Los redactores se basaban en los temores de que había "negros drogados, maniáticos sexuales” y hacían referencias a los negros bajo la influencia de drogas asesinando blancos, mexicanos degenerados fumando marihuana, y chinos seduciendo a las mujeres blancas con las drogas. [20] el Dr. Hamilton Wright, declaró en una audiencia de la Ley Harrison “las drogas hacen los negros incontrolables, les dieron poderes sobrehumanos y les provocaron a rebelarse contra la autoridad blanca”. El Dr. Christopher Koch, de la Junta de Farmacia del Estado de Pensilvania declaró que "La mayoría de los ataques a las mujeres blancas del sur son el resultado directo de un negros enloquecidos por la cocaína".
Antes de que la ley fuera aprobada, el 8 de febrero de 1914, The New York Times publicó un artículo titulado "Demonios negros drogados con cocaína' son la nueva amenaza en el Sur: El asesinato y la locura son cada vez mayores entre los negros de clase baja negros" dijo Edward Huntington Williams, que informó de que en el sur los alguaciles habían aumentado el calibre de sus armas a .32 a .38 para derribar los negros bajo el efecto de la cocaína.
A pesar de la extrema deformación racial de la cuestión que tuvo lugar en la previa de la aprobación de la Ley, la investigación contemporánea sobre el tema indica que los estadounidenses negros consumían cocaína y opio a tasas mucho más bajas que los americanos blancos.
Tiempo después, el 17 de enero de 1920 se aprobaría la Enmienda XVIII a la Constitución de los Estados Unidos que instauraba “la Lay Seca” donde se prohibía el alcohol hasta que debido a su estruendoso fracaso creando “mafias” y organizaciones delictivas fue derogada el 5 de diciembre de 1933
En 1937 se prohibiría la marihuana a través de la Marihuana Tax Act y años más tarde se ejercería presión a nivel internacional hasta obligar al resto del mundo a embarcarse en una cruzada prohibicionista absurda y cruel que ha causado y sigue causando millones de víctimas desde hace hace varias décadas.


miércoles, 12 de abril de 2017

Tasmania, principal productor de amapola y opio del mundo
La isla de Tasmania, estado australiano con una superficie de 68,000 kilómetros cuadrados y 500,000 habitantes, es uno de los principales productores de amapola del mundo.
La amapola, una planta domesticada hace más de cinco mil años, es cultivada para extraer diversos productos, pero tradicionalmente se la utilizó para la obtención de opío, una sustancia con numerosas propiedades terapéuticas que fue un medicamento principal en muchas sociedades europeas, asiáticas y africanas. 
Desde mediados el siglo XIX el opio ha servido como materia prima para la sintetizar varios alcaloides que forman parte de su composición natural, como la morfina, la codeína y la tebaína.             
La producción, comercialización y consumo de opio fueron prohibidas en los EEUU en 1910. Desde entonces esta prohibición se extendió a la mayor parte de los países del mundo.
A pesar de ello, y a instancias de las compañías farmacéuticas transnacionales, el gobierno de Tasmania decidió estimular su cultivo.
Se calcula que hay aproximadamente 1,000 agricultores tasmanos contratados para cultivar amapolas en algo más de 25,000 hectáreas. Las amapolas se cultivan en ciclos de rotación de tres años, generalmente alternadas con otros cultivos y cría de ganado. 
El control de la producción de amapola es estricto y los intereses son millonarios. Por esa razáon los gobiernos y las compañías farmaceúticas han apoyado en Tasmania un cultivo que combaten en otras partes del  undo.
D.A, de Crónicas de la Peripecia Humana, Piriguazú Ediciones.


