viernes, 25 de diciembre de 2015

UNA GEOGRAFÍA IGNORADA
 Danilo Antón
 Las  categorías geográficas utilizadas para subdividir, regionalizar e interpretar el continente americano se construyeron sobre criterios basados en la configuración política de sus estados-territoriales y sus límites aceptados tanto a nivel internacional como supranacional. 
Utilizando estas categorías se obtienen los llamados mapas políticos en donde se incluyen los diferentes estados reconocidos, representados por diferentes colores que dan la sensación de que realmente existente grandes diferencias más allá o más acá de las fronteras así definidas cartográficamente. Estas unidades políticas son denominados de varias maneras: países, naciones, estados-nacionales, etc, aunque nosotros preferimos obviar el término nación o nacional, dado que prácticamente ninguno de ellos reune las condiciones de unidad cultural e identidad que se considera un elemento fundamental para definir una "nación" Nosotros preferimos utilizar el término "estados-territoriales", pues de eso se trata, "estados" que controlan  "territorios".
Estos mapas de colores incluyen grandes unidades políticas como Brasil, Argentina o los Estados Unidos, que tienen superficies de varios millones de quilómetros cuadrados y poblaciones de decenas de millones de habitantes y otras muy pequeñas, de apenas unos cientos de quilómetros cuadrados y poblaciones de menos de un millón (como algunos estados-islas del Caribe).
En total hay más de 35 estados en el continente americano cuya existencia se relaciona fundamentalmente con la historia de su colonización por las potencias europeas, modificada por acontecimientos geopolíticos posteriores. Del total de estados del continente hay 18 que surgieron de la subdivisión del imperio colonial español, y por tanto utilizan el idioma español como lengua oficial, hay un gran estado de lengua portuguesa (Brasil) que ha heredado los territorios coloniales portugueses indivisos. A éstos hay que agregar varios estados de lengua inglesa, dos de los cuales (los Estados Unidos y el Canadá) poseen dimensiones subcontinentales y el resto son unidades políticas mucho menores (p.ej. Guyana, Trinidad y Tobago, Jamaica y otras islas más pequeñas) y un par de estados territoriales relacionados con la antigua colonización francesa (Haití) y holandesa (Surinam).
Además de la explicación histórica que permite entender porqué surgieron los diferentes estados, no es fácil encontrar una lógica que nos habilite para justificar ecológica, social, cultural y/o geográficamente la existencia, validez y legitimidad esencial de los mismos. Por ejemplo, ninguno de estos estados tiene una lengua propia que los diferencia de sus vecinos. Como mencionábamos antes, en casi todos ellos, el idioma nacional es un idioma extracontinental, que además es compartido por varios otros estados del propio continente americano. Apenas un retazo de viejos imperios desmenuzados por los avatares de la historia.. Desde el punto de vista socio-cultural antes señalado es difícil reconocer diferencias de tal magnitud como para justificar la existencia o validez racional de la mayoría de los llamados países independientes. Son obvias las semejanzas entre Argentina y Uruguay, Perú y Bolivia, Colombia y Venezuela, los estados de América Central entre sí, las islas de habla inglesa del Caribe, etc. Tampoco hay grandes diferencias en los espacios físicos o ecosistémicos. El territorio de la selva amazónica es compartido por 8 estados-territoriales (Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam) y una colonia (Guianne Française). El Chaco está compartido por Bolivia, Paraguay y Argentina. La cadena andina recorre siete estados (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia, Argentina). De todo ello se desprende lo dicho anteriormente: los estados americanos no tienen fundamentos sólidos desde el punto de vista físico-ecológico o cultural, y solo pueden ser explicados como un producto circunstancial (pero duradero) de las divisiones y subdivisiones de los territorios de los imperios europeos. En otras palabras, los estados sustituyeron a las antiguas provincias coloniales representanto una continuación de las viejas divisiones administrativas, y a partir de su independencia trajeron consigo el bagaje político, militar, social y adminnistrativo de sus imperios originarios.
