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martes, 17 de marzo de 2020

Las esporas bacterianas en el espacio interestelar
Danilo Antón
Los estudios espectroscópicos de los nubes interestelares de polvo cósmico llevados a cabo por varios observatorios astronómicos en los últimos años han permitido comprobar que los hidrocarburos son muy abundantes en el universo.
En particular, las investigaciones del astrónomo inglés Fred Hoyle y otros miembros de equipo científico del Instituto de Astrobiofísica de Cardiff en Gran Bretaña aportaron datos trascendentes acerca de varias moléculas orgánicas encontradas en estas nubes, incluyendo algunas que presentaban comportamientos espectrales sorprendentes, similares a los de las esporas de ciertas bacterias.
En 1968 se realizaron estudios del polvo interestelar donde fueron detectadas moléculas de aromáticos policíclicos (Donn, 1968 1).
Cuatro años después, en otra investigación (Johnson, 1972), se obtuvieron elementos que confirmarían la presencia de porfirinas en este polvo espacial.
En 1974 Wickramasinghe probó la existencia de polímeros orgánicos complejos en condiciones espaciales, en particular poliformaldehidos. Se hace notar que estas moléculas están emparentadas con las celulosas que son muy abundantes en la bioquímica terrestre.
Finalmente, ya en 1975, Hoyle y Wickramasinghe llegaron a la conclusión de que los polímeros orgánicos constituían una importante proporción del material del polvo.
En ese momento las conclusiones de ambos autores fueron consideradas altamente especulativas.
En la actualidad, aunque con reservas, son en general aceptadas. Incluso en un trabajo reciente de Wickramasinghe se describe el hallazgo de polímeros hetero-aromáticos en polvos interestelares por los instrumentos de la sonda Stardust que de acuerdo a la interpretación de los autores constituirían fragmentos de paredes celulares rotas luego de impactos a 30 km por segundo contra las superficies de los detectores.
Luego de sus primeros trabajos a mediados de la década de 1970, Hoyle y Wickramasinghe continuaron sus investigaciones y concluyeron que el espectro de absorción luminosa del polvo interestelar contenía una inflexión que podía ser explicada si los granos tuvieran un cierto tamaño y fueran huecos.
En 1979, luego de intentar comparaciones con numerosas substancias estos autores encontraron una gran similitud con esporas bacterianas secas. Estas últimas refractan la luz como esfera huecas irregulares y tienen una gama de tamaño de grano apropiada. En función de estos datos concluyeron que una proporción importante de los granos de polvo interestelar podía estar constituida por esporas de bacterias congeladas.5
Este hallazgo fue considerado ridículo en su época y aún hoy es generalmente ignorado. Incluso hubo quienes pensaron que «el pobre Fred Hoyle había perdido la brújula».
En los últimos 15 años de su vida, hasta su muerte en 2001, Hoyle se dedicó a estudiar las implicaciones de esta hipótesis. Su alumno y sucesor, Chandra Wickramasinghe y los discípulos del Centro de Astrobiología de Cardiff continúan explorando estos aspectos audaces e innovativos de la vida en el espacio.

