sábado, 5 de diciembre de 2015

¿Porqué  América y no Columbia? (1)
 Historia  de un fraude poco conocido  (Primera Parte)

Danilo Antón

1) Aislado en una lejana playa de Jamaica
Corría el año de 1504. Hacía diez meses que Colón se encontraba varado en una playa al norte de Jamaica, alojado en los restos de dos de sus navíos.
Enfermo y abandonado, veía aproximarse la muerte entristecido por las grandiosas expectativas frustradas debido a la furia de los elementos naturales y a la ingratitud de los hombres.
Desde muchos puntos de vista el cuarto viaje del Almirante había sido desastroso.
Los reyes habían apoyado la empresa a regañadientes. Fueron necesarias trabajosas gestiones y una larga espera. Cuando al fin pudo zarpar de Sevilla el 3 de abril de 1502, la flotilla estaba compuesta de cuatro buques, mucho menos que los 17 que habían compuesto su armada en el Segundo Viaje, o los 30 navíos que en ese mismo momento había logrado alistar Nicolás de Ovando para transportar los productos y riquezas de la colonia de Hispaniola a España.
Tampoco se le autorizó recalar en Santo Domingo. Su intento de entrar a este puerto debido a la inminente llegada de un huracán, fue frustrado pues se le negó el acceso. Al cabo de unas pocas horas de que diera su voz de alarma llegó la enorme tormenta. La presuntuosa flota de De Ovando fue totalmente destruida.
La modesta flotilla de Colón logró sobrevivir gracias a la pericia del Almirante.
2) Colón llegó a Amerrique
Las peores peripecias habrían de sobrevenir más tarde. La expedición llegó a la tierra firme en Honduras con relativa facilidad, pero sus planes se vieron perjudicados por varias semanas de tempestades y vientos contrarios. Los cascos de las embarcaciones fueron atacados por los gusanos, dificultando las condiciones de navegación. Dos barcos debieron ser abandonados en la costa americana y los dos últimos terminaron sus días como improvisados refugios en las playas de Jamaica.
A principios del año, la mitad de la tripulación se había rebelado y retirado al extremo oriental de la Isla. Solo unos pocos fieles permanecían al lado del navegante genovés, cuya salud se deterioraba cada vez más.
Hacía más de seis meses que Diego Méndez y Bartolomé Fieschi habían partido en dos canoas con seis remeros nativos rumbo a Santo Domingo para pedir auxilio. No habían tenido noticias de ellos desde entonces.
3) La misión existencial de Colón aún no había terminado
A pesar de todos los inconvenientes y frustraciones, el Almirante no quería morir todavía pues sentía que su misión en la vida estaba inacabada. Había encontrado las tierras del oro en Cariari y Veragua, y sobre todo un lugar de grandes riquezas que los nativos llamaban Amerrique o América, y que él había escuchado pronunciar hacía dos años en los corrillos de Cádiz y en las callejuelas de Triana. Se comentaba que en un viaje reciente organizado por el Rey Fernando y capitaneado por Vicente Yánez Pinzón se había descubierto una tierra firme de gran riqueza así denominada.
Ni el nombre ni la ubicación de Amerrique habían sido mencionados en la misiva confidencial que Colón envió a los reyes españoles por conducto de Diego Méndez. A esta altura de su vida, el viejo lobo de mar desconfiaba de todos y había preferido callar los datos que hubieran podido darle una pista a sus enemigos para continuar arrebatándole sus legítimos derechos y merecimientos.
El drama estaba aproximándose a su desenlace. Si bien el Almirante pudo regresar a España algunos meses después, su enfermedad continuó agravándose. Dos años más tarde, al morir en Valladolid, se habría de llevar a la tumba los secretos que tan celosamente había guardado acerca de las nuevas tierras de América y sus riquezas.