A pesar de ese origen eminentemente administrativo y burocrático estos estados han sido legitimados por los poderes mundiales desde que lograron sus respectivas independencias. Fueron autorizados a firmar tratados, a concurrir a conferencias internacionales y a participar en los foros continentales y mundiales sin que se discutiera su legitimidad.
Para "justificar" como tales, estos estados han buscado desarrollar una cultura "patriótica" legitimadora. Esta es una elaborada versión de las circunstancias de sus orígenes en un marco "patriótico". Se sanitizó la historia, se crearon héroes y anti-héroes, himnos, escudos y banderas. Luego de 180 años de evolución "independiente los estados territoriales han impuesto una legitimidad irrecusable.
Sin embargo, a pesar de esta consolidación evidente, la realidad profunda es muy distinta. El objetivo de este trabajo es precisamente llamar la atención sobre la flagrante incorrección de un enfoque que solo tiene en cuenta estos estados ignorando las otras (verdaderas) y antiquísimas naciones del continente, mucho más enraizadas en ambientes y territorios y por ende con una legitimidad que no requiere de la invención de símbolos artificiales, ni de falsos patriotismos.
En primer lugar, América estuvo ancestralmente poblada por numerosísimas naciones de variados tipos y tamaños desde tiempos inmemoriales. Estos pueblos ocupaban territorios propios y poseían culturas claramente diferenciables de sus vecinos: lenguas y religiones, prácticas culturales y productivas y otras características
Una estimación conservadora permite situar el número de Primeras Naciones americanas a la época de la llegada de los europeos en una cifra superior al millar. Algunas de estas naciones eran muy numerosas, con poblaciones de varios cientos de miles de habitantes o millones: quechuas, aymaras, taínos, mapuches, iroqueses y otros poseían todos complejas culturas muy antiguas, que ocupaban sus territorios desde hacía varios siglos, e incluso milenios.
Los imperios europeos invadieron los territorios de esta naciones basados en su superior fuerza militar y "fundaron" colonias que a la postre se habrían de transformar en los futuros "países"
La invasión europea determinó la disminución rápida de las cifras demográficas. Algunas naciones fueron completamente aniquiladas (caso de los taínos en Santo Domingo) y otras vieron sus números dramáticamente reducidos. Sin embargo, a pesar de dicha disminución, muchas de estas sociedades mantienen poblaciones numerosas conservando los elementos centrales de sus respectivas culturas.
Es el caso de la grandes naciones andinas de los quechuas y aymaras que aún hoy reúnen poblaciones de varios millones cada una. Otras Primeras Naciones relativamente numerosas son los mayas, purépechas, mapuches, los nahuatl, los kuna, los guaraní, los arawak, los toba, los iroqueses, los navajos y otros.
Estos pueblos poseen su propia lengua, sus costumbres y creencias y han desarrollado prácticas productivas adaptadas a los ecosistemas existentes en sus tierras. Sin embargo, a la hora de reconocer sus derechos nacionales, políticos, civiles y religiosos las Primeras Naciones americanas son dejadas voluntariamente de lado. No hay un solo estado-territorial que coincida con ninguna Primera Nación americana. Los quechuas están en Perú, en Bolivia y en Ecuador, pero carecen de su propia expresión política. Los mapuches están en Chile y Argentina, pero su lengua no se enseña en las escuelas, habiendo perdido la mayor parte de sus territorios ancestrales hace más de un siglo. Los tobas están divididos por la frontera Paraguayo- Argentina (el río Pilcomayo) y no tienen ninguna posibilidad real de participación en la política de sus respectivos "países".
Los geógrafos debemos empezar a reconocer que al lado del mapa político oficial, existe un mapa cultural real, diferente y profundo, que incluye todas las Primeras Naciones sobrevivientes en el marco de sus territorios tradicionales.