jueves, 25 de febrero de 2016

La absurda guerra de las drogas se originó en los EEUU
Como se llegó a la guerra de las sociedades humanas contra sí mismas
Theodore Roosevelt designó al Dr. Hamilton Wright (1908) como el primer Comisionado del Opio de los Estados Unidos en 1908.
En 1909, Wright asistió a la Comisión Internacional del Opio en Shanghai como los delegados americanos. Fue acompañado por Charles Henry Brent, el Obispo Episcopal
El 12 de marzo de 1911, el Dr. Wright manifestó en un artículo del New York Times: "El opio, es la droga más perniciosa conocida por la humanidad, está rodeado, en este país, con muchas menos garantías que cualquier otra nación en Europa ".
Wright afirmó además que "se ha afirmado con autoridad que la cocaína es a menudo el incentivo directo para el delito de violación de los negros del Sur y otras partes del país", aunque no se menciona específicamente las que las autoridades habían declarado que, e hizo no proporciona ninguna prueba de su afirmación.
Wright también afirmó que "una de los más desafortunadas fases de fumar opio en este país es el gran número de mujeres que se han involucrado y vivían como concubinas o cohabitando con chinos en los barrios chinos de nuestras diferentes ciudades ".
La culminación del proceso represivo fue la legislación Harrison Antinarcóticos (1914) que consistió en tres proyectos de la Cámara EE.UU. imponiendo restricciones a la disponibilidad y el consumo de la droga psicoactiva de opio.
Los redactores se basaban en los temores de que había "negros drogados, maniáticos sexuales” y hacían referencias a los negros bajo la influencia de drogas asesinando blancos, mexicanos degenerados fumando marihuana, y "chinos" seduciendo a las mujeres blancas con las drogas. [19] [20] el Dr. Hamilton Wright, declaró en una audiencia de la Ley Harrison “las drogas hacen los negros incontrolables, les dieron poderes sobrehumanos y les provocaron a rebelarse contra la autoridad blanca." El Dr. Christopher Koch, de la Junta de Farmacia del Estado de Pensilvania declaró que "La mayoría de los ataques a las mujeres blancas del sur son el resultado directo de un negros enloquecidos por la cocaína". [6]
Antes de que la ley fuera aprobada, el 8 de febrero de 1914, The New York Times publicó un artículo de Edward Huntington Williams titulado "Demonios negros drogados con cocaína'" y luego dijo "son la nueva amenaza en el Sur: El asesinato y la locura son cada vez mayores entre los negros de clase baja negros" también informó que en el Sur los alguaciles habían aumentado el calibre de sus armas a .32 a .38 para derribar los negros bajo el efecto de la cocaína.
A pesar de la extrema racialización de la cuestión que tuvo lugar en la previa de la aprobación de la Ley, la investigación contemporánea sobre el tema indica que los estadounidenses negros consumían cocaína y opio a tasas mucho más bajas que los americanos blancos.
Tiempo después, el 17 de enero de 1920 se aprobaría la Enmienda XVIII a la Constitución de los Estados Unidos que instauraba “la Lay Seca” donde se prohibía el alcohol, hasta que debido a su estruendoso fracaso creando “mafias” y organizaciones delictivas fue derogada el 5 de diciembre de 1933.
En 1937 se prohibiría la marihuana a través de la Marihuana Tax Act y años más tarde se ejercería presión a nivel internacional hasta obligar al resto del mundo a embarcarse en una cruzada prohibicionista absurda y cruel que ha causado y sigue causando millones de víctimas desde hace varias décadas.


