viernes, 14 de julio de 2017

Una comunidad resiliente
Danilo Antón


La isla de Dominica o Waitukubuli (nombre indígena) está ubicada al norte de las islas de Barlovento en el Caribe.  
Obtuvo su independencia del Reino Unido en 1967, tiene una superficie de 750 km2 y 70,000 habitantes. Su capital es la ciudad de  Roseau (en criollo antillano “wozeau”) con 15,000 habitantes, ubicada en el sitio de la antigua aldea caribe Sairi.
Originalmente habitada por tainos (de etnia arazak) y caribes, su población nativa disminuyó rápidamente luego de la conquista por las potencias europeas, primero España y luego Inglaterra. Como en el resto de las pequeñas Antillas, los invasores trajeron esclavos africanos para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar. Hoy los afro-dominicanos constituyen la mayor parte de la población de la isla.

Dominica es una isla montañosa y escarpada, cubierta por una vegetación exuberante. Por esa razón fue uno de los últimos lugares en donde algunas comunidades caribes pudieron refugiarse en áreas de difícil acceso. Allí lograron sobrevivir los siglos de ocupación, degradación y saqueos.
En especial hubo un grupo que resistió, los kalinago de Salybia que aún en pleno siglo XXI todavía conservan su identidad y una minúscula porción de sus tierras ancestrales. En la actualidad se encuentran restringidos en una reserva ubicada en la costa oriental de la isla.
Este “Territorio Caribe”, hoy reconocido como tal por el estado independiente de Dominica, tiene una superficie de 15 km2 donde habitan 3,000 personas. Un 70% de los residentes de la reserva pertenecen a la etnia caribe de los kalinago, tal vez los únicos sobrevivientes contemporáneos del genocidio europeo en el Caribe Oriental.
La principal aldea se llama Salybia localizada al norte del pueblo afro-criollo Castle Bruce. En su cercanía está el establecimiento Kalinago Barana Aute que ha sido construido como una aldea-modelo con fines culturales y turísticos. En esta aldea los kalinago exhiben sus artes de tejido de canastas, sus métodos para el cocido de mandioca, la fabricación de canoas y sus conocimientos de medicina tradicional en base a hierbas.
Además de la agricultura, la recolección de vegetales y mariscos y la pesca los kalinago se dedican a la comercialización de sus productos a los turistas y visitantes que cada vez en mayor número concurren a la reserva para conocer este ejemplo de resiliencia  histórica.
De "Crónicas de la Peripecia Humana", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones



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