sábado, 27 de agosto de 2016

         1 Afganistán      
     Serie Naciones y Estados
                                            EL MUNDO:

    Geografía, Historia y Algo Más
                                                              
     Capítulo 6                       Afganistán (Parte 1)



         Danilo Antón

          Una historia de pobreza y guerra

Afganistán tiene una larga historia de invasiones provenientes de los más diversos orígenes geográficos y étnicos.
El país fue invadido por Alejandro de Macedonia en el siglo IV anterior a nuestra era, por las fuerzas islámistas en el siglo VII después de Cristo, por los mongoles de Gengis Khan en el siglo XIII, por las fuerzas turcas de Timur en el siglo XIV, por los ingleses en el siglo XIX, por los soviéticos a fines de 1979 y finalmente, por los Estados Unidos en el comienzo del tercer milenio.
¿Que tiene este país que despierta tales arrebatos geopolíticos? ¿Se trata de un territorio de grandes riquezas, de gran productividad agrícola? ¿Posee yacimientos minerales de valor? ¿Acaso tiene oro o petróleo?
Sorprendentemente la respuesta a todas las preguntas anteriores es negativa.
Se trata de un país árido, con lluvias escasas a menudo torrenciales, suelos esqueléticos y una magra vegetación esteparia.
Si bien hay algunos recursos minerales, éstos, tanto por su tipo como por su cantidad, no representan riquezas que puedan despertar la codicia de los imperios extranjeros. Hay pocos metales preciosos, la presencia de yacimientos de hidrocarburos no está comprobada. Tal vez algunos yacimientos de gas natural, pero que no parecen suficientes para desencadenar costosas campañas militares.
Debido a la aridez, el potencial agrícola es muy limitado. Se puede cultivar tan sólo en algunos valles que se intercalan muy esporádicamente en un paisaje arrugado de montañas secas y rocosas cuya extensión parece interminable.
Se planta algo de trigo, avena, alfalfa, algunas verduras y frutos, olivares, localmente dátiles, y muy pocos productos más.
Las limitaciones agrícolas ha empujado a pashtunes, hazaras, baluchis, uzbekos y tayikos, habitantes de la región, a dedicar gran parte de su tiempo y energía a la cría de ganado. Cabras, ovejas con lanas de calidades diversas, vacunos, camellos, asnos y mulas, constituyen la base del stock animal.
De todos modos, aún considerando la producción de lana y las interesantes artesanías que con ella se fabrican, así como los variados productos agropecuarios (que incluyen también tradicionalmente la amapola, de donde se saca el opio, y el cáñamo, del que se obtiene el hachís), es difícil explicarse el porqué de tantas invasiones y ocupaciones de un territorio, que desde un punto de vista económico-financiero, puede considerarse como de los más pobres del planeta.
No hay una sola respuesta a esta interrogante.
Tal vez, la razón más importante para esta historia turbulenta sea la ubicación “estratégica” del país.
Afganistán se encuentra en una encrucijada de valles, pasos, desfiladeros y cañones que comunican la India con Persia (Irán), y a su vez estas dos regiones con los países del Asia Central (Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán, Kazajstán) y, a través de éstos territorios, con China y Rusia.
Cada vez que los pueblos del occidente (persas, griegos) quisieron apoderarse de las fértiles y pobladísimas llanuras de la India (incluyendo el actual Pakistán), debieron atravesar los valles de Herat, Kandahar y Kabul en Afganistán.
Cuando los mongoles de Gengis Khan procuraron (infructuosamente) avanzar hacia el sur, tal vez pensando en la conquista de la India, trataron de hacerlo a través del territorio afgano.
Los británicos también invadieron Afganistán en el siglo XIX, cuando buscaban expandir hacia el norte y oeste su dominio colonial de la India. Las tres guerras afgano-británicas se saldaron con el fracaso estruendoso de las fuerzas imperiales, y la aceptación de la independencia afgana.
No menos estrepitosas fueron las derrotas que sufrieron los soviéticos cuando intentaron abrir un camino hacia el océano Indico a través de las montañas y valles afganos en las décadas de 1970 y 1980.
Hoy, a principios del tercer milenio, en un mundo supuestamente unipolar, son los Estados Unidos quienes nuevamente atacan Afganistán con el propósito explícito, al igual que lo hicieron otros invasores anteriores, de sustituir el gobierno existente por otro de su agrado.
Las invasiones anteriores fracasaron. No hay ninguna razón para pensar que este último intento tenga mejor suerte.
Sin embargo, olvidándose de la historia, error común de los gobernantes imperiales, esta vez es la gran potencia estadounidense que se lanza a la aventura afgana. No se necesita mucha astucia para pronosticar el resultado final de este nuevo intento.

Pueblos de montaña

Afganistán es un país heterogéneo. Si bien la mayor parte del territorio es semi-árido con un relieve extremadamente quebrado y vegetación esteparia, posee zonas mucho más húmedas (por ejemplo el valle de Kabul) y considerables extensiones de bosques de montañas.
También hay desiertos de gran aridez como el Rijestán al sur del país donde sólo deambulan pequeños grupos de pastores con sus camellos y cabras.
Desde el punto de vista físico Afganistán es un verdadero laberinto de macizos montañosos, desfiladeros, laderas cavernosas, llanuras fluviales y cumbres nevadas. Étnicamente el país está compuesto por un conglomerado heterogéneo de poblaciones de extracción indoeuropea, turca y mongola. Las nacionalidades principales son los pashtunes en el centro y este, los baluchis en el sureste del país, los hazaras en el centro, y los uzbekos y tayikos en el norte y noreste.
El grupo mayoritario de Afganistán son los pashtunes (40%), que se concentran especialmente en los valles de Kabul y Kandahar, pero están presentes en todo el país. Son de religión sunita, y su lengua, el pashtun, que es de origen indoeuropeo (relacionada con el urdu- hindi y el farsi), es hablada por la mitad de la población.
Los tayikos, segunda etnia en número (25%), habitan la región norte, particularmente las provincias de Badajstán, Tajar y Qonduz. También son sunitas, y su lenguaje es el dari, que es una variedad dialectal afgana del farsi (persa). Aproximadamente un 50 % de los afganos hablan dicha lengua.
Los hazaras, que representan un 12% de la población también hablan un dialecto de raíz persa aunque incluyendo muchas palabras mongolas y turcas. Se dividen en dos grupos, los hazaras orientales, localizados en el Hazarajat, que son mayoritariamente shiitas, y los occidentales , concentrados cerca de la frontera de Afganistán con Irán, que son sunitas.
Los uzbekos (10%) son un pueblo turco de religión sunita establecido en la región centro-norte del país, principalmente a lo largo de la frontera con la República de Uzbekistán.
Los baluchis (8%) son poblaciones emparentadas con los pashtunes que habitan la región sur y suroriental. Al igual que los pashtunes, los baluchis hablan una lengua de origen indoeuropeo emparentada con el persa y el urdu (lengua oficial de Pakistán).
De Las Claves de una Guerra de Culuras, Danilo Antón, 2001, Editorial Fin de Siglo


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