Esta teoría que ha sido llamada “panspermia”, había sido propuesta por Svante Arrhenius  a principios del siglo XX, y desarrollada por Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe durante las últimas décadas .
Piensan Hoyle y Wickramasinghe que la vida se habría originado en el momento de la formación de las galaxias, tal vez de la nuestra (“la Vía Láctea”) o del conjunto de las galaxias del universo conocido, y a partir de ese momento se habría difundido contenida y transportada en los pequeños cuerpos cometarios “sembrando” los planetas que tenían las condiciones apropiadas . La Tierra recibió sus primeras semillas devida hace casi 4,000 millones de años, evolucionando en diferentes direcciones de acuerdo a las condiciones de los ambientes encontrados. Según Wickramasinghe (1974), el polvo interestelar es esencialmente orgánico y existe vida de tipo bacteriano por doquier.
Estos organismos y materia orgánica estarían llegando a la atmósfera terrestre en forma regular, modificando y enriqueciendo el stock genético planetario.
Ello explicaría la presencia de compuestos orgánicos detectados al quemarse algunos meteoritos a 80 quilómetros de altura , y el reciente hallazgo de bacterias vivas a 16,000 de altitud.
Este último autor y Fred Hoyle interpretan como de origen orgánico la coloración rojiza de ciertos satélites planetarios cuya superficie está cubierta de hielo (p.ej. Europa, Calisto y Charon9 ), y de otros astros ubicados en el llamado cinturón de Kuiper10 . De acuerdo a ambos astrónomos, el interior de estos planetoides (cuya temperatura exterior es inferior a –200° C), estaría “entibiado” por los procesos de desintegración radioactiva de sus minerales, permitiendo la existencia de agua líquida en su interior, y por ende, de procesos biológicos. Piensan estos autores que la vida puede sobrevivir la congelación profunda por mucho tiempo, tal vez decenas o cientos de millones de años.
Extraido de "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazu Ediciones

jueves, 16 de agosto de 2018


Los hidrocarburos y la 
materia orgánica en el espacio

Los estudios espectroscópicos de los nubes interestelares de polvo cósmico llevados a cabo por varios observatorios astronómicos en los últimos años han permitido comprobar que los hidrocarburos son muy abundantes en el universo.
En particular, las investigaciones del astrónomo inglés Fred Hoyle y otros miembros de equipo científico del Instituto de Astrobiofísica de Cardiff en Gran Bretaña aportaron datos trascendentes acerca de varias moléculas orgánicas encontradas en estas nubes, incluyendo algunas que presentaban comportamientos espectrales sorprendentes, similares a los de las esporas de ciertas bacterias.
En 1968 se realizaron estudios del polvo interestelar donde fueron detectadas moléculas de aromáticos policíclicos (Donn, 1968 1).
Cuatro años después, en otra investigación (Johnson, 1972), se obtuvieron elementos que confirmarían la presencia de porfirinas en este polvo espacial2.
En 1974 Wickramasinghe probó la existencia de polímeros orgánicos complejos en condiciones espaciales, en particular poliformaldehidos3. Se hace notar que estas moléculas están emparentadas con las celulosas que son muy abundantes en la bioquímica terrestre.
Finalmente, ya en 1975, Hoyle y Wickramasinghe llegaron a la conclusión de que los polímeros orgánicos constituían una importante proporción del material del polvo.
En ese momento las conclusiones de ambos autores fueron consideradas altamente especulativas.
En la actualidad, aunque con reservas, son en general aceptadas. Incluso en un trabajo reciente de Wickramasinghe se describe el hallazgo de polímeros hetero-aromáticos en polvos interestelares por los instrumentos de la sonda Stardust que de acuerdo a la interpretación de los autores constituirían fragmentos de paredes celulares rotas luego de impactos a 30 km por segundo contra las superficies de los detectores.4
Luego de sus primeros trabajos a mediados de la década de 1970, Hoyle y Wickramasinghe continuaron sus investigaciones y concluyeron que el espectro de absorción luminosa del polvo interestelar contenía una inflexión que podía ser explicada si los granos tuvieran un cierto tamaño y fueran huecos.
En 1979, luego de intentar comparaciones con numerosas substancias estos autores encontraron una gran similitud con esporas bacterianas secas. Estas últimas refractan la luz como esfera huecas irregulares y tienen una gama de tamaño de grano apropiada. En función de estos datos concluyeron que una proporción importante de los granos de polvo interestelar podía estar constituida por esporas de bacterias congeladas.5
Este hallazgo fue considerado ridículo en su época y aún hoy es generalmente ignorado. Incluso hubo quienes pensaron que «el pobre Fred Hoyle había perdido la brújula».
En los últimos 15 años de su vida, hasta su muerte en 2001, Hoyle se dedicó a estudiar las implicaciones de esta hipótesis. Su alumno y sucesor, Chandra Wickramasinghe y los discípulos del Centro de Astrobiología de Cardiff continúan explorando estos aspectos audaces e innovativos de la vida en el espacio.

