lunes, 26 de junio de 2017

Los navegantes de los raudales del Orinoco
Danilo Antón


Guaremo Ye’kwana, conocido entre los criollos como Francisco Díaz, es un experto conocedor de los raudales (rápidas) que bajan del Huachamacare y del Duida para alimentar al pequeño pero caudaloso río Cunucunuma.
Con la ayuda hábil de su mujer, Guaremo puede guiar su bongo en plena noche, tanto aguas arriba como aguas abajo, aún en la seca más prolongada cuando los bajos fondos rocosos asoman por todas partes. Puede levantar un pesado motor fuera de borda al hombro para evitar las cascadas. Puede jalar del bongo metido en el agua hasta el cuello para vencer las corrientes más fuertes.
Los raudales del Báquero o del Picure los han visto pasar decenas de veces, aguas abajo, rumbo al río Orinoco o aguas arriba en dirección a Culebra.
Guaremo ha recorrido con su bongo todos los ríos de la cuenca del Alto Orinoco.  Conoce el Brazo Casiquiare de punta a punta, desde donde se desvían hacia el sur las aguas del gran río hasta la tierra de los Baniva y los Bare en la  zona de San Carlos de Río Negro.
Guaremo y su familia son ye’kwana de pura cepa, conocedores de los ríos y de las rápidas-raudales, navegantes de las aguas en las selvas profundas de este continente sudamericano, sobreviviente enérgico de la antigua gran nación de los caribes, que aún hoy ocupan los rincones más remotos de sus dominios tradicionales.
En una época, los caribes fueron una etnia poderosa, navegaban sus bongos y canoas más allá del delta del Orinoco, cruzaron los estrechos de mar y llegaron a establecerse en varias islas del mar-océano cercano.                
Después vinieron los invasores cruzando los mares, capturaron miles de caribes para trabajar en sus plantaciones de azúcar de Santo Domingo y Cuba, ocuparon las tierras de la costa arrinconándolos de a poco en los lugares más difíciles.
Los caribes-kariña se refugiaron en las sierras o emigraron hacia el este permaneciendo en el valle de Cuyuní y otras zonas apartadas de la Guayanía.                          
Los ye’kwana remontaron los ríos hacia el sur ubicándose en la cuenca alta del Ventuari, del Cucunucuma y en el Caura.
Es en esa zona donde sobreviven más de 3,000 ye’kwana concentrados en unas 25 comunidades.
Allí abren sus conucos, cultivan su yuca, prepara su casabe  y yarake y pescan en los torrentosos ríos de pendientes. Son los descendientes de los maquiritare, los “señores de los ríos”.
Cada vez que el bongo de Guaremo logra bajar o subir los difíciles raudales del Cucunucuma se repite una ceremonia de larga data.

En los ye’kwana, el mundo de la floresta, superando todas las pérdidas y destrucciones, todavía subsiste. En sus territorios ancestrales se encuentran algunas de las raíces más viejas del universo americano.         
Extraido de "Crónicas de la Peripecia Humana", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones

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