miércoles, 18 de noviembre de 2015


Geografía  del agua en el Uruguay: su función productiva, ambiental y sociali


Danilo Antón

El Uruguay es un país dotado con abundantes recursos hídricos.
Estos son ampliamente suficientes para satisfacer las necesidades de su población relativamente poco numerosa (3.3 millones) y de las actividades requeridas para la sustentabilidad económica, social y ambiental de la nación.
Esta situación privilegiada se debe a una pluviosidad relativamente elevada (promedios de precipitaciones oscilan entre 1000 y 1500 mm. por año, con fuerte tendencia al aumento), a la distribución relativamente pareja de la misma a lo largo del año, a sus niveles de humedad y evapo-transpiración moderados y a la existencia de un relieve de tipo suavemente ondulado cubierto de pasturas en casi un 90% que en general permite un drenaje suave y gradual. Debido a estas características, la red hidrográfica es moderadamente densa y ello da lugar a un buen potencial de aprovechamiento de las aguas superficiales en casi todo el territorio.
Existe un caudaloso eje fluvial (el río Uruguay con un caudal de unos 5-6,000 m3/seg) así como zonas estuáricas de extensión regional (el estuario platense, en gran medida con aguas dulces) que poseen un enorme potencial (30,000 m3/seg) para satisfacer demandas hídricas de gran volumen). A ello se agregan varias decenas de ríos (una decena de cursos fluviales mayores con caudales de más de 100 m3/seg) y numerosos ríos menores y arroyos que drenan al mar más del 30% de las aguas precipitadas.
En los cuencas mayores existen grandes embalses con fines de producción de energía (Salto Grande en el río Uruguay, Rincón del Bonete, Baygorria y Palmar en el río Negro), para irrigación (India Muerta en el arroyo del mismo nombre) y para abastecimiento (embalses en el arroyo Cuñapirú, en Rivera, en el arroyo San Francisco, afluente del río Santa Lucía, en Lavalleja, en Aguas Corrientes en el río Santa Lucía, en Paso Severino sobre el río Santa Lucía Chico, en el arroyo Canelón Grande en Canelones y otros).
Los “tajamares” o “azudes” (pequeños embalses locales), que son muy numerosos, cumplen un rol casi insustituible en muchos de los establecimientos agrícolas y ganaderos y constituyen un recurso invalorable para sostener la producción agropecuaria nacional.
Los principales acuíferos del país están contenidos en formaciones detríticas antiguas cuyos principales ejemplos son el Sistema Acuífero Litoral (edad Cretácica Superior) que se extiende desde Salto a Colonia y en el litoral entrerriano (área total 40,000 km2, de los cuales unos 20,000 km2 en Uruguay) y el Sistema Acuífero Guaraní (edad Triásica a Cretácica Inferior) con una superficie de más de 1,000,000 km2, situado en el Norte del país (más de 40,000 km2 en Uruguay), sur y centro-sur de Brasil, este de Paraguay y región mesopotámica de la Argentina.
Existen además diversos acuíferos de menor dimensión, generalmente contenidos en formaciones aluviales y costeras de alta productividad potencial y volúmenes moderados, entre los cuales se destaca el Sistema Raigón (Plio-Pleistoceno) al sur y centro-noreste del departamento de San José (2,000 km2), y acuíferos discontinuos en las regiones cristalinas y basálticas.
El S.A. Litoral se utiliza para fines agropecuarios y de abastecimiento de núcleos poblados a través de unos 300 pozos, sobre todo en Paysandú y Río Negro. El Sistema Acuífero Guaraní es aprovechado en los pozos termales de la zona termal salteña y sanducera (así como en la banda occidental del río Uruguay en Argentina), como fuente del suministro urbano en Rivera- Livramento y para el abastecimiento agropecuario en Rivera y Tacuarembó (unos 200 pozos, en general pequeños). Hay además unos 10,000 pozos extrayendo aguas del acuífero sobre todo en Brasil y en menor grado en Paraguay y Argentina).
El Sistema Acuífero Raigón, de menores dimensiones que los anteriores, ubicado en la cuenca lechera del Sur, se utiliza con fines agropecuarios y de abastecimiento urbano local en el Departamento de San José.
A los recursos hídricos anteriormente expuestos se agregan las lagunas naturales de agua dulce (p.ej. lagunas del Sauce en Maldonado y Negra en Rocha), salobres, (laguna Castillos y Rocha en Rocha, laguna Garzón en el límite entre Rocha y Maldonado, y José Ignacio en Maldonado, y la extensísima laguna Merín con aguas ligeramente salobres en la frontera oriental con el Brasil).
