sábado, 17 de junio de 2017

Solentiname:

Un evangelio de campesinos y pescadores

Danilo Antón


El archipiélago de Solentiname está constituido por 36 islas situadas cerca del desagüe lacustre del lago Cocibolca donde comienza el río San Juan su flujo caudaloso hacia el Mar Caribe. La superficie isleña total es de 40 km2 con una población aproximada de mil habitantes.
Los campesinos y pescadores del archipiélago Solentiname son herederos de las tradiciones indígenas chorotegas y guatusas. Las comunidades indígenas que habitaban las islas sufrieron la invasión española a principios del siglo XVI con el secuestro de muchas personas en los años posteriores a la invasión. En los siglos siguientes algunas familias de estirpe indígena permanecieron refugiadas en los montes más espesos y otras, generalmente compuestas por criollos mestizos, cruzaron de la tierra firme a las islas en diversos momentos de la historia.

Los habitantes de Solentiname se mantuvieron en relativo aislamiento hasta 1966 cuando un sacerdote de la ciudad cercana de Granada se retiró al archipiélago para crear una comunidad contemplativa. Este sacerdote era Ernesto Cardenal, un filósofo y poeta nicaragüense que buscaba acercarse a las raíces de la sociedad rural del país.                       
Cardenal vivió en la isla más grande del archipiélago, conocida como isla Mancarrón, en un ambiente sencillo y austero, rodeado de naturaleza y acompañado por los campesinos isleños. Los participantes comunitarios iban a su iglesia a compartir el evangelio cristiano con el sacerdote Ernesto. A través de sus discusiones adaptaron el mensaje de los libros sagrados a la realidad y dieron lugar a la creación de un documento que se conoce como “El Evangelio en Solentiname”.  
Este libro, elaborado a través de reuniones y diálogos de Cardenal con los campesinos locales, reinterpretó la biblia con una perspectiva revolucionaria.  
En esa época Nicaragua estaba viviendo la opresión de la dictadura de los Somoza y los participantes de la Iglesia se fueron comprometiendo con la lucha de los revolucionarios sandinistas opositores al régimen. La figura de Jesús y su martirilogio se comparaban con la muerte de Sandino y del Che Guevara. 
En el texto bíblico reformulado de Solentiname se afirma: “Las escrituras han dicho que el mundo tendrá una liberación definitiva de toda opresión”.  También se replantea el concepto de Dios; Laureano, uno de los campesinos participantes, interpreta las explicaciones de Cardenal: 
“Dios somos todos, pues. Y luego: Dios somos todos los que nos queremos, y todos los que no nos quieren, y están  jodiendo al pueblo, ése es el diablo. A lo que Cardenal responde:  Dice San Agustín, Dios es el amor con que nos amamos.”
No demoró mucho el régimen de Somoza en intervenir en Solentiname. En 1977 las fuerzas militares de la dictadura invadieron el territorio de la comunidad, destruyeron las viviendas, incendiaron la iglesia y llevaron detenidos a los campesinos.
Algunos años después, con el triunfo de la revolución sandinista que logró derribar al tirano, la comunidad de Solentiname, literalmente, logró renacer de sus cenizas. Ernesto Cardenal fue nombrado Ministro de Cultura del nuevo gobierno sandinista y Solentiname se restableció con apoyo gubernamental e internacional. 
Hoy, 45 años después de su fundación, Solentiname sigue siendo un lugar de referencia para muchos intelectuales y artistas en todo el mundo.
Al mismo tiempo que se generaban nuevos enfoques religiosos y políticos, en el archipiélago se fue creando una comunidad artística. Los campesinos describían la realidad en que vivían a través de sus cuadros reproduciendo los paisajes, las plantas y animales de las islas. El estilo generado por esta dinámica comunitaria en Solentiname habría de dar lugar a modalidades artísticas particulares que se dieron en llamar “primitivistas”.
En sus lienzos y tallas los artistas se inspiraron en la floresta exuberante, pájaros con sus nidos colgando de los árboles, en fin, los detalles de la naturaleza local bien expresados con mucho color y creatividad. Algunos pintores formados en esta escuela se hicieron conocidos a nivel internacional.  Elena Pineda, Rosa Pineda, Gloria Guevara, Miriam Guevara y Alejandro Guevara son algunos de los artistas de Solentiname que adquirieron prestigio internacional.
De "Crónicas de la Peripecia Humana", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.


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