Las propiedades medicinales del opio y su carácter adictivo
El opio en dosis moderadas (p.ej. 0.25 gramos para una persona adulta) produce efectos analgésicos y narcotizantes que duran unas 6 horas. Concomitantemente, tiene lugar un descenso de la temperatura de cuerpo, un enlentecimiento del funcionamiento corporal, se contraen las pupilas, se distiende el sistema nervioso y se hace más leve la respiración.
La dosis letal es de aproximadamente 70 mg por quilogramo de peso (o sea unos 5 gramos).
En personas no alérgicas, hay una alta tolerancia al opio. Es posible consumirlo por largo tiempo sin problemas mayores de salud. Aumenta las defensas a ciertas enfermedades (como gripes y catarros), y aparentemente aumenta la longevidad. En principio, los consumidores de opio, y en particular los opiófagos (que consumen opio por la vía digestiva), no presentan problemas mayores. El opio fumado tiene otros inconvenientes que se relacionan con los productos de la combustión. Desde ese punto de vista ,sus efectos presentan analogías con el fumado cotidiano de tabaco.
Al igual que el cigarrillo, el opio es un producto adictivo. Si bien su consumo en dosis moderadas y habituales no causa perjuicios mayores para la salud, su carácter adictivo genera una dependencia que dificulta dejar de consumirlo. El síndrome de abstinencia es relativamente intenso, caracterizándose por bostezos, sudoración, secreciones nasales, respiración agitada, temblores ocasionales, carne de gallina, retorcijones y calambres en las piernas. Normalmente estos síntomas cesan a los tres días.
El consumo y abandono del opio provoca más daños que el consumo permanente.
La mejor forma de dejar el hábito es a través del autocontrol, procurando disminuir la dosis en forma imperceptible. De esa manera en menos de un año es posible eliminar la adicción.
Los alcaloides del opio
El opio contiene más de 20 alcaloides con farmacologías variadas. Los más abundantes son la morfina (10%21 ), la papaverina (1%), la codeína (0.5%) y la tebaina (0.2%).
La morfina, que es el más potente, fue sintetizado en 1803 por el químico alemán Friedrich Sertürner. Su fórmula es C17H19NO3 , y fue bautizado «morfina» por su «descubridor», en honor a Morfeo, dios griego de los sueños.
La papaverina, segundo alcaloide por su tenor, tiene efectos prácticamente insignificantes sobre el sistema nervioso humano.
La codeína, por su parte, tiene un impacto mayor que la papaverina pero tan sólo 1/6 de la potencia de la morfina.
Reproducido de “Pueblos, Drogas y Serpientes”, D.Antón, Piriguazú Ediciones
Donde se revela la verdad detrás de los fraudes y dogmatismos científicos y antropológicos impuestos por las oligarquías académicas y políticas.
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lunes, 20 de enero de 2020
domingo, 10 de noviembre de 2019
El opio, una de las sustancias más
importantes en la historia medicinal de la humanidad (Parte 1)
La amapola (Papaver somniferum)
es una de las plantas medicinales más antiguas del mundo afro-eurasiático.
Se trata de una planta herbácea anual
que crece naturalmente en el Asia Menor y en otras regiones del Cercano y Medio
Oriente.
Sus semillas son edibles y no son
psicoactivas.
Sin embargo, cuando se araña la cápsula
sale un material lechoso y gomoso que al endurecerse se vuelve marrón. Esta
substancia, que tiene propiedades muy especiales, se llama opio.
La amapola fue domesticada en tiempos muy
antiguos. Hay registros sumerios en Mesopotamia (hace 6,000 o 7,000 años) que mencionan
la amapola, y las tabletas medicinales asirias
se refieren a su poder curativo. Enel siglo XVII a.e.c. un tratado médico
egipcio prescribía el opio para los niños que lloran, del mismo modo que,
muchos siglos más tarde, las
niñeras de la época victoriana habrían
de utilizar opiatos para calmar a los bebitos.
Históricamente, el opio no se fumaba,
sino que era más bien bebido con vino o tragado como píldoras. Se le usaba para
calmar el dolor, lograr un estado de euforia o como afrodisíaco.
En Creta antigua se plantaba la amapola
desde tiempos minoicos (tercer y segundo milenio antes de la era común).
Existen jarras de cerámica del año
1,500 a.e.c. provenientes de Chipre que muestran incisiones estilizadas con la
forma de las cápsulas de amapola18 . También se han encontrado pipas de marfil del siglo XII
a.e.c. en un templo de esta misma isla que según se piensa eran utilizadas
para inhalar los vapores del opio (uno
de los pocos ejemplos de «pipas de fumar» de que se tiene noticia en el
Mediterráneo, anteriores a la
expansión europea en América).
La deidad femenina griega Demeter, la
Diosa Madre, era al mismo tiempo Diosa de los granos y de las amapolas.
En Grecia y Roma el opio era
habitualmente administrado como calmante del dolor. Con ese fin era recomendado
por los fundadores de la medicina europea: Hipócrates (c.400 a.c.), Dioscórides
y Galeno (130-200 d.c.).