Desafortunadamente, los importantes recursos hídricos existentes en el país no pueden ser utilizados en forma óptima debido a que la población y las actividades industriales están concentradas en áreas muy pequeñas.
El área metropolitana de Montevideo y área de influencia con 1,700,000 habitantes, y que constituye casi el 60% de la población nacional, depende exclusivamente de una sola cuenca (la del río Santa Lucía), que se encuentra amenazada por niveles de contaminación inaceptables, debido a la falta de controles, y a la existencia de un punto de toma casi único (Aguas Corrientes). La vulnerabilidad de esta situación, acentuada por el hecho de que no hay políticas coherentes de defensa del recurso, pone al principal sistema de abastecimiento hídrico del país en una posición de extremo riesgo. Esta situación sería remediada agregando una toma de agua en la costa del río de la Plata (probablemente al suroeste de San José, sureste de Colonia, donde el agua es dulce todo el año).
Una parte considerable del resto de la población está concentrada a lo largo de la costa platense y atlántica, y a lo largo de la ribera oriental del río Uruguay, agregando mayores elementos de presión sobre los sistemas de abastecimiento y saneamiento. Debido a lo anterior, muchos de los cursos de agua en estas áreas se encuentran fuertemente contaminados aumentando los riesgos ambientales y sanitarios.
Entre los cursos de agua contaminados o amenazados de contaminación se encuentran los arroyos Pantanoso, Miguelete, Carrasco, Las Piedras, Canelón Grande y Pando, en el sur, y en menor grado los ríos Santa Lucía, San José, Yí y Tacuarembó. El propio río Uruguay, a pesar de su caudal, ha visto afectada seriamente la calidad de sus aguas debido a los aportes provenientes de la cuenca alta, sobre todo del territorio brasilero.
Parece claro que el modelo de desarrollo del Uruguay, altamente centralizador resulta insostenible desde el punto de vista de la gestión hídrica. Los problemas de concentración urbana en una sola urbe ha venido acentuándose con los años hasta llegar en la actualidad a niveles francamente patológicos.
Hasta ahora, a nivel legal, en el Uruguay, el agua constituye un recurso público que es extraído, transportado, tratado, almacenado y distribuido por el estado a través del ente público Obras Sanitarias del Estado (OSE). Algunas excepciones a este régimen se produjeron debido a la privatización de algunos servicios en Maldonado (actualmente en proceso de re-nacionalización debido al plebiscito de octubre del 2004). Hay además funcionando varias organizaciones cooperativas y vecinales que suministran agua en algunas áreas balnearias.
Hasta el presente OSE ha cumplido sus funciones en forma moderadamente aceptable, manteniéndose en el Uruguay uno de los niveles más altos de cobertura de abastecimiento de agua potable y de saneamiento de América Latina.
Si bien OSE tiene problemas relacionados con las políticas clientelistas de sus sucesivos directorios políticos, que generaron una carga presupuestal innecesaria de funcionarios contratados a menudo con propósitos exclusivamente partidarios, el núcleo vertebral de operarios técnicos y administrativos que mantiene funcionando al ente ha demostrado su eficacia a lo largo de los años.
Las aguas minerales se obtienen de diversos acuíferos de calidad variable. Las principales plantas embotelladoras de aguas rotuladas minerales están localizadas en áreas de calizas (Salus), y calizas dolomíticas (Nativa), produciendo aguas bicarbonatadas cálcicas y cálcico-magnesianas respectivamente (consideradas de alta calidad), en acuíferos fisurados del basamento cristalino (Sirte, Matutina y otras) y en el Sistema Acuífero Salto (aguas minerales de Salto, Urreta, etc).
Se puede concluir que la República está abundantemente dotada de recursos acuáticos de buena calidad, en general suficientes para satisfacer ampliamente las necesidades de la población, la irrigación agrícola, la industria y la producción de aguas embotelladas. Las principales limitaciones se relacionan con la distribución de la población que no coincide con la disponibilidad de agua en el territorio, y la insuficiencia o inexistencia de sistemas de saneamiento en muchas áreas pobladas.
La reciente concientización de la población en temas ambientales e hídricos y los cambios políticos ocurridos permiten abrigar la esperanza que gradualmente esos desafíos serán asumidos con responsabilidad y decisión.


Elaborado por Danilo Antón
Septiembre del 2005
dantonster@gmail.com

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