martes, 4 de julio de 2017


Charrúas y gauchos (1)

Danilo Anton


Changadores y camiluchos


La influencia de las cultura nativas en las primeras poblaciones rurales del Uruguay fue muy grande. Esta influencia se hizo sentir con especial intensidad durante el siglo XVIII cuando unos pocos corambreros y contrabandistas («changadores») y vaqueros misioneros («camiluchos») compartían el territorio con varias decenas de tolderías minuanes y charrúas. La vida en las praderas abiertas requería prácticas y destrezas que habían sido desarrolladas por las comunidades pampas como resultado de las persecuciones y guerras a que se vieron obligados por las incursiones de los invasores europeos. Los charrúas, minuanes, yaros y otras naciones de las praderas se hicieron excelentes jinetes, desarrollaron nuevas técnicas de arquería incorporando flechas con puntas de hierro, y perfeccionaron la boleadora como arma de guerra para enfrentar a la caballería enemiga.

Durante las primeras décadas del período llamado colonial (siglos XVI y XVII) la población rural dispersa (excluídas las comunidades indígenas) estaba constituída por pescadores, cazadores, en menor medida agricultores y más tarde corambreros. Entre estos paisanos sueltos, había guaraníes y chanáes cimarrones, collas, charrúas «sueltos», africanos escapados, criollos alzados y europeos rebeldes. Esta población vivía de la pesca, la caza y la recolección y complementariamente de cultivos que escondían en la espesura de los montes fluviales. Más tarde incorporaron las actividades corambreras que habrían de volverse centrales durante el siglo XVII. 

Gauchos y gauderíos
La población rural independiente y sin mayor estructura social de la Banda Oriental o "de los Charrúas" fue aumentando gradualmente hasta formar comunidades autónomas que se establecieron en las zonas más apartadas del territorio. }
En la segunda mitad del siglo XVIII, estos grupos se enriquecieron por el aporte guaraní misionero o tape, sobre todo después de las derrotas que los guaraníes misioneros sufrieron en manos de la alianza hispano-portuguesa. Como resultado de estas influencias culturales guaraní-misioneras aparecieron dos tipos humanos antecesores del gaucho, en primer lugar el «changador» y en segundo lugar el «gauderío». 
Tanto changadores como gauderíos eran individuos, familias o a lo sumo pequeñas comunidades que se dedicaban al contrabando entre Portugal y España, a la corambre de reses cimarronas y a diversas actividades de recolección, caza y pesca. Ya en la década de 1760 hay informes acerca del fuerte crecimiento de algunas de estas comunidades.
Las primeras referencias de los gauderios son de Bougainville y se remontan al año 1766. Señala este autor:
«Se ha formado desde algunos años atrás, en el Norte del río (de la Plata), una tribu de montaraces que podrá convertirse cada vez en más peligrosa para los españoles si no toman medidas prontas para su destrucción. Algunos malhechores escapados de la justicia, se habían retirado al Norte de Maldonado; a ellos se agregaron muchos desertores. Insensiblemente el número acreció y con las mujeres tomadas a los indios han comenzado una raza que no vive sino del pillaje. Se asegura que ellos pasan ya de seiscientos
Unos pocos años más tarde, en 1773, otro viajero de nombre Concolocorvo los describe de la siguiente manera: «Los gauderíos son unos mozos nacidos en Montevideo y en los vecinos pagos. Mala camisa y peor vestido procuran encubrir con uno o dos ponchos, de que hacen camas con los sudaderos del caballo, sirviéndoles de almohada la silla.... Se pasean a su albedrío por toda la campaña y con notable complacencia de aquellos semibárbaros colonos, comen a su costa y pasan las semanas enteras cantando y tocando... Si pierden el caballo o se lo roban, les dan otro o lo toman de la campaña enlazándolo con un cabestro muy largo que llaman rosario. También cargan otro, con dos bolas en los extremos, del tamaño de las regulares con que se juega a los trucos, que muchas veces son de piedra que foran de cuero, para que el caballo se enrede en ellas, como asimismo en otras que llaman ramales, porque se componen de tres bolas..."
(continuará)

De "Los Pueblos del Jaguar",  Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

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