Se piensa que la poción que preparaba
Helena de Troya en la Odisea de
Homero «para acallar el dolor y la pena y traer olvido a cada
malestar» estaba preparada en base al opio de
amapola. Del mismo modo, hay quien sostiene que el vinagre mezclado con «hiel»
que se ofreció a Cristo en la Cruz (Mateo 27:34) también contenía esta
sustancia. Es sintomático que en el antiguo idioma hebreo, la palabra utilizada
para designar la «hiel», rôsh, se usaba también para denominar al opio.
A partir de los siglos VII y VIII, la
medicina del opio también formó parte de la civilización islámica. Los comerciantes
árabes difundieron el opio en Persia, la India, el país malayo y finalmente
China.
En el año 1530 el médico suizo-alemán
Paracelsus19 desarrolló
un nuevo tipo de medicina que, en cierto modo,
integró las prácticas clásicas y medievales.
Paracelsus era un admirador de los
poderes del opio al que llamaba «la piedrade la inmortalidad» que siempre
transportaba en «el pomo de la silla de montar».
El medicamento basado en el opio que
tuvo más trascendencia fue la tintura de láudano que se prepara disolviendo
opio en alcohol. Este receta de Paracelsus tuvo éxito singular difundiéndose
rápidamente en todo el continente europeo. Durante más de tres siglos el
láudano fue «la» medicina que no podía faltar en ningún botiquín médico. Su
consumo se extendió a las clases acaudaladas en todos los estados del
continente, a los clubes de sociedad de Londres y París y a las altas esferas
políticas y militares. Durante casi todo el siglo XIX la mayor parte de los
aristócratas se habían hecho aficionados al láudano, o sea, al opio con alcohol.
El avance musulmán llevó el consumo del
opio hasta la India, país que, con el tiempo, habría de terminar siendo el
mayor productor mundial de amapola. En los siglos diecisiete y dieciocho, los
monarcas mogules le deban opio a los soldados, y el propio emperador Shah
Jahan, constructor del Taj Mahal, bebía opio en su vino. Todavía hoy, en ese
país, los trabajadores de la construcción y los peones agrícolas se introducen
una pequeña pelota de opio en la boca ingiriéndola con su té. Sin embargo, en
el subcontinente hindú, el consumo del opio nunca alcanzó la dimensión social
que luego habría de alcanzar en China, sobre todo durante el
siglo XI.
(continúa
en Parte 2)
Reproducido del libro "Pueblos, drogas y serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.
Reproducido del libro "Pueblos, drogas y serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.
sábado, 4 de mayo de 2019
Las propiedades medicinales del opio y su carácter adictivo
El opio en dosis moderadas (p.ej. 0.25 gramos para una persona adulta) produce efectos analgésicos y narcotizantes que duran unas 6 horas. Concomitantemente, tiene lugar un descenso de la temperatura de cuerpo, un enlentecimiento del funcionamiento corporal, se contraen las pupilas, se distiende el sistema nervioso y se hace más leve la respiración.
La dosis letal es de aproximadamente 70 mg por quilogramo de peso (o sea unos 5 gramos).
En personas no alérgicas, hay una alta tolerancia al opio. Es posible consumirlo por largo tiempo sin problemas mayores de salud. Aumenta las defensas a ciertas enfermedades (como gripes y catarros), y aparentemente aumenta la longevidad. En principio, los consumidores de opio, y en particular los opiófagos (que consumen opio por la vía digestiva), no presentan problemas mayores. El opio fumado tiene otros inconvenientes que se relacionan con los productos de la combustión. Desde ese punto de vista ,sus efectos presentan analogías con el fumado cotidiano de tabaco.
Al igual que el cigarrillo, el opio es un producto adictivo. Si bien su consumo en dosis moderadas y habituales no causa perjuicios mayores para la salud, su carácter adictivo genera una dependencia que dificulta dejar de consumirlo. El síndrome de abstinencia es relativamente intenso, caracterizándose por bostezos, sudoración, secreciones nasales, respiración agitada, temblores ocasionales, carne de gallina, retorcijones y calambres en las piernas. Normalmente estos síntomas cesan a los tres días.
El consumo y abandono del opio provoca más daños que el consumo permanente.
La mejor forma de dejar el hábito es a través del autocontrol, procurando disminuir la dosis en forma imperceptible. De esa manera en menos de un año es posible eliminar la adicción.
Los alcaloides del opio
El opio contiene más de 20 alcaloides con farmacologías variadas. Los más abundantes son la morfina (10%21 ), la papaverina (1%), la codeína (0.5%) y la tebaina (0.2%).
La morfina, que es el más potente, fue sintetizado en 1803 por el químico alemán Friedrich Sertürner. Su fórmula es C17H19NO3 , y fue bautizado «morfina» por su «descubridor», en honor a Morfeo, dios griego de los sueños.
La papaverina, segundo alcaloide por su tenor, tiene efectos prácticamente insignificantes sobre el sistema nervioso humano.
La codeína, por su parte, tiene un impacto mayor que la papaverina pero tan sólo 1/6 de la potencia de la morfina.