Este mapa no está hecho. Apenas existen algunas cartas denominadas "etnográficas" en donde se incluye la localización aproximada de los pueblos indígenas o mapas políticos que reducen la nacionalidad de las Primeras Naciones a los débiles contornos de sus reservas, prácticamente indistinguibles de los límites de las grandes fazendas o concesiones mineras.
En realidad, el mapa verdadero de América está por hacerse. Este mapa ha de mostrar claramente todas las naciones de América, sin exclusiones. Debe mostrar el país mapuche. Hay todavía hoy un millón y medio de mapuches, muchos de los cuales se resisten a identificarse con los estados que los conquistaron y oprimieron: Chile y Argentina. La nación mapuche no ha podido obtener su estado. Tampoco ha logrado que se la incluya en ningún mapa. Debe mostrar el país guaraní. Existen todavía varios centenares de miles de guaraní distribuídos en varios cientos de comunidades: los m'bya desperdigados a lo largo y a lo ancho de su antiguo territorio ancestral que ahora se llama Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, los ava chiripá y los pai tavyterá/ kaiova en la banda occidental del Alto Paraná, los ñandeva y ava-guaraní en el chaco occidental. No tienen territorio, ni autogobierno, ni siquiera el derecho a viajar en su propia tierra sin los documentos que les exigen los estados que hoy ocupan sus antiguos territorios. Tampoco hay un mapa que incluya a la antiquísima nación de los tobas, emparentada con los mocovíes actuales y con los desaparecidos (?) abipones y charrúas. Ningún mapa nos muestra donde está la nación de los quechua. Su antiguo territorio: el Tahuantisuyu, hoy está pintado de varios colores correspondiendo a varios países que se llaman: Perú, Bolivia, Ecuador, Chile, Argentina. Tampoco aparece la nación aymara, cuyos representantes han quedado divididos en tres países (Perú, Bolivia y Chile) por sendas fronteras artificiales. Lo mismo se puede decir de los arawaks y caribes desperdigados a lo largo de las selvas desde los chaná del sur (terena y guaná) hasta los guajiros del norte de América del Sur.
Del mismo modo, no existe un mapa de América Central o Meso-América que pinte de colores el territorio de los kuna en el istmo de Panamá e islas vecinas, ni el territorio maya en Guatemala, México y Belice, ni el país de los nahuatl en el valle de México o el hogar de la nación purépecha, en el estado mexicano de Michoacán. Tampoco figura en ningún mapa político la numerosa nación de los navajos, la confederación iroquesa o la hermosa patria de los Haida, el archipiélago de Haidaway, que figura injusta y grotescamente en los mapas con el nombre irrelevante de Queen Charlotte Islands.
El nuevo mapa de colores del continente americano está pendiente. Por supuesto que están pendientes muchas otras cosas: entuertos que enderezar, derechos a reconocer, historias a revisar. Sin embargo, los geógrafos podemos y debemos cumplir con nuestra cuota parte en esta necesaria rectificación de la cultura geográfica de América. Desdibujar fronteras, pintar nuevos colores, mirar con otros ojos los viejos territorios y la naturaleza que nos rodea. Tal vez ese es el primer paso para construir la nueva sociedad en donde se acepten y reconozcan todas las diversidades.

BIBLIOGRAFÍA SINTÉTICA
Antón, Danilo, 1997, Amerrique, los Huérfanos del Paraíso, Piriguazú Edciones
Antón, Danilo, 1995, Piríguazú, Rosebud Ed. Montevideo
Antón, Danilo, 1995 Globalization and nation-states in Latin América; Presentado en el Seminario sobre Globalización en Plainfields, Vermont, Agosto 1995
Crosby, Alfred, 1988 :Imperialismo ecológico: Ed. Crítica, Barcelona
Weatherford, Jack, 1988 :Indian givers" Ballantine Books, New York
Weatherford, Jack, 1993 "Native roots" Ballantine Books, New York
Wright. Ronald, 1993 "Stolen continents", Penguin, 1993, Toronto

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