lunes, 13 de mayo de 2019

La cultura criolla del Uruguay

San  Borja del Yi: pueblo de indios, gauchos y orientales

San Borja del Yí era considerado un verdadero quilombo por la independencia de sus habitantes
Fue poblado por unos centenares de indios guaraníes llegados de Misiones después de la retirada de don Frutos Rivera allá por 1828 y 1829. Originalmente parte de la comunidad se había establecido en el pueblo de Santa Rosa del Cuareim, en la confluencia del río Cuareim y el Uruguay y luego bajo el mando de Rivera terminaron trasladándose al sur, a una zona cercana a la población San Pedro del Durazno, que había sido fundada por el propio Fructuoso Rivera cuando ocupaba un cargo jerárquico militar en el ejército luso-brasileño (San Pedro fue  nombrada en homenaje al Emperador Pedro II). A ese poblado se le llamó San Borja del Yí (en recuerdo al pueblo misionero guaraní, San Borja, a orillas del río Uruguay).  Algunos migrantes habían llegado de otro pueblo misionero: Santo Angel.
Como Andresito Guacurarí y tantos otros, estas comunidades guaraníes eran orientales de pura cepa. A mediados de los años de 1830, la población había prosperado, las mujeres iban a Durazno a vender sus maíz o "chipa" cubiertas con pañuelos de "aho-po'í" mientras que los hombres se daban tareas de campo en la zona de San Borja o en la estancias vecinas.
Más tarde todo terminó. Durante la Guerra Grande los habitantes de San Borja pagaron muy cara su adhesión a Rivera. Perseguidos por las fuerzas oribistas muchos de ellos debieron refugiarse en Montevideo mientras que otros sobrevivieron como pudieron ocultándose durante los tiempos del sitio hasta 1851.
Cuando el cacique Fernando Tiraparé murió le quedó la jefatura a su esposa, Doña Luisa, la Capataza.
Al fin de la guerra, como lo cuenta Eduardo Lorier, en su libro "La Capataza", Luisa Tiraparé, con los remanentes de su comunidad se estableció en San Borja, tomó posesión de sus tierras y las distribuyó entre sus compañeros. Pero no podía ser. En 1861, un nefasto 19 de marzo, el Senado y la Cámara de Representantes de la República, reunidos en Asamblea General decretaron la disolución de San Borja del Yí, la eliminación del último pueblo de indios de la República Oriental. Lejos en el tiempo había quedado la imagen del más grande de los borjistas: Andresito Guacurari y Artigas, el "Artiguinhas" a quien temían los bárbaros. También el recuerdo del gran cacique Don José Artigas. Sin embargo, a pesar del tiempo, los pobladores de San Borja estaban impregnados para siempre con la ideología rebelde y libertaria de Don José y sus gauchos. Doña Luisa y los suyos se resistieron al atropello hasta el último momento. Al fin, uno a uno, los borjistas fueron cayendo bajo el fuego de los fusiles o ensartados en las bayonetas del ejército. La caída de Luisa fue la repetición de una vieja historia de traiciones al artiguismo. Desde ese otro mundo del que no se vuelve Don José Artigas no pudo evitar entristecerse y derramar otra lágrima de dolor por ese pedazo de patria gaucha que murió a orillas del Yí.
Referencias.
La Capataza, de Eduardo Lorier
Uruguaypirí, de Danilo Antón






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