jueves, 24 de diciembre de 2015

El opio y la amapola 

 Danilo Antón
 La amapola (Papaver somniferum) es una de las plantas medicinales más antiguas del mundoafro-eurasiático. 
Se trata de una planta herbácea anual que crece naturalmente en el Asia Menor y en otras regiones del Cercano y Medio Oriente. Sus semillas son edibles y no son psicoactivas. Sin embargo, cuando se araña la cápsula sale un material lechoso y gomoso que al endurecerse se vuelve marrón. Esta substancia, que tiene propiedades muy especiales, se llama opio.
La amapola fue domesticada en tiempos muy antiguos. Hay registros sumerios en Mesopotamia (hace 6,000 o 7,000 años) que mencionan la amapola, y las tabletas medicinales asirias se refieren a su poder curativo. En el siglo XVII a.e.c. un tratado médico egipcio prescribía el opio para los niños que lloran, del mismo modo que, muchos siglos más tarde, las niñeras de la época victoriana habrían de utilizar opiatos para calmar a los bebitos.
Históricamente, el opio no se fumaba, sino que era más bien bebido con vino o tragado como píldoras. Se le usaba para calmar el dolor, lograr un estado de euforia o como afrodisíaco.
En Creta antigua se plantaba la amapola desde tiempos minoicos (tercer y segundo milenio antes de la era común).
Existen jarras de cerámica del año 1,500 a.e.c. provenientes de Chipre que muestran incisiones estilizadas con la forma de las cápsulas de amapola18 . También se han encontrado pipas de marfil del siglo XII a.e.c. en un templo de esta misma isla que según se piensa eran utilizadas para inhalar los vapores del opio (uno de los pocos ejemplos de «pipas de fumar» de que se tiene noticia en el Mediterráneo, anteriores a la expansión europea en América).
La deidad femenina griega Demeter, la Diosa Madre, era al mismo tiempo Diosa de los granos y de las amapolas.
En Grecia y Roma el opio era habitualmente administrado como calmante del dolor. Con ese fin era recomendado por los fundadores de la medicina europea: Hipócrates (c.400 a.c.), Dioscórides y Galeno (130-200 d.c.).
Se piensa que la poción que preparaba Helena de Troya en la Odisea de Homero «para acallar el dolor y la pena y traer olvido a cada malestar» estaba preparada en base al opio de amapola. Del mismo modo, hay quien sostiene que el vinagre mezclado con «hiel» que se ofreció a Cristo en la Cruz (Mateo 27:34) también contenía esta sustancia. Es sintomático que en el antiguo idioma hebreo, la palabra utilizada para designar la «hiel», rôsh, se usaba también para denominar al opio.
A partir de los siglos VII y VIII, la medicina del opio también formó parte de la civilización islámica. Los comerciantes árabes difundieron el opio en Persia, la India, el país malayo y finalmente China.
En el año 1530 el médico suizo-alemán  Paracelsus19 desarrolló un nuevo tipo de medicina que, en cierto modo, integró las prácticas clásicas y medievales. Paracelsus era un admirador de los poderes del opio al que llamaba «la piedra de la inmortalidad» que siempre transportaba en «el pomo de la silla de montar».
El medicamento basado en el opio que tuvo más trascendencia fue la tintura de láudano que se prepara disolviendo opio en alcohol. Este receta de Paracelsus tuvo éxito singular difundiéndose rápidamente en todo el continente europeo.
Durante más de tres siglos el láudano fue «la» medicina que no podía faltar en ningún botiquín médico. Su consumo se extendió a las clases acaudaladas en todos los estados del continente, a los clubes de sociedad de Londres y París y a las altas esferas políticas y militares. Durante casi todo el siglo XIX la mayor parte de los aristócratas se habían hecho aficionados al láudano, o sea, al opio con alcohol.
El avance musulmán llevó el consumo del opio hasta la India, país que, con el tiempo, habría de terminar siendo el mayor productor mundial de amapola. En los siglos diecisiete y dieciocho, los monarcas mogules le deban opio a los soldados, y el propio emperador Shah Jahan, constructor del Taj Mahal, bebía opio en su vino. Todavía hoy, en ese país, los trabajadores de la construcción y los peones agrícolas se introducen una pequeña pelota de opio en la boca ingiriéndola con su té. Sin embargo, en el subcontinente hindú, el consumo del opio nunca alcanzó la dimensión social que luego habría de alcanzar en China, sobre todo durante el siglo XIX.

De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.
Blog in English: daniloanton-en.blogspot.com