lunes, 28 de diciembre de 2015

América, la mayor biodiversidad natural y cultural del planeta
D.Antón
América es un gigantesco territorio de 42 millones de quilómetros cuadrados. Es además la masa terrestre más húmeda del planeta. En él cae un volumen de precipitaciones mayor que en cualquier otro continente.

Por esa razón, su territorio era, y en gran medida aún es, el más boscoso. En tiempos anteriores a la invasión colonial, las formaciones arbóreas naturales cubrían más de 10 millones de quilómetros cuadrados, una cantidad superior a las áreas sumadas de los bosques europeos y africanos. En él los desiertos sólo abarcan un 15% de su superficie, unos 5 millones de quilómetros cuadrados, bastante menor que los 10 millones de los desiertos africanos, y los 8 millones de las zonas áridas asiáticas.
América se extiende latitudinalmente desde el Artico a los bosques australes, pasando por extensísimas selvas tropicales. Abarca alternadamente zonas húmedas y secas, llanuras, cordilleras, glaciares y ríos. Es en ese marco de variaciones ambientales extremas que se ha desarrollado su enorme biodiversidad. Sus ecosistemas albergaban, y aún albergan, más de la mitad de todas las especies vegetales y animales del planeta, y en ellos, probablemente, está contenida la mayor biomasa.
Debido a esa gran biodiversidad y productividad, América estaba llamada a transformarse en un hábitat ideal para los primeros grupos humanos que llegaron a sus costas, tal vez hace más de 30,000 años.
Los recién llegados comenzaron a familiarizarse con los ambientes nuevos. Gradualmente se fueron multiplicando y extendiendo en todas direcciones.
Mientras exploraban y descubrían nuevas áreas se fueron adaptando a los ecosistemas locales. Seguramente, en algunos casos, esta adaptación habrá sido traumática tanto para los humanos como para las especies nativas que sufrieron su influencia. Muchos animales, sobre todo grandes mamíferos, que no estaban acostumbrados genéticamente a los seres humanos, esos nuevos predadorestan efectivos, se extinguieron al ser cazadas o explotadas más allá de sus posibilidades de recuperación.
Así desaparecieron los gliptodontes, los megaterios, los toxodontes, los caballos americanos y los mastodontes, entre otros. Ello ocurrió en el período que va desde las primeras migraciones (30,000 o 40,000 años) a la definitiva ocupación de todas las áreas habitables del continente (8,000 a 10,000 años antes del presente).
En los siglos y milenios que siguieron, las adaptaciones culturales se profundizaron, disminuyendo poco a poco su impacto destructivo. Las nuevas sociedades aprendieron acerca de las extrañas especies de plantas y animales, que pronto habrían de dejar de ser extrañas, y encontraron las Plantas Maestras que les habrían de ayudar, con el tiempo, a desarrollar sus sistemas espirituales, sociales y productivos.
Gradualmente crearon sistemas de relacionamiento con la naturaleza de carácter sostenible, prácticas agricolas selectivas, la pesca, la recolección y la caza, y finalmente lograron conocer en forma detallada y precisa las utilidades de las diferentes variedades de animales y plantas.
A la vez adoptaron sistemas ideológicos y espirituales profundamente combinados con los sistemas naturales asegurando la interrelación entre los comportamientos sociales y los procesos de la naturaleza. Algunos pueblos tuvieron dificultades para lograr dicha armonización y desaparecieron. Los que sobrevivieron, lo hicieron porque lograron establecer cosmovisiones y sistemas productivos equilibrados.
Visiones de luces en el Gran Continente
Durante su exploración de la naturaleza, los pueblos nativos encontraron plantas psicoactivas similares o incluso más poderosas de las que existían más allá de los mares.
La búsqueda chamánica les permitió avanzar más rápido y así encontrar las principales Plantas Maestras que había en la nueva tierra.
No sabemos cuántas ni cuáles.
Tan sólo conocemos unas pocas, aquellas que continuaron utilizándose luego de la invasión europea.
Hoy, algunas de ellas han sido desnaturalizadas y su uso perdió la fuerza positiva que tenía otrora. Debido al avance de la sociedad de dominación, su consumo o el de ciertas sustancias obtenidas a partir de ellas, terminó transformándose en vicio. Los habitantes de las sociedades industriales urbanas americanas desguarnecidas y empobrecidas, sufren su carencia de contactos con el vegetal.
Sin embargo, aún hoy, en muchas sociedades tradicionales del continente, se encuentran pueblos que periódicamente recrean las viejas visiones de formas y de luces. Y en todas partes, incluso en las sociedades más urbanizadas, tal vez por eso mismo, hay miles de personas que tratan de recorrer los antiguos caminos, buscando las visiones necesarias para que la vida valga la pena ser vivida.
Una diversidad de plantas cultivadas
Los pueblos americanos utilizaron y cultivaron muchas plantas. Gran parte de los cultivos que existen en el mundo provienen de plantas domesticadas en América: el maíz, los zapallos y calabazas, los frijoles, la papa, la mandioca o yuca, el boñato o camote, la quinoa, el cacao, el chile, la piña, el tomate, la piña, la guayaba, la fresa, el maní o cacahuate, el algodón, el caucho y muchas otras.
Además de las plantas de alimentación o de utilización habitual en la vida diaria, las sociedades de América identificaron y desarrollaron el cultivo, recolección y/o el consumo de numerosos vegetales psicoactivos. Algunos de los más conocidos son el tabaco, utilizado en todo el continente, la ayahuasca, la coca y la aguacolla en América del Sur, y el ololiuhqui, el teonanacatl y el peyote en Mesoamérica y América del Norte.

(continúa)
De "Pueblos, Drogas y Serpientes", Danilo Antón, Piriguazú Ediciones.
Blog en inglés: 
daniloanton-en-blogspot.com

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