miércoles, 27 de diciembre de 2017


Esporas y bacterias en el espacio


En el espacio interplanetario e interestelar, en el frío extremo, puede haber esporas bacterianas viables (e incluso bacterias activas).
Un nuevo paradigma revolucionario acerca de la presencia de organismos y fenómenos vitales en pequeños cuerpos celestes como cometas, asteroides, planetas-enanos y los objetos del cinturón de Kuiper ha sido considerada por los astrónomos Fred Hoyle, Chandra Wikramasinghe y M. K. Wallis. Estamos de acuerdo con ellos, e incluso podríamos ir un paso más allá. Sorpresivamente objetos situados muy lejos del Sol, con temperaturas inferiores a -230o centígrados (40-45 K), han demostrado tener una intensa actividad geológica (como por ejemplo Plutón y Tritón). Probablemente dentro de esta cuerpos lejanos las temperaturas no son tan frías como tradicionalmente se creyó. En el interior de algunos pequeños planetas remotos asteroides, e incluso en los cometas, las temperaturas pueden ser lo suficientemente altas como para permitir la presencia de fluidos líquidos y gaseosos. Estos fluidos están a menudo ligados a la presencia de moléculas orgánicas, incluso esporas bacterianas que en ciertas circunstancias se pueden activar. En otras palabras, de acuerdo con este nuevo paradigma, la vida puede estar presente en todas partes, siempre y cuando las temperaturas no sean demasiado elevadas. Esta teoría cambia completamente el alcance de la presente enfoque dominante muy reacios a aceptar la existencia de vida fuera de nuestro planeta.
El siguiente texto se reproduce a partir de panspermia.org

Comportamiento anómalo por algunos cometas
Cuando un típico cometa se acerca al sol, los hielos y polvo existentes en su interior pueden sublimarse y eyectarse al espacio . Se piensa que esto ocurren porque el calor del sol en la superficie irregular del cometa actúa asimétricamente. Sin embargo, algunos cometas como Chiron y Schwassmann-Wachmann 1 mostraron un comportamiento inusual; estando muy lejos del sol se apaguen y encienden a pesar que están a distancias demasiado grandes como para que este mecanismo funcione. Hale-Bopp es otro cometa en esta categoría. Incluso el cometa Halley tuvo un encendido inesperado en 1991; se iluminó por un factor de 300, a pesar que estaba más allá de la órbita de Saturno. Las explicaciones estrictamente químicas de estos eventos anómalos explican estos hechos por medio de procesos que no pueden prolongarse largo tiempo, apenas unos pocos cientos de años.
M. K. Wallis y Wickramasinghe propusieron otra explicación; a saber, que un ciclo de congelación superficial, compresión y agrietamiento puede hacer que el líquido o gas comprimido se eyecte en chorro desde el interior de un cometa. Una tercera posibilidad, que Hoyle y Wickramasinghe hanconsiderado, es que en algunos cometas el metabolismo celular que sean la causa de estos fenómenos. Este metabolismo podría generar gases que pueden, directa o indirectamente, dar cuenta del aumento de brillo. El reciente descubrimiento de abundante metano y etano en el “coma” del cometa Hyakutake refuerza esta posibilidad. En cualquier caso, el brillo anómalo de estos cometas necesita explicación. La presencia de agua en estado líquido o incluso de vida en estos cometas podrían ayudar a explicarlo. Más investigación se hace necesaria._
Reproducido de "¿'Inagotables? Petróleo y Gas Natural"!, D.A., Piriguazú Ediciones