La morfina
La morfina es el principal alcaloide del opio, y es de ella que se originan gran parte de sus propiedades. Los efectos medicinales del opio comprobados durante milenios, se deben fundamentalmente a su contenido en morfina. Es sobretodo la morfina que produce los efectos analgésicos y narcotizantes. La administración de morfina separadamente tiene la ventaja sobre el opio de permitir una dosificación precisa (cosa que con el opio no se puede debido a su variabilidad química).
A pesar de haber sido «demonizada» por la cultura industrial y global, la morfina es un alcaloide relativamente benigno que puede ser utilizado para el tratamiento del dolor y como anestésico con riesgos mucho menores que otros productos similares.
La síntesis de la morfina pasó relativamente desapercibida hasta que Alexander Wood inventó la jeringa hipodérmica en 1853. Este instrumento, que habría de revolucionar las técnicas médicas (no siempre positivamente), llegó a tiempo para que se pudiera inyectar morfina a los soldados heridos en la guerra civil de los EEUU y en la guerra franco- prusiana. Se calcula que el conflicto estadounidense dejó como saldo más de 400,000 adictos.
El mismo tratamiento en base a morfina fue utilizado en todas las guerras que se sucedieron en el siglo XIX. Millones de soldados fueron inyectados y en poco tiempo crecieron «ejércitos de adictos». Tanto es así que, a fines del siglo a la adicción a la morfina era llamaba «enfermedad de los soldados».
De esa forma la morfina se difundió mundialmente, aunque en gran medida injustamente, como la primera de las drogas «duras».
La administración de morfina por la vía inyectable continuó durante la Primera Guerra Mundial. Durante más de 70 años, hasta la década de 1920, la morfina fue utilizada indiscriminadamente en todas la fuerzas armadas de las grandes potencias, produciéndose una diseminación generalizada de su consumo.
Por eso podemos afirmar que, en cierta medida, la adicción a la morfina se desarrolló globalmente como consecuencia de las políticas militaristas de los gobiernos de los paises industriales imperialistas europeos.
lunes, 9 de abril de 2018
Las propiedades medicinales del opio y su carácter adictivo
El opio en dosis moderadas (p.ej. 0.25 gramos para una persona adulta) produce efectos analgésicos y narcotizantes que duran unas 6 horas. Concomitantemente, tiene lugar un descenso de la temperatura de cuerpo, un enlentecimiento del funcionamiento corporal, se contraen las pupilas, se distiende el sistema nervioso y se hace más leve la respiración.
La dosis letal es de aproximadamente 70 mg por quilogramo de peso (o sea unos 5 gramos).
En personas no alérgicas, hay una alta tolerancia al opio. Es posible consumirlo por largo tiempo sin problemas mayores de salud. Aumenta las defensas a ciertas enfermedades (como gripes y catarros), y aparentemente aumenta la longevidad. En principio, los consumidores de opio, y en particular los opiófagos (que consumen opio por la vía digestiva), no presentan problemas mayores. El opio fumado tiene otros inconvenientes que se relacionan con los productos de la combustión. Desde ese punto de vista ,sus efectos presentan analogías con el fumado cotidiano de tabaco.
Al igual que el cigarrillo, el opio es un producto adictivo. Si bien su consumo en dosis moderadas y habituales no causa perjuicios mayores para la salud, su carácter adictivo genera una dependencia que dificulta dejar de consumirlo. El síndrome de abstinencia es relativamente intenso, caracterizándose por bostezos, sudoración, secreciones nasales, respiración agitada, temblores ocasionales, carne de gallina, retorcijones y calambres en las piernas. Normalmente estos síntomas cesan a los tres días.
El consumo y abandono del opio provoca más daños que el consumo permanente.
La mejor forma de dejar el hábito es a través del autocontrol, procurando disminuir la dosis en forma imperceptible. De esa manera en menos de un año es posible eliminar la adicción.
Los alcaloides del opio
El opio contiene más de 20 alcaloides con farmacologías variadas. Los más abundantes son la morfina (10%21 ), la papaverina (1%), la codeína (0.5%) y la tebaina (0.2%).
La morfina, que es el más potente, fue sintetizado en 1803 por el químico alemán Friedrich Sertürner. Su fórmula es C17H19NO3 , y fue bautizado «morfina» por su «descubridor», en honor a Morfeo, dios griego de los sueños.
La papaverina, segundo alcaloide por su tenor, tiene efectos prácticamente insignificantes sobre el sistema nervioso humano.
La codeína, por su parte, tiene un impacto mayor que la papaverina pero tan sólo 1/6 de la potencia de la morfina.
La morfina
La morfina es el principal alcaloide del opio, y es de ella que se originan gran parte de sus propiedades. Los efectos medicinales del opio comprobados durante milenios, se deben fundamentalmente a su contenido en morfina. Es sobretodo la morfina que produce los efectos analgésicos y narcotizantes. La administración de morfina separadamente tiene la ventaja sobre el opio de permitir una dosificación precisa (cosa que con el opio no se puede debido a su variabilidad química).
A pesar de haber sido «demonizada» por la cultura industrial y global, la morfina es un alcaloide relativamente benigno que puede ser utilizado para el tratamiento del dolor y como anestésico con riesgos mucho menores que otros productos similares.