4) El misticismo de Cristóbal Colón
El Almirante era una persona de carácter difícil. Dotado de un agudo instinto geográfico, un gran desprecio por los riesgos y una perseverancia poco común, logró aprovechar e integrar sus experiencias de marinero y capitán, su vida en la isla de Porto Santo y las referencias obtenidas en sus conversaciones con otros marinos en los puertos de Europa, Africa y las islas atlánticas, para desarrollar una estrategia de vida muy claramente enfocada a vencer el desafío que significaba la travesía del Mar Océano desconocido y el descubrimiento posible de rutas ignoradas y nuevas tierras.
Pero así como le volaba la imaginación cuando se trataba de planificar trayectorias y viajes, su mente también divagaba por un universo eclesiástico, procurando relacionar cada pasaje de la Biblia, o de la mitología católica, con la nueva y riquísima geografía que estaba descubriendo en sus viajes.
Colón era un místico, con un carácter cargado de paradojas. No gustaba disfrutar de sus riquezas a través de los placeres hedonistas, sino que más bien, elegía la austeridad monástica de los rigurosos conventos franciscanos.
Adoptó modalidades dictatoriales y crueles al administrar las Indias, siguiendo indudablemente los ejemplos de portugueses y españoles en sus conquistas recientes de Africa, las Canarias y Andalucía.
Al final de su vida se hizo filósofo, creo su propia cosmogonía. el mundo tenía forma de pera y culminaba en un pezón de mujer en los alrededores del Paraíso.
Y ese Paraíso, que de alguna manera también fue su infierno, estaba en estas nuevas tierras americanas que había descubierto para la Cristiandad, y cuyo mérito parecía estarle vedado por alguna razón inexpugnable del destino.
5) Colón, buen navegante, pésimo administrador
El primer viaje de Colón había sido todo un éxito creando enormes expectativas a nivel de toda la sociedad española. En las Indias había oro, una naturaleza exuberante y una población dócil, mano de obra voluntariosa para la futura empresa colonizadora que se iniciaba. Frente a este panorama tan prometedor la Corona no escatimó esfuerzos ni recursos para organizar una nueva expedición. El 25 de setiembre de 1493, apenas seis meses después del regreso de Colón y los suyos, partió una enorme flota de 17 naves con 1200 hombres a bordo, provisiones para seis meses y todos los implementos necesarios para la guerra y la colonización.
Apenas llegados a la costa haitiana, dos meses después, comenzaron los contratiempos. El Fuerte Navidad que Colón había hecho construir durante el primer viaje había sido destruido por los nativos. Los 40 marinos que quedaron a su cargo habían sido muertos.
Las operaciones de represalia que se desencadenaron por órdenes del Almirante, así como la exploración y ocupación de la gran isla taina que se sucedieron revelaron que las expectativas originales de grandes riquezas eran excesivas. El país contenía poco oro y la producción de alimentos estaba limitada a las necesidades momentáneas de la población local
Para obtener las riquezas que no existían, Colón obligó a los tainos a suministrar tributos de oro, telas y alimentos, que los tainos no estaban en condiciones de satisfacer. Al ser obligados a trabajar excesivamente para obtener oro y para mantener a la numerosa colonia española, murieron en grandes números.
Como Colón no podía obtener las riquezas que había prometido a los reyes se le ocurrió la idea de exportar esclavos taínos a la península. La iniciativa resultó un fracaso económico. Los nativos no resistían el viaje, ni el clima de España. Al cabo de pocos meses la inmensa mayoría habían muerto.
Colón era tan buen navegante como mal administrador. Las quejas contra su desastrosa conducción se hicieron sentir en España.



De "Amerrique, Huérfanos del Paraiso" y "La Mentira del Milenio",, Danilo Anton, Piriguazú Ediciones

1 comentario:

Gustavo Luis Sotelo dijo...

Que bueno que esta esto!!; en verdad lo disfruto. Una consulta: Hace muchos años, leí un libro (no recuerdo su título ni autor) donde; hablaba de Colón como de origen judío genovés de padres conversos. Los mismos, se dedicaban a la elaboración y comercio de paños. Que el en secreto, seguía la Tradición Sephirot (corriente mística del judaísmo) en la cuál; se trataba la Kabalahat entre otros campos. Incluso el autor, comentaba que debajo de la firma del navegante (mostraba documentos, como ejemplo) este ponía un pequeño anagrama que denotaba su pertenencia, a dicho círculo. El fin de ello, era demostrar su fidelidad a la fe de sus ancestros (la cuál, estaba prohibida en España) sin correr riesgos que, atentaran contra sus proyectos y su propia vida. Es más, el banquero de la reina era un marrano y fue; quién más hiso en su apoyo.- Gracias