lunes, 5 de junio de 2017

La familia lingüística chaná-arawak, una memoria sobreviviente en el sur de América
D.Antón

La familia arawak, puede también denominarse chaná (o chané) debido al frecuente uso de esta palabra u otras similares por parte de algunos pueblos arawak para auto-designarse. Esta familia presenta una diferenciación entre sus dialectos o lenguas emparentadas muy marcada (mucho más marcada, por ejemplo, que las lenguas tupí-guaraní o namkom-chaqueñas).
Ello indicaría que se trata de una familia lingüística más antigua, con una inmigración bastante anterior.a la guaraní o namkom.
El tronco arawak es uno de los más extensos del continente americano, se distribuye desde el Caribe hasta el río de la Plata.
En el norte de América del Sur y en el Caribe, incluye la lengua goajira, la taina, la piaroa, la arawak propiamente dicha, y varias decenas de lenguas más.
En el sur del continente pertenecen a la familia arawak, las lenguas de los mojos, baurés, chanés (todos ellos en el territorio actual de Santa Cruz, Bolivia), de los chaná-guaná, de los terena y paresís del Mato Grosso y casi seguramente el lenguaje de los chaná timbu y chaná mbeguá de la región paranaense, entre otros.
Si bien las lenguas arawak muestran notorias divergencias que indican su antigüedad genética, presentan todavía claras similitudes a nivel fonético, gramatical y de sus vocabularios.
Un hablante de chaná inesperado. 

Blas Jaime, nacido en Nogoyá, Entre Ríos (Argentina) se ha manifestado como el último hablante de la lengua chaná, que le fuera trasmitida por la vía maternal y femenina., Su conocimiento del idioma es sorprendente, dado que se pensó por mucho tiempo que la lengua se había extinguido hace más de 150 años.
Pero el idioma chaná resistía a morirse.
Algunos datos:.Blas Jaime explica por ejemplo: "Timú le dice el chaná al pichón, al hijo;. atá es el agua, ata má es el río, y vanatí ata ma los hijos del río, los arroyos. La laguna atá re nderé, agua que no camina. Beada es la madre y beada á es la tierra. El árbol es el hijo de la tierra, vanatí beada, y sus ramas se llaman palá como el brazo del hombre, como el remo. Yogüin es el fuego. El humo vanatí yogüin, el hijo del fuego que hacía llorar al que quemaba".
Y luego: "Tijuinem es Dios, tijuí es el padre, nem es el espíritu; taé es malo, oblí es lindo, bueno, ancat el alma, ña es la muerte, ña dul la lanza (muerte voladora); opatí somos nosotros, la familia de uno, opatí maá es el poblado", continúa.

Para decir "cayó un rayo, marí depotí. Pescar: ña ichí. Cazar: ña mbaratá. Ocó aratá reé ña ichí, dirá el chaná para adelantar que de noche no pescará, pero de hecho esa expresión no cabe en ese aborigen porque el chaná no pesca de noche, se lo prohíbe aratá, el hijo del sol".
A la nutria "le decimos emú emú (nmu nmu)"; a la vizcacha, "curí, y terrá es todo lo que sea cueva, caverna; mbiní es el pájaro. Atic es el cuero", prosiguió. También afirmó. que Inchalá es hermano (igual que en charrúa).
Estas son algunas muestras de sus recuerdos. Los linguistas que analizaron sus aportes, han confirmado la autenticidad de sus datos idiomáticos.
Para todos nosotros, los que habitamos estas tierras que fueron suyas, es obligación no dejar que esta valiosísima memoria pueda perderse en el futuro.. 

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