La síntesis de la morfina pasó relativamente desapercibida hasta que Alexander Wood inventó la jeringa hipodérmica en 1853. Este instrumento, que habría de revolucionar las técnicas médicas (no siempre positivamente), llegó a tiempo para que se pudiera inyectar morfina a los soldados heridos en la guerra civil de los EEUU y en la guerra franco- prusiana. Se calcula que el conflicto estadounidense dejó como saldo más de 400,000 adictos.
El mismo tratamiento en base a morfina fue utilizado en todas las guerras que se sucedieron en el siglo XIX. Millones de soldados fueron inyectados y en poco tiempo crecieron «ejércitos de adictos». Tanto es así que, a fines del siglo a la adicción a la morfina era llamaba «enfermedad de los soldados».
De esa forma la morfina se difundió mundialmente, aunque en gran medida injustamente, como la primera de las drogas «duras».
La administración de morfina por la vía inyectable continuó durante la Primera Guerra Mundial. Durante más de 70 años, hasta la década de 1920, la morfina fue utilizada indiscriminadamente en todas la fuerzas armadas de las grandes potencias, produciéndose una diseminación generalizada de su consumo.
Por eso podemos afirmar que, en cierta medida, la adicción a la morfina se desarrolló globalmente como consecuencia de las políticas militaristas de los gobiernos de los paises industriales imperialistas europeos.
El opio en dosis moderadas (p.ej. 0.25 gramos para una persona adulta) produce efectos analgésicos y narcotizantes que duran unas 6 horas. Concomitantemente, tiene lugar un descenso de la temperatura de cuerpo, un enlentecimiento del funcionamiento corporal, se contraen las pupilas, se distiende el sistema nervioso y se hace más leve la respiración.
La dosis letal es de aproximadamente 70 mg por quilogramo de peso (o sea unos 5 gramos).
En personas no alérgicas, hay una alta tolerancia al opio. Es posible consumirlo por largo tiempo sin problemas mayores de salud. Aumenta las defensas a ciertas enfermedades (como gripes y catarros), y aparentemente aumenta la longevidad. En principio, los consumidores de opio, y en particular los opiófagos (que consumen opio por la vía digestiva), no presentan problemas mayores. El opio fumado tiene otros inconvenientes que se relacionan con los productos de la combustión. Desde ese punto de vista ,sus efectos presentan analogías con el fumado cotidiano de tabaco.
Al igual que el cigarrillo, el opio es un producto adictivo. Si bien su consumo en dosis moderadas y habituales no causa perjuicios mayores para la salud, su carácter adictivo genera una dependencia que dificulta dejar de consumirlo. El síndrome de abstinencia es relativamente intenso, caracterizándose por bostezos, sudoración, secreciones nasales, respiración agitada, temblores ocasionales, carne de gallina, retorcijones y calambres en las piernas. Normalmente estos síntomas cesan a los tres días.
El consumo y abandono del opio provoca más daños que el consumo permanente.
La mejor forma de dejar el hábito es a través del autocontrol, procurando disminuir la dosis en forma imperceptible. De esa manera en menos de un año es posible eliminar la adicción.
Los alcaloides del opio
El opio contiene más de 20 alcaloides con farmacologías variadas. Los más abundantes son la morfina (10%21 ), la papaverina (1%), la codeína (0.5%) y la tebaina (0.2%).
La morfina, que es el más potente, fue sintetizado en 1803 por el químico alemán Friedrich Sertürner. Su fórmula es C17H19NO3 , y fue bautizado «morfina» por su «descubridor», en honor a Morfeo, dios griego de los sueños.
La papaverina, segundo alcaloide por su tenor, tiene efectos prácticamente insignificantes sobre el sistema nervioso humano.
La codeína, por su parte, tiene un impacto mayor que la papaverina pero tan sólo 1/6 de la potencia de la morfina.
La morfina
La morfina es el principal alcaloide del opio, y es de ella que se originan gran parte de sus propiedades. Los efectos medicinales del opio comprobados durante milenios, se deben fundamentalmente a su contenido en morfina. Es sobretodo la morfina que produce los efectos analgésicos y narcotizantes. La administración de morfina separadamente tiene la ventaja sobre el opio de permitir una dosificación precisa (cosa que con el opio no se puede debido a su variabilidad química).
A pesar de haber sido «demonizada» por la cultura industrial y global, la morfina es un alcaloide relativamente benigno que puede ser utilizado para el tratamiento del dolor y como anestésico con riesgos mucho menores que otros productos similares.
La síntesis de la morfina pasó relativamente desapercibida hasta que Alexander Wood inventó la jeringa hipodérmica en 1853. Este instrumento, que habría de revolucionar las técnicas médicas (no siempre positivamente), llegó a tiempo para que se pudiera inyectar morfina a los soldados heridos en la guerra civil de los EEUU y en la guerra franco- prusiana. Se calcula que el conflicto estadounidense dejó como saldo más de 400,000 adictos.
El mismo tratamiento en base a morfina fue utilizado en todas las guerras que se sucedieron en el siglo XIX. Millones de soldados fueron inyectados y en poco tiempo crecieron «ejércitos de adictos». Tanto es así que, a fines del siglo a la adicción a la morfina era llamaba «enfermedad de los soldados».
De esa forma la morfina se difundió mundialmente, aunque en gran medida injustamente, como la primera de las drogas «duras».
La administración de morfina por la vía inyectable continuó durante la Primera Guerra Mundial. Durante más de 70 años, hasta la década de 1920, la morfina fue utilizada indiscriminadamente en todas la fuerzas armadas de las grandes potencias, produciéndose una diseminación generalizada de su consumo.
Por eso podemos afirmar que, en cierta medida, la adicción a la morfina se desarrolló globalmente como consecuencia de las políticas militaristas de los gobiernos de los paises industriales imperialistas europeos.
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Morfina,
Opio,
Propiedades del opio
sábado, 3 de febrero de 2018
Las propiedades medicinales del opio y su carácter adictivo
El opio en dosis moderadas (p.ej. 0.25 gramos para una persona adulta) produce efectos analgésicos y narcotizantes que duran unas 6 horas. Concomitantemente, tiene lugar un descenso de la temperatura de cuerpo, un enlentecimiento del funcionamiento corporal, se contraen las pupilas, se distiende el sistema nervioso y se hace más leve la respiración.
La dosis letal es de aproximadamente 70 mg por quilogramo de peso (o sea unos 5 gramos).
En personas no alérgicas, hay una alta tolerancia al opio. Es posible consumirlo por largo tiempo sin problemas mayores de salud. Aumenta las defensas a ciertas enfermedades (como gripes y catarros), y aparentemente aumenta la longevidad. En principio, los consumidores de opio, y en particular los opiófagos (que consumen opio por la vía digestiva), no presentan problemas mayores. El opio fumado tiene otros inconvenientes que se relacionan con los productos de la combustión. Desde ese punto de vista ,sus efectos presentan analogías con el fumado cotidiano de tabaco.
Al igual que el cigarrillo, el opio es un producto adictivo. Si bien su consumo en dosis moderadas y habituales no causa perjuicios mayores para la salud, su carácter adictivo genera una dependencia que dificulta dejar de consumirlo. El síndrome de abstinencia es relativamente intenso, caracterizándose por bostezos, sudoración, secreciones nasales, respiración agitada, temblores ocasionales, carne de gallina, retorcijones y calambres en las piernas. Normalmente estos síntomas cesan a los tres días.
El consumo y abandono del opio provoca más daños que el consumo permanente.
La mejor forma de dejar el hábito es a través del autocontrol, procurando disminuir la dosis en forma imperceptible. De esa manera en menos de un año es posible eliminar la adicción.
Los alcaloides del opio
El opio contiene más de 20 alcaloides con farmacologías variadas. Los más abundantes son la morfina (10%21 ), la papaverina (1%), la codeína (0.5%) y la tebaina (0.2%).
La morfina, que es el más potente, fue sintetizado en 1803 por el químico alemán Friedrich Sertürner. Su fórmula es C17H19NO3 , y fue bautizado «morfina» por su «descubridor», en honor a Morfeo, dios griego de los sueños.
La papaverina, segundo alcaloide por su tenor, tiene efectos prácticamente insignificantes sobre el sistema nervioso humano.
La codeína, por su parte, tiene un impacto mayor que la papaverina pero tan sólo 1/6 de la potencia de la morfina.
Reproducido de “Pueblos, Drogas y Serpientes”, D.Antón, Piriguazú Ediciones
El opio en dosis moderadas (p.ej. 0.25 gramos para una persona adulta) produce efectos analgésicos y narcotizantes que duran unas 6 horas. Concomitantemente, tiene lugar un descenso de la temperatura de cuerpo, un enlentecimiento del funcionamiento corporal, se contraen las pupilas, se distiende el sistema nervioso y se hace más leve la respiración.
La dosis letal es de aproximadamente 70 mg por quilogramo de peso (o sea unos 5 gramos).
En personas no alérgicas, hay una alta tolerancia al opio. Es posible consumirlo por largo tiempo sin problemas mayores de salud. Aumenta las defensas a ciertas enfermedades (como gripes y catarros), y aparentemente aumenta la longevidad. En principio, los consumidores de opio, y en particular los opiófagos (que consumen opio por la vía digestiva), no presentan problemas mayores. El opio fumado tiene otros inconvenientes que se relacionan con los productos de la combustión. Desde ese punto de vista ,sus efectos presentan analogías con el fumado cotidiano de tabaco.
Al igual que el cigarrillo, el opio es un producto adictivo. Si bien su consumo en dosis moderadas y habituales no causa perjuicios mayores para la salud, su carácter adictivo genera una dependencia que dificulta dejar de consumirlo. El síndrome de abstinencia es relativamente intenso, caracterizándose por bostezos, sudoración, secreciones nasales, respiración agitada, temblores ocasionales, carne de gallina, retorcijones y calambres en las piernas. Normalmente estos síntomas cesan a los tres días.
El consumo y abandono del opio provoca más daños que el consumo permanente.
La mejor forma de dejar el hábito es a través del autocontrol, procurando disminuir la dosis en forma imperceptible. De esa manera en menos de un año es posible eliminar la adicción.
Los alcaloides del opio
El opio contiene más de 20 alcaloides con farmacologías variadas. Los más abundantes son la morfina (10%21 ), la papaverina (1%), la codeína (0.5%) y la tebaina (0.2%).
La morfina, que es el más potente, fue sintetizado en 1803 por el químico alemán Friedrich Sertürner. Su fórmula es C17H19NO3 , y fue bautizado «morfina» por su «descubridor», en honor a Morfeo, dios griego de los sueños.
La papaverina, segundo alcaloide por su tenor, tiene efectos prácticamente insignificantes sobre el sistema nervioso humano.
La codeína, por su parte, tiene un impacto mayor que la papaverina pero tan sólo 1/6 de la potencia de la morfina.
Reproducido de “Pueblos, Drogas y Serpientes”, D.Antón, Piriguazú Ediciones
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Analgésicos,
Opio,
Plantas adictivas
domingo, 13 de agosto de 2017
Como comenzó el
prohibicionismo
La llegada de miles de inmigrantes chinos a fines del siglo
XIX y principios del siglo XX generó reacciones racistas en los EEUU.
Los chinos inmigrados tenían la costumbre de fumar opio,
hábito que le habían impuesto los ingleses después de la guerra del opio en
1840.
Se desarrolló una campaña contra los trabajadores chinos y en
particular sobre el consumo de opio (que dicho sea de paso, había sido una
sustancia medicinal en el Mediterráneo y Medio Oriente desde tiempos históricos
muy remotos).
Por otra parte ya existía un sentimiento racista y
segregacionista muy fuerte contra la población negra y de origen mexicano que
se consideraban muy “vulnerables” a este “vicio” que se expandía.
La campaña comenzó a expresarse a nivel político cuando el
presidente de los EEUU Theodore Roosevelt designó al Dr. Hamilton Wright (1908)
como el primer Comisionado del Opio de los Estados Unidos.
En 1909, Wright asistió a la Comisión Internacional del Opio
en Shanghai en representación de los EEUU. Fue acompañado por Charles Henry
Brent, el Obispo Episcopal.
El 12 de marzo de 1911, el Dr. Wright manifestó en un
artículo del New York Times: "El
opio, es la droga más perniciosa conocida por la humanidad, está rodeado, en
este país, con muchas menos garantías que cualquier otra nación en Europa
".
Wright afirmó además que "se ha afirmado con autoridad que la cocaína es a menudo el incentivo
directo para el delito de violación de los negros del Sur y otras partes del
país", aunque no se proporcionó ninguna prueba de su afirmación.
Wright también afirmó que "una de los más desafortunadas fases de fumar opio en este país es el
gran número de mujeres que se han involucrado y vivían como concubinas o
cohabitando con chinos en los barrios chinos de nuestras diferentes ciudades ".
La culminación del proceso represivo fue la legislación
Harrison Antinarcóticos (1914) que consistió en tres proyectos de la Cámara
EE.UU. imponiendo restricciones a la disponibilidad y el consumo de la droga
psicoactiva de opio.
Los redactores se basaban en los temores de que había "negros drogados, maniáticos sexuales” y
hacían referencias a los negros bajo la influencia de drogas asesinando
blancos, mexicanos degenerados fumando marihuana, y chinos seduciendo a las
mujeres blancas con las drogas. [20] el Dr. Hamilton Wright, declaró en una
audiencia de la Ley Harrison “las drogas
hacen los negros incontrolables, les dieron poderes sobrehumanos y les
provocaron a rebelarse contra la autoridad blanca”. El Dr. Christopher
Koch, de la Junta de Farmacia del Estado de Pensilvania declaró que "La mayoría de los ataques a las mujeres
blancas del sur son el resultado directo de un negros enloquecidos por la
cocaína".
Antes de que la ley fuera aprobada, el 8 de febrero de 1914,
The New York Times publicó un artículo titulado "Demonios negros drogados con cocaína' son la nueva amenaza en el Sur:
El asesinato y la locura son cada vez mayores entre los negros de clase baja
negros" dijo Edward Huntington Williams, que informó de que en el sur
los alguaciles habían aumentado el calibre de sus armas a .32 a .38 para
derribar los negros bajo el efecto de la cocaína.
A pesar de la extrema deformación racial de la cuestión que
tuvo lugar en la previa de la aprobación de la Ley, la investigación
contemporánea sobre el tema indica que los estadounidenses negros consumían
cocaína y opio a tasas mucho más bajas que los americanos blancos.
Tiempo después, el 17 de enero de 1920 se aprobaría la
Enmienda XVIII a la Constitución de los Estados Unidos que instauraba “la Lay
Seca” donde se prohibía el alcohol hasta que debido a su estruendoso fracaso
creando “mafias” y organizaciones delictivas fue derogada el 5 de diciembre de
1933
En 1937 se prohibiría la marihuana a través de la Marihuana
Tax Act y años más tarde se ejercería presión a nivel internacional hasta
obligar al resto del mundo a embarcarse en una cruzada prohibicionista absurda
y cruel que ha causado y sigue causando millones de víctimas desde hace hace
varias décadas.
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Prohibicionismo,
Prohibicionismo2
miércoles, 12 de abril de 2017
Tasmania, principal productor de amapola y opio del mundo
La isla de Tasmania, estado
australiano con una superficie de 68,000 kilómetros cuadrados y 500,000
habitantes, es uno de los principales productores de amapola del mundo.
La amapola, una planta
domesticada hace más de cinco mil años, es cultivada para extraer diversos
productos, pero tradicionalmente se la utilizó para la obtención de opío, una
sustancia con numerosas propiedades terapéuticas que fue un medicamento
principal en muchas sociedades europeas, asiáticas y africanas.
Desde mediados el siglo XIX
el opio ha servido como materia prima para la sintetizar varios alcaloides que
forman parte de su composición natural, como la morfina, la codeína y la
tebaína.
La producción,
comercialización y consumo de opio fueron prohibidas en los EEUU en 1910. Desde
entonces esta prohibición se extendió a la mayor parte de los países del mundo.
A pesar de ello, y a
instancias de las compañías farmacéuticas transnacionales, el gobierno de
Tasmania decidió estimular su cultivo.
Se calcula que hay
aproximadamente 1,000 agricultores tasmanos contratados para cultivar amapolas
en algo más de 25,000 hectáreas. Las amapolas se cultivan en ciclos de rotación
de tres años, generalmente alternadas con otros cultivos y cría de ganado.
El control de la producción de amapola es estricto y los intereses son millonarios. Por esa razáon los gobiernos y las compañías farmaceúticas han apoyado en Tasmania un cultivo que combaten en otras partes del undo.
D.A, de Crónicas de la Peripecia Humana, Piriguazú Ediciones.
jueves, 25 de febrero de 2016
La absurda guerra de las drogas se
originó en los EEUU
Como se llegó a la guerra de
las sociedades humanas contra sí mismas
Theodore Roosevelt designó al Dr.
Hamilton Wright (1908) como el primer Comisionado del Opio de los
Estados Unidos en 1908.
En 1909, Wright asistió a la Comisión
Internacional del Opio en Shanghai como los delegados americanos. Fue
acompañado por Charles Henry Brent, el Obispo Episcopal
El 12 de marzo de 1911, el Dr. Wright
manifestó en un artículo del New York Times: "El opio, es la
droga más perniciosa conocida por la humanidad, está rodeado, en
este país, con muchas menos garantías que cualquier otra nación en
Europa ".
Wright afirmó además que "se ha
afirmado con autoridad que la cocaína es a menudo el incentivo
directo para el delito de violación de los negros del Sur y otras
partes del país", aunque no se menciona específicamente las
que las autoridades habían declarado que, e hizo no proporciona
ninguna prueba de su afirmación.
Wright también afirmó que "una
de los más desafortunadas fases de fumar opio en este país es el
gran número de mujeres que se han involucrado y vivían como
concubinas o cohabitando con chinos en los barrios chinos de nuestras
diferentes ciudades ".
La culminación del proceso represivo
fue la legislación Harrison Antinarcóticos (1914) que consistió en
tres proyectos de la Cámara EE.UU. imponiendo restricciones a la
disponibilidad y el consumo de la droga psicoactiva de opio.
Los redactores se basaban en los
temores de que había "negros drogados, maniáticos sexuales”
y hacían referencias a los negros bajo la influencia de drogas
asesinando blancos, mexicanos degenerados fumando marihuana, y
"chinos" seduciendo a las mujeres blancas con las drogas.
[19] [20] el Dr. Hamilton Wright, declaró en una audiencia de la Ley
Harrison “las drogas hacen los negros incontrolables, les dieron
poderes sobrehumanos y les provocaron a rebelarse contra la autoridad
blanca." El Dr. Christopher Koch, de la Junta de Farmacia del Estado
de Pensilvania declaró que "La mayoría de los ataques a las
mujeres blancas del sur son el resultado directo de un negros
enloquecidos por la cocaína". [6]
Antes de que la ley fuera aprobada, el
8 de febrero de 1914, The New York Times publicó un artículo de Edward Huntington Williams titulado "Demonios negros drogados con cocaína'" y luego dijo "son la nueva
amenaza en el Sur: El asesinato y la locura son cada vez mayores
entre los negros de clase baja negros" también informó que en el Sur los alguaciles habían
aumentado el calibre de sus armas a .32 a .38 para derribar los
negros bajo el efecto de la cocaína.
A pesar de la extrema racialización de
la cuestión que tuvo lugar en la previa de la aprobación de la Ley,
la investigación contemporánea sobre el tema indica que los
estadounidenses negros consumían cocaína y opio a tasas mucho más
bajas que los americanos blancos.
Tiempo después, el 17 de enero de 1920
se aprobaría la Enmienda XVIII a la Constitución de los Estados
Unidos que instauraba “la Lay Seca” donde se prohibía el alcohol, hasta que debido a su estruendoso fracaso creando “mafias” y
organizaciones delictivas fue derogada el 5 de diciembre de 1933.
En 1937 se prohibiría la marihuana a través de la
Marihuana Tax Act y años más tarde se ejercería presión a nivel
internacional hasta obligar al resto del mundo a embarcarse en una
cruzada prohibicionista absurda y cruel que ha causado y sigue
causando millones de víctimas desde hace varias décadas.
Etiquetas:
Cocaina,
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Guerra de las Drogas,
Opio,
Prohibicionismo,
Se originó en los EEUU
jueves, 24 de diciembre de 2015
El opio y la amapola
Danilo Antón
Se trata de una planta herbácea
anual que crece naturalmente en el Asia Menor y en otras regiones del
Cercano y Medio Oriente. Sus semillas
son edibles y no
son psicoactivas. Sin embargo, cuando se araña la cápsula sale un
material lechoso y gomoso que al endurecerse se vuelve marrón. Esta
substancia, que tiene propiedades muy especiales, se llama opio.
La amapola fue domesticada en tiempos muy antiguos. Hay
registros sumerios en Mesopotamia (hace 6,000 o 7,000 años) que
mencionan la amapola, y las tabletas medicinales asirias se refieren
a su poder curativo. En el siglo XVII a.e.c. un tratado médico
egipcio prescribía el opio para los niños que lloran, del mismo
modo que, muchos siglos más tarde, las niñeras de la época
victoriana habrían de utilizar opiatos para calmar a los bebitos.
Históricamente, el opio no se fumaba, sino que era más
bien bebido con vino o tragado como píldoras. Se le usaba para
calmar el dolor, lograr un estado de euforia o como afrodisíaco.
En Creta antigua se plantaba la amapola desde tiempos
minoicos (tercer y segundo milenio antes de la era común).
Existen jarras de cerámica del año
1,500 a.e.c. provenientes de Chipre que muestran incisiones
estilizadas con la forma de las cápsulas de amapola18 .
También se han encontrado pipas de marfil del siglo XII a.e.c. en un
templo de esta misma isla que según se piensa eran utilizadas para
inhalar los vapores del opio (uno de los pocos ejemplos de «pipas de
fumar» de que se tiene noticia en el Mediterráneo, anteriores a la
expansión europea en América).
La deidad femenina griega Demeter, la Diosa Madre, era
al mismo tiempo Diosa de los granos y de las amapolas.
En Grecia y Roma el opio era habitualmente administrado
como calmante del dolor. Con ese fin era recomendado por los
fundadores de la medicina europea: Hipócrates (c.400 a.c.),
Dioscórides y Galeno (130-200 d.c.).
Se piensa que la poción que
preparaba Helena de Troya en la Odisea de Homero «para
acallar el dolor y la pena y traer olvido a cada malestar»
estaba preparada en base al opio de amapola. Del mismo modo, hay
quien sostiene que el vinagre mezclado con «hiel» que se ofreció a
Cristo en la Cruz (Mateo 27:34) también contenía esta sustancia. Es
sintomático que en el antiguo idioma hebreo, la palabra utilizada
para designar la «hiel», rôsh,
se usaba también para denominar al opio.
A partir de los siglos VII y VIII, la medicina del opio
también formó parte de la civilización islámica. Los comerciantes
árabes difundieron el opio en Persia, la India, el país malayo y
finalmente China.
En el año 1530 el médico
suizo-alemán
Paracelsus19
desarrolló un nuevo tipo de medicina que, en cierto modo, integró
las prácticas clásicas y medievales. Paracelsus era un admirador
de los poderes del opio al que llamaba «la piedra de la
inmortalidad» que siempre transportaba en «el pomo de la silla de
montar».
El medicamento basado en el opio que tuvo más
trascendencia fue la tintura de láudano que se prepara disolviendo
opio en alcohol. Este receta de Paracelsus tuvo éxito singular
difundiéndose rápidamente en todo el continente europeo.
Durante más de tres siglos el láudano fue «la»
medicina que no podía faltar en ningún botiquín médico. Su
consumo se extendió a las clases acaudaladas en todos los estados
del continente, a los clubes de sociedad de Londres y París y a las
altas esferas políticas y militares. Durante casi todo el siglo XIX
la mayor parte de los aristócratas se habían hecho aficionados al
láudano, o sea, al opio con alcohol.
El avance musulmán llevó el consumo del opio hasta la
India, país que, con el tiempo, habría de terminar siendo el mayor
productor mundial de amapola. En los siglos diecisiete y dieciocho,
los monarcas mogules le deban opio a los soldados, y el propio
emperador Shah Jahan, constructor del Taj Mahal, bebía opio en su
vino. Todavía hoy, en ese país, los trabajadores de la construcción
y los peones agrícolas se introducen una pequeña pelota de opio en
la boca ingiriéndola con su té. Sin embargo, en el subcontinente
hindú, el consumo del opio nunca alcanzó la dimensión social que
luego habría de alcanzar en China, sobre todo durante el siglo XIX.
De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.
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Etiquetas:
antropología de las drogas,
Drogas,